Bueno, aqui les dejo otro capitulo. Si corren la voz de mi fic los amare aun mas :)
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-El Instituto está perfectamente resguardado, será difícil entrar.
-Tal vez para ti, pero no para ella. – se mordió el labio. Jamás en su vida ha robado algo, mentir podía con eso, pero ¿robar? Eso era demasiado.
Recordar a su hermano la hizo erguirse y cuadrar los hombros, si tenía que robar para un hada mentirosa, lo haría.
-¿Qué tengo que hacer? – pregunto decidida.
El edificio tenía un tinte gótico, tipo catedral. Enorme y espacioso, muy hermoso. Esa fue la primera vista que Nina tuvo del Instituto de Nueva York. No se imaginaba como sería una vez dentro. Sebastian y ella habían ideado un plan después de ver a la reina Seelie. Entraría y cuando la tuviera pisaría el anillo que llevaba en el cuello sujeto a una cadena, una especie de portal o algo así, no presto atención a esa parte.
Tocar la puerta le resulto algo tonto. Demasiado normal para lo que su vida era ahora. Solo esperaba que la pelirroja la recibiera, de los tres Cazadores ella era quien se veía más amable. No tuvo suerte en eso. La chica con tacones de quince centímetros salió en su lugar y su rostro no pudo ocultar la sorpresa de ver a la mundana ahí.
-¿Qué haces aquí?- la interrogo echando chispas por los ojos.
-Necesito su ayuda. – pidió intentando parecer desesperada.
-Izzy, ¿Qué sucede? – el ojiazul se sorprendió de ver a Nina, hermanos pensó la rubia. - ¿Quién eres tú?
-Me llamo Nina Sawyer y solicito su ayuda. – Nina sonrió para sus adentros cuando la dejaron pasar.
Jace observaba como la rubia removía incomoda en su asiento. Se veía a leguas que la ansiedad hacía de las suyas.
-Déjame entender, ¿secuestraron a tu hermano? ¿Demonios? – volvió a preguntar Alece por sexta vez.
La rubia rodo los ojos, era como la décima vez que asentía.
-Sí y sí. – volvió a responder afirmativamente. – Mi hermano llamo cuando entraron a mi casa, estaba solo. No sé a donde pudieron llevárselo y antes de que pregunten como los encontré, les aseguro que no fue fácil. No es como si pudiera googlearlos y ya. Tengo miedo de lo que puedan hacerle, tiene siete años. – se le quebró la voz.
-Hay que comunicar esto a la Clave.
-No hay tiempo, Alec. – repuso Clary. – Creo que es mejor empezar nosotros con la investigación, no digo que lo ocultemos solo que adelantemos un poco.
-Tengo una duda. – Isabelle le dirigió una mirada dudosa a su invitada.
-No me sorprende. – murmuro Nina.
Jace sonrió. La chica tiene agamas.
-¿Cómo sobreviviste?
-Buena pregunta, yo tampoco lo sé. – le respondió. Jace supo que era totalmente sincera, sus ojos expresaban confusión. – Lo único que puedo decir es que no Salí totalmente ilesa en el intento. – agito los dedos de sus manos cubiertas por vendas. Y de improviso se puso de pie y levanto la playera que llevaba. Un enorme moretón abarcaba parte de su costado izquierdo. Clary hizo una mueca, eso debe doler. - ¿Tienen algún botiquín? Necesito cambiar las vendas.
-Voy por él. – se ofreció Clary.
-¿Te duele mucho? – le pregunto Alec sacando su faceta de hermano mayor.
-Presiento que no será el único. – torció un poco el gesto al decir las palabras. – Tampoco es nada del otro mundo, - se encogió de hombros restándole importancia. – mi piel se marca con facilidad, en unos días ni siquiera lo notare.
-Suena como si ya estuvieras acostumbrada. – hablo Jace por primera vez.
-Suena como que tal vez tengas razón. – respondió Nina.
-Siempre la tengo.
-Alguien necesita bajarte los humos.
-Puedes intentarlo, se aceptan devoluciones.
-Cuenta con ello. – aseguró la rubia con una sonrisa.
-¿Por qué estás tan tranquila sonriendo? Tu hermano está en peligro, siendo la diversión de esos Demonios y te pones a intercambiar frases con Jace.
