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Un día, Royce, el ex de Rosalie, fue a buscar a la chica para pedirle otra oportunidad por enésima vez. Para su sorpresa, vio que la rubia no estaba sola en el taller, sino que un forastero la ayudaba a reparar un coche antiguo. El chico se puso celoso en el acto, pues Rosalie parecía encantada riendo con ese tipo.
Su cabreo fue a más aún cuando vio cómo, a modo de broma, la joven le manchó la cara de grasa a su acompañante y este la agarró fuertemente entre sus brazos cuando Rosalie intentó huir. El chico de ojos azules la alzó y la hizo dar un par de vueltas en el aire, lo cual la hizo sonreír felizmente. Al bajarla al suelo, la pareja se fundió en un intenso beso, beso que se hubiese alargado más de no ser porque Royce golpeó una caja de herramientas con el pie para llamar la atención de estos.
-¡Royce! –se sobresaltó la chica al verle, apartándose ligeramente de Damon, pero no lo suficiente dado que no veía por qué tendría que ocultar lo que había ocurrido-. ¿Qué haces aquí?
-¿Quién narices es este tío, Rose? –preguntó él con enojo, fulminando al acompañante de esta con la mirada.
-A ti no te importa.
-¿Ah no? ¿No me importa con quién vas por ahí comiéndote la boca?
-Pues no, no es asunto tuyo. Lo nuestro se acabó hace mucho. No tengo que darte explicaciones de lo que hago ni de con quién lo hago.
Damon se convirtió en un mero espectador de la discusión e hizo lo único que podía hacer, rodear sutilmente la cintura de la chica, quien estaba colocada de lado al estar mirando hacia Royce, para darle apoyo moral. Esta le lanzó una mirada de agradecimiento y apoyó ligeramente su cuerpo contra él. Al ver esa escena tan íntima y cómplice por parte de la pareja, el ex de la chica se enfureció bastante.
-¿¡En serio me has cambiado por este!? –gritó Royce con rabia, avanzando hacia ellos con paso firme.
Damon se colocó entre Rosalie y este, cubriendo a la joven con su cuerpo, para evitar que el tipo le hiciese algo.
-Déjala ya, tío –le advirtió Damon al ex de la chica, con una voz que dejaba bien claro que no estaba para bromas.
-¿Quién coño eres tú?
-Damon Salvatore, tu peor pesadilla si no te largas de aquí en seguida.
-Pues resulta, Damon –dijo el hombre con mofa al pronunciar su nombre-, que soy Royce King II, el novio de Rosalie.
-¿Royce King II? ¿En serio? –rió el chico divertido-. Menudo nombre más cutre…
La rubia se agarró con fuerza de su brazo y tiró de él para intentar alejar a los chico e impedir que se pegasen.
-Damon, vámonos de aquí –le pidió ella en voz baja.
-Eso, Damon –dijo Royce lanzándole una mirada dura-. Vete y no vuelvas.
El chico estaba tan cabreado con el ex de Rosalie que no le dio un puñetazo porque ella le estaba sujetando del brazo con fuerza.
-Damon, por favor… -le pidió la rubia casi en una súplica.
Como no quería que Rosalie se sintiese mal o incómoda por la situación, Damon tuvo que tragarse su orgullo y se dejó arrastrar por ella hacia el exterior del edificio mientras oía la absurda risa de Royce.
Sin necesidad de intercambiar palabras, la chica condujo hacia el motel en el que se hospedaba Damon.
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Nada más entrar en la habitación de Damon, este fue directo a servirse un vaso de Bourbon. Aún estaba alterado por lo sucedido con Royce y necesitaba un trago para olvidarse de todo.
-Creo que deberías volver a casa –le aconsejó a la chica sin atrever a mirarla siquiera, hablando por primera vez desde que salieron del taller-. Esta noche no soy la mejor compañía del mundo.
-Tú siempre eres mi mejor compañía –dijo ella sinceramente mientras caminaba lentamente hacia él-. Sin duda alguna.
-Rose…
La chica posó sus manos en el rostro de Damon y le obligó a mirarla a los ojos.
-¿Qué es lo que se supone que estamos haciendo? –dijo él en voz alta esa pregunta que se hacían ambos desde el comienzo de su relación-. Quiero decir, ¿qué somos tú y yo?
-¿A caso hace falta ponerle un nombre?
- Antes no me importaba, pero ahora… Lo necesito.
-Me gustas. Me gustas mucho. Y… Creo que me estoy enamorando de ti, pero tengo miedo de hacerlo porque sé que tú aún amas a Elena y no quiero que me partas el corazón.
-Es cierto, aún amo a Elena –confesó el chico con un tono avergonzado en su voz.
Ante estas duras palabras, Rosalie apartó sus manos de él como si quemara y luchó por contener las ganas de llorar.
