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Rosalie, que había pasado la noche en el motel con el chico de ojos azules, salió del baño en toalla y se encontró con un Damon en bóxers mirando indeciso su armario.

-¿Qué tal la ducha? –le preguntó este con una sonrisa pícara.

-Mejor imposible.

-Sí, la compañía hace mucho.

-Eres muy presumido, ¿lo sabías? –rió ella divertida por su comentario, mientras caminaba hacia él.

-Pero te gusto.

-Cierto.

-Te encanto –susurró Damon recogiéndole un mechón de pelo detrás de la oreja.

-No te pases –sonrió la chica, poniéndose de puntillas para fundirse en un beso.

Al separarse, Rosalie se giró para cotillear el armario de Damon y este la rodeó con sus musculosos brazos desde atrás, pegando su cuerpo al de ella.

-¿Qué me sugieres ponerme hoy? –le preguntó él dándole un mordisquito en el lóbulo de la oreja.

-¿Es que toda tu ropa es oscura? –se quejó la chica, revisando sus camisas-. Hay que ver lo que se nota que no eres de por aquí…

-¿Y eso?

-Vistes ropa de marca, demasiado elegante para este pueblo.

-¡Mira quién fue a hablar! –rió él divertido por su comentario-. Tú estás hecha toda una pija, rubia.

-Sabes que esto nos convierte en los bichos raros de por aquí, ¿no? –le dijo ella tomando entre sus manos una camisa armani de Damon.

-Pues seamos unos bichos raros juntos –susurró el chico en su oído, para después cubrir su cuello con húmedos besos.

Rosalie rió divertida por su propuesta y se concentró en buscarle qué ponerse, para acabar eligiéndole finalmente un conjunto casual compuesto por unos vaqueros oscuros y una camisa azul oscuro que le resaltaba los ojos y le hacía lucir muy sexy.

Una vez terminaron de vestirse y arreglarse, fueron al Carver a desayunar, donde todos los presentes fueron testigos de sus cómplices bromas e intercambios de dulces besos y caricias.

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Al terminar el desayuno, fueron a casa Cullen para que Rosalie se cambiase de ropa y cogiese algo de dinero, ya que iban a salir a pasar el día por el pueblo. Por suerte, no había nadie en casa para preguntarle dónde había pasado la noche.

Tras eso, La rubia arrastró consigo a Damon a una tienda de ropa local. La tienda era algo simplona y bastante pequeña pero, por lo que pudo comprobar el chico, el resto de locales del pueblo eran prácticamente del mismo estilo.

Estando allí, Rosalie se empeñó en que Damon se probase una camisa de cuadros tipo leñador en azul oscuro, color que le resaltaba sus intensos ojos. A esta prenda le acompañaba por debajo una camiseta lisa de color blanco. El chico no recordaba haberse puesto estos colores en su vida.

-Parezco un payaso –se quejó él al mirarse al espejo.

-A mí me gusta cómo te queda.

Damon se giró para mirarla a los ojos y alzó una ceja de forma interrogante, sin saber muy bien si lo decía en broma o no.

-En serio –aseguró ella con tono divertido, agarrándole de los bordes de la camisa para tirar de él y darle un corto beso en los labios-, estás muy mono así.

El chico, al que no le quedó otra que sonreír por su comentario, le acarició el rostro con dulzura y le devolvió el beso. En esta ocasión, el beso que compartieron fue más largo e intenso.

Finalmente, Rosalie acabó convenciendo a Damon para comprarse las camisas, además de unos vaqueros azul claro aparentemente gastados para conjuntar, y le hizo prometer que se las pondría aunque solo fuese una vez.

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Un día en el taller, Damon se quitó la camiseta que tenía el logo del taller porque tanto trabajo le había dado calor. La rubia se quedó embobada mirando su perfecta musculatura.

-Sé que te encanta mi cuerpo –le dijo él con chulería y una sonrisa traviesa-, pero ¿tienes intención de quedarte todo el día contemplándome?

-¿Algún inconveniente con eso?

-Preferiría que, en lugar de observarme, pasaras a la acción.

Rosalie rió divertida por su propuesta y no dudo en posar sus manos sobre los pectorales del chico e inclinarse para depositar un beso en el izquierdo, ahí donde residía el corazón de este.

-Hmm… -gruñó él encantado con sus mimos, mientras ella descendía las caricias a sus abdominales-. Creo que ahora quiero más.

-Aquí no –le dijo la rubia sabiendo la intención del chico, pero sin dejar de repartir besos por el pecho de este y acariciar su piel descubierta-. Ahora no. Alguien podría entrar y vernos.

-Así que solo vas a torturarme… -murmuró Damon cerrando los ojos para disfrutar de sus caricias y posando las manos sobre las caderas de la chica para devolverle parte de las atenciones al acariciar la piel de esta por debajo de la blusa.

