II.
Asalto al supermercado.
Len Teujii estaba viendo una película de acción en su laptop cuando una llamada telefónica le interrumpió en el momento más álgido.
- ¿Quién será? – se preguntó -… ¿Diga?
- ¿Len? Soy yo, Inojin.
- ¡Ah, Inojin!, ¡qué tal! ¿Cómo va la llama de la juventud por allá?
- Mal.
- ¿Mal?, ¡¿cómo que mal?!
- Te lo explicaré cuando llegues. Lo que ahora necesito es que me prestes una bolsa deportiva, unas cuantas hojas con la imagen de un billete de a mil y tu bomba destellante.
- ¿Bomba destellante? Inojin, ¿no me digas que regresaste con los yakuzas?
- Te lo explicaré todo cuando llegues, ¡pero por favor, date prisa!
- Eh… Está bien. ¿En dónde estás para que lo apunte?
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Sarada Uchiha escupió su refresco de zarzamora frente a los comensales del puesto de ramen que estaba a diez esquinas del Hotel Suna Tokyo luego de escuchar una confidencia de Chouchou, una amiga y compañera de trabajo.
- ¡¿Qué?! – exclamó.
Chouchou, quien tenía la mirada seria, simplemente asintió con la cabeza, a lo que Sarada, luego de pedirle disculpas al dueño del puesto por semejante reacción, argumentó:
- ¡Debes decírselo al señor Yamanaka y a los Uzumaki, Chouchou! ¡Y debes decírselo ahora si quieres salvar la vida de Himawari!
- Lo sé, ¿pero cómo?, ¿cómo hacerle sin traicionar la confianza de Inojin? – replicó la joven de piel morena oscura con tristeza – No quiero que él tenga otro problema más con su padre y uno con los Uzumaki.
- ¡Pero si no le traicionarás, Chouchou! Estarás salvándole su vida, la de Himawari y la de Shikadai. Además, lo del problema con ellos ya es inevitable. Inojin sabía bien a lo que le iba cuando el baka de Shikadai recurrió a él a pedirle asistencia. No sé tú, pero creo que lo mejor sería contarles todo lo que me contaste.
Chouchou tragó en seco.
Desviando la mirada hacia su reloj, notó que Sarada tenía razón. Eran las 11:15, 45 minutos exactos para el mediodía.
- ¿Tienes el número de Bolt? – inquirió.
- ¿Para qué lo quieres? – le interrumpió una voz masculina.
Chouchou y Sarada se volvieron.
Junto a la morena estaba un muchacho rubio de ojos azules con dos marcas en cada mejilla; ataviado con el uniforme típico de un policía perteneciente al Escuadrón ANBU, conocido como el "SWAT Japonés", Boruto "Bolt" Uzumaki-Hyuga miraba con curiosidad a la joven morena que estaba al lado de su novia, Sarada.
Chouchou, con cierto nerviosismo, le saludó:
- ¡Hola, B-Bolt! ¿Cómo has estado? Ehmmm… Bueno, tengo que irme, chicos. No quisiera estar en medio de s-
- Chouchou tiene una información urgente relacionada con la bomba de esta mañana – le interrumpió Sarada.
- ¡Sarada, no! – exclamó la morena.
- ¿Información sobre la bomba? Chouchou…
Chouchou empezó a sudar mientras que Sarada, decidida a darle valor a su amiga, añadió:
- Bolt, lo que te dirá Chouchou es un asunto de vida o muerte. Ella te lo iba a decir al mediodía, pero insisto en que, mientras que haya tiempo, debe decirlo. Así salvaremos tres vidas.
Bolt se sentó junto a Chouchou y, con seriedad, le dijo:
- ¿Es eso cierto, Chouchou?
La aludida sintió que ya no había remedio. Tragando en seco, respondió con un "sí", a lo que Bolt, con preocupación, le preguntó:
- ¿Ya se lo habías dicho a alguien antes, aparte de Sarada?
- N-no… ¡Oh, Bolt, perdóname! ¡Inojin me pidió que se los dijera al mediodía después de salvar a Himawari de Orochimar-!
- ¡¿QUÉ INOJIN TE DIJO QUÉ?!
- Bolt – intervino Sarada -, cálmate…
- ¡Chouchou, ¿qué te dijo ese idiota exactamente y qué tiene que ver mi hermana en esto?!
Chouchou suspiró al darse cuenta de que había metido la pata al dejarse ganar por los nervios y precipitarse.
Lo siento, Inojin, dijo mentalmente mientras empezaba a explicarle a un alarmado Bolt todo lo que sabía.
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- ¿Estás listo, Shikadai? – inquirió el Yamanaka mientras que su amigo pelinegro asentía en señal afirmativa.
Estaban a las puertas del Dragon Mart, la cadena de supermercados más grande de Japón. A Inojin se le había ocurrido la arriesgada idea de robar dicho establecimiento, cosa que al principio no le había gustado en absoluto a Nara, pero lo tuvo que aceptar ante la premura de salvar a la novia de su mejor amigo.
Inojin, por su parte, estaba nervioso.
Nunca antes había asaltado un establecimiento antes, ni siquiera un banco; tenía miedo de que las cosas salieran mal y que la policía los atrapara en el acto. Se había imaginado una y otra vez la misma escena de ser interrogado por la policía y procesado por robo a mano armada; incluso se había imaginado la enorme carga de culpa que llevaría en sus hombros por la… No, mejor ni pensarlo.
Tenía que salvar al amor de su vida. Tenía que salvar a la chica a quien quería hacerla su prometida y futura esposa ese fin de semana; tenía que salvar a la chica que le había salvado la vida a su vez cuando él estaba inmerso en el mundo de los yakuzas con su apoyo, comprensión y cariño en absoluto.
Tenía que salvar a la mujer por quien daría su propia vida con tal de conservar la suya y verla feliz.
Si fallaba… Moriría de culpa, de soledad y de dolor.
Realmente el amor hace que uno cometa locuras, reflexionó Shikadai mientras entraban al establecimiento, aunque la de este caso tiene justificación. Muy problemático… Pero vale la pena.
- ¡TODOS AL SUELO! – gritó el rubio tras lanzar un disparo al aire - ¡ESTO ES UN ASALTO!
La gente que estaba ahí, asustada, obedeció y se echó al suelo.
Apuntando a los rehenes con su arma, Inojin ordenó:
- Ustedