Hola, Muchas gracias a las personas que me agregaron a sus favoritos, ojala se corra la voz y pronto mas personas se den el tiempo de pasarse por aquí. Les recuerdo que estoy empezando el grupo en Facebook y que si comentan NO ME ENOJO jaja xD en serio :) Aun asi muchas gracias a los lectores silenciosos que tambien se dan el tiempo de elegir este fic entre muchos para leerlo :)
Este es el link del grupo por si quieren unirse (quiten los espacios):
w w w . facebook groups / /
Nunca dormía más de cinco horas, estaba acostumbrado a levantarse temprano su padre se lo inculco de esa manera. El mismo padre que Jace Herondale tuvo, el único que conoció. Por años los mantuvo separados, el niño ángel jamás se enteró de su existencia, pero Sebastian sí. Siempre supo que Valentine criaba a otro niño como si fuera hijo suyo, les enseñaba las mismas cosas, la diferencia radicaba siempre en los sentimientos. Malditos, no servían para nada. Carecía de ellos y jamás le han perjudicado. Es mejor así, que tener que sufrir como adolescentes por amor, recordó momentáneamente al chico que su invitada rechazo tan descaradamente y sonrió.
-Buenos días, veo que te gusta madrugar. – la mundana llevaba una camiseta que le quedaba enorme, la observo deteniendo de más en sus piernas, lo admitía tenía unas piernas preciosas. -¿Te gustan? – la rubia hizo un movimiento con ellas. Sus miradas chocaron, nuevamente. – Ya sabes, tener escasa vida social te deja con demasiado tiempo libre.
-Que modesta. – le dio un sorbo a su café negro con la ceja enarcada.
-Podría decir lo mismo. – le replicó de inmediato.
Abrió el refrigerador, le dio la espalda al Cazador y Sebastian se degusto un momento por el trasero respingón de la chica en su cocina, eso le alegro el día.
-Deja de mirarme el trasero, se lo que estás haciendo. – hablo todavía buscando algo comestible en su refrigerador.
-¿Por qué habría de admirar de tu trasero? Hay mejores te lo aseguro. – con eso ya ninguno hablo.
El aceite en el sartén estaba al punto por lo que podía observar el Cazador.
-¿Cuándo empezaremos a buscar a mi hermano? – pregunto la rubia de improviso llevándose un bocado de su desayuno a la boca.
-Hoy, prepárate para conocer el mundo de las sombras. Ya no hay vuelta atrás.
La chica solo bajo la vista hacia su comida.
-Eso suena tan genial. – murmuro con sarcasmo. – Pero ya lo sé, gracias por recordármelo. Me facilitas tanto las cosas. – Sebastian enarco una ceja. – ¿A dónde iremos? – pregunto finalmente.
-Ya lo veras. – sonrió y se concentró en su café.
Nadie había limpiado el desastre en la casa de la chica. El olor a quemado, sangre e incluso miedo reinaba en el pasillo. Las botas negras hicieron un chirrido cuando piso los diminutos cristales que aún permanecían en el suelo. No había nadie, el silencio fue bien recibido. Clary estaba a su lado, examinando las salpicaduras de sangres que manchaban las paredes de manera irregular, así como las marcas de uñas que arañaban el suelo de duela pulida. Había un montón de útiles escolares desperdigados por el suelo, algunos de ellos, como los bolígrafos manchados con sangre en las puntas.
-Definitivamente aquí hubo una pelea, muy buena a juzgar por toda esa sangre. – murmuro Jace mientras recorría el lugar con la mirada. – ojala hubiera llegado antes.
-Jace, puede estar herida. No hables así. – le reprendió su prometida con suavidad.
-Mejor vamos a seguir revisando. – tomo su mano. Tendrían que revisar todas las habitaciones, una en una antes de que llegue su familia.
Todas las habitaciones estaban intactas, no tenían daños que fueran relevantes. Llegaron a la habitación lila, la que pertenecía a la chica rubia. Los libros en los estantes seguían donde Jace los vio por última vez a excepción de un hueco que había entre ellos.
-Falta uno. – observo Clary mientras rozaba los lomos de los libros. - ¿Qué crees que pudo pasar? – le pregunto mirando las inscripciones en las paredes. – Parece bastante tranquila, incluso antisocial.
-Mato un demonio Clary, probablemente si otro ataco su casa también lo haya hecho. No es precisamente una idea de tranquilidad. – apostillo su prometido con diversión. – Aunque hay que admitir que los rubios nos divertimos más. – la sonrisa de Jace creció con aires de superioridad.
-Seguro que sí, Jace. – la pelirroja de enfrente sonrió de lado negando divertida con la cabeza. – Creo que acá hay algo.
