Ni los personajes ni la historia me pertenecen. Los acontecimientos históricos de la obra puede que sean o no reales. Recuerden esto es ficción.
Después de haber caído en una crisis imaginativa y dejar a un lado todo lo que escribía, decidí volver y terminar lo que una vez empecé. Claro, después de un largo sermón y ser arrastrada por mi gran amigo Emanu Chan con algo así como "Lo que se comienza se termina"... En fin pido disculpas a todas las que siguen el fic y haber dejado de continuarlo o pensar en no seguir. Uff, es que es difícil cuando la musa inspiradora se pone rebelde.
19
De vez en cuando echaba un vistazo a su alrededor para asegurarse que ningún agente de la Gestapo le seguía. Su hijo ahora estaba a salvo y con un poco de suerte, para el día siguiente ya estaría lejos de Grecia. Respirando otro aire que no fuera el olor terrible y repugnante de la guerra.
Un hombre que estaba tirado en la calle le agarró por el hombro y extendió las manos pidiendo limosna. Hook rebuscó en sus bolsillos hasta encontrar un par de monedas y dárselas al mendigo que las agarró mientras le entregaba un pedazo de papel.
―Suerte ―susurró el mendigo y miró a un grupo de soldados alemanes que se acercaban―. Ahora debe marcharse, no creo mi suerte le sea de ayuda.
Hook se quedó inmóvil al ver que lo que tenía ante sus ojos no era un mendigo, sino un hombre herido de la resistencia.
― ¡Corra! ―gritó
Hook corrió sin detenerse hasta llegar a una galería de arte en ruinas. Se aseguró de estar solo y se dejó caer al suelo. Se recostó a la pared y trató de recobrar la calma. Su respiración era agitada y el corazón le latía aceleradamente ¿Qué era todo aquello? Recordó el papel y lo leyó detenidamente:
"Se llevan nuestro arte"
Rompió el papel y miró el suelo y las paredes destruida por las bombas. Recordaba aquel lugar. Su esposa presentaba sus cuadros allí. Una lágrima se deslizó por su mejilla al recordarla…
― ¿Qué se supone que es?
Ella se volvió y corrió hacia él. Se agarró a su cuello y se acercó a sus labios.
―No creí que regresarías tan pronto
―Olvide algunas cosas y vine a recogerlas. Ya conoces lo despistado que soy ―Hook sonrió y la abrazó fuertemente―. Te quiero ―susurró a su oído.
― ¿En serio? ―Ella arqueó una ceja y sonrió pícaramente.
―Sí, muy en serio ―la besó larga y apasionadamente.
―mmmm que apasionado está el señor hoy. Eso significa que Iras a mi exposición
―Por supuesto. No me la perdería por nada del mundo
Ambos rieron.
―Eres un encanto ―Ella se separó y regresó al lienzo que estaba trabajando―. Supongo que no puedes ausentarte mucho tiempo del hospital.
―Oh sí, es mejor que me valla cuanto antes.
Hook tomó la bolsa que había dejado en el sofá y se dirigió hacia la puerta. Se volvió hacia su esposa y la miró embelesado.
Siempre lo había pensado. El arte era misterioso y bello al igual que su esposa. Sonrió y se retiró pensando en otra cosa que lo mantuvo inquieto el resto del día. Aquel beso había sido como aquellos de los que sabes que nunca volverán a pasar. De aquellos que saben a adiós. De aquellos que extrañas cuando ya no los vuelves a sentir. De aquellos que se quedan impregnados en el recuerdo para vivir de él.
Se mantuvo lo más ocupado posible para sacar aquellas inquietudes de su mente. Hasta cuando aquel mensaje llego a sus oídos y el mundo. Su mundo se desmoronó.
"Atención unidades, ayuda médica en el Museo Nacional"
―Nos bombardean los alemanes ―gritó uno de los paramédicos mientras corría hacia la ambulancia.
Hook miró su reloj y se dio cuenta que no había prestado atención a la hora.
― ¿Qué sucede Hook? ―preguntó una de las paramédicos
―Mi esposa… mi esposa exponía sus cuadros esta tarde en el Museo Nacional…
Se aferró a sí mismo como un niño asustado. Aún continuaba en la galería en ruinas cuando la lluvia comenzó a caer. Era cierto, cuando amas a alguien de verdad, no importa el tiempo que pase ni las personas que conozcas. Ella siempre será tu gran amor.
