Disclaimer: Los personajes del Smash Brothers utilizados en esta historia no son míos, si no de la compañía Nintendo y/o sus respectivos creadores. No obtengo ningún beneficio lucrativo con esto, mi único propósito es el de entretener. Lo único que es mío, es la trama.

Aclaraciones al final.


.~Un Nuevo Comienzo~.

CAPITULO VIII

Pijamada

por Zeldi-chan de hyuuga


Sus oídos comenzaron a captar algo. Un sonido que ya llevaba rato, pero creo que nadie había tenido la decencia de silenciarlo, o la conciencia mejor dicho. Se giró, retirándose las sábanas, intentó levantar sus cansados párpados, pero estos los sentía pesados que no podía hacerlo. ¿En dónde estaba ese condenado aparato?...

Cuando pudo abrir los ojos, lo divisó no muy lejos de su persona, en el tocador que estaba frente a él. Fue hacía este, era el celular de Link, el único que tenía esa funda de tres triángulos. Deslizó su dedo en la pantalla táctil, acto seguido dejó de sonar. Eran las diez treinta de la mañana. Se habían saltado el desayuno. A lo mejor había sonado a las nueve y nadie lo había escuchado. Se miró en el espejo, y su cabello estaba hecho un desastre, pareciera como si hubiera tenido una pelea con el cepillo. Algunas ojeras también habían tomado posesión de sus ojos. Si bien no tomó mucho sake, él no era una persona que solía tomar. A lo mejor le había caído de más. En eso escuchó un movimiento de una colcha, girando su rostro para ver de dónde había provenido. Era Falco, recién levándose mientras tallaba su ojo adormilado, despeinado de igual manera.

—Buenas Ike. — saludó.

—Buenos días Falco— musitó, eran las únicas dos personas despiertas.

—…Si son 'días', ¿Verdad?

—Sí, son las diez treinta— susurró, mientras Lombardi dejaba escapar un suspiro aliviado.

—Gracias al cielo, creí que era de noche… — agradece en susurro. El de cabello azul también pensó lo mismo cuando se levantó, desmintió ese hecho cuando vio la hora. Las cortinas estaba cerradas, y la habitación se veía oscura. —¿Nadie se ha levantado aún?

—…Creo que no, sólo nosotros dos.

—Wow, eso es un nuevo record… usualmente siempre soy el último, más cuando bebo. — Falco comenzó a levantarse del piso, cuidando de no levantar a McCloud en el intento. Greil se dio una nueva mirada en el espejo, intentando acomodar su rebelde cabello, aunque sabría que no lograría mucho. El segundo, ya de pie, se estiro cual felino, pasando su mano por su cabello. Mientras Ike acomodaba su cabello y pijama, se percató de la cara que puso Falco, girando hacia todos lados, como si buscara algo.

—Ike, ¿Dónde está Roy?... — inquirió Lombardi, en lo que el susodicho volteó, buscando con la mirada al de cabello rojo. Él se había acostado en la cama, al lado de Link. El rubio seguía profundamente dormido, donde debía estar Roy solo era un lugar vacío, con la cobija y sábana desarreglada. El mayor se acercó a la cama, tratando de no pisar a Mario, y toco la superficie mullida. Seguía tibio.

—No tiene mucho que se fue—murmura Ike, retirando la mano. Ambos de cabello azul se lanzaron miradas, y no tardaron mucho en adivinar por qué se había ido. No era coincidencia que la mayoría de los hombres estuvieran en esa habitación y las mujeres estuvieran despiertas…

—Ike acompáñame a ir por Roy, no debe ir muy lejos— susurró un poco más alto, en lo que se calzaba sus mocasines y una chaqueta al mismo tiempo. El de cabello azul lo imitó, colocándose calzado y si inolvidable banda en la frente. Rápido pero sigilosamente, abrieron la puerta y la cerraron silenciosamente. Ike fue un poco más inteligente, y tomó la llave del cuarto.

Iban a paso apresurado, instintivamente tuvieron que bajar por las escaleras, al paso más rápido que podía. No obstante, el mayor aún no entendía el por qué Roy no estaba en la habitación, tal vez había bajado por algo a la cocina.

—Falco, ¿Para qué quería Roy…?

—Aprovechar la situación— respondió, al tiempo en que giraban para bajar por las últimas escaleras. Entonces el de banda en la frente pudo comprender. Al no haber nadie que lo interrumpiera, tomaría ventaja de aquello, para estar un tiempo a solas con…

"…Eso no me detendrá para poder llegar a ella…"

"…Nuestra intención no es que lo dejes de intentar. Sino que tengas cuidado en cómo llegas a eso…"

"…Jura por tu vida que, si llegas a lastimarla, tu amistad con Link se iría al caño…"

Parte de la mansión estaba sola, en silencio. Rápido, giraron en un pasillo, no muy lejos del área del living. Lo divisaron a unos cuantos pasos de ellos. El de cabello cobalto hubiera preferido utilizar el 'factor sorpresa'…

—¡Idiota ven acá!

… pero Falco se le adelantó.

Roy estaba un poco más decente, en cuanto a vestimenta se le refería. Los miró con horror. Los dos de cabello azul corrieron tras él, y este comenzó la huida. Corrieron por varios segundos, lo más silencioso posible, hasta girar en un pasillo, dónde estaba el marco de entrada que daba directo al living. Roy estuvo a pasos de llegar para poder escabullirse ahí, con Falco pisándole los talones… hasta que Ike se pisó el pantalón de su pijama, cayendo sobre estos dos. Al caer los tres, no se percibió mucho sonido… bueno, todo lo había llevado Roy. Los gemidos de dolor no tardaron en aparecer.

—¿Adónde crees que ibas, eh? — exigió Falco en tono bajo, quién no se había quitado de Roy. El pobre ni pudo responder por la falta de aire.

—Lo siento chicos… pise mi pijama— susurró el de cabello cobalto. Este se quitó de ellos, recargando su cabeza en la pared. Hasta ahora recordaba que la parte inferior de su vestimenta le quedaba algo grande. A nadie le dio tiempo de argumentar, por que prestaron atención al ruido que venía del área de living. Eran dos voces.

"¡¿En serio Zelda?! ¡¿Lo dices en serio?!... ¡Infinitas Gracias Zelda, eres la mejor!"

Mientras Roy recuperaba el aliento, los de cabello azul se miraron extrañados. Greil reconoció la inconfundible voz del tímido de Lucas, suponía que Zelda debía estar con él.

"No… hay de qué… Lucas"

"¡Oh! ¡Lo siento Zeldi!... Pero… ¡Es que estoy muy emocionado!"

"Baja tu voz, Lucas. A menos de que quieras que todos te escuchen…"

Mientras escuchaban, personalmente enmarcaron una ceja, confundidos. ¿De que estaban hablando? El de cabello rojo pensó lo peor, ¡No era posible que ese enano se le hubiera adelantado!

"Es cierto… Entonces, ¿Será nuestro pequeño secreto?... ¿No le dirás a nadie?"

"Tómalo por hecho… Es nuestro pequeño secreto".

—¿No me digan que Lucas se me adelantó? — susurró con mohín Zephiel, queriéndose asomar por el marco de entrada. Ya no le gustaba aquello. El comentario mosqueó a los dos de cabello azulado.

—No juegues, Lucas es apenas un niño— defendió con sigilo Lombardi, agudizando su odio a lo que fueran a decir.

"Cambiando de tema… ¿Te puedo hacer otra pregunta?"

"Por supuesto, Lucas"

"A ti… ¿No te gusta nadie?"

El trío abrió grandemente los ojos. ¡Cómo ese pequeñuelo le había preguntado como si nada! Eso les cayó como balde de agua helada. Bueno, era casi un niño después de todo, a las chicas les gustaban los niños. Se callaron, para escuchar lo que la de cabello café tuviera que decir. A Ike se le aceleró el corazón de un momento a otro… ¿Por qué le sucedía aquello? Juraría que hasta le había dado calor.

—¿Quieren apostar a que dice mi nombre? — habló Roy con tono burlón.

—Tú cállate. — contradijo Falco, acercándose más a la entrada, mientras los otros lo imitaban. Si bien Greil sabía que no era bueno espiar conversaciones ajenas, esta extrañamente le interesaba. Eso, o el hecho de que ellos tres eran un trío de viejas chismosas.

—Sabes que lo dirá…

—¡Que te calles! — mientras ellos dos discutían en silencio, el otro intentaba en vano escuchar la conversación. Zelda ya había respondido algo y ellos no lo dejaron escuchar.

