Disclaimer: Los personajes del Smash Brothers utilizados en esta historia no son míos, si no de la compañía Nintendo y/o sus respectivos creadores. No obtengo ningún beneficio monetario con esto, mi único propósito es el de entretener. Lo único que es mío, es la trama.
Aclaraciones al final.
…
.~Un Nuevo Comienzo~.
CAPITULO V
Skicross
por Zeldi-chan de hyuuga
La idea de haberse quedado en la cabaña le era mucho más placentera que estar a las afueras, en el congelado clima con la nieve sobrepasándolo los tobillos. Podría traer como mil abrigos encima y la—horripilante— baja temperatura le calaba hasta lo más profundo de sí. Claro, todos sus compañeros no parecían afectarle en nada.
Si su hermano se enterara de que en ese momento estaba subiendo una pequeña colina, tapizada con todo el blanco paisaje, para lo que sería un Skicross colina abajo… de seguro ya le hubiera dado un infarto. La mera idea del esquí no le desagradaba en lo absoluto, en único problema era que en su vida había esquiado. En Hyrule nunca llego a nevar— y si llegaba a suceder era un milagro por las Diosas—.
Agradecía por tener a sus amigos a su lado, y a su primo que iba al otro lado suyo. Y al estar su primo… estaba Ike. Definitivamente era un hombre que podía quitar el aliento a cualquiera, lo decía por que antes de salir de la cabaña, su compañera Samus no le quitaba la vista por nada del mundo, hasta se había puesto el abrigo al revés por estarle viendo su semblante. Eso le causó una risita y un sonrojo, suerte que su bufanda tapaba su boca y no llamó la atención.
Aún así, le daba un poco de vergüenza mirarlo a la cara. El recuerdo de la noche anterior aún era muy visible en su mente. Ni si quiera Link la había visto en prendas más ridículas. Debió si quiera echarse una mirada en el espejo antes de abrir su puerta. No dudaba que ayer pudiera haber tenido algún rastro de saliva.
Ya estaban a mitad de colina. La tentación de mirar hacia atrás la invadió, solo no lo hizo porque quería evitarle problemas a los demás. Le sucedieron muchas cosas con solo dos días de estadía, de verdad no quería agregarle a la lista un brazo roto.
Los primeros en llegar costa arriba fueron, obviamente, "El erizo azul", el Capitan Jay Falcon, exclamando algo como "Yes!"; Popo y Nana, los intrépidos gemelos provenientes de algún lugar de las montañas, no era sorpresa que hubiera llegado primero. Lucario y Meta Knight llegaron después de ellos, seguidos de Peach, Mario y poco a poco cada uno se fue reincorporando al grupo. El último en llegar fue el voluptuoso primo de Mario de apariencia italiana.
Los ojos del de cabello azulino se posaron en lo que sería el área del Skicross. Había un camino trazado por pequeñas banderas rojas y pequeñas vallas de colores. En realidad nunca había esquiado anteriormente, pero no es como si fuera tan difícil, o al menos eso era lo que pensaba.
—¿Están todos completos pastelitos? — exclamo la rubia completamente vestida de ropa invernal rosa. Bien su voz podría haber creado una avalancha. Cada uno respondió con un simple asentimiento de cabeza, unos más emocionados que otros, sin distinguir quién temblaba por el frio y quién temblaba por los nervios—. Esquiar no es tan difícil, solo mantengan sus caderas hacía atrás y el torso inclinado. Procuren no chocar con los arbolitos y tengan mucho cuidado cuando vean una piedra, a grandes velocidades son mortales. — La de enormes ojos azules sonrió, comenzando a colocarse el equipo de Esquiar, igualmente de color rosa.
—Tengo miedo hermano…— susurró un joven alto de aspecto italiano y abrigo verde olivo a la persona que se encontraba a la derecha. No había dejado de temblar durante toda la subida cuesta arriba.
—Tranquilo Luigi, no hay nada que temer— aseguró el otro de menor tamaño con chaqueta roja con una "M" bordada en esta. No le prestaba mucha atención, si no que este llevaba rato viendo a la rubia de prendas rosas.
—Si muero, cuidaras de Boo ¿Cierto, Mario? —inquiere nervioso, mirando expectante a su hermano. Este suspiró cansado.
—No cuidare de tu perro porque no vas a morir— Usualmente tenía mucha paciencia, pero cuando se trata de su miedoso hermano a veces no era suficiente.
Todos comenzaron a colocarse el equipo para esquiar, unos con aparente práctica en el asunto y otros ni si quiera sabían cuál tabla era el de la derecha y cuál de la izquierda— y que después se dieron cuenta que no había necesidad de tener una regla predeterminada para cada pie—. La mayoría traía protectores de ojos especiales, si no es que todos. Los normalmente nerviosos portaban muchas más protecciones de lo normal, y los intrépidos solo bastaban con los bastones de esquí, las dos tablas y protectores de ojos.
La joven de pelo castaño tenía problemas para insertar las botas especiales en las dichosas tablas para esquí, por lo que Lucario (experto esquiador) la ayudo diciendo como activar los seguros de las botas. Esta agradeció con una sonrisa, haciendo que se formara una ligera curvatura en los labios del de pelo azul, gesto que no paso desapercibido por el celoso pariente de Zelda.
—¡Están listos todos terroncitos! — Fue más como grito de guerra que pregunta, levantando los palos para esquiar casi sacándole un ojo a cualquiera que estuviera cerca.
Los más aventurados fueron los primeros en tomar lugar en la orilla de la colina, entre ellos iba Peach, ansiosos por ir cuesta abajo sobre toda esa nieve.
—¡El último en llegar lavará la ropa de todos! —y con ese anuncio la joven rubia se deslizo colina abajo, seguida de Sonic y Falcon que le pisaban los talones, y detrás de ellos los valientes que tomaron la ventaja. Los cuerdos, y los más temerosos, los observaban mientras esquivaban los obstáculos del camino, con bastante agilidad, y hasta otros dando piruetas en el aire.
Muchos no pudieron evitar tragar pesado. El hermano más joven de Mario casi se desmaya.
—¡Vamos chicos! No puede ser tan malo— animó Pit, colocándose sus lentes protectores y elevando las piernas para poder caminar con los esquís. Los restantes se fueron acercando a la orilla, observando a los diligentes compañeros ir a mitad de colina.
—Bien… no puede ser tan malo… — tratando de tomar valor, Zelda se colocó sus lentes color violeta, aferrando sus manos a los palos de esquí. El segundo grupo en partir era integrado por Falco Lombardi, Fox McCloud y Meta Knight, teniendo mucho autocontrol en sus movimientos. El solo hecho de imaginarse a ella bajando por los esquís le causaba un cosquilleo extraño en su estómago. Si su hermano la viera le daría algo.
Los terceros en salir fueron Bowser Koopa, Ganondorf Dragmire, Wario, y Wolf O'Donnell, los que jugaban bromas pesadas entre sí, usualmente llegando a afectar a alguien más. Zelda tuvo que desviar la mirada.
—Tranquila— la joven observó a quién había puesto una mano en su hombro, nada menos que la gran sonrisa de Link, con Ike y Marth detrás suyo —, te seguiremos de cerca — Zelda devolvió el gesto. Por lo menos le quitaron un gran peso de encima.
—Eh-Esta bien…— Si bien su apoyo moral ayudaba de mucho, no podía evitar tragar pesado mientras observaba hacia abajo. Los deportes extremos no eran su fuerte, y esta era la primera vez que esquiaba, solo rogaba a Faroe por no terminar poli-traumatizada.
—¿Están listos? — preguntó Pit, con los dos de cabello azul, el de cabello rubio, y la de cabellera castaña detrás suyo, seguidos de los demás que faltaban.
Comenzaron a formar una hilera alrededor de la orilla por la que tendrían que bajar hasta el final del camino y, como repetía Luigi, salir vivos de esa. Ike miró hacia abajo, más específicamente donde los compañeros se habían adelantado hasta casi llegar al punto final. La joven rubia esquiaba ágil y con mucha rapidez, sin mencionar a Lucario, que iba a paso calmado pero eso no le quitaba la gracia de moverse por la nieve. Vagamente recordaba haber esquiado una vez, pero eso fue a sus escasos diez años, y en un área que no pasaba de los cinco metros de altura.
Al estar en la cabaña y preparar todo para escalar, la mayoría no le quitaba la vista de encima, casi como si fuera un pedazo de carne fresca entre una manada de leones hambrientos. Se sentía incomodo, pero Link decía que no le tomara importancia, y así lo hizo. Las jóvenes usualmente lo miraban de pies a cabeza, y lo muchachos con cara de pocos amigos, a excepción de los que ya conocía. Solo esperaba no crear problemas entre ellos.
—¡Allá voooy…!— Ese fue el angelical castaño, bajando sobre toda la espesura blanca.
La joven de cabellera marrón respiro hondamente el aire helado, volviendo a observar a Link, quién solo le sonrió, motivándola a que ella diera el primer paso.
Y así lo hizo, bastaron unos cuantos pasos para que su propio peso hiciera que los esquís resbalaran hacía abajo, provocándole un pequeño gritó a la joven. Link se apresuró a su paso, seguido de Ike que no quería perderlo de vista, y finalmente Marth.
—¡Vamos Luigi, que ya quiero bajar!
—¡Pero hermanoooo, tengo miedo! — su hermano no pudo hacer más que suspirar. En ese momento reconsideraba la idea de enviarlo a casa.
—Tal vez…
—¡Tal vez necesites un poco de ayuda! — esa declaración, seguida de un empujo al pobre de Luigi, fue de Ness Thunder, temerario muchachito con un promedio por las nubes y por mucho uno de los mejores, quien ahora reía incontrolablemente por haber "ayudado" al hermano de Mario, quien ahora este trataba de alcanzarlo colina abajo.
—¡Si así era como me ibas a ayudar, estas muy equivocado! —habló un pequeño rubio de mejillas rosadas debido al frio, y con ojos llorosos.
—Ya Lucas, no es para tanto.
—Oh ¡Claro que lo es!, ¿No ves que pudo morir?
—¡Cállate y baja! — y entonces Lucas sufrió el mismo destino que Luigi, intentando mantener el equilibrio y no rodar por la nieve, seguido de Ness que iba "cuidándolo", sin dejar de reír.
...
Sinceramente, esa había sido la experiencia más grande de su vida. Es decir, ¡Había esquiado por primera vez! Nunca pensó que un deporte como ese pudiera hacer que liberara muchas tensiones. A pesar de la baja temperatura, le resulto muy divertido. Fue algo complicado ir esquivando los obstáculos en la pista; sobre todo cuando casi moría de una infarto al percatarse de que, con lo que había tropezado no era un pierda, si no una rampa, por lo que se elevó unos cuantos metros sobre el aire. Por un momento pensó que no saldría viva de esa, hasta que aterrizó en tierra firme.
Link, que en su vida había esquiado, se movía como si lo hubiera hecho cientos de veces, balanceándose ágilmente mientras esquivaba los obstáculos. Ike lo seguía de cerca, también como si hubiera nacido con los esquís puestos. Pudo apreciarlo cuando iba a un lado suyo, sin querer volteando al mismo tiempo. Este le sonrió, devolviéndole Zelda el gesto con un tono escarlata en sus mejillas, que al parecer este no notó y se adelantó al paso de Link, a unos metros delante de ella. Debía admitir que tenía talento. Pit gritaba como un chiquillo emocionado, y Marth permanecía cerca de ellos.
En lo que a esta temporada se refería, usualmente se encontraba sin ganas de hacer nada, pasándosela dormida o leyendo lo que fuera. Su humor cambiaba a uno sombrío, aunque siempre hacía lo posible por mostrar un semblante feliz. Por un instante, pudo olvidar todo aquello y centrarse simplemente en el ahora.
Tanta fue su emoción, que fue una de los que volvieron a subir colina arriba y bajar esquiando. Todos sus demás compañeros estaban encantados, posiblemente lo volverían a hacer unos cuantos días después. ¿Quién diría que la pequeña Zelda volvería a esquiar?; Los únicos que quedaron con traumas temporales fueron Luigi Bros, Lucas Flint y Wario que, después de unos cuantos minutos esquiando, los esquís de Wario se rompieron… haciendo que bajara literalmente rodando colina abajo. Gracias a las Diosas y no se llevaron a alguien de encuentro.
La hora del Skicross había terminado, dirigiéndose todos a la residencia de madera, la mayoría exhaustos, con moretones en la cara, raspones, laceraciones, y demás. Sin embargo, todos con una sonrisa en sus facciones… bueno, la mayoría.
Cuando recién entraron a la cabaña para comer un aperitivo, Link y Ike fueron interceptados por tres jóvenes, dos pelirrojos fornidos y uno de cabello color plata. Nadie lo percató, a excepción de Marth, Pit y Zelda, que miraron preocupados la escena. El joven Link les hizo una seña, aclarándoles que todo estaría bien, sólo así el trío pudo irse en paz. El rubio se volteó hacía los recién llegados y les sonrió, pero al parecer estaban más interesados en Ike que en él. El último se sintió algo nervioso.
—Hey, ¿Qué tal? — comenzó amable Link, por lo que el de cabello azul comprendió que no había peligro alguno. Ahogó un pesado suspiro, por un momento pensando que eran algún tipo de buscapleitos. Aunque Link le había comentado que aquí todos se llevaban bien.
—Saludos Link— habló el pelirrojo con muñequeras de púas, dirigiéndole la mirada Ike—. Solo pasamos a presentarnos ante el nuevo— El susodicho sonrió apenado, bien le había dicho Link que así le llamarían por un buen tiempo —. Sería de mala educación no hacerlo. Soy Bowser Koopa
—Ike Greil— habló estrechando la mano de Bowser. Tenía finta de ser un buen sujeto.
—Ellos son mis compañeros— Bowser se volteó hacía ellos. Un sujeto, que si bien daba miedo, era por mucho más alto que todos ellos juntos. El otro era de la misma estatura que Ike, pero tenía cabello plateado y ojos color ónix—. Chicos, Ike Greil; Ike Greil, Ganondorf Dragmire, mejor conocido como Ganon, y Wolf O'Donnell.
Al ver a Wolf, las facciones de Greil se tensaron ligeramente, imperceptibles para los demás. Era el mismo que había causado el alboroto de la cena, junto con el otro robusto que rodo colina abajo, tumbando a Zelda. Dirigió su mirada hacia Ganon, viendo como este lo inspeccionaba de arriba hacia abajo, perturbándolo levemente.
—Un placer conocerlos— concedió firme el de cabello cobalto, sin extenderles la mano, al ver que la cara de pocos amigos de ellos dos no mostraba ningún índice de hacer lo mismo.
El pelirrojo con muñequeras estilo punk lo miró de igual manera, observando como este no se inmutaba en lo absoluto ante su presencia. Normalmente los que estaban frente a ellos terminaban desmayándose, o eso paso con ese tal Luigi, que con solo verlos su rostro tomaba una tonalidad azul. A diferencia de Ike, es como si estuviera listo para confrontarlos en cualquier momento. Por alguna razón, el tipo le cayó bien.
Lo mejor sería irse de una vez, la esquiada lo había dejado hambriento.
—Bien, nos retiramos. Gusto en conocerte, Ike. — Sonrió autosuficiente—. Nos vemos— finalmente, tomaron rumbo hacia el comedor, sin dejar de sentir la mira del tal O'Donnell, quién le hiso sentir poca confianza a Ike. Al encontrarse solos, Link bufó divertido.
—Nunca cambian… — habló más para sí que para el de cabello azul.
—Por un momento creí que venían a buscar problemas.
— Tranquilo, no son buscapleitos ni nada así. — Asegura Link, dejando sus esquís en la estancia, mientras que Ike lo imitaba—. Solo son algo narcisistas.
—Ya veo— por la forma del peinado mohicano de Wolf, y el raro estilo de peinado de Ganon, junto con el de Bowser, lo daba por seguro. Retomo el paso con Link.
—Tal vez busquen agregarte a su grupo— comenta el de cabello cobrizo, entrando al comedor y buscando una mesa donde sentarse.
—¿Grupo? —dudó Ike. Ni si quiera queriéndose imaginar qué sería estar con personas así. A la semana estaría con algún semblante metrosexual o rayando en lo gay. Ese pensamiento le causo un escalofrío. Claro, respetaba a las personas por quienes eran, mucho menos la juzgaba, pero cuando se trataba de él, suponía que tenía que defender sus ideales.
—En nuestro instituto todos nos llevamos bien, no hay cosas como el bullying, o distinción de clases sociales— manifiesta el rubio con un gesto, en lo que ambos se servían de la barra de comidas. Si había algo que le gustaba del lugar donde estudiaba, era eso.—. Sin embargo, cada quién tiene sus preferencias.
Ike escuchaba atentamente. Pudo asegurar que no tendría problemas para adaptarse, aunque tenía mucho por aprender aún. Su madre se lo había dicho, el instituto era reconocido por ser pacífico, y ahora que lo verificaba con sus propios ojos, sabría que todo saldría bien. El de cabello azul se sintió extrañamente bien.
—Cuando ingresé me invitaron a mí, ellos— confiesa el rubio, sacando de sus pensamientos a Ike, mientras ambos tomaban asiento en una mesa vacía—. Les agradecí, pero preferí no hacerlo.
—¿Por qué no lo hiciste? — preguntó el de cabello azul.
—Siempre preferí el ambiente solitario— admite Link, perdido en el jugo de naranja que meneaba con una cuchara, de inmediato pensando que ese comentario podría herir a Ike—. No obstante, si alguien busca mi amistad, con gusto se la daré. En el caso de ellos… sólo es trato verbal.
—Con razón te tienen tanto respeto— expresa Ike, a lo que Link solo lo miró confundido—. Por algo te querían en su grupo, ¿No?
—Quién sabe— expresa llano el rubio, con mirada sagaz, sofocando una risa— Lo que si noté es que Bowser no se despegaba de ti… Puede ser que te necesita para otra cosa —. Ike se atragantó de risa con el café que estaba tomando, mientras Link se reía a carcajadas.
—Mira quién lo dice — Greil trataba de recuperarse, tosiendo el café con el que se iba a ahogar. Link reía muy divertido. La idea de imaginarse que Bowser lo hubiera estado viendo como un pequeño roedor le causaba aversión—. Al que habían escogido para hacer algún tipo de orgia satánica.
Ahora era Link el que se estaba ahogando dándole un sorbo al jugo. Ambos jurarían que después de esa plática esos dos no volverían a ver a los pelirrojos y el de cabello plateado de la misma manera. La imagen que aparecería en sus mentes sería una donde el trío estuvieran haciendo algún tipo rito sexual, a pesar de sus semblantes de miedo.
—¡Hey Zeldi! ¿Es Sheik?... — antes de esa suposición, el celular de Zelda había timbrado, avisándole que tenía un mensaje en el buzón. Dejó su tostada con mantequilla de lado y lo sacó de su bolsillo, comprobando que la predicción de Pit se hizo realidad.
—Si— afirmó con una quedita risa—. ¿Cómo supiste? — Por las Diosas, ¿tan patética era para que supiera que, el único que le deja mensajes es su hermano? Ojalá no lo viera de esa manera…
—Solo lo adivine— afirma alegre, sentándose de nuevo en la silla, ya que de la emoción se había levantado, prosiguiendo en terminar sus waffles.
—¿Cómo le ha ido a Sheik? — habló Marth, dándole un sorbo a su chocolate caliente. Hace mucho que no sabía de él.
—Muy bien, de hecho. Se la ha pasado trabajando en un proyecto de la junta… y cuando tiene tiempo me envía un mensaje.
—¿Le enviarías saludos de mi parte? — Pregunta Marth con tono afable —. Si no es mucha molestia.
—Claro Marth, obvio no es molestia— Responde la de cabello castaño—. Se alegrara de saber de ti.
—¡Envíale saludos de mi parte también! — exclama Pit a medio bocado de waffles. Eso les causo una integra risa a sus acompañantes.
—Si Pit, también le mandaré saludos de tu parte— sonríe enternecida, divagando en algún lugar de su memoria, en aquellos tiempos en los que Marth y Pit solían ir a su casa. Sheik siempre los recibía con una sonrisa, inclusive habías días en los que se quedaban a dormir. No contaba con muchas amigas del género femenino, y su hermano lo sabía, pero no era inconveniente para él.
Sheik era como un padre para los tres. Tal vez los tres no comparten rasgos consanguíneos, pero juntos era como si se sintieran en familia.
Media sonrisa se apoderó de Zelda.
—Cambiando de tema— la voz de Pit iba tomando la forma de un susurro, como si les fuera a contar un súper secreto—. ¿Qué creen que le habrán dicho a Link y Ike? — musitó Pit, mientras un extraño cosquilleo invadió a Zelda, en el área del estómago, con solo imaginarse la escena. No quería que se armara algún tipo de escándalo, ni muchos menos que alguien saliera herido —. ¿No querrán buscar problemas?
