No soy S.M., quisiera serlo. Esta historia es mía, y sólo tomo sus personajes prestados, por unos minutos, los utilizo, los violo, y me divierto :p
Espero que lo disfruten...
Enjoy...
Capítulo 4:
Volví a entrar en el cuarto de Edward, ni siquiera me molesté en golpear la puerta, no era una de nuestras costumbres. Lo vi dándome la espalda, tenía la toalla atada a la cintura y podía ver claramente cómo las gotas bajaban por su nívea espalda, por esa firme y musculosa espalda. Tenía algún que otro lunar por aquí y por allá y me parecían putamente tentadores.
Sus ojos me atraparon escrudiñando su cuerpo, sin embargo, no terminó por voltearse, simplemente movió su cabeza para poder verme desde su posición.
–Traje ropa para que tapes tus vergüenzas… –terminé por entrar a la habitación.
Cerré la puerta tras de mí y deje la ropa a su lado, Edward se giró completamente horrorizado para mirarme con esos ojos de cordero a medio morir. Solté una leve risa ante su rostro contrariado.
–¿Qué esperas? Vístete –ordené.
Las mejillas del cobrizo se colorearon, y titubeó antes de hablar.
–No puedo vestirme contigo aquí dentro –su voz salió una octava más aguda de lo normal y tuve que usar toda mi fuerza de voluntad para no reírme de él.
–No entiendo cuál es el problema, no es como si nunca hubiese visto a un hombre desnudo… –solté como si fuera lo más normal del mundo que Edward se desnudara ante mí.
Vi sus ojos oscurecerse un poco, y la vergüenza disminuir ante mi comentario. De pronto, puso su cuerpo rígido y cruzó sus brazos frente a su pecho, sus piernas ligeramente separadas. Hubiese sido realmente divertido sacarle la toalla que tapaba el resto de su cuerpo, justo en ese momento. Seguro que le daría un aneurisma ante tal situación.
–Podrías al menos voltearte –no lo pregunto ni lo sugirió. No le discutí más a su voz dura e imposible de replicar.
Solté una risita burlona mientras hacía lo que él me había pedido, cuando pasaron unos segundos en los que Edward se vestía hable, porque me había acordado de algo más.
–Traje el botiquín de primeros auxilios, vi que tienes unas cuantas cortadas en tu rostro.
Edward no me respondió. Me volteé impaciente por su silencio.
Lo vi sentado en la cama, por fin vestido, tenía las manos cruzadas sobre sus rodillas y apoyaba el rostro en ellas. Estaba pensativo
Me senté a su lado y nos quedamos en silencio. Empecé a sacar el alcohol y las gasas para poder curar su rostro magullado. Dispuse todos mis artilugios entre nosotros y toque su rostro para llamar su atención, Edward me miró, más no me prestó atención.
Pasé lentamente una gasa con alcohol por una cortada en su ceja derecha y le hable suavemente para llamar su atención.
–¿En qué piensas? –era una pregunta sincera, me interesaba saber qué pasaba por su mente en ese momento.
Me miró un largo rato antes de contestar.
–Pienso en si hice lo correcto al contar los planes de mi equipo. Siento que los estoy traicionando. A partir de ahora nada será lo mismo –sus ojos tenían una sombra de tristeza, yo seguí limpiando sus cortes.
–Hiciste lo correcto. Uno tiene que hacer lo que sea para sobrevivir, y eso es lo que tú has hecho –detuve mis acciones para mirarlo fijamente.
–Gracias… No te había agradecido antes, pero es que no me había dado cuenta en que sacrificaste mucho para salvarme a mí –juntó sus cejas con la incertidumbre tatuada en su rostro–. Aún no lo entiendo, ¿por qué has jurado por mí? ¿Y si yo decidiera traicionarlos a ustedes? ¿Cómo estás segura que no he llamado a alguien para decirles dónde estoy? ¿Por qué lo has hecho? –me tomó por sorpresa todas sus palabras, y por segunda vez en el día le dije la verdad.
–Ya lo dije antes, no sé porqué lo hice. Simplemente sé que no quería, no quiero que te maten. Estoy segura que no nos traicionarás. Sé reconocer un hombre de palabra cuando lo veo.
