Disclaimer: Los personajes del Smash Brothers utilizados en esta historia no son míos, si no de la compañía Nintendo y/o sus respectivos creadores. No obtengo ningún beneficio monetario con esto, mi único propósito es el de entretener. Lo único que es mío, es la trama.

Aclaraciones al final.


.~Un Nuevo Comienzo~.

CAPITULO VI

Nuevos Sentimientos

por Zeldi-chan de hyuuga


Su sonrojo era perceptible a kilómetros de distancia.

Esperó un rato más en la puerta, oyendo pasos en el corredor alfombrado, que cada vez se hacían más imperceptibles, indicando que este ya se había ido. Inmediatamente se miró en el espejo, podía sentir como su corazón latía desbocado en su pecho y como sus mejillas aún no dejaban de poseer un color como el rubí.

¿Qué era lo que sucedía? ¿Por qué se había puesto nerviosa de la nada? Claro, siempre se ponía nerviosa al estar con cualquiera persona del sexo opuesto, excepto por Marth, Pit, y sus demás compañeros; Pero, en este caso, simplemente no entendía.

Desde que se mudó a Delfino City, muchas cosas cambiaron, no solo en su vida, sino también en ella misma. Pasó de ser una muchacha decidida y con carácter, a una joven tímida y torpe. Sus estudios no se vieron afectados en lo absoluto, pero su forma de ser se distorsionó completamente.

Mientras sus pensamientos divagaban en algún lugar de su confundida mente, se dispuso a cambiarse su pijama de pingüinos, con el que Greil la había visto unos días atrás. Sabía que nunca debió comprarla en aquella tienda de rebajas.

Al estar en cama, giró su cuerpo, quedando sobre su lado derecho. Sus ojos se fueron cerrando hasta quedarse dormida. Esta vez, no le fue difícil conciliar al sueño, sentía que podía dormir por muchas horas más.

Un cosa que no le sucedía desde que sus padres fallecieron.

...


Al abrir sus ojos y al escuchar el despertador, se dio cuenta de algo.

Durmió tranquilo.

No tuvo pesadillas. Tampoco tuvo ataques de ansiedad estando dormido, no se la pasó horas pensado mientras giraba sobre toda la cama, tratando de dormir por lo menos unas horas, como usualmente le sucedía en su hogar. Nada, nada de eso sucedió. Y, en verdad, se sentía muy bien. Ese día, se levantó de su cama con una sonrisa, a pesar de haberse acostado a las cuatro de la mañana.

Ese había sido uno de los mejores sueños de su vida.

Antes de darse un baño caliente, observó su mano, con la que se había despedido la noche anterior. Media sonrisa se formó en sus facciones, otra vez sentía ese cosquilleo extraño en el área del abdomen, como si de una corriente eléctrica se tratase. Nunca antes lo había sentido, no de esa manera. Tal vez el día anterior que fueron a esquiar, el efecto de la adrenalina con la emoción era algo parecido a eso. Sin embargo, había algo que lo hacía diferente, más no sabía que era.

No tuvo más opción que ir a la ducha y que el agua caliente aliviara sus pensamientos.

Al tiempo en que abría la puerta y secaba su cabello, dejando escapar todo el humo del baño, escuchó un ligero toque en la entrada de su alcoba. Elevó una ceja confundido, al tiempo que buscaba una camisa en su armario.

Soy Link, Ike.

—Ah, pasa, está abierto—concluyó, mientras se terminaba de ponerse una camisa de manga larga color azul, su color preferido. La vestimenta de Link no era muy diferente a la suya: una camisa manga larga color verde, jeans y calzado café. —Buenos días, Link.

—Buenos días Ike— saludó amable, tomando lugar en el sillón individual—. ¿Listo para el desayuno? En verdad muero de hambre.

—Somos dos— continuó Ike, atándose su singular banda azul en la frente.

—Oye, por cierto, ¿Recuerdas en la cena del primer día, que mencioné a un amigo mío? Su nombre es Roy.

—Roy…— dudó unos instantes, terminando de anudarse su banda. Recordó que había preguntado por él con la joven Aran, suponía que se refería a ese Roy—. Oh si, si lo recuerdo.

—Bueno, hoy llega a la residencia. Es un buen amigo mío. Te lo presentaré más tarde, llega como a las cinco.

—Claro— asintió el de cabello azul. Si mal recordaba, la señorita Aran mencionó algo de una firma de abogados. Debía ser alguien muy importante entonces.

Sin más que decir, ambos tomaron lugar fuera de la habitación para bajar a comer.

...


—¡Oye Zelda!

—¡Eh, mande!

—Estas muy distraída… ¿Te sucede algo? — esa había sido la voz de Pit, quién había llamado a Zelda tres veces y esta estaba perdida en sus laureles.

—No, Pit. Claro que no— aclaró la susodicha.

—¿Si has dormido bien? — preguntó Marth uniéndose a la conversación.

—Si, si lo he hecho— respondió con una inusual sonrisa. A pesar de haber dormido unas pocas horas, era como si hubiera dormido toda una vida.

Desde que llegó al comedor con sus compañeros, comenzó a formarse un gran nudo en su estómago. No era por el hambre ya que, habiendo acabado de comer, esa inquietud aun prevalecía en ella. Sus ojos estaban perdidos en algún lugar de su chocolate caliente, en lo que Pit le terminaba de relatar algo a su amigo de cabellera azul. El clima de afuera lucía espectacular por los enormes ventanales. Estaba sumida en su mente, hasta que algo entró por el marco del comedor.

Tuvo que desviar la mirada, evitando a toda costa que una sonrisa patosa se formulara en su rostro. Su corazón comenzó a latir rápido. El otro no interceptó su mirada, pero desde que entró sus azules ojos se vieron a la tarea de buscar a la persona con la que había pasado parte de la madrugada. Al verla, ligeramente sonrió, hasta llegar a la barra para ver que comerían en esa mañana. Link tomó un empaque de leche y unos waffles e Ike su indispensable café y unas rebanadas de pan con mermelada. Se dirigieron a la mesa estilo café en la que se sentarían, la cual no estaba sola.

—Buenos días— dijeron los recién llegados al unísono, al tiempo en que se sentaban.

—Buenos días— respondieron de vuelta, cada quién a su estilo.

— Link, Roy me envió un mensaje. Dijo que llegaría hoy, cerca de las cinco— habló la rubia de coleta alta, quién no había dejado de observar a su nueva conquista.

—Muchas Gracias— sonrió Link—. También me envió un mensaje diciéndome lo mismo.

—¿Ya le avisaron a Peach?

—Me supongo que él le debió haber dicho. De todos modos, eso es lo de menos. Hay que verificar que llegue con bien.

Lucario también estaba en la mesa. Sin embargo, estaba más entrado en su teléfono móvil.

—¡Ei Zelda!, ¿Escuchaste eso?

—¿Qué?...

—¿No estas prestándonos atención? — inquirió el de cabello café, fingiendo estar ofendido. Las mejillas de la de ojos azules tomaron un color carmín. Había estado intentando mirar hacía la mesa de su derecha, sin mucho éxito. Lucario le estaba tapando parte de la visión

—Roy viene a tomar las vacaciones con nosotros— evidencia Marth con su característica sonrisa.

—¿De veras? — pregunta con ligero asombro —. ¿No se supone que estaba ocupado con la firma de abogados de su padre? Después de todo él es el sucesor.