-¿Crees que soy estúpida? – la chica era más baja que Isabelle, observo Jace, pero en estos momentos pareciera que se alzaba por encima de ella. – Por lo menos ten la decencia de decírmelo a la cara. No me gustan las personas que se andan por las ramas, escondiéndose probablemente en errores que cometieron y no pueden resolver, así que si tienes un problema conmigo dímelo.
Jace quiso reírse. Nunca nadie le hablaba así a Izzy, a veces Simon, pero Izzy solo lo aguantaba a él. Aunque, también noto como había tocado una fibra sensible que pocos lograban tocar y que lo hiciera una desconocida es aún peor.
-Ya he soportado muchos años de señalamientos y burlas para que una Cazadora de Sombras se crea mejor que yo, y encima de eso se atreva a decir que no me importa mi hermano. – siguió la rubia sin piedad. – Te tengo una noticia, ponerme histérica no me sirve de nada. Llorando no voy a conseguir traer a mi hermano de vuelta. Y si tuviera que quemar todo a mi paso para encontrarlo, ten por seguro que sería la primera en arrojar la cerilla.
Se dio media vuelta y salió de la sala. Isabelle aún seguía de pie, inmóvil mirando a la nada. Alec estaba a punto hablarle, pero súbitamente su hermana dio media vuelta y salió sin decir nada.
-Eso fue escalofriante. – observo Clary con el botiquín en mano. - ¿A dónde fue Nina?
-Quizá se perdió.
-Tuvo un monologo un tanto desagradable con nuestra querida Isabelle. – se apresuró a explicar Jace. – se puso furiosa y salió sin decir nada.
-¿Quien?
-Ambas.
-Simplemente genial.
Nina suprimía las lágrimas traicioneras que brotaban de sus ojos. No era muy su estilo ser una bravucona, pero Isabelle la saco de su zona de confort. Nina sabe el poder que tienen las palabras, el dolor que pueden causar y eso fue precisamente lo que vio en los ojos oscuros de la Cazadora. Si supiera que todo lo hacía por su hermano, pero no sabía y así seguiría. El pasillo parecía interminable, necesitaba un lugar donde refugiarse. Acabo en una sala enorme llena de libros. Una biblioteca, justo lo que necesitaba. Fue como si un coro de ángeles cantara el aleluya en su cabeza, bajaran del cielo y le dijeran que todo esto era suyo. La imaginación de Nina siempre ha sido desbordante.
Fue revisando los estantes observando los libros, la mayoría de ellos en distintos idiomas, griego y latín resaltaban entre ellos. Había algunos en francés, rumano, alemán… encontró un original de la Divina comedia de Dante en italiano. Al fin algo bueno con lo cual distraerse. Lo tomo con cuidado y se sentó en una butaca para empezar a leerlo. Aprendió italiano cuando cumplió doce. Pensó, estúpidamente, que si hacia este tipo de actividades podría volver a la normalidad. Se equivocó y no solo en eso.
Todo parecía estar hecho de cristal. Puertas, ventanas, techos. Una vista increíblemente hermosa. No estaba sola, en el reflejo de las paredes de cristal había más personas vestidas de gala, sorprendida observo su reflejo ataviado en un vestido gris que realzaba su figura ¿Dónde quedaron los jeans desgastado que traía puestos? No importaba, le gusto su reflejo. No recordaba cuando fue la última vez que uso un vestido así de hermoso.
-¿Te importaría si te robo un baile? – no podía dejarla en paz ni siquiera en sueños.
-¿Qué haces en mis sueños? – le pregunto observando su traje de etiqueta. Odiaba admitirlo, pero le quitaba la respiración.
-¿Qué te hace pensar que es un sueño tuyo? – pregunto guiándola a la pista de baile posicionando las manos en su cintura y acomodando la de Nina en su hombro. – Podría ser mío.
-Yo no bailo. – hablo Nina inmóvil mientras la música seguía sonando.
-Suerte que yo sí.
-¿Por qué quieres que baile contigo? Es mi sueño, si quiero que uses tus manos para caminar de cabeza, puedo hacer que suceda.
-Que graciosa eres Nina. – la joven rubia se estremeció. Hasta ahora no había oído como se escuchaba su nombre de la boca de Sebastian. Le gusto más de lo que admitiría. – Soy un buen bailarín –, Sebastian se acercó a su oído, sentía el aliento cálido del rubio contra su mejilla. – no te arrepentirás. – esa última frase sonó cargada de dobles intenciones.
