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El incesante ruido del móvil de Rosalie despertó a la pareja una mañana de sábado muy temprano. La chica, nada más coger la llamada, regresó a la cama donde un Damon desnudo la abrazó por detrás y comenzó a jugar a repartir besos por su garganta mientras esta hablaba.

-Hola, Ed –saludó ella a su primo con una sonrisa, mientras una de sus manos viajaba al cabello de Damon y enterraba sus dedos en él a la vez que recostaba su cuerpo contra el del chico para darle mejor acceso a su cuello.

-Al final el vuelo de Jazz se ha adelantado –le informó Edward-. Hemos pensado en organizar algo para dadles la bienvenida. Ya sabes, barbacoa familiar y un partidito de béisbol.

-No sé…

-Vamos, Rose. Para un día que hace sol en Forks… Damon puede venir si quiere –añadió él, pensando que lo que la hacía dudar en apuntarse era eso-. Es más, sino lo traes, no voy a ser nada piadoso contigo en el campo de juego.

-Te daría una paliza de todas formas, y lo sabes –rió la rubia divertida.

-¿Vais a venir o no?

-Espera que le pregunte…

Damon, que había parado de besarle el cuello, la miró a los ojos curiosos. Ella sonrió como una boba enamorada al ver su cara de niño impaciente y le robó un tierno beso de los labios antes de comenzar a hablar:

-Mi hermano regresa antes de tiempo. Y hay organizada una barbacoa.

-¿Barbacoa? –preguntó él confuso-. Pero si sois todos vegetarianos.

-Solo es una forma de hablar, en realidad se trata de una comida familiar en el campo.

-Está bien… Así que eso significa que vas a dejarme solo hoy –intuyó el chico haciendo pucheritos con los labios.

-¿Por qué piensas que voy a hacer tal cosa?

-Has dicho que era familiar.

-Tú también eres parte de la familia ahora, Damon.

Ante la sinceridad de sus palabras, el chico no pudo sino sonreír agradecido y robarle un romántico beso a la rubia.

-¿Eso es un sí? –preguntó Edward desde el otro lado de la línea, quien había escuchado perfectamente la conversación pese a que su prima había intentado tapar el auricular.

La pareja rió divertida por la insistencia del chico y Rosalie preguntó a Damon con la mirada, quien asintió en respuesta. Ella estaba tan emocionada que no pudo resistirse a acariciarle el rostro y darle un dulce beso en la mejilla a modo de agradecimiento.

-Sí, Ed –afirmó la rubia volviendo a prestar atención al móvil-. Estaremos allí.

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Cuando Rosalie y Damon llegaron a la casa Cullen, se encontraron con Edward y Bella, quienes estaban cargando el jeep de Emmett con las cosas para la "barbacoa". En seguido, los recién llegados se pusieron manos a la obra a ayudar a la pareja a cargar.

El lugar al que iban era un claro de bosque bastante cerca de la casa Cullen, por lo que no tardaron en reunirse con el resto de la familia.

Los Cullen saludaron muy cariñosamente a Damon, algo que era habitual cuando él y Rosalie acudían a reuniones o comidas familiares juntos. Todos había acogido el chico en la familia de inmediato, pues veían lo feliz que le hacía a Rosalie y lo bien que cuidaba de ella.

El chico estaba en su salsa con esta familia, aunque ver dos caras nuevas hizo que se sintiese algo incómodo. Pero él era Damon Salvatore, él no se dejaba intimidar por nadie.

-Ven –le dijo la rubia tirando de la mano de Damon-, te los voy a presentar.

Sin más remedio, el chico se dejó arrastras hacia la pareja Cullen-Hale que aún no había conocido en persona pero de la que había oído mucho hablar.

-Chicos, él es Damon Salvatore –anunció Rosalie con una sonrisa impecable-. Damon, ellos son mi hermano Jasper y su novia Alice.

-Un placer conoceros –dijo Damon luciendo su mejor sonrisa de medio lado.

-Rosalie nos ha hablado mucho de ti –sonrió Alice amablemente-. Aunque no nos había dicho que eras tan guapo…

La pareja rió divertida por el comentario, algo que también hizo el resto de los presentes.

-Cariño –la llamó Jasper con voz dulce-, no incomodes al chico. Bastante presión tiene que ser ya para él estar aquí rodeada de todo la familia de su novia.

Ante la palabra "novia", ni Damon ni Rose hicieron comentarios negando que fuesen novios. No solo porque no sabía muy bien qué eran, sino también porque realmente se habían sentido extrañamente a gusto con esa palabra.