-¿Quieres que pare? –preguntó ella, para después darle un travieso mordisquito en el pezón derecho.

-Quiero que llegues hasta el final –dijo él casi en un gemido, sujetándola con fuerza de las caderas y apretándola contra su cuerpo para que notase la dureza del bulto de sus pantalones.

Viendo que la situación se les estaba yendo de las manos y que, si seguían con ese juego de provocaciones, llegarían a un punto de no retorno y acabarían montándoselo allí mismo, Rosalie le dio un último beso al chico en la clavícula y se separó de él. Este protestó y, sin querer abandonar su juego, volvió a pegarse a la rubia. Para provocarla, posó su dedo pulgar sobre los labios de ella e hizo un lento y sensual recorrido desde ahí, pasando por su garganta, hasta la parte superior de su escote, donde la fina tela de su blusa comenzaba a cubrir sus turgentes senos. Rosalie se mordió el labio inferior para contener un gemido, tomó la mano del chico entre las suyas y se la llevó hasta sus labios, besando sus nudillos con ternura. Damon se la quedó mirando fijamente mientras ella descendía sus besos por su brazo hasta llegar al tatuaje de su antebrazo.

-¿Qué significa el tatuaje? –le preguntó ella tras depositar un beso en él.

-"Hic et Nunc" significa "aquí y ahora" –respondió el chico algo esquivo.

-Me refería a qué significado tienen esas palabras para ti.

Damon no pudo seguir sosteniéndole la mirada y se soltó de la joven para dar un par de pasos hacia atrás.

-No me gusta hablar de ello –confesó él con voz apagada, a lo que la rubia se le quedó mirando atentamente-, pero supongo que algún día tendré que contártelo. Así que, ¿por qué no ahora?

-No tienes por qué hacerlo sino quieres –le aseguró Rosalie-. Entiendo que haya cosas de las que no te apetezca hablar, que prefieras guardarlas para ti.

-Quiero contártelo –dijo el chico tan convencido que hasta él mismo se sorprendió.

Damon le confesó que se hizo el tatuaje de adolescente, tras la muerte de su madre. Ella era la única que siempre le había demostrado cariño, la única que había estado siempre ahí para él. Stefan y su padre nunca le habían tratado del todo bien y, menos aún después de la muerte de su madre. La muerte de la persona más importante de su vida, de la única para la que él que había significado algo, le dejó destrozado. Hacerse este tatuaje era una forma de darse fuerzas para seguir adelante y no mirar atrás.

-Cada vez que los fantasmas de mi pasado regresan para atormentarme –continuó hablando el chico-, leo estas palabras y me recuerdo a mí mismo que debo seguir avanzando y vivir el aquí y el ahora.

Rosalie, viendo la pena en sus ojos, entrelazó su mano con la que este tenía el tatuaje y la alzó para darle un tierno beso en el tatuaje. Al levantar la vista y cruzar su mirada con la de Damon, este tomó el rostro de la chica con su mano libre y la besó con el mismo cariño que ella le había demostrado antes con él.

-Y, ahora –dijo el chico al romper el beso, hablando en un susurro de lo más sensual-, es tu turno de explicar el significado de tu tatuaje –pidió dejando de acariciar el rostro de ella para, en su lugar, acariciarle de forma tentadora el muslo interior izquierdo, ahí donde esta tenía tatuado un cuervo.

-Cuando murieron mis padres –comenzó a decir ella tras un breve silencio-, sentí que mi mundo se vino a bajo, que no había esperanza para mí.

"¿Sabías que para los romanos el graznido de un cuervo era un signo de esperanza? –continuó diciendo Rosalie con un tono ahora casi alegre e ilusionado-. El graznido suena como "cras, cras", lo que en latín equivalía a "mañana, mañana". No hay mayor esperanza que saber que habrá un mañana esperándote.

Todo esto se lo contó la chica con dificultad, demasiado distraída con las caricias que Damon no paró de dedicarle a su muslo interior en todo momento.

-Así que –dijo él en tono relajado-, de entre todos los significados que tiene la figura del cuervo, ¿te has quedado con uno de los pocos que representan algo bueno?

-Eso parece sí –sonrió ella con cierta timidez.

-Según la mitología griega, los cuervos son aves mensajeras, seres proféticos.

Rosalie, sin saber muy bien a dónde quería él ir a parar con esto, se limitó a quedarse mirándole y escuchándole atentamente.

-¿Sabes que un cuervo fue lo que me hizo venir a Forks? –continuó diciendo el chico, recogiéndole un mechón de pelo detrás de la oreja-. Lo vi apoyado sobre un cartel en un desvío y acabé aquí.

-Tal vez sea cosa del destino.

-Eso mismo pienso yo –coincidió él, inclinándose para unir sus labios.

