5

Regina había escuchado atentamente las instrucciones del doctor While. Le sorprendía que aunque la odiara hubiese confiado en ella para esa misión. Ahora viajaba junto a Ruby, aquella chica de cabello rojizo, la miraba de vez en cuando con curiosidad como si tuviese algo importante que decirle. El tren marchaba a toda velocidad, por lo que contemplar el paisaje se hacía un poco difícil. Respiró hondo y repasó el plan mentalmente.

Primero debía encontrarse con Ruby en la estación de tren y hacerse pasar por Lisa Kyriakides, una profesora de antropología que ira a evaluar las piezas encontradas en una excavación en Paleachora. Ya en aquel pueblo debía contactar a La "doctora Lucas" y evaluar dichas piezas. Regresar con ella de vuelta y mantener las piezas en un lugar seguro. El plan sonaba sencillo, el problema radicaba en ejecutarlo. Miró a Ruby y se preguntó cómo era que ella podría saber de aquella lista. La vida de diecisiete personas esta en las manos de aquellas personas ¿debía confiar en ella? ¿Acaso no sería otra de las trampas de Gold? O peor aún, de Selena. De repente una ola de ira pareció inundarla al recordar cómo había sido engañada por su media hermana. Emma no había muerto en sus manos, aunque el hecho de que muriese en otro lado no era alentador para su corazón. Deseaba con toda sus fuerzas poder abrazarla y confiarle lo que sentía, pero ya no estaba y lo único que podía hacer ahora era vengar su muerte.

― ¿Conoció a la escritora? ―preguntó Ruby sin quitar la vista del periódico que llevaba

― Tal vez ―contestó Regina mostrando indiferencia.

― Si la conoció, estoy segura que a Lucas le encantará verle

"A mí no, preferiría que fuera Emma" ―pensó Regina―. Tras recordar en la última indicación, se puso tensa. Si el plan se salía de control debía matarla.

― ¿Le ocurre algo?

―No, estoy bien ―Regina desvió la mirada y se concentró en el paisaje que pasaba ante sus ojos. El tren comenzaba ahora a disminuir la velocidad.

Un alemán con ropa de paisano estaba parado frente a ellas. Regina se acomodó en su asiento y miró a Ruby.

― ¿Pasa algo? ―preguntó Regina

El alemán la miró con interés y se acercó a ella.

―Me preguntaba hacia donde van ―preguntó sin quitar la mirada de los pecho de Regina

―Vamos a inspeccionar unas excavaciones en Paleachora. Mi hermana y yo somos de la sociedad de antropología.

Regina sacó su salvoconducto e indicó a Ruby que hiciera lo mismo. El oficial los reviso y los devolvió.

―Esta todo en orden por lo que veo. Quizá si están libres después quieran tomar algo conmigo y unos amigos.

―Lo siento ―se adelantó Ruby―. Nuestros esposos nos esperan en Paleachora. ¿Le incomoda si los llevamos?

―Que tenga buen día doctoras ―miró a Regina y se perdió por el pasillo del tren.

―Al parecer si le incomoda ―dijo Ruby divertida―. Menudo susto que me ha dado.

Regina la miró sorprendida, por un segundo pensó que aquella chica era tímida. Ruby sonrió y le indicó que mirara por la ventana.

―Hemos llegado ―informó.

6

Caminaba de un lado al otro de la habitación. Estaba nerviosa, las manos le temblaban y su corazón en ocasiones parecía detenerse y en otras acelerarse. Respiró profundo y trató de mantener la calma. Miró su reloj y luego a la señora Lucas que permanecía inmóvil a un lado de la habitación.

― ¿Esta segura que el plan ha salido bien?

―Por supuesto ―contestó la anciana con seguridad―. Ruby es una chica lista, de no haber salido bien ya tendríamos señales de ello.

―Está tardando

―Debe relajarse, está muy tensa.

De repente Ruby entró sin avisar. Abrazó a su abuela y se volvió a quien se suponía que debía llamar "señorita Lucas".

―Todo salió bien ―se adelantó a decir Ruby.

― ¿Ha venido acompañada?

Ruby asintió.

―Lamento que te tengas que ir

―Debo hacerlo. Hay alguien que me necesita

Ella se acercó. Sus ojos verdosos comenzaban a parecer don hermosos lagos. Le dio un beso que apenas rozó los labios y le entregó una caja.

―Ruby…

Ella se separó y le dio la espalda para que no la viera llorar. Suficiente había sido rogar que se quedara.

―Se llama Lisa. El doctor While le ha enviado. La hare pasar ―miró a su abuela que presenciaba la escena desde la esquina de la habitación―. Es mejor que las dejemos a solas.

La anciana asintió y salió seguida de Ruby.

Una vez sola en la habitación sintió como el silencio pesaba. Sin perder tiempo tomo las cortas pertenencias que tenía y las guardo en la bolsa que había logrado rescatar del avión. Se sentó y contempló el arma que reposaba en la mesa. Colocó la caja al lado. Eran municiones. Esbozó una sonrisa al ver que Ruby había recordado el calibre del arma.

La emoción, el miedo y la nostalgia parecieron mezclarse de repente. Por un lado deseaba salir de allí, por otro le daba tristeza abandonar a toda aquella gente buena que la había ayudado y también tenía miedo de que las cosas se complicaran. Tenía miedo de no volver a ver a su hijo. Y también tenía miedo de no ver a Regina.

El quejido de las bisagras oxidadas anunció la entrada de alguien. Sin prestarle importancia tomó el arma y aseguró de que el arma tuviese el seguro. Un aroma familiar la sorprendió y aquella voz…

― ¿En serio sabes usar eso? ―preguntó Regina.

La rubia se volvió y sus ojos se encontraron con los de la morena.

