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Como el Camaro necesitaba unas piezas que habían tenido que encargar y tardarían varios días en recibirlas, Rosalie llevó a Damon una tarde a ver el pueblo, ya que este aún no había tenido apenas tiempo de verlo bien.

El pueblo era muy húmedo y frío. Había mucho verde y marrón, parecía que Forks era un elemento más de aquel gran bosque que lo rodeaba por todas partes.

Los habitantes de allí tenían la piel muy pálida, algo que Damon tenía en común con ellos, ya que su piel era extrañamente pálida tratándose de alguien del Estado de Virginia. En opinión de Damon, todos en el pueblo vestían como si trabajasen en el campo, con camisas de cuadro, vaqueros gastados, tonos apagados y algunos incluso llevaban sombreros de vaqueros.

-El gusto por la moda no es uno de los rasgos más destacables de Forks –le comentó Rosalie, leyendo el rumbo de sus pensamiento.

-Ya me he dado cuenta.

No había muchos lugares a donde ir, pero parecía que todos habían encontrado su "lugar especial" donde estar. Y, por lo visto, el lugar donde Damon pertenecía era el Carver Café; por lo menos eso era lo que se empeñaba Rosalie en hacerle creer, ya que siempre iban allí a comer. Tal era así el caso, que ya todos los del bar y clientes habituales se sabían el nombre del chico y le hablaban como si fuese uno más de ellos. Damon no sabía cómo sentirse al respecto, si frustrado por sentirse atrapado en una horrible rutina o feliz por sentirse tan acogido y arropado.

La gente del bar estaba encantada con ver a ambos juntos de nuevo. Todos estaban convencidos de que Rosalie y Damon se gustaban y eran felices de que la chica hubiese encontrado a alguien tan guapo, amable y caballeroso como Damon.

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Mientras llegaban las piezas del coche y no, Rosalie y Damon intentaron hacer algo con el motor del coche. El Camaro hacía un ruido extraño al encender el motor y ninguno de los dos sabía muy bien qué hacer ni a qué se debía el problema.

Por eso, Rosalie llamó a su primo Edward. Al chico también le gustaban los coches antiguos y tal vez podría ayudarles.

-Bien, creo que ya sé dónde está el problema –murmuró el joven mientras revisaba el motor del vehículo-. Aunque llevará un tiempo arreglarlo.

-¿Nos ayudas? –le preguntó Rosalie-. ¿O estás muy liado con el instituto?

-No tengo nada que hacer de aquí a unos días, así que me apunto a la aventura de reparar esta reliquia.

-¡Oye! –le riñó Damon al chico-. Un respeto, que es mi coche.

-Pero si lo decía en plan bien, adoro estos vehículos.

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Durante un par de días, Edward les estuvo ayudando con el coche y, sorprendentemente, el chico se lo pasó genial bromeando con Damon. Tanto fue así, que, para celebrar que habían arreglado el problema del motor, Stefan invitó a Damon y a Rosalie a cenar una noche con él y su novia Bella.

Al principio, Damon y Rosalie se sintieron incómodos porque eso parecía una doble cita, pero a medida que avanzaba la noche se fueron relajando y le quitaron importancia a la cosa.

Rosalie, cuando no estaba con el mono del taller por motivos de trabajo, vestía muy elegante, se ponía joyas, se maquillaba la cara y se ponía tacones altos. Esa noche, la chica llevaba un elegante vestido negro que le resaltaba la figura y le hacía lucir muy sexy. Debido a eso, Damon fue incapaz de apartar la vista de ella en toda la noche. Al chico se le caía la baba al verla tan guapa.

A la hora de pedir la cena, Damon parecía indeciso. Desde que estaba en Forks siempre había comido en Carver café y sabía muy bien qué pedir, pero este bar era nuevo para él y no tenía ni idea de qué comida estaría mejor.

-Si te gusta la carne –le recomendó la rubia-, deberías pedir filete con patatas asadas. Es lo mejor que puedes comer por aquí.

-Si tan bueno está, ¿por qué no lo pides tú? –le preguntó Damon, ya que esta había pedido un plato de raviolis con setas.

-Porque soy vegetariana.

-¿Y me recomiendas un plato que nunca has probado?

