Por un momento el silencio las envolvió mientras la inspectora intentaba dar con las palabras adecuadas. Sólo tras un momento lo comprendió: no había palabras perfectamente indicadas, simplemente. La única opción que tenía era limitarse a dar un testimonio de lo que había observado; finalmente decidió hacer eso.

–No entiendo cómo puede hacerlo tratándose alguien como tú pero Yayoi-san te ama –dijo tras un momento, imaginando que quizás lo mejor sería comenzar por ese punto.

Para su sorpresa, lo que obtuvo como primera respuesta fue un sonido más bien hosco, seguido por un nuevo tour de parte de la copa hacia los labios carmesíes.

–Vaya, qué halagadora –se limitó a decir, el sarcasmo tiñendo su tono, así como un ápice de crueldad–. Yo no entiendo cómo ella podría acostarse contigo. ¿No es casi como pedofilia?

Sorprendentemente el rostro de la castaña no volvió a enrojecerse apenado sino que, por el contrario, descargó una mirada fulminante y severa sobre la rubia.

–Hablo en serio. Quizás tú no te preocupes por ella pero Yayoi-san… –el sonido del cristal de la copa vacía dejándose sobre la superficie de la mesa firmemente interrumpió sus palabras.

–¿Qué demonios? ¿Qué te hace creer que sabes cuándo me preocupo por alguien y cuándo no? Aunque sí, desde luego que por ti no me preocuparía jamás. Supongo que ahí tienes un ejemplo –sólo ahí se permitió una sonrisa pequeña, ínfima. No obstante, casi inmediatamente la seriedad volvió a ganar terreno en su faz–. Por supuesto que me preocupo por Yayoi. Amo a Yayoi –admitió, demasiado irritada como para detenerse a pensar sus palabras dos veces–. ¿Qué clase de monstruo crees que soy, Shimotsuki?

–¿Entonces por qué? ¿Por qué le hiciste eso a Yayoi? –le respondió una Mika extrañamente combativa, sus orbes sin apartarse de los dorados. Quería la verdad porque vaya que aún no alcanzaba a comprender el por qué de lo que había presenciado horas atrás. Se esforzaba, sin embargo.

Shion dudó. La cuestión de la bofetada aún flotaba en su consciencia culposa. No creía que una bofetada pudiese ser gran cosa pero sin embargo allí estaba ella. Pero muy en el fondo era perfectamente consciente de ello: una agresión de ese carácter tenía muchas más consecuencias que las físicas y superficiales. Pero no era nada sobre lo que hubiera podido hacer algo al respecto sin embargo, no era el tipo de cuestiones que pasan por la mente de un individuo antes de golpear a otro.

–Sé que estuvo mal abofetearla pero estoy segura de que Yayoi está bien, nadie puede morir de eso –"y ciertamente todos hemos recibido una o dos en nuestras vidas", agregó en su mente. Al notar una mirada aún acusadora sobre ella y quizás por efecto del cansancio no pudo evitar excusarse casi infantilmente–. Ella me estaba lastimando, además. Me tomó del brazo muy fuerte, ¿sabes?

Aunque en el fondo lo sabía, no era el dolor lo que la había hecho reaccionar de esa manera. No ese tipo de dolor, al menos. Había sido algo mucho más complejo, mezclado con la necesidad imperiosa de abandonar aquella habitación a la par que a sus ocupantes. Si alguna parte de su cuerpo había experimentado dolor no había sido su brazo precisamente.

Habría esperado otra mirada severa o incluso un comentario aún peor pero Mika no hizo nada de eso. Su expresión se le antojó un tanto ensombrecida incluso, lo cual despertó un cierto interés en la rubia. Interés y un ápice de preocupación.

–Yayoi no está bien en absoluto. Después de que te fuiste ella… no sé cómo decirlo, realmente. Se desmoronó –guardó silencio por un momento, dubitativa acerca de contarle o no los detalles. Finalmente decidió que era el deber de Shion saberlo y el de ella el decírselo–. Primero se quedó quieta, casi como si estuviera congelada. Hasta que de pronto se rompió y cayó de rodillas al suelo. Realmente me asustó, haciendo algo tan inesperado con todos esos fragmentos de vidrio por ahí… –murmuró. "Oh, sí, la botella", recordó–. Y entonces empezó a llorar. Lloraba tanto… no parecía ella. No sabía que Yayoi era capaz de ponerse así.

