10
El viaje de vuelta a Atenas transcurría tranquilo. Ningún agente le había pedidos papeles y el tren había salido sin inconvenientes. Miró a Emma, que dormía a su lado. Miró a su alrededor y se aseguró de que todo estaba seguro. De repente recordó a aquella pelirroja y sus ojos verdosos. Casi podía asegurar que estaba llorando minutos antes ¿Se había enamorado de Emma? ¿Y Emma de ella?...
"Vamos Regina, no es momento para celos", se reprochó. Además, ahora está contigo.
Las ruinas de un pequeño pueblo se dibujaban conforme el tren avanzaba. Sin duda las tropas alemanas habían estado allí el día anterior. Tenían la costumbre de quemar los pueblos en donde había refugiados ingleses y no solo eso, también asesinaban a sus protectores o en el peor de los casos los enviaban a la Prisión de Averof. Estaba segura que muchos preferirían morir antes que ser llevados a aquel matadero humano. Desvió la mirada de la ventanilla y miró a Emma. Apartó un mechón de cabello rubio que le se movía de un lado al otro y contempló como la rubia dormía con tranquilidad.
"Estas Aquí", pensó.
Respiró hondo y tomó su mano. Estaba fría como un tempano de hielo. Se quitó su bufanda y la colocó entra las manos de Emma. Volvió a mirar a su alrededor y de repente se percató de algo. Con toda la Gestapo y las tropas alemanas tras una lista, la seguridad por la que habían pasado era mínima. Una muestra de desinterés por el asunto o eso quería que pensaran. Algo no marchaba bien.
― Chelandri ―Anunció alguien mientras el tren iba perdiendo velocidad.
― Emma ―llamó Regina
Emma se desperezó y miró a su alrededor.
― ¿Hemos llegado? ―preguntó
―No, cambio de planes. Ven bajemos aquí
Caminaron a lo largo del tren prestando atención a los detalles y mostrándose seguras. Un oficial alemán las miró.
Emma tomó de la mano a Regina. Con la mano que le quedaba libre agarró el arma que estaba oculta tras su chaqueta y esperó lo peor.
― ¡Eh Oberg! ―llamó otro soldado en tono de disgusto―. Estoy cansado de esperar.
Él se volvió y le tendió una taza de café.
―Disculpa. Oye, acaso no buscamos una rubia
―Tendría que llevar la mitad de este tren ―contestó el soldado con indiferencia. Ven relájate.
El soldado volvió a mirar a aquella pareja pero ya habían desaparecido.
― ¿Por qué nos hemos bajado aquí? ―interrogó Emma
―Algo no anda bien ―contestó Regina―. Nadie nos pidió papeles y ni siquiera estaban revisando.
―Tal vez estén cansados
―No lo creo. Gold es demasiado desconfiado para permitir eso
―A menos…
―Sí, a menos que sea una trampa ―afirmó Regina―. Una trampa para atraparnos fácilmente, pero no funcionara.
11
Killiam Jones se guardó la pistola en el bolsillo y miró de un lado al otro de la calle. Estaba completamente vacía como era de esperar a aquellas horas. Sacó una pinta de ron que había llevado consigo y bebió. Volvió a guardarla y avanzó en dirección de la plaza Concordia. A pasos lentos. No tenía prisa por morir.
Una silueta femenina se dibujaba entre la penumbra que reinaba en la plaza.
Se acercó con cautela y llamó.
―Bella
Ella se volvió y le miró con desconfianza
― ¿Capitán Garfio?
― Parece que la costumbre de llamarme así no acabara nunca ―protestó él.
Ella sonrió y extendió la mano para saludarle. Pero no resistió el impulso y se aferró a él.
―Han matado a Neal ―sollozó ella
―Lo lamento
― ¿Por qué estoy aquí, Jones?
―Gold me ha pedido que te proteja ―contestó Jones―. Ven ahora debemos irnos. Esta noche tengo un mal presentimiento. Además dentro de unas horas tengo que buscar a alguien.
Miró en todas direcciones y finalmente abandonaron la plaza Concordia lo más rápido posible, perdiéndose en la oscuridad de la noche. Si de algo estaba seguro Jones es que algo pasaría, lo que desconocía era la magnitud de tal evento.
12
Un semicírculo de soldados con bayonetas en mano, vigilaban la llegada del tren. Hook permanecía frío y callado al lado de Zelena.
El tren se acercaba y su corazón comenzaba a acelerarse. Regina llegaría en aquel tren junto a aquella norteamericana y lo más probable es que fueran apresados en ese momento.
El tren se acercó cada vez más hasta que se detuvo y su motor dejo de rugir. Un silencio escalofriante se mantuvo hasta que Selena lo cortó con una de sus órdenes.
― ¡Vamos!, Ya saben quiénes son las fugitivas
Los soldados se abalanzaron sobre el tren y revisaron cada rincón. Hook recorrió el pasillo con calma observando cada rostro, pero ninguno le era familiar. Al regresar observó la cara enfurecida de Selena. Lo miró airada y bajo del tren sin decir nada.
―Al parecer no han encontrado lo que buscaban ―Jones sonreía a su lado―. Selena debe estar furiosa. Ya me imaginó su cara de decepción.
― ¿Qué rayos haces aquí? ―reclamó Hook― Pensé que…
― Si, si… Ya cumplí con aquel encargo ―Jones miró a su alrededor para asegurase que nadie les tuviera prestando atención y se acercó más a Hook―. Algo que no entiendo, Hook ¿De qué lado estas realmente?
― Del lado de la seguridad de mi hijo ―contestó Hook sin vacilar
―De modo que de eso se trata ― Jones dio la espalda. Avanzó unos pasos y luego se detuvo―. Hay algunas piezas interesantes en la Asociación de Antropología, deberías ir a verlas. Podrían resultar interesantes ―agregó y se perdió entre los pasillos del tren.
Hook suspiró aliviado de que ya no estuviera allí. Bajó del tren y se encontró a Selena dando órdenes. Lo último que escuchó le heló la sangre.
―...Incendien todas la malditas aldeas que estén en el trayecto de Paleachora y Atenas. Haremos que esto arda y salgan como cucarachas.