—No lo sé— admite el de cabello azul, discretamente volteando hacia la mesa donde los tres susodichos estaban, y luego volteando hacia donde estaban Ike y Link—. Pero al parecer no hubo algún inconveniente. Todo luce tranquilo
—Esperemos que siga así— en cierta manera, la presencia de los pelirrojos y el de cabello blanco perturbaban a la joven. Eran amables— hasta donde conocía— sin embargo, se sentía más cómoda sin dirigirles la palabra. Fue inevitable mirar hacia donde su primo y reciente amigo yacían, al parecer comentando algo muy gracioso, ya que por poco y Link le echa en cara el jugo que recién tomo.
No lo había notado, pero al mirar hacia Ike, se dio cuenta de que este ya la estaba mirando, con sus característicos ojos color índigo. Sintió su cara arder, más que nada por las vergüenzas que ha pasado frente a él. Por todas las Diosas, ¡La había visto en pijama! Ike pensaría que era una perezosa… Su sonrojo fue más notorio cuando este le dirigió una media sonrisa, con esa mirada que podía matar a cualquier chica. Tuvo que dejar de mirarlo, con un gesto en su rostro, su corazón se había acelerado más de la cuenta.
Algo dentro de Ike se removió.
—¿Ah quién le sonríes, pequeño pícaro? — preguntó Link de brazos cruzados, por lo que el corazón de Ike comenzó a latir desbocado.—¿Ganondorf te está haciendo ojitos? — Ike rió ante el comentario, pero no le duró mucho, al percatarse de que su amigo estaba por voltear a sus espaldas, y la única mesa ocupada detrás suyo era la que Zelda, Marth y Pit estaban.
—Me huele a que alguien esta celoso…— inquiere con malicia, observando cómo su amigo comenzaba a reír de nuevo, reacomodándose frente a él.
—Ni que tuvieras tanta suerte. Ganon es todo tuyo— comenta Link, acabando lo último que quedaba de su sopa.
—Claro, hasta lo llamas por su sobrenombre…— El rubio soltó otra carcajada, la cual contagio a Ike.
El de cabello azul suspiró internamente, estuvo cerca. Hubo un momento en que se quedo contemplando a Zelda, pero no se percató de ello hasta que ella lo miró. Pensaría que sería un pervertido si lo atrapo observándola, por lo que decidió sonreírle, lo que nunca espero es que ella le devolviera el gesto.
Sabía que no tenía nada malo sonreírle a alguien. En su vida había tenido dobles intenciones con alguien, mucho menos con una mujer. Aunque, en cierta manera, sentía que el más mínimo gesto que le hiciera a ella podía enojar a su rubio amigo. Lo comprendía, tenía una hermana a final de cuentas, que cuidaba igual o incluso hasta más de lo que él cuidaba de Zelda, pero no podía dejar de sentirse culpable.
De verdad no quería perder su amistad.
—Bueno, ¿Qué haremos hoy? — inquiere nuevamente el pequeño joven, dándole un gran sorbo a su vaso con leche— Saben que no me puedo quedar sin hacer nada.
—Podemos jugar ajedrez— la sugerencia de Marth le agradó a la joven de ojos azules, pero a Pit no lo convenció.
—Me aburre jugar ajedrez…— admite con fastidio, dejando caer su barbilla en la mesa.
—A muchos de nosotros nos entretiene, Pit — Aclara la de cabello café, con su tono maternal—. Es solo que aún no lo entiendes muy bien.
—¡Es que todas las piezas se parecen! — se defiende el menor, recordando la última vez que jugó ajedrez. Termino fastidiando a Marth, que le dio una clase sobre cómo se llamaban las piezas y hacia dónde se tenían que mover. Muy apenas y recuerda el nombre de las pequeñas figuritas de enfrente… Peones.
—¿Qué tal Damas Chinas?
—Es lo mismo, pero con fichas de colores— Zelda y Marth pusieron cara de duda ante el comentario de Pit.
—¿Qué esas no eran las Damas Inglesas? — pregunta Zelda.
—¡Lo ven! ¡Ni los nombres me sé! — exclama derrotado Pit, dejándose caer nuevamente en la mesa. Ambos sintieron lastima por su pequeño compañero.
—Tranquilo Pit, es cuestión de tiempo— la castaña le sonríe, colocando una mano en su hombro, quien ahora era la última de los tres que faltaba por terminase su plato. Pit le devolvió el gesto, con actitud más afligida.
Después de estar mucho tiempo sin discutir algo, las facciones de los tres tomaron aire sombrío, melancólico.
Tal vez no lo dijeran con palabras, pero sus hechos daban más que claro a entender que algo los preocupada. En verdad, ¿Cuánto tiempo duraría esto?, ¿Por qué siempre era así? De veras intentaban dejar sus recuerdos de lado, aquellos que los lastimaban de sobremanera, pero sabían que, por más que se prometieran lo contrario, nunca obtendrían estar emocionalmente estables. Les era muy difícil, a pesar de apoyo mutuo que se tenían. Ese apoyo mutuo que recién habían formado
Después de todo, la fecha se cumplía en una semana.
...
Día 3:
No es como si fuera a escribir a cada momento en mi diario. No es que no quisiera, fue un regalo de mi querido hermano. Solo es que no estoy acostumbrada a hacerlo seguido.
Sin embargo, hay muchas cosas que quisiera compartir con alguien. El simple hecho de ser escuchada puede ser muy beneficioso para uno, pero hay gente que no lo ve así.
Marth y Pit me apoyan en todo, son como unos segundos hermanos. Pero, no puedo evitar sentirme sola, ocasionalmente.
¿Será que he estado muy melancólica respecto a mi hogar?
Hoy tuve el gran privilegio de esquiar de verdad, en nieve de verdad, no como esos juegos virtuales de interacción motriz (que era lo más lejos a lo que yo había podido hacer), si no verdaderamente montarme en un esquí, y bajar por toda la colina.
Debo admitir que casi mojo los pantalones al ver toda la distancia que tendría que recorrer, y al momento de hacerlo podía sentir mi estómago casi en la brecha de mi garganta. ¡Pero lo supere! En verdad estoy muy contenta. ¡Hasta subí nuevamente para bajar esquiando! ¿Nunca les ha pasado aquellos arranques de adrenalina, que te da por hacer algo con solo la emoción del momento? Bueno, al parecer tuve uno de esos.
Otra cosa graciosísima fue ¡Ver a Wario rodar, literalmente RODAR colina abajo! Solo él pudo haber escogido unos esquís de dudosa procedencia, solo por ahorrarse unos cuantos dólares más. Bien dicen que lo barato te viene saliendo caro. Me tiembla la mano de tanto reírme. Sin embargo, no puedo evitar sentirme responsable con lo que paso.
Sé que no tuve nada que ver en ese accidente, pero… soy muy creyente de la ley "Todo lo bueno o malo que hagas, se regresará algún día"; ¿Será que la caída de Wario fue por al accidente en la cafetería? Quién sabe. Aunque, técnicamente el que lo hizo fue Wolf…
Supongo que a veces el Karma no actúa de la forma esperada.
Cerró su libro y recordó que Sheik le había enviado un mensaje en la tarde, el que no leyó en la hora de la merienda. Fue hasta el pequeño buró donde lo había dejado y lo desbloqueó, yendo a la opción de "Mensajes"
Lamento dejarte con la duda. ¿Recuerdas el nuevo cliente de la ciudad de Fae? Al parecer adelanto la junta pendiente con los directivos. Estaré algo ocupado esta semana. En cuanto pueda te explicaré todo. Pásatela genial y espero recibir un mensaje tuyo de vez en cuando.