—Sí, pero recibí un mensaje de texto de él— Marth saca su móvil de su fina gabardina color negro, desbloqueando este e yendo a la sección de mensajes. Se lo extendió a Zelda para que lo tomara, comenzando a leer:

¡Hola Marth! ¿Qué tal todo por allá?

Tengo buenas noticias. ¿Recuerdas que no los pude acompañar por la reunión de mi padre? Al parecer todo volvió a la normalidad. Llegaré hoy en eso de las cinco de la tarde a la mansión de Peach. Ella ya sabe, solo es cuestión de llegar.

¡Envíameles un saludo a Pit y a Zelda!

Al terminar de leer, Zelda sonrió. Muchos pensaron que no llegaría para pasarla aquí en la mansión para navidad. Su padre, el reconocido abogado Eliwood Zephiel, tuvo un asunto de suma emergencia, obligando a partir una semana— o más— fuera de Delfino City, al lugar natal de él y su hijo: Pherae. Era un alivio que todo haya salido como lo planeado.

—¡Yo quiero leer! — Exclamó Pit, por lo que Zelda le entregó el móvil a Pit, que inmediatamente leyó—. ¡Nos envió saludos! Que considerado de su parte… Ojalá nos haya traído un algo de Pherae.

Zelda y Marth rieron ante el comentario de Pit. No se percataron que otro de cabello azul los miraba entretenidos, ajeno de lo que estuvieran hablando sus otros compañeros de mesa.

...


Eran pasadas del medio día y solo una cosa podía rondar en la mente de algunos: La llegada de Roy.

La mayoría, si no es que todos, sabían que ese día llegaría a acompañarlos, solo que algunos eran mejor expresando sus emociones que otros. El más ansioso de todos era Link, su más fiel compañero de bromas y una que otra travesura. Cualquiera podía notar que el rubio era el más emocionado, inclusive Ike lo podía ver, y este ni si quiera lo conocía. Bueno, si era amigo de Link, era bienvenido a serlo también de él.

Faltaba cuarto para la una y muchos se habían ido a sus habitaciones o a la enorme sala de entretenimiento, que incluía un billar, una pista de bolos y un mini bar. La mayoría sin duda estaba ahí.

En la sala de estar, en cambio, se encontraban el ávido rubio, junto con Ike, Samus, Lucario y Peach, disfrutando de una taza de chocolate caliente mientras conversaban, frente al fuego de la chimenea que daba calidez al ambiente.

—¿De dónde dices que eres, Ike? —inquiere la rubia de enormes ojos azules y de prendas, en su mayoría, color rosado, tomando de su taza de chocolate, igualmente rosa.

—Soy de la ciudad de Crimea, de Tellius.

—¡Vaya! ¿Y es un lindo lugar?

—Muy lindo— aclara con una sonrisa, y prefirió cambiar de tema rápidamente—. En verdad le agradezco que me haya considerado para venir aquí, pensé que por ser nuevo no estaría…

—¡Para nada pastelito! — exclama con su voz aguda, dejando su taza en la pequeña mesita frente a ella—. No tienes que agradecer nada. La invitación fue en general. ¿Cómo te ha parecido todo?

—Más que excelente. Su residencia es, por mucho, una de las mejores que he visto —aclara sincero el banda en la frente, la rubia ría divertida.

—¡Muchas Gracias! Ya me estas cayendo bien— finalizó con un giño de ojo, lo que le causó un sonrojo al de cabello cobalto y una estruendosa risa a la rubia—. ¡Pero qué mono!

Desde el otro lado de la pequeña mesita, estaba Samus sentada junto a Lucario, observando con mirada seria cómo estos dos conversaban. Lucario estaba perdido en un nuevo libro de pasta azul. La mente de la de ojos azules trataba de descifrar como podía llamar su atención. Por un lado, ignoraba completamente como ella lo trataba de "conquistar", lo que le daba la ventaja que, a su vez, también podía tomar como desventaja.

No obstante, la perfecta vista que tenía de él le era imposible pensar racionalmente. La camisa manga larga azul lo hacía resaltar bastante entre todos sus compañeros, ¡Sin mencionar lo alto que era!, es decir, ella era una de las más altas, incluyendo de los hombres. Orgullosa podía decir que su altura era de un metro setenta y cinco centímetros; Ike fácilmente podía medir un metro ochenta y cinco centimetros

—Recuérdame regalarte un babero para Navidad—la voz rasposa de Lucario la trajo de nuevo a la realidad, haciendo que su compañera se sobresaltara.

—¡Eres un…!— en verdad que le costó mucho contenerse de la grosería que le fuera a decir a su pálido amigo. Solo porque Ike estaba frente a ella, si no, tenía una larga lista de palabras anti sonantes de donde escoger.

Poco a poco, se escucharon unas voces provenientes del pasillo, en dirección a la estancia.

¡Les digo! ¿No sería genial salir a jugar en la nieve?...

Tal vez en otra ocasión, Pit…

Al llegar el trío, se dieron cuenta que la sala de estar ya estaba ocupada. De hecho, su primera opción había sido la sala de entretenimiento, pero más de uno ya estaba usando el mini bar y literalmente se estaban matando por jugar billar. Si querían permanecer vivos y en una pieza, lo mejor era salir de ahí. La segunda opción era salir a la nieve a matar tiempo, pero el clima estaba más frio de lo usual, así que quedaba descartado.

—¡Postrecitos! —exclamó la dueña de la mansión a los recién llegados, quienes fueron observados inmediatamente por los ya presentes. Se puso de pie y se dirigió a ellos. Ahí fue cuando Samus percibió una oportunidad, ya que su rubia amiga ocupaba el asiento a un lado de Ike, y ahora estaba libre. Sin hacer mucho escándalo, se levantó y camino alrededor de la mesa pequeña.

La mirada azul de la de pelo castaño se encontró con la mirada color índigo de Ike, causando una reacción de cosquilleo en ambos, uno de los dos tuvo que ceder la mirada, por lo que Zelda lo hizo. Ni si quiera este se había dado cuenta que el lugar de Peach ahora lo había tomado Samus. Esta última tuvo que contener su sonrisa.

—¡Hola Peachy! — vociferó de regreso el angelical joven. Esos eran los únicos dos que podían hablar de forma melosa y no se les era juzgados. Marth y Zelda se limitaron a un tímido "Hola".

—¡Qué bueno que llegaron! Justo ahora estamos tomando chocolate caliente. Vamos, siéntense. — ni si quiera tuvieron tiempo de argumentar porqué Peach les dio un empujón por la espalda, obligándolos a adentrarse más al cuarto, al menos a los últimos dos.

Los sillones eran grandes, largos y muy hermosos. Pit se les adelantó y se sentó a un lado de Link, y Marth en seguida de Pit. La de enormes pendientes azules tomó lugar a un lado de Ike, el pobre estaba en medio de dos rubias. Tuvo el ligero sentimiento de sentirse acosado. La última no encontró lugar disponible, el único que quedaba era a un lado de Lucario. No tuvo de otra y tomó asiento ahí, esperando no incomodar a su acompañante. Link estuvo a punto de ofrecerle cambiar de lugar, pero no quería que Lucario pensará mal de él. Además, el de ojos rojos era serio, no tenía por qué preocupase.