No sé por qué razón, pero confío en ti. Pareces el tipo de hombre que no va por ahí mintiéndole al mundo, sé que eres bueno, sé que no harás que nos maten a ambos. Confío en ti Edward –tomé su mano para que sintiera que era verdad lo que le decía.
No estaba mintiendo en lo absoluto.
–¿Qué haremos? –ahora sí que estaba perdida. Lo miré confundida, su pregunta me había tomado desprevenida.
–¿Con qué?
–Con esto, con tu familia, con los autos robados. Con mi familia, tengo que avisarles que estoy con vida… –pensé un momento en sus palabras, a la mitad de las cosas no le tenía una respuesta y a la otra mitad, pues… tampoco sabía.
–No tengo ni idea, supongo que Sam se encargará de tenerte vigilado. Y estoy cien por ciento segura que te pondrá a prueba en cualquier momento, por favor, no la cagues –le suplique con mi mirada–. Y con tu familia, no creo que te dejen comunicarte con ellos. No querrán correr ese riesgo. Lo lamento…
Era extraño tener a una persona ajena a nuestro mundo conviviendo con nosotros, la primera noche que Edward pasó en la casa le servimos la cena en su habitación para así poder conversar entre nosotros con tranquilidad. Quería darle un poco de espacio para que se habituara a la situación.
Mientras tanto Sam, tenía una actitud rara con Edward, estaba contento con su presencia en el grupo, imagino que habrá sido porque de esa manera tendríamos más posibilidades de saber los planes del FBI. En cambio, Paul y Jared estaban frustrados con esta nueva situación. No se sentían cómodos con Edward aquí. Pero todo empeoró cuando Jake volvió a la casa, había estado de viaje y había regresado cuatro días después que nosotros. Cuando se enteró de mi cagada monumental no dudó un segundo en reprenderme, sin embargo lo mandé a la mierda. Era una mujer grande como para que cuidaran de mí, pero eso, mis amigos no lo entendían. Sin embargo, la actitud que Jacob mantenía con Edward, era totalmente despectiva. Desde el primer día había manifestado su disconformidad ante la presencia del cobrizo en la casa.
Edward lo había ignorado olímpicamente, a él y a sus desaires. Pero yo, era otro tema. Me molestaba de manera absurda el comportamiento de Jake hacia Edward, pero de todas formas no había habido ninguna confrontación, aún.
Tampoco compartí mucho tiempo con el cobrizo, Sam se encerraba en su despacho con él y hablaban durante horas, le sacaba toda la información posible, y lo amenazaba, en realidad era como una advertencia para que no nos traicionara.
Esta noche, después de seis días en la casa de Sam, el clima había mejorado un poco, ya no hacía tanto frío. Decidí sentarme en las escaleras de la puerta trasera de la casa con una cerveza en la mano. Escuché la puerta a mi espalda mientras alguien salía, vi que era Edward cuando se sentó a mi lado con una cerveza en su mano, también. Nos quedamos unos minutos en silencio hasta que él habló.
–Mañana será mi primera prueba –lo miré con mis cejas alzadas, no tenía idea que ya habían decidido probarlo.
–¿Qué tienes que hacer?
–Vamos a ir al Valle, a unos kilómetros de aquí. Hay un Audi que Sam decidió que era fácil para que yo me hiciera cargo –lo miré otra vez con desconfianza.
–¿Te han enseñado, al menos, cómo hacerlo? –lo vi sonreír cohibido. Pasó su mano por su cuello, como queriendo aliviar la tensión en él. No pude evitar seguir con la mirada a su mano–. Creo que ese será tu trabajo…
Solté una carcajada, no me lo esperaba.
–No puedo creer que hagan esto –susurré para mí, pero sé que él me escucho.
Me pare precipitadamente, y estiré mis músculos entumecidos. Lo miré al cobrizo desde mi posición y levanté una de mis cejas de manera altanera, como siempre.
–¿Piensas seguir mirándome mucho tiempo más? –solté con una burlona sonrisa en mis labios. Edward desvió la mirada hacia un costado, más no me contestó.
–Vamos oficial, tenemos trabajo que hacer –me miró sin saber a qué me refería y algo ofendido por su apodo.
Empecé a caminar hacia adelante, unos metros más allá había un camino por donde podíamos salir sin que nos vieran. No me voltee para ver si me seguía, hasta que escuché sus pisadas me di cuenta que me seguía.