Sheik
Un suspiro cansado escapó de sus labios. Era extraño que Sheik le hubiera ocultado una cosa así. Es decir, eran hermanos, entre ellos no había secretos, al menos sus padres los habían educado así. Sin embargo, tal vez iba a decírselo, pero no encontró el momento. Sí, prefería pensar así. ¡Era Sheik de quién hablaba!
Arrumbó de nuevo su teléfono móvil, se recostó y miró pensativa el techo. No le prestó mucha atención a la hora, a pesar de que ya era tarde. Se le estaba haciendo costumbre el desvelarse. Ahora que lo pensaba, no había cenado nada, ya hasta podía sentir como su estómago se estaba comiendo a su intestino delgado. ¿Sería mejor quedarse en su habitación muriendo de hambre, o bajar a indagar a la cocina? Siempre estaba abierta para todos…
Comenzó a debatir el dilema en su mente.
Bien, no tuvo de otra. Bajaría a comer algo.
Se cambio su pijama por ropa más decente —no quería que le volviera a suceder otra penosa situación—; jeans oscuros, suéter naranja que le acentuaba su pequeño cuerpo (el hecho de que Pit la rebasara por unos centímetros le estaba afectando) y botines cafés. Se dio una mirada en el espejo y salió por la puerta principal, con mucho sigilo.
En los pasillos nunca se notaba si era de día o de noche, siempre lucían igual de tétricos. Un ventanal en aquel sector no le haría mal. Hacia un poco de frío, pero nada que no pudiera tolerar. Al estar frente al ascensor se cuestionó si este haría demasiado ruido como para despertar a alguien, usualmente hacía ese molesto tintineo al detenerse. No tuvo más que usar las escaleras de emergencia.
Al contemplarlas, le fue imposible que un escalofrío le recorriera la espalda. Eran alfombradas y con poca luz, al igual que los corredores. Aunque, en ese momento, su hambre era más, así que bajó por estas con mucho cuidado. Si lo pensaba mejor, dudaba que no hubiera alguien despierto. Conocía a sus compañeros mejor que nadie, y algunos son de los que gustaban estar a altas horas de la noche, ya sea tomando alcohol, jugando póker, a "la botella", entre otras cosas.
Ya iba en los cuartos escalones, le faltaba poco para llegar. Y en eso…
¿Qué siempre le tenía que pasar algo a ella? Deberían apodarle "señora accidentes".
Retomando la historia, su pie resbaló en el último escalón, que la hizo ascender hasta el área de división entre los demás escalones que faltaban. Solo se pudo escuchar un sonido hueco y el pequeño gimoteo. Sabía que debió empacar algún tipo de protección especial, como un casco o unos protectores de rodillas.
—¡Auuch! — dijo la joven, con tono bajito, haciendo un intento inútil por mitigar el dolor. Después, pensó cómo había sido lo demasiado torpe para caer por las escaleras. No pudo evitar reír irónicamente ante eso.
Se puso de pie y prosiguió su camino, ahora con las dos manos sujetas al barandal.
...
Si bien no podía dormir, el estar tomando un café a esas horas no era la mejor opción si le preguntaban, seguramente sus riñones pagarían el precio después. Pero, había algo en ese líquido con cafeína que lo hacía sentirse extrañamente bien. Tal vez su calidez era lo que lo mantenía así, y más en este clima tan helado. Siempre tomaba café en las mañanas, su madre siempre procuraba poner la cafetera para prepararle su ansiada bebida. A decir verdad, él era el único que tomaba café de los tres. Se le comenzó a hacer un hábito, al tener que hacer demasiadas tareas y proyectos de su anterior instituto a altas horas de la madrugada. Ahora lo hace por mero gusto.
Tal vez lo único que tenía es que extrañaba su hogar.
Pero, ¿Qué es lo que lo hacía diferente de otras veces? Ya había estado lejos de su casa, de su hermana y de su madre. No entendía que había distinto esta vez…
Bueno, en realidad, posiblemente comprendía, es solo que… hay cosas que son difíciles de asimilar.
Tal como había dicho su camarada Link.
"…No es que no te quiera decir… si no que, hay cosas que son difíciles de superar…"
¿Será que él también está pasando por una etapa de malos recuerdos, como muchos otros?
Ni él lo sabía. Sin embargo, no se dejaría caer tan fácilmente. La vida fue hecha para vivirla, por muy duro el golpe que esta te haya dado. No importa qué, el prometió cuidar de las personas importantes para él, y no defraudaría su palabra. Si tenía que mostrar una sonrisa falsa al mundo, lo haría sin pensarlo.
Recargó sus codos en la mesa y le dio un sorbo a su bebida caliente favorita. Observó el fino reloj de pared; 1:00 A.M., no tomó importancia, había días en que no dormía, suponía que ese también sería uno de esos.
El ambiente era frio, podía ver todo el oscuro paisaje por uno de los ventanales, llenos de nieve blanca, lo pinos le daban un toque más enigmático, sumando la poca iluminación del comedor. Pudo ver su reflejo en una ventana. Volvió a tomar otro sorbo de su café, pero un ligero chillido lo sacó de sus pensamientos, girando su rostro hacia donde había provenido.
Se cuestionó severamente si su bebida no estaba caduca o con demasiada cafeína, tuvo que mirar de reojo su taza y dirigirla nuevamente hacia donde estaba. Extrañamente su corazón se sobresalto, primero por el susto de muerte, y luego porque su suposición era que a esa hora nadie estaría despierto, mucho menos la persona que estaba frente suyo. No era ningún inconveniente para él, pero le resulto extraño verla ahí.
Era Zelda.
Y al parecer la joven de pelo castaño pensaba igualmente que él. De todas las personas que podía toparse, nunca le paso por la mente el individuo que tenía enfrente, a solo unos cuantos metros, con jeans oscuros y un suéter azul marino parecido al de ella, estuviera ahí; En el comedor, sentado en una mesa con una taza color negro en mano. La única diferencia de otros días, era que no llevaba puesta su banda que usualmente llevaba atada a la frente. Aún así, no dejaba de verse tan bien. Si tan solo no hubiera dado el pequeño gritito, se hubiera ido por donde regreso y así no la hubiera visto.
Pero tenía hambre…
—Buenas noches, señorita Zelda— comenzó Ike, dejando su taza en la mesa y poniéndose de pie. El gesto alagó a la joven. No pensó que aún quedaran caballeros.
—Buenas noches, joven Greil— continuó esta algo apenada, saliendo del escondite que tenía detrás del marco de entrada. El pequeño sonrojo le pareció tierno al de cabello azul—. Lamento si interrumpí su meditación…
—Para nada, no se preocupe. No estaba haciendo nada importante— confiesa llano, mirando hacia otro lado, con aire nostálgico. Zelda solo lo admiraba, por alguna razón no queriendo perderse ningún movimiento de él. La poca iluminación difería en lo respingada que era su nariz y en su perfil masculino, simulando la perfección. Entonces volvió en sí—. Discúlpeme, ¿Dónde están mis modales? — este bufó una sonrisa, que bien pudo dejar a Zelda sin aliento—. Permítame servirle una taza de café, ¿Si es de su agrado?