"…Aun así, lo siento. No debí preguntarte algo tan personal…"

"…No digas eso. Tú me has confesado algo muy importante para ti…Era justo que tú me preguntaras algo igual…"

"…¿Ah si?..."

"…Claro Lucas…"

"…Entonces… ¿No te gusta… nadie?..."

"Mhm…Tengo un poco de problemas con esa palabra…"

"…O sea… ¿No te gusta nadie?..."

"…Es que no sé en sí que significa ese término… bueno, si sé, pero no en un ámbito amoroso…"

"Bueno… en mi caso con…, c-cuando la veo, me produce ciertas cosquillas e-en mi estómago, pero no cualquier cosquilla… es una especial. T-también cuando la escucho hablar, mis manos empiezan a temblar y... sonrío sin darme cuenta. Es algo… muy bonito…"

—Bien… Lucas no es tan inocente, después de todo.

—Falco, creo que ya era hora de que se enamorara, ¿No? — habló el de cabello escarlata, aún en el suelo. Lombardi aún seguía encima de él —. Tenía mis dudas acerca de su sexualidad.

—¿Cómo? — inquirió Falco.

—Bueno… siempre lo veía con Ness…

—¡No seas enfermo! — exclamó en susurro Falco, dándole un golpe a Roy.

Conforme escuchaba, Ike comprendió que Zelda le estaba dando un consejo amoroso al pequeño Flint. Le daba gusto que Lucas hubiera encontrado a alguien.

"Creo que…"

Había llegado, el momento de la verdad. El momento en que sabrían quién era el dueño de los pensamientos de aquella joven de orejas puntiagudas. Al fin Falco podría restregarle en la cara a Roy que no era el amor de la prima de Link. Al fin Roy le demostraría a Lombardi que Zelda debía ser suya. Ike moría de la curiosidad de saber qué hombre era aquel que le había robado el corazón, el que la hacía sonreír con solo pensarlo, el que la hacía ponerse nerviosa con solo observarlo…

Pensar aquello le oprimió el corazón.

"Lo siento, Lucas… Creo que no me gusta nadie, pero tu argumento me ha ayudado de mucho…"

Los tres palmearon su frente internamente.

—¡No puede ser! — Roy casi se arranca sus cabellos rojos, dejando caer su rostro en el suelo. Un aura negra se formó en sus sienes.

—¡Te lo dije! Sé que no le gustas.

—¿Cómo sabes eso? ¡Sólo está confundida! Luego de que me conozca, viviremos felices para siempre— Los ojos del de cabello rubí casi se hacían corazoncitos, al tiempo en que se imaginaba una vida al lado de su amada.

No obstante, el hecho de que Zelda no tuviera a ese alguien especial, le había sacado un suspiro de alivio mentalmente a Greil. De todas maneras, no era como si se hubiera quedado tranquilo. Después de aquellos sonrojos que pasaron esa noche en vela, no se lo imaginaba dirigiéndoselos a nadie más, esa sonrisa característica de ella, en esos ojos más azules que el cielo…

"… No te preocupes Zelda. Verás que… alguien especial llegará a tu vida…"

"…Cuando ese momento llegue… recordaré contártelo…"

El trío no dijo nada. Se quedaron mudos.

—Ni se te ocurra Zephiel… — amenazó en susurro Falco.

—¿Qué?

—¡Cómo que "qué"! —inquirió irónico— ¡Acosar al pobre de Flint!

—¡Habías dicho que tenía un oportunidad con Zelda! ¡Que no me lo impedirías! — Ike escuchaba atentamente lo que Roy decía. Este solo miraba al otro de cabello azulino con ojos de inquisición —. Además, ¡No eres el padre de ella para decidir sobre su opinión!

—¡Pero Link aún no lo sabe, idiota! — mientras peleaban a susurros, Greil se asomó por el rabillo de marco hacía le living. Lo que vio hizo que se le estrujara el corazón. Lucas estaba abrazando a Zelda. Era un sentimiento muy inusual en él. Era como si otro tipo cualquiera hubiera llegado y hubiera abrazado su hermana, sólo que este le dolió más el orgullo. ¿A qué se debía?...

"… ¿De veras?..."

"¡Si, también estoy sorprendido!... Bien, ¡Muchas Gracias a ti Zelda! ¿Te importaría ir conmigo en el ascensor?"

Luego de eso, los ojos de los tres se pusieron en blanco. ¡Los iban a descubrir!

—¡Marica el último! — después de que Falco susurrara aquello, los tres se pararon a velocidad de rayo, para dar inicio su carrera hacia el elevador. Con lo que no contaba el de cabello rojo, era que Falco le hubiera metido el pie, cayendo limpiamente hacia el suelo, de nuevo. Lo divertido fue que se golpeó justo en la frente, ni si quiera alcanzó a meter las manos.

Lombardi y Greil estaban que se hacían de la risa.

"…S-si es una broma… ¡Es de muy mal gusto!..."

Esa hacía sido la voz de Zelda. Como pudo, Roy se puso de pie, para así alcanzar a sus demás compañeros. Era una carrera contrarreloj. Ninguno quería imaginarse que los descubrieran. En la mente de Ike, si eso llegase a suceder, la pequeña de cabello café nunca se lo perdonaría, y era un pase seguro para una golpiza de parte de su rubio amigo. Giraron en el último pasillo, corriendo hacia la puerta del elevador, presionando Falco como desquiciado el botón para que este se abriera.

—¡Rápidooo! — exclamó Falco, casi haciendo que explotara el botón. El de cabello rojo, al ir mirando hacia atrás, no se había dado cuenta que ya estaban en las puertas del elevador, chocando con la espalda de Ike. Al empujarlo, por consiguiente este empujo a Falco, haciendo que cayeran nuevamente de manera estrepitosa al suelo. Para su fortuna, cayeron en la cabina del elevador.

Las voces de las otras dos personas se hacían cada vez más evidentes, se estaban aproximando.

—¡Presiona el botón cuatro, Ike! — exclamó Roy, señalando el pequeño tablero. Rápidamente, lo presionó, y las puertas se cerraron. Suspiraron aliviados.

Solo alcanzaron a ver dos sombras que se aproximaban.

...


Bien. Creía que todo estaba listo.

Dobló perfectamente sus prendas en una canasta de ropa, el día de lavado sería mañana, tenía que dejar todo listo si quería terminar a tiempo. Preparó sus pertenencias para ir al cuarto de Peach y tener una… pijamada. La idea le seguía emocionando. Claro, no tenía que olvidar el pequeño favor que Lucas le había pedido, ¡Pero si ese rubio era simplemente una ternura! Aún no sabía exactamente como le preguntaría a Nana, pero ya se las ingeniaría para algo.

Sus queridos amigos no habían dado señales de vida en todo el día, ¡Ni si quiera un mensaje de texto! De hecho… ninguno de los hombres lo había hecho. No quería saber cómo terminaron aquella noche. La imagen de sus amigos, posiblemente ebrios y esparcidos por toda la habitación…

Eran casi las once de la noch, suponía que ya podía ir a la habitación de su amiga. Echó a su pequeña mochila ropa limpia, las botanas que la rubia había dicho que llevara… bien, creo que no le faltaba nada. Ya era tarde, así que prefirió irse con la pijama de pingüinos puesta. Rezaba a las Diosas que no muriera de la vergüenza primero. Salió sigilosamente de la habitación y corrió al elevador. Ya dentro, decidió enviarle un mensaje a Pit, solo para que supieran en dónde estarían. Sacó su móvil y comenzó a teclear:

¡Hola Pit! Espero y estén vivos…

Estaré en una pijamada con Peach (Sí, aunque no lo creas) y con todas las… chicas. Cualquier cosa, me envías un mensaje de texto.

¡Te quiero! Salúdame a los chicos.

Zeldi

—¡Hola Zelda!

—¡Ahh! — la susodicha gritó espantada, no se percató de que las puertas del elevador ya se habían abierto. Casi se le calló el móvil del susto.

—¡Apenas íbamos por ti! — exclama Peach, con un antifaz rosa en la frente y con un conjunto bastante… particular. Todas ya estaban ahí, solo faltaba ella. Las mejillas de Zelda se sonrojaron ligeramente.

—Lamento la tardanza…— admite apenada.

—¡Para nada! Pero mejor entremos a la habitación… no queremos que los chicos nos vean en estas prendas. —La rubia de grandes ojos le guiño el ojo, y la de cabello café se sonrojó fuertemente. Jiggly y Samus la ayudaron con sus pertenencias, y caminaron hacia la habitación de Peach. Al abrir la puerta, le fue imposible no asombrarse con lo bella que esta era, ¡Sin mencionar que era gigantesca! —. ¿Qué les parece mi habitación, preciosuras?