Por largo tiempo, la pareja compartió un romántico beso, donde no había prisa por ir a más, solo se dedicaron a disfrutar del momento. Rosalie posó sus manos sobre los pectorales del chico y este dio un leve gruñido contra sus labios, haciéndola sonreír.

Al romper el beso, ella sonrió cual boba enamorada, a lo que Damon respondió dándole un travieso mordisquito en el labio inferior. La chica le dio un juguetón golpecito en el pecho a modo de riña y este rió divertido.

-Volvamos al trabajo –dijo ella con una amplia sonrisa en sus labios-, este coche no va a repararse solo.

-Lo que tú ordenes, jefa –bromeó él haciendo un saludo militar.

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Aunque Damon y Rosalie no quieran verlo de esa forma, su actitud cada vez era más parecida a la de una pareja de novios. Se pasan el día juntos, divirtiéndose, hablando, compartiendo confesiones íntimas que nunca le habían contado a nadie más, robándose besos y caricias que no siempre tenían intención de derivar en sexo...

Iban casi siempre cogidos de la mano o abrazados. Cuando salían por ahí con Edward y Bella siempre era en plan quedada de parejas, donde no se cortaban un pelo a la hora de darse cariños en público. La mayoría de las noches, la pareja compartían la cama del chico y, tanto sus mentes como sus corazones, habían dejado de denominar "echar un polvo" o lo que practicaban en esa cama.

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Para despejarse de tanto trabajo, la pareja quedó un sábado para ir a dar un paseo por la ciudad vecina de Portland.

Cuando la rubia fue a recoger a Damon al motel, sonrió ampliamente al ver que el chico llevaba puesta la ropa que compraron en la tienda. La verdad es que esa camisa de cuadros le sentaba increíblemente bien. Rosalie se mordió el labio inferior con deseo por lo sexy que lucía el chico con esa ropa.

Damon pensó que mereció la pena vestirse de ese modo solo por ver la reacción de la rubia, quien le saludó con un intenso beso debido a lo mucho que le había excitado verle vestido así.

La pareja pasó el día disfrutando de la compañía mutua en Portland. En aquella ciudad había una cantidad impresionante de bosques, los cuales eran mucho más bonitos y acogedores que los de Forsk. El Jardín Japonés era una maravilla, como un idílico jardín del Edén, con hermosos árboles y cascadas. Cuando llegó la hora del almuerzo, Damon y Rosalie se dirigieron a uno de los parques públicos y, frente a una hermosa cascada, montaron un picnic con la comida que habían comprado horas atrás en el mercado agrícola-artesanal que se montaba cada sábado.

El resto del día se dedicaron a pasear por las calles principales de la ciudad y entrando en las grandes tiendas de ropa o música que allí había. Esto les dio la oportunidad para conocer aún más los gustos del otro, sorprendiéndose gratamente al darse cuenta de que compartían muchas aficiones e ideas.

Por la noche, fueron a cenar a un restaurante muy elegante y con un aura romántica. Damon, como venía siendo ya una costumbre desde que estaba con la rubia, se decantó también por un menú vegetariano.

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Durante el regreso en coche a Forks, Damon volvió con su cantinela de quejarse del vehículo de la chica, pues sabía que a esta no le gustaba que se metiese con su coche y a él le encantaba picarla de ese modo.

A Rosalie se le ocurrió una gran idea para que el chico no pudiese meterse con su bebé nunca más: ya dentro de las fronteras de Forks, se adentró con el coche en lo más profundo de un camino en el bosque.

Damon no sabía por qué habían parado allí, hasta que ella echó la capota del coche, se quitó el cinturón de seguridad, se movió para sentarse en su regazo y le devoró la boca con necesidad.

-Espero que estés dispuesta a llegar hasta el final con esto –le dijo él entre besos, sin parar de jugar con la piel de la chica por debajo de la ropa-, porque no estoy seguro de si podré parar.

-Pues no pares –respondió ella con voz sensual, separándose después levemente de Damon para quitarle la camisa.

El chico se unió a su misión de desprenderse de la ropa y, una vez desnudos ambos, unieron sus cuerpos en un intenso y romántico encuentro sexual que culminó cuando ambos alcanzaron un orgasmo sincronizado.

-Creo que empieza a gustarme este coche –sonrió Damon traviesamente, acariciando la espalda desnuda de la chica, quien seguía sentada sobre su regazo y recostaba su cabeza en el hombro de él mientras este la rodeaba entre sus brazos.

Rosalie rió divertida y se dedicó a repartirle húmedos besos por el hombro, ascendiendo por su cuello hasta llegar a su boca.

-Sabía que te acabaría convenciendo –susurró ella contra sus labios.

-Eres muy convincente cuando quieres, babe.

La pareja se fundió en un intenso beso y fue a por un "segundo asalto".