Disclaimer: Los personajes del Smash Brothers utilizados en esta historia no son míos, si no de la compañía Nintendo y/o sus respectivos creadores. No obtengo ningún beneficio lucrativo con esto, mi único propósito es el de entretener. Lo único que es mío es la trama.
Advertencia: Olvidé aclararlo en el primer capítulo... Todos los personajes son completamente humanos, nada de antropomorfismo.
Aclaraciones al final.
...
.~Un Nuevo Comiezo~.
CAPITULO II
Primer Encuentro
por Zeldi-chan de hyuuga
Los tres estaban frente a la puerta; era muy rustica, con vidrio con diseño floreado discreto, sin dejar de perder ese toque de elegancia. Algunos dudaban si tocarlo por miedo a dañar la fina madera. Marth la empujó con cuidado para poder abrirla, percatándose de que no era tan pesada como aparentaba. Al entrar, de inmediato sintieron el calor aguardándoles. Fue como si un manto caliente siempre hubiese aguardado por ellos y ahora se encontrasen en el. Todos los demás jóvenes ya estaban ahí, admirando incrédulos lo grande y sofisticada que era el interior de la residencia. Y ellos no eran la excepción.
—¡Pero qué enorme lugar! — esa había sido la voz de Douglas Jay Falcon, mejor conocido como "Capitan Falcon", capitán del equipo de Futbol. Podría estar vistiendo ropa gruesa, pero su increíble tono muscular seguía sobresaliendo de la multitud.
—¡Es tan hermoso! —exclamó una delgada joven, con cabello rosado y enormes ojos turquesa. La mejor amiga de Peach: Jigglypuff.
—Si por mí fuera, me quedaría a vivir aquí— esas, y muchas más aclaraciones eran las que se escuchaban entre el tumulto de jóvenes.
—Wou…— Zelda, al igual que los demás, miraba asombrada la cabaña que semejaba más a una mansión. Los muebles tenían un acabado exquisito. Parecía de esas casas de gente famosa, que usualmente aparecían en revistas. Había un candelero enorme congaldo del techo. Toda cosa combinaba a la perfección con otra. Nunca había estado en una cabaña, siempre se la había imaginado pequeñas y en estado algo deplorable, pero esta sí que era toda una excepción.
Pero había algo que, sin duda alguna, era lo que más llamaba la atención.
Y era el enorme y hermoso pino de Navidad, en una de las esquinas del vestíbulo, junto a la chimenea a gas. Tenía esferas rojas y doradas, junto con guirnaldas color bronce, pequeños foquitos de navidad iluminándolo, y una gran y brillante estrella en la punta de este. Era simplemente bello.
—¡Bueno preciosuras! — enunció Peach, haciendo acto de presencia con sus enormes botas resonando en el piso de madera—. Si harían el favor de seguirme, en la habitación que sigue se les darán sus pequeñas maletitas— finalizó, caminando hacia la habitación continua.
Marth giró hacía todos lados, buscando a Zelda entre todos los que se iban dispersando siguiendo a Peach, ya que Pit fue el primero en irse, encontrándola mirando el gigante árbol de Navidad. Al parecer, ni siquiera se había dado cuenta del anuncio
—Oye, Zelda— su mano se posó en el hombro de la castaña, inmediatamente volteándolo a ver—. Debemos de ir a recoger nuestras cosas, y las llaves.
—Oh, tienes razón.
—¡Es por aquí! —, exclamó el joven de facciones angelicales, señalando la habitación continua, que asemejaba estar más grande.
—Ya vamos—, respondió Marth, retomando el camino hacia la otra habitación, con Zelda detrás de él.
Zelda iba sumida en sus pensamientos, pero entonces su bufanda cayó al suelo. Marth siguió caminando; aparentemente no se había dado cuenta. Suspiró con fastidio, esperando en algún lugar de su mente Marth se hubiese agachado y recogido su bufanda por ella, ya que aún sentía las piernas entumidas por el viaje. Olvidando aquello, se agachó a recogerla. La tomó entre sus manos y la enredo nuevamente en el lugar en donde debería estar.
Al momento de enredarla en su cuello, no veía por donde iba, y chocó con una superficie dura. Internamente, rezaba porque nadie la hubiera visto. De todos modos no era la primera vez que terminaba chocando con la pared.
Levantó el rostro, abriendo sus ojos azules, sobando su enrojecida nariz, dándose cuenta que con lo que había chocado no era una pared, si no que se encontró con una mirada como la suya, pero esta era de un azul más penetrante. Un muchacho alto, bien parecido, y con una banda atada en la frente la estaba observando, sin poder diferenciar si estaba molesto o solo estaba serio. Sin querer, las mejillas de Zelda tomaron un ligero color carmín, y sus piernas comenzaron a temblar.
—Discúlpeme— habló el joven, metiendo su mano a un bolsillo de su gabardina, al parecer guardando algo—. No la vi— su voz sonaba profunda, áspera, eso provoco que la de ojos azules se ruborizara más.
Él había sido de los últimos en salir del autobús. Pero, para su desgracia, había olvidado su celular en el asiento. Se regresó por el pequeño aparato, para así poder entrar a la gran cabaña.
Ya dentro, se había dado cuenta de que había recibido un mensaje. Era de su madre. Ya saben, el típico mensaje de "Avísame inmediatamente cuando llegues, si no, te las verás cuando llegues a casa." En eso, le estaba contestando a su neurótica madre, tecleando en la pantalla táctil del celular, cuando de pronto sintió un golpe en la espalda, no muy fuerte. Estuvo a segundos de girar y regresarle el golpe al desgraciado que se había atrevido si quiera a tocarlo, pero todo eso cambio cuando vio a una pequeña joven que apenas y le llegaba al hombro. Sus instintos de atacar se habían disipado, hasta se reprocho por haber pensado de esa manera.
—Eh… — agachó la mirada, aun con el ligero rosa en sus mejillas. Por las Diosas ¡Tenía que contestarle algo! Quien sabe cuánto tiempo estaría así parada como una idiota sin decir nada —. N-no se preocupe, fue mi culpa— Por fin, por fin se había dignado a decir algo, ya era un progreso.
Tenía la mirada en el suelo, no estaba segura si la había escuchado, y la intención de volver a mirarlo no le agradaba mucho. Por un momento, la idea de que ya no se encontrara ahí la invadió, pensando que fuera como los otros jóvenes, que siempre la dejaban hablando sola. Levantó la mirada, casi segura de que ya no se encontraría ahí.
Se equivocó. Él seguía ahí, mirándola fijamente. Entonces su cara tomo un rojo escarlata, intentando esconder su rostro en su bufanda de color negro. La expresión del joven comenzó a tomar un ligero toque de confusión, ¿Acaso tenía algo en la cara o algo así?
— Ehm… Co-con permiso.
Tan rápido como terminó, Zelda se fue casi corriendo, pasando por un costado del joven.
Disimuladamente, el de cabello azulino la analizo mientras se alejaba. Estatura pequeña, cabello largo, castaño, de ojos azules, además de que a simple vista se notaba que era tímida. Una mueca de confusión se apodero de su rostro. A pesar de estudiar en el mismo instituto, o al menos eso suponía, ya que solo los que estaban ahí eran estudiantes, nunca la había visto. Bueno, eso, y de que este era su primer año en la escuela, por mucho que le pesase.
—¡Ey, Ike! Apúrate si no quieres que roben tu maleta— gritó uno de sus amigos, propiciándole un buen golpe con la palma de su mano en la espalda.
—¡Arg! —gruño, arqueando la espalda por el golpe. ¡Vaya que si odiaba que le hicieran eso!
—Ahí por favor, solo fue un golpecito— se defendió su rubio amigo.
—Hmp, "golpecito" el que te voy a dar— no lo había notado, pero su amigo poseía una característica como la joven de cabello café. Ambos, extrañamente, tenían las orejas puntiagudas.
—Ya, ya, no fue para tanto. Ya vámonos, a menos de que quieras que escondan tu maleta— aclaró—. Creemé, no sabes lo malvados que llegan a ser con pertenencias ajenas— convenció al mayor con ese comentario, por lo que ambos retomaron su camino—. Y… ¿De quién era el mensaje?
—Mi madre— respondió como si no fuera la gran cosa—. Es muy sobreprotectora.
—Es tu mamá, es su trabajo— aclaró, con ligero deje de tristeza en su voz. Ike se maldijo mentalmente por haber tenido tan poco tacto.
La primera semana de clases le había mencionado que él nunca había conocido a sus padres, por lo que vivía con su abuela. Había salido a la plática porque le estaba comentando algo de que su madre lo había castigado. Al oír eso, se reprimió como nunca, pidiéndole una disculpa. ¡Cómo pudo pasarlo por alto, y por segunda vez!
Si seré idiota…
—Tranquilo, no te sientas mal—dijo Link, como si le hubiera leído el pensamiento—. A veces me dejo llevar— el rubio sonrió ampliamente, a lo que Ike solo sonrió de medio lado, pero eso aun no le quitaba ese amargo sabor de boca.
—¿En dónde estabas? — inquiere Marth casi en murmuro, al ver que Zelda apenas se había unido al grupo. Pit la observa de igual manera.
—¿Ah?.. Ah sí, se me cayó mi bufanda, y tuve que recogerla— respondió, con un notable bajo tono de voz.
—Tardaste mucho— hace notar el de cabello azul, con algo de reproche. En eso, volteó la mirada, percatándose de dos personas que apenas venían entrando a la sala principal. Al primero si lo reconocía, pero al segundo… —. ¿Quién es él?