—Es…— la joven estaba sin palabras, ¡Era enorme! Y muy hermosa, ¡Podría jurar que cabían veinte personas ahí adentro! Sin mencionar la hermosa vista que tenía hacia afuera, todo el paisaje se veía desde esa habitación.

—Demasiado rosa—completó la frase la rubia de coleta alta, casi con indicio de un tic en el ojo. Sí, era demasiado rosa, pero eso no lo quitaba lo linda que era. Aparte, era Peach de quién hablaban. Si no era de color rosa… no era de Peach.

—¡Acomódense dónde quieran, terroncitos! No tardaremos en empezar—anunció Peach, comenzando a extender sábanas en la alfombra. Traía un conjunto de su color favorito, una camisola y unos pantaloncillos muy cortos. Jigglypuff utilizaba una pijama a juego con el color de sus ojos. La alta rubia lucía su esbelto cuerpo con una blusa de tiras y unos pantaloncillos cortos. Nana utilizaba un conjunto rosa pálido. Y ella… traía un conjunto invernal de pingüinos.

A veces se lamentaba por ser tan poco femenina como sus compañeras.

Tomaron lugar en la alfombra a forma de círculo.

— ¡Pásame la botana Nana! — exclamó Jigglypuff con una sonrisa. Acto seguido, la mencionada le paso la bolsa que Zelda había traído. La de cabello rosa pálido comenzó a indagar. Había frituras, chocolates, galletas, pastelitos…

—¡Pásame unos pastelitos, Jiggly! — habló Toadstool, mientras la menor sacaba el empaque de pastelillos y se los aventaba a la rubia.

—¿Alguien más quiere algo?... ¿Zelda?

—Ehm… unas galletas, por favor.

—¡Claro! Ahí te van— Las aventó y la de cabello café apenas las atrapo. —¿Samus?

—Las frituras están bien— La de pelo rosa se las pasó, la diferencia es que la rubia las atrapó con agilidad.

—¿Y tu Nana?

—Unos pocos chocolates, por favor— habló tímidamente. Al estar Jigglypuff a un lado de ella, solo le extendió la barra de dulce. Todas empezaron a comer lo que tenían en sus manos, algunas intercambiando de sus propios bocadillos.

—B-bueno…— comenzó Jiggly a medio bocado, tragando el pastelillo que estaba masticando— ¿Qué hacemos ahora?

—¡Yo tengo para hacer faciales! — exclama Peach, poniéndose de pie y corriendo hacia el baño. Ni si quiera les dio tiempo de argumentar algo. Rápidamente, regresó con un producto con tapa, junto con unas bandas elásticas para el cabello— ¡Verán que les quedará su rostro reluciente!

Peach les fue pasando las bandas elásticas, con el fin de que su rostro quedara al descubierto, sin ningún tipo de cabello que les obstruyera. Peach fue la primera en colocarse la mascarilla color verde, pasando el demás producto a sus compañeras. Zelda se vertió un poco de producto en su mano, comenzando a esparcirlo por toda su cara. Estaba sumamente frío, pero no quería ser la única sin tener una mascarilla. Ya todas con sus mascarillas en cara y con sus cabellos revueltos, se veían sumamente graciosas. No pudieron evitar soltar una carcajada al unísono.

—Parezco mandril…—dijo Nana, mirándose en el espejo de mano que traía consigo— ¿Cuánto tiempo debemos de tener esto en la cara?

—Media hora, hasta que seque completamente— advierte Peach, entrelazando sus piernas en el suelo. —¡Qué les parece si jugamos algo!

—¡Sí! Hay que jugar algo divertido— dijo Jigglypuff. En eso, comenzó a idear algo en su mente, hasta que se ocurrió algo— ¿Les parece Verdad o Reto?

—¡Estupenda idea! — habló la de la voz chillona. Las dos de cabello café tragaron pesado. Sabían de qué se trataba ese tipo de juegos. — ¿Con qué podemos jugar?

—Traigo un fijador de cabello, ¿Les sirve de algo? — habló Samus, sacando de sus pertenencias dicho producto. Eso utilizarían para hacerlo girar en el suelo.

—¡Si! ¡Préstamelo! —esta se lo extendió a Peach, mientras lo colocaba en el suelo. Lo giró para ver si funcionaba. —¡Si! Si funciona, ¿Quién empieza?...

—Espera, ¿Cuáles son las reglas del juego? — Samus entrelazo sus brazos, quiso hacer una mueca de duda, pero no podía debido a la mascarilla. Las demás la miraron.

—No hay reglas— Peach las miró con cara malvada, mientras las demás les resbalaba una gotita en la frente. Luego la rubia rió escandalosamente— ¡Saben que amo este tipo de juegos! ¿Alguna objeción? — Peach las miró nuevamente con su cara divertida de color verde. — ¡Bien, yo empiezo!

La rubia giró el fijador en la alfombra, era una suerte que girara de manera correcta. Samus y Jigglypuff lucían muy calmadas… a diferencia de las de cabello castaño. La parte a quién señalara la tapa del fijador, era a la que se le aplicaría el reto… o la verdad. La que lo hiciera girar, era la que los aplicaría. La primera víctima de la noche… fue Jigglipuff.

—¡Te toco a ti, terroncito!

—¡Wuu! — exclamó la de cabello color chicle— ¡Quiero Verdad!

—Mhm… bien. — habló la de cabello ocre. Las otras miraron a Peach. Cuando de este tipo de juegos se trataba… la rubia podía a llegar a ser muy malvada, o insistente en su defecto. Si había alguien mejor que un detective… era la rubia de prendas rosas. — ¡Suéltalo ya! Dinos, ¿Te gusta Kirby?

La de cabello color rosa no se esperaba la pregunta, por lo que se puso del color de un tomate, bueno, en lo que se alcanzaba a ver de color rojo, en lo que Peach reía divertida. Las demás solo rieron en voz bajita, y la esbelta rubia solo enarcó una ceja. ¿Quién diría que le gustaba aquel pequeño, extrañamente con el mismo color de cabello? Eso era bastante raro.

—Ehm… pues…

—¿Te imaginas si llegan a tener un hijo? —esa pregunta fue más para ella misma que para las demás— Todos tendrían cabello color rosa….

—¡PEACH! — exclamó la sonrojada Jiggly, así que las demás rieron ante esa reacción de la pobre. Zelda tenía un gran ambiente con sus… ¿amigas? Sí, creía que podría llamarlo así.

...


Iban caminando por el pasillo, en completo mutismo. Seguían adoloridos por la caída del elevador, ¡Por un pelo más y los atrapaban! Digan que tuvieron la decencia de irse antes de que los vieran. Llegaron a la puerta indicada.

—Olvide la llave… — hace notar Roy, rascándose la nuca.

—¿Y cómo se supone que ibas a entrar? ¡Es tu habitación! — inquiere Falco, sabiendo que este se había salido como perro en celo.

—No sé… algo se me iba a ocurrir…

—No se preocupen, yo traje la llave— sonríe Ike, sacando la tarjeta e insertándola en la ranura. Nadie volvió a decir nada. El cerrojo cedió y la puerta se abrió. Entraron lo más silencioso que sus pies le permitieron, percatándose que nadie se había despertado aún. Vaya que si todos tenían en sueño pesado. En ese punto, los tres pensaban agarrar su segundo sueño, hasta que sus cuerpos se lo permitieran.

Cansados, se deshicieron de su calzado y de las chamarras. Ike se quitó su preciada banda, dejándola en el tocador junto con su móvil. No pensó en programar ninguna alarma. Los otros dos lo imitaron, dejando sus móviles en el mismo lugar. Roy tomó lugar a un lado de Link, cuidando de no despertar a Lucario. Se acobijó y cerró sus ojos. Falco casi se dejó caer pesadamente en el suelo, la corrida y el susto si lo habían dejado exhausto. Suspiró quedamente, acobijándose de igual manera, intentando no despertar a McCloud, lo cual dudaba mucho, ya que este dormía como un muerto. Ike hizo lo mismo, acomodándose a un lado de Pit, quedando frente a él. Sus ojos azules se cerraron, dispuesto a tomar el sueño.

—Ike…

—¿Sí? —inmediato abrió los ojos a su llamado, viendo que otros somnoliento ojos azules lo miraban. Era Pit, con su antifaz para dormir a medio quitar.

—¿Sucedió algo? —musitó el de cabellera café.

