Hola, bueno aquí les dejo el primer capitulo. GRACIAS a las personas que me tienen en favoritos :)
Ya saben que si quieren unirse al grupo en Facebook el link esta en mi perfil. Ya saben que si comentan no me enojo :)
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El lugar donde estaban no era muy acogedor, observo el escaso amueblado y el piso oscuro, las paredes desnudas sin fotografías y el empapelado cayéndose a trozos. Claro, que eso era lo menos preocupante en su lista de prioridades.
-¿Qué hacemos aquí? – pregunto Nina.
-Tienes que saber el plan para esta noche, puede que sea la única oportunidad para que recuperes a tu hermano. – asintió de acuerdo.
-Entonces, ¿Cómo entraremos? – ahora que lo piensa, ni siquiera sabe dónde será. - ¿Dónde será?
-Estará perfectamente disfrazado de un baile de gala, la mayoría de los presentes van a ser demonios y subterráneos, solo van a subastar mundanos. – esa explicación le puso los pelos de punta, no quería saber para que eran subastados los mundanos.
-¿No habrá Nefilims?
-Es una función ilegal, los Acuerdos prohíben este tipo de prácticas. – por lo menos tenía el consuelo que interrumpirían algo malo. – Cuando sea el turno de tu hermano tendremos que buscar una muy buena distracción.
-¿Algo que desate el caos? – la mente de Nina ya empezaba a maquinar en busca de una buena distracción.
-Si. – se limitó a responder Sebastian.
-Necesito botellas de vidrio, alcohol y tela. – anuncio la rubia con convicción y una débil sonrisa bailando en sus labios. – ¿Y… si hacemos una bomba?* – entono infantilmente.
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Si Sebastian tenía que reconocer algo, es la mente maquiavélica de Nina. La idea de hacer una bomba molotov es… buena, hubiera sido mejor de habérsele ocurrido a él. Armaron alrededor de doce botellas listas para ser lanzadas en cuanto diera la señal.
Termino de aplicar la tinta en su cabello para que luciera negro. Solo hizo esto una vez, cuando se hizo pasar por el verdadero SebastianVerlac, de eso hace ya cuatro años. Esta noche seria sobre mantener un bajo perfil, rescatar al hermano de la rubia y luego tendría el libro en su poder. Adiós Nina. Termino de abrochar el último botón de su saco negro. Nadie notaria las armas perfectamente ocultas que cargaba consigo, miro el reloj de la pared. Ya es hora.
-¿Lista? – pregunto a rubia que estaba de espaldas.
Quería saber su respuesta.
-No, aunque tampoco es que pueda hacer otra cosa. – se encogió de hombros dándole la espalda. Empacaba unas cosas en su mochila; no se despegaba de ella.
Si podía hacer algo más, podía olvidarse de todo esto y regresar a casa con sus padres para suplicarles perdón, tragarse su orgullo e ir al Instituto para pedir ayuda al niño ángel; pero no… ella está aquí. Con él.
-¿Sabes que hacer, cierto? – le pregunto Sebastian para cerciorarse.
-Sí, Jonathan. Sé exactamente lo que tengo que hacer, no soy idiota. – le respondió la rubia con irritación y la mención de su verdadero nombre no lo mejoro. – Solo asegúrate de sacar a mi hermano de allí, no quiero que nadie ponga sus sucias garras en él.
-¿Por qué te preocupas tanto? – la forma en que lo dijo le dio una breve pista de lo que sería capaz de hacer.
-Porque es mi hermano. – rodo los ojos en respuesta, como si fuera lo más obvio del mundo, no la entendía para ser sincero. – Mira, yo… quiero mucho a mi hermano, para ser sincera no creo que pudiera seguir cuerda de no ser por él, además mis papas ya perdieron una hija, seria aun peor que no tuvieran a ninguno de nosotros.
Ya no le dirigió la palabra después de esa breve charla. Entendía la parte en que debía rescatarlo por el bien de su familia, de sus padres pero… ¿y lo otro? Quiere a su hermano, eso quedo más que demostrado justo en el momento en que sello el trato con él, sin embargo eso no lo aclaraba muchas cosas. ¿Entonces si no lo quisiera no habría intentado rescatarlo? Esas preguntas han estado rondándole la mente desde que decidió hacer el trato con la pequeña rubia, no debería importarle… no le importa, siguió repitiéndose esas palabras por un rato, intentando creerlas.
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Nina odiaba que Sebastian fuera tan malditamente atractivo en ese traje. El cabello negro le sienta bien, aunque extrañamente prefería el tono platinado de hace unas horas. Llevaba por lo menos dos horas colgada de las vigas del techo, al parecer nadie se ha percatado de su presencia y eso era sumamente bueno, dado que entro sin invitación, tampoco es como si los demás invitados estuvieran ocultándose tal como Nina lo hacía.
Todos iban emperifollados con sus mejores galas, había una mujer morena con un vestido de noche que casi la hace llorar, se miraba hermosa por donde se viera; claro que el encanto desapareció en cuanto vio cómo se acercó a un humano, que la miraba embelesada, inclinándose a su cuello para succionar una porción de sangre. Eso le dio escalofríos. Ver la vestimenta con que iban los invitados la hizo desear lucir un vestido en el baile de graduación, obviamente esa idea quedaba descartada, lo más seguro es que haya perdido el último semestre después de ausentarse durante tantos días. Y, aunque regresara y lograra recuperarlo, nada sería lo mismo. Además, nadie en su sano juicio la invitaría, eso es el equivalente al suicidio social o algo así. Suspiro, esta noche solo tendría que preocuparse por rescatar a su hermano, ya mañana será otro día.
Faltaba poco para que empezara la subasta, eso anuncio el vocero. Respiro hondo rogando a todos los dioses que esta noche saliera según lo planeado. Tenía las cosas en su mochila, eso de hacer bombas siempre le ha parecido entretenido; sabía que aprender a hacer una bomba molotov le serviría algún día.
Los invitados fueron tomando asiento frente a un escenario, había de todo. Desde vampiros hasta brujos, algunos vestían extravagantes mientras que otros optaban por la discreción, Sebastian entra en esta última categoría, aun así llama la atención por donde camine. Nina estaba casi segura que más de una mujer – incluso, ocasionalmente algún hombre – le dio una mirada al trasero bien formado del Cazador, tampoco podía culparlas.
Ya casi, pensó, pronto Ian estará donde debe ser.
La primera persona subastada resulto ser una chica, no aparentaba más de trece años y miraba a todos con absoluto terror. Si todo sale conforme el plan, más de uno se salvara. Ya no solo era por su hermano, aunque ese es el principal interés, también por los demás, que no merecían este trato. Nadie lo merece.
Siete personas después, un niño rubio de ojos café subieron al escenario. Contuvo la respiración, su cuerpo en completa tensión. Decir que su hermano estaba aterrorizado era poco; percibía el miedo por cada poro del cuerpo de Ian. Vestía ropa andrajosa y su piel había adquirido un tono nada saludable, seguramente por el lugar donde lo tenían encerrado. Cerró los ojos con fuerza, como si eso evitara que se imaginara los horrores por los que su hermano tuvo que pasar. Los que le hicieron esto lo pagarían, de eso se encargaría ella.
Pujaban grandes sumas de dinero por su hermanito, no veía la hora en que Sebastian diera la maldita señal para comenzar el caos. Como si hubiera oído sus pensamientos, el Cazador alzo la cabeza mirando la viga en que se sostenía la rubia y asintió con disimulo. Una sonrisa estiro los labios de Nina, hora del show.