Por otra parte, La de coleta alta estaba emocionada a más no poder. ¡Estaba a centímetros del bombón de nuevo ingreso! Bueno, así decidió nombrarlo: Bombón. Sentía como sus manos empezaban a sudar y su respiración era temblorina. Si tan solo estuvieran ellos dos solos…

—¡Pero qué tonta soy! Olvide las tazas de chocolate caliente — la voz de Peach los hizo sobresaltar, ya que todo estaba en silencio. Decidida, esta su puso de pie—. Zeldi, ¿Me ayudarías a llevarme las tacitas y traer otras, por favor?

—Claro, Peach— la susodicha sonrió amable, levantándose igualmente. Ambas comenzaron a recoger las tazas, todas de diferentes colores, como no queriendo la cosa. La de color rojo era de Lucario, la anaranjado de Samus, la verde de Link y, por último, la azul de Ike. Zelda tomó las dos primeras y Peach las dos últimas, saliendo por el pasillo y dirigiéndose a la cocina.

Ya en esta, dejaron las tazas sobre el granito importado que cubría toda la cocina, junto con todo el resplandor de la misma. A unos metros de esta, había un aparato especial para calentar y hacer chocolate, parecido a una cafetera, solo que este era más grande. Peach buscó en uno de los tantos gabinetes de metal, abriendo una puerta, dejando ver las miles de tazas de colores que en este había.

—¿Qué color te gusta más, Zelda? —preguntó la rubia antes de tomar alguna de estas.

—Ehm… morado— respondió, mientras observaba como Peach sacaba una taza de color mencionado.

—¿Sabes que colores son los favoritos de Marthy y mi querido postrecito? — inquirió de nuevo.

—El de Marth es azul celeste, y el de Pit es amarillo— contesta la de cabello café, intuyendo que el último por el que preguntó era Pit, y así fue. Sacando otras dos tazas de los colores dichos.

Ambas fueron hacia el aparato para servir chocolate caliente, que consistía en presionar un botón y sola se llenaba de aquel líquido. Peach tomó las primeras indicadas, y las fue llenando una por una, luego tomó las demás e hizo igualmente lo mismo.

—Oye Zeldi.

—Dime Peach— acudió Zelda. Antes de que la rubia hablara, esta echó in vistazo sobre su hombro, como si verificara que no fuera a llegar nadie. La de cabello café se sintió confundida.

—¿Te puedo preguntar algo? —su llamativa voz se convirtió a un susurro—. Pero que quede aquí entre tú y yo.

—Claro, ¿Qué sucede? —preguntó con una sonrisa. Era raro que ella le hiciera preguntas, a menos de que fuera algún proyecto escolar.

—¿No crees que el de nuevo ingreso es un todo un bizcocho? —la pilla mirada de Peach y el tono voz que había hecho que las mejillas de Zelda tomaran un color escarlata. La imagen mental de Ike se aprisionó de su mente—. ¡Vamos Zeldi! No me negarás que es todo un galán.

—Pues…—Si bien el argumento de Peach no era falso, tampoco no lo iba a admitir abiertamente, como usualmente lo hacían las jóvenes de su edad. Sí, era muy apuesto, uno de los más gallardos que había visto en su vida y, cada vez que lo veía desde aquella platica en la madrugada, le causaba una especie de extraño pero lindo cosquilleo en el área del estómago. Suponía que eso era normal en esa etapa. Y por eso, obviamente no lo iba a decir en voz alta. Prefería guardárselo para sí.

—Disculpen, ¿No necesitan ayuda? — la entrada de Marth a la cocina había roto esa burbuja entre Peach y Zelda, y que la última agradeció mentalmente.

—Claro, Marth, que bueno que llegas. Puedes llevarte estas tazas si quieres. Cuidado que está caliente.—concedió la rubia como si antes de eso no estuviera hablando de nada importante —. La azul celeste es la tuya, y la amarilla es de Pit.

—Tan colorida como siempre, ¿Verdad, Peach?

—¡Claro terroncito! —asintió con una gran sonrisa. El de cabello azul salió fuera del recinto, dejando nuevamente solas a las mujeres. La de cabello café tomó dos recipientes al azar, lo que quería era salir de allí y dejar la conversación anterior como un recuerdo. Siempre se ponía nerviosa con cualquier cosa que le preguntaran.

A mitad de camino, analizó que tazas había agarrado, comenzando a sentir su cara arder.

Una era color verde.

Y la otra era azul marino.

Estuvo a segundos de regresarse y cambiar los recipientes que había tomado, pero la rubia se daría cuenta de su nerviosismo, preguntándole quizás el porqué de su comportamiento. Aunque, siéndose sincera, ni si quiera ella sabía la forma en la actuaba. Sus manos empezaron a temblar, tenía que dejar de hacerlo, si no derramaría todo el líquido caliente. Debía tranquilizarse, eran solo unas tazas, ¿Qué tenía de malo? Lo único que tenía que hacer era dársela y procurar no caerse en el intento.

Iba debatiendo su ajetreo mental hasta llegar al recinto de donde los demás se encontraban. Bien, lo único que podía concebir era no tropezarse con la hermosa alfombra color rojo y no mancharla con el líquido. Al primero en entregarle la de color verde era a Link, que respondió un "Gracias, Zelda".

Si alguien no había dejado de mirarla desde que salió del lugar, fue la alta y esbelta rubia de coleta alta. No tenía nada en contra de su persona, era la familiar de uno de sus amigos, pero debía mantenerse en la situación si quería que Ike fuera suyo.

El antes mencionado percibió que el otro recipiente que tenía era el suyo. Después de entregárselo a su amigo de orejas puntiagudas, se dirigió hacia él y se lo extendió, acompañado de una sonrisa.

—Aquí tiene— esa había sido la voz de Zelda, seguido de un sonrojo de parte de ella. Instintivamente el de cabello azul sonrió y tomó la taza de su color favorito.

—Gracias, Zeda.

—¡Quién quiere más chocolateeee! — exclamó la ya conocida entrando a la sala, alzando dos tazas con evidente emoción, casi vertiendo el chocolate al suelo. Sus botines con tacones resonaron en bello suelo de madera—. Uno para Samus— le extendió el vaso con agarradera naranja a Samus, quién se limitó con un "Gracias" —. Otro para mi querido Lucky— Link, quién había estado tomando chocolate, se vio obligado a regresar la bebida a la taza en señal de burla hacía Lucario. El susodicho solo pudo sonrojarse. Nunca haría entender a Peach que prefería que lo llamara por su nombre—. Y tu taza Zeldi, la dejaste en la cocina.

—Oh, Muchas Gracias, Peach— La rubia le extendió su recipiente morado y esta lo tomó. Bueno, todo había salido como esperaba.

Ahora solo quedaba esperar a aquel personaje de cabello rojo que llegase.

...


Lo que había sido una reunión de espera, ahora era un reunión de jóvenes con semblantes preocupados. Se habían saltado la comida para esperar a Roy, pero ya eran casi las ocho de la noche, y este no había mostrado señales de estar llegando hacía la gran casa.

El rubio observó su reloj de muñeca. Cuando dieron las cinco treinta, tuvo que relajar su mente y pensar que solo era un retraso, ni si quiera él era tan puntual. Pasadas las seis, la rubia de enormes ojos y grandes pendientes le envió un mensaje de texto, del cual no hubo respuesta. Entradas las siete, Marth, Pit y Samus intentaron localizarlo con una llamada de sus móviles. Ninguna obtuvo respuesta.