Un pequeño lapso silencioso adicional, uno en el que Mika parecía hundirse en sus recuerdos recientes y Shion no pronunciaba ni una palabra, no realizaba ni un gesto. La inspectora decidió continuar.

–En fin. Me ocupé de ella, la llevé a su cama y le apliqué un poco de hielo para… bueno, eso. Me quedé con ella hasta que dejó de llorar y esperé a que se durmiera, pero… –sonrió con un aire nostálgico, torcido. Aquello era en cierta forma doloroso de decir ¿Acaso estaba celosa?... Sí, era ridículo, incluso repulsivo pero lo estaba–. No dejaba de lamentarse y decirse cosas horribles sobre ella. Desde luego que no cree que vayas a perdonarla –suspiró–. Y es por eso que decidí hablarte, creo que es importante que sepas que… –fue interrumpida.

–Esa es una historia muy enternecedora, casi me hace llorar –comentó Shion, el sarcasmo tiñendo sus palabras. Su expresión no acompañaba a su burla, sin embargo: si acaso se notaba ausente era porque su cabeza se había quedado aún en el pequeño relato, considerando cada detalle. ¿En verdad la había afectado tanto? Aquello relatado no sonaba en nada como a la Yayoi habitual, discreta e introvertida. Y si no era habitual podía darse una idea del verdadero estado emocional de la pelinegra.

"No debe afectarme" se dijo, sin embargo. Yayoi no era la única que había sufrido aquella noche, después de todo.

–Si lo que querías era que sintiera compasión o pena…

–¡No es eso! –la interrumpió una fulminante Mika, quien provocó que su contraria la observara con ambas cejas en alto– ¿No ves que ella te quiere a ti? ¡A ti y sólo a ti!

Un puñado de piezas comenzaron a encajar de pronto, cual pequeños engranajes.

–Claro, olvidaba que estás perdidamente enamorada de Yayoi –comentó con cierta sorna–. ¿Qué es? ¿Tu primer o segundo amor? ¡Oh! No me digas que ella fue tu primer beso.

Para su sorpresa su comentario no suscitó ira alguna. Mika se veía extrañamente segura de repente, resoluta.

–Quizás… No, estoy enamorada de Yayoi, lo admito. La quiero, probablemente tanto como tú a ella, quizás incluso más –se atrevió a decir, testaruda–. Pero Yayoi no está enamorada de mí. Duele decirlo pero es así y hoy lo comprobé. Yo no puedo hacerla feliz, no del modo en que ella necesita y quiere. Y quizás tú tampoco puedes –dijo de pronto, sus ojos volviendo a clavarse en los de ámbar sólido– pero estás más cerca de conseguirlo. Quiero a Yayoi pero su felicidad es primero. Y si su felicidad está contigo, haré todo lo posible para que la recupere. No puedo hacer menos por ella.

–De modo que me estás dejando el camino libre porque eres una persona muy amable y considerada en lo que respecta a Yayoi, ¿uh? –inquirió la mayor, quien había cambiado su postura para apoyar uno de sus codos sobre la mesa y de ese modo sostener su rostro con una de sus manos, con aire aburrido y desinteresado. La postura de Mika se le hacía irritantemente difícil de entender, después de todo. ¿Qué clase de persona sería capaz de hacer algo tan estúpido? Ella jamás renunciaría a Yayoi para dársela a alguien más; primero porque no era una niña sobre la cual se pudiera discutir una especie de derecho a su cuidado ni nada por el estilo, pero segundo…

Parpadeó, un tanto sorprendida de sus pensamientos. Yayoi era demasiado valiosa para ella como para dejarla ir, después de todo. Era justamente por eso que las palabras de Mika se le hacían tan extrañas.

–No, no te estoy "dejando el camino libre" –Mika interrumpió el hilo de sus pensamientos–, estoy haciendo algo muy diferente. Te estoy señalando que tienes una oportunidad de reparar las cosas pero eso no significa que me haga a un lado. Hago esto porque sé qué es lo que Yayoi necesita. Pero si sigues empecinada en no ver las cosas no, no voy a dejarla sola –su tono descendió levemente–. Sé que Yayoi-san es fuerte, pero creo que necesita a alguien ahora. Y si ese alguien no eres tú Karanomori-san, al menos no la dejaré sola.

Un sonoro "oh" fue todo lo que escapó a sus labios en un primer momento. Tomó un momento –momento en el cual Shion pareció tomar una resolución interna– hasta que dijera algo más… y de hecho se moviera. La analista se puso de pie a la vez que tomaba su computadora portátil consigo.

