Discalimer: Los personajes de Smash Brothers utilizados en esta historia no son míos, si no de la compañía Nintenso y/o sus respectivos creadores. No tengo ningún beneficio lucrativo de esto, mi único propósito es el de entretener. Lo único que es mío, es la trama.
Aclaraciones al final
…
.~Un Nuevo Comienzo~.
CAPÍTULO VII
Desvelada Masculina
por Zeldi-chan de hyuuga
Entró a su habitación, sin ganas aparentes.
Quería dormir, pero a la vez no tenía sueño. Era un sentimiento muy extraño. Se dejó caer de espaldas en la cama, observando el oscuro paisaje por el ventanal. Era tarde. Siguió pensando acerca de lo que había sucedido en la cocina. La culpa empezaba a apoderarse de ella. ¿Tan patética fue que no pudo si quiera defenderse?
Con sus mismos pies se quitó los botines y aventó su bufanda al sillón individual. Ya se estaba quedando dormida.
Se preguntó que estarían haciendo sus amigos ahora mismo. Estaban en su Desvelada Masculina. Sonrió recordando las últimas veces que se quedaron a dormir en su casa, con Sheik haciéndoles compañía, o como Pit lo había apodado: Papa Sheik. El nombre era gracioso, rememoró el rostro de su hermano cuando escucho su nuevo sobrenombre, con sus pómulos sonrojados.
—Sheik… ¡Sheik! ¡Por todas las diosas! — se paró de golpe del mullido colchón— ¡Olvide responder su mensaje! — buscó en su cartera y sacó el móvil, y comenzó teclear.
Se cuestionó si debería contarle todo lo que le sucedió. Todo lo que le había sucedido. El pensamiento la hizo sonrojar. Sin embargo, suspiró. Últimamente Sheik había estado ocupado, sobre todo más con la Universidad. Creyó que lo más conveniente era contárselo después… no quería preocuparlo más de lo que ya estaba.
Re-leyó el último mensaje que le había enviado, ya no recordaba cómo iba.
No te preocupes, hermano… sabes que yo entiendo. Me la he pasado muy bien, pero tienes que prometerme contarme toooodo después. Cuando puedas llámame, ¡Yo tengo que contarte muchas cosas! No puedo llamarte, tal vez estuvieras ocupado y pudiera interrumpir tu trabajo…
¡Casi lo olvido! Pit y Marth te envían saludos, y mucha suerte en tus proyectos.
Abrígate bien, no quiero encontrarte con tremenda gripe cuando regrese. ¡Te quiero mucho Sheik!
Zelda
Presionó el botón de enviar, y suspiró aliviada. Ya podría irse a dormir. Cambio su atuendo para meterse en la cama, y se dejó llevar a los brazos de Morfeo.
…
El juego de Verdad o Reto… se había tornado bastante interesante.
Habían descubierto varias cosas esa noche, y la botella ya iba a más de la mitad. Todos habían tomado, como mínimo, dos copa de sake.
Por ejemplo, el caso de Luigi, la verdad salió a relucir— hasta la copita número seis de sake que se había tomado—. Había estado saliendo con alguien, la prima de Peach para ser específico: Daisy. Link contó la fallida relación que tuvo durante un año, con una compañera mucho mayor que él, tanto de estatura como de edad: Midna Twilight. Sin embargo, no dio detalles. Por un momento, Ike pensó que tal vez eso era lo que lo tenía de esa manera, algo nostálgico. Mario empezó a desahogarse sobre relaciones amorosas con un ligero estado de ebriedad, con diez copas de sake cualquiera lo haría. Marth y Lucario estaban bastante sonrojados, sin mencionar Pit; Falco y Fox son los que más ingirieron de la botella, no porque no quisieran, si no por mero gusto, aunque lucían bastante tranquilos.
Los únicos restantes son los que habían mantenido la cordura, o los que tomaron menos en su caso. Al de cabello azulino con banda en la frente le empezaba a doler la cabeza. No le preguntaron cosas del otro mundo, lo cual agradecía bastante.
—¡Pero ella me va a buuus-car!... ¡Y no estaré para… eeellaa! — gimoteó el de mayor de aspecto italiano, señalándolos acusadoramente.
—Ehm, Mario… cálmate... — Habló bajito el de rostro angelical, con sus mejillas encendidas.
—Carajo, Falco, ¿Qué diantres tenía el sake? — dijo Roy, tirado en el suelo.
—Que no sepan tomar es su culpa. ¡Mírenme! Doce vasitos de sake y estoy como nuevo.
—Porque tú eres un alcohólico— habló Link, mirando hacía el techo, con un ligero color carmín en su rostro —. Hasta yo me he mareado con esa cosa…
—¿Y qué? ¿No vamos a seguir jugando?
—Creo que paso. No quiero tener Cirrosis tan joven — Marth estaba recostado en el suelo, con una mano cubriendo sus ojos. Sabía que no debía haberse tomado esos cinco vasos de sake. El vaso extra fue por no haber respondido la —rara— pregunta de Roy que consistía en "Si prefirieras a alguien que te dé sexo oral… ¿Quién sería?" Ese pelirrojo sí que estaba enfermo.
—Que les parece, si para finalizar…— la voz de Fox llamaron sus miradas hacia él.
—…¿Ahora qué? —se quejó Link.
—Peeeach… ¿Por qué no me amassshh? —y con eso, Mario se dejó caer de panza, agotado. Segundos más tarde, el mayor de los hermanos Bros comenzó a roncar, provocando que a varios les resbalara una gotita en la frente.
—¡Vamos! Una cosa y nos vamos a dormir— Fox le arrebato la botella al inconsciente Mario, como si nada acabara de pasar—. ¿Quién les gusta? — habló llano.
—¿Eh? — Roy no entendía nada.
—¡Oh no! ¡Mi hermano murió! — horrorizado, Luigi comenzó a correr en círculos— ¡Ahora que voy a hacer!
—Tranquilo, Luigi— Link se puso de pie, deteniendo su andar con una de sus manos. No se esperaba menos de él —. Mira, tu hermano está roncando— y muy fuerte le faltó decir. El de pijama verde soldado escuchó como su hermano roncaba, viendo su espalda subir y bajar conforme respiraba —. ¿Lo ves?
—Calma Luigi, no hay de qué preocuparse— habló Ike, acercándosele y poniendo una mano en su hombro—. Solo está cansando.
El histérico casi al borde del llanto hizo caso a los consejos, volviendo a tomar lugar en el alfombrado suelo de la habitación, sin despegarse de un ebrio Mario. Efectivamente estaba respirando.
—Prosigo—Fox asintió con la cabeza— Ya saben a qué me refiero… Qué persona los hace tener sus sueños húmedos.
—¿Apoco sigues teniendo esas cosas? — Falco preguntó incrédulo, recargándose en la pared, subiendo una ceja mientras sonreía. Soltó una carcajada.
—Yo no— explicó, mirando hacia otro lado—. Pero me imagino que ustedes todavía los tienen…
—Claro, Fox— nótese el sarcasmo en la oración de Falco.
—¡Bueno, bueno! Pero ya respondan. Los reto a que me respondan.
—Pareces una vieja chismosa, McCloud.
—Cállate Lucario.
—¡Yo empiezo! — Pit alzó la mano, como pidiendo permiso—. Pues… a mí no me gusta nadie— sonrió sincero. Bufaron, creo que eso ya todos lo sabían, el de cabello café seguía siendo un niño a la vista de todos.
Mientras algunos seguían con su debate mental sobre el sexo opuesto— o al menos eso se podían asegurar— Greil se recostó en la cama de Roy, con sus ojos azules observando el techo. ¿Qué persona le gustaba? Eso era algo confuso, nunca había estado enamorado, o si quiera sentir algo muy fuerte por una persona. Nadie se le venía a la mente, que no fuera su madre, o su hermana. Eran las personas que más quería.
Ciertamente había mujeres muy llamativas en el Instituto, no podía negarlo. Pero no podía afirmar otra cosa más fuerte que pasara de la amistad. De hecho… bueno, acababa de llegar.
Sin embargo, hubo una persona que no analizó, y presenció sus pensamientos.
—Ey… Ike.
—¿Eh?... mande— se levantó de golpe, aún sentado en la cama. Todos lo observaron.