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Entre todos los miembros de la familia, prepararon el almuerzo, y Damon no se quedó atrás. Pese a la insistencia de muchos en que él era un invitado, este aseguró que se sentía más útil ayudando y que estaba encantado con hacerlo.

Durante la comida, los recién llegados hablaron por largo tiempo con Damon para saber más sobre él. Damon descubrió que el hermano de Rosalie era un tipo muy carismático y con un gran sentido del humor, por lo que en seguida le cayó bien. Por su parte, Alice era muy alegre y charlatana, así que no hacía falta hablar mucho, pues era ella quien llevaba el peso de la conversación. Con lo divertida y risueña que era Alice, era imposible no adorar a esta chica.

Rosalie, que había estado en todo momento junto a Damon, no paró de intercambiar con él gestos cómplices y muestras de cariño. Jasper estaba encantado al ver que su hermana había encontrado una pareja decente con la que tenía tanta complicidad que parecía incluso que llevaban años juntos en lugar de unas semanas.

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Cuando terminaron de almorzar, los chicos, impacientes por comenzar a jugar, insistieron en empezar ya el partido de béisbol.

Todos parecían tener muy claro qué función cumplían, pues rápidamente Bella fue a colocarse en la posición del árbitro mientras el resto se dividió en dos grupos.

-¡Damon, ponte con nosotros! –le animó Alice con voz dulce.

El chico le lanzó una mirada interrogativa a Rosalie, quien estaba hablando entretenidamente con su hermano en lo que parecía ser el equipo rival de él ahora. La rubia sacó de una bolsa de deporte una gorra de béisbol en tonos grises y blancos con una gran "C" en la parte delantera y fue hacia Damon con una sonrisa alegre.

-¿Tenéis vuestros propios uniformes? –se sorprendió él al ver cómo todos se estaban cambiando las chaquetas por unas deportivas con la palabra "Cullen" escriba en grande en el pecho.

-Somos muy aficionados al béisbol –explicó ella encogiéndose de hombros como respuesta.

-Así que… Estamos en equipos contrarios, ¿eh?

Ante ese comentario, la chica no pudo hacer otra cosa que reír divertida, como si eso se tratase de una broma privada que solo ella comprendía. Era cierto, ambos se habían colocado en equipos rivales. Ella estaba con Carlisle, Emmett y Jasper, mientras él había acabado en el grupo de Alice, Esme y Edward.

-Eso le da más emoción al partido –le explicó la rubia.

-¿Rivalidad entre parejas?

-Exacto.

-Pero Bella está de árbitro –dijo él, ya que Edward era el único que no tenía a su pareja en el equipo contrario.

-A ella no le gustan los deportes. Pero tranquilo, siempre suele ir a favor nuestra.

-¡Ey, eso es trampa! –se quejó Damon fingiendo estar realmente molesto.

-Bueno, así tendrás una excusa para justificar que hayáis perdido, cosa que haréis.

-Ni lo sueñes, rubia –la desafió él-. Os vamos a ganar.

-¿Ves cómo esto lo hace más interesante? –le sonrió ella en respuesta, colocándole al chico la gorra que tenía en la mano-. Es la mía, procura no llenarla de barro ni nada de eso.

-Descuida, babe –le prometió Damon, agarrándola por la cintura y pegándola a su cuerpo-. Cuidaré bien de ella.

-Más te vale –murmuró la chica rodeándole la nuca con las manos y poniéndose de puntillas para estar más cerca de su rostro.

Damon negó con la cabeza divertido y agachó levemente la cabeza para unir sus labios en un romántico beso.

-¡Vamos, parejita! –les llamó Emmett desde el otro lado del improvisado campo de béisbol-. Tenemos un partido que jugar.

Ellos rieron por su impaciencia y Rosalie le dio un travieso mordisquito en el labio inferior a su chico antes de separarse de él para ir a reunirse con su equipo, donde se enfundó su chaqueta deportiva con los colores de la familia y el nombre Cullen. Durante todo el partido, esa chaqueta fue la perdición de Damon, pues no paraba de quedarse embobado mirándola. La prenda resaltaba muy bien el escote de Rosalie, cosa que la hacía irresistible a los ojos él.

El chico pronto cogió la confianza suficiente para unirse a las bromas y piques que intercambiaban un equipo con el otro y tuvo que reconocer que estar de rival de Rosalie lo hacía todo más divertido, ya que la rubia era tan competitiva que se irritaba mucho cuando fallaba su equipo y Damon aprovechaba eso para meterse con ella.

-Cuidado, forastero –le advirtió Emmett en broma-. No hagas cabrear mucho a la rubia, que sino esta noche te quedas sin sexo.

Acto seguido, una bola golpeó al chico en el brazo.