–Esa ha sido una conversación lo suficientemente larga. Ahora si me disculpas necesito descansar.

Una apresurada Mika se incorporó a su vez, tal preocupación manifiesta en su cara que en otras condiciones Shion bien podría haberse reído de ella.

–¡No puedes irte así como así! ¿No escuchaste nada de lo que dije?

Recibió como primera respuesta un suspiro exasperado.

–Tengo que dormir para poder trabajar mañana, hasta donde sé puedo y debo irme –respondió casi con frialdad. Su expresión se suavizó tras un momento, sin embargo–. Pero te escuché y pensaré en lo que dijiste. Sólo necesito un poco de tiempo.

Mika acabó por asentir pero tenía una advertencia consigo.

–Sólo no te tomes demasiado.

Shion suspiró. Le habría gustado un cigarrillo adicional para afrontar esa situación pero ya había acabado con todos.

–Lo sé, lo sé –apresuró la rubia a la vez que agitaba su mano libre en gesto tranquilizador para reprobación de Mika. Comenzó a alejarse pero aún sobre el sonido de sus tacones contra el suelo pudiéronse oír unas últimas palabras–. Recuérdalo, me debes un buen vino. Procura que sea antiguo.

Mika suspiró observándola alejarse con su leve contoneo de caderas típico. Las tonterías que cometía por amor.


Solo por aquel día habría preferido dormir para siempre, incluso a pesar de las terribles experiencias y secuelas que el centro de rehabilitación había dejado en ella le gustase o no. Usualmente Yayoi nunca dormía más de siete horas o incluso menos sin sentirse cansada en absoluto, pero aquel no parecía ser el caso de ese día. No era una cuestión de sentirse cansada, sin embargo. Iba más allá de eso, a decir verdad. Por una vez en su vida no quería afrontar al mundo que se extendía más allá de su cama.

Cuando la alarma de su despertador sonó supo que no tenía opción, sin embargo. Era cumplir con su trabajo… o verdaderamente dormir de por vida. Y estaba claro que Yayoi se encontraba determinada a no volver a pasar por la segunda.

Se incorporó con cierta pesadez en su lecho y mientras que con su izquierda se encargó de la alarma, su diestra no tardó en posarse sobre su mejilla derecha. Suspiró a la vez que los recuerdos del origen de la magulladura regresaban a su mente. No era como si hubiera albergado la infantil esperanza de que todo no hubiera sido más que un sueño pero lo cierto era que esa posibilidad no le habría desagradado en absoluto. En cualquier caso, decidió que por su bien lo mejor sería intentar no pensar demasiado en los hechos de la noche anterior. Una pena que supiera que no iba a conseguirlo, claro. Por el contrario, sabía que aquel sería un fantasma que la perseguiría por un largo tiempo.

Se alistó prácticamente del mismo modo que todos los días aunque con la pequeña diferencia de que se detuvo algunos minutos extra frente al espejo, examinando su rostro. Considerando las sombras rojizas bajo sus ojos y una pequeña magulladura en su mejilla decidió que lo mejor sería utilizar un poco de maquillaje, de ese modo probablemente ninguno de sus colegas notaría nada extraño en ella.

La peor parte no fue aquello de ver su reflejo sin embargo: fue el entrar al comedor lo que realmente revivió los desagradables recuerdos. Yayoi emitió un suspiro a la vez que miraba en dirección al sitio en donde recordaba la botella de vino de Shion se había vuelto trizas; Mika había limpiado allí, encargándose también de la cristalería y la porcelana de la botella y taza de té rotas. Apreciaba su intento en verdad, probablemente la chica habría pensado que quizás de ver la escena intacta al día siguiente sus ánimos empeorarían. Empeoraron de todas formas pero era natural, pensó. La joven inspectora había hecho su mejor intento; si no funcionaba sencillamente no era su culpa.

No fue Mika quien pobló sus pensamientos mientras se preparaba su café para acabar por despertarse del todo así como tampoco lo fue a lo largo de su día laboral. La oficina no estuvo especialmente animada por la mañana y si bien Yayoi se había prometido mantener un comportamiento relativamente normal, lo cierto era que podía intuir que personas como Mika eran capaces de percibir una pequeña aura sombría de su parte. La castaña tuvo la decencia de no remarcarle ese aspecto en ningún momento sin embargo, lo cual Yayoi apreciaba en silencio. Si tenían que hablar ya lo harían pero… decididamente ese no sería el día. Honestamente, se sentía demasiado avergonzada por la faceta de su carácter que la joven había tenido que presenciar como para desear hablar con ella de los asuntos más profesionales, incluso siquiera mirarla.