Ahora, ya eran las ocho quince, y seguían sin rastro de él. Más de uno pensó que hubiera podido ser una broma de Roy, conociendo lo bromista que usualmente era. Sin embargo, cuando de su padre se trataba, sabían que hablaba en serio.

—¿Están seguros que Roy mencionó el día en que llegaría? Tal vez cometió un error…— La voz de Pit los trajo a la realidad.

—No, querido. Estoy segura que dijo hoy— aseguró Peach. El mensaje que recibió tenía fecha de hoy en la mañana.

Y, como si de una película de suspenso se tratase, un celular con tono de llamada entrante hizo eco en toda la estancia. La de cabello café se sobresaltó, su móvil era el que estaba sonando en su bolsillo. Con más de una mirada sobre de ella, tocó en la pantalla en recuadro verde para responder. Lentamente, colocó el auricular en su oído. Ni si quiera se detuvo a observar quién la estaba llamando.

—… ¿Diga?

—… ¿Zelda?

—¿Roy? —Los que habían retirado la mirada, voltearon sorprendidos a verla.

Yep, el mismo.

—¡¿Es Roy?! — el primero en acercarse fue Link.

—¡Gracias a Palutena! ¡Que dice, que dice!

—¡Mi cerecita al fin respondió! — de un saltó se levantó del sofá y, de paso, asustó a Ike.

—¡Shh! ¡No dejan oír! — exclamó el pariente de Zelda, pegando su puntiaguda oreja al lado contrario del móvil de Zelda, Pit a un lado de Link y Peach de la misma manera. La de cabello café sentía que se sofocaba.

Qué alivio, pensé que no podría contactarlos…— la voz de Roy sonaba más calmada. — El vuelo de Pherae a Delfino City se retrasó dos horas, es por eso que no he podido llegar allá. ¿Cómo han estado?

—¿De veras? Qué pena en serio… Estoy muy bien, ¿Tu cómo has estado?.

—¡Dile que se deje de formalidades, y me diga por qué no contesto las últimas cinco llamadas que le hice! — demandó Peach, haciendo una especie puchero. Todos conocían que no debían hacer esperar a la rubia, a menos de que quisieras recibir un sartenazo de parte de ella.

—Ehm… espera— murmuró nerviosa la dueña del móvil, miró la pantalla, buscando el recuadro de alta voz y lo presionó, alejando este para que pudieran escuchar todos. Una carcajada se escuchó del otro lado de la línea.

No te preocupes, ya la oí. Mi teléfono móvil se quedó en mi apartamento, estoy usando otro de repuesto por ahora, tal vez por eso no reconociste la llamada… ¿Peach escuchó esto?

—¡Fuerte y claro compañero! — Vociferó la rubia—. ¿Cuándo llegarás a la mansión, dulcecito? ¡Estamos todos esperándote, y yo muero de hambre! —otra risa de Roy se escuchó en la estancia.

—¡Hola Roy! ¡Ya quiero que llegues acá! — saludó el pequeño castaño de cara angelical, hablándole al teléfono.

Hace un frío del demonio, ¿Sabes? No tardo nada, ya estoy en camino… ¿Qué tal se la han pasado?

—¡Muy bien Roy! ¡Ya esquiamos y…!-

Ajenos a la conversación, las otras personas presentes miraban la escena de sus compañeros. Ese joven de cabello rojo era muy querido por todos, o eso fue lo que pensó Ike, viendo como el semblante de su amigo cambió drásticamente al oír la persona quién llamaba. Hasta Lucario había dejado su libro de lado, intentando no ser pisado por los otros emocionados.

Samus, al ver a todos distraídos, no vio más que una oportunidad para poder estar con Ike. Si, también estimaba a Roy, pero prefería ahora concentrarse en la persona que tenía a un lado. Luego le agradecería por haber creado la perfecta distracción, nadie estaba mirando, así que… ¿Por qué no?

—Lucen bastante emocionados, ¿No lo crees?— habló la rubia, tratando de regular su tono de voz, acercándose un poco más hacia él. Este volteó a verla.

—Sí, bastante— secundó el de cabello azul, recargando sus codos en sus rodillas —. ¿Es amigo tuyo?

—Claro que lo es. Te caerá bien cuando lo conozcas, es muy simpático— Aprovecho su despiste para acercarse un poco más hacia él. Sus rodillas casi estaban juntas. Su corazón latía rápido, y se recargo en el respaldo del sillón. Lástima que Ike seguía recargado en sus rodillas. Rezaba por que también se recargara y quedar hombro a hombro con él.

Los pucheros de Samus ciertamente le daban risa a Marth, quién llevaba viéndolos un rato. No llevaba ni la semana aquí y la rubia de coleta alta ya lo quería para ella. Ojala no hubiera riñas entre ella y Peach más adelante, ya que la otra rubia de prendas rosas también le estaba echando el ojo. Lucario solo los miraba de lejos.

Bien, no creo que tarde mucho en llegar. Creo que puedo ver tu mansión a lo lejos, Peach. — habló Roy, aún en altavoz.

—Te esperaremos aquí mismo— habló Link, despegándose de móvil.

—¡No tardes que muero de hambre! — exclamó Pit.

Si, si. Lo sé.

—Hasta luego, Roy— se despidió Zelda, agradeciendo que sus compañeros al fin la dejaban respirar. Estaba a punto de tocar el botón de 'Finalizar llamada.'

Hasta luego princesa. — Después de eso, colgó el de la otra línea. Esa última frase no pasó desapercibida por nadie de la sala. La de cabello café tenía sus mejillas ardiendo y su con-sanguíneo pariente estaba en las mismas, pero bueno, era Roy de quién estaba hablando.

—Idiota— murmuró Link, divertido.

—¡Oww, mi dulcecito esta celoso! —habló la escandalosa voz, seguido de un abrazo de oso por parte de Peach hacia Link. Pero dos abultados montículos lo estaban ahogando.

—Pe-ach… no…. respiro…— trató de argumentar Link, con el aire que le queda.

—¡Oh, lo siento terroncito! — y solo así, la rubia lo soltó de su amoroso agarre.

No pasó ni media hora, antes de que alguien tocara el timbre. Ya eran las nueve.

—Debe ser Roy— acto seguido, Link se puso de pie, cruzando la estancia, tomando camino hacia vestíbulo de la mansión.

—¡Ya llego Roy, Peachy! — Ambos, Pit y Peach, salieron tal cual rayo fuera de la sala, saliendo al rubio de suéter verde.

Ike y Marth se levantaron después de unos segundos, seguidos por la de pelo castaño, la alta rubia y el de ojos escarlata. Mientras caminaban, Samus trataba de seguirle el paso a Greil, no quería perderlo de vista. Lucario suspiró pesadamente, y Marth y Zelda rieron bajito.

Llegando al vestíbulo, Link mantenía a una persona pelirroja en un abrazo amistoso, para después separarse. El otro grupo se incorporó a ellos, mientras Peach le dio un ya conocido abrazo de oso. Jurarían que casi lo levantaba del piso al pobre pelirrojo.

—¡Te mataré por hacernos esperar a todos! — reclamó la dueña del abrazo al de cabello color carmesí.

—¿Qué? ¡Pero si no fue mi culpa!