-¡Auch! –se quejó el grandullón de casi dos metros de alto, mirando en la dirección de donde había salido lanzada la bola.

-¡Strike! –cantó Edward, quien estaba en la posición de pitcher-. Vaya, es la primera que fallas, Rose.

-No he fallado –gruñó ella en respuesta, lanzándole una mirado envenenada a Emmett-. He dado donde quería dar.

Sin poder evitarlo, el aludido estalló en una sonora carcajada y Damon rió con él, seguido del resto de la familia, incluida la rubia. Cuando al fin Emmett logró parar de reír, le dio una amistosa palmadita a Damon en el hombro y regresó a su posición en la base donde se había detenido en la anterior jugada.

El chico Cullen, que había tenido un comienzo difícil con el novio de Rosalie, ahora no paraba de picarse y gastarse bromas con él. La relación de Emmett con la rubia terminó hacía mucho y ya no la miraba de ese modo, pero no podía evitar seguir siendo sobreprotector con ella, sobre todo después de la relación tan difícil que tuvo esta con Royce. Emmett solo quería protegerla, alejarla de cualquier tío que fuese malo para ella y que pudiese hacerle daño, por eso había sentido ese rechazo inicial hacia Damon; pero solo le hacía falta ver cómo el chico la miraba para saber lo mucho que la amaba.

Cuando el partido volvió a retomarse, Damon se dedicó a contemplar a los jugadores, observando qué era esa habilidad que les hacían especiales y diferente con respecto al resto. Rosalie nunca fallaba un lanzamiento bajo, los cuales eran todo un desafío de atrapar para el equipo contrario. Por su parte, Jasper era el mejor bateando a larga distancia, mientras que Edward era el más rápido y Emmett atrapaba las bolas al vuelo. El matrimonio Cullen pasaba algo desapercibido en el grupo, pero eran bastante ágiles para su edad. Damon era un conjunto de lo mejor de cada uno, lo cual le hacía ser el mejor jugador de todos los presentes.

-Mi hombre-cuervo –presumió Rosalie de él cuando el chico atrapó una bola alta en el aire con una habilidad que ni en la liga profesional.

Cuando Jasper salió a batear una vez más, volvió a presumir haciendo girar hábilmente el bate de béisbol como hacía siempre antes de cada lanzamiento, como si se tratase de un ritual. A Damon esta peculiar manía o costumbre suya le hacía mucha gracia, por lo que no puedo resistirse a imitarle cuando cambiaron los turnos y le tocó balear a él. Lo cierto es que el chico lo hizo con gran destreza, casi tanta como el propio Jasper. Esa pequeña broma de Damon logró atraer la atención de todos, quienes rieron divertidos con las caras burlonas que puso mientras realizaba los movimientos. Incluso Jasper le rió la gracia con mucho gusto.

Finalmente, el equipo de Damon fue el que acabó ganando. A Rosalie no le gustaba perder nunca, por lo que dijo que la próxima vez jugaría en el equipo de su chico; prometiendo romper así con la norma que ella misma había puesto, esa que decía que había que jugar en el equipo contrario al de la pareja sentimental.

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Era muy tarde ya cuando Damon y Rosalie abandonaron la casa Cullen rumbo al motel donde se hospedaba el chico.

-¿Por qué no te quedas a pasar la noche? –propuso él mientras abría la puerta de su habitación.

-Es muy tarde, Damon. Estoy cansada.

-Con más razón aún, no es bueno que conduzcas tan tarde –insistió este-. No tiene por qué haber sexo, aunque no pondría objeción alguna si es lo que quieres –dijo esto a modo de broma, haciéndola reír levemente-. En serio, babe. Me conformo solo con dormir abrazado a ti.

La oferta era tan tentadora que Rosalie no pudo resistirse a la idea de pasar esa noche entre los fuertes brazos del chico.

Tras compartir una relajante ducha juntos, Damon se puso su largo pantalón negro de pijama como única prenda, mientras que la rubia optó por una de las camisetas de mangas cortas de él. Rosalie había dejado ropa suya en uno cajón que el chico le había cedido cuando esta empezó a quedarse a pasar las noches allí, pero siempre solía optar por ponerse la ropa de Damon para pasearse por la habitación, lo cual volvía loco al chico, pues le resultaba increíblemente sexy ver su perfecto cuerpo cubierto tan solo por una prenda suya.

Estando abrazados en la cama, ella comenzó a hacer círculos con los dedos sobre el pecho desnudo del chico en señal clara de nerviosismo.

-¿Estás bien, Rose? –le preguntó él dándole un dulce beso en la coronilla mientras la apretaba más a su cuerpo-. Te noto distraída.

