Soy yo de nuevo, como mañana no podre actualizar les traigo un capitulo extra. Ojala les guste, no olviden sus comentarios ;)
Sebastian seguía sin comprender porque salvo la vida de una mundana. Ella sabía que moriría, lo vio en sus ojos y no aprecia preocuparle. Se veía muy calmada cuando le agradeció, si supiera que el mismo podría terminar el trabajo que el demonio no, probablemente le tendría miedo. Minutos después confirmo que solo en apariencia se mostraba calmada, sobre todo cuando arrojo el tazón donde puso las esquirlas de vidrio que fue sacando de sus manos. La chica no se giró a mirarlo a pesar de la pregunta que le hizo, se limitó a ignorarle.
-Espera sentado, no he terminado aún. – su respuesta logro que una sonrisa se formara en su rostro. Había que admitirlo, la chica tiene sentido del humor, uno bastante negro cabe mencionar, y hacer sonreír a Sebastian es todo un reto.
El sonido de un auto llamo su atención, si no se equivoca sus padres casi llegan
-Piensa en una buena excusa, un auto se acerca. – le advirtió sin saber que lo impulso a ayudarle, de nuevo. – Tengo todo el día para oír una respuesta.
-Toma una ficha, no serás el único. – esta vez sí se giró para responderle y el azul de sus ojos le produjo escalofríos. Algo muy difícil. Se mostraba fría, aunque Sabastian pudo asegurar que no era así. – Tengo que inventar una mentira digna de un Oscar, será mejor que te vayas. No es una sugerencia.
-Me quedo, quisiera ver si tu actuación es digna de un premio de la Academia. – llevar meses en el mundo de los mundanos tenía sus ventajas.
Se recargo en la pared con gesto de suficiencia.
-Si no quieres que te saque a palos, vete. No estoy humor, ni siquiera sé cómo les explicare todo este desastre. – señalo su casa. – si luego quieres oír tu respuesta ven, pero no ahora.
-Hummm… una buena propuesta, debo decir que se reconocerlas cuando me las presentan. – le hizo gracia creerse capaz de poder contra él, la derribaría en un minuto. – De acuerdo mundano, tú ganas. De momento.
-Exacto. De momento. – y pudo percibir tristeza en su tono, aunque no se detuvo a pensar por qué. – y no me llames mundana.
No fue lejos, aun podía ver como sus padres entraban a la casa y gritaban ante el desorden que veían. Tenía curiosidad al saber lo que la mundana les inventaría para justificar todo el desastre. La runa lo ayudaba a escuchar cada palabra que decían dentro de la casa, utilizo un pequeño glamour para pasar desapercibido de los padres de la rubia. No era lo suyo espiar de esa manera, pero ha roto ya demasiadas reglas. Lo increíble es que todo fue por una mundana.
-Lo digo en serio, Ian me hablo a mi celular, estaba en el Java Jones y yo vine para acá, no sabía que los ladrones… - la voz se le quebró mientras les explicaba una mentira a sus padres. – Se lo llevarían. Intente detenerlos, pero…
-¿Por qué no llamaste a la policía, Nina? No mientas. – la voz grave de un nombre resonó, estaba muy enojado.
Así que ese es su nombre, Nina.
-¡Porque también me asuste! Me asuste como no tienen una idea, cuando llegue a la casa desee haberlo hecho, y me arrepiento porque mi hermano no está. – lloro, otra vez. Sebastian pensó que la policía no serviría de nada, a menos que utilizaran armas angelicales, lo cual es absurdo.
-Llamare a la policía para reportar el asalto. – su padre saco su teléfono de su bolsillo y marco.
-Nina, ¿Qué dijo tu hermano? – pregunto otra voz femenina llorando. Su madre, se parecía a ella. Tenían el mismo cabello, la diferencia son los ojos. Los de Nina son azules, los de su madre café.
-Dijo que alguien entro en la casa. – le conto llorando. – que los monstruos entraron. – dijo más para ella. – que…
-Nina, no les has contado nada a tu hermano de tu en…
-No estoy enferma, mama. – la chica tiene agallas, demasiadas tal vez. – Y si, le conté a Ian y me arrepiento de haberlo hecho.
-Hija, tu hermano se pudo confundir, se asustó. – trato de justificar la mujer nerviosamente, si tuvieran un demonio en frente no lo verían. Ni aunque su vida dependiera de ello.
-Ian no se confundió mama, es inteligente y sabe lo que vio. – también es terca.
-La policía ya viene. – informo su papa. - ¿Hija, te has tomado los medicamentos? No quiero mentiras, hoy me hablaron de la consulta. No has ido en los últimos tres meses.
-Se tardaron en descubrirme. – fue lo único que dijo. Vaya, la chica es una buena mentirosa. – y si no me creen, me da igual. Se lo que vi, y también quien se llevó a Ian. Y aunque tenga que quemar todo lo que este a mi paso, lo encontrare.
