—No. Ayer dejo a Ian aquí y ya no hemos sabido nada más de Nina. – verifico por séptima vez el padre de Nina al oficial por teléfono. – Tampoco sabemos nada, no dejo nada. Ni una nota, ni siquiera ha regresado por sus cosas.

Su madre, Angela, no se encontraba mejor. Si seguía así les saldrían canas antes de tiempo, ¿Por qué Nina se fue, de nuevo? Era la única pregunta que rondaba su mente. Su momento de felicidad, cuando sus dos hijos esperaban en el umbral de la puerta, se vio ensombrecido cuando su primogénita corrió lejos de ellos.

—Mami. – le llamo su pequeño.

Tenía algunas ojeras bajo sus ojos castaños, anoche no durmió. Tuvo pesadillas. La ropa le quedaba un poco floja, no se quería imaginar lo que su bebe paso lejos de ellos. Los días en que estuvo secuestrado fueron los peores de su vida, no dejaba de imaginarse los escenarios en que podría estar su hijo menor. Sacudió la cabeza para despejarse, su pequeño esperaba que le prestara atención.

— ¿Qué sucede Ian? – le pregunto su madre levantando la vista de la mesa de la cocina.

—Nina dejo esto. – puso una caja en la mesa. No se veía nada en especial, era de simple cartón.

— ¿Estás seguro? – pregunto un poco más atenta.

—Sí. – asintió el pequeño. – creo que la dejo anoche. – se encogió de hombros.

Angela tomo la caja con cuidado, como si fuera un tesoro inestimable y vio la nota pegada en la caja.

Si eres Ian, deja esta caja donde esta y regresa tu habitación o le diré a mamá que te gusta Missy. – su madre esbozo una ligera sonrisa. Eso sonó muy Nina. – Si es alguno de mis padres, vean en el interior. Lean las notas y escuchen las grabaciones. Van a descubrir cosas que no les gustaran, así que si no quieren saber nada quemen la caja y olvídense de este asunto.

—Ian, hijo ¿puedes llamar a tu padre, por favor? – le pidió. Solo asintió y salio en busca de George. - ¿Qué paso contigo, hija? – pregunto, esperando que alguna divinidad le respondiera.

— ¿Qué sucede Angie? – su marido la llamo por el apodo que el mismo le dio hace ya tantos años.

—Nuestra hija tiene algo que decirnos. – señalo la caja y con una gran respiración levanto la tapa.

Su mama lloró desde el momento en que leyó la primera nota, incluso su padre soltó unas lágrimas al escuchar el relato de su hija mayor. Tanto tiempo que vivieron engañados, diez años de ignorar a su hija. ¿Cómo pudieron estar tan ciegos?

¿Saben? A veces me pregunto qué tanto me conocen. He mentido, lo admito, tantas veces en los últimos diez años que ya no sé cuándo digo la verdad. Mi vida es una mentira, lo sé. Y eso, es solamente culpa mía. No puedo ser yo en la escuela, no puedo ser yo en la calle, no puedo ser yo en mi propia casa. Y debo admitir, que tampoco los conozco. Es difícil acercarte a unos padres cuando estos creen que te falta un tornillo. Poder ver todo lo que debe permanecer oculto es una maldición que jamás quise. Lo odio. Y por eso me odian. Nunca confíes en tus amigos, podrían apuñalarte por la espalda. La única verdad que no ha cambiado es una: los amo. Dudo que eso cambie. Los quiero y nada va cambiarlo.

Las notas de Nina estaban cargadas de sentimientos encontrados. Tuvieron que pasar tantas tragedias para lograr creerle.

—Tenemos que encontrarla George, es nuestra hija… no… fuimos tan ciegos. – dijo incoherentemente la madre de Nina. – Mi bebe esta por ahí, sin un lugar donde pasar la noche. – lloro con la cara entre las manos.

—Angela, tranquila. – la abrazo su esposo por los hombros. – Nina estará bien, sabe cuidarse perfectamente bien ella sola. – odiaba admitir que así había sido siempre, después de leer sus notas y oír todas sus grabaciones le costaba creer que su pequeña creció más rápido que otros niños. – Siempre lo ha hecho. – agrego.

—Me siento tan mal George. – se lamentó nuevamente Angela. - ¿Qué se supone que haremos ahora? no sabemos a dónde fue o si aún sigue en Nueva York.

Soy yo de nuevo, si leen esta carta es porque decidieron ver el contenido de la caja. A estas alturas ya deben saber todo, no los culpo, aunque quisiera hacerlo, eso sería más sencillo. Intentaban ayudarme, comprendo eso. Lo que ustedes no comprendían era que no necesitaba esa ayuda, por lo menos de ese tipo. Me voy de Nueva York, no sé a dónde… quizás un paseo por góndola en Italia o disfrutar del sol de Brasil. Cualquier opción que sea, no sabrán de mi por unos días, quizás más. Voy a estar en contacto con ustedes y con Ian (mas con este último). Eviten buscarme, por favor. Necesito estar sola un tiempo, sucedieron tantas cosas en estos últimos días, creo que incluso a ustedes les costaría creerlas. Nos vemos hasta entonces.

Atte. Nina Sawyer.

—Tuvimos que contarle la verdad.

—Ni en sueños, George. No la habría soportado.

—Yo creo que la que no las soportamos somos nosotros. Nuestra hija es fuerte, Ang.