-Eso solo que… Creo que es hora de que te cuente algo.

-Claro, babe. Lo que quieras.

-No es tan fácil de decir, nunca se lo he contado a nadie.

-¿Y estás segura de que me lo quieres contar a mí?

-Nunca he estado más segura en mi vida, quiero compartir esto contigo.

-En ese caso, me tienes aquí para oírte, consolarte o ayudarte en lo que necesites.

Rosalie se apretó a él con más fuerza y le dio un cariñoso beso en el pecho en señal de agradecimiento. Por último, tomó aire antes de confesarle su más "oscuro" secreto, el cual era su mayor pesar:

-No puedo concebir hijos –dijo ella con un hilo de voz, tan bajo que Damon tuvo que agudizar el oído para oírlo-. Por eso nunca ha hecho falta que utilizásemos protección.

-¿Estás segura de que no puedes?

-Hace tiempo, cuando aún estaba con Royce, fui al médico creyendo que me había quedado embarazada. Me hicieron pruebas y al final me dijeron que mis ovarios estaban dañados y que no podía concebir.

Damon vio lo mucho que esto le dolía a la chica, por lo que la abrazó con fuerza para transmitirle su apoyo.

-¿Nunca se lo has contado a nadie? –le preguntó él con voz dulce, mientras le acariciaba el cabello-. ¿Ni siquiera a tu familia?

-Mi mayor ilusión había sido siempre tener hijos… Y no puedo.

-No es nada de lo que tengas que avergonzarte –intentó animarla Damon-. Además, aún te queda la opción de adoptar, ¿no? Cualquier niño estaría encantado con tener una madre tan buena y cariñosa como tú.

-¿Lo dices en serio? –preguntó ella incorporándose levemente para mirarle a los ojos.

-Jamás te mentiría, preciosa –le aseguró él acariciándole el rostro con ternura-. A ti no.

Rosalie sonrió ampliamente por sus palabras y le dio un beso romántico en agradecimiento.

-Te amo –le confesó ella por primera vez.

Damon iba a corresponder a su declaración, quiso hacerlo, pero las palabras no salieron de sus labios. La chica, viendo su conflicto interno, le dio un casto beso en los labios para demostrarle que no pasaba nada, que podía esperar a que él estuviese seguro para decírselo, que no había presión alguna.

Durante el resto de esa noche, el chico la mimó con dulces besos y caricias para hacerle sentirse mejor, para hacerle sentirse querida. Rosalie acabó quedándose dormida entre sus fuertes brazos, aquellos que prometían protegerla de todo.

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Damon necesitaba desahogarse y hablar de sus sentimientos con alguien. Curiosamente, había muchas personas ahora en su vida con las que se sentía cómodo hablando, pero la mayoría de ellos eran Cullen o Hale y no creía oportuno hablar con estos sobre lo que le rondaba la cabeza en ese momento, pues en su mayor parte era Rosalie. Por eso, fue al bar donde se solía reunir con su mejor amigo Alaric, quien era su mayor confidente, y le puso al día sobre todo lo que había ocurrido desde la última vez que le vio.

-Me dijo que me quería –le contó Damon-. Y yo me quedé ahí, mirándola como un pasmarote sin saber qué decir.

-¿Por qué no dijiste nada?

-No lo sé… Creo que aún amo a Elena, pero a veces es como si me obligase a tener esos sentimientos cuando pienso en ella.

-¿Y qué hay de Rosalie?

Días atrás, Alaric había conocido a la joven porque Damon se llevaba tan bien con él y eran tan buenos amigos que el chico quiso que este conociese a su "novia", aunque prefirió no pensar en lo que le llevó a hacer eso. Alaric, por su parte, había sido claro testigo de lo buena pareja que resultaban ser y de los fuertes sentimientos que procesaban el uno por el otro.

-¿Qué pasa con ella? –preguntó Damon sin entender, o más bien fingiendo no hacerlo.

-Dime qué sientes por la rubia –le animó su amigo a hablar de sus sentimientos.

-Me gusta. Mucho.

-Vamos, ¿cuándo vas a reconocer que te estás enamorando?

-No estoy seguro de lo que significan mis sentimientos hacia ella.

-Sí que lo sabes, lo que pasa es que te da miedo abrir tu corazón otra vez al amor y volver a acabar herido.

-Rosalie es fantástica… -reconoció Damon, en voz baja porque esas palabras significaban mucho más de lo que decían.

-Pues no pierdas el tiempo pensando en otra y dedica cada momento de tu vida a ser feliz junto a tu fantástica chica.


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Ya solo quedan tres capítulos para acabar el fic. Muchas gracias por leerlo! :)