—¿Quién? — Al verlo, le fue imposible no sonrojarse —. Ah, No lo sé… ni si quiera lo había visto.
—Es Ike Greil— intervino nada más ni nada menos que Falco Lombardi, heredero de una de las empresas más prestigiadas de aviación, que aparentemente había estado escuchando la plática—. Es de nuevo ingreso, por eso no lo conocen— aclaró, siendo observado por los tres jóvenes.
—Apenas entró este semestre— entonces posaron sus ojos en el nuevo integrante de la conversación Sonic, o mejor conocido como "El erizo azul", debido a su abundante cabellera azulina y a su impresionante modo de correr a grandes velocidades.
¿Qué acaso todos estaban escuchando?
—Al parecer no estábamos al tanto de eso— enuncia Zelda, quién no había podido dejar de observar a Ike. Tenía mucho porte a la hora de estar de pie.
—¿Qué más saben de él? — ahora era el momento de Pit para unirse a la conversación, que también le había dado un pequeño vistazo al susodicho.
—No sabemos mucho— continuó Lombardi, procurando esta vez murmurar un poco, no quería armar un escándalo—. Solo sé que tiene una cadena hotelera de mucha demanda.
—¡Que va! Eso no lo sabía— Y vaya que Sonic era el menos indicando para guardar silencio, haciendo que todos respingaran por el susto—. ¿Qué nombre lleva su cadena de hoteles?
—Royal Mist, si mal lo recuerdo— responde Falco, cruzándose de brazos.
—¡Ah sí! Si los he visto— afirma emocionado Pit, recordando la estructura del Hotel que esta a unas casas de la suya. Grande, muy alta, y de color crema, con pequeños detalles en dorado.
—No sé tú, pero me siento algo observado— murmura Ike a Link, discretamente volteando a un grupo de jóvenes en particular. Tres de cabello azul como el suyo, uno de cabello castaño que asemejaba trce años, y la tímida chica que había visto hace unos pocos minutos.
—Tranquilo, es algo normal— asegura el de cabello ocre, mientras tecleaba algo en su celular—. Muchos aun no te conocen.
Voces y susurros se oían en toda la habitación principal, hasta que unos auxiliares de la gran cabaña fueron llegando poco a poco con las maletas de cada uno, muchos hasta dos maletas traían consigo.
Impacientes, se dirigieron hacía sus pertenencias, tomando cada uno la que le correspondía. Al tenerlas en su posesión, caminaron hacía Peach, quien estaba entregando las llaves de las respectivas habitaciones.
—Cómo somos alrededor de treinta personas, cada habitación es individual preciosuras— argumentó alegre la rubia, mientras entregaba las tarjetas de cada habitación—. Lo horarios de salidas y de actividades están en sus habitaciones, al igual que el de comidas— sonrió tiernamente, entregándole una llave a Marth, a Pit y finalmente a Zelda; estas eran de color rojo, con el número de habitación en ellas.
Nuevos susurros se dieron a conocer, preguntándose entre ellos que números le había tocado a cada uno. Algunos casi gritaban eufóricos, otros solo se conformaron.
—¿Qué número te toco, Zeldi? — preguntó el pequeño castaño.
—Ahm… — Zelda observó su tarjeta, buscando el dichoso número—. 132
—¡Qué emoción! ¡Mi habitación esta junto a la tuya! — gritó, atrayendo la mirada de uno que otro compañero. Pit nunca era reservado en lo que sentía, eran de las personas que no podía contener sus emociones. Zelda solo se limito a sonreír. — ¡Oye Marth! ¿Qué número es la tuya?
—134— Marth enarcó una ceja, confundido—. Espera, ¿La tuya es la 133?
—Sip.
—Vaya, que coincidencias— comentó Zelda, aunque por dentro se sentía aliviada. Ellos eran sus amigos de más confianza.
—¡Lo sé! ¿No es genial?
—Por lo pronto, hoy es día libre— continuó Peach—. Vayan a instalarse y nos vemos aquí en la sala principal mañana por la mañana, cualquier duda no duden en llamarme. Mi habitación es la 150 ¡Que se diviertan pastelitos!— finalizó con su aguda voz.
...
...
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Bueno, hasta aquí el segundo capítulo. Prometo que los demás capítulos serán más largos n_n
Agradezco, con todo mi corazón, a:
Ensoleillement
AlexLopezGua
Sugar5Star
Agradezco mucho a Sugar5Star que, aunque no estuviera con mucha inspiración —Cómo ella lo dijo—, tuvo el tiempo de comentar mis dos historias que he estado actualizando. ¡Muchas Gracias querida! El capítulo va para ti nwn.
En cuanto al fic, si tienen duda sobre los nombres (ya que no todos son los verdaderos) son libres de preguntar por PM o review.
Todos los reviews, de cualquier tipo, son bienvenidos nwn
Zeldi-chan de hyuuga
Viernes 26 de Julio del 2013
