23
Benni había logrado calmar considerablemente a Emma. Su ejemplo de valor y desafiante coraje frente a la brutalidad de las guardias, era un poderoso tónico. Buena parte del miedo de Emma se desvaneció en sus dos primeros días de estar en Averof. Se daba cuenta de que pocas cosas podían ser peores que aquello. Era la sentina de la Humanidad.
Aquella celda hubiera podido contener escasamente a cuarenta hombres con cierta comodidad, sin embargo albergaba a casi un centenar de «saboteadores». Carecía de toda clase de comodidades o facilidades. No tenía calefacción, ni agua ni lavabo ni luz. Sólo piedra y barras de hierro. Los «saboteadores» los formaban desde un muchacho de diez años que había robado un paquete de cigarrillos hasta una anciana de ochenta años que había robado un pan. Muchos de los detenidos se hallaban en un estado de indiferente idiotez; podían contarse media docena de casos de tuberculosis pulmonar. Los piojos abundaban gloriosamente y ratas; gigantescas andaban por la celda como por su propia casa.
Al oscurecer, la piedra se convertía casi en hielo, y el único calor procedía de los amontonados cuerpos. La alimentación diaria consistía en una sucia sopa de garbanzos sin presencia de garbanzos. Benni le enseñó a Emma el modo de coger pieles de patata de los cubos de basura cuando salían al retrete. Benni, veterana en Averof, en seguida encontró a un guardia dispuesto a pasar notas al exterior y entrar comida de contrabando. El dinero era una potencia en Averof, ya que sólo el preso con conexiones al exterior podía aspirar a sobrevivir. Luego le explico sobre la comandante y la distribución de los saboteadores: Niños, ancianas, hombres heridos de gravedad y mujeres en aquella celda.
Cada mañana se encontraban algunos muertos en las celdas. Eran llevados por los guardias entre la indiferencia absoluta de los presos y desde una de las pequeñas ventanas, Emma podía mirar hacia el patio central de la prisión. Durante veinticuatro horas al día tenían lugar las sesiones de tortura; cada amanecer, el pelotón correspondiente eliminaba en el patio a una nueva promoción de «saboteadores», personas exhaustas que se apoyaban temblando de frío, de rabia y de miedo en el muro gris contra el que iban a morir. Cada amanecer la jefa de las guardias de aquel pabellón mixto seleccionaba a algún «saboteador» de la celda de Emma. Alineaba a los presos en el corredor y los escogía con lenta delectación y una mirada de loca brillándole en la cara.
Al amanecer del cuarto día una mujer fue empujada hacia la pared gris del patio. Sus gemidos eran muy débiles, pero no lo bastante para que el judío no los reconociera. Resultaba casi imposible reconocer a aquella chica. Tuvieron que atarla a un poste para que se sostuviera de pie. Mientras el pelotón se alineaba, un soldado tuvo buen cuidado de explicar al judío que él había sido uno de los cincuenta guardias que durante la noche pasada la habían poseído.
Luego de eso ambas tuvieron que vigilar continuamente para evitar que el judío se suicidara.
Pasaron cuatro días. Emma Swan había perdido ya el miedo. Le llenaba una rabiosa ira que no le dejaba descansar un momento. Se daba cuenta de que se acercaba el momento en que debería enfrentarse con Selena.
24
―Swan… Swan… ―llamó Benni mientras la zarandeaba de un lado al otro.
Emma abrió perezosamente los ojos y distinguió el preocupado rostro de la australiana.
― ¿Que sucede?
―La oficinista ―susurró Benni al oído de Emma para que nadie escuchara.
― Disculpa ―Emma arqueo una ceja y miró en todas direcciones―. Creo que bebiste de más, además apestas a ron ―gruñó mientras se levantaba y apartaba a Benni a un lado.
―No estoy ebria. Aquí está la prueba de que no lo estoy ―entrego un pedazo de papel a Emma y se apresuró a cerciorarse de que nadie las estaba observando.
Emma abrió el papel y distinguió la escritura femenina en él. Partió el papel en pedacitos diminutos y se volvió hacia Benni.
―Seremos llevadas a la Gestapo hoy mismo
―No puede ser, es demasiado pronto
―Al parecer tienen prisa por salir de nosotras
Benni miró a Emma escribir apresuradamente algo en un pedazo de papel. Supuso lo que haría y abrió la boca para protestar, pero Emma no la dejo.