Se sobrepuso y se levantó. Miró de un lado al otro y se abalanzó a la calle a su suerte, con destino al museo nacional o por lo menos a lo que había sido de él.
Regina y Emma entraron en una casa de ladrillo situada en el número 125 de la calle de Satovriandou, en Atenas. Era un lugar vacío, deshabitado y lóbrego. Emma la siguió por una escalera de caracol que se desarrollaba en torno a una gruesa viga de caoba. Sus pasos resonaban en la vacía casa. Al llegar al tercer piso se dirigieron hacia una puerta, a través de un polvoriento vestíbulo. Regina abrió la puerta que conducía a otro tramo de escaleras que crujieron bajo el peso de las dos visitantes y fueron a parar a una habitación escasamente amueblada.
—No puedo tardar. Habrá una reunión —Regina la miró con pesar. No deseaba separarse de Emma.
Finalmente se abrazaron y se besaron.
—Volveré lo antes posible —añadió
―Ten cuidado ―rogó Emma
―También tú. Ya sabes que no soportaría volver perderte
―Lo sé ―sonrió ella―. Nos vemos luego.
Regina avanzó cuidadosamente a través de la calle Satovriandou, con dirección al punto de reunión acordado. Los hombres, griegos, alemanes, italianos, se volvían a su paso. Ella seguía su camino, sin hacer caso de las miradas de nadie. Había sido dotada de una atractiva belleza que impresionaba forzosamente aunque uno sólo la viera un instante.
Los últimos acontecimientos en su vida habían sido desconcertantes, por un lado la aparición de su hermana, su madre como miembro principal de la resistencia y ahora Emma… Como explicaría aquello a todos. A su madre, al Dr. Whale, a Nolan…
Suspiró resignada y entró al Museo Nacional. Lo primero que vio fue la familiar figura de Hook mirando un cuadro hecho pedazos. Las mejillas enrojecieron de rabia al verlo allí. Cuidadosamente tomo su daga y corrió hacia él, colocándolo contra la pared.
―Será mejor que hables antes que te rebane el cuello
― ¡Espera Regina! ―gritó Hook―. No entiendes lo que estaba pasando
―Es mejor que tengas una buena explicación. Lo que hiciste no tiene excusas ¿No te imaginas lo que he sufrido?
―Sí, yo también perdí a alguien y no quería perder a mi hijo
― ¿A qué te refieres?
―Perdí a mi esposa en el bombardeo y Selena tenía a mi hijo cautivo para obligarme a colaborar. No tenía opción.
― ¿Acaso debería creerte?
―No solucionaremos nada con más sangre ―la voz de David resonó en el museo en ruinas―. Ahora suelta esa daga y hablemos como personas civilizadas.
Regina pensó que tenía razón, pero ¿debía confiar en alguien que ya la había traicionado?
Guardó la daga y caminó hacia David.
―Dime que ya tenemos un plan. Que lograremos que la norteamericana salga de Grecia.
―Por ahora no hay nada que podamos hacer por ella. El comandatur de la resistencia opina que debe entregar la lista y la mantendremos a salvo hasta que pase todo.
―No accederá. Necesita salir de Grecia cuanto antes ¿Sabes lo peligroso que es?
―Los es más sacarla de aquí. Nos vigilan día y noche, Regina ―aseveró David Nolan.
―Temo por su seguridad, David.
―También nosotros, pero no hay nada que se pueda hacer.
Hook los miraba en silencio recostado a la pared.
― ¿Y si la norteamericana se volviera un peligro? ―preguntó de Jones que se mantenía entre las sombras.
―Regina sabe lo que debe hacer ―David miró severamente a Regina y le entregó un arma―. Por el bien de Grecia ―añadió.
―No creo que sea necesario
―A veces las cosas se pueden salir de control. No te imaginas el daño que podría ocasionar si la lista cae en manos equivocadas.
El resto de la Reunión, Regina estuvo en silencio. Limitándose a escuchar y estar al pendiente de los movimientos de la resistencia. No se creía capaz de asesinar a Emma, ni siquiera en la peor de las circunstancias.
Cuando Regina regresó al pequeño escondite, se encontró con Emma sentada junto a la ventana, observando la lluvia caer. Ella al sentir su presencia se volvió y la miró con la esperanza de que hubiera una solución a todo aquel problema.
―Estas algo pálida ―murmuró Emma al notar la mirada triste de Regina.