-Me han dicho que el filete está genial.

Damon dirigió una mirada interrogante a la pareja que se sentaba frente a ellos. Bella asintió en respuesta, ya que ella sí lo había probado. En cambio, Edward se encogió de hombros, pues él también era vegetariano. Por lo visto, todos los Cullen-Hale lo eran.

Finalmente, Damon y Bella acabaron pidiendo filete con patatas asadas, mientras que los otros dos se decantaron por los raviolis con setas.

Como postre, las chicas pidieron tarta de mora, pero ambas estuvieron de acuerdo en que la tarta de allí no tenía ni punto de comparación con la de Carver Café.

-¿Por qué siempre pides esto de postre? –le preguntó Damon a la rubia, pues era algo que le tenía muy intrigado.

-Bella lo pedía siempre que íbamos al Carver a comer y me pegó la costumbre –explicó Rosalie fingiendo reproche hacia su amiga, como si el hecho de que le hubiese pegado esa costumbre fuese algo malo.

-No te quejes –le dijo Bella a la chica-, que la tarta está riquísima.

-Sí que lo está, sí –reconoció la rubia, para luego dirigirse a Damon-. ¿Quieras probarla?

El chico asintió a modo de respuesta y ella tomó un trozo de tarta con la cuchara y se la dio a probar a Damon directamente en la boca. En ese momento, para ambos fue un gesto sin importancia, pero después se sintieron algo nerviosos e incómodos por la escena. Eso era algo que solían hacer las parejas, no dos personas que ni siquiera sabían si denominarse amigos.

Edward, consciente de lo incómodo que había resultado para ellos el momento, se apresuró a preguntarle a Damon sobre su equipo de béisbol favorito, logrando así que tanto el chico como Rosalie dejasen de darle vueltas a lo que acababa de pasar y volviese a crearse un ambiente cálido y relajado.

Tras la cena, se pidieron algo para beber y continuar así la tranquila velada un rato más. La única cerveza de por allí se llamaba Rainer y Edward le insistió a Damon para que la probara, ya que en ese bar no tenían Bourbon ni nada por el estilo.

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Como era habitual, Rosalie llevó a Damon de vuelta al motel con su coche.

-¿Quieres pasar a tomar la última copa? –le propuso él al aparcar, para después explicarse rápidamente al ver la cara que puso la chica-. No va con segundas intenciones, lo prometo.

-Bueno, si solo va a ser una copa… -accedió ella con una sonrisa en los labios.

Ya en la habitación de Damon, se sirvieron unos vasos de Bourbon y se sentaron alrededor de la mesa. Ninguno de los dos tenía muy clara idea de qué decir, pero Rosalie fue la primera en romper el hielo:

-Ese anillo que llevas siempre no es un poco…

-¿Horrible?

-Excesivo.

-Sí, eso también –sonrió él divertido, para después tomar un tono serio-. Es una herencia familiar, todos los hombre de mi familia lo tienen.

En silencio, la rubia le tomó la mano para examinar el anillo. Era de un metal similar al acero y tenía grabada en relieve una especie de águila alada y en el cetro una letra "D", que Rosalie supuso que sería por la inicial de su nombre. Todo ello bajo un fondo azul intenso producto del lapislázuli en el que estaba labrado el anillo.

-¿Y qué hay de esto? –le devolvió la pregunta el chico, tomando en su mano libre el colgante que solía llevar ella con frecuencia.

Se trataba de una especie de camafeo en tonos de escala de grises. Varios elementos formaban una imagen. En el centro se apreciaba la figura de un león rugiendo, sobre su cabeza aparecía una mano humana con la palma abierta y a los pies del león había tres tréboles.

-Esme lo diseñó –le explicó la chica-, es algo así como el emblema de los Cullen. El emblema de mi familia.

-Cada vez que hablas de ellos, se te iluminan los ojos de gratitud. ¿A qué se debe tanta devoción por tu familia?

-Verás, técnicamente los Cullen no son mi familia.

-¿Me lo quieres contar? –la animó él dándole un leve apretón a la mano que aún estaba unida a la suya para así transmitirle fuerza, ya que veía lo mucho que le costaba a la chica esto.