―Ya está decidido
―Pero Swan… podrían atraparte, podrían…
―Ya estoy muerta ―replico Emma entregándole la nota a Benni. Ella la tomó y la guardó en su chaqueta―. Ojala tu guardia siga siendo tan eficaz como con el ron ―sonrió y le dio una palmada en el hombro.
Benni sonrió ya relajada. Emma tenía razón, apenas pusieran un pie en la Gestapo ya estarían muertas, no tenía nada que perder.
25
El rostro de Selena se endureció al recibir los informes que habían sido enviados desde los distintos puntos donde se desarrollaban los ataques rebeldes. Por último dio una ojeada al informe enviado por el comandante de Averof.
Gold entró sin llamar y se sentó frente a ella.
―Supongo que ya se enteró
―Sí. El imbécil de Hook. Cuando lo tenga en mis manos… ―apretó los puños y se contuvo.
― ¿Cuáles son sus órdenes?
―Por el momento atrapar viva a la norteamericana y hacerla escupir esa lista
― ¿Dirigirá la búsqueda de hoy?
―No. Valla usted como mi reemplazo, la comandante de Averof me envía dos fugitivas para interrogarlas.
―Bien, que se divierta
Gold se levantó.
―Una cosa más. Cuidado con traicionarme.
Gold sonrió y salió de la sala con algo de prisa.
― ¡Ustedes dos! ―gritó uno de los guardias―. Vengan con nosotros
Varios de los guardias rodearon a las prisioneras en cuanto estuvieron afuera de la celda.
―A donde nos llevan ―preguntó Benni
―Ya lo sabrás ―contestó entre risas uno de los guardias―. Ahora camina.
Fueron pasando una puerta tras otra hasta llegar al exterior en donde las esperaba dos coches negros con agentes vestidos de civil. Emma fue metida a la fuerza en el primero, cuando miró a través del oscuro cristal ya Benni no estaba. El coche comenzó a moverse lentamente a través del patio. Las enormes puertas de la prisión se abrieron y por fin aceleraron la marcha mientras aullaban las sirenas.
Ya en la plaza concordia el chofer tuvo que dar un frenazo repentino al ver un camión que se les atravesaba.
En cuestión de segundos dos docenas de griegos armados salieron del camión y rodearon los dos coches. Los chóferes y los guardias fueron sacados afuera, desarmados y obligados a tenderse cara abajo sobre la acera.
―Swan ―llamo una voz familiar. Dos cristales relucieron y supo que era la oficinista―. ¡Vamos! ¿Acaso espera una invitación?
El sonido del timbre del teléfono la hizo levantarse de repente. Miro a todos lados sintiendo aún el efecto de los sedantes. Finalmente tomó el teléfono y reconoció la voz desconcertada de la comandante.
― ¡¿Qué?! ―gritó al terminar de escuchar el informe
Se levantó apresuradamente y al abrir la puerta se encontró con uno de los guardias que se disponía a entrar. Sin saludos y sin anticipos soltó lo que debía decirle a su comandante.
―Emma Swan estaba en Averof, era una de la que iba a interrogar y ha huido.
De repente Selena sintió que se mareaba y tuvo que sostenerse del marco de la puerta para no caerse.
"Malditos aliados", protestó para sus adentros.
26
Emma distinguió la singular silueta de Regina mirando por la ventana. Se acercó a ella y la abrazó.
―Te amo ―susurró y antes de que le contestara la besó con ansias. Realmente la amaba, lo entendió estando lejos de ella. Estar lejos de aquella morena era la peor tortura a la que se había sometido estando aun en Grecia.
―Emma… Estaba tan preocupada
Pronto el Dr. Whale, Jones y Cora entraron en el escondite.
―Se da cuenta el riesgo que hemos corrido por su testarudez ―recriminó el Dr. Whale mirándola con el rostro rojo de furia.
―Lo sé y lo agradezco
―Podría hacerlo entregando la lista ―Insinuó Cora dando un vistazo a la norteamericana y luego a su hija.
―De ningún modo ―se opuso Emma―. Se las daré cuando Regina y yo estemos fuera de este país.
―Emma…
Ella la miró y la tomó de las manos.
―Te necesito. Si te quedas nada tendría sentido.