—Ahm, Si… pero, no se apure por favor, no quisiera ser una molestia…
—Claro que no, no es molestia. Enseguida vuelvo—y este ya se dirigía a la cocina, sin dejar argumentar a Zelda.
La de cabello café no puedo evitar sonrojarse, esta era la… tercera vez que le pasaba algo vergonzoso, ¡Y con la misma persona! El destino le estaba jugando una mala pasada. Aunque, en lo poco que conocía a Ike, aseguraba que este no era mala persona, eso la tranquilizaba, pero su pena siempre estaría presente. No tuvo más que sentarse en la misma mesa que Ike, pensaría que sería descortés si no se sentaba con él. Todavía de que le fue a servir café.
—¿Cómo prefiere su café, señorita? —La susodicha giró a su llamado y lo observo en el marco de la cocina. Tuvo que evitar mirarlo de pies a cabeza.
—Normal, sin azúcar… por favor. — habló, casi musitó, aunque Ike la escuchó a la perfección.
Siempre imaginó que ya no habría hombres así: cordiales, caballerosos y serviciales. Sin contar a otras personas que conocía, como Marth, Link, su hermano Sheik…. Ahora se daba cuenta que si había más que solo hombres que comen como cerdos y beben grandes cantidades de alcohol para amanecer crudos al siguiente día.
—Aquí tiene— Zelda salió de sus pensamientos y miró al de cabello azul, que regreso con una taza humeante color morado en mano, poniéndola frente ella—. Me tomé la libertad de tomar esto— entonces este dejó en la mesa un plato con panecillos de nuez junto con otras variedades. A la joven se le iluminaron los ojos—. Espero y la señorita Toadstool no le moleste.
—No, ella es una muy buena persona— aseguró Zelda, mientras veía como este tomaba asiento al otro lado de la mesa, frente a ella. A la joven le llamó la atención, juraría que este tal vez hubiera querido sentarse a un lado de ella, pero no lo hizo, a pesar de estar solos. Usualmente ese pensamiento le causaría un escalofrío. En este no fue así.
Era todo un caballero.
La joven tomó su taza humeante con ambas manos y llevó el líquido a su boca. Le dio un silencioso sorbo, comprobando el delicioso sabor que este tenía, fue como si ella se lo hubiese preparado a sí misma. Sus mejillas tomaron un ligero color carmesí. Ni si quiera su hermano Sheik podía darle aquel sabor de ese café.
—Que…—comenzó la de ojos azules, dejando el recipiente en la mesa. Quería decirle lo bien que lo había preparado el café, sin sonar a acoso, pero no sabía cómo decirlo. Ike la estaba mirando, lo que hizo ponerse nerviosa.
—¿Qué le pareció el café? — inquirió amable, como si le hubiera leído el pensamiento. Juraría que Zelda notó el ligero sonrojo en Ike—. Mi hermana dice que no soy bueno preparandolo. Siempre dice que lo dejo muy amargo, o muy dulce— confiesa, recordando lo quejumbrosa que suele ser su hermana, en las mañanas sobre todo.
—Para nada, bueno… no está muy amargo, ni muy dulce. Le quedó muy bien—. Bingo, esas eran las palabras que buscaba. Nuevamente bebió de su taza color morado. Su cuerpo fue tomando calor poco a poco.
Ike tomó uno los muffins de nuez, observándolo para luego darle un mordisco. La joven se veía tranquila, pero con cierto aire de incomodidad. Tuvo que pensar en algo para que pudiera sentirse cómoda en su presencia. Dejando de lado el hecho de que fuera prima de Link, era otra forma de matar tiempo. Aún seguía con rastros de insomnio, y al parecer la de ojos azules también. Tardo un rato en decidir qué hacer.
—Y… ¿Cómo le ha ido? — la pregunta lo regreso a la realidad. Le fue extraño que ella fuese la que hubiera iniciado la conversación, quién ahora había tomado un panecillo y lo masticaba gustosa. Suponía que llevaba varios minutos con cara de lelo. Sin querer un nuevo sonrojo casi imperceptible fue tomado por sus mejillas —. Se… ¿Se ha sentido bien aquí…?
—Me ha ido bien, si debo admitir— confesó con una sonrisa, contagiando el gesto a su acompañante. Era la segunda persona que le hacía esa pregunta. La primera fue Link. ¿La empatía sería de familia? Pudiera y si —. Había oído que el ambiente aquí es tranquilo—pausó, recordando el encuentro con el trío problemático—, y lo confirme hace poco. Me siento muy bien aquí.
—Me alegra escuchar eso— aseguró la de cabello castaño. Ike sabía que lo decía sinceramente, y no por compromiso. Ambos continuaron tomando café y degustando de los panecillos.
No tardó mucho para que la conversación comenzara a fluir entre ellos.
Ike le habló sobre su madre, Elena, en lo tranquila que era, pero cuando se enojaba era como si la Tierra fuera a temblar. También habló sobre su hermana, Mist, quién al parecer había heredado el humor de madre; Y que, a pesar de eso, les tenía un gran cariño. Zelda escuchaba atentamente, sonriendo o dejando escapar una ligera risa entre cada comentario gracioso de Ike. Estuvo tentada a preguntar sobre el padre de Ike. Sin embargo, no había la suficiente confianza como para hacerlo. Ambos llevaban media taza de café. Y, como si hubiera predicho el futuro, Ike habló.
—Mi padre era el dueño de nuestra cadena hotelera— prosiguió con la explicación. Zelda pudo notar el tono melancólico en su voz—. El nombre de nuestros hoteles es en honor a mi hermana, por eso se llama "Royal Mist" — pausó de nuevo, menando su café con una cuchara —. Yo seré el próximo heredero oficial, con respecto a lo que mi madre me dijo. — bebió un poco de café para continuar. Su taza estaba casi vacía —. Es por eso que tengo que prepararme, si es que quiero llegar a ser tan bueno como lo era mi padre.
—Puedo asegurar que sí lo logrará— concedió la joven de pelo café. Si bien no conocía del todo a Ike, podía ver la determinación en sus ojos. —. He… escuchado que usted es bueno en las finanzas…
— ¿Ah si? — inquirió sorprendido. Ahora entendía por qué Link decía que los chismes se iban como pan caliente. No tenía ni el mes y podía afirmar que ya hasta sabían su tipo sanguíneo. Se limitó a suspirar—. Bueno, soy "el nuevo", era de esperarse.
—Es difícil, al principio… yo también tarde en acostumbrarme— admite Zelda, casi al término de su bebida caliente.
—Usted de no es de Delfino City, ¿cierto? —preguntó, sin sonar agresivo —. Si mal lo recuerdo, Link mencionó algo sobre que eran provenientes de Hyrule.
—Sí, nosotros somos de Hyrule. Ambos procedemos de ciudades diferentes, pero del mismo país— revela con una sonrisa, la cual no le duró mucho. Por un momento, su taza se volvió su centro de atención—. Nos vimos obligados a abandonar nuestro país natal por cuestiones de seguridad…— Ike sabía el peso de las palabras de Zelda. Podía asegurar que lo que le estuviera contando era muy íntimo para ella. Además, la comprendía. A él también le paso algo parecido —. Y terminamos en Delfino City— finalizó con un gesto triste.