—No sé si alguien te haya llamado la atención, considerando el poco tiempo que tienes en el Instituto pero…—habló su camarada de rubia cabellera, encontrándose con los ojos azules de su amigo—, ¿Te llama la atención alguien en especial?
Ike lo consideró unos segundos, perdido en algún lugar del suelo. De alguna manera, le asustaba ese tema. ¿Amor? No sabía si estaba listo para ello… —. En realidad, no me llama la atención nadie… — Se tuvo que tragar el Hasta ahora que estuvo a punto de salir de sus labios.
—Tu turno, Lucky. — el susodicho solo les dio mirada de inquisición—. ¿Quién te gusta? — pregunto el de cabello ocre. Lucario tenía la mirada un poco perdida, debido al sake, y un ligero tono rosado en su rostro y tabique de la nariz. Sin embargo, ya llevaba varios minutos en silencio. Comenzó a levantar sospechas.
Roy hizo cara de señora en un asesinato.
—¡Te gusta alguien cretino de pelo azul! — Se levantó de golpe del suelo y lo señalo con dedo acusador. Luego reflexionó lo que dijo—. Sin ofender, los que… ya saben… tienen pelo azul.
—Tranquilo Roy— Marth se levantó del suelo, con algo de dificultad, camino al baño—. Yo digo que son los efectos del sake.
—¡Efectos del Sake mi trasero! — Exclamó el del escándalo—. ¡Este infeliz está enamorado y no sabemos de quién!
—¿Y cómo sabes que no está ebrio? — volvió a preguntar el de pelo azul, hablándole desde el lavabo.
—Simple— concede el pelo rojo— Tiene la misma cara de idiota que cualquier persona enamorada— evidenció, cruzándose de brazos, pensando en algo para que le pudieran creer y así pasaran a su lado— Además, no ha hecho nada por contradecir lo dicho. — Bien, ese comentario convenció a algunos. Lucario seguía con cara de ido.
Hasta que se decidió a abrir la boca.
—Me gusta… alguien— admitió, algunos preguntándose si estaba en estado etílico o sobrio. Pero, aun en ambos, Lucario no era el tipo que daba a conocer lo que sentía realmente. Tal vez por el hecho de ser hombres era lo que lo había confiado, mencionando el hecho de que la mayoría era de confianza.
—¡Bastardo! ¿Y no me lo dijiste? — dijo Roy, fingiendo ofensa — ¡Bueno! ¿Qué esperas? ¡Suelta la sopa!
—No… estoy en condiciones para hacerlo—habló con torpeza.
—Yo digo que esta ebrio, Roy— habló McCloud—. Nos está tomando el pelo.
—No les estoy tomando nada— dijo serio el de cabello azul, provocando un gesto interrogante en sus compañeros. Podía notarse su mirada perdida en el suelo y sus ojos color rojo se opacaron —. Ustedes preguntaron y yo respondí.
—¿Y bien? ¿Entonces quién te gusta?
—Roy, creo que ya es mucho con que nos haya confesado que le atrae alguien— habló Pit, tropezándose con algunas palabras—. Debe ser muy difícil para el hablar de esto, ¿No crees?
La sonrisa del joven de rostro angelical los hizo ablandarse. Lucario no se veía nada bien, por el sake y por lo delicada de la situación. Lo mejor sería que ahí quedaran con las preguntas.
—Está bien…— resignado, Roy volvió a tomar lugar en el suelo. Tampoco era un insensible incomprensivo—. Tu turno, Fox.
—Creo que no necesita decirnos quién lo trae babeando desde hace meses— comentó Falco, mirándolo por el rabillo del ojo. Por primera vez en la noche, Fox se sonrojó.
—¿Sigues enamorado de Krystal? — preguntó Roy, más con cara de confusión que de asombro. Si su memoria no le fallaba, tenía casi un año con eso, y el pobre ni si quiera le dirige la palabra. El de ojos verdes ni si quiera tuvo que responder, su semblante lo delataba—. A todo eso, ¿Por qué no pudo venir?
—Se fue a pasar la Navidad con su familia, en Cerinia— habló el de ojos verdes, desviando la mirada, imaginando que estaría hablando del lugar natal de Krystal.
—¿Y tu Falco? — Prosiguió el de cabellera rubí— ¿Qué tal todo con Katt?
Con esa pregunta, el de cabello mohicano se quedó mirando al vacío, con una sonrisa triste. Sabía que tarde o temprano tendrían que hablar de ella.
—Pues… estamos bien— dijo despreocupado, poniendo su manos detrás de la nuca—. Mentiría con decir que todo es miel sobre hojuelas, pero estamos relativamente bien. — No bastaron más palabras para entender que Falco estaba pasando un momento difícil con su actual novia, inclusive Ike que casi no lo conocía.
Ahora entendían por qué Falco había traído ese sake consigo. Esa era su forma de desahogarse: bebiendo. No era la más sana de todas, aunque así era él y, por más que le dijeran lo contrario, nunca entendería.
Prefirieron dejar ese tema de un lado.
—Sabes que te apoyaremos en cualquier decisión que tomes, Falco— Marth salió del baño, recargándose en el marco de la puerta, se había ido a lavar el rostro. No era precisamente una persona con la que hablara todos los días. Sin embargo, si una persona, en especial un amigo, necesitaba alguien con quien desahogarse, él se ofrecería si ningún problema.
—¡Si Falco! — exclamo Pit, mostrándole su pulgar en alto— Puedes contar conmigo.
—Y con todos, cara de pájaro— Fox lo atrapó por los hombros, revolviéndole el pelo con los nudillos.
—Está bien, cara de zorro—reclamó Falco, pero con un gesto sonriente en él.
Sabía que sus amigos no lo abandonarían.
—Sin embargo— continuó Link—, queda estrictamente prohibido que Falco vuelva a traer alcohol aquí. ¿Todos a favor?
Y el argumento de Link fue aceptado, diciendo un "A favor". Falco solo se rio.
—De acuerdo—dijo el de cabello azul—. A la próxima solo les digo, y no los haré beber.
—¿Y qué horas son? — inquirió Fox, dejando de estrujar a su compañero.
El de cabello rubio observó su teléfono móvil. —Son las dos de la mañana.
—¡Es temprano! No podemos ir a dormir aún— esa fue la voz del de cabellera roja, quién se levantó corriendo por algo al armario. Si se traba del pelirrojo, sabrían que esa noche probablemente no dormirían. Aunque, uno ya estaba medio dormido.
Uno menos, faltan nueve.
—¡Traje botanaaa!~ — canturreó Roy haciendo una perfecta imitación de la rubia de voz aguda, fue un milagro que Mario no se despertara con ello.
—¿De dónde los sacaste? — preguntó Pit.
—Los traje de Pherae. Traje gomitas, frituras con queso, barras de chocolate, galletas…— comenzó a enlistar sacando cosas de una bolsa de plástico, y aventándolas a sus amigos, agradeciendo todos. A la mayoría le tocaron frituras. A Ike le tocaron las galletas que, para su fortuna, eran de chispas de chocolate. Sus favoritas. Abrió el empaque, y mordisqueó una.
—¡Ey Luigi! Te cambio mis frituras por tus gomitas de dulce.
—Claro, Pit… Aquí tienes. — dijo Luigi, un poco más tranquilo que hace rato, se intercambiaron las envolturas.
—¡Gracias Luigi!
—No hemos acabado, chicos— dijo el de cabello rojo, con la boca medio llena de frituras de queso —. Sigues Marth.
—¿De qué cosa?
—Ya sabes, ¿Qué persona te gusta?
—Ah, eso— se volvió a acomodar en el suelo, colocándose sus lentes de lectura—. No me gusta nadie.
—Vamos, Marth— pidió —. ¿Nadie, nadie?
—Nadie— repitió.
—Bueno— continuó Roy, metiendo su mano en la bolsa de fritura y llevándose más a la boca. Pit ya había dicho, Luigi lo confesó en el juego Verdad o Reto, y Mario pues… seguía dormido—. ¿Qu-ién shigue..?
—¿No sigue Link?
—Ya había dicho que me gustaba Midna— habló, cruzándose de brazos.
—¿Gustaba? ¿Ya no te gusta? — inquirió Falco.