―Que tierna escena, pero olvidan algo muy importante ―Jones dio un paso adelante y las miró a ambas―. Los alemanes tienen todas las calles bloqueadas, se nos es totalmente imposible sacarlas de aquí.
―Debe haber una forma ―replico Emma sin soltar a Regina de la mano
―Por supuesto ―la mirada de todos se posaron en el recién llegado―. Hay un submarino ingles dispuesto a recogernos en cuanto surja la oportunidad, desde luego tendríamos un cincuenta por ciento de posibilidades. Considerando los bloqueos y que la inteligencia alemana es muy eficaz en cuanto a recopilar información se trate. Pareciera que tuviera ojos en todos lados ―Hook se adentró más en la habitación hasta llegar junto a David que permanecía sentado en una esquina sin pronunciar palabra alguna.
―Conozco a alguien que estaría dispuesto a colaborar ―interrumpió Jones
David lo miró sospechando su plan.
―Debes entender que si fallas estarías poniendo en riesgo muchas vidas ―dijo a la vez que se levantaba.
―Lo entiendo perfectamente, pero no nos queda otra salida
―Tal vez sea mejor esconderles en las montañas, piénselo ―propusó el Dr. Whale.
―No. De ningún modo ―contestó Emma
―Entonces probemos lo del submarino y el plan de Jones. Roguemos a Dios que esto salga bien, de lo contario sería el fin de Grecia y de nuestras vidas ―gruñó el doctor.
―Las sacaremos de Grecia ―dijo Jones en tono confiado.
Jones tamborileo con los dedos sobre la mesa, sintiendo la fría mirada de Selena y dos guardias dispuestos a matarlo en cuanto ella diera la orden. Gold lo observaba mientras se tomaba un vaso de whisky en el minibar al otro extremo de la habitación.
―Me pareció que tiene algo interesante que ofrecer, capitán Jones
―En efecto. De lo contrario no estaría aquí
―Antes dígame, ¿porque debería confiar en alguien que ya me ha traicionado?
― ¿Eso es lo que piensas mi querida Selena?
―Comandante ―corrigió ella
―Claro… Mi comandante ―Jones le dedico una amplia sonrisa y detuvo el tamborileo de sus dedos―. Sabe usted que una forma de ganar la guerra es hacerse de la información de nuestros enemigos. Meterse entre ellos, hacer que confíen y ¡pam! ¡Jaque mate!
Selena se le acercó y colocó una afilada daga en su cuello.
―Podría asesinarte ahora mismo.
― ¿Y si te digo que sé dónde está la norteamericana? ―propuso Jones mientras apartaba cuidadosamente la daga de su cuello―. Al parecer a ustedes les encantan las dagas.
― ¿En dónde está? ―gritó Selena, colocando ahora la daga en el pecho de Jones.
―No querida. Primero hablemos de negocios
―Ahora lo único que podrías negociar es tu vida
―Si me matas no sabrás lo que quieres. Usted elige comandante, la verdad no me importa mucho la vida, sin embargo el dinero es otra cosa.
―Piratas… ―murmuró Gold
Selena guardó la daga y volvió a sentarse. Ya tendría oportunidad para ocuparse de él. Todo sería cuestión de tiempo.
―Si sabes algo de la norteamericana habla de una vez
―Sé muchas cosas. Quizá demasiadas y tengo información completa sobre la resistencia. ¿Qué tal si hacemos un cambio? Usted me da unos cincuenta millones de dracmas y yo le doy toda la información.
―Cincuenta millones. Jones, has perdido la cabeza ―Selena rio nerviosamente y miró a Gold.
―No lo estoy. Puede tomarlo o dejamos todo y nada ha pasado aquí.
―No tenemos otra salida ―Gold se acercaba a ambos con otro vaso de whisky.
―Muy bien Jones. ¿En dónde está? ―murmuró Selena
―No lo dire hasta que deposite el dinero en mi cuenta. El banco de Argentina me parece indicado, en cuanto reciba la notificación le diré todo ―Jones se levantó y se dispuso a partir. Los dos guardias le cerraron el paso y esperaron la orden de Selena―. Ah. Y dese prisa, un barco ingles recogerá a Swan dentro de cuarenta y ocho horas. Como bono extra también le cuento que Regina escapara con ella.
Selena hizo un gesto y ambos guardias se apartaron.
Continuara…