Pero fue una mañana tranquila en esos términos: apenas un par te intercambios verbales con Ginoza y Akane y eso había sido todo. Ningún caso de urgencia ni nada que la requiriera fuera de la oficina hasta la hora del almuerzo, perspectiva que por otra parte tampoco animaba demasiado a la pelinegra, a quien a estas alturas no le habría molestado exactamente poder centrar su cabeza en un trabajo de carácter más físico. Quizás algo de trabajo extra era lo que necesitaba en momentos como aquellos, una manera de evadirse en definitiva.

Cuando llegó su hora del descanso se dirigió a la cafetería incluso con menos ánimo que el día anterior. Ordenó lo habitual –que por cierto era su comida preferida– pero si acaso eso debía de algún modo levantar su ánimo no lo consiguió. Yayoi se sentó en un lugar escogido al azar aunque un poco alejado del área de servicio y de la entrada; no le apetecía ser blanco de miradas de nuevos comensales o bien tener que observar a alguien. Suspiró mientras separaba sus ohashis casi metódicamente. Sabía que debía comer, llevaba un buen tiempo sin hacerlo apropiadamente, pero incluso la perspectiva de aquel tazón de sopa udon frente a ella no le abría especialmente el apetito. Fue ridículo, casi infantil, pero de pronto deseó que Kagari estuviera de vuelta a su lado. No era como si no lo deseara todos los días de cualquier forma, no era como si una parte de ella no albergara esperanzas todavía aún a pesar de que la otra, más realista y experimentada, le remarcaba que eso era imposible. Él la habría hecho sentir un poco mejor, pensó con cierta amargura. El chico la habría irritado con sus bromas o incluso, con un poco de suerte, hasta habría conseguido arrancarle una risa. Demonios, quizás hasta habría podido arrancarle algunas frases, ayudarla a poner sus ideas y temores en orden. Pero ya no estaba Kagari y aparentemente tampoco Shion: estaba sola, tal y como había llegado a aquel edificio. Sólo que un poco más triste, en realidad.

Intentó dejar de pensar en aquello y simplemente comer. Atrapó diestramente algunos fideos con sus palillos y estaba soplándolos para luego llevárselos a la boca cuando una mano se posó sobre su hombro izquierdo. Cuando Yayoi giró el rostro levemente sorprendida para descubrir de quién se trataba, los palillos casi se zafaron de su agarre.

–¿Puedo sentarme? –preguntó la voz más familiar de todas, a lo cual Yayoi sólo atinó a asentir un poco torpemente en principio.

Tenía demasiadas preguntas en su cabeza como para pensar con claridad, y ni hablar de justamente hablar. Le tomó un tiempo, tiempo en el cual Shion se sentó en el lugar exacto junto a ella. Era más sencillo no estar frente a frente, quizás. Y cercano a pesar de todo: las telas blanca y negra casi se tocaban.

–Lo siento –fue lo que dijo repentinamente, dejando su comida a un lado mas sin quitar los ojos de ella, temerosa de ver a su acompañante, temerosa de lo que pudiera encontrar en su rostro. Por supuesto que se sintió abrupta, casi violenta dejando escapar esas palabras. Pero había deseado pronunciarlas con tanta urgencia, sin embargo. Como si eso fuera a traerle algo de tranquilidad, cosa que en el fondo dudaba seriamente.

Ella no pudo apreciar la expresión de Shion, pero ésta negó con suavidad, inmóvil en su lugar. Incluso desde su lugar Yayoi pudo percibir que el aroma a tabaco era incluso más intenso de lo habitual, lo cual desde luego no la hizo sentir mejor.

–No, yo lo siento –silencio, uno de pocos segundos pero que pareció eterno–. Supongo que las dos hicimos cosas bastante feas, ¿uh? –suspiró.

–Tú no… realmente sólo fue mi culpa –admitió la pelinegra lo que creía cierto. No se esperó el tono algo acalorado de la respuesta ajena, no obstante.

–¡No, Yayoi! –un rostro ceñudo y preocupado se giró hacia ella, esta vez sus ojos azules incapaz de mirar a los dorados. La menor sintió una pequeña punzada en su estómago, una mezcla de sorpresa y culpa. Shion volvió a moderar su tono tras eso– Quiero decir, no es como si no hubieras hecho nada malo, pero… –suspiró, dejando entrever en sus ojos algo demasiado similar al arrepentimiento. Probablemente entonces fue cuando Yayoi se percató del aspecto cansado que la usualmente destellante Shion ahora lucía–. Yo estuve muy mal también, quizás incluso peor. Te golpeé, y luego me fui.

Ese fue el turno de Yayoi de suspirar, tras lo cual desvió la mirada del rostro ajeno.

–Bueno, no fue como si no lo mereciera –musitó.

Silencio. Por algunos segundos sólo se escuchó el sonido amortiguado propio de la cafetería: voces y pisadas.

–¿Te arrepientes?

Silencio de nuevo, pero más breve.

–Sí, lo hago. Sincera y profundamente. Pero arrepentirme no va a arreglar nada, ¿me equivoco? –y aún no se atrevía, no a mirarla a la cara. Hizo falta que Shion dijera algo más.

–… Mika habló conmigo anoche –confesó, sus ojos fijándose insistentemente en el rostro ajeno, intentando hacer contacto con los zafiros ajenos. De pronto lo consiguió.

–… ¿Ah, sí? –Yayoi se veía genuinamente sorprendida, a la par que preocupada. Y creía tener tantos motivos para preocuparse, en verdad. ¿Qué le habría dicho Mika, para empezar? Pero más importante… ¿por qué había hecho eso?

–Sí. Me contó lo que pasó y… puntualmente lo que te pasó a ti. Me dijo muchas cosas pero una de ellas era que… bueno, realmente se había quedado con la impresión de que… –curiosamente, algo de carmín se agolpó en las mejillas ajenas, detalle que desde luego no pasó desapercibido para una demasiado observadora Yayoi– me amabas.

–Por supuesto que lo hago –respondió casi abruptamente, cosa que en el fondo divirtió un poco, sólo un poco a la mayor. Tenía más que decir, sin embargo.

–También me dijo que no parecías creer que te perdonaría.

–… Sí. Eso también es cierto.

Shion suspiró, casi como si liberara alguna suerte de estrés con aquel gesto. Curiosamente, de pronto apuntó con su índice a la pelinegra, a quien de pronto aquel gesto se le antojó incluso más gracioso que temible. Incluso sobria Shion… bueno, no lo parecía exactamente.

–Mira, Yayoi, estaba muy enojada –pronunció, el índice aun señalándola hasta que finalmente lo apartó en un rápido ademán–. Lo estoy aun en parte, no fue sencillo para mí descubrir aquello, eso no hace falta que te lo diga, pero… la situación ha ayudado, en cierta forma. Yo no sabía que te sentías de cierto modo antes o, mejor dicho, no quería afrontarlo. Pero ahora lo sé e incluso creo que probé de primera mano algo bastante parecido a esa sensación –su tono descendió un poco, al igual que su mirada, ahora centrada en sus propias rodillas aún a pesar de sentía los ojos de Yayoi sobre ella, ahora su mirada más intensa que nunca–. Tú también me lastimaste pero… no puedo no perdonarte, no amándote y extrañándote tanto como lo hago. Demonios, ya hace tanto desde la última vez que hicimos algo juntas, aunque fuera ver una película tonta… –sonrió vaga y ausentemente. Quizás el recuerdo dulce fue lo que le permitió volver a alzar la mirada e incluso ir más allá. Una de sus manos se alzó, copando en su palma la mejilla que la noche anterior había abofeteado. Al no percibir ningún símbolo de rechazo mantuvo su mano ahí, acariciando la suave superficie con el dígito de su pulgar–. Mejoraré, seré más considerada y te demostraré más seguido que eres y serás mi única persona especial. Superaremos esto juntas –le aseguró con suavidad, para luego adoptar una expresión algo más severa a la vez que retiraba suave contacto–. Pero tú tienes que contarme lo que pasa por tu cabecita en ocasiones, y en especial cuando te sientes agobiada. ¿Tenemos un trato, Yayoi?

Yayoi permaneció muda en principio, definitivamente sorprendida ante lo que escuchaba. ¿Había sucedido de verdad o sólo era el sueño de una persona triste? No, un sueño podía ser tan real, la mano anteriormente contra su mejilla sólo podía sentirse tan viva y cálida en el mundo real. Y de pronto reaccionó, adoptando una expresión similar a la que pondría un niño de pronto regañado por una madre usualmente cariñosa aunque temible. Asintió.

