Disclaimer: Los personajes del Smash Brothers utilizados en esta historia no son míos, si no de la compañía Nintendo y/o sus respectivos creadores. No obtengo ningún beneficio monetario con esto, mi único propósito es el de entretener. Lo único que es mío, es la trama.

Aclaraciones al final.

...


.~Un Nuevo Comienzo~.

CAPITULO IV

Accidente

por Zeldi-chan de hyuuga


Día 2:

Son las dos de la mañana… me pesan demasiado los ojos.

Es increíble la forma en que te pueden arruinar tu día, con tan solo unas pocas de haber llegado. Bueno, no era como si lo hubieran hecho a propósito.

Acabo de hacer el ridículo frente a todos mis compañeros. Más bien, me hicieron hacer el ridículo. Para colmo de males, no tolero para nada mi garganta; tengo las amígdalas tan inflamadas que casi pudiera jurar que tienen el tamaño de una pelota de golf.

Si soy sincera, no me sorprende haber hecho el ridículo. De hecho, ya me había tardado en hacer alguna idiotez. Soy muy torpe, la mayoría de las veces.

Todo comenzó en la cena… hace unas cuantas horas.

Entramos al comedor, otra de las habitaciones de la cabaña con la que igualmente quedamos impresionados.

Empiezo a creer que esta cabaña es toda una reliquia.

Llegamos y vimos la gran y larga barra de buffet, que a decir verdad, con solo verla me abrió el apetito. Quisiera volver a ver la cara que hizo Pit cuando descubrió que había hamburguesas con queso. Al llegar a la barra, nos servimos lo que cada quien pensaba comer. Marth tomó un pan dulce, al igual que yo. Pit… si mal lo recuerdo, creo que se sirvió unas tres hamburguesas con queso, y un jugo de manzana.

Todo iba perfecto.

Nosotros tres, sentados en una mesa, comiendo placida y tranquilamente; a excepción de Pit que comía como una bestia, pero en pequeño.

El punto es, que no había ningún contratiempo. Hasta que se me ocurrió la gran idea de ir por más jugo.

¡Sí! ¡Yo y mis benditas ganas de jugo!

Me levanté de la mesa, con el vaso en mano. Llegué a la maquinita esa de los jugos, presioné el botón del jugo de mango, y espere a que el vaso se llenara. Cuando se llenó, tomé el vaso, y cuidadosamente giré para irme a sentar a la mesa. Al voltearme, noté que mi vaso estaba muy lleno, así que decidí darle un pequeño sorbo, solo para rebajar el exceso de jugo.

Mala idea.

Mucho antes de que yo me hubiera levantado a llenar mi vaso de jugo, según la explicación de Marth, Wolf O'Donnell y Wario llevaban discutiendo sobre quién se quedaría con la última rebanada de pastel. Al ponerme de pie, y al irse llenando mi vaso en la máquina, los antes mencionados literalmente estaban peleando por la última rebanada, jaloneando el plato en donde el dichoso postre residía. Al parecer Wario iba ganando, y el joven O'Donnell no se daría por vencido. Sin embargo O'Donnell, por simple maldad, soltó el plato, haciendo que la fuerza que ejercía Wario para arrebatarle el postre, su fuera contra él.

Y, al yo estar atrás de Wario, sin darme cuenta… azote contra el piso… tan perfecta y tan delicada tal cual res grande y gorda.

Afortunadamente, no rompí el vaso, mas todo el jugo de mango me cayó encima, sin mencionar que el piso estaba heladísimo.

He ahí el por qué no tolero mi garganta.

¡Hubiera querido que la Tierra me tragase en ese momento! El primer día de vacaciones y ya sería catalogada como "la que azotó contra el piso."

Nadie se rió de mí— fue un milagro si debía agregar—, aunque la cara de espanto de todos era evidente. El tumulto de jóvenes se fue acercando para ver que sucedió, entre ellos Marth, Pit, Peach, y Link.

No recuerdo muy claramente que pasó después. Recuerdo que Marth me revisó, haciendo uso de los tantos libros de Primeros Auxilios que leyó anteriormente. Peach comenzó a regañar a gritos a Wolf y Wario que, de no ser porque estaba yo presente, hubiera agarrado un sartén y les hubiera dado justo en la cara. Peach era muy linda, pero nunca hay que hacerla enojar.

Después de un rato ya me encontraba en mi habitación, envuelta en una toalla, con Marth y Pit haciéndome de escolta.

Para mi suerte, no pasó a mayores. Tome una ducha caliente, para quitarme el molesto olor a mango. Mañana llevaré mi ropa a lavar, si no quiero que se haga fea, o algo parecido. Me tomé un antipirético, suerte que traía algunos medicamentos en mi maleta.

Mañana… bueno, hoy, no haremos nada importante. Solo permanecer un rato aquí en la cabaña, o ir a entretenernos en la nieve.

Tengo mucho sueño, y al parecer estoy empezando a moquear.

Serán unas dos largas semanas…

Sin ánimo aparente, la joven cerró el libro, dejando la pluma de lado. Sin duda alguna, los ojos le pesaban horriblemente. Se levantó de la silla, notando que su cabello aún seguía húmedo, por lo que tomo la toalla que uso para poder pasarla por su cabeza.

Tomó su bolsa de mano, para acomodarse en la mullida cama. Su hermano le dijo que le dejaría un mensaje de texto, solo para asegurar de que llego con bien. Metió la mano en la bolsa, buscando el dispositivo de entre todas las cosas que tenía ahí. Ya en mano, lo sacó, observando el reciente forro con forma de una tierna cebra que le había regalado su medio primo. Una ligera sonrisa se postro en sus facciones.

Desbloqueo el dispositivo táctil con su dedo pulgar, confirmando que si tenía un mensaje de texto. Sus ojos comenzaron a leer letra por letra:

Ojalá y todo este bien por allá. Acá todo está normal, ya sabes, reuniones y más conferencias…

¿Ya estrenaste tu regalo? Espero y si, si no, créeme, es entretenido plasmar tus ideas en unos cuantos pedazos de papel. Cuando lo re-leas, te sacará más de una sonrisa.

Envíame un mensaje, solo para saber si estas viva.

Te quiere, tu hermano.

Mientras leía, le fue inevitable sonreír de nuevo, sobre todo con la última oración. Su hermano siempre era muy gracioso, pero solo con ella. Con personas ajenas, siempre lo veras serio, y con mucho porte. Con ella era lo contrario.

Toco la palabra Responder mensaje en su teléfono, y comenzó a teclear.

Estoy viva… digo, solo por si querías saber

Ya he usado unas cuantas hojas, unas cinco diría yo.

Tú mejor que nadie me conoces…, por lo que sabrás que soy demasiado torpe. Por algo te estoy respondiendo esto a las dos y media de la mañana; Sí… ya te imaginarás que hice por estos lados. No te preocupes, no es nada de qué alarmarse. Al menos no maté a nadie.

Ojalá y no incendies la cocina… ¡Gracias a las Diosas que te enseñe algo de que cocinar antes de irme!

¡Abrígate bien, por favor!

Te quiero mucho

Zelda

—Y… Enviar—de un toque a la pantalla, el mensaje se envió con éxito. Sus ojos cada vez se tardaban en abrir, era mejor tomarse un buen descanso.