-Esme era la mejor amiga de mi madre, eran inseparables. Tanto era así que Esme fue mi madrina. Mis padres… -murmuró ella con un hilo de voz, para después recuperar un poco el tono-. Ellos murieron en un accidente de coche cuando yo tenía 15 años. Como no tenían parientes, le dejaron mi custodia y la de mi hermano pequeño Jasper al matrimonio Cullen.

-Por eso te llaman sobrina –comprendió él-, porque sienten como si lo fueras.

-Así es… Tuve suerte de tenerles conmigo. Han sido un gran apoyo para Jazz y para mí, una verdadera familia.

Si ya antes Damon tenía una muy grata impresión del matrimonio Cullen, conocer esto hizo que les agradase aún más. Acoger a dos niños siendo ya una familia numerosa, decía mucho de las maravillosas personas que eran Esme y Carlisle.

El ruido de una pareja discutiendo a voces en el exterior hizo que la burbuja emocional en la que estaban inmersos se rompiese. Rosalie miró en su móvil la hora y, como ya era muy tarde, decidió que debía regresar ya a casa. La chica se despidió de Damon con un beso en la mejilla, el cual fue demasiado cerca de los labios porque él se movió al dárselo, y quedaron en verse el lunes.

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Damon, harto de que la única bebida alcohólica que parecía haber en todo Forks era una cerveza llamada Rainer, salió solo el sábado por la noche a buscar un bar donde sirviesen alcohol de verdad. Por suerte para él, después de varios intentos, dio con un bar donde sí servían Bourbon.

Estando el chico sentado en la barra, conoció a un tipo llamado Alaric Saltzman. A este también se le notaba que tampoco era de por allí. Por lo visto, el hombre era profesor de Historia. Hacía un par de años le habían trasladado al instituto de Forks y aún no había terminado de adaptarse al lugar, ya que era muy diferente Durham -Carolina del Norte, Estado vecino a Virginia-, su ciudad de origen.

Rápidamente, ambos se hicieron amigos y confidentes. Damon, bajo de ánimos, no paró en ningún momento de despotricar contra el pueblo, el frío, la humedad, la lluvia, la cerveza de allí y sobre todas las demás cosas de Forks que se le ocurrieron en ese momento.

-¿Por qué estás aquí, entonces?

-Por una chica, Elena –le confesó Damon, sintiéndose muy libre al hablar de su vida con este hombre, a quien ya consideraba un amigo-. Necesitaba poner distancia de por medio entre nosotros. Cuanta más, mejor.

-No me refiero a por qué te fuiste de Mystic Falls, sino a por qué estás en Forks si tanto odias el lugar.

-Ya te lo dije, mi coche está estropeado –dijo el chico evasivo, encogiéndose de hombros.

-La verdadera razón, Damon –le pidió su compañero de copas, quien intuía que había algo que este se guardaba para sí.

El chico de ojos azules se lo pensó por un momento antes de responder:

-¿Crees en el destino?

-Nunca me lo había planteado, la verdad.

-Yo tampoco, pero algo me hizo venir precisamente aquí de entre todos los pueblos de Estados Unidos.

-¿Y por qué crees que el destino ha querido traerte hasta aquí?

-Bueno, hay una chica…

-Así que una chica, ¿eh? –dijo Alaric con una sonrisa divertida.

-No es lo que piensas –se apresuró el chico a decir para intentar sacarle de su error.

-¿Ah, no?

Damon se quedó pensativo. Era cierto que le atraía Rosalie físicamente, pero ¿tanto como para gustarle la chica?

-Lo que me imaginaba –dijo Ric mientras daba un trago de su copa, tomando su silencio como una confirmación de su teoría.

-Yo amo a Elena.

-Pero eso no quita que te guste esta otra chica.

Y, esta vez, Damon no supo qué decir ni qué pensar al respecto. Tal vez Alaric tuviese razón. No era algo que se había planteado antes de tener esta conversación y ahora le entraban dudas de qué era Rosalie para él, de qué sentía hacia ella.


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N/A: no entiendo nada de coches, así que no esperéis que entre en detalles sobre la reparación de estos ni tampoco os asustéis si escribo alguna cosa incoherente sobre el funcionamiento de algo.