La puerta de su armaría estaba entreabierta. Pareciera que alguien lo había saqueado, la ropa estaba desacomodada y las cajas con zapatos revueltas, Jace frunció el ceño. Algo no le cuadraba. La chica pareciera ser ordenada con sus cosas por lo menos con el exterior.
-Jace, mira. – señalo una caja con una inscripción en la tapa. – Abandona toda esperanza, enemigos del heredero temed. – leyó Clary con una ceja enarcada. – qué bonita frase, muy esperanzadora. – dijo con sarcasmo.
-Trae aquí, hay que abrirla.
-No. Es algo privado, no debemos…
-Clary, es una investigación. Tal vez esto nos ayude a saber quién es ella.
-De acuerdo, tú ganas.
-Siempre gano, cariño.
-Anoche no decías eso. – le recordó Clary sonriendo de lado.
-Anoche dije bastantes cosas, no recuerdo que esa fuera una de ellas. – replico su prometido intentando no ruborizarse. – Veamos que sucios secretos esconde la propietaria.
El contenido de la caja era variado. Había algunas hojas metidas en sobres, cartas. Un mp3 y los audífonos conectados a este. Algunas joyas, plumillas para tocar la guitarra, fotografías y una nota suelta.
-Si encuentran esto, es porque estoy muerta. – leyó Jace en voz alta. – O alguno de ustedes este husmeando en mis cosas y encontró esta caja. Dicen que la curiosidad mato al gato, así que deja las cosas donde están si es el segundo caso. En fin, cuando leas las cartas que están a tu derecha –, ambos fijaron su vista a la derecha de la caja. – no habrá vuelta atrás. Considera esta advertencia. Solo es una sugerencia, claramente. Eso es todo, si tienes alguna duda consigue un tablero ouija o consulta Wikipedia, depende de lo que quieras saber, claro está.
-Me recuerda a cierta persona. – Clary miro a Jace que seguía ensimismado en la nota, como si no creyera lo que leía.
-Bueno, creo que tenemos suficiente material de lectura para la próxima hora.
Nina seguía preguntándose la razón por la que estaban en un callejón oscuro, últimamente ha visitado más estos lugares que en toda su vida. No había estrellas brillando en el cielo nocturno, por supuesto que no están en Nueva York, y el Cazador de Sombras que dibujaba no sé qué cosas al lado con esa piedra de luz mágica ayudaba menos a sus nervios. En su vida se imaginó en una situación así, no se imaginó que si vida cambiaria en menos de veinticuatro horas, sin embargo es hora de afrontar la realidad, aunque eso fuera lo que menos quisiera hacer.
-¿Qué es este lugar? – se atrevió a preguntar, no supo que la llevo a ese cuestionamiento pero su curiosidad pudo más.
-¿Siempre tienes que preguntar todo? – los ojos negros de su compañía la taladraron, pero no se dejaría amedrentar.
-Pues sí, sobre todo cuando me involucra directamente. – le respondió osca. – y esto me afecta de manera directa.
-Listo, pasa – señalo la puerta que hace un momento no estaba ahí. – calma tu curiosidad.
-Como sea. – atravesó la puerta.
La sensación de mareo en cuanto cruzo el umbral fue lo suficientemente fuerte para hacerla caer de rodillas. ¿Qué rayos fue eso?
-Un portal, debí advertírtelo antes. – ese tono de burla irrito mucho a Nina, quiso darle un puñetazo, pero dudaba seriamente si quisiera podría tomarlo desprevenido. Para su vergüenza aún no se recuperaba del mareo. - ¿Piensas hacer penitencia?
-Idiota. – murmuro para ella antes de levantarse tambaleante.
-Vamos, no tenemos todo el día.
Nina se apresuró para poder seguirle el paso. Se movía con agilidad y rapidez, le pareció un gato. Odia los gatos.
-¿A quién veremos? – le pregunto mientras recorrían el estrecho pasillo de piedra.
-No abras la boca a menos que te lo pidan, párate derecha, no aceptes nada de comer, trágate el orgullo y evitar mostrar tus sentimientos. – lo dijo todo con tal rapidez que le costó entenderle todo. – Si logras eso puede ser que le agrades a la reina y te quiera como mascota.
-¿Cuál reina? – atino a preguntar aspirando una gran bocanada de aire.
-Ya lo veras. Camina más rápido.
-No todos tenemos sangre de Ángel en nuestro sistema. – las palabras resonaron en el angosto pasillo haciendo eco. Sebastian se detuvo para girarse y encararla.
Su expresión no mostraba nada, se dijo Nina. Pero eso no quiere decir que sea verdad, se corrigió a sí misma. Fue un borrón lo que vio antes de que su espalda chocara contra la pared. El cazador la tenía acorralada con un cuchillo en su garganta.