En lo que llegaba, Ike observaba al recién llegado. Era alto, pero no más que él, casi de la misma estatura de Link. Su principal característica era su cabello rojo. Tenía ojos azules y lucía casi como un adolescente. En realidad, se parecía mucho a Pit, bien se podría confundir como su hermano. Vestía un gran abrigo color azul, bufanda, jeans y botines negros, y venía junto con sus otras dos maletas.

—Oye, Roy— habló Link—. Quiero que conozcas a Ike. Estará con nosotros a partir de ahora. —El susodicho volteó su mirada, en busca del nuevo integrante, divisándolo a un lado de Samus.

—Un placer, Roy. Soy Ike Greil — El de cabello cobalto le extendió una mano, que el recién llegado tomó con mucha alegría.

—¡Vaya! Tú debes ser Ike — estrechó su mano—. ¡Mucho gusto! Mi nombre es Roy Zephiel. — Soltándose de su agarre, sonrió mostrando su perfecta dentadura blanca—. Cualquier amigo de Link es amigo mío.

Acabando el saludo, prosiguió a saludar a Lucario, que si bien este le extendió la mano, Roy prefirió darle un abrazo, de esos conocidos como "truena-costillas".

Al llegar el turno de Zelda, la de ojos azules le brindó una sonrisa.

—Hola, Roy.

—¡Zelda! — exclamó Roy, rodeándola con sus brazos y haciendola girar en el aire, gesto que sorprendió mucho a la de cabello café, y casi dándole taquicardia al rubio. Al regresarla al piso, no dejaba de abrazarla —. ¡Te extrañe mucho!

—Sí… yo igual, Roy— argumentó la aturdida joven. No era nuevo que cada vez que la viera, reaccionara de esa manera. Ella no lo veía raro, pero su primo, y a veces su hermano, lo miraban con ojos inquisitivos. Y, sin que nadie lo notara, otro personaje de cabello azul se les unió. Intento disimular su mirada, pero por una razón le fue imposible.

Después de eso, nadie dijo nada, solo ayudaron a Roy con sus maletas y salieron del vestíbulo.

Llegaron justo a tiempo para la hora de la cena. Al ver al recién llegado, colectivamente muchos otros se levantaron de sus lugares a saludarlo. Como veía Ike, el de cabello color rubí era muy querido por todos, sonrió por eso.

Si era sincero, en esta ocasión si moría de hambre. Se habían saltado la comida por esperar a Roy, hubiera quedado como mal amigo si le hubiera dicho a Link que prefería ir por algo de comer. Fue a la barra y tomó unos panes dulces. No obstante, en vez de tomar su taza de café diario, extrañamente prefirió tomar un vaso de leche. El usualmente no tomaba leche, solo que en esa ocasión tuvo una repentina necesidad de tomarla.

Tomó asiento en una mesa vacía, que luego fue rellenada por sus conocidos amigos y otros que todavía no conocía muy bien, hasta juntaron varias mesas más para que todos pudieran estar juntos. Suponía que era una especie de Fiesta de Bienvenida para el pelirrojo. Le alegraba mucho observar aquel ambiente.

Conoció a uno que otro integrante de la mesa. Uno de ellos fue un joven de cabello cobalto— Se acababa de dar cuenta que predominaba mucho el azul entre los hombres— de peinado mohicano, con pequeños destellos rojos en su pelo, ojos azules y era bastante gracioso. Su nombre era Falco Lombardi, sucesor de una compañía de aviación. El otro fue Fox McCloud, sucesor de una misma compañía pero, a diferencia del otro, este poseía rubia cabellera ocre, con ligeros destellos blancos, y ojos verdes. También conoció a un tal Kirby, un joven con ligera apariencia delicada, arrematando el hecho que tenía pelo rosa, muy comelón, aunque bastante agradable. Hubo otros dos con los que paso la mayoría de la cena, eran menores que él, pero eran simpáticos. Uno tenía ojos color ónix y pelo del mismo color, a diferencia de su compañero que tenía rubia cabellera y ojos azules. El primero se llamaba Ness Thunder, y el segundo Lucas Flint.

A pesar de estar pasando una amena reunión, conociendo a sus nuevos compañeros, hubo algo que le dejó un mal sabor de boca. No era común en él mismo que cambiara de actitud. Sólo, le resultaba extraño, quizás solo era preocupación.

Desde que habían empezado la cena, Roy no se despegaba de Link. Ni de Zelda. Todos notaron como la saludo en el vestíbulo. En cierto modo, se sintió reemplazado, o eso era lo que él creía. Una risa se escuchó en el comedor, llamando la atención de Ike. Había sido Zelda, quien aparentemente se estaba riendo de algo que Roy había dicho. Le dio un pequeño retorcijón en el área abdominal.

—¿Crees que Roy llegue a conseguirlo? — habló Ness, dirigiendo su mirada a su inseguro amigo, quién casi no había comido nada.

—¿De qué hablas, Ness? — inquirió Lucas, apenas mordiendo una galleta, temeroso.

—Ya sabes, de lo que se dice.

—Oh, eso. — el rubio comprendió, prefiriendo no hablar del asunto —. ¿Qué piensas tú, Ike? — el susodicho lo miro, confundido.

—La verdad no sé de qué hablan— admitió apenado el de cabello azul. Lucas y Ness se miraron.

—Te diré, pero esto no lo escuchaste de mí— habló el de gorro invernal color rojo, mirando hacia los lados, e inclinándose para que Ike pudiera escucharlo—. Se rumora que últimamente Roy coquetea mucho con Zelda, al parecer para llegar a algo más que solo amistad… desde hace unos meses— finalizo, volviendo a su posición normal, cruzando los brazos y dejando de susurrar—. Pero ya sabes, sólo son rumores, no podemos afirmar nada.

Lo que le había relatado Ness, no le sorprendía del todo.

—Además— continuó tímidamente Lucas—, s-sí Link se llega a enterar de eso, nada bueno saldría de… la situación y… pues, ya sabes…

—Tranquilos, el secreto está a salvo conmigo. — aclaró con una sonrisa.

—Gracias, Ike— esa fue la voz del pequeño Lucas, brindando una aliviada sonrisa, mordiendo otra galleta.

Acabada la reunión, Ike se despidió de Ness y Lucas con un saludo de manos. Iba en dirección al elevador, hasta que este se abrió y otros venían tras de él.

—¡Oye Ike, espéranos! — giró en su llamado, observando a Link y a Roy, junto a las maletas de este.

—Claro, ¿Necesitan una mano? — se apresuró a tomar una de las maletas color naranja chillón.

—¡Gracias, Greil! —agradeció el pelirrojo, entrando todos en el ascensor.

—¿Qué habitación te dio Peach, Roy? — preguntó Link

—La 141— respondió, mostrando una brillante sonrisa y su tarjeta del cuarto—¿En qué piso están ustedes?

—Estamos en el mismo piso— confiesa el rubio— La mía es la 140, y la de Ike es la 145.

—¡Wujuu! ¡Esto me huele a desvelada de chicos! —exclama feliz Roy, al momento en que presionaba el botón con el número 4, y las puestas de este se cerraron. El elevador comenzó a subir. —Oye Link… te quería preguntar algo.

—¿Qué, Roy? — inquiere con una sonrisa. Ike estaba en medio de ambos.

—Dime… ¿A Zelda le gustar leer? —pregunta con nerviosismo. Link lo miró serio, y Ike solo escuchaba.

—¿A qué viene la pregunta?