—Rompimos hace poco— fingió una sonrisa, atrayendo la atención nuevamente. Todos hicieron cara de "Más duro no la pudimos haber cagado" —. Pero la sigo estimando como la buena amiga que es.
En eso, Ike recordó a que joven se refería. Los primeros días observaba como su compañero, a la hora del almuerzo, no le quitaba la mirada a una joven, casi tan alta como él, bastante llamativa, de ojos rojos y cabello como el fuego. Ella debía ser Midna.
—Sin duda, eso es de valientes— Se atrevió a decir Fox, mordisqueando la barra de chocolate que le tocó—. Nadie termina un relación y aparentan que "aquí no pasó nada".
—No fue fácil— confesó el de cabellera rubia—. Fue un… proceso largo— en verdad, no tenía idea de cómo llamarle a todo el tiempo en que se la pasaban discutiendo por tonterías, mencionando el hecho de que ella se iría de Delfino City al final del semestre, de vuelta a su hogar. Ninguna palabra llegó a su mente, más que la de "proceso de separación". Suspiró mentalmente.
—…¿Puedo preguntar por qué rompieron? — El de ojos azules volteó hacia el dueño de la pregunta. Había sido la voz de Ike, quién no había hablado en la desvelada, a menos de que le preguntaran algo. Sin embargo, Link sonrió. Le alegraba que su camarada se estuviera integrando al grupo.
—Usualmente, discutíamos por cualquier cosa. —confesó triste. En ese cuarto sabían que aquel rubio quería mucho a esa joven alta. —. Además, este era su último semestre aquí… no sé si ya lo sabían. Regresaría a su ciudad natal para culminar sus estudios.
—¿Es por eso que terminó contigo?
—No. Yo terminé con ella— el rostro de Ike estaba confundido, y el de los demás espectadores también. Antes de que comentaran que era lo que había sucedido, Link se les adelanto —. Terminé con ella para no darle razones para quedarse aquí. Sí, discutíamos, pero compartíamos algo especial. No podía permitirme que no continuara su camino... solo por mi culpa.
No tenía dudas. El de banda en la frente admiraba mucho a su mejor amigo. Solo una persona con bastante coraje, dejaría ir a la persona que ama, para que fuera feliz, aunque eso le costase no saber nada de ella, inclusive el hecho de que la persona amada te odiara de por vida.
—Eso— señalo Lombardi—, es tenerlas las pelotas bien puestas— finalizó, sacándole una sonora risa al susodicho. En sus mentes, la mayoría pensó lo mismo.
—Bien, ya para finalizar, solo falta uno—reanudó Marth, que ya moría por tomar un poco de sueño. Él no era de los sujetos que acostumbraban a dormir a altas horas y, por la cara de varios otros, no creía que aguantarían otra media hora, a excepción de los que estaban comiendo chocolate, que solo eran Fox y Lucario.
—¿Quién? ¿Yo? — preguntó con credulidad la última persona que faltaba, el pequeño de cabello como el rubí y ojos azules. Despreocupado, cruzó sus manos por la nuca. —Yo estoy soltero, y sin preocupaciones.
—La pregunta no es si estas soltero—evidenció Marth— Es si alguien te llama la atención.
—Todas las jóvenes de nuestro Instituto son hermosas, debes estar ciego para no notarlo— Roy dobló sus rodillas, ingiriendo las últimas frituras de su bolsa. Los consientes pensaron que Roy tenía razón—Aunque, no. No me gusta nadie.
Cómo típico cliché de película de terror, un móvil comenzó a sonar, con una cancioncita bastante típica de una persona. Todos adivinaron de quién era.
—¿Una llamada a esta hora? — inquirió el dueño del teléfono.
—Tal vez sea importante— opina Marth. Link observó su móvil, y se dio de cuenta que era una llamada desconocida.
—Juro que me cago de risa si es Ganondorf— alega Falco, sacándole otras sonrisas a los demás presentes.
—A Dragmire lo tengo oficialmente en mis contactos. A parte de que es muy inusual de que me llamen casi a las tres de la mañana. — Sin ganas aparentes, contesto la llamada, preguntándose quién era. De inmediato reconoció la voz— ¡Sonic, Infeliz! ¿Qué cuentas? —estaban bastante intrigados en la conversación, que notaron que la expresión de Link cambió— ¿Cómo que ibas a venir y te perdiste en la mansión? Ni que fueras tan…— se detuvo escuchando la voz en la otra línea— ¿Quieres que vayamos por ti?
—¡Perfecta idea! — exclamó Fox, levantándose del suel. —. ¿Por qué no lo acompañas, Luigi?
—Ehm… yo… — se excusó de inmediato—. No creo que sea buena idea… esta oscuro y-
—Claro Luigi, puedes venir conmigo— propone el de orejas puntiagudas. El menor de los Bros observó la expresión de su compañero. Sabía que no podía darle un "No" por respuesta.
—Bien… vamos, entonces— no tuvo de otra. Por mucho pavor que le tuviera a la oscuridad, no dejaría solo al rubio de ojos azules.
Se colocaron de pie, poniéndose calzado cómodo— ya que la mayoría se encontraba descalzo, o con calcetines— yendo hacia la salida, en busca del perdido amigo de pelo azul. Escucharon como la puerta se abría y se cerraba quedamente. A algunos les resultaba extraño que alguien como Sonic se hubiera perdido en unos simples pasillos. Sí, la casa era muy grande, pero El erizo no era una persona que fácilmente se pudiera perder, y menos darse por vencido con algo tan cotidiano como eso. La duda era clara en sus matices.
Sin embargo, no les duró mucho.
—Ahora que estamos solos— reanudó Falco, con una mirada diferente a la de hace rato—. Escúpelo, Roy. — El susodicho enarcó una ceja.
—¿De qué hablas?
—No te hagas el que no sabes— Fox, que seguía de pié, retomó lugar en la mullida cama, casi junto a Ike. Este último comenzó a levantar sospechas. Había algo que todos se estaban perdiendo en esa habitación.
—En realidad, no sé de qué-
—De que si es cierto que te quieres sobrepasar con Zelda. — soltó Lombardi, eliminando cualquiera rastro del otro sujeto de imagen alegre y jovial. Entonces, Ike entendió todo.
Recordó lo que le había comentado Ness en la cena.
—¿Qué, queeé? — bramó Marth. ¿Escuchó bien? ¡Hasta lo ebrio se le había quitado!
—¿De qué rayos estás hablando, Falco? — Pit reaccionó de la misma manera, dejando su actitud infantil para otra ocasión, tragándose de golpe sus gomitas. ¡Por Palutena, era de su amiga de quién estaban discutiendo!
—Eso explica todo— dijo Lucario, el menos sorprendido, continuando comiendo su barra de chocolate.
—¿Cuándo he dicho yo que me quiero sobrepasar con ella? — contraatacó el de cabellera roja —. ¡Qué lo hayan escuchado de otra persona no quiere decir que es idénticamente lo que yo dije! — Bingo, se había echado de cabeza él solo.
—¿Así que Zelda te gusta? — inquirió el de ojos verdes. Eso era lo que en toda la noche querían averiguar. La verdad.
Vaya que si le caía en el páncreas que ese dúo se pusiera de acuerdo. Resignado, lo dijo.
—Sí, me gusta Zelda— encaró a todos, incluso a los que no tenían idea de lo que estaba pasando entre ellos. No solo con eso algo dentro de Ike se removió, sino que también en Marth y el pequeño castaño.
El de banda en la frente no le sorprendió del todo el argumento, pero si lo sacó bastante de órbita. Con solo la actitud desde la llamada telefónica que tuvo con ella ya había dado a conocer eso. Por mucho que le cayera justo en el hígado, de alguna manera, no lo culpaba. Ni si quiera estaba molesto. Si lo pensaba bien, ¿Por qué habría estarlo?...
Entre tanto ajetreo mental, y el tenso ambiente, Lucario habló.
—Son unos listos— mencionó, refiriéndose a McCloud y Lombardi —. Lo de Sonic solo fue una distracción barata para dejar que Link fuera a buscarlo, conociendo el gran corazón que tiene no lo iba a dejar a la deriva. — confesó, como si él fuera un detective y acabara de descubrir el caso del millón de dólares. Todos esos libros de suspenso leídos habían dado frutos. Eso, y de que tampoco era idiota.