–¿A dónde vamos? –no había notado que había avanzado tanto, repentinamente estaba caminando a mi lado.
Era un chico silencioso.
De todas formas, no lo miré y seguí caminando, pero le conteste finalmente.
–Vamos a tener sexo…
No escuché más sus pasos, yo también paré mi caminata y me gire para mirarlo.
Edward miraba hacia el cielo, su ceño estaba fruncido, no tenía ni idea en qué pensaba.
–Es broma, no te rompas la cabeza pensando cosas que no son… –sus ojos verdes me miraron intensamente. Le devolví la mirada con una sonrisa burlona en mis labios–. Vamos a practicar, simplemente.
–No me agradan tus bromas –dijo secamente.
–¿Por qué no te agradan? ¿Es que acaso eres tan sensible como para aguantar un poco de humor?
Seguíamos parados en el mismo lugar, a unos cuantos pasos de distancia. La luz de la luna era lo único que nos iluminaba.
–No soy sensible. Simplemente respeto a las mujeres…
Me acerqué hasta él sigilosamente, mis pasos eran lentos, sin embargo no despegaba mi vista de sus magníficos ojos. Cuando estuve tan cerca como quería pregunté a media voz.
–¿Y qué pasa si no quiero que me respetes, ah? –sentí mi aliento chocar contra su rostro.
Edward se estremeció y cerró sus ojos fuertemente. Aproveché el momento para apoyar mi cuerpo contra el suyo, mis pechos contra su pecho.
–Eres un hombre muy educado, pero… Sucede que me gustan los rudos. Sé que tú puedes serlo, te he visto –mi voz no era más que un murmullo en la noche, debido a nuestra cercanía no tenía por qué elevar el sonido de mi voz.
–Claro que soy rudo, debo serlo, por mi trabajo –sabía que estaba nervioso, podía escucharlo claramente en su voz, podía sentirlo en la energía que emanaba.
Moría de ganas por besarlo.
–No me refiero a eso, lo sabes.
Me alejó de su cuerpo, poniendo una mano en mi hombro, yo me alejé sólo un paso.
–¿Te pongo nervioso? – él me esquivo la mirada.
–Deberíamos seguir caminando.
Sonreí, y decidí dejarlo, por el momento. Caminamos uno junto al otro durante un rato más, hasta que volvió a hablar.
–No me has dicho a dónde vamos.
–Vamos a que practiques.
Lo llevé a unas calles lejos de la casa, allí había un auto en el que podíamos practicar. Llegamos hasta él y me paré junto a la puerta del piloto. Edward me miró con toda la duda en su rostro.
–¿A esto te referías con practicar? –su voz tranquila salía en un leve murmullo. Lo miré con una de mis cejas alzadas.
–¿Qué querías practicar? ¿Sexo? Porque si eso es lo que quieres, conozco un lugar a unas calles…
–Claro que no… Sólo que no sabía qué esperar… –sonaba nervioso y podría llegar a decir que algo nervioso. Me reí aún más.
Era una mujer malvada.
–No te preocupes. Bien, esta es la primera lección: tienes que ser muy silencioso, y sobre todo rápido –saqué de un de los bolsillos de mi cazadora de cuero, la que me acompañaba a todos lados, una pequeña llave sin marcas en ellas, sin las ranuras que por lo general tienen luego de haberlas moldeado–. Esto es indispensable para poder hacer nuestro trabajo –le mostré la llave que traía y la puse sobre la cerradura de la puerta.
–No entiendo…
–Shh… –lo interrumpí.
Hice un poco de presión sobre la llave contra la cerradura para luego quitarla. Tomé el brazo de Edward y empecé a alejarme del lugar.
–Ahora sí que estoy perdido –miraba hacia todos lados con miedo.
–Dame un minuto y te explico –dije entre susurros.
Nos encaminé hacia un callejón, hice que Edward pasara primero y lo seguí unos pasos más allá donde era casi imposible vernos, por la oscuridad.
Le tendí mi teléfono celular, con la linterna encendida.
–Necesito que enfoques la luz aquí –tomé su mano entre la mía y la puse en dónde yo necesitaba que proyectara la luz–. Ésta es una llave de estaño, cuando la presionas sobre una superficie o algo que sea de un material más duro, esta se marca inmediatamente. Lo único que queda es terminar de marcar el camino en la llave.