—Pensaba regalarle un nuevo libro, lo compré cuando fui a Pherae— admite llano, con las manos en la nuca— Pero primero quería saber si a ella le gustaba leer. Sólo eso. — El rubio dudó unos momentos.

—…Sí, si le gusta— confiesa, dirigiéndole una mirada sería. Roy solo miraba hacia adelante.

—¡Menos mal! Entonces ya sé qué regalarle.

Quizás el de cabello azulado no decía nada, sus sospechas sobre lo que le contó Ness empezaban a causarle un nudo en el estómago, pero ¿Por qué?... Claro, consideraba a Zelda como una amiga, y una persona que respetaba mucho, sobre todo por ser pariente de Link. ¿Debería considerar el hecho de decirle al rubio lo que se rumoraba? No, definitivamente no. Además de quedar como mal amigo, se lo había prometido a Lucas. Y si había algo que él no rompería, a parte de una amistad, era una promesa.

Al sonar el timbre del ascensor, y al abrirse las puertas, el primero en salir fue Roy, estirándose como un felino, volteando a verlos.

—¿Y bien? ¿Se hará la desvelada de chicos?...

...


—¡Muchas Gracias querida! — exclamó la rubia, exhausta— ¡De no ser por ti no hubiera acabado de limpiar!

—No hay de qué, Peach— sonrió Zelda, recogiendo los últimos platos sucios y apilándolos uno por uno— Es lo menos que puedo hacer, para pagarte por haberme invitado aquí.

—¡Zeldi, no seas así!, eres mi amiga, ¿Cómo no te podía invitar?...

Amiga… — Sin duda alguna, la palabra resonó en su mente varias veces. Se sentía extraña. En realidad, nadie la había llamado su "amiga" desde hace varios años. Sí, tenía muchas compañeras, conocidas, pero nunca una amiga. Sonrió sin que se diera cuenta.

—Pastelito, ¿Dónde están mi pie de moras y mi nievecita? Juraría que hace un momento estaban aquí. —inquirió Peach, mirando hacia todos los dados.

—Si te refieres a Marth y a Pit— responde, agradeciendo por fin el entender cuando hablaba de esa manera—, se acaban de ir a… no recuerdo dónde, mencionaron algo de "Desvelada de hombres."

—¡Pero qué lindo!, ¿No crees que sería lindo hacer una? — opina, terminando de acomodar las sillas— ¡Samus, Jigglypuff, Nana, tú Zeldy y yo! ¿Qué te parece?...

—Suena bastante bien—admite con un gesto— Deberíamos hacerlo un día de estos. — bien, eso le sorprendió de ella misma. Normalmente prefería la soledad de una cómoda alcoba y un buen libro.

—¡Claro Zeldi! Yo les digo cuando lo haríamos, sería en mi habitación para más comodidad.

—Muy bien, Peach… Ahora, ¿En dónde pongo estos platos?

—Ponlos en el fregadero, querida, junto con esto por favor— señalo unos vasos sucios y unos pocos cubiertos dentro de estos. — Tengo que hacer una llamada importante, ¿Me harías ese favor Zeldi?

—Claro, Peach.

—¡Gracias, terroncito! Ahorita regreso. — y así salió de la cocina, El sonido de los tacones de Peach se hizo cada vez más difuso, hasta ya no escucharse nada. Zelda se quedó sola, recogiendo primero la pila no muy alta de platos sucios. La mayoría tuvo la decencia de haberlos puesto en el fregadero, aunque otros simplemente se habían ido a dormir, o hacer quién-sabe-qué cosas.

Caminó hasta la cocina cuidadosamente, hasta llegar al fregador y colocar los platos, de modo que no se aplastara los dedos. Regresó al comedor por los vasos. Sólo tomo dos, ya que eran pesados, y visiblemente frágiles, no quería tropezar y barrer los restos de unos finos vasos como esos. Al llegar y poner los trastos, se preguntó si podía lavarlos de una vez. No tenía nada que hacer, ¿Por qué no?

Pero antes, tenía que regresar por los dos vasos que dejo. Su mirada iba gacha, así que al voltear, inmediatamente se detuvo, encontrándose con otros pies que no eran suyos. Miró rápidamente hacia arriba, encontrándose una penetrante mirada color ámbar.

—Creo que olvidaste esto— habló un muchacho alto, de cabellera plateada, sonriendo de medio lado. ¿Qué se supone que hacía el allí?

—Oh…sí— responde tímida, tomando los otros dos recipientes faltantes, con algo de temblor en sus manos— Gracias… Wolf… me asustaste. — hace notar, a lo que el otro sonríe mostrando su dentadura. Podría jurar que uno de sus caninos parecía un colmillo.

—Lo lamento, no fue mi intención. — admite, metiendo sus manos en su chaqueta oscura. La de cabello café se volteó y coloco los otros vasos en los trastos sucios. O'Donnell la observó de espaldas, sabía que estaba nerviosa por su presencia. ¿Cómo no estarlo? Es decir, era Wolf O'Donnell, él podía tener a cualquier mujer a sus pies —. Oye, Zelda.

—Dime — su voz profunda la hizo ponerse nerviosa. No era como si él y ella hablaran muy seguido.

—Quería pedirte una disculpa, por lo del comedor— habló el de cabello plata, recargándose en el granito, haciendo que Zelda volteara a verlo, confundida y sorprendida a la vez— Wario y yo peleábamos por una mísera pieza de pastel, luego yo lo solté y se fue contra ti. Técnicamente, la culpa fue mía — sonrió, una sonrisa que si bien daba miedo, lo hacía verse más atractivo de lo que ya era —. En verdad, lo siento.

—Disculpa aceptada— sonrió agradecida la de cabello café. Bien dicen que hasta el más malo tiene corazón. Regreso a su labor, tomo la enjabonada esponja y prosiguió con el plato a medio lavar. Al terminar y dejar el plato limpio, su cuerpo fue jaloneado fuertemente, hasta estamparse con algo duro y muy frio.

Había sido la fría mano de Wolf la que hizo eso, acorralándola entre su alta complexión y el refrigerador, a unos cuantos pasos del fregadero. Sus rostros estaban muy cerca…

—¡¿Qué es lo que haces Wolf?! — susurró asustada. Trato de liberarse, pero su intento era en vano, él era mucho más fuerte. Su rostro estaba muy encendido. El de cabello color plateado sonrió arrogante, acortando la distancia entre ambos, pero Zelda giró su rostro, apretando fuertemente sus párpados, como si fuera a recibir un golpe.

Ciertamente, se veía encantadora. Sin duda alguna era hermosa, más de lo que lucía de lejos. Era irresistible aquel rostro de porcelana y esas perlas azules que llevaba por ojos.

Sus fríos labios depositaron un beso en la sonrojada mejilla de su prisionera, haciendo que la joven de mirada azulina se estremeciera. La menor temblaba, y no del frio, sino porque este removió parte de su cabello, poniéndolo detrás de su puntiaguda oreja, susurrándole algo. Si cálido aliento la hizo estremecer de miedo.

Finalmente, la soltó de su agarre.

Dio media vuelta y retomó su camino fuera de la cocina, dejando a Zelda con una gran interrogativa en su mente.

¿Por qué hizo eso?

Ella no le había hecho nada malo, ¡Si quiera le hablaba!