—No Pit. Nada de qué preocuparse— aseguró el de cabello azul.

—¿Entonces por qué se fueron? — inquirió cansado el segundo. Se había dado cuenta de que no sólo él se había ido.

—No fue nada Pit… Falco y yo nos alarmamos por que no vimos a Roy. Fuimos a buscarlo. Resulta que estaba en la cocina. — bien, parte de aquello era verdad. Si se habían alarmado por la desaparición del personaje de cabello rojo. Sabía que Pit era amigo cercano de Zelda, no era la mejor idea contarle la verdadera razón de lo sucedido. Claro, Roy lo había declarado abiertamente en el juego de la botella, pero no quería alarmarlo por solo ese hecho. Pudiera y que Falco se hubiera equivocado en aquella búsqueda.

—Oh… menos mal. —confiesa Icarus, acomodándose entre su cobija—. ¿Dormirás de nuevo, Ike?

—Si, un poco. La verdad sigo algo cansado…

—Yo igual— responde seguido de un bostezo, colocándose de nuevo su antifaz —.Descansa Ike.

—Descansa Pit— concede el de cabello cobalto, cerrando sus ojos, prosiguiendo a entrar al mundo de los sueños.

...


—¡Y bien! ¿Quién sigueeee!~

—¡Auch, Peach! ¡Me jalaste el cabello!

—¡Lo siento terroncito! —se disculpó con la de pelo color rosado, ya que estaba haciendo unas pequeñas trenzas en su cabellera. Ya casi no podían hacer muchas expresiones con el rostro, debido a la mascarilla endurecida.

—Sigue Samus— hace notar Nana, mirando a la siguiente jugadora, quien se estaba viendo en un espejo. Sin decir nada, prosiguió a girar el fijador, en lo todas observaban al producto de belleza en el suelo, hasta que se detuvo en la siguiente víctima.

Si bien traía puesta la máscara, lo visible de su rostro se puso pálido.

—¡Te toca a ti, Zelda! — exclama Peach, como si aquello no fuera notorio.

Samus sonrió de medio lado, sorprendida. ¿Quién diría que le había tocado a ella? La prima de su rubio amigo… no es como si tuviera algún disgusto contra ella, pero… últimamente, había notado algo extraño. El hecho de que su bombón la observara de manera constante. ¿Cómo lo sabía? Lo atrapó mirándola muy sospechosamente en el comedor, casi rompía el vaso del que había estado tomando. ¡Eso no quería decir que estaba celosa! No, mucho menos. Es decir, ella era Samus Aran, no podía estar celosa de nadie. Sin embargo, tenía cuidar lo que era de su propiedad.

—¿Tienes sentimientos por Ike, Zelda?

La pregunta le cayó como enorme piedra al rostro, haciendo que sus ojos azules se sorprendieran, estuvo a nada de que se le quebrara la mascarilla. Samus seguía expectante a la respuesta.

—¿Por qué Samus?... ¿Tu sí? —la pregunta proveniente de Jiggly descolocó bastante a la rubia, y sólo con su fuerte sonrojo se delató ella sola. La de ojos turquesa hizo gesto de haber descubierto un gran tesoro—.¡Te gusta Ike, pelos amarillos! — la señalo acusadoramente poniéndose de pie, haciendo que la rubia que la peinaba perdiera el equilibrio y se fuera para atrás —. ¡Nadie se le escapa a la poderosa Jigglypuff!

—¡Shh! ¡Pero qué dices! — alterada, Samus comenzó a negar con sus manos —. ¡N-No sé de lo que hablas!

—¡Hazte la que no sabes! — Continuó la de cabello rosa pálido, señalando la nariz de la contraria—. ¡Te gus-ta!

En lo que ambas discutían, era como si a Zelda se le cortara la respiración. Mientras Nana estaba atacada de risa y Peach estaba sobando su pobre espalda, la sensación que estaba experimentando era parecida a como si el tiempo se hubiera detenido. Trato de disimular su rostro de negación, pero… ¿Negación a qué?

—¡Está bien, bien! ¡Me gusta Ike Greil! ¿Algún problema con eso? — admitió molesta cruzándose de brazos. Se supone que iba a tratar de conquistarlo en secreto, ¡pero nunca contó con esa mocosa de pelos rosados! Más bien, la culpa había sido toda suya… si tan sólo no se hubiera sonrojado…

—¡Wou! ¡La primer declaración de la noche, señoritas! — exclamó victoriosa la de ojos turquesa y rostro verde, señalando el techo en una pose de triunfo. A las demás les resbaló una gotita de sudor por la nuca.

—¿Te gusta Ike… Samus? — inquirió Nana, en lo que la susodicha mandaba una mirada de desprecio.

—Sí.

—¡Bueno! No podemos culparla de todo. ¡Ike es todo un galán!— dio a conocer Peach, en lo que pasaba su mano por los hombros de la hyliana—. ¿O no, Zelda? — las miradas de posaron en la integrante olvidada, incluyendo Samus, que la mirada que le dirigía era la de pocos amigos. Desvió sus ojos azules hacia el suelo.

—Ehm… No… no lo sé— admitió con un sonrojo, sin querer rememorando el rostro perfecto del mencionado.

—¡Pero nadie se compara con mi Marthy! —exclamó Peach, con corazoncitos en sus ojos. Zelda casi se atraganta con su saliva, ¡Era su amigo!

—¿Marth? — pregunto confundida la otra rubia, riéndose con burla—. Por favor, Ike es mucho más sexy.

—¡Marthy es igual de sexy!

—Tiene cara de niña —declaró indiscutiblemente. Peach fingió ofensa por aquel argumento, y Zelda se sonrojó fuertemente. La rubia de enormes ojos y rostro verde pálido sonrió con malicia.

—Ya quisieras tener esa cara de niña, changa.

—¡Ya estuvo! —con ojos en blanco, se levantó de su cojín, encarando a Peach. Si las miradas mataran, ambas estarían muertas… diez metros bajo tierra. Las de cabello café miraban horrorizadas la escena. Todos sabían que no debes hacer enojar a Peach, ¡Aunque Samus también se enojara! —. ¡IKE ES MÁS SEXY!

—¡NO, MARTHY-PO ES MÁS SEXY!

—¡QUE NO!

—¡QUE SI!

—¡QUE NO!

—¡QUE SIIII!

—¡No sean mentirosas! — se interpuso la pequeña de ojos turquesa, separándolas con sus dos diminutas manos. Las de cabello café suspiraron, al menos alguien intentaría separarlas…—. ¡Aquí el más sexy de todos es Link!

Ese argumento solo hizo que Nana y Zelda cayeran al suelo, ¡No podía ser verdad!

—¡¿Qué?! — exclamó Zelda de todos colores, reaccionando a lo dicho por la pequeña. ¡Cómo podían estar hablando de todo ello! Aunque, si era sincera, su primo no era feo… De hecho, ahora que lo pensaba, es apuesto…

Se sonrojó más de la cuenta, las malditas imágenes mentales se aprisionaron de su mente, en un mundo paralelo imaginándose a todos los recién mencionados sin camisa, con su cuerpo marcados y… ¡Por toda las Diosas, sentía que le iba a dar una hemorragia nasal!

—¡¿Link!? — vociferó la alta rubia—. ¡No me hagas reír! Ese enano ni si quiera me rebasa de estatura.

—¡Pero eso no le quita lo apuesto que es! — bramó la más pequeña, dándole la cara a la alta rubia.

—¿Por qué no se dan por vencido?, ¡Ike es s-e-x-y!

—¡Pero no más que Marth!

—¡No más que Link!

—¡Ninguno le gana a mi hermoso Ike! — las pobres de Nana y Zelda veían con miedo a esas dos rubias y a la de cabello rosado, de nada les serviría estar discutiendo por aquello que nunca tendría respuesta. Maldita sea, ¡Todos los del instituto eran apuestos! De alguna manera, lo eran. ¡Hasta el menos agraciado de todos tenía algo bueno de ver! Sin embargo, era increíble como aquellas discutían a vociferadas, la escena era parecido a un pequeño grupo de gatitos aparentemente inocentes, pero échales agua y se pondrán como fieras… algo parecido sucedía.

—¡Bien, bien, lo dejaremos a votación! —exclama Peach, señalando con su perfecto dedo índice con esmalte rosa—. ¡Nana! —la llamada respingó, mirando su dedo—. ¿Quién es el más apuesto de los tres?

—¡Qué! —chillo incrédula, sus mejillas tomando el color de un tomate—. ¡Y-Yo no sé de esas cosas!

—¡Por favor! Sólo tienes que decir un nombre— secundó Jigglypuff. Ahora todas las miradas estaban en los ojos llorosos de la de cabello café.

—Ah… a mí no me gust-ta….

—¡No es de que te "guste, guste"! — habló la chillona voz—. ¡Sólo dinos de ellos quién es el más apuesto! Obvio es mi Marthy…

—¡Entiende que es Link!

—¡Es Ike por amor a…!

—… Supongo que…— las tres cortaron al escuchar que Nana estaba diciendo algo, hasta Zelda la había volteado a ver. La pequeña de cabello café estaba muy sonrojada, a pesar de aun traer la máscara, con su mirada en el suelo—. Ninguno de esos tres se me hace atractivo. Ni… ni si quiera los conozco.

—¿Entonces quién…. Nana? —Peach la miró con ojos sospechosos. Por favor, ¡Era imposible que ninguno de esos tres le gustara! Hasta la más inocente podría echarle un ojo de vez en cuando.

La hermana de Popo se sonrojo fuertemente. Estaban entre chicas, ¿No? pensó que lo correcto sería dejar salir ese secreto que llevaba con ella desde hace unos meses. De solo imaginárselo con ella, hacía que su pequeño estómago se retorciera, ¡Ella no sentía mariposas, sentía un zoológico entero!

—Ah… a mí me… me gusta…—admitió apenada, desviando sus ojos azules hacia otro lado. —. Flint… Lucas F-flint.

Las más escandalosas pegaron un grito en el cielo, ¡Cómo no se habían dado cuenta antes! Eso era tan obvio proviniendo de ella. La segunda de pelo castaño estaba súper contenta, casi abrazaba a Nana de la emoción, como su amiga Peach lo estaba haciendo en este momento. Sin duda, cuando Lucas se enterara… ¡Por las Diosas, ya quería ver su rostro de emoción!

Casi lo olvidaba, tenía que preguntarle a Nana cuál sería su regalo perfecto. Se lo había prometido a Lucas.

—¿Y a ti, Zelda? — menuda mie… ¡Pensaba que se habían olvidado de ella! Estuvo a nada de correr al baño con la excusa de que "su mascarilla ya se había secado" — ¡Dinos ya! ¿Quién te gusta, Zelda?

La nombrada se sonrojó por la pregunta de la de cabello color chicle. Nuevamente, volvía a no tener palabras con ese tipo de pregunta. ¿De verdad, ella podía llegar a enamorarse?

—A mí no me gusta nadie… —contestó triste. Y, aunque lo tuviera, ¿Acaso se fijarían en ella? Lo dudaba bastante, casi podía jurar en el que el "No" predominaba en aquella respuesta.

—¡No seas aguafiestas! — exclama la rubia de voz chillona, lanzándole una almohada, sin la intención de golpearla—. ¡Por favor, Zeldi! Somos amigas, ¿No? Debe haber si quiera un solo chico que te haya cortado la respiración con solo verlo.

Amigas… — Peach volvió a utilizar esa palabra. Hasta hace poco comenzó a notar que la rubia la llamaba de esa manera. ¿Por qué sería?... ¿De verdad quería su amistad?

Analizó lo que Toadstool dijo… un solo chico, pensó, cortado la respiración. Con esa pista, dio inicio a una búsqueda mental, indagando en sus últimos recuerdos. Sin querer, a su mente llegó una sola persona, tal y como Peach lo había dicho. Intento que sus mejillas no se sonrojaran con eso, ¡Si lo hacía se delataría sola! Aunque… eso quería decir que estaba tratando de ocultar algo… pero, ¿Qué cosa?

No fue hasta que todas se detuvieron al escuchar un sonido de un piano, todas comenzaron a buscar de dónde provenía, hasta dar con un móvil no muy lejos de todas ellas. Era el móvil con funda de cebra. La joven dueña extendió su brazo, y con vergüenza, atendió la llamada.

—Ehm… ¿Diga?

—¡Hola Zeldi! —suspiró con alivio, era su amigo Pit. Por lo menos la llamada quitado su concentración de la pregunta.

— ¿Qué sucede Pit?

—¡Absolutamente nada Zelda! Sólo hablaba para desearte una feliz pijamada, y para decirte que dejaron descol… aghs…

—¿Pit? — llamó la joven con rostro confundido. La voz de Pit se había cortado, y podía escuchar ruidos en la otra línea.

Hola… Zelda.

—¿Marth? — Inquirió confundida— Qué… ¿Qué le sucedió a Pit?

No pasó nada. — Aclaró con voz calmada, podía imaginarse la sonrisa sincera de su amigo de cabellera azul—. Bueno, sabes como Pit se emociona por las… gomitas de dulce, y… pues, encontró unas en la cocina. Fue volando por ellas y me dejó su teléfono.

—Oh… cierto. A él le encantan— secundó la de ojos azules, recordando la última vez en el colegio cuando su pequeño amigo vio en la máquina expendedora su dulce favorito, sin duda podía asegurar que su amigo poseía algún tipo de alas, ¡Nadie en un sano juicio podía llegar así tan rápido!

No te interrumpo más, Zelda. Que… que pases una buena noche.

—No te mortifiques, Marth. Igualmente, que descanses. — agradeció con una sonrisa.

—¡Dile que le mando mis saludos a mi postrecito de mora! —exclamó Peach al otro lado del móvil de Zelda, casi dejando sorda a la dueña del teléfono.

Muchas Gracias, Peach… saludos igualmente. —agradeció Marth con un toque de nerviosismo. Probablemente estuviera sonrojado. La princesa no podía escuchar del todo bien, había mucha interferencia pero… juraría que escuchó cuchicheos desde la otra línea. —. Hasta mañana, Zelda.

—Hasta mañana, Marth— concedió con una sonrisa, tocando la pantalla el botón rojo de Finalizar llamada.

—¿Por qué Marth nunca me habla a mí? — la pregunta de Peach fue más para ella que para las demás, cruzando se brazos como una niña pequeña.

—Tal vez porque eres una maniática.

—¡Cállate Samus!

—¡Chicas, chicas! No empecemos otra vez. — dio a conocer Jigglypuff. Inclusive ella que le gustaba de hacer escándalo, ahora no quería que se desatara la Tercera Guerra Mundial en esa habitación —. ¡Qué tal si les canto una canción!

—¡NOOO! —Exclamaron todas las voces femeninas, espantando a la pobre de pelo rosado. Ni si quiera su rostro de perrito las convencería de ellas accedieran. Todos sabían qué sucedía si Jigglypuff empezaba a cantar. La rubia de enormes pendientes recordó la última vez que se quedó a dormir en casa de su mejor amiga. Despertó con el rostro completamente rayado con marcador negro… y sin una ceja.

—¡Terroncitos, ya es hora de quitarnos los faciales! — Acotó como si nada la rubia de pijama rosa, corriendo hacia el hermoso baño— adivinen de qué color—. Las demás la siguieron. La mente de Samus agradeció internamente el que todo esto se acabara.

O eso era lo que ella había pensado.

Al lavar sus rostros de ahora aquella agrietada mascarilla, no podían creer lo que esa cosa les había hecho a sus pieles. Estaban impactadas, tocando sus mejillas y narices, percatándose que estaba más suave que una almohada de plumas. En sus vidas habían tenido la piel de su rostro tan tersa, limpia y sin brillo. Ahora entendían por qué la rubia siempre había poseído un cutis de envidia. Claro, la belleza cuesta…

—Wou… que suave esta mi piel— se atrevió a decir Zelda, viendo como hasta una cicatriz que tenía desde niña, había disminuido considerablemente.

Rememoró el cómo se la había hecho. No tenía más de cuatro años. Según su hermano, iba tan concentrada corriendo por aquel parque, que no se percató que cerca de sus pequeños pies había una gran roca, enviándola directamente de rostro hacia el suelo. La consecuencia solo fue una diminuta cicatriz en la barbilla, solo ella la notaba. Pero ahora, ni ella misma podía notarla, solo porque sabía que de niña se había accidentado.

Después de salir del lavabo se posicionaron en el suelo otra vez. Zelda observó el reloj de su móvil, era media noche. Suspiró quedamente, no quería que las demás pensaran que estaba aburrida.

Algo hizo clic en su cabeza. ¡Diantres, el regalo de Lucas! ¿Cómo le haría para preguntarle sin que sonara sospechoso?

—¿Seguiremos jugando a Verdad o Reto? — preguntó Jigglypuff.

—¡Claro cerecita!

Bingo, pensó Zelda. Lo único que tendría que hacer era esperar que le tocara preguntarle algo a Nana. No era muy buena en eso de los juegos de azar, pero no le quedaba otra opción.

Todas comenzaron a observar el fijador dar círculos en el suelo, la que lo había hecho girar fue Peach. Este se detuvo, señalando a la persona frente a la rubia: Samus.

—Bien, cariño— anunció Peach— ¿Verdad o Reto?

—Verdad.

—Veamos…— la rubia miró hacia arriba, mordiéndose una uña con barniz rosa. ¿Qué sería lo ideal para preguntarle a Samus? Tenía que hacer pagar por decir su Marthy no era el más sexy. ¡Si, Ike era guapo! Pero ella no se dejaría ganar. —Bueno, ya sabemos que te gusta Ike…

—Si— confirmó, cruzando los brazos.

—…¿Qué piensas al respecto de eso? — ante la pregunta, la otra rubia alzó una ceja.

—¿De qué?

—¿Qué piensas al respecto de Ike?... ¿Qué piensas hacer… en cuanto a él se refiera? —Samus miró hacia arriba, pensando que sería bueno responder. Cierto, pensaba muchas cosas acerca de ese hermoso de cabellera azul. Las demás la miraban expectante.

—Pienso conquistarlo— habló como si fuera lo más normal del mundo. Ya no tenía caso el seguir ocultándolo, así quedaba claro que ella quería algo más con él. Zelda tuvo una imagen mental de aquello, viendo como ambos se sonreían de manera melosa. Por un lado, eso la dejaba sin aire… era un sentir bastante extraño. La otra de cabello ocre miraba cada reacción de la de cabello castaño.

Decidieron dejar morir las cosas en esa respuesta. Era el turno de Samus girar el fijador. La siguiente víctima fue la persona de su derecha: Jigglypuff, de nuevo.

—¿Verdad o Reto?

—¡Elijo Reto! — exclamó entusiasmada.

—Te reto…— dijo Samus, pero luego su expresión cambió— ¿Se pueden retos que tengan que salir de la habitación?

—Depende de qué sea— contesto la rubia.

—Está bien— accedió— Entonces te reto a que me pintes las uñas de los pies.

Dicho esto, Jigglypuff infló los cachetes, mientras Samus reía victoriosa. De mala gana, la de cabello rosa comenzó a buscar sus barnices, sacándolos de su pequeña bolsa de estampado de dulces.

—¿De qué color?

—Azules, si no es mucha molestia. — abrió el barniz, en lo que Samus extendía sus pies. Jigglypuff comenzó su labor, no sin antes hacer girar el fijador de cabello. La siguiente víctima era Zelda, que no se percató por estar en su móvil.

—¿Verdad o Reto, Zelda? — pregunto Jigglypuff, pintando las uñas de Samus.

—¿Eh?

—Te toca postrecito— sonrió la enormes ojos azules. La joven se sonrojó.

—Ehm… Verdad. —la de pelo color chicle sonrió malvadamente. A Zelda le dieron escalofríos, esa pequeña era como un doble de Peach, solo que con cabello bastante llamativo.

—Bien. Cómo sabemos que no te gusta nadie… te haré una pregunta… inofensiva— aquello no le estaba gustando a la pobre de Hyrule. Esa mirada color turquesa tenía una especia de brillo maligno. A Nana también le asustaba —¿Quién se te hace más atractivo: Marth o Ike?

Sus mejillas se tornaron rojas, y sus ojos azules se abrieron grandemente.

—¡Y no se vale responder "ninguno"! Tienes que elegir entre uno de los dos. — exclamó.

La otra trago saliva pesadamente, mirando a las demás espectadoras. ¿Cómo se supone que iba a responder aquello? ¡Si, con la boca, eso ya lo sabía! Pero… ella no era mucho de usar la palabra "atractivo" en su vocabulario… en cuanto a muchachos se refería. Miró hacia el suelo, ¿qué debía responder? El corazón se le aceleró fuertemente.

Veamos, en primera tenía a Marth. Era su amigo desde hace tiempo, y no podía negar que era atractivo a su forma. En segunda, tenía a… Ike. Era parecido a Marth: Ambos tienen cabello y ojos azules, aunque Ike tenía el cabello más índigo que el de Marth, y era más alto que él. La complexión de Marth era delgada, y la de Ike era ligeramente robusta. Aun así…

—No hay… algún tipo de castigo… ¿Si no respondo? — inquirió tímidamente, mirando con ojos suplicantes a la de cabello rosa. La otra bufó.

—Bueno, entonces tráeme unos pastelillos de la cocina, por favor. Ya se me acabaron.

—¿No hay más en la bolsa?.

—Nop.

—Esta bien—derrotada, se levantó de su lugar, dirigiéndose a la puerta de entrada. Sólo se colocó su calzado cómodo y una chaqueta. Antes de salir, volteó a ver a su… amiga de pijama rosa— Peach, te cedo mi lugar. Puedes hacer girar el fijador.

—¡Siii!~ —canturreó la chillona voz, causándole una sonrisa a la de cabello café.

—Zelda, ¿Quieres que te acompañe? — la susodicha volteó a su llamado, en lo que giraba la perilla de la puerta. Era Nana, poniéndose de pie. Sonrió antes de responderle, en verdad que aquella pequeña le recordaba mucho a Lucas. En su cabeza se encendió un foco de esperanza. ¡Claro! En el camino, podría preguntarle cuál sería su regalo perfecto.

—Claro Nana. — respondió, imitándola, poniéndose calzado y un abrigo— No nos tardamos.

Salieron por la puerta, tomando rumbo hacia el ascensor que no quedaba muy lejos de ellas. En la habitación, las inseparables amigas escandalosas se miraron discretamente.

Era la hora.

...


Cuando llegaron, se dieron cuenta que el comedor estaba vacío. Era obvio, fueron los últimos en bajar a cenar. Se la habían pasado todo el día dormidos, y cuando despertaron todos tenían un hambre de los mil demonios. Gracias a Dios todavía tenían comida caliente en la barra.

Juntaron las mesas, para comer todos juntos. Sin duda era un gran ambiente el que se había creado entre ellos. Voces, risas, carcajadas era lo que se veía a lo lejos. Ike sonrió, estaba sentado a un lado de su amigo Link, en una de las esquinas de las mesas. A un lado de él, en la cabecera, estaba Pit. Ya habían acabado de cenar, pero prefirieron quedarse otro poco más. La noción del tiempo se les fue, percatándose de que ya era tarde. Eran casi las once.

En eso, Pit sintió algo en su pantalón. Su móvil estaba sonando, con el timbre de Mensaje Nuevo. Lo leyó, y una gran sonrisa se ensanchó en su rostro.

—¡Oigan, chicos! — llamó su atención, visiblemente emocionado—. Zelda les envía saludos

—¿Qué te dijo? — inquirió Link con una gesto sonriente. Pit volvió a mirar la pantalla de su celular.

—Dice que se quedará en una pijamada, en el cuarto de Peach. — Fox se unió a la conversación, riendo irónico.

—¿Qué sucede con eso de las pijamadas? — preguntó McCloud, tomando jugo de uva—. Todos están haciendo una.

—Tienes razón— secunda Falco, jugando con su tenedor.

Prosiguieron en hablar otras cosas. Por ejemplo: que comprarían al ir a la pequeña ciudad cerca de ahí. Habían mencionado un gran centro comercial en esa ciudad. Peach les había dicho que era uno muy grande, y que lo mejor de todo era que había buenas ofertas. Greil le dio un sorbo a su café, adentrándose un poco en su mente, pensando en qué regalos compraría. Ya tenía en mente a las personas, hasta había hecho una pequeña lista. La había dejado en su habitación, obviamente. Ahora que lo pensaba, tenía que agregar a Marth y a Pit a la lista. El pequeño de cabello café era como una especia de ángel, tenía un gran espíritu, y recordaba que Marth se había preocupado por él. No podía dejarlos fuera de.

En eso, sin que nadie prestara atención, otro móvil se escuchó en el comedor. Era el móvil de McCloud. Sin embargo, Ike notó la cara de confusión que puso al ver la pantalla. Aun así, eso no le impidió contestar su celular.

—¿Diga? —habló Fox, espero unos segundos, pero este levantó una ceja al ver que nadie respondía—. ¿Hay alguien ahí? — preguntó de nuevo, solo que esta vez su expresión se relajó. Ike miraba discretamente como este estaba escuchando atento hacía si celular. Luego, su cara detonó total sorpresa—. ¡Falco, Falco, Falcooo!