Tome un clip de mi cabello y con la parte más fina comencé a trazar las líneas que se habían hecho al comienzo de la llave. Era algo simple, tenía una marca del derecho y dos del revés.
–No entiendo, si se marca con la presión ¿por qué no la has puesto directamente en la cerradura para tener la impresión perfecta? –lo mire con una sonrisa en mis labios. Era una pregunta inteligente.
–Porque no sabemos si ese auto tiene alarma. En cuanto metes algo en la cerradura de un auto que no es la llave correspondiente, la hipotética alarma podría sonar y alertar a todo mundo.
Edward asintió, asimilando toda la información nueva. Una vez que la llave estaba completamente surcada se la enseñé.
–Éste es el trabajo final, ahora sólo hay que ir a probarla.
Volvimos todo el camino hacia el auto, en realidad era una camioneta cuatro por cuatro, una Cherokee. Me puse al lado de la puerta y deje que Edward observara bien todo lo que hacía, cuando introduje la llave en la cerradura, el seguro de adentro se levantó inmediatamente. Entré en la camioneta y le hice señas al cobrizo para que caminara hacia el otro lado. Me incliné en el asiento a mi lado para abrirle la puerta del acompañante.
Una vez adentro le enseñe nuevamente la llave a Edward y con una gran sonrisa en mis labios, la introduje en donde hacía contacto e inmediatamente todas las luces se prendieron. El suave ronroneo hizo que Edward comenzara a mirar hacia todos lados, nervioso. Puse una de mis manos sobre su pierna y eso, solo hizo que diera un respingo.
–Tranquilo, no pasará nada –hable con mi voz más tranquilizadora.
Arranqué el motor y salí del camino de entrada, avancé unas cuantas calles hasta que la voz del cobrizo me sacó de mis ensoñaciones.
–¿Alguna vez ha salido mal? –miraba al frente, pero cuando le respondí le di una breve mirada.
–Por supuesto que sí. No hay ensayo sin error.
–¿Cómo es tu familia? –pegunté después de unos minutos de largo silencio.
Edward tardó aún más en responderme.
–Mi padre es un ex militar, estuvo muchos años de servicio, hasta que se lastimó gravemente y no pudo seguir… –su voz era apenas audible. Los dos mirábamos hacia el frente– Nunca conocí a mi madre.
Lo miré con la duda en mi rostro, no quería seguir preguntando pero quería saber. Él me miro y siguió hablando.
–Me crié en la casa de mi padre, con su esposa y mis hermanas.
–¿Te llevas bien con ellas? –pregunte con genuino interés.
–Ahora si –fue su escueta respuesta.
–¿A qué te refieres con "ahora sí"? –sabía que mis preguntas lo hacían sentir incómodo, sobre todo después que suspiró.
–Mi padre engaño a Esme, su mujer, con mi madre en uno de sus viajes. Después de diez meses fuera, Carlisle regresó con un niño en brazos. Te imaginarás que eso no pone my felices a las mujeres en general –me quedé callada pensando en lo que había dicho.
Realmente era una situación de mierda, pero me preguntaba qué había sucedido con su madre para que no fuera ella quién lo criara.
Mientras seguía conduciendo pensaba en las distintas situaciones en las que se habría criado Edward. Me lo imaginé de pequeño y eso me hizo sonreír.
–¿De qué te ríes? –preguntó serio hasta los tuétanos.
–Me río de sólo imaginarte a ti de pequeño. Seguro que eras muy guapo… –lo mire de reojo, para comprobar que estaba sonrojado.
–Hay algo que jamás voy a entender, ¿cómo es posible que un hombre de tu edad se sonroje? –lo escuche reír a mi lado, y me contagió la sonrisa.
–Hay cosas que simplemente no tienen explicación, Swan.
Estacioné el auto a unas calles al sur de dónde veníamos y lo miré fijamente.
–Podrías explicármelo –dije después de un momento de silencio, y de que me sentara de costado para poder mirarlo mejor.
–¿Qué… –carraspeó– qué quieres que te explique?
–¿Por qué te sonrojas? –era una duda existencial para mí.