-Ojalá pudiera decirte lo contrario, pero no puedo –se disculpó el chico muy apenado por la reacción de la rubia-. Te juro que he intentado por todos los medios olvidarla, pero aún es demasiado pronto.
-Entiendo…
Rosalie hizo el intento de girarse para irse, pero Damon la agarró de un brazo y se lo impidió, haciéndola voltear para mirarla a los ojos.
-Pero también siento algo muy fuerte por ti –confesó él-. Tan fuerte que no tengo palabras para describirlo.
-Damon, lo que sientes es lujuria, simplemente eso.
-Te deseo, es cierto. Pero no estoy contigo solo por eso. Jamás me había sentido conectado a alguien de la forma en la que estoy contigo. Ni siquiera con Elena me había sentido así.
-¿A dónde quieres ir a parar con esto, Damon?
-No me dejes. Sé que suena egoísta por mi parte pedirte eso, pero…
-Muy egoísta –coincidió ella, interrumpiéndole.
-Por favor, no me dejes.
El brillo en los ojos del chico y la súplica de su voz hicieron caer las barreras de Rosalie, quien le acarició el cabello con un cariño y una ternura que no había sentido jamás. Damon cerró los ojos y se dejó mimar, para después tomar las manos de la joven entre las suyas y besar sus palmas. Al volver a alzar la vista, los ojos de ambos conectaron y lo que sintieron fue tan intenso que las palabras sobraron. Rosalie se inclinó para besar dulcemente sus labios y él la correspondió del mismo modo.
Tras un romántico intercambio de besos, el chico la condujo hacia la cama. Siempre solían ser muy fogosos e intensos en la cama, tanto era así que esta cama en la que estaban entregándose en cuerpo y alma ahora era una sustitución de una que habían roto hacía unos días. El dueño del motel se cabreó un montón cuando Damon le dijo que la cama se rompió, poniendo la excusa tan pobre de que había termitas. El hombre, que ya había recibido quejas sobre lo ruidoso que era el chico cuando se traía a su novia por las noches, no le creyó; pero tuvo que darle una nueva cama aunque se la cobró, y con extras, en el alquiler.
Pero, esta vez, hicieron el amor de una forma muy lenta y dulce, queriéndose mostrar así todos esos sentimientos que tenían por el otro y que tanto les costaba decir en voz alta.
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Al despertarse a la mañana siguiente, Rosalie se sintió decepcionada al verse sola en la cama, pero un ruido proveniente de ese pequeño rincón de la habitación que hacía las veces de mini-cocina llamó su atención.
La rubia se levantó curiosa de la cama, se puso la camisa de Damon que recogió del suelo y fue a ver.
Una sonrisa surcó los labios de Rosalie al ver al chico vestido tan solo en bóxers muy concentrado en la preparación de tortitas. Ella sabía que lo de anoche no cambiaba nada, que él aún amaba a otra, pero tenía que reconocer que Damon se estaba esforzando mucho para que esta relación funcionase.
-Buenos días –saludó ella abrazándole por detrás y depositando un dulce beso en su desnuda espalda.
-¿Has dormido bien? –le preguntó él, acariciándole los brazos con una mano, pues con la otra sostenía una espumadera.
-Perfectamente –respondió la chica dándole un nuevo beso en la espalda antes de recostar su cabeza contra su cuerpo y cerrar los ojos para disfrutar de la grata sensación que le proporcionaba su calidez y su embriagador aroma.
-Espero que tengas hambre, babe. Porque te estoy preparando las mejores tortitas que hayas probado jamás.
-No sabía que supieses cocinar –murmuró ella contra su piel, provocándole un dulce cosquilleo.
-Soy todo un hombre de misterios y secretos.
-¿Ah, sí? –rió la chica divertida por su comentario-. ¿Y cuáles son esos secretos?
Damon echó las tortitas recién hechas a un plato y soltó las cosas sobre la encimera, girándose después para mirar a la rubia a los ojos.
-¿Quieres que te cuente uno? –le propuso él en un susurro, acariciándole la mejilla y recibiendo un asentimiento como respuesta-. No cocino para cualquiera, lo que significa que un poder muy fuerte tienes sobre mí aquí –terminó la frase tomando una mano de Rosalie y colocándola sobre su pectoral izquierdo, ahí donde latía su corazón.
La chica sonrió ampliamente en respuesta, recibiendo un dulce beso por parte de Damon, beso que se intensificó cuando ella lo correspondió. Con forme más se alargaba el beso, más pasional y cargado de deseo se convertía, por lo que el desayuno acabó quedándose olvidado cuando las ganas de montárselo sobre la encimara de la cocina pudo con ellos. Esta vez, nada tuvo que ver con el sexo vainilla de la pasada noche, pero no dejaba de ser igualmente íntimo y cargado de profundos sentimientos.