—¿Qué quieres? — inquirió molesto, en lo que tomaba de su taza humeante, solo que Fox no pudo esperar, y le pegó el móvil a la oreja—. ¿Qué tanto…?— calló inmediatamente, escuchando hacía la otra línea, dejando su taza en la mesa. La cara de Falco se convirtió en algo indescifrable— ¡NO PUEDE SER!

—¡Cállate!, ¿No ves que se escucha?

—¿Qué sucede? — preguntó Link con curiosidad, dejando su vaso de lado, llamando así la atención de todos.

—No lo van a creer— aseguró Falco, hablando en voz baja, quitándole el celular a Fox. Luego de eso, busco el recuadro de Alta voz, dejando oír a todos la otra línea.

¿Les parece Verdad o Reto?

¡Estupenda idea?... ¿Con qué podemos jugar?

Traigo un fijador de cabello, ¿Les sirve de algo?

¡Sí, préstamelo!... ¡Si, si funciona! ¿Quién empieza?

—Son…— dice Marth, incrédulo de lo que estaba escuchando. Todos tenía la misma incógnita marcada en el rostro—. ¿Cómo…?

—Recibí una llamada de Jigglypuff— menciona Fox en tono bajo, tapando la bocina— Al parecer, su celular marcó solo, y estamos escuchando absolutamente todo lo que están diciendo en este instante.

—¡Juralo! — gritó Roy, levantándose de su silla, corriendo hacia donde están ellos. No había la necesidad, ya que se escuchaba perfectamente, aunque… bueno, era Roy.

—¿Lo dicen en serio? — preguntó Pit, pero todos callaron al escuchar las risas del otro lado del movil

¡Wuuu!... ¡Quiero verdad!

Bien… — silencio— ¡Sueltalo ya! Dinos, ¿Te gusta Kirby?

Los presentes rieron. ¡Se estaba poniendo interesante! Sobre todo por Peach, sabían que esa mujer no tenía piedad alguna con el chisme, ¡Se enteraba porque se enteraba!

¿Te imaginas si llegaran a tener un hijo?... Todos tendrían cabello color rosa.

¡PEACH! —los demás se imaginaron la pobre cara de la de ojos turquesa, riendo. Y pensar que esa pequeña le gustara un hombre con el mismo color de cabello. Ike estaba confundido, pensaba que ese kirby era hermano de la chica esa. Esa oración mostraba lo contrario.

—¿No creen que deberías dejarles algo de privacidad? — todos miraron al dueño de la voz—. Ellas no nos espiaron a nosotros…— el comentario de Link era verdad, al menos en los parámetros que conocían. Tanto Marth, Ike, Lucario y Luigi estuvieron de acuerdo con él, afirmando con sus cabezas.

—¡Vamos! ¿No te gustaría saber lo que dicen de nosotros? — el argumento de Roy dio más afirmaciones que el de Link, haciendo que el segundo diera un gran suspiro.

—Insisto, es una mala idea. El que busca, encuentra. ¿Qué tal si escuchamos algo que no debemos?

—¡Tranquilo Link! Nada malo puede salir de esto— habló Falco, colocando el móvil de Fox al centro de la mesa. El de cabello ocre iba a argumentar otra cosa, hasta que escuchó la voz de Peach.

¡Te toca a ti, Zelda! —ahora todos estaban atentos a lo que fueran a decir. Hubo unos pocos segundos de silencio.

¿Tienes sentimientos por Ike, Zelda?

El mencionado se congeló, percatándose como los demás lo miraban. Hasta Link lo estaba mirando, y ni se diga Roy, que casi le estaba dando un tic en el ojo. El ambiente se tensó rápidamente. El de cabello azul solo se quería hacer pequeño en su asiento. Su corazón comenzó a latir inquietante. Y la causante de ello era la hermosa joven de cabello café. Discretamente eso le despertó la curiosidad.

¿Por qué Samus?... ¿Tú sí? —esa pregunta de Jiggly atrajo sus miradas al móvil. Todos se imaginaban a la diminuta joven de cabello rosa—. ¡Te gusta Ike, pelos amarillos! — exclamó. Ike se sonrojó. Casi todos lo miraban—. ¡Nadie se le escapa a la poderosa Jigglypuff!

¡Shh! ¡Pero qué dices!...¡N-No sé de lo que hablas!

¡Hazte la que no sabes!...¡Te gus-ta!

—Wou, ¿Quién lo diría? — dijo Link, recargando su peso en la silla, mirando a Ike—. Le gustas a Samus.

—Juraría que era lesbiana— dio a conocer Roy, fue más como un pensamiento para él, aunque ya lo había dicho en voz alta. Algunos se rieron, sobre todo Falco y Fox. Claro, unos no estaban tan sorprendidos, como Marth, quién desde un principio lo notó. Lo que si le sorprendía era que el de cabello cobalto ni si quiera lo hubiera notado, a jurar por la cara que tenía en ese instante.

Observó a su compañero de al lado. Su mirada se preocupó, viendo como esos ojos rojos miraban su taza de café, bastante distraído. Ike también lo había notado.

¡Está bien, bien! ¡Me gusta Ike Greil! ¿Algún problema con eso?

Vio como Lucario se retorcía en su asiento, como si tuviera alguna daga enterrada en el abdomen. Los demás estaban tan concentrados en el celular que no se percataron. Estuvo a punto de preguntarle qué le sucedía, aunque la conversación al otro lado del teléfono no ayudaba de mucho.

¡Wou! ¡La primer declaración de la noche, señoritas!

¿Te gusta Ike… Samus?

Sí.

¡Bueno! No podemos culparla de todo. ¡Ike es todo un galán! —El mencionado se sonrojó otra vez, ¿Por qué tenían que hablar de él? —. ... ¿O no, Zelda?

Con eso, sintió como su corazón daba otro vuelco. No sólo el de él, sino de dos personajes más. Todos de distinto color de cabello.

Ehm… No… no lo sé

¿Cómo que no sabe?, fue la interrogativa de Link y de Roy.

¡Pero nadie se compara con mi Marthy! — ahora la atención se centró en el susodicho, dejando descansar a Ike de múltiples ojos, haciéndolo sonrojar como un tomate. En verdad, él no se veía nada de especial. Luego, la mesa cimbro, y había sido el rostro de Mario que dio un gran golpe en la mesa. El momento se volvió incómodo.

¿Marth?, Por favor, Ike es mucho más sexy.

¡Marthy es igual de sexy!

Tiene cara de niña —Los más escandalosos se carcajearon, al mismo tiempo tapando la bocina. Bueno… la mayoría. ¡No era culpa de ellos! Marth tenía la culpa por poseer facciones… delicadas. Ike volteó a verlo, y notó como un aura oscura se formaba en sus ojos, que eran cubiertos por su flequillo. Pobre.

Pero lo que vino a continuación, los hizo cagarse de risa.

Ya quisieras tener esa cara de niña, changa.

El rubio y el pelirrojo no podían ni respirar, ¡Que mujeres tan más cómicas! Las dos rubias se estaban matando entre sí. El de banda en la frente también se estaba riendo, junto con la risa de Pit. Y creía que Link decía en broma lo de "Nunca te metas con Peach, a menos de que quieras desaparecer de por vida"

¡Ya estuvo! — esa fue la voz de Samus. Aun riéndose, todos prestaron atención— ¡IKE ES MÁS SEXY!

¡NO, MARTHY-PO ES MÁS SEXY!

—¡Marthy-po! — exclamó Pit, tocándose el abdomen. Ya no aguantaba la carcajada. ¡Dios, jamás en su vida había reído así!

¡QUE NO!

¡QUE SI!

¡QUE NO!

¡QUE SIIII!

¡No sean mentirosas!... ¡Aquí el más sexy de todos es Link!

¡¿Qué?! — esa comentario ahora hizo que miraran a Link. Este solo bufo divertido.

—¿No que le gustaba Kirby? — pregunto Pit, apenas recuperándose de ese ataque de risa.

—Mujeres— soltó Falco. Sin reprochar, todos asintieron.

¡¿Link!?... ¡No me hagas reír! Ese enano ni si quiera me rebasa de estatura.

—¡Dios Santo! — exclamó Fox, volviendo a escuchar todos los ataques de risa de los únicos en el comedor. Bien, eso no le había causado nada de gracia, sentía como la vena de su sien se estaba marcando. ¡Esa amiga pelos de escoba!. Por otro lado, todos sabían que Link no era… muy alto. Si era alto, pero no le dejaba mucho a su favor, ya que los demás eran unos gigantes, haciendo que el rubio se viera más pequeño.