—Algo ha fallado, Emma. No hay planes de sacarte de Grecia ―Regina se acercó a ella y la abrazó―. Lo siento tanto
Emma se apretó contra Regina. Estaba cansada pero no tenía sueño. Se hallaba peligrosamente cerca del punto de ruptura, en que no podría aguantar más. La continua presencia de Regina bastaba para quitarle sus últimas reservas de voluntad. Dio la vuelta y se quedó mirando hacia la ventana, en cuyo lado exterior golpeaba la lluvia.
No sabía qué era lo que debía hacer. Otro día de tensión como el pasado, no podría aguantarlo. Se acordó de su cita con Gold, al día siguiente. Era su única salida.
Jueves.
Emma esperaba que Regina se hubiera marchado. Las cosas se hubieran desarrollado con más facilidad.
Las once y diez.
Se puso la americana y se guardó la pistola en el bolsillo.
—¿Qué haces, Emma? ―interrogo Regina mientras se desperezaba al borde de la cama.
—Me voy
― ¿Te has vuelto loca?
Emma caminó hacia la puerta y ella le cerró el paso.
—¡Emma! ¿Qué es lo que te ocurre?
—Lo siento. Tengo que salir.
—¿Has perdido la razón? La Gestapo te atrapara en menos de una hora.
—No me queda más remedio, Regina.
—Querida, nuestra gente trabaja día y noche. Ten paciencia sólo unos días más ―rogó Regina abrazándose a ella.
—Pero ¿es que no te das cuenta de lo que está pasando? Si me quedo aquí de manos cruzada no saldré nunca de aquí.
Ella se estrechó aún más contra Emma.
― ¿Tanto deseas alejarte de mí? Entonces será mejor que me marche yo.
―Regina… No arreglamos nada con ello.
Se deshizo de ella y caminó hacia la puerta.
—¡Emma!
Se detuvo un momento frente a la puerta. Ella estaba en lo alto de la escalera circular, con las manos recogiendo nerviosamente sus ropas esparcidas por el suelo.
—¡Emma! ¡No! ¡No!
Ella ignoró su llamada y cerró la puerta detrás de ella.
20
Regina se sentó al extremo de la mesa y miró los cuatro pares de ojos que se fijaban en ella. El Dr. Whale, David, Jones y finalmente su madre.
―Fue imposible detenerla ―dijo al fin
El Dr. Whale que desde el principio no confiaba en ella, no pudo contenerse.
―Tenía órdenes estrictas de disparar ―casi gritó. Jones que estaba a su lado le dio un golpe y lo miró severamente.
― Bien, no conseguiste detenerla ¿Por qué no la seguiste? ―interrogó Cora fríamente.
Regina no contestó.
―Si atrapan a Swan estaremos perdidos ―comentó Jones mientras bebía lo que quedaba en su botella de ron―. Claro, si es muy astuta y logra librarse de los alemanes y llevar la lista a su destino acabaríamos con esta maldita guerra. Es una situación bastante interesante…
―Esto es ridículo ―protestó el Dr. Whale dando un puñetazo a la mesa―. Debió seguirla y matarle si era necesario ¿Por qué no hizo lo que se le ordenó?
Regina suspiró y bajo la cabeza.
―Yo… yo no estaba vestida
― ¿Desnuda?
― Por el amor de Dios, Dr. Whale ―intervino suave y calmadamente Jones―. Como de costumbre es usted tan escandaloso.
―No pienso disparar a la mujer que amo
― ¿Aunque eso signifique la destrucción de su país?
― ¡Ya basta, Dr. Whale! No le permitiré que presione a mi hija ―reprendió Cora mirando severamente al doctor.
Jones se levantó y carraspeo llamando la atención de los presentes.
―No sé ustedes, pero yo confió en la norteamericana. Es lista y tengo fe en ella. ¿No es mejor que ya la dejemos en paz? Que nos dediquemos a armar una estrategia para ganar esta guerra. El que discutamos no arreglara nada, se los aseguro.
―Jones tiene razón ―apoyó David que había estado en silencio durante la reunión―. Es mejor dejar que Swan se las ingenie con la Gestapo, si llegase a complicarse el asunto entonces intervendremos. Por el momento no podemos hacer nada. Dr. Whale, Jones, Cora… es momento de dar nuestro próximo paso. En cuanto a Regina ―La miro sin ninguna expresión en su rostro―. Manténgase atenta a las noticias de la norteamericana. De seguro será con usted con quien se ponga en contacto.
Continuara…