Tocó el lugar dónde la había besado. Ningún otro hombre que no fuera su hermano, o Link, la había besado en su vida, en la mejilla claro está. Por mucha vergüenza que le costase admitirlo, nunca había besado a nadie… en los labios. Seguía sin dar su primer beso.

Aturdida, y algo nerviosa, siguió con la labor de la que había sido interrumpida. Tomó la esponja y prosiguió con los cubiertos sucios, como si nada hubiera pasado. Sin embargo, con un ligero sentimiento de remordimiento en ella. ¿Qué le diría su hermano si hubiera presenciado eso? ¿Qué le diría Link? Sí, tal vez si hubiera estado ahí, juraría que era un puñetazo seguro para O'donnell, pero… ¿Qué no fue lo suficientemente fuerte como para defenderse así misma?

Como siempre, todo el tiempo tiene que estar a expensas de los demás.

Si hubiera sido Peach, hubiera tomado un sartén de sabrán las Diosas donde, y haberle dado justo en la cara. Si hubiera sido un poco más como Samus, lo hubiera detenido con un simple movimiento de arte marcial. Si lo pensaba bien, esa no era su forma de ser.

Eso la hacía sentirse muy culpable. Enjuago los cubiertos, poniéndolos con los demás trastos limpios. Ya solo le faltaban los vasos.

La escena de hace unos momento no salía de su mente. Sin querer, una escurridiza lágrima resbalo por su mejilla.

Nos encontraremos nuevamente… Zelda…

...


Bien, en realidad, no pensó que lo de la "Desvelada masculina" fuera tan literal. Decidieron que lo mejor era llamarle así… lo de "pijama de chicos" sonaba muy gay. Por lo menos, el nuevo nombre recuperaba su orgullo viril. Siempre pensó que eso solo se hacía entre chicas, no hombres. Pero, quizás podría a llegar a pasársela bien.

Decidieron hacerla en el cuarto de Roy, ya que él había sido el de la idea. Todos tenían su ropa de dormir puesta, pues faltaba media hora para la media noche.

Tocaron la puerta, y Link fue a abrir.

—¡Hola Link! ¿Listo para la diversión? — indudablemente ese era Pit, con un conjunto a cuadros bastante llamativo: amarillo, un antifaz para dormir en su cabeza, una enorme almohada, junto con otra mochila, visiblemente pesada.

—Buenas Noches— el segundo fue Marth, portando sus lentes de lectura, con un pantalón y una camisa manga larga color índigo, del mismo color de su cabello. El tercero era Lucario, con un atuendo para dormir bastante similar al de Marth, solo que este era en color negro, resaltando bastante la pálida piel de este.

—¿Quién más falta? — preguntó Link, vistiendo su pijama verde olivo, con unos tres triángulos en su camisa, simulando otro triangulo más grande.

—Sólo falta McCloud, Lombardi y los hermanos Bros... —respondió el de cabello rojo, que solo portaba unos pantaloncillos cortos y una remera de tirantes, dejándose caer en la mullida cama— Ness y Lucas me dijeron que esta vez pasaban, y los otros antipáticos ni si quiera me respondieron. — aclaró.

Como si lo hubiesen invocado, la puerta sonó nuevamente. Esta vez, Roy fue a abrir.

—¡Hey, que hay! —entraron las cuatro personas faltantes, con sus atuendos de dormir, almohadas y cosas personales. La habitación era grande, aunque con casi diez personas dentro, la hacía verse más pequeña.

Ike estaba sentado en el sillón individual, con un pantalón negro y una camisa para dormir a medio abrochar, sin quitarse su adorada banda de la frente. Observó a los dos hermanos, bastante parecidos, solo que uno era más rellenito que el otro, y uno era más alto. Suponía que ese debía ser el mayor.

—Mario, Luigi, él es Ike. Estará con nosotros a partir de hoy. — habló Roy, por lo que el susodicho se puso de pie, obligándolo a mirar a ambos hacia abajo. No tenía la culpa de ser tan alto.

—Mario Bros, a sus órdenes.

—Ike Greil— se dieron un apretón de manos.

—Ehm… yo soy Luigi… Luigi Bros…— temeroso, le extendió su mano. El de cabello azul la tomó, saludándolo.

—Hola Luigi, soy Ike— habló. Sabía que le tenía algo de miedo, a juzgar por cómo lo estaba mirando. Trato de ser lo más amable posible.

—Tranquilo, Luigi. No te va a morder— el comentario de Roy les sacó una integra risa a todos, incluyendo a Ike. El hermano de Mario casi se desmaya.

—Bueno, ¿Y qué vamos a hacer? — habló el rubio de ojos verdes, sentándose en la cama. —No me digan que nos pintaremos las uñas y nos haremos faciales…

—Ni que fuera el marica de Ganondorf— habló el bromista de cabello rojo, cruzándose de bazos. El otro rubio de ojos azules soltó una carcajada.

—¿Y si jugamos Verdad o Reto? —preguntó entusiasmado el joven angelical, cruzado de piernas en el piso. En los últimos años que había tenido pijamadas, eso era lo que usualmente hacían. Eso, y llamadas telefónicas de broma.

—¡Gran idea Pit! — exclamó el de pelo rojo— ¿Todos a favor? — preguntó, al tiempo en que todos levantaban la mano.

Así, tomaron lugar en el alfombrado suelo, con las piernas cruzadas o solo panza abajo.

—¿Qué tal si lo hacemos interesante? — inquirió Falco, dándoles miradas con expresión divertida. Acercó su mochila hacía el centro del círculo, sacando de esta una perfecta y nueva botella de sake, junto con dos vasitos a juego—. El que se niegue a contestar, o a hacer lo que se le diga, tendrá que tomar dos shots de sake, ¿De acuerdo?

—Más que perfecto, compañero— continuó Fox.

—¿De dónde sacaste eso? — pregunta Marth, extendiéndole la mano para que le prestara la botella. Se acomodó sus lentes y comenzó a leer. Suspiró, ese sake era demasiado fuerte para su gusto.

—Regalo de cumpleaños.

—Yo… nunca he probado el sake…— mencionó Luigi, abrazando sus piernas contra sí mismo.

—No te preocupes Luigi, yo tampoco— Pit posó una mano en su hombro, para darle un poco de confianza.

—Bueno, ¿Quién empieza? — preguntó Link, extendiendo la mano para que prestaran la botella. No le molestaba tomar, la única diferencia es que hace mucho que dejó de hacerlo. La botella serviría para hacerla girar en el suelo.

Hubo un momento de silencio, mientras todos se miraban.

—Que va, yo empiezo— habló Fox, tomando la botella y haciéndola girar en el suelo. Esta comenzó a dar vueltas, mirando expectantes y nerviosos el recipiente. El propósito del juego era, quién fuera el primero en girar la botella, era quién aplicaría el reto, o la verdad. Al que la botella señalara, era al que se le aplicaría el reto.

En este caso, como primera víctima, sería Marth.

El seleccionado bufó.

—Vamos a ver, Marthy…— habló Fox —. ¿Verdad o Reto?

—Verdad— respondió, acomodándose sus lentes.

—Esperen, ¿Qué tipo de preguntas se valen y cuáles no? — inquirió el de ojos verdes en general.

—Se vale de todo— aclaró Link, poniéndose sus brazos en la nuca.

—Bueno… en ese caso…— McCloud miró de forma pícara al de cabello azul. Eso no le dio buena espina— Si tuvieras que acostarte con alguien…— comenzó—, ¿Con quién te acostarías?... ¿Con Samus… o con Zelda?