—¡Estoy…!— Roy ya ni podía hablar— ¡Estoy a nada de tirarme un gas de la risa!

¡Pero eso no le quita lo apuesto que es!

¿Por qué no se dan por vencido?, ¡Ike es s-e-x-y!

¡Pero no más que Marth!

¡No más que Link!

¡Ninguno le gana a mi hermoso Ike!

Después de recuperarse del ataque, Greil volvió a escuchar. Mujeres, pensó abatido. Y pensar que se veían inocentes. Ahora sabía que de inocentes no tenían nada. Con eso que había escuchado, entendía por qué se sentía ligeramente acosa en esos días. ¿Creían que no lo había notado? Si lo había hecho, pero no sabía exactamente de quién.

Marth seguía sonrojado. ¿Él?... ¿sexy? nunca se lo había planteado de esa manera. Pensaba que el pasaba totalmente fuera de esa lista. Ahora se daba cuenta que no. Suspiró.

¡Bien, bien, lo dejaremos a votación!... ¡Nana!... ¿Quién es el más apuesto de los tres?

¡Qué! … ¡Y-Yo no sé de esas cosas!

¡Por favor! Sólo tienes que decir un nombre

Ah… a mí no me gust-ta….

¡No es de que te "guste, guste"!...¡Sólo dinos de ellos quién es el más apuesto! Obvio es mi Marthy…

¡Entiende que es Link!

¡Es Ike por amor a…!

—… Supongo que…— se hizo silencio del otro lado de la línea. Lo que los sorprendió, era que también hicieron silencio ellos. ¿Qué tan bajo habían caído, como para escuchar una simple reunión de mujeres reinas del chisme? —Ni… ni si quiera los conozco.

¿Entonces quién…. Nana?...

Ah… a mí me… me gusta…—silencio— Flint… Lucas F-Flint.

Luego de eso, en la bocina se escucharon dos gritos, que si bien estaban lejos, les pudieron haber dejado problemas de tímpano a todos.

—No puede ser que hasta a Lucas lo hayan mencionado, ¡Pero no a ninguno de nosotros! — Roy se dejó caer en su asiento.

—Lo siento. Las estadísticas son otras— Link sonrió, cruzándose de brazos. Tal vez su ego había inflado un poco. Estaba "cotizado" como uno de los más sexys. Aunque, técnicamente, venia de tres mujeres paranoicas…

¿Y a ti, Zelda?... ¡Dinos ya! ¿Quién te gusta, Zelda? —Roy dejó sus lloriqueos para después, prestando oídos a lo que su musa fuera a decir, ¿Qué tal si decía su nombre? ¡Tenía que mantener las esperanzas!, Link también estaba atento, y otro personaje de cabello lo azul lo estaba aún más, aunque no lo quisiera admitir.

A mí no me gusta nadie…

¿¡Por qué?!, pensó el de cabello rojo, casi queriéndose estrangular el cabello. Falco lo miró con amenaza, diciéndole con la mirada que tuviera cuidado con Link, quién al contrario había dejado salir un suspiro de alivio. Mentalmente, Ike también lo había hecho.

¡No seas aguafiestas!... — se escuchaba movimiento— ¡Por favor, Zeldi! Somos amigas, ¿No? Debe haber si quiera un solo chico que te haya cortado la respiración con solo verlo…

Del otro lado de la línea se hizo silencio, hasta que una melodía de piano se escuchó de fondo. Al parecer, era un celular.

Ehm… ¿Diga?

—¡Hola Zeldi! — los de la mesa reconocieron la voz, aunque no era posible, porque él estaba… ¡Era Pit llamando de su móvil!, ¿Qué estaba haciendo? —Absolutamente nada Zelda! Sólo hablaba para desearte una feliz pijamada, y para decirte que dejaron descolga…

—¡Noo! —exclamó Falco, mientras McCloud y Zephiel se le abalanzaban encima, cubriéndole la boca y quitándole el celular. Link lo atrapó en sus manos, viendo como estos caían redonditos al suelo con todo y la silla. Rápidamente le paso el móvil a Marth.

¿Pit?

—Hola… Zelda— El menor de cabello azul contestó, en un intento de guardar la calma y que no se le fuera a salir.

¿Marth? … Qué… ¿Qué le sucedió a Pit?

—No pasó nada. —admitió con voz calmada, mirando hacia Ike y Link. El segundo le hizo ademanes de que inventara una excusa —. Bueno, sabes como Pit se emociona por las… gomitas de dulce, y… pues, encontró unas en la cocina. Fue volando por ellas y me dejó su teléfono.

Oh… cierto. A él le encantan….

—No te interrumpo más, Zelda. Que… que pases una buena noche. — Más de uno suspiro aliviado, se habían salvado el pellejo.

No te mortifiques, Marth. Igualmente, que descanses.

¡Dile que le mando mis saludos a mi postrecito de mora! — No hubo necesidad de escuchar por el celular de Fox, se había escuchado perfectamente en el Pit. Lowell tuvo que retirarse de la bocina. Adolorido, se acomodó sus lentes.

—Muchas Gracias, Peach… saludos igualmente — agradeció Marth con algo de incomodidad.

—¿Se… Se lo creyó? — preguntó el hermano de Mario, quién no había dicho palabra alguna, al ver que quedaron unos segundos en silencio. Estaba más enfocado a ver el estado de su hermano. Falco juntó su dedo a sus labios, en señal de que guardara silencio. Luigi se sonrojó

—Hasta mañana, Zelda. —finalizó Marth con una sonrisa.

Hasta mañana, Marth.

Y este cortó la línea, suspirando pesadamente. De verdad que no le gustaba mentirle a Zelda. Ella era su mejor amiga, y suponía que ella podía decir lo mismo de él. Quería contarle aquello, solo que se lo contaría en privado. Ni loco quería estar presente si las dos rubias se llegasen a enterar, ¡Los matarían a todos, eso era seguro!

Después de que se reincorporaran del suelo, con un dolido Pit por la tacleada, un tonito se escuchó en el comedor. Era del móvil de Fox.

—¡No! — exclamó, tomándolo y viendo como su celular se apagaba—. Se agotó la batería.

—Gracias a las Diosas— Link volvió a su lugar, tomándose de un trago su bebida—. Creo que fue suficiente por hoy.

Todos lo imitaron asintiendo. Bonita noche habían tenido, espiando las conversaciones de las chicas. Greil se terminó lo poco que quedaba del ahora frio café. Escuchó dos conversaciones ajenas en un solo día, debía ser un record para él. Lo inusual era que la misma persona estuvo presenta en aquellas dos. A juzgar, se podía imaginar sus mejillas de color escarlata, sus gestos tímidos, sus ojos azules contorneados por esas largas pestañas. Tímida, como lo era ella.

Sin que se diera cuenta, ya estaba sonriendo.

No fue hasta todos decidieron irse a sus habitaciones. Mañana tendrían que levantarse temprano, era el día de lavado. No hubo necesidad de despedirse, iban hacia el mismo ascensor. ¿Cómo le hicieron para entrar todos? Solo Dios sabía.

...

...

...


Luego no poder estar frente al computador por dos semanas, ¡He regresado!

Bueno, ahora fue el turno de las chicas. ¿Qué les parece las estadísticas de los más sexys? ¡Opino que todos se merecen el primer lugar! Digo, cada quien tiene lo suyo…

Ya descubrieron a los causantes del ruido que escucharon Zelda y Lucas.

Agradezco, con mucho amor, a:

Elizabeth-Abadeer

Animeseris

ZeldAylin

Frikisauria: ¡Un saludo muy grande igualmente! Me alegra mucho que dejaras review nwn A mí me encantó escribir la conversación de Lucas, es un personaje tan tierno, es inevitable no amarlo jijiji… Con respecto a Wolf, ya verás que aparecerá en los siguientes capítulos. ¡Muchas Gracias por tu comentario! ¡Nos leemos! Espero el capítulo te haya agradado.

Otaku-gamer123

Agradezco enormemente a Otaku-gamer123 ¡Por haber dejado dos reviews! Querida, no sabes lo feliz que me hace que me dejen un review, ¡Ahora imagínate dos! En serio te doy las gracias.

Cualquier horror, ya saben que son libres de comentar.

De paso, Muchas Gracias a todos por sus buenos deseos en recuperarme, me las había visto muy difíciles para poder actualizar, pero ahora ya estoy como nueva. ¡No se preocupen que no abandonaré nada! nwn

¡Se agradecen reviews!

Zeldi-chan de hyuuga

Domingo 30 de Marzo del 2014