Vaya que si el cuerpo le pesaba, con el simple hecho de recostarse en la cama, fue como si hubiera dejado de cargar unas piedras enormes. Mirando alguna parte del techo, por un momento recordó a su hermano.. ¿Qué estará haciendo? Si mal lo recordaba, era horas de diferencia de donde ella estaba. Así que... deberían ser como las doce de la noche, para Sheik. Era muy probable que en estos momentos estuviera leyendo el mensaje, ya llevaba varias noches trabajando en un proyecto de la compañia.

Nuestra compañia…

Inconscientemente, sus ojos ya se habían cerrado, por lo que ya no hizo esfuerzo alguno por abrirlos, prefería que los recuerdos se hicieran cargo de ella… como muchas veces atrás.

...


Sus ojos se fueron acostumbrando a luz proveniente de la ventana, mientras sacaba una mano de las sábanas para apagar el despertador. Este indicaba las 8:00 A.M.

Colocó su mano en la frente, como siempre lo hacía cuando quería meditar un poco. Es relajante poder estar lejos de toda la ciudad, llena de finanzas, trabajos escolares, deberes del hogar…

Se sentía… en paz.

Al principio no estaba muy de acuerdo acerca de estas "Vacaciones Navideñas," la razón principal fue porque era 'el de nuevo ingreso', no quería ni imaginarse que les hacían a los 'nuevos' en esa escuela. Pero a cómo veía la situación pensó por un momento que valió la pena venir. Ya tenía tres amigos nuevos, y todos en el instituto lucían muy tranquilos.

Sin prisa alguna, hizo su edredón a un lado, para poder levantarse de la mullida cama. Paso una mano por su azulino cabello, despeinándolo más de lo que ya estaba. Entonces decidió que lo mejor era tomar una ducha caliente.

No se inmutó para nada al estar en el agua casi hasta el punto de ebullición, podría decir que se sentía bien de cierta manera, esa sensación de estar quemando ligeramente tu piel. Después de unos minutos cerró la llave, tomó la toalla del tubo pegado a la pared y se la amarró a su cintura, corriendo la cortina al mismo tiempo. No le importaba mucho que su cabello goteara de lo húmedo que estaba.

Salió del baño, tomó unos pantalones, una camisa, zapatos, una chaqueta de cuero, algo de colonia y en menos de las ocho y media estaba listo. En realidad, no era como si tuviera mucho que hacer… Tal vez se pondría a leer uno de los tantos libros que había empacado. El pensamiento repentino de mejor haberse quedado en casa paso por su cabeza.

Suspiró pesadamente.

—Ya estoy aquí en todo caso… veré que pasa— se dijo a sí mismo, sacando un libro que su hermana recién le regaló y tomando asiento en el fino sillón individual al parecer de algún tipo de piel. Abrió el libro, dando vuelta a la página totalmente en blanco y leyendo el título en una hoja: "Los juegos del hambre"

...


Levantarse al cuarto para las ocho no era lo que esperaba, pero era eso o seguir con el terrible dolor de garganta que había empeorado a solo unas cuantas horas de haberse gestado la infección, y eso que se había tomado una pastilla. Era raro que se enfermera, Gracias a las Diosas, aunque cuando le pegaba algún resfriado, sí que lo hacía; tanto, como para dejarla semi-muerta unos cuantos días en la cama con millones de cobijas y una pequeña caja de pañuelos desechables.

No tardó mucho en arreglarse, un pequeño baño y la dejó como nueva. Sin embargo, no sólo le dolía la garganta, sino que también la espalda la estaba matando, debido a la delicada caída de unas horas atrás. Abrió el ropero color chocolate y comenzó a buscar que ponerse el día de hoy. No le vendrían mal unos jeans y suéter café

No llevaba ni un día y ya parecía una persona de la tercera edad. Si su hermano la viera en ese estado, se reiría de ella, preguntándole si también necesitaría pañales para dormir. Ese pensamiento formuló una sonrisa en su rostro, una casi nula risa. Con solo pensar en su hermano ya la estaba haciendo reír.

Tomo un pequeño bolso de lazo largo y se lo paso por el hombro, con todo lo indispensable, que incluía la tarjeta de la alcoba, su teléfono móvil, el medicamento y otras pastillas sabor menta, saliendo así por la puerta.

Tocó temerosamente la puerta de sus dos colegas, preguntándose si aun se encontrarían dormidos. No hubo respuesta alguna, por lo qué se imagino que ya estarían desayunando. Se imagino de igual manera la posibilidad de hubieran ido a buscarla a su habitación, y que ella no hubiera respondido. Eso la hizo sonrojarse ligeramente, a veces sus amigos se tomaban demasiadas molestias por ella.

Camino y llego al ascensor, presionando el primer botón, haciendo que las puertas se abrieran. Suspiró internamente, no había nadie, en verdad que a veces no era bueno conversando, usualmente tartamudeaba o se enredaba ella misma con las palabras, causando algún gesto gracioso en la persona con la que estuviera compartiendo la conversación.

El ascensor abrió sus puertas, mostrando el primer piso y parte del gran recibidor que vieron el día de ayer. Camino a paso lento, llegando al comedor, casi a su término del desayuno. En esos momentos no tenía la fuerza suficiente como para deglutir el alimento, más por su adolorida garganta. Peach mencionó que la cocina siempre estaría abierta, así que más tarde podría venir y servirse algún bocadillo. Ahora su prioridad era su garganta, por lo que no le vendría mal un té de canela con miel.

Paso a un lado de las rústicas mesas y sillas, con más de una mirada en ella.

—¡Hey, Zelda! — La susodicha giró la cabeza al llamado, viendo que Pit la saludaba con la mano en alto, en señal de que se acercara a la mesa, que compartían igualmente con Marth, su rubio pariente de orejas puntiagudas al igual que ella y Meta Knight, un joven serio, de cabellera azul rey y de unos ojos casi blancos, con tonos grisáceos.

—Buenos Días— dijeron el de cabello ocre y los dos de cabellera azulina. Claro, cada uno con su toque personal.

—Bu-e..

—¡Oye!, ¿En dónde estabas? — Zelda se sobresaltó, al ver que Pit ni si quiera dejó terminar su oración. Ahora las cuatro miradas estaban en ella —. Fuimos a tu puerta y tocamos varias veces, pensamos que ya estarías desayunando o al menos dando un paseo.

—Lo… lo… lamen-

—¡Por Dios Santo!, ¿Qué fue lo que le paso a tu voz? — ahora Pit se había levantado de la silla, preocupado. Aunque sea debió haber practicado el tono de voz en su habitación, no tenía idea de que también se encontrara afónica…

—Fu-e la ca-i-ida…

—De ayer, ¿No es así? —Intervino Link, dando un profundo suspiro— Si tan sólo el cabeza dura de Wario hubiera tenido más cuidado…

—No-o.. es pro-bl-ble… ¡Argh! — instintivamente Zelda llevó la mano a su garganta, una palabra más y se quedaría sin voz.

—¡Sh-sh-shhh! ¡No hables te digo! — exclamó Pit—. ¡Yo sé que curara eso!

—¿Ah si? — Marth intervino en la conversación, dejando su café de lado. Pit observó al de cabello azul.

—¡Claro!, Es un remedio casero, créeme, siempre funciona— volvió a tomar asiento, para poder terminar los waffles bañados en miel y su gran vaso de leche.

—Deberías sentarte Zelda— inquirió Link con tono amable. Ver a su prima en ese estado lo tenía afligido—. ¿Quieres algo en especial?

Sí, ¡Que se me quite el dolor de garganta..! Mhm…— murmuró, sabiendo que se refería a si quería algo para comer. Al ver que no podía responder, su única opción era decir que no, moviendo su cabeza de forma negativa.

Poco a poco el comedor se fue vaciando, dejándolo libre de todas a aquellas risas y uno que otro que intentaba hacerle el gracioso aventando leche por la nariz. Por fin el fino comedor se quedo en completo mutismo, quedando solo Pit, Zelda, Marth, Link y extrañamente Meta Knight seguía ahí, que no había dicho nada desde que empezó a comer. Hoy no había alguna actividad planeada, así que todo permanecerían en la cabaña-mansión-hotel.

—¡Bien! Es hora de ir a la cocina— Pit se levantó, tomando el plato donde comía cada uno y llevándoselos directo a la cocina. Todos miraron a Pit mientas se alejaba.

El rubio lo miró detenidamente, ¿Cómo era posible que Pit siempre mantuviera esa sonrisa en su rostro?

—Es… increíble el buen humor que puede mantener Pit— argumento Link con un deje de nostalgia en su voz, al igual que esa sonrisa de su rostro, observando desde su lugar cómo este colocaba los platos en el fregadero. Marth, si no es que todos, habían entendido el comentario, solo brindando un gesto como respuesta.

—Lo mejor será ir con Pit— Esa fue la voz de Marth, tomando su último sorbo de su café—. No queremos que incendie alguna cosa.

Íntegramente murmuraron una risa, recorriendo las sillas para ponerse de pie para luego volver a meterlas bajo la pequeña mesa de caoba. Al entrar a la inmensa cocina, observaron al pequeño de facciones angelicales buscar algo en los altos gabinetes que apenas y podía abrir.

—¿Qué es lo que buscas, Pit? — preguntó el de cabello Ocre.

—No estoy seguro de que haya por aquí pero… — respondió a la mitad de abrir una puerta de gabinete —. Estoy buscando una licuadora

—…¿Licuadora?

—¡Pues claro! Si no, ¿Cómo curaremos la garganta de Zelda? — El de cabello castaño emprendió nuevamente su búsqueda, abriendo y cerrando más puertas, con la esperanza de encontrar el aparato eléctrico para licuar, dejando a más de uno con una interrogativa en sus mentes —. ¿Pero dónde estará…?,¡Ah, la encontré!

Todos observaban atentos al pequeño castaño, en lo que sacaba el electrodoméstico y lo ponía en algún lugar de la cocina, conectando el enchufe a una corriente de luz. Abrió un refrigerador de por ahí y saco todo el "material" necesario para hacer la cura para su amiga. Sacó varias porciones de fruta que no divisaron muy bien los acompañantes de Pit, y la comenzó a introducir en la gran jarra de vidrio de la licuadora. Y así, presionar el botón de On.

El dichoso aparato comenzó a triturar toda la fruta que Pit colocó dentro, mientras este sostenía la tapa y para que todo el contenido no saliera disparado por los aires. Toda la fruta comenzó a licuarse hasta formar una especie de masa líquida color anaranjado. La maquina término de moler la fruta, por lo que el castaño sacó un vaso de polipropileno (desechable) y le colocó una pasilla para absorber su contenido.

—¡Listo! —exclamó feliz el castaño, posteriormente corriendo en la dirección de Zelda y entregándole el vaso desechable —. Toma, mejorará tu garganta —La joven, al no poder hablar, sonrió en señal de agradecimiento, tomando el vaso entre sus manos y comenzar a absorber por la pajilla color rosa. No estaba muy segura de qué era lo que su amigo había utilizado para hacerle ese remedio curativo aunque, fuera lo que fuera, sabía sumamente delicioso.

—Eh, Pit, dime ¿Qué fue lo que utilizaste para hacer ese licuado? —cuestionó Link, observando a Zelda tomar el jugo.

—Fresa, un poco de piña… melón, mango, kiwi, unos cuantos trozos de papaya, miel y avena— respondió sonriente y cruzado de brazos, orgulloso de que su remedio casero le gustara a Zelda. Ya estaba a medio vaso de acabárselo —. ¿Te gustó Zelda? — cuestionó el castaño con ese toque de emoción.

—Sí…— respondió cuna sonrisa, aun sin un poco de voz— Gra-acias.

—Si, sí, ¡Pero no hables! Solo tómatelo todo— Pit volvió a colocar la pajilla en la boca de Zelda. Se lo tenía que terminar todo, si no, no podría conseguir el efecto curativo.

Entonces el silencio los rodeos por unos minutos.

—Hoy es día libre— hace notar el rubio de ojos azules. Nunca le ha gustado estar en silencio. Si él tenía que iniciar una conversación solo para acabar con el tedioso momento, lo haría—. ¿Harán alguna cosa en especial?...

...


El libro era por mucho uno de los mejores que había leído en su vida que, de no ser porque su estómago comenzó a exigirle alimento, hubiera continuado sin detenerse. Colocó un separador con el mismo emblema del ejemplar, y lo dejó en el escritorio que estaba a lado suyo, levantándose del cómo sillón en dirección a la puerta.

Se le hizo extraño no ver a su amigo rubio, o que no lo hubiera ido a buscar. Existía la posibilidad de que lo hubiera hecho y que él se encontrara dormido. Aunque, por un lado, no era como si fuese su obligación, o quizás aun se sintiera diferente por lo sucedido ayer.

Sin embargo, prefirió no pensar en ello. Mejor iría a buscarlo. Si se prometió a sí mismo no abandonar a sus amigos, no defraudaría su palabra.

En el camino comenzó a pensar en su madre, Elena; en lo ocupada que estaría manejando las finanzas de la Cadena Hotelera ahora que él se encontrara ausente. No obstante, si ella era la que había insistido a ir a este ligero descanso, suponía que debía estar manejando bien el asunto. Su hermana no era la excepción. Sabía que eran mujeres fuertes e independientes. Ese pensamiento ocasiono una ligera curvatura en la comisura de sus labios.

La residencia de la joven Toadstool era muy grande, le costó admitir que casi se perdió en el camino, de no ser porque giró a mano derecha y dio con el pasillo hacia el comedor. Intuyó que para esa hora el comedor ya estaría vacío, aunque para su sorpresa este no se encontraba solo. Había dos mesas unidas a modo que las personas que la ocupaban pudieran estar juntas, y entre ellos estaba Link, que de inmediato lo visualizó.

—¡Ey Ike! —este alzó la mano, haciendo que atrajera la mirada de los demás acompañantes.— Acércate, te presentare unos amigos — mientras retomaba el paso observó a los presentes en ese lugar, inconscientemente recordando el comentario de Lucario en la cena de ayer. Uno de cabello cobalto como el suyo, el joven que asemejaba trece años, otro de cabello azul que bien podría ser el gemelo de Lucario, La joven pariente de Link que se topó el día de ayer, y Link. —. Justamente estábamos hablando de ti.

—¿Ah sí? — sinceramente no se esperaba ese comentario. No era como si su mera persona tuviera que recibir tanta atención. Claro, sabía que no muchos lo conocían, así que se inclinó por la opción de que querían conocer "al nuevo." Ahogó un suspiro.

—Claro, ven siéntate. —entonces Ike obedeció, tomando lugar en la silla sobrante.

—¡Hola!, Eh… ¡Ike! —antes de que el de cabellera dorada pudiera decir algo, el joven castaño extendió su mano hacia el otro extremo de la mesa, donde el antes mencionado se había sentado, casi subiéndose a la misma—. Soy Pit Icarus, ¡Un placer que te hayas unido a nosotros! — menciono emocionado, desconcertando un poco a Ike.

—Eh, Gracias… Pit— rezaba por que hubiera pronunciado bien el nombre, lo había dicho tan rápido que apenas y pudo analizarlo. Estrechó la mano de Pit, notando que este la movía muy fuerte —. Soy Ike Greil.

—Lo siento—una gotita de sudor resbalo por la frente de Link, haciendo que riera nervioso—Creo que Pit se me adelanto. Bueno, continuando, el es Marth.

—Marth Lowell— este extendió su mano hacia él, brindándole una sonrisa sincera, que inspiró confianza al de cabello azulino.

—Ike Greil, un placer— sonrió de igual manera, apretando la mano de Marth, notando que este tenía manos tan delicadas que bien se podrían confundir con la una mujer. De igual manera, notó en la camisa de Marth, en las mancuernillas si era más específico, un emblema bastante familiar para él, sin embargo no recordaba donde lo había visto. Intentó disimular su sorpresa, al parecer inadvertida por los demás.

—El es Meta Knight— prosiguió Link, señalando a su mano izquierda al otro joven de cabellera azulada.

—Un placer— este no volvió a mencionar su nombre, solo extendió la mano hacia Ike, para que la pudiera estrechar. El susodicho correspondió el saludo.

—Ike Greil, igualmente.

—Y ella es Zelda— finalizó Link, posando la mano derecha en el hombro de la joven que casi se atragantó con el licuado al escuchar su nombre. Esta dirigió su mirada a los profundos ojos azules de Ike, los mismos ojos con los que se había topado el día de ayer recién llegando a la cabaña. Fue inevitable que sus mejillas no tomaran un ligero sonrojo—. Perdió la voz debido al incidente de ayer, pero ya está en mejores condiciones. —sonríe amable el de cabellera dorada, mientras Ike le extiende la mano.

—Ike Greil— este sonrió tenuemente, con tono amable. La miró fijamente, apreciando más detenidamente el parentesco que tenía con Link, sobre todo por las orejas—. Un placer— Zelda dejó su batido en la mesa, y así extenderle la mano a Ike.

Tomó su mano y notó que la de él era mucho más grande. El tenía un tono menos que el de ella, pero lo pálida de su piel no pasaba desapercibido. Ambos sintieron como sus manos se unían perfectamente, como si hubieran sido diseñadas la una para la otra. La delicada mano de Zelda, con la fuerte mano de Ike.

Sus manos se separaron y volvieron a su lugar de procedencia, sin dejar de percibir aquella esencia proveniente de ambos.

—¿Quieres comer algo Ike? —Pregunta Link, sacando de sus cavilaciones al susodicho—. Te saltaste el desayuno.

—Por esa misma razón baje— confiesa apenado, quitando la mirada de la prima de Link—. Ya es casi medio día.

—¡Yo puedo hacerte uno de mis licuados!— sugiere alegre el castaño de ojos azules—. Están deliciosos, ¿Verdad Zeldi? —pregunta mirando a la joven de cabellera marrón, a lo que esta asintió con su cabeza. No era como si quisiera ser irrespetuosa, ni maleducada, pero hace unos cuantos minutos que comenzó a sentirse algo… diferente.

—Eh…— No era muy fan de los licuados, pero sería una descortesía si se negara a que Pit le hiciera uno. No tenía la suficiente confianza como para decirle "No, muchas gracias, mejor prefiero un café" así que… la respuesta fue obvia—. No quisiera que se tomará esa molestia.

—¡Para nada! No es una molestia— confesó alegre. Internamente, Ike suspiró, al ver que este lo miraba con ojos expectantes. Suponía que no tenía de otra.

—Si usted gusta, joven Icarus.

—Bien, ¡En seguida vuelvo! — finalizó Pit para después salir disparado hacía la cocina. Más de uno en aquella mesa pensó que el chico poseía alguna especie de alas. Nadie podía correr así de rápido.

El sonido de que el vaso gigante de Zelda estaba vacío hizo eco en toda la habitación, por lo que dejó de aspirar por la pajilla. Se sonrojo, dejando el vaso en la mensa y escondiendo el rostro, como si estuviera pidiendo una disculpa. A varios les pareció tierno el gesto. Entonces Ike volvió a su semblante serio. ¿Había sonreído por mirar a Zelda? Internamente apelaba porque Link no lo hubiera visto. De ser así, su amistad podría correr riesgo, y su rubio amigo era el único que le había abierto las puertas a no estar en soledad. Lo extraño fue que ni si quiera se dio cuenta cuando había curveado los labios, fue casi… por instinto.

El sonido de la licuadora se podía escuchar desde la cocina. Pit ya debería estar haciendo la bebida para Ike.

—Lamento si mi compañero es algo insistente, joven Greil— la voz de Marth llamó la atención de Ike, quien le brindo una sonrisa—. Es solo que gusta de hacer nuevos amigos.

—No tiene que disculparse, joven Lowell— expresa el de cabellera azul, regresándole el mismo gesto de cortesía —. No me molesta en lo absoluto.

Aunque estuvieran con un intento de poder continuar hablando, Zelda no estaba muy al tanto de lo que decían. Una sensación extraña comenzó a surgir dentro de ella. Si tenía que ser específica, en el área del estómago. Comenzó a sentirse débil, y su semblante se torno más pálido que las paredes blancas del comedor.

—Zelda…— la voz preocupada de Marth interrumpió los pensamientos de todos para mirar a la mencionada—. ¿Te sientes bien?

—Si.. — mintió aun sin voz, formulando una sonrisa nerviosa en su rostro. Entonces, comenzó a sudar frío…

—¿Estas segura? No luces del todo bien— A juzgar por la reciente mueca de dolor de su compañera, debía ser por el licuado de Pit. Este tomo el vaso de poliuretano vacío y comenzó a inspeccionar su contenido, o lo que quedaba en el interior del mismo.

—Zelda ¿Todo en orden? — Link rodeó a su prima por los hombros. La joven asintió con la cabeza, intentando con todas las fuerzas del mundo no regresar el batido que se acababa de tomar. Posicionó una mano en su boca y otra en el estómago. Se había vuelto más pálida. Meta Knight y Ike la inspeccionaba con la mirada.

—¿Me permites el vaso, Lowell? — pidió el ojos blanquecinos, extendiendo su mano para que Marth le entregara el vaso. Se acomodó sus lentes, inspeccionando lo que quedaba de contenido como Marth lo había hecho. Pedazos de fruta, consistencia color naranja, espesa y… había algo más.

Todos se sobresaltaron al ver que la joven de cabello cobrizo se había levantado de su lugar, literalmente corriendo fuera del comedor, con ambas manos en la boca. Tenía que llegar a un baño… a la de ya.

—¡Zelda! — gritó Link, corriendo detrás esta. El joven Greil se había levantado de su lugar alarmado, cuestionándose su debía seguir a su amigo o esperarlo ahí mismo. Meta Knight pasó uno de sus dedos sobre el sobrante del batido, llevándoselo a su boca, comenzando a saborearlo. La sorpresa en su rostro fue demasiado notoria, cuestionándose como la joven no se había dado cuenta de lo que contenía el batido. Tal vez por los indicios de su resfriado ni si quiera había notado tan evidente ingrediente.

—Ike, ve con Link, cerciórate de que Zelda esté bien— El joven Lowell se levantó de su lugar, mirándolo fijamente. Ike asintió con la cabeza, saliendo rápidamente fuera del comedor. Ya solos él y Meta Knight, Marth preguntó: — ¿Qué era lo que contenía el batido?

—Necesito ir a la cocina, para confirmar si estoy en lo cierto—el joven de cabellera azul se levantó de su lugar, rumbo hacía donde se encontraba Pit haciendo el batido de Ike, quién aparentemente no había escuchado todo el alboroto, seguido de Marth —. Pit…

—¡Hola chicos! No tardo, ya casi está listo el batido de Ike— aseguró Pit, tomando la jarra de vidrio de la agarradera y vaciando el contenido en otro vaso desechable.

—Pit— repitió Meta Knight, en tono serio—. Dime exactamente que ingredientes utilizaste para hacer el batido de Zelda.

—¡Ay ya les dije! Fresa, un poco de piña, melón, mango, kiwi, unos cuantos trozos de papaya, miel y avena— colocó un popote en el gran vaso— Luego les redacto la receta en una hoja

Avena… Dime, Pit, ¿Qué avena fue la que utilizaste? — inquirió Meta Knight colocándose a un lado del joven castaño.

—Esta de aquí— el joven de cabello cobrizo tomó el pequeño recipiente que guardaba avena en polvo y se lo extendió hacia Meta Knight, el segundo se acomodó los lentes y comenzó a leer línea por línea. Después de haber terminado, dio un gran y profundo suspiró, por lo que Pit se cruzó de brazos y enarcó una ceja, preocupado—. ¿Qué pasa?

—Esto no es avena, Pit

—¿Ah no? — ¡Cómo no podía ser avena! El mismo leyó la etiqueta del contenido—. ¿Entonces qué es?

Marth tomó lugar a un lado de Meta Knight, mirando expectante el rotulo del recipiente de lo que aparentaba ser avena en polvo. Sus ojos comenzaron a leer línea por línea. Un ligero escalofrío recorrió su espalda al leer esa palabra, imaginándose la situación en que estaría Zelda en esos momentos. Pit no entendía nada, así que se colocó al otro lado del de cabello azulado y también leyó la ansiada etiqueta.

—Ay…— balbuceó nervioso, y rió de la misma manera—. Creo que no leí bien la etiqueta… jejé— Los de cabello cobalto internamente palmearon sus frentes, ¡Era obvio que no la había leído bien!

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...


Cualquier cosa que le hubiera puesto Pit en su licuado— ya que eso suponía que le había causado ese problema—, ya lo había regresado, sintiendo una gran sensación de alivio a su adolorido estómago. Sin embargo, no pudo evitar sonreír debido a Pit, aunque una nueva oleada de vómito se apoderó de ella. Literalmente estaba hincada frente al retrete. Fue una total suerte para ella que hubiera un sanitarios individuales a unos cuantos metros del comedor. También fue una suerte que no hubiera manchado las finas baldosas de aquel bello sanitario. Nunca en su vida le había gustado vomitar. Bueno, ¿Y a quién si?.

Juraría que todo le daba vueltas…

—Zelda— habló el de cabello rubio desde el otro lado de la puerta, comenzando a dar pequeños toquecitos en esta—. ¿Todo bien allá dentro? —No hubo respuesta, cosa que puso a Link un tanto nervioso. En eso, Ike miró hacia todo lados, buscando a su amigo con la mirada, encontrándolo recargado en una pared no muy lejos de ahí —. Hey, Ike.

—¿Cómo esta? — cuestionó el joven Greil en lo que llegaba hasta Link.

—Supongo que bien…— suspiró con tono afligido, cruzándose de brazos y mirando hacía el techo. Su semblante se torno a uno de melancolía—. Vaya protector que resulte ser…

—No digas eso, Link— expresa el de cabello azulino, poniendo una mano en su hombro—. No fue culpa tuya, el joven Pit solo intentaba ayudarla— suponía que era el batido lo que tenía a la joven Zelda en ese baño, así que solo podía decirle palabras de aliento. Por un momento sintió alivio de que el no lo hubiera tomado.

—Aun así no puedo dejar de sentirme culpable— expresó con tono mohín.

Cuando aquel suceso trágico sucedió, la única familia que le quedaba fue Zelda, Sheik, su abuela y Aryll, su pequeña hermanita de once años. Fue un golpe muy doloroso para todos. A pesar de que Sheik era el mayor de los cuatro, no pudo evitar sentirse responsable por su pequeña hermana y su media prima. Si Sheik se la habías visto duras después del accidente, el debía hacer algo al respecto, simplemente no se podría quedar con los brazos cruzados, esperando algún milagro de las Diosas.

Definitivamente Sheik era un ejemplo que quería seguir. Siempre mostrando una gran fortaleza a través de esos ojos escarlata.

Ike miró a Link, con sus ojos perdidos en algún punto del suelo, los mismos ojos azules que ponía cuando algo le sucedía a Mist. Siempre la cuidaba en exceso, y ella solo lo reprimía diciéndole que ya estaba lo suficientemente grande como para cuidarse sola. No importaba cuantas veces le regañara por cuidarla tanto, había una sola cosa que no podía cambiar: Ella siempre seguiría siendo su hermana, y el su hermano mayor. Compartía el mismo sentimiento que Link.

No volvieron a decir nada más, si no que el sonido de la puerta abriéndose los sacó de sus pensamientos. Zelda ya había recuperado su color de piel.

—¿Cómo te sientes? — Su primo fue el primero en preguntar, brindándole toda su atención acompañada de una sonrisa.

—Bien— aun seguía sin estar sin voz. Sin embargo, había recuperado un poco más su tono normal. Por mucho que hubiera regresado todo el remedio curativo de Pit, le había servido de mucho.

A lo lejos, pudieron divisar a tres personas, dos de cabello azul y uno de castaño, en dirección hacia ellos. El pequeño de cabello café venía con la mirada gacha, mientras que los otros dos solo venían serios, sin quitar la mirada de Zelda. Al estar unos frente a otros, Meta Knight fue el primero en hablar.

—Descubrimos que lo que Pit utilizo no fue Avena, si no una especie de laxante con sabor a Avena— se acomodó lo lentes con su dedo índice, siempre se le resbalaban conforme hablaba.

—¡En verdad lo siento Zelda! — antes de alguien pudiera hacer alguna expresión o si quiera decir algo, o preguntar como Meta Knight se había dado cuenta al instante que era un laxante, el joven castaño abrazó a Zelda por los hombros, sorprendiéndola por ese acto—. ¡No sabía que era un laxante! Solo intentaba ayudar…— La joven pudo sentir como la voz de Pit se iba haciendo un fino hilo, que podría romperse en cualquiera momento—. En verdad lo siento…

—No tienes p-porque preocuparte… Pit— Zelda colocó sus brazos en la espalda de Pit, correspondiendo el abrazo. Fue hasta ese momento en que la joven se percató que Pit ya estaba más alto que ella, y su espalda se había vuelto más ancha desde el lugar en que lo conoció. No pudo evitar sonreír. Pit se podría estar convirtiendo en un hombre, pero nunca dejaría esa actitud ingenua como la de cualquier niño. De alguna manera, se sentía como si fuera responsable de él.

Como si fuera su madre.

El joven Greil se percató de la enternecida mirada de Zelda, por un efímero instante pensado en lo tierna que se veía, con ese tenue sonrojo en sus mejillas contrastando perfectamente con sus ojos azules. Se dio cuenta a tiempo de sus pensamientos, intentando reprimir la sonrisa que estuvo a segundos de formular.

Pit se separo de Zelda, aunque sus ojos seguían brillosos.

—Procura… le-er las etiquetas antes, Pit— hablo la afónica voz de Zelda, brindándole una casi maternal sonrisa.

—¡Eso te lo prometo! — gritó entusiasmado el ahora no tan pequeño joven.

—¿No tuviste algún efecto secundario, Zelda? — intervino Marth. No era como si fuera una persona entrometida, solo era por la salud de su amiga. Bueno, además con el simple hecho de escuchar la palabra "laxante", muchas personas echan a volar su imaginación.

—Solo vomité un… poco, na-damás— asegura con tono bajito la de cabello cobrizo, son un tenue sonrojo. Sabía a qué venía la pregunta.

—Es bueno escuchar eso— sonríe Marth, a lo que Meta Knight comenzó a hacer unas preguntas a Zelda. En eso, Marth metió su mano en el bolsillo de su saco azul marino, aprovechando que sus compañeros se encontraran distraídos—. Disculpe, señor Ike. — el susodicho volteó al llamado.

—Llámame Ike, lo de "señor" me hace sentirme más viejo, aun no tengo ni veinte años. El comentario le dio gracia a Marth.

—Bien… Ike, recordé que no había comido. Tomé esto de la cocina. — estiró su brazo, mostrándole el pequeño paquete de galletas de chispas de chocolate, esperando a que este lo tomara—. Estar sin comer muchas horas daña el estómago. — el de cabello cobalto tomo el paquete en sus manos, viéndolo detenidamente. Amaba las galletas. Por un momento se pregunto cómo lo había sabido, aunque recordó que al llegar al comedor Link había dicho algo cómo "…Justamente estábamos hablando de ti…" No recordaba si Link sabía eso.

—Muchas Gracias— agradeció mientras guardaba las galletas en su bolsillo, las dejaría para más de rato—. No tenía por qué molestarse.

—No hay de que, no fue molestia— asegura el otro de cabello azulado, colocando las manos en sus bolsillos, viendo como Pit hacía un gesto gracioso para hacer reír a Zelda, por lo cual la segunda no tardo en mostrar el resultado esperado. Ambos de cabello cobalto sonrieron ante la sonrisa de la joven.

...


Gracias a las Diosas, ya estaba en su habitación. ¡Por fin tendría un merecido descanso! Por lo que se dejó caer boca abajo contra su cama. Ahora tendría mucho que escribir en su diario, pero eso lo haría luego.

Después de gran incidente con el laxante, prefirió ir a su cuarto y descansar—su estómago y garganta más que nada—. No tenía apetito, así que decidió saltarse la comida. Claro, no falto Link con el típico "Pero tienes que comer algo". Giró su cabeza en dirección a la ventana, mirando toda la brillante nieve. Así era Link después de todo. Le agradeció, pero prefirió irse a dormir.

Y justo antes de entrar a los brazos de Morfeo, su teléfono móvil comenzó a vibrar dentro de su bolsa de mano, para posteriormente se oyera la tranquila melodía de piano River flows in you. Con un bufido molesto, se levantó a atender su teléfono, preguntándose quién tenía el descaro de llamar e interrumpir su sueño— aunque su pensamiento se esfumó recordando que eran como las 4:00 P.M. — Ni si quiera observó el identificador de llamadas, solo contesto tocando el botón verde en la pantalla táctil.

—¿Diga…?— habló la joven con tono desganado y somnoliento. Desde el otro lado de la línea se escucho a alguien reír.

¿Andas con resaca o qué…?

—¡Sheik! — cualquier rastro de desgano se esfumó al escuchar la ansiada voz de su hermano, dejando su bolsa de mano nuevamente en el escritorio, sentándose en el borde de la cama.

El mismo— la joven pudo imaginarse la típica sonrisa de su hermano—. ¿Cómo esta todo por allá? — Entonces Zelda suspiró, preocupando al otro usuario de la línea telefónica— ¿Todo está bien? Puedo llamar inmediatamente al chofer y que vaya…

—No, tranquilo, todo está bien— asegura la joven con una sonrisa, aunque este no la pudiera ver—. Es solo que… ya sabes, suelo ser muy torpe…— Sheik ahora suspiró desde la línea.

¿Y si me cuentas que sucedió? Recién vengo leyendo tu mensaje, ¿Segura que eres tú y no tu espíritu el que me está hablando…?— Zelda rió, ya le hacía falta escuchar a su voz.

Así entonces Zelda comenzó a dialogar, platicándole todo, haciendo ademanes mientras hablaba y dando un recorrido por toda la habitación, como si él estuviera presente. Le contó sobre su delicada caída el día de ayer, cómo paso y quienes la habían causado. Casi pudo sentir la rabia de Sheik cuando termino de contarle, y que por ellos se había enfermado. Zelda le pidió que se tranquilizara para poder proseguir. Sheik solo pudo asentir y quedarse callado. La carcajada de su hermano fue tan estruendosa al escuchar como su hermana se había tomado un licuado con laxante, bien pudo dejar a Zelda con problemas de tímpano para toda su vida. Le explico—después de que se callara— que no había sido su culpa, si no que Pit la había confundido con Avena en polvo y lo revolvió con todas las demás frutas.

¿Y qué? ¿No dejaste el inodoro fuera de servicio?

—¡Obvio no, Sheik! — todo su rostro tomó un tono escarlata brillante, lo notó al mirarse en el espejo. Hubiera sido muy vergonzoso para ella si… —. Gracias a las Diosas lo vomité, y no lo evacue por otro lado…— ese comentario le volvió a sacar otra carcajada a Sheik. Al parecer andaba de buen humor, un humor que era raro escuchar en su hermano. —¡Ah si! ¡Casi lo olvido! También me paso otra cosa…

Por todas las Diosas… ¿Ahora qué? ¿Incendiaste la cabaña? — ese comentario le saco una estruendosa risa a Zelda.

—¡No! ¡Calla y escucha!

Escucho…— respondió con desgano fingido.

—Cuando iba entrando a la cabaña por primera vez, mi bufanda cayó al suelo— pausó para escuchar como su hermano soltó un bufido —. Si, si… pero luego choqué con el joven de nuevo ingreso… quede en vergüenza total.

¿Ah si? No sabía que aceptaban a nuevo alumnos habiendo empezando el semestre— manifestó Sheik, que al parecer sonaba más interesado por Ike que por ella.

—Bueno, tal vez que sea dueño de una cadena hotelera pudo haber influido— aclaró Zelda, dejándose caer de espaldas en la cama. Sin querer la imagen de Ike se posó en su mente.

¿Cadena Hotelera? — inquirió Sheik con evidente tono confundido. Hubo un momento de silencio, Zelda solo escuchaba a su hermano, aparentemente pensando en algo—. ¿Su nombre no es Ike Greil…?

—¡Si! ¿Cómo lo sabes? — interroga la joven, levantándose de sopetón de la cama. Zelda escuchó que Sheik estaba a punto de responder, pero al parecer el sonido de una llamada entrante se escuchó sobre la otra línea. Alguien estaba llamado a Sheik.

Escucha, tengo que irme, es una llamada importante, luego te explico todo, ¿Si? Diviértete mucho—y antes de que Zelda pudiera reprochar cualquier cosa, Sheik ya había colgado, dejando a su hermana a medio reclamo.

Zelda suspiró, dejándose caer nuevamente en la mullida cama. ¿Cómo era posible que su hermano lo conociera? Delfino City— la ciudad donde residían desde entonces— era demasiado grande, cómo para que supiera su nombre con solo mencionar que este tenía una Cadena Hotelera. Es decir, no eran los únicos Hoteles de toda Delfino City, hacía cientos si debía agregar. Tal vez su hermano estuviera haciendo algún tipo de trato de gran valor con él. Aunque, de ser así, ella lo sabría. Ella también estaba al tanto de lo que manejaban, no porque fuera mujer iba a dejar todo el trabajo a su hermano.

Desde que se mudaron de la Ciudad de Hyrule a Delfino City, muchas cosas habían cambiado. Su hermano tenía que regir la empresa de su difunto padre, Daphnes Nohansen Hyrule, mientras intenta concluir a la vez con sus estudios de Universidad. A veces sentía que ella era una carga para su hermano, sin mencionar el hecho de que fue hace tanto, obligándolos a crecer demasiado rápido, por eso no podía dejarlo sólo, eran familia después de todo.

Entre todo su ajetreo mental, comenzó a pensar en Ike, en cualquier posibilidad o tipo de relación que ellos pudieran manejar. Por más que pensó, a su cabeza no se lo ocurría nada.

Cerró sus ojos y se dejó llevar por sus recuerdos.

Hoy es día libre— hace notar el rubio de ojos azules. Nunca le ha gustado estar en silencio. Si él tenía que iniciar una conversación solo para acabar con el tedioso momento, lo haría—. ¿Harán alguna cosa en especial?...

De hecho no…— respondió pensativo el de cabello café, retomando el camino hacia el comedor, volviéndose a sentar en las sillas que hace unos momentos estaban—. ¿Ustedes harán algo?

Tenía pensado leer un rato— sugiere Marth, recordando el libro a medio leer que empaco en sus pertenencias—. Pero si tienen algo mejor para proponer…

¡Ya se! — Exclama Pit—. ¡Link! ¿Y si nos platicas más sobre Ike? — menciona Pit mientras observaba como Link tomaba asiento de igual manera.

¿De Ike? — preguntó curioso. Le sorprendió que supieran su nombre. Bueno, después de todo en el instituto los chismes se propagaban más rápido que la gripe en invierno—. Mhm… Recién lo conozco, puedo asegurar que es una buena persona— sonrió ante los que lo miraban expectantes— Maneja una cadena de hoteles, se llaman "Royal Mist" en honor a la hermana de Ike. Proviene de la Cuidad de Crimea, originaria de Tellius. Tiene un promedio excelente y es bueno manejando finanzas.

Mientras aspiraba su licuado, la imagen de Ike presenció sus pensamientos. Recordaba la mirada que le había dado cuando chocó contra su espalda. Si tal vez no hubiese sido mujer, le hubiera partido la cara. Ese hecho le produjo que su espalda tuviera un escalofrío. Quizás a Link le falto agregar "mal carácter" en la descripción breve de Ike.

Link se detiene, al parecer cerciorándose de algo—. Oye Marth… ¿Qué Tellius no queda cerca de Altea?

Ahora que lo mencionas…—hace notar Marth, poniendo una expresión pensativa—. Si, son países vecinos. De hecho, su apellido me es bastante familiar…

Quién sabe, probablemente sea tu primo— dijo Link mientras miraba a Zelda, mientras esta se sonrojaba. Todos en la mesa rieron, incluyendo Marth. Link se detuvo, mirando hacia el gran marco de entrada hacia al comedor—. ¡Hey Ike! — Alzó la mano en señal de saludo, más de uno con los pelos de punta. Ojalá y no hubiera escuchado la conversación— Acérate, quiero presentarte a unos amigos…

...


La luz de la chimenea creaba unas sombras cálidas alrededor del área de living. Era un lugar muy acogedor, o eso pensó un joven de cabello azul embriagado por aquella tenue luz, dando vuelta a la hoja del ejemplar que había estado leyendo en la mañana. Aunque a decir verdad no llevaba ni dos renglones cuando la joven Aran se dejó caer a un lado suyo y le sacó un susto de muerte.

Ike no lo había notado, pero esta llevaba varios minutos escondida detrás de una pared, acechándolo sigilosamente tal cual conejo de casería, esperando el momento en que se encontrara solo y así poder ir con él, sin ninguna interrupción. Ike no quiso ser maleducado al ver como ella llegó repentinamente a su lado, con esa sonrisa, así que solo pudo sonreír, pese a que una gotita de sudor recorría su frente. Tuvo que dejar su libro de lado, comenzando a conversar con ella.

—¿Qué hace, joven Greil? — comenzó Samus con actitud coqueta, intentando sonar lo menos acosadora posible.

—Leía un poco— correspondió el gesto, mientras dejaba el libro a un lado suyo.

—¿Ah si?, ¿Y qué libro es? —Samus se inclino un poco más para leer el título del libro que estaba del otro lado del susodicho, o eso pensó Ike, pero la verdadera intención de Samus era a acercarse un poco más a él.

—Es un regalo de mi hermana…— respondió algo incomodo, intentando recorrerse un poco más lejos de Samus—. Se llama los "Juegos del hambre".

—¡Ah claro! He escuchado de ese libro— aseguró un tanto nerviosa. No tenía ni idea de cuál era ese libro, ni si quiera sabía que un libro pudiera llamarse así—. Me han dicho que es muy bueno.

—Lo es— asegura Ike con una sonrisa, de esas que recién Samus se había enamorado—. ¿Le gusta leer?

—Eh… Algo así— respondió cohibida la rubia. Leer no era su pasatiempo favorito. Bueno, sí, pero leía libros de armamento militar o de la Segunda Guerra Mundial, no tanto de ciencia ficción. No tenía de otra, eran los únicos libros que su padre tenía en su biblioteca privada. Crecer con una figura paterna la había hecho un poco ruda, más si mencionaba que su padre era Veterano de guerra.

—¡Hey Ike! — esa fue la voz del rubio de orejas puntiagudas, conforme entraba al living, provocando un tic en el ojo a la rubia—. ¿Podrías hacerme un favor?

—Claro, ¿De qué se trata? — dijo el de cabello azulino, parándose del sillón con su libro en mano. ¿Cómo podía negarse a hacerle un favor a su amigo?

Samus casi cae el suelo, ¡Ah que rayos venía este a interrumpir! Le hubiera lanzado un cojín velocidad proyectil si se hubiera percatado que venía hacía donde estaban ellos. ¡Ahora había perdido su momento para estar con Ike! Quién al parecer ni cuenta se dio que esta estaba coqueteándole.

—Verás, tengo una llamada al teléfono de Roy— El mayor se percató de que tenía tapando la bocina de su móvil—, y Zelda nunca bajó a cenar, de seguro se quedó dormida. Ella no debe estar tanto tiempo sin comer, ¿Podrías llevarle esto por mí? — le extendió una caja de polipropileno color blanca, con comida dentro, junto con un vaso con tapa del mismo material.

—Claro que…

—¡Yo puedo llevársela! — la joven rubia se interpuso entre Ike y Link, con una jovial sonrisa, aun con indicios de un próximo tic en el ojo. Si creía el rubio que Ike se le escaparía tan fácil—aunque este no supiera las intenciones de la rubia de coleta alta— estaba muy equivocado.

—La última vez que te pedí un favor casi reprobé Geometría Analítica— menciona el rubio dándole una fría mirada, recordando como Samus había prometido ayudarlo a estudiar para ese examen de suma importancia, y como esta lo había olvidado por completo —. No dudo que la caja llegue vacía antes de que llegues al ascensor.

—¡Ya te dije que lo sentía! ¿No es suficiente? — se cruzó de brazos exasperada. ¡Hace mucho que había sucedido eso! Si no hubiera sido porque Snake la invitó a salir, las cosas hubieran sido muy diferentes. Entonces comprendió el comentario—. Un momento, ¿¡Me estás diciendo gorda, estúpido?!

—No es necesario que se altere, señorita Aran— el de cabello azul colocó una mano en el brazo de Samus, quién veía como estos sacaban chispas por los ojos. Lo menos que necesitaba ahora era que se pelearan por su culpa. — No te preocupes, Link. Yo le llevaré el plato a Zelda.

—Gracias, Ike. Te debo una. Habitación 132— le entrego el plato con tapa junto con el vaso, saliendo así de la habitación con el teléfono móvil en la oreja, diciendo algo como "¡Cómo has estado Roy!" antes de que el mayor pudiera decirle que no le debía nada. Suspiró volteando la mirada a Samus quién aun seguía con una expresión de pocos amigos sobre el rostro.

—Me retiro, señorita Aran. Un gusto volverme a topar con usted— sonrió cortésmente, a lo que esta solo pudo observar los galantes ojos del alto joven de cabello azul. Este tomo rumbo fuera del acogedor living, en lo que ella sentía sus mejillas arder por ver a Ike salir de la habitación.

Tiene buen trasero… —observo con ese gesto de picardía impreso en sus ojos. De alguna manera u otra, tenía que intentar que le pidiera salir con ella, por lo menos al término de estas vacaciones.

No por nada tenía el apodo de "caza-recompensas Aran"

...


Supuso que la habitación 132 se encontraría en el tercer piso, confirmando su pronóstico al observar como la primera puerta a su derecha tenía unos números en esta, marcando el "130". Salió del ascensor y comenzó su andar por el pasillo alfombrado de escaza iluminación sosteniendo los recipientes que su amigo de caballera dorada le había dado, sin dejar de pensar que el ambiente lucía bastante tétrico. Solo basto con unos cuantos pasos para estar frente a la habitación de la prima de Link.

Toco levemente la puerta, preguntándose por que su corazón estaba latiendo más de lo normal. No hubo respuesta. Toco nuevamente, concibiendo la idea de que aun se encontrara dormida. Bien, Link se lo había advertido, aunque claramente le dijo que debía entregarle eso, no importaba si la despertaba o no. Aparentemente el no tenía el don de la paciencia, ya que había tocado por tercer vez consecutiva, aun sin obtener respuesta por parte de la residente de la habitación.

Hasta que comenzó a escuchar pasos muy queditos dentro de la habitación. Su corazón comenzó a latir más rápido de lo normal, así que procuro erguir su espalda y parase lo más derecho posible. El cerrojo de la puerta cediendo se dio a conocer, para después esta se abriera muy quedamente, mostrando una joven en pijama con mirada somnolienta al mismo tiempo en que tallaba su ojo. No supo por qué, pero verla así le dio un aire de ternura, vestida en pantalones holgados con estampado de pingüinos, enormes pantuflas y blusa con el mismo diseño.

—¿Si…?— habló la cansada voz de la joven, elevando el rostro para observar al remitente de los pequeños golpecitos que interrumpieron su tranquilo sueño. El joven Greil volvió en sí, aun con un toque de emoción en la comisura de sus labios.

—Lamento interrumpir su sueño, señorita Zelda. —y solo con haberlo escuchado se percató de quién era.

—¡Joven Greil! — gritó en evidente sorpresa, más despierta que nunca. ¿Acaso era Ike el que estaba en su puerta? Un severo sonrojo se apodero de sus mejillas. De pronto, recordó como estaba vestida, escondiéndose un poco detrás de la puerta, mirándolo con mucha timidez. ¡Que vergüenza que la hubiera encontrado así! Primero chocó con él… y ahora la vio en pijama.

Ike ahogó una ligera risa.

—No se preocupe, solo vengo a dejarle esto— le enseñó lo que traía cargando, solo así Zelda asomo un poco más la cabeza, sin dejar ese tono escarlata que sus mejillas adoptaron —. Se lo envía Link— aclara el de cabello cobalto. Suspiró aliviada. Por un lado, creyó que él se lo había traído, causándole unas ligeras cosquillas de nerviosismo en el área del estómago. Por otro, luego le reprocharía a Link por tomarse demasiadas molestias con ella. Volvió a observar esos ojos azul profundo, que aun seguían en ella.

Podría jurar que se perdió en su mirada por un momento, sin darse cuenta que se había movido un poco más del escondite detrás de la puerta, solo para poder apreciarlo un poco más cerca. Ya se encontraba en el marco la puerta, con una expresión muy parecida a la de una lela.

—Lamento si… mi primo le hizo pasar mucha molestia… señor Greil.

—No se preocupe. Su primo en un buen amigo mío, es lo menos que puedo hacer— Zelda sabía que sus palabras eran sinceras. Sonrió para sí, Link sabía cómo hacer amigos tan rápido. Si tan solo fuera un poquito como él… si no fuera por el típico rasgo de las orejas puntiagudas estaría segura que nadie se imaginaria que aquel hombre bonachón fuera su primo —. Llámame Ike.

Finalmente el de cabello azul le puso a su alcance los objetos enviados por el rubio, en lo que ella lo tomaba con sus pequeñas manos, percatándose de que la cajita era pesada junto con el vaso. No se quiso ni imaginar cuanta comida le puso Link ahí adentro.

—Gracias… Ike— una sonrisa con unas mejillas de color carmín fue suficiente pago para el de cabello azul, divagando por algún lugar de su mente, que ni si quiera se había percatado de que la puerta ya se había cerrado.

...

...

...


Y... ¡Corten!

Hasta aquí el capítulo cuatro.

Lamento la enorme tardanza. En mi perfil está la explicación.

Pobre Zelda, tomó un licuado con laxante. Claro, ya la he estado pasando por muchas vergüenzas a la de cabello café, pero vendrá lo bueno en los demás capítulos, jijiji…

Créanme, sí hay laxantes en polvo; a propósito, existen licuados o malteadas que curan o, en su defecto, ayudan a mejorar enfermedades. Llevan el nombre de Licuadoterapia, al menos aquí en donde vivo. Los invito a investigar sobre ello n_n.

Agradezco, con todo mi corazón, a:

Ayano Smash

AlexLopezGua

Ensoleillement

Estos pequeñines siguen siendo mi motivación para seguir con mi fic nwn. ¡Los estimo mucho mis queridos lectores!

Cualquier horror de ortografía que se me haya escapado, háganmelo saber.

¡Todos lo reviews, de cualquier tipo, son bienvenidos! Hacen feliz a una servidora nwn

Zeldi-chan de hyuuga

Sábado 7 de Septiembre del 2013