-En serio, no bailo. – murmuro. Nunca aprendió a bailar, siempre le ha parecido un gasto inútil de energía, claro la otra razón era para que practicarlo cuando nadie quiere invitar al fenómeno a bailar. – ¿Sebastian?
-Si. – respondió aun cerca de su oído.
-No me hagas odiarte. - le pidió descansando la cabeza contra su pecho.
-No prometo nada.
E increíblemente, bailo. Y así siguieron el resto de su sueño.
Alguien movía con insistencia el hombro de Nina, odiaba ser levantada cuando se quedaba dormida, sobre todo ahora que no había conseguido dormir más que un par de horas. La noche anterior a penas y pego un ojo en toda la noche.
-Creo que alguien tiene mal genio por las mañanas. – esa voz no le sonó conocida para nada.
-¿Tendrá algo? – esa sí, era Clary.
-Odia madrugar. – de nuevo la voz desconocida.
-Me sorprende tu inteligencia. – dijo Nina con sarcasmo mientras se sentaba en la cama y se tallaba los ojos. Observo que estaba en una habitación. - ¿Dónde estoy? – pregunto claramente desorientada, el último lugar donde estuvo fue en la biblioteca.
-En una de las habitaciones del Instituto. – le respondió Clary sonriendo. – Este es mi amigo, Simon. Jace te trajo anoche cuando te encontró dormida en el sofá de la biblioteca. – se sorprendió, no se esperaba ese gesto de Jace.
Miro con cautela al chico que tenía enfrente. Parecía un friki en todo su esplendor, apostaría a que jugaba videojuegos en su tiempo libre. Tenía cierto atractivo, pero no sabía exactamente a que se debía, la palidez inusual le recordó a Crepúsculo.
-¿Si te pones al sol no brillaras, cierto? – le pregunto solo para estar segura.
-¿Qué crees que soy? ¿Una bola de discoteca? – le pregunto Simon fingiendo estar ofendido.
-Creo que eres un vampiro, prefiero la opción de brillar a ser carbonizado por el sol, solo por si quieres saberlo.
-Chica lista. Me agradas. – Nina se encogió de hombros.
-¿Por qué me despertaron? Hace días que no dormía tan bien.
-El desayuno está listo. – le informo Clary. Se veía como una chica normal en su pijama rosa, sino fuera por las marcas oscuras que cubrían sus antebrazos.
-Genial.
Todos observaban con curiosidad a la invitada mundana. Parecía estar ausente mientras desayunaba el pan tostado que antes había untado con mermelada de uva.
-No creo que mi pan con mermelada sea de gran interés. – Clary enarco una ceja. No se andaba con rodeos. – Si tienen algo que decir pueden hacerlo ahora, no me gustan que me miren así.
-¿Como? – pregunto Alec esta vez.
-Como si fuera un animal herido o un ciervo asustado. El papel de damisela en aprietos nunca me ha gustado, no me va.
-¿Tienes algo de tu hermano? – pregunto Jace claramente.
-Conmigo no, en mi casa hay una habitación llena con sus cosas. – se podía leer la duda en la cara de Nina, pero antes de que formulara la pregunta, Jace le respondió.
-Si tuviéramos algo de él, podríamos rastrearlo, ¿no, Alec? – pregunto Jace subiendo ambas cejas.
-Por supuesto, Magnus lo haría si se lo pido. – Nina comprendió demasiado tarde que Alec es gay. Sus mejillas se tornaron ligeramente rojas cuando hablo de su novio. – Supongo que habrá que regresar a tu casa, podrías hablar con tus padres…
-De ninguna manera. – corto la rubia para sorpresa de todos. Apretaba los puños con fuerza que las heridas le dolieron sin necesidad. – No puedo regresar a mi casa, mucho menos ver a mis padres. – se mordió el labio con haciendo una ligera presión.
-¿Por qué? – Pregunto Simon con curiosidad.
-Porque si me vuelvo a parar en su puerta corro el riesgo de ser enviada a un manicomio. Hui de mi casa por eso precisamente, estoy consciente que nadie podría ser capaz de rescatar a mi hermano, a menos que creyera en lo que les conté, ninguno lo hizo. – miro su plato con migajas respirando profundo. – Voy a encontrar a Ian y se los voy a regresar, nadie más puede hacerlo.
Los cazadores de sombras y el vampiro no la contradijeron.