—Mi madre, mi hermana y yo… abandonamos nuestro país natal por cuestiones parecidas— La joven levantó la mirada, encontrándose con los ojos almendrados de su acompañante. En realidad, no pensó que verdaderamente la estuviera escuchando. Bien dicen que no hay que juzgar un libro por su portada —. Soy originario de la Ciudad de Crimea, en el país de Tellius.
Ninguno lo dijo, pero mutuamente pensaron que tenían muchas cosas más en común que las que imaginaron.
—Y… ¿No extraña su hogar? — preguntó la de cabello café.
—A decir verdad—respondió Greil—, lo extraño más de lo que llegué a imaginar— Claro que lo extrañaba. Extrañaba su lugar de origen, sus antiguos amigos, el clima, hasta la más mínima piedra de su Crimea. A su padre… —. ¿Y usted? ¿Extraña Hyrule?
—Muchísimo— comenzó a jugar con su cabello, gesto que no pasó desapercibido por su acompañante —. Extraño los días en que mi padre nos llevaba a mí y a mi hermano a comprar…— se dejó llevar un poco, ahora ya se estaba arrepintiendo de lo que dijo. Un ligero sonrojo se apoderó de sus mejillas. Ike la esperaba expectante, alcanzando a escuchar que tenía un hermano—… Si le digo, se va a reír de mi.
—Le prometo que no lo haré— este le brindó una sonrisa. Zelda desvió la mirada apenada—. Si no quiere decirme, no tiene que-
—Nos llevaba a comprar leche—ahora las mejillas de esta estaban color tomate—. Era una especie de tradición... Los fines de semana, nos llevaba a comprar pequeños envases de leche. La leche Lon Lon era la mejor de todas.
Lástima que la tradición no duró mucho…
—¿Leche Lon Lon? — inquirió divertido. El nombre sonaba gracioso, pero le prometió no reírse. La cara de Zelda seguía encendida—. Si le soy sincero, casi no me gusta la leche— aclaró el de cabello azul—Pero espero tener la oportunidad de probar la Leche Lon Lon algún día.
—El día que vaya a Hyrule… recordaré traerle una— ofreció la joven, aunque no pensó mucho la oración. Después de eso, Ike le sonrió, y esta le devolvió el gesto al terminar de beber.
Era extraño, nunca se había sentado con alguien más, que no fuera de su familia, a conversar temas muy privados para ella. Hasta la fecha, lo de la Leche Lon Lon solo lo sabía Marth, Pit y Link. Ahora una persona más se le sumaba a la lista. Sin embargo, sabía que si secreto estaba a salvo con la persona que tenía frente a ella. Discretamente, lo miró por unos cuantos minutos. El suéter azul marino que llevaba contrastaba perfectamente con su cabello, resaltando si piel pálida, sin mencionar la forma en que su tono muscular sobresalía. Sus ojos almendrados eran contorneados por sus tupidas cejas y largas pestañas. Sin querer, se le aceleró un poco el corazón.
Ike no pensaba tan diferente. Para él, haberle mencionado a su padre a una persona que apenas y conocía, fue una sorpresa para él. Pero, al hablar con ella, las palabras habían salido tan automáticas, que no se había percatado de ello. A simple vista podía decir que Zelda tenía un gran corazón. Tal como Link.
La observó mientras tomaba otro panecillo y lo masticaba, estaba con la mirada perdida en algún lugar de la mesa. Observó el gran parecido que tenía con su, hasta ahora, mejor amigo. Ambos tenían los ojos azules. No obstante, el suéter naranja que traía puesto le hacía resaltar más el color de sus ojos. Zelda era un tono más claro que Link, pero poseían la misma nariz, sin mencionar el singular rasgo de las orejas puntiagudas. Casi podía afirmar que lo único que los diferenciaba era el color de cabellera. Sentía que podía mirarla todo el día, y nunca se cansaría.
Zelda se dispuso a hablar.
—Yo solo tengo un hermano, su nombre es Sheik—reanudó la conversación la de ojos azules, dejando la envoltura de panecillo a un lado. Creía que era injusto de su parte si no daba a conocer un poco de su familia. Ike prestaba oídos atento —. Es mayor que yo, por dos años. Actualmente es el dueño legítimo de… la empresa de mi padre. En caso de que sucediera algo, yo pasaría al mando de todo—titubeó un poco, sobretodo en la última frase. Esa idea le aterraba, y sabía que era muy notorio —. Gracias a las Diosas y no ha llegado a suceder eso.
—Estoy seguro que no sucederá— las palabras de aliento de Ike le traspasaron algo de fuerza —. Ahora estamos en momentos de paz. Dudo mucho que algún país quiera declararle la guerra a otro.
—La gente es ambiciosa por naturaleza. Siempre se tiene que estar preparado para cualquiera cosa — reveló la joven. —. Bueno… eso es lo que un día mi padre me dijo…— Ike tuvo que contener la expresión de sorpresa que su rostro estuvo por hacer.
Conocía esas palabras de memoria.
"La gente es ambiciosa por naturaleza, Ike. En este mundo, siempre se tiene que estar preparado, con fuerza para lo que suceda. No importa cómo te trate la vida, tú nunca tienes que darte por vencido, ¿De acuerdo?... Bueno, ven, tu madre nos está llamando…, sabes que no le gusta que la hagamos esperar."
Esas fueron las palabras que su padre algún día le dijo. Tal vez ya las había olvidado, pero volverlas a escuchar de alguien más… lo trajo de nuevo en sí.
—Ehm… ¿Joven Greil? — inquirió con evidente preocupación la de cabello café. Quizás se pudo haber ofendido con eso último que dijo. Bueno, fue la única explicación que llegó a su mente. Después de eso, el rostro de Ike tomó un aire diferente, y se quedó ido por uno minutos. Lo mejor sería disculparse —. Lamento sí l-
—¿Me permite decirle algo? — el de cabello cobalto inquirió cortésmente, interrumpiendo lo que fuera a decir su acompañante. Ese pregunta había tomado por sorpresa a Zelda, quién ahora lo miraba fijamente.
—… Claro que sí. —accedió la joven, tratando de esconder su nerviosismo. No creía que le fuera a preguntar nada indecoroso, sabía que él era muy noble para eso. El de cabello azul tardó unos minutos en formular lo que iba a decir.
—Nunca había tenido el gusto de hablar así, con alguien como usted— tuvo que omitir el "…con alguien como tú". No quería que pensara acerca de tener dobles propósitos con ella —. Habla con mucha sabiduría. —Al igual que mi padre, le falto agregar.
Si el primer comentario había hecho sonrojar a Zelda, el segundo le encendió las mejillas, obligándola a desviar la mirada, ¡Por las Diosas! No era común que le dijeran eso. Le dió una pena enorme.
—Muchas gracias— tuvo que regular su voz, no quería que sonara como la de una gatito —. Hablar con usted también fue un gusto… para mí—no supo si lo último lo dijo en voz alta, aunque no le tomó mucha importancia.