Edward suspiró y antes de habar miró hacia cualquier lugar, excepto mis ojos.
–Creo que es porque me pones nervioso… –dejo que las palabras se las llevara el viento.
Nos quedamos mirando por lo que parecieron horas.
–Lo siento –dije finalmente.
Eso pareció tomarlo por sorpresa. Me miró contrariado y con el ceño fruncido.
–¿Por qué lo sientes?
–Sé que a veces puedo ser algo intensa, pero es que… Simplemente soy así –una sonrisa ladeado salió de mí.
–Me gustas… –se interrumpió inmediatamente.
Mi corazón brinco dentro de mi pecho y una carcajada broto de mi boca, estaba rojo fuego por la vergüenza.
–Con que te gusto, eh… –lo molesté– Tú tampoco estás nada mal. ¿Sabes? Podríamos aprovechar el tiempo en este lindo auto –me acerqué peligrosamente a Edward a medida que subía una de mis manos por su fuerte pierna cubierta por el jean.
–No es eso lo que quise decir. Me gusta cómo eres… –se volvió a interrumpir– Quiero decir, que no me molesta que seas tan directa. Jesús… –yo no podía más con la risa.
Edward estaba sufriendo un mini ataque de histeria porque él solito se había enredado con sus palabras. Dejé mi mano quieta sobre su pierna, mientras que con la otra tomaba su rostro que se movía de manera extraña. Estaba segura que en cualquier momento comenzaría a girar como el del exorcista.
–Hey, shh… Calma –Edward me miró algo sonrojado, pero al menos ya se había calmado–. Entiendo a lo que te refieres, sabes que estoy bromeando. No tienes porque ponerte tan loco.
Me reí, todavía tenía gravada en la retina su cara de poseso y eso me hacía querer llorar de la risa.
–No me molestan tus preguntas –dijo finalmente. Yo aún seguía riéndome por el episodio anterior, así que lo mire extrañada y alagada a la vez.
No le respondí nada, simplemente le sonreí.
Volvimos todo el camino hasta la casa donde vivían los dueños del auto, Edward inmediatamente se puso nervioso y me miró preocupado.
–¿Estás loca? ¿Por qué nos traes de vuelta? ¿Acaso quieres que nos atrapen? –miraba hacia todos lados de manera ansiosa. Yo, por el contrario manejaba con total tranquilidad.
–No seas miedoso –hablé con el tono más apaciguador que tenía–. Tenemos que devolver el vehículo –ahora sí, su expresión era de total desconcierto.
–No entiendo, ¿no vamos a robarlo?
Me reí fuertemente, mientras estacionaba el coche en la entrada de la casa.
–No, hombre. Para nada, este auto tiene dueño, y él nos está mirando precisamente ahora –Señalé con la cabeza a una de las ventanas del piso superior.
Un hombre se unos cuarenta años nos miraba tranquilamente desde su casa.
–Él es Peter, es un amigo. Siempre se presta para que nosotros podamos practicar de la mejor manera, para que todo sea lo más realista posible.
Edward se quedó en completo silencio asimilando las palabras que había dicho. Giré la llave y el motor se apagó junto con todas las luces de adentro del carro.
–Vamos.
Me baje de la cuatro por cuatro y esperé a que Edward hiciera lo mismo. Caminé hacia él y juntos comenzamos el camino de vuelta a la casa de Sam.
Buenas noches queridas lectoras :) Cómo las está tratando el nuevo año?
Me disculpo enormemente por haber tardado mileños en actualizar.
Bien, simplemente espero que hayan disfrutado del capi, a mi me gusto, de verdad. Me reí mucho mientras lo escribía.
Este Edward es tan tímido, que a veces raya lo exagerado xD jajaja, y Bella, tiene toda la maldad en ese pequeño cuerpo ajjajja.
Tenemos un poco de historia de Edward! Qué opinan de Carlisle? Es todo un picarón xD ajjaajajja.
Espero que les esté gustando la historia, y si me quieren dejar un rw, realmente creo que lloraré de la emoción (de verdad lo digo) aajajjajaja nahh...
Bueno para la próxima se viene:
Chan, chan, chan... algo un poco más movidito... espero que me digan qué es lo que esperan.
Les deseo lo mejor del mundo y les mando saludos :)
Only Love.