―Emma… ―apenas pudo pronunciar aquel nombre… Estaba viva.

7

Gold inspiró hondo y espiró con lentitud. Se sentía como un criminal condenado, cuya condena de muerte estuviese solo a segundos. Estiró sus dedos uno a uno escuchando el sonido que provocaba cada uno de ellos.

Sabía muy bien el peligro que estaba corriendo a presentarse en aquel bar pero, Bella era prioridad en ese momento. Ya su hijo había muerto, no soportaría que Bella corriera la misma suerte. Miró su vaso de krassi medio vacío y continuó esperando al capitán Killiam Jones, el único que tal vez pudiera ayudarlo.

Como si lo hubiese invocado con el pensamiento, Killiam penetró en bar y se sentó frente a él. Gold lo miró con incredulidad.

― Acaso no me ofrecerás algo de beber

―Por supuesto ―sonrió Gold. Sirvió krassi en el otro vaso y le ofreció a Jones

Él lo tomó y brindó.

―Por los viejos tiempos

Gold miró el Garfio. Sabía a lo que se refería.

―Y por los nuevos también ―agregó y terminó el Krassi que quedaba en su vaso.

―Y ahora bien, dígame a que ha venido su llamada ¿Acaso debo atrapar alguna bruja? ―bromeó Jones

―Es gracioso que lo digas. Sucede que ahora son tres. Pero, tú ya debes estar al corriente de todo ―sirvió más krassi en su vaso―. Después de todo, ayudas a dos.

―No sé de qué hablas

―Lo sé todo capitán, ¿No le parece extraño que haya podido sacarlas a las dos tan fácilmente?

Garfio comprendió que no debía molestarse en negarlo todo. Gold quería algo y no lo pondría al descubierto mientras necesitara su ayuda. Ya vería como librarse de él después.

― Haber, dispare. Estoy aquí porque necesita algo, dígame que es

―Necesito que protejan a Bella. Ustedes la protegen y yo les ayudó a mantenerlos seguros.

―De acuerdo ¿Un krassi más?

Gold tomó la botella y le sirvió otro.

―Esta noche la hare salir. Búsquela en la plaza concordia ―se levantó dispuesto a salir de allí antes de que alguien le informara a Selena, sino era que ya lo habían hecho―. Puede terminarse la botella, ya esta paga ―agregó y se retiró.

Jones lo siguió con la mirada hasta perderse en la multitud. Ahora se preguntaba si debía confiar en él. Dio un sorbo a su krassi y se dispuso a terminar lo que quedaba en la botella. Si esa era su noche, por lo menos iría preparado.

8

Siempre debía mantener buena cara. Lo había aprendido de su padre, por lo menos algo bueno le había enseñado ese alcohólico. Miró su reflejo en el espejo y se aseguró de estar bien arreglada. Lo de dejar escapar a su hermana y a su madre, había sido a propósito. Si Regina se enteraba que Emma estaba viva lo más probable era que la encontrara. Si la encontraba, también encontraría la lista.

Eso era lo malo de los sentimentalismos, siempre hacían débiles a las personas y su hermana era una de ellas. Aquella rubia la había convertido en una mujer predecible y eso la ponía en desventaja.

Tomó su sombrero de ala corta y se lo puso. Se veía elegante. Un traje cortado a su medida y zapatos altos. Sonrió para sí y miró a Hook que permanecía inmóvil al otro extremo de la habitación.

― ¿Estás seguro que Regina se recuperó?

― Mi fuente es confiable. Lo más probable es que ahora este con aquella escritora.

― Perfecto ―exclamó Selena y caminó hacia el teléfono. Levanto el auricular y marcó un número. Al otro lado parecieron responderle―. Ordene que las vías de acceso a Atenas sean despejadas. Tenemos una invitada esta noche y no quisiera causarle problemas―. Al otro lado de la línea parecieron protestar―. No les estoy pidiendo un favor, es una orden.

Selena colocó el auricular en su lugar y se volvió hacia Hook.

―Vamos, tenemos una gran noche. No hagamos esperar a nuestras invitadas.

Hood tomó su carcaj y la siguió.

9

Emma la estrechó entre sus brazos durante largo tiempo. Al fin ella se soltó y la miró con incredulidad.

― ¿Eres tú?

―Por supuesto ―sonrió Emma

―Me dijeron que habías muerto

―Pensé en tu seguridad y creí que si eso pensaban en Atenas, estarías más segura. Disculpa si te cause algún inconveniente con eso ―Emma bajo la mirada y la recordó tirada en el suelo―. Cuando estaba en el bosque pensé que moriría, pero caí a un río y la corriente me trajo hasta este pueblo. Ruby me rescató y cuidó de mí. Quise ir a Atenas, pero la señora Lucas me aconsejo no hacerlo, ideamos un plan y proseguimos cautelosamente ―explicó Emma.

―Hiciste bien ―Regina tomó su barbilla y la obligo a mirarla―. ¿Hay algo más?

―Sí ―contestó Emma

Regina esperó temiendo lo peor. Ruby era una chica encantadora, temía que Emma… no, Emma era libre de hacer lo que quisiera, después de todo, quién sabe si después de sacarla de Grecia volvería a verla. No necesitaba escuchar aquello, no tenía por qué explicarle si algo había pasado, pero algo dentro de su ser la obligaba a escuchar lo que tuviese que decir Emma.

Emma la abrazó de nuevo y ella sintió aquella calidez tan característica de alguien que te quiere. Las manos de la rubia tomaron las suyas y entonces lo siguiente.

―Cuando estaba a punto de morir, temí partir sin decirte que me enamore de ti ―dijo Emma al fin.

―Emma… ―susurró Regina―. Yo también me enamore de ti.