—Tan audaz como siempre, Lucario— mencionó orgulloso Falco.
—Lo que no entiendo es para que era necesario que Luigi fuera con Link.
—Simple— dijo Fox—. Le tiene tanto pavor a la oscuridad que, si viera su sombra, seguro se asustaría. Eso retrasaría más su llegada.
—¿Y se puede saber cómo para qué querían saber esto? — con rostro impaciente, Roy preguntó —. ¿Acaso también les gusta o qué? — eso último saco a Ike de su ajetro, más de lo que ya estaba.
—No. Queríamos verificar que si no estabas mintiendo. — la voz del de cabello mohicano era más relajada. — Link es tu amigo, no podíamos dejar que calleras más bajo.
—¿Solo porque es prima de mi amigo, no tengo derecho a una oportunidad con ella? — por alguna extraña razón, el de cabello azul se sintió identificado con ese argumento —. ¡Es una hermosa mujer! De esas ya no hay.
Antes de que Marth, o Pit, defirieran en ello, habló Fox.
—Creo que no estas entendiendo Roy— aclaró, cruzado de brazos. — No es el hecho de que si tienes, o no tienes una oportunidad con ella, o de que creas lo que quieras. Si no que Link es tu amigo. ¿No crees que es importante para él, una opinión como esa? Es decir, ¡Ella es su familia! No estamos hablando de cualquier cosa. ¿No crees que lo correcto sería hacerle saber lo que sientes por ella?
Definitivamente todos estaban poniendo atención, mirando a la persona que le tocaba tomar la palabra.
—A ver si entiendo— fuera de una amistosa desvelada, eso ya se había convertido en una consejería del amor— ¿Me están tratando de decir que, tengo que pedirle permiso a Link para una cosa como esa? ¡Eso es ridí…!
—Para él, ella es la persona más importante, sin mencionar a su pequeña hermana. — el tono serio tomo posesión de Falco—. Tu, como su amigo más cercano, deberías pensarlo dos veces antes de hacer algún otro movimiento. Tómalo como un consejo de un amigo, que quiere que las cosas sigan en su rumbo cotidiano. Si quieres seguir con las cosas bien, piénsalo. — No encontraba la forma de hacer que Roy entendiera la posición en la que se estaba metiendo. No tardo mucho para que se ingeniara algo—. No es como si Link tuviera mucha familia ¿Sabes? Si pierde la confianza en nosotros, que somos lo más cercano a una familia completa que ha tenido, ¿Cómo carajos volvería a creer en nosotros? Jura por tu vida que, si llegas a lastimarla, tu amistad con Link se iría al caño.
Y así, solo así, la conversación murió.
La habitación se quedó completamente muda. En sus vidas habían escuchado a Fox y a Falco, dos personas despreocupadas y bromistas, hablar de esa manera. ¿Cómo habían planeado solo eso? Sacar a Link de la habitación para poder hablar con Roy, acerca de sus sentimientos por la joven de cabello castaño. Si bien no sabían si Roy haría caso de esa advertencia, tampoco sabían cómo resultaría todo después de ello.
Ike estaba sorprendido. Todo lo que habían dicho, era cierto. Aquel rubio era una persona que estimaban mucho.
—Marth, Pit— Fox rompió con el silencioso ambiente— Esperamos que esto no llegue a oídos de Zelda, mucho menos de Link. Ike— el llamado miró al de ojos verdes— Contamos contigo, igual.
—Eso no me detendrá para poder llegar a ella— de la nada, Roy siguió hablando del tema.
—Nuestra intención no es que lo dejes de intentar. Sino que tengas cuidado en cómo llegas a eso.
—…¿Podemos hablar de otra cosa? — con humor melancólico, Pit tomó el hilo de la conversación, llamando así la atención—. Estos temas del Amor son muy difíciles de conllevar… — Las palabras de Pit sobre-pesaron en las conciencias de los presentes.
El amor en esa edad puede ser un alivio y una forma de compartir tu vida con esa persona especial. En otros casos, puede ser una vil mierda, perjudicando más de lo que podían sanar.
—No diremos nada, mientras nuestra amiga no se vea afectada para mal— brindó una sonrisa triste. Sabían que desde ese momento, Marth vería las cosas con otros ojos. Lo adivinaron por la forma en cómo los miró. Aunque, en él, eso era completamente normal. Era su forma de proteger a los seres que quería.
—De mí tampoco saldrá nada— Ike devolvió el gesto, quería ganarse un poco de su confianza. Sin duda alguna, esa conversación le había servido para poder aclarar un poco mejor su mente, y su conciencia.
Después de eso, no quisieron continuar hablando, tomando la sugerencia de Pit como respuesta al asunto.
No tardo mucho para que la puerta se volviera a abrir, dejando entrar a tres personas más. Que aquello hubiera sucedido era como una salvación para todos. Sonic saludó con un efusivo "Que tal", no obstante, el rostro de los que ya estaban ahí había cambiado mucho, o eso fue lo que pensó Link al volver a verlos.
—Wou, ¿Quién se murió aquí? — comentó Sonic. Sin embargo, había sido parte de la treta que Fox y Falco planearon. Ya sabía por qué estaban así. La pregunta fue más bien para disimular sospechas.
—Al parecer, Mario.
—¿¡Qué Mario qué?!
—¡Tranquilo, Luigi!. Roy solo esa siendo bromista— habló Link y trato de calmar a Luigi, no quería que terminara como hace rato. Verlo tranquilo ya era un progreso. Sonic traía un conjunto para dormir color rojo.
—A todo esto, ¿Qué horas son? — preguntó el recién llegado.
— Casi tres treinta de la madrugada — respondió Marth al tiempo en que guardaba sus lentes en su caja especial. Sentía sus ojos pesados. No sabía si el sake ya estaba haciendo de las suyas— No sé ustedes, pero yo ya iré a dormir.
—Yo igual— mencionó Lucario, al tiempo en que se levantaban del suelo, seguidos del pequeño de cabello marrón.
—¡Pero por qué! Si la fiesta apenas comienza— vociferó El erizo.
—Sonic, creo que ahora es lo mejor— habló Falco, dirigiéndole una mirada que conocía a la perfección. De esas que decían "Ahora no era el momento." Luego le preguntaría que rayos había pasado ahí mientras él no estaba. Bastante complicado se le había hecho fingir que estaba perdido en esa casa. Él era Sonic, él nunca se perdía de nada.
—Bueno, total, ¿Quedó algo de sake?
—Sí, tómatelo. — Fox le aventó la botella, a lo que este la atrapo con agilidad. La destapo y le dio un gran trago.
—¡Vaya! Este esta fuerte. — volvió a darle otro fuerte trago.
—Con eso bastara para que te quedes dormido— Si había algo que conocía Lombardi de su compañero Sonic, era que con el sake se quedaba profundamente dormido, y a veces se reía… dormido.
No discutieron más el asunto, se pusieron de pie (a excepción de Mario, que extrañamente seguía en el suelo) y fueron por sábanas, cobijas y cobertores para poner en el suelo y que pudieran dormir un poco. Intentaron despertar a su bigotón amigo, aunque parecía más noqueado por la fuerte bebida alcohólica.
—La cama es suficientemente grande como para que dos personas más duerman en ella— habló Roy en general, quién estaba destapando el colchón para poder ingresar en este, bastante pensativo—. ¿Alguien más quiere dormir ahí?... ¿Link, qué dices?
—…. Claro, suena bien — hubiera preferido dormir en el suelo. Sentía que se estaba olvidando a su amigo Ike, de alguna manera sintiéndose con responsabilidad sobre él, pero al de cabello azulino parecía no molestarle.
Extendieron una gran cobija en el suelo alfombrado y comenzaron a tomar lugar en ella. Para poder poner a Mario en esta, literalmente tuvieron que hacerlo rodar y que quedara en la cobija, poniéndole una almohada. Luigi se acomodó a un lado de él, seguido de Sonic, Fox y Falco. Al no haber más espacio en ese lugar, Marth extendió otro cobertor en el lugar entre la ventana, el buró y la cama, para que él y Pit pudieran dormir ahí. Solo faltaban Lucario e Ike para tomar un lugar…
—¡Oye Ike! Duerme aquí con nosotros— Link estuvo a punto de ofrecerle dormir en el colchón, pero Pit se le había adelantado, señalando un lugar a un lado de él —.No te molesta, ¿Verdad?
—Claro que no, Pit— dijo el de banda en la frente, acomodándose a un lado de él, quedando Pit en medio de dos de cabello azul.
—Bueno Lucario, te tocó el colchón, ¿No hay problema?
—En lo absoluto— señalo, caminando hacía la cama y metiéndose entre las sábanas, quedándose así Link en medio de Roy y él.
—Buenas Noches a todos— la voz de Link los sacó de sus pensamientos, respondiendo de la misma manera con un "Buenas Noches."
—Cuida tus sueños húmedos, Fox— habló Roy mirando hacía el techo, escuchando una sonora carcajada de Falco y de Sonic, y uno que otro murmuro de una risilla entre los demás.
Acabada las risas, se acobijaron, cerrando sus ojos y viajando al mundo de Morfeo, varios cayendo rendidos al instante. Algunos se colocaron sus antifaces para dormir, se colocaban de lado o abrazaban a una almohada. Cada quién tenía su propia forma de dormir. Un ronquido ya podía escucharse, al parecer del Erizo. Ike estaba acostado boca arriba, tratando de conciliar el sueño, cosa que no había logrado con mucho éxito. Su cabeza se sintió algo incomoda, y era porque olvido quitarse su banda de la frente. Llevo sus brazos a la parte de atrás de su cabeza y comenzó a desanudarla.
—¿Por qué usas esa banda, Ike? — el mencionado miró a su derecha, observando a Pit que lo miraba muy atento, con un antifaz para dormir en su frente. Suponía que él tampoco podía dormir. La pregunta había sido un susurro, no querían que los demás se despertaran. La mirada de Ike se perdió por un momento en el vacío del techo, pensando cómo responder.
—Cuando vivía en Crimea— habló en susurro, a lo que Pit prestaba atención —, nací en tiempo de guerra— Lo que no sabían era que Marth estaba despierto, escuchando todo igualmente, la diferencia es que estaba dándoles la espalda—. En mi tierra natal, una banda amarrada a la frente representa valor y fuerza. Me vi obligado a usar una… para enorgullecer a mi padre. Desde ese entonces, me es costumbre tenerla en la frente. Sólo me la quito para dormir.
—Eso suena fascinante, Ike— susurró Pit, con evidente emoción, en lo que un bostezo escapaba de él. Al otro lado, Marth sonrió. — Yo también nací en tiempo de guerra… — Ike volteó a verlo, ahora Pit era el que miraba hacía el techo. Una persona normal estaría triste al hablar de esos temas, pero Pit era un caso especial. Era como si estuviera hablando de un tema común, no había tristeza en su rostro. Inconscientemente Ike se compadeció de él.
—Somos casi de la misma generación. Me imagino que todos nacimos en tiempos no muy fortuitos— El de cabello cobalto siguió con la conversación, procurando hacer sentir a Pit un poco más cómodo.
—Lo sé… trato de no pensar en ello— El de cabello café seguía mirando el techo. No querían volver a recordar en esa época en la que los países estaban en desacuerdo pandémico. Fueron tiempos indeseables que nadie quería volver a revivir. La mirada triste de Marth se perdió en el vacío unos segundos, intentando respirar normalmente para que creyeran que aún dormitaba.
"Ahora estamos en momentos de paz. Dudo mucho que algún país quiera declararle la guerra a otro."
"…La gente es ambiciosa por naturaleza. Siempre se tiene que estar preparado para cualquiera cosa…"
En los pensamientos de Ike, la conversación que tuvo esa noche con Zelda, lo hizo sentir una extraña calidez en el pecho, comenzando a rememorar muchas cosas. Ella lo había hecho recordar a su padre, cosa que le agradecía profundamente, y que nadie había logrado desde que llegó. Imaginó esa noche en la que la encontró parada en el marco del comedor, su sonrisa, sus ojos azules, sus sonrojadas mejillas, su delicada voz, la forma en cómo había confiado en el para contarle la anécdota de la leche. En cierta manera, comprendía porqué era especial para todos los que lo rodeaban, no por nada Falco y Fox se pusieron a la defensiva. En un lugar de su mente, se preguntó si ella también había sufrido estragos de esas terribles guerras.
—¿Por qué sonreías, Ike? — musito el de cabello marrón, volviendo a esa sonrisa característica. Ike lo miró, ni si quiera se había dado cuenta que había estado sonriendo. Inclusive Marth estaba confundido, ¿Cómo de un tema como ese, había sonreído así como así?
—No es nada. Extraño mi hogar. — mentiría diciendo que no extrañaba su hogar, pero esa no era la verdadera razón por la que estaba así. Pero el joven Icarus creyó lo que dijo, dejándose caer en su almohada
—Te entiendo. También extrañaba mi lugar natal.
—¿Extrañaba?... ¿Ya no lo extraña?
—Sí, lo sigo haciendo. Es solo qué… desde que llegué a Delfino City,— habló bajito. Ike lo miraba de perfil, el otro solo miraba hacia arriba—, Marth, Zelda y su hermano Sheik, se han convertido en mi familia. — Aquel comentario de Pit hizo casi sollozar al susodicho de cabello índigo que escuchó todo desde un principio. Habían sido momentos de sufrimiento, él también los consideraba como una familia. Greil sonrió ante eso— Y… bueno, se supone que donde está tu familia, está tu hogar. Considero a Delfino City como mi hogar, aunque ahora no estemos en él.
—Que comentario tan más admirable— confesó Ike. Pit le sonrió, cerrando sus ojos.
—Ahora eres parte de esta gran familia también— El de cabello marrón se acomodó boca-abajo, dándole pequeños golpecitos a su almohada, mostrando claras señales de que estaba punto de conciliar el sueño, recostándose—. Con confianza te digo que eres mi amigo, y como grupo de amigos que somos, te apoyaremos. Eso es una familia— La boca del pequeño emitió un gran bostezo. Lowell seguía escuchando, sonriendo ante todo lo que Pit le decía a Ike. Estaba madurando, dejando a un lado su faceta de niño pequeño. Sentía como si Pit fuera su hijo, y él un padre que lo había visto crecer. Porque, en realidad, así había pasado todo.
—Le agradezco sus palabras, Pit Icarus— El de cabello cobalto dio las gracias. Sabía que aquel pequeño le decía todo de corazón.
—No hay nada que agradecer— Pit dio el último bostezo, colocándose su antifaz para dormir, acurrucándose en la almohada—. Buenas Noches… Ike…
—Descansa, Pit— El susodicho quedo boca-arriba, dejando su banda a un lado de él. Cerró sus ojos y espero, al igual que sus compañeros, entrar al mundo de los sueños. Marth también se reacomodó en su almohada, dejando caer sus parpados y poder dormir algo esa noche. —Descansa… Marth— el nombrado abrió grandemente sus ojos, ¿Pero cómo se…?
Que más daba, suspiró resignado. Faltaba poco para las cuatro de la mañana.
—Descansa, Ike.
…
Escuchó el despertador, saliendo de entre sus sábanas y apagándolo. Se dio cuenta que su hermano le había regresado el mensaje, pero lo leería más de rato. Decidió ducharse y al irse a desayunar lo leería. El clima lucía muy hermoso por la ventana, tal vez reconsideraría pasar un rato afuera entre toda el hermoso paisaje blanco.
Entró al baño y abrió la llave de la regadera. Se preguntó si sus amigos estarían consientes como para ir por ellos y no sentarse a comer sola. Sonrió al imaginarse todas las cosas que debieron haber hecho. Link siempre le había dicho que las pijamadas… perdón, "desveladas masculinas" se ponían divertidas cuando Falco y Roy estaban en ellas. Sin embargo, no quería abrir la puerta del dormitorio del pelirrojo, y encontrarse con un montón de hombres, probablemente con poca ropa. De solo pensarlo su cara comenzaba a arder.
Vertió un poco de champú en sus manos y lo pasó por su largo cabello marrón. Entre más largo más difícil se le hacía lavarlo. Juraría que podía terminarse medio bote del producto solo para una lavada. Salió y se enredó una toalla en sí misma, utilizando otra para su cabello.
Fue al armario y se percató de que su ropa limpia se hacía cada vez menos. No tardaba mucho para que fuera día de lavado y fuera a lavar sus prendas. Ya vestida, pensó que sería temprano para ir a comer aún, así que se dirigió a su silla para escribir un poco en su diario. Se dio cuenta que en tres días no había escrito nada. Era verdad que el tiempo pasaba volando. Solamente le quedaba otra semana y se irían a su hogar.
Día 6:
Hace tres días que no había escrito nada. Debería darme algo de crédito, es la primera vez que hago algo como esto, y ya llevo varias hojas por los dos lados.
Es increíble como el tiempo pasa delante de nosotros.
Unos días atrás, había tenido insomnio. El día que esquiamos, precisamente. Y ese día, tenía un hambre del mismísimo demonio, me había olvidado de bajar a cenar.
Al ir por las escaleras, si no fuera por la poca luz de ahí, no me vería ni siquiera las manos. Que, por cierto, me resbalé en uno de los escalones. Muero por escuchar la risa de Sheik cuando le cuente.
Y, justo cuando mis pequeños intestinos decidían reclamar por algo de alimento, me encontré con un rostro nuevo, pero conocido, esa noche.
Era Ike.
Sin duda alguna me asusté bastante, pero el susto se fue disipando conforme me acercaba a él y compartíamos la mesa esa noche. Al parecer, él de igual manera estaba pasando un momento de mal sueño como yo. Hasta me ofreció un café que él mismo preparo, y nada mal. Fue muy educado y cortés. Lo conocí más a fondo, y puedo asegurar lo agradable que es pasar un tiempo a solas con él.
Detuvo su escritura y se notó el "a solas" que había escrito. Se sonrojó bastante.
Me habló de su familia, y le hablé de la mía. Indirectamente, creo que compartimos varias cosas en común. Ike fue gracioso, relatando como su madre y su hermana tenía un humor bastante cambiante. Le conté sobre la leche Lon Lon, una anécdota que contadas personas la sabían. No me di cuenta hasta que analice mis palabras y me arrepentí de haberlo dicho. Pero luego de decírselo, no me arrepentí de nada, al ver que mi preciado recuerdo estaría a salvo con él.
Después de aquello, algo raro sucedió en mí.
Cada vez que lo miro, mi corazón se acelera. Ahora, me es imposible no pensar en él de vez en cuando. Mi estómago se siente raro. Hasta me doy el lujo de sonreír, rememorando esa noche. Hay veces en que quedamos varios minutos observándonos, al menos hasta que uno sonríe y voltea la mirada. Me da vergüenza pensar que es lo que pasa por su mente, en ocasiones.
Definitivamente es algo… nuevo.
Mentiría diciendo que no es todo lo "nuevo" que me ha pasado.
El día de ayer, cuando Wolf y yo estábamos en la cocina… no me esperé que hiciera lo que me hizo.
Tenía miedo, eché a volar mi imaginación y por mi mente pasó el hecho de que me quisiera golpear, tal vez por lo que hubiera sucedido en el comedor. Ese hecho era bastante improbable, porque por la razón que se paró en la cocina fue para pedirme una disculpa.
Al menos, en lo que yo sé.
Solo rezo para no volvérmelo a topar, más que nada cuando me encuentre sola.
Queda una semana, el tiempo dirá que sucederá. Iré a desayunar y, en lo que resta de hoy, veré que puedo hacer. Verificaré si mis amigos siguen vivos después de esa noche varonil.
Dispuesta a salir por la puerta, cerró su diario y dejó su pluma, colocándose calzado cómodo, y saliendo de su habitación. Al llegar al ascensor, llamó a este presionando el botón de la planta baja. Ya dentro, este comenzó a descender, abriendo sus puertas. De alguna manera, sintió algo muy extraño, un silencio muy inusual. Tuvo que mirar su reloj de muñeca para cerciorarse de que era la hora del desayuno y, a menos de que su tiempo estuviera mal, ya hasta se había pasado quince minutos.
Al entrar al comedor, no vio a nadie más que no fueran sus compañeras del género femenino, y sus compañeros más jóvenes de todo el Instituto. Se adentró hacia la barra y tomó lo que pensaba desayunar esa mañana: Un café y un omelette, para luego ir a tomar un lugar en una mesa vacía y…
—¡Zelda, querida! — giró a su llamado, divisando a Peach que la estaba saludando, más bien haciéndole una ademán para que se acercara —. ¡Ven un momento!
Hizo caso al llamado de su amiga, hasta posicionarse a un lado de ella.
—Siéntate con nosotras terroncito—le sonrió la de vestimentas rosas—. No creo que mis postecitos bajen a desayunar hoy. — comentó, pensando que hacía referencia a los del sexo masculino.
—Muchas Gracias, Peach— dijo la de cabello café, sentándose a un lado de la antes mencionada. En esas dos pequeñas mesas juntas estaban la mayoría de las mujeres del Instituto, restándole las que no habían podido venir a la cabaña.
—Les estuve comentando lo de la pijamada, Zeldi— comenta Peach mirando a la de cabello café, mordiendo una galleta de trigo.
—¡Yo digo que es una excelente idea! ¿No crees, Nana? — Habló la pequeña joven de cabellera rosa pálido, dirigiendo su mirada a otra joven de cabello marrón claro, con un ligero sonrojo en sus mejillas.
—Suena bien, Jiggly— se limitó a decir, con una sonrisa, prosiguiendo en comer sus tostadas con mantequilla.
—¿Tu que dices Samus? ¿Te gusta la idea? —inquirió Toadstool, mirando a la rubia de la coleta alta, quién estaba tomando una vaso de jugo de naranja. No era como si estuviera muy al tanto de lo que dijeran. Al igual que Zelda, estuvo a segundos de sentarse sola en otra mesa, pero Peach la había jalado hacía en la que estaba sentada. Agradecía que la rubia fuera una gran persona.
—No veo por qué no— Si bien no era mucho de pijamadas, ella no era de las típicas chicas de… bueno, pijamadas. Vagamente recordaba haber asistido a una, y era mucho decir de parte de ella. No le veía nada de malo darle una oportunidad a esta —. ¿Y cuándo se haría?
—Mhm…— mientras se terminaba su galleta, Peach puso expresión pensativa. Había más actividades en el itinerario de esta semana, tenía que hacer espacio un día. Un día que no tuvieran nada que hacer, para poder desvelarse tranquila, sin la molestia de las bromas de sus compañeros del género varonil—. ¿Qué tal esta noche?
—¡Yo me apunto!— vocifera Jigglypuff.
—Mañana es día de lavado. Tenemos todo el día para ir a lavar nuestras prendas, así que es como si fuera día libre. ¡Un perfecto día para desvelarnos hablando de chicos y maquillaje!— confiesa Peach, con emoción evidente. Gracias a las Diosas, solo los más pequeños escuchaban aquello.
—Entonces esta noche será— prosigue Zelda, intentando ocultar su entusiasmo. Le costaba admitirlo, era la primera pijama a la que iba a asistir. Primera pijamada femenil, quería decir. Al fin conocería qué era lo que se hacía en ese tipo de reuniones.
—¿En qué cuarto se haría? — preguntó Nana.
—En el mío por supuesto, cerecita— sonríe la de voz chillona, tomando de su malteada de fresa—. Lleven almohadas, revistas, esmaltes para uñas, todo lo que ustedes quieran, y su pijama… obviamente.
—¿Ah qué horas nos vemos en tu alcoba? — pregunta Zelda, dándole un sorbo a su café.
—A las once estaría bien. — prosiguió, acabándose lo que quedaba de sus galletas— Mi habitación está en el último piso, el quinto.
—¡Que emoción! Ya quiero que sean las once — habló la de ojos turquesa, terminándose sus waffles.
—Pueden llegar antes, terroncitos— sonrió la rubia de enormes ojos.
—¿Por qué el comedor luce tan vacío? —pregunta Nana, cambiando de tema, haciendo que sus demás compañeras echaran otro vistazo al comedor. La única mesa ocupada, no muy lejos de ellas, era de los más jóvenes: Ness, Lucas, el hermano de Nana: Popo, Pikachu y Kirby. De ahí en más, nadie estaba.
—Casi todos los… "hombres" decidieron organizar pijamadas— Habló Samus, dándole un vistazo a su celular. Le quiso dar taquicardia cuando se enteró que Ike estaría presente en esa desvelada. ¡Por supuesto que le hubiera gustado estar ahí! Pero era una chica.
—Mi hermano también organizó una con sus amigos. Sólo que ellos si bajaron a desayunar.
—A diferencia de tu hermano— continuó Aran— Los demás con unos perezosos. Conociéndolos, juraría que terminaron durmiéndose a las cinco de la mañana. Bajarán hasta la hora de la comida, y si bien les va.
Las mujeres murmuraron una risa. No hacía falta mencionar que el comentario de Samus era verdadero. Continuaron hablando de otras cosas, entre ellas que ya faltaba poco para las fechas más esperada por muchos: Noche Buena y Navidad. Zelda dejó de prestar atención a lo que hablaban, perdiéndose en algún lugar de su plato vacío. Por más que intento integrarse a la conversación y a las risas de sus compañeras, no podía.
Acabado el desayuno, recogieron los platos en que comieron y los dejaron en el fregadero.
Se sentía sola, ya que Marth y Pit, sus casi hermanos, no estaban con ella. Ni si quiera Link se veía por ahí para hacerle compañía. Pero claro, tenía que darles un respiro de su persona de vez en cuando. Volver a recordar todo eso le traía una sonrisa a sus facciones. Nuevamente se preguntó que estarían haciendo en esos momentos, probablemente estarían dormitando. Tal vez lo mejor sería ir a su habitación a organizar su ropa para el lavado y…
—Oh-Oye… Zel-zelda…—giró su cuerpo y miró a la persona que la llamó, era Lucas.
—Hola, Lucas— saludó la de cabello marrón, brindándole una cálida sonrisa. El joven de cabello rubio lucía temeroso. Intento darle un poco de confianza, suavizando su voz—. ¿Qué sucede?
—… L-lo que p-pasa es que…—podría jurar que las mejillas del pequeño ardían de calor. Él siempre había sido muy asustadizo, y bastante tímido. De alguna manera, lo comprendía, y le daba ternura a la vez.
—Puedes decírmelo con confianza, Lucas. No te haré daño— ese comentario lo había dicho en broma, a lo que Lucas entendió.
—¡No me malinterpretes! — Defendió rápidamente—. E-es solo… — Zelda esperó pacientemente a que Lucas hablara, aunque no veía muchos indicios de que lo fuera a hacer, seguía con su mirada hacia el suelo y con sus pómulos color carmín. No obstante, espero hasta que él hablara, no quería presionarlo de alguna manera —. Me… ¿Me permitiría pedirle un consejo?
En verdad la actitud de Lucas le daba ternura.
—Claro Lucas, ¿De qué se trata?
—V-verás… —balbuceó Lucas. ¿Por qué tenía que ser tan nervioso? Ojalá tuviera algo de valor como sus demás compañeros para este tipo de cosas, tuvo que ahogar un suspiro—. ¿Podemos hablar en un lugar… más privado?
—Claro—brindó una sonrisa. Siguieron caminando por el pasillo, hasta llegar al área del living, ahí tomaron asiento en el sofá. Lucas seguía bastante nervioso, no quitaba la mirada de sus pies que se balanceaban inquietamente, con el sonrojo prevalente en él.
—¿P-podrías… guardar un s-secreto, Zelda?
—Puede confiar en mí, Lucas— el gesto de la de cabello café hizo sentir más seguro al de cabello rubio, de nuevo desviando su mirada al suelo. Se notaba con más entusiasmo.
—Quería preguntarte… bueno, ya casi es Navidad, y…— entrelazó sus manos, jugando con sus pulgares. Al ver a Lucas, le recordaba ver a su amigo Pit. — q-quisiera saber… si me lo permites claro… Qué… ¿Qué regalo sería perfecto para darle a Nana?
La joven soltó una pequeña risita, con que eso era todo lo que tenía el pobre pequeño de cabello ocre. Se lo había preguntado tan rápido, que apenas alcanzó a entender. Se sentía como una madre que estuviera aconsejando a su pequeño hijo, sobre qué cosa le gustaría a la niña que le lo trae arrastrando la cobija. Sabía que los sentimientos de Lucas eran puros. Aún sin que Nana lo supiera, se alegraba por ella.
—Veamos…— dejando su lado maternal para después, comenzó a concentrarse en qué regalo le gustaría a la pequeña de cabello café. Ella era algo tímida, al igual que Lucas. Se dio cuenta de las cosas que compartían en común. Flint la miró atento, expectante a lo que ella fuera decir. Tenía tiempo con aquel… no podía llamarlo problema, ni inconveniente; Al contrario, un sentimiento lindo surgía al momento en cuanto la miraba, hasta Pikachu le hacía burla por su "rostro de tarado", o así le decía él. —. ¿Nunca has intentado preguntarle a su hermano?...
Con esa pregunta, el rostro del de cabello ocre cambió drásticamente, inclusive pensando que lo había podido ofender.
—H-he querido preguntarle, pero… — desvió su mirada hacía un ventanal. En sus ojos azules se reflejaba los árboles con las grandes capas gruesas de nieve. Zelda pudo percibir todo aquello que le causaba a Lucas, con solo ver su rostro. Se sintió culpable por unos minutos, no tenía que responder a su pregunta. Sin embargo, lo hizo—, …No le caigo muy bien, que digamos.
—Entiendo, no quise…
—Para nada Zelda, aprecio mucho tu ayuda— ahora él era el que brindara una sonrisa, contagiando a la de ojos azules.
—En ese caso… — prosiguió Hyrule—. En unos días iremos a la ciudad cerca de aquí, ¿No es así?
—¡Si! Estoy muy emocionado por ello— exclamó Lucas, casi brincando en su asiento—. Pienso ese día… poder comprarle algo a Nana, por eso pedí tu opinión… al respecto.
Claro, lo había olvidado por completo. Su amiga rubia le había comentado que, una de las cosas de ese viaje, era la visita a uno de los pueblos hermosos cerca donde residían ahora. Aunque, a decir verdad, el pueblo había dejado de serlo, para convertirse en una pequeña ciudad. Al igual que Lucas, estaba emocionada por ir, quería comprarle algo especial a Sheik.
Pero ahora era tiempo para meditar y poder decirle a Flint cuál era el regalo perfecto para Nana. Si lo analizaba bien, no la conocía del todo. No obstante, no podía decepcionar a su joven amigo, quién había recurrido a ella para un consejo. Tenía la obligación de ayudarlo.
Entonces, su idea vino a la mente.
—Tengo una idea, Lucas.
—¿Sí? ¿Cuál es? ¿Qué tienes en mente? — por su rostro de emoción, la de cabello café dejó escapar una pequeña risa.
—Bien, Lucas. Tal vez no te tenga la respuesta para hoy—la imagen de este tomó un aire entristecido—. Esta noche nos reuniremos en una pijama, todas las… chicas. Ahí estará Nana. — el susodicho se sonrojó fuertemente, con la típica sonrisa de enamorado—. Podré averiguar qué es lo que le gusta, y… no sé, tal vez te lo pueda decir.
—¡¿En serio Zelda?!, ¡¿Lo dices en serio?! —inquirió emocionado el de cabello amarillo, levantándose de su asiento. Ni tiempo le dio de responder a la de cabello café, cuando este la jaló, levantándola del sillón, dándole un fuerte abrazo. No le faltaba mucho para sus pies dejaran de pisar el suelo—. ¡Infinitas Gracias Zelda!, ¡Eres la mejor!
—No… hay de qué… Lucas— bien, la estaba dejando sin aire. Lucas era bastante delgado como para tener toda esa fuerza con la que la estaba abrazando.
—¡Oh! ¡Lo siento Zeldi! — la soltó de su agarre—. Pero… ¡Es que estoy muy emocionado!
—Baja tu voz, Lucas. A menos de que quieras que todos te escuchen…— concede Zelda; Flint rió nervioso.
—Es cierto…— musitó, volviendo a tener sus mejillas de color rojo. —Entonces… ¿Será nuestro pequeño secreto?, ¿No le dirás a nadie?
—Tómalo por hecho— confirmó, volviendo a tomar asiento, Lucas imitándola de igual manera—. Es nuestro pequeño secreto— sonrió, haciéndole un guiño. Los ojos de Lucas desprendían una determinación increíble, aún con un ligero color carmín.
—Ehm… cambiando de tema, ¿Te puedo hacer… otra pregunta…?— Zelda lo miró, accediendo con la mirada.
—Por supuesto, Lucas.
—A ti… ¿No te gusta nadie?
La sonrisa de Zelda se desvaneció. Nunca se hubiera esperado esa pregunta. De hecho, nadie, ni si quiera sus amigos más cercanos, le habían cuestionado aquello. No quería decir que Lucas no era su amigo, para nada. Tal vez la inocencia de Lucas era lo que lo había incitado a eso. Flint notó la expresión rara de Zelda, retractándose severamente por haber preguntado aquello.
—L-lo siento, Zelda… n-no q-qui-ise decir eso…— la de ojos azules dirigió su mirada al pequeño. Sus ojos comenzaban a aguarse.
—¡No Lucas! — rápidamente, esta se acercó, rodeando con su brazo al joven de suéter rayado—. No llores, por favor, no me has ofendido, ni mucho menos. Eres una linda persona. Es solo que nadie me había preguntado sobre ese tema. Me tomaste desprevenida— eso último lo había dicho con tono de broma, haciendo que Lucas nuevamente la mirara, limpiándose una lágrima del rostro, sonriendo.
—Aun así, lo siento. No debí preguntarte algo tan personal…
—No digas eso. Tú me has confesado algo muy importante para ti— Zelda continúo, sonriéndole a aquel pequeño rubio de ojos azules— Era justo que tú me preguntaras algo igual.
—¿Ah si?
—Claro Lucas.
—Entonces… ¿No te gusta… nadie? —habló nuevamente con miedo.
—Mhm…— comenzó a indagar un poquito en su mente. ¿Ah que se refiere la palabra 'gustar' exactamente? Nunca se lo había planteado de esa manera. ¡Ella era muy inteligente! Su mismo hermano se lo había dicho, no le cabía el por qué no podía entender una palabra tan insignificante. El significado literal de 'gustar' es "Algo que llame tu atención, que te agrade"… así que… ¿En vez del sustantivo 'algo'… lo debería sustituir por 'alguien'?
Creo que lo mejor de todo sería preguntarle al pequeño de ojos azules.
—Tengo un poco de problemas con esa palabra— admite avergonzada.
—O sea… ¿No te gusta nadie?
—Es que no sé en sí que significa ese término… bueno, si sé, pero no en un ámbito amoroso. — Lucas puso la mano en su mentón, pensando en la forma de que Zelda comprendiera un poco. Después de todo, ella lo ayudaría con… Nana.
—Bueno… en mi caso con…— el rubio comenzó a sonrojarse, pero tenía que proseguir—…, c-cuando la veo, me produce ciertas cosquillas e-en mi estómago, pero no cualquier cosquilla… es una especial. T-también cuando la escucho hablar, mis manos empiezan a temblar y... sonrío sin darme cuenta. Es algo… muy bonito.
—Creo que…—La susodicha fue imaginándose cada cosa que sentía Lucas. El hecho de que él estuviera pasando por aquello le parecía bastante tierno. Analizó todo lo que le había dicho, pero aun así no se podía concentrar bien.
No quería dejar al pequeño de suéter rayado esperando todo el día.
—Lo siento, Lucas… Creo que no me gusta nadie, pero tu argumento me ha ayudado de mucho. — contesta la joven, mientras Lucas no dejaba de sonreír.
—No te preocupes Zelda. Verás que… llegará alguien especial a tu vida. — aseguró el pequeño. Sin embargo, se preguntaba cómo alguien tan bonita como ella, aún no tuviera a alguien en mente. Claro, no es como si él fuera el súper galán del instituto, aunque eso no le quitaba el hecho de lucharía por Nana…
—Cuando ese momento llegue… recordaré contártelo.
—N-no es-
—¡Claro que lo es, Lucas! Luego de eso que me has dicho, me puedo sentar tranquilamente a pensarlo. Todo gracias a ti. — contradijo la de cabello café— Casi me atrevo a decir que, si encuentro a alguien… especial, será gracias a ti.
—… M-muchas Gracias, Zeldi — Responde feliz, y sonrojado, en lo que se levanta del sillón —Ha sido un gusto hablar contigo, Zelda. M-me tengo que retirar a mi habitación—confiesa, con un gesto apenado— Tengo que p-preparar mis prendas para el día de lavado…
—Sí… igual yo Lucas— menciona, imitando al menor— Muchas Gracias por confiarme algo tan preciado como aquello— La joven se dirigió a abrazarlo, cosa que correspondió el menor. Al parecer, Pit no fue el único que se estiró desde la última vez que lo vio, ¡Si ya casi la alcanzaba!
—No tienes que agradecer Zelda, ¡Yo debería agradecerte a ti! — Ambos se separaron del abrazo, Lucas observó su reloj de muñeca— Wow… casi es medio día.
—¿De veras? — la joven inquirió sorprendida. Aún no bajaban sus amigos a comer… así debieron terminar el día anterior, más bien hoy en la madrugada.
—¡Si! También estoy sorprendido… Bien, ¡Muchas Gracias a ti Zelda! ¿Te importaría ir conmigo en el ascensor?
—No hay problema, apenas te iba a cuestionar lo mismo.
Al terminar de hablar Zelda, inmediatamente se escuchó un golpe y un sonido hueco, captando alarmados las miradas de ellos. El ruido había provenido del pasillo. Se quedaron inmóviles, Zelda con cara de confusión, y Lucas a punto de hacerse en los pantalones.
—¿Q-Qué f-f-fue e-eso? —la cara del menor tomó una tonalidad casi blanca. La de cabello café también se asustó, pero dudaba bastante que alguien externo se hubiera metido a la mansión. Sin embargo, en su mente si le aterraba la idea de que fuera uno de los pelirrojos… o quizás Wolf.
—S-si es una broma… ¡Es de muy mal gusto! — titubeó Zelda. Ambos se fueron acercando más al marco de entrada que conectaba el pasillo. La primera en asomarse fue Zelda, pero no encontró absolutamente nada, solo un solitario pasillo, con el bello piso de madera.
—Z-Zelda… vámonos antes d-de que otra cosa suceda…
Ambos asintieron con sus cabezas, retomando el camino hacia el ascensor. Al llegar a este, tardó un poco en abrir sus puertas, ya que estaba hasta el 4° piso. La habitación de Lucas estaba en el segundo piso, y la de ella en el tercero.
…
…
…
Lamento la tardanza en la actualización n_nU
¿Qué les pareció el capítulo? Espero no haberlo hecho muy decepcionante, respecto a la pijama de hombres. Ahora es el turno de las chicas, ¿Será que ellas también tienen que confesar algo? ¡Tendrán que esperar hasta el próximo capítulo! Ojalá se haya entendido la treta de Falco y Fox.
¡Agradezco con mucho amor a mis lectores! :
Frikisauria: ¡Hola y Muchas Gracias por tu review! Bienvenida a esta humilde historia nwn. ¡No tienes idea de cuan feliz me hacen los comentarios! Estoy contenta de saber que está gustando la historia. Me alagan mucho tus palabras n_n Y con lo del capítulo, me emocionó mucho escribir esa escena xd La de Wolf y Zelda, No sé… quizás el cabello plateado no se detendrá tan fácil… ups, ¡Spoiler Alert! ¡Nuevamente Gracias por tu opinión!
Ayano Smash
Sugar5Star
Animeseris
Ayane Fenrir
Elizabeth-Abadeer
Mr. NBA
Agradezco nuevamente a Mr. NBA por dejar ¡Dos reviews! Really, you're the best.
Por cierto, de paso quiero avisar que estaré algo ausente. He tenido vértigo, lo que me impedirá unos días de estar en el computador. Lamento las molestias ;.;
Cualquier horror ortográfico me lo dicen y lo corregiré.
¡Se agradecen reviews!
Zeldi-chan de hyuuga
Lunes 27 de Enero del 2014