Marth palideció, mientras se reían de él o le chiflaban.

Link se ahogó con su saliva, y otro de banda en la frente también le dio un retorcijón en el estómago.

—¡Y ni te quejes Link! Dijiste que podíamos preguntar de cualquier cosa. — exclamó Lombardi—. Además, son sólo preguntas, no es como si se fuera a acostar con tu prima…— confesó despreocupado, posando sus ojos azules en la persona que tenía que responder—… ¿Oh si, Marthy?

—No me voy a acostar con nadie— confesó serio.

—No pregunté si te ibas a acostar, pregunté "Si te tuvieras que acostar con alguien…"

—¿Qué pasa sino respondo? — inquirió, derrotado.

—Dos shots de sake.

—Pásame la botella— pide de mala gana, a lo que varios rieron. No podía responder aquello. Zelda era su amiga, nunca la vio como nada más que eso, y Samus no era su tipo. Sí, solo era una pregunta, aunque no podía si quiera imaginárselo. Este tomo el vaso de vidrio, abriendo el recipiente, vertiendo el líquido. Lo miró, no muy seguro, pero poco le importo. Lo llevo a su boca y le dio un amargo trago —. Arggh…— Nuevamente se sirvió y tomo el segundo trago —. Listo.

—Nada perdías con responder— admitió Roy— Era solo una pregunta. Sigues de girar la botella, Marth.

Aún con el mal sabor de boca (Ya que eran pocas veces las que él bebía) cerró la botella y la hizo girar en la alfombra. Todos la miraban con miedo, hasta que esta se detuvo, señalando su próxima víctima.

—Te tocó, Link… ¿Verdad o castigo?

—Castigo.

—Veamos… — Marth tomó pose pensativa, acomodándose los lentes.

—¿Y eso que no escoges Verdad… Link? — preguntó con cizaña Falco. Todos en la habitación sabían a qué se refería. A excepción de Ike.

—Cállate, Lombardi… ¿Qué reto me pondrás, Marth?

—Te reto…— él no era muy bueno ingeniando, sin mencionar en estos juegos de azar. De pronto, su cerebro se encendió. El brillo maligno de sus ojos era visible en sus lentes de lectura— Te reto a enviarle un mensaje de texto a Ganondorf… que diga… "Te amo".

—OHHH…— íntegramente resonaron los típicos sonidos de burla. Ike y Roy rieron.

—Eres malvado, Marth. — aclaró, sacudiendo su pelo con su mano. Eso le pasa por escoger Reto—. Pásame mi celular, Ike.

—¡Si lo va hacer!— después del comentario de Falco, siguieron riendo como niñas de preescolar, o eso pensaba Link.

El mencionado estaba a un lado del buró, dónde el rubio había dejado su móvil. Lo tomó y se lo aventó, atrapándolo. Desbloqueó su teléfono, y se fue a la lista de contactos. Hicieron un círculo alrededor de Link, para no perderse ningún detalle. Encontró el contacto deseado y tocó en la pantalla Escribir Mensaje.

Lo que eran Roy, Falco y Fox, se estaban orinando de la risa.

—Espero el señor… Dragmire no se enoje por eso…— habló Luigi, viendo con el rubio comenzaba a tocar las letras.

—No creo, Luigi. Tal vez hasta se anime a declararse su oculto amor por Link. — habló Fox. Ese comentario causo un risa en Ike. Se sentía en un gran ambiente con ellos.

Con las palabras escritas en este, tocó el botón de Enviar Mensaje.

—Listo.

—Ahora solo falta a ver si responde… — hizo notar Pit.

—Sigo yo— continuó el avergonzado rubio, tomando al botella y comenzándola a girar. La emoción mezclada con la incertidumbre era clara en sus rostros.

La botella se detuvo. El elegido abrió grandemente los ojos.

La sangre se le fue a los pies.

—Es tu turno, Ike. — hace notar, posando la mirada en este. — ¿Verdad o Reto? — inquirió Link. Lo pensó por unos segundos.

—Verdad— trató de tranquilizarse, era solo un juego.

—Mhm… veamos…— pensó el rubio. Ike recién acababa de ingresar al Instituto, en realidad, ya sabía varias cosas de él. En cuanto al ámbito personal… no tanto —. ¿Has tenido novia? — Ike mostro faceta confundida. Pensó que le preguntaría algo más… morboso.

—Si les soy sincero, nunca he tenido una— habló el de cabello índigo, algo apenado. De seguro era el único idiota que no tenía novia…—. Siempre estoy viajando, eso me impide entablar si quiera una amistad.

—No te preocupes, no eres el único— habló Roy, para hacerlo sentir en confianza, recargándose en la pared— Aquí ente nos'… nunca he tenido novia.

—¡Ni yo! — exclamó Pit con un gesto.

—Tampoco yo…— agregó Marth.

—Ni nosotros— habló Mario por él y por su hermano.

—Amén— finalizó Lucario, quién no había hablado en desde que empezó el juego.

—Un momento, ¿No estabas con Peach, Mario? — preguntó Link.

—No se dio nada— confesó, con ligero aire de tristeza en su voz. Sabían que el mayor de los hermanos Bros llevaba tiempo enamorado de la rubia de prendas rosas— Tal vez, no soy su tipo…

—¡Qué es lo que dices Mario! — gritó Pit, desconcertando a más de uno en la habitación— No te debes de dar por vencido, ¡Sé que Peach te ama! Es solo cuestión de tiempo, estoy seguro…

—Lo sé Pit, Gracias por el apoyo— una sonrisa triste se posa en el rostro de Mario, a lo que Pit se lo devolvió, pero su gesto era más resplandeciente. Como si fuera un ángel.

—Sigues de girar la botella, Ike—dijo Pit, pasándole la misma, con algo de trabajo.

—Gracias Pit— este la tomó, y la hizo girar en el suelo. La siguiente víctima estaba justo a un lado de él: Lucario.

Sería una larga noche.

...

...

...


Bien, espero les haya gustado el capítulo nwn. Recién se me ocurrió esto de la "pijama de chicos", luego mi hermano me aconsejó, y dijo que eso se oía muy gay. Agradézcanle a él por el cambio de nombre.

Cómo habrán visto, algunas personas ya están dando a relucir los sentimientos por otras, no sólo de mis queridos protagonistas. Es por eso el nombre del capítulo… ojalá se haya entendido. Quería agregar que no es solo la única pareja que se dará por aquí, con el paso de la historia se darán cuenta.

Agradezco con mucho amor a mis queridos y fieles lectores:

Mr. NBA

Sugar5Star

electra78

Guest: ¡Infinitas gratitudes por pasar a dejarme un review! Me alegra mucho que te guste el IkeZelda también nwn, ya verás que en los demás capítulos habrá un poco más de esta pareja. Y… bueno, ¡Aquí está la actualización! Espero que te haya gustado nwn.

Ya saben, cualquier horror y me lo pueden hacer saber por mensaje.

¡Les deseo un feliz y próspero Año Nuevo 2014! ¿Qué mejor manera de empezar el año con una actualización?

Por cierto, para los que leen AOYV, voy a la mitad del capítulo… ¿Ocho? Solo no desesperen por favor.

¡Se agradecen reviews!

Zeldi-chan de hyuuga

Jueves 2 de Enero del 2014