Podía sentirse desde lejos el cálido ambiente que provenía de aquel dúo. Siguieron conversando un rato más. Al parecer, se habían olvidado de la hora que era. Hasta que uno de los dos vio el reloj.
—¿Me creería si le digo la hora que es? — inquiere el de ojos azules, con tono divertido. La cara de la joven mostraba vergüenza ajena.
—¿Qué… qué horas son? — pregunta Zelda, algo asustada. La mirada de Ike nuevamente se dirigió al fino reloj de pared.
—La 3:46 AM. —La joven casi se ahoga con su propia saliva. ¿Tanto tiempo se habían quedado hablando? Lo bueno era que solo iba a bajar por "algo de comer." Una risita divertida se escapó de los labios de Zelda.
—Creo que nos quedamos mucho tiempo conversando— aclara la de ojos azules, como si no fuera notorio ese hecho.
—Lo mejor será que nos retiremos a nuestras habitaciones. ¿No cree?
—Sí… sería lo apropiado— finalizó Zelda, para ambos ponerse de pie. El de cabello azul se le adelantó y recogió las dos tazas y el plato de los panecillos. Nuevamente el gesto le causo un cálido sentimiento a la de ojos azules. Al terminar, el dúo camino fuera del comedor, teniendo precaución ya que la mayoría del lugar estaba en penumbras.
Ahora que lo pensaban, ninguno de los dos preguntó si se irían por su camino, por aparte. Solo se levantaron y se fueron. Se dieron cuenta cuando iban a mitad del rumbo, pero no dijeron nada. Su compañía mutua no les afectaba en lo absoluto.
—¿Prefiere tomar el ascensor o ir por las escaleras? — preguntó de el cabello azul. La joven dudó por unos momentos. El solo recordar la caída por las escaleras le daba dolor de espalda —. Si me permite, me gustaría acompañarla hasta su habitación.
—No se tiene que molestar, puedo llegar hasta mi habitación si ningún problema. — admitió con tono amable. Sentía que ya había hecho mucho por ella.
—Si mi madre me viera ahora, me reprocharía si la dejo ir sola. Insisto. — se detuvieron frente al elevador, mientras este la miraba, ahí fue cuando notó que la diferencia de alturas era bastante evidente. Podía asegurar que era uno de los más altos de ese lugar.
—Está bien… no me gustaría hacer enojar a su madre— ese hecho le causo una risa a Greil. La de cabello café nunca se espero que tuviera una risa tan simpática —. Por las escaleras estaría bien.
—Bien, subamos. — tomaron el camino de la derecha, que era donde estaba las escaleras.
Zelda prefirió tomar el lado donde el barandal estaba pegado a la pared, esta vez volviéndolo a sujetar con las dos manos. Ike iba a un lado de ella, subiendo los escalones con agilidad y con las manos en los bolsillos, todo lo contrario a su acompañante. Hubo un momento en que sus manos empezaron a temblar, y le fue más difícil tomarse del pasamanos, no entendía si era por el frio o por el nerviosismo que el de cabello azul le causaba. No hablaron en todo el camino, solo algunos susurros proveniente de Ike, como "Tenga cuidado en donde pisa".
Finalmente, llegaron al tercer piso, retomando el paso hasta llegar al cuarto con la numeración 132, que apenas y se veía el número en la puerta. Quedaron de pie frente a esta.
—Hemos llegado. —hace notar el de cabello índigo, observando cómo esta comenzaba a buscar algo en sus bolsillos. En su interior, comenzó a sentir un cosquilleo raro en el área del abdomen.
—Sólo… déjeme buscar mi llave— dijo Zelda. Buscó en los bolsillos delanteros del pantalón. Nada. Buscó en los bolsillos traseros. Nada. Su corazón se aceleró bruscamente, y su expresión cambió a una de pánico. Suerte que estaban casi en penumbras y Ike no lo notaba. Suspiró aliviada. Su llave estaba en los bolsillos delanteros del suéter —. Ya la encontré. —insertó la llave en la rendija para abrir sus puerta, pero para su mala suerte, esta no quería abrir.
Por qué a mí, por qué a mí…
—Permítame ayudarla. — entonces Ike extendió su brazo para tomar la tarjeta. Al momento de acercarse, el olfato de Zelda fue embriagado por su perfume. Un aroma masculino y exquisito, que bien la pudo dejar babeando de por vida. Inhalo nuevamente, perdiéndose en aquella fragancia.
Tanto fue su embelesamiento, que ni si quiera se dio cuenta que ya había abierto la puerta. Se sonrojó fuertemente, rezaba porque no la hubiera visto. Sus miradas se encontraron y una sonrisa escapó de los labios de Zelda, contagiando a Ike. El de cabello azul no entendía, ¿Qué era esa emoción que ella le contagiaba? ¿Por qué de la nada comenzó a sentirse nervioso?
—Muchas gracias…— tomó la iniciativa la de cabello café, volviéndole a dirigir la mirada, topándose con unos ojos como los suyos—. Por el café… y por la charla de hace rato— finalizó casi en un susurro.
—No me tiene que agradecer nada. El placer fue mío—al tiempo en que terminaba de hablar, el de cabello índigo le extendió la mano, en forma de despedida. Zelda la tomó, y recordó aquella sensación que le provocó cuando le tomó de la mano por primera vez. Fue la misma sensación que estaba experimentando ahora. Acogedora, cálida. Una corriente eléctrica que recorría todo su cuerpo.
Después de soltarse, solo se pudo escuchar un tímido "Adiós.." por parte de la cabello café, cerrando así la puerta sigilosamente.
El de cabello azul observó por un rato más la puerta por la que esta se había ido, sonriendo inconscientemente. Metió las manos en sus bolsillos y emprendió su camino por las escaleras.
Ambos sabían que esas vacaciones se tornarían más interesantes.
...
...
...
¡Hasta aquí el capítulo cinco!
Cómo verán, ya se están dando las cosas por aquí, ¡Hasta yo me emocioné cuando re-leí el capítulo! En verdad, lamento la horrible tardanza, pero ya se dan una idea de más o menos por qué, muy apenas he podido dejar unos cuantos reviews en algunos fics. ¡La escuela me trae loca! De puro milagro, hoy me dio tiempo para terminar este capítulo.
Nunca he esquiado, pero me encantaría hacerlo algún día. No me maten por poner a el trío ese como metrosexuales xd Tengo mis razones (¿?). No sé, creo que tengo un ligero trauma con lo de la leche Lon Lon. Hace meses que vi un envase de vidrio con la etiqueta que todos conocemos, y con leche en su interior. ¡Cómo me encantaría probarla!
Agradezco, con mucho amor, a:
AlexLopezGua
Ayano Smash
Sekmeth Dei
Sugar5star
¡Me motivan a seguir escribiendo, y hacen feliz a una servidora!
Por cierto, les iba a pedir un grandísimo favor… si alguno sabe de consejos o tips para mantener la paciencia… ¡Estaría infinitamente agradecida si me los brindaran! Si bien soy muy paciente, últimamente se me está acabando más rápido…
¡Ya saben, se agradece cualquier tipo de review nwn y cualquier horror de ortografía que se me haya ido, también son libres de escribirlo!
Zeldi-chan de hyuuga
Domingo 20 de Octubre del 2013