-Cuida tus palabras.
Nina sabía desde un principio que había algo mal con Sebastian, no tenía idea de cuan mal podría ser pero su instinto le decía a gritos que no confiara en él. Ahora sabia porque. Todo en el grita peligro, desde el cuchillo en su garganta hasta su mirada amenazante.
-Y tú los cuchillos. – le dijo Nina con voz temblorosa.
-Cierra la boca. – se alejó de ella a zancadas.
Respiro entrecortadamente antes de seguirlo. Eso la tomó por sorpresa, no dijo nada que no fuera cierto. Había leído varios libros que decían eso, no tendría por qué enojarse.
-¿Dije algo malo? – le pregunto tragándose el temor de que le rajara la garganta con un cuchillo.
-No hables. – Nina rodo os ojos, pero ya no hablo más.
Ni en tus sueños, pensó Nina. Se acomodó mejor la mochila de su espalda y siguió andando con pasos firmes detrás de él. Intimidaba mucho, más cuando vestía completamente de negro. Una suave voz como campanillas dándoles la bienvenida le erizo la piel. Una mujer increíblemente hermosa estaba parada justo frente a ellos, no pudo evitar estremecerse. Se le erizo el vello de los brazos, esa mujer que parecía flotar y sonreía de manera encantadoramente mortal, le dio miedo. Tal vez siguiera las ordenes de Sebastian, podría hacer una excepción.
-Siempre a tiempo, mi querido Cazador. – observo como el Cazador hacia una ligera reverencia, ¿sería parte de alguna realeza? ¿Eso existía aun?
-Reina Seelie. – saludo Sebastian con voz sedosa y tranquila, todo eso sin quitar la sonrisa de sus labios. – Creo que sabe a qué he… hemos venido. – fijo su vista momentáneamente en la mundana a su lado, como si se acabara de dar cuenta de su presencia.
-Por supuesto que sí. – respondió la reina. Tenía una soltura elegante y antinatural, se fijó Nina por supuesto, lo supo en ese momento. Seelie, el nombre lo decía todo. Un hada.
Por lo que Nina sabia sobre hadas, por los libros que ha leído, era que son unas mentirosas y que jamás deberías de pedirles un favor. Esto, además de dar miedo, era peligroso.
-¿Cómo te llamas niña? – pregunto la reina a Nina.
-Es…
-Le hice la pregunta a ella, Cazador. – interrumpió la reina.
-Es de mala educación interrumpir. – siguió Nina con cautela. – Me llamo Nina, su majestad. – se presentó seguido de una reverencia.
-Educada para ser una simple mundana. – esbozo una sonrisa. Reprimió el escalofrió. – Dime Nina, ¿En qué puedo ayudarte?
Nina se congelo. Sabía lo que tenía que hacer a continuación, tendría que pensar muy bien lo que diría. Las hadas son engañosas y siempre saben todo, sin embargo eso no quiere decir que te vayan a decir lo que deseas saber. Si algo aprendió en todas sus horas de lectura, es en no confiar en las hadas. Son mortalmente hermosas. Que su IQ de ciento ochenta fuera suficiente, rogo.
-No sé en que pueda ayudarme, si alguien hubiera sido tan amable de decirme a donde iríamos, probablemente tendría una respuesta adecuada. – lanzo una mirada acusadora a Sebastian para reforzar su respuesta. – En vista, que no sé exactamente como expresarme, cederé eso al Cazador de sombras. – señalo con la cabeza.
La cara de Sebastian era un bloque de hielo, pero incluso la sorpresa podía verse con facilidad en su expresión. A continuación, la reina soltó una carcajada. El sonido fue perfecto, hermoso y atrapante. Una risa preciosa tanto como peligrosa.
-Me agradas Nina Sawyer. – jamás le dijo su apellido, claro las hadas saben todo es por eso que no debe confiar en ellas. – Al fin alguien que se atreve a estar cerca de nuestro querido Jonathan, me pregunto si supiera todo lo que has hecho seguiría a tu lado…
-Basta. – interrumpió el Cazador con sequedad. – La mundana quiere saber dónde está su hermano, se lo llevaron los demonios que destrozaron su casa.
-Podría decirles lo que sé, pero tendrá un pequeño costo.
Esta era la parte que Nina temía. Podría pedirles cualquier cosa, de los libros de hadas que había leído hubo uno en que la protagonista casi se convierte en ciervo. Incluso podría pedir su voz o su primer hijo, aunque no supo exactamente porque pensó en eso.
-Quiero una pulsera que esta exhibida en el Instituto de Nueva York.
Por la expresión de Sebastian, Nina supo que recuperar esa pulsera sería un verdadero reto.