–Trataré de contarte todo lo que pueda –accedió, tras lo cual obtuvo una sonrisa pequeña pero cándida como respuesta. Probablemente su propio rostro esbozó alguna expresión algo graciosa porque de pronto la sonrisa ajena se ensanchó a la vez que Shion daba un pequeño golpecito con su índice en la punta de la nariz de Yayoi, provocando que el rubor subiera a sus mejillas casi automáticamente.

–Esa es mi Yayoi –canturreó, tras lo cual volvió a acomodarse en su asiento a la vez que se desperezaba y bostezaba por un momento, dejando adivinar a Yayoi que muy probablemente esa mujer no había dormido nada–. Tengo que irme ahora. Le pedí a Saiga-sensei que se ocupara del laboratorio un momento pero no puedo ausentarme mucho más.

A pesar de la tranquilidad ajena Yayoi pareció un poco alarmada y contrariada. No era para menos, no deseaba separarse de Shion ahora que habían podido, por fin, hablar un poco. Comprendía sin embargo. Quizás por eso fue que no repuso nada pero también era cierto que Yayoi no era la única que comprendía las situaciones y tenía la capacidad de leer a la otra. Una mano de uñas rojizas se posicionó sobre su hombro con suavidad.

–Tengo la noche libre de nuevo. ¿Aún quieres ver esas películas viejas conmigo? –a lo cual una silenciosa pelinegra asintió, dos zafiros fijos en dos piezas de ámbar. Shion propinó un cariñoso apretón al hombro que sujetaba antes de ponerse de pie– Será una maratón, entonces. Bien, ahora… –ya estaba de pie y dispuesta a marcharse rápidamente a su laboratorio cuando una mano se posó sobre una de sus muñecas, sujetándola suavemente. Shion no pudo evitar mirar a la pelinegra con cierta curiosidad–. ¿Uhm?

–Yo solo…. –dudó y finalmente acabó por desviar la mirada en dirección a su udon, ya algo frío–. Estaba pensando que realmente te quiero. Y que tengo mucha suerte de tenerte.

Shion volvió a sonreír a la vez que su otra mano ejecutaba un acto un tanto inusual: gentil, se posicionó sobre la cabeza de Yayoi, acariciándola suavemente por algunos segundos.

–Qué coincidencia. Yo pienso exactamente lo mismo respecto a mí –comentó la analista en tono divertido–. Me alegra ver que ya dices lo que piensas, Yayoi. Me gustaría escuchar más, pero… –suspiró en cuanto sintió la mano ajena liberar su muñeca. Vaya, ahora ella también deseaba quedarse todo aquel día en la cafetería, al menos hablando con la pelinegra. El trabajo era el trabajo, sin embargo. Prodigó una última caricia sobre la sedosa cabellera antes de apartar su mano–. Nos vemos en la noche, entonces.

Yayoi asintió y Shion se marchó. Cuando la enforcer regresó a su tarea original –comer su almuerzo–, si bien su comida ya se había enfriado ésta, de pronto, se le antojó deliciosa.


N/A: ¡Finalmente el cuarto capítulo! Mis disculpas por la tardanza; no sólo he estado ocupada yo misma por las fechas y por estudios sino que además fue un capítulo algo difícil de escribir. Tengo esperanzas de haberlo logado sin embargo, al menos lo intenté lo mejor que pude. ¡Ahora! El próximo capítulo probablemente será el último de este fanfic, además de que lo más factible es que esté repleto de fluff y quizás -sólo quizás ¿?- de mucho smut también. Y nada, quería agradecer especialmente a un curioso anon que se metió en mi ask de mi Tumblr personal y básicamente me animó a seguir la historia. No pensaba abandonarla pero la verdad es que esos mensajes fueron el pie para que intentara escribir más seriamente y probablemente sin ellos... bueno, no habría capítulo IV este 26 de enero. Nada, sólo gracias Don/ña Anon y lamento no haber cunplido la promesa de hacerlo en tres días. Pero, ¡hey! Al menos lo hice.

De más está decir que los comentarios tanto acá como en Tumblr siempre son bienvenidos y me motivan a no abandonar las cosas. Espero que el capítulo haya sido del agrado de alguien.