Subió las escaleras corriendo. Y sus papas solo la miraron, como si nada de lo que dijo su hija tuviera sentido.
-Hable con el doctor Strauss, tienen un lugar reservado para Nina. - ¿reservado para qué? – Ya sospechábamos que no seguía el tratamiento Ángela. – abrazo a su madre que seguía llorando. – Nos advirtieron hasta donde podría llegar si no lo hacía.
-No quiero perder a mi hija también.
Algunos mundanos nunca aceptaran la verdad. Es más fácil vivir en la ignorancia, así no pueden esperarse lo peor.
Al fin les había dicho la verdad a sus padres y la tildan de loca. No debió haber confiado en que le creerían. Dicen que cuando hablas con la verdad te quitas un gran peso de los hombros, Nina es la excepción. Se sentía peor, ver la expresión de temor de su madre es algo por lo que jamás quisiera volver a pasar. Escucho que su padre llamo a su psiquiatra para reservarle un lugar en algún manicomio. De ninguna manera. Tomo su mochila, metió ropa y lo que necesitara, agarro ese libro del estante donde lo había puesto acomodándolo junto con sus demás cosas, de último momento y se colgó la mochila al hombro.
Dejarles una nota sería lo ideal, pero ya no podía demorar más. Quizás podría encontrar al rubio arrogante y a esa pelirroja para que le ayudaran con la búsqueda de su hermano. El problema sería donde encontrarlos. Salió de su habitación en silencio, tendría que llegar al cuarto del servicio, otro problema. Está en la planta baja.
Roger consolaba a su esposa, se llevaron a su pequeño y en menos de lo que esperan su hija mayor iría tras su hermano menor. Unos golpes en la puerta la alertaron, tendría ir más rápido antes de que la descubrieran. Se escondió detrás de la cómoda, unos pasos más y llegaría al cuarto de servicio.
-Buenas tardes Sr. Sawyer. – Nina reconoció esa voz, el doctor Strauss llego.
Incluso sus padres la traicionaban. Fue un golpe bajo, sincerarse con ellos y lo único que ganó fue una ida al psiquiátrico.
-Buenas tardes, doctor. – lo saludo su padre con la voz quebrada. - ¿Es necesario todo esto?
-No siguió el tratamiento Sr. Sawyer. – Nina odio ese tono reprobatorio y de superioridad que Strauss utilizaba como si ya no hubiera remedio. – Ya habíamos comentado las repercusiones de suspenderlo sin supervisión médica. Las alucinaciones pueden regresar, por lo que veo ya han pasada a la etapa donde Nina ha traspasado la realidad.
Quiso gritarle ¡Charlatán!, sin embargo eso descubriría su posición. Lo peor es que sus padres prefieren creer en otras personas. Nina nunca había sido tan sincera como ahora. No lloraría, ya no más. Con cuidado salió de su escondite, apoyándose en sus manos y rodillas, si gateaba en silencio había más probabilidades de salir sin ser vista. El doctor y sus padres estaban de espalda a ella, con un poco de suerte pasaría desapercibida.
-No se preocupe Sr. Sawyer, solo son un apoyo. Esperemos que no sean necesarios. – explico el doctor. No se detuvo, siguió andando.
-Doctor, creo que si seremos necesarios esta vez. – un momento en que solo las erráticas respiraciones de Nina llenaron el silencio.
No perdió tiempo esperando la respuesta, se levantó y corrió el tramo que le faltaba. Cerró la puerta con llave y empujo el buro para bloquear la puerta. Los golpes y las frases de convencimiento no surtían efecto.
-Nina, soy el Dr. Strauss, podemos hacer esto de una forma civilizada. Sal para poder hablar. – bufo mientras rodaba los ojos. No se molestaría en responder, sus dudas de la decisión a enviarla al manicomio discordaban.
Movió, sin hacer mucho ruido, el ropero de la mediana habitación. Muy pocas personas saben que detrás de este, había una puerta no muy grande por donde se podía salir, ni siquiera sus padres lo saben. Nina lo sabía, porque su empleada se lo conto hace varios años, nunca pensó que esa información pudiera servirle justo ahora. El marco de la puerta era para alguien de la estatura de Ian, recordarlo le trajo otra oleada de lágrimas las contuvo y se agacho para poder pasar. Tuvo que gatear nuevamente y con mayor rapidez cuando oyó el sonido atronador de una puerta siendo despedazada.
-¡Nina! - Esta vez fue su madre la que lanzo esa exclamación.
Podía ver un halo de luz, ya estaba cerca del final. Se apresuró a gatear con mayor rapidez, toda la que sus extremidades le permitían. Empujo la puerta con toda su fuerza, aprovechando el subidón de adrenalina de los últimos veinte minutos. Salió a las calles de Nueva York, todos caminando exentos de lo que sucedía a su alrededor. Ahora el verdadero reto es saber a quién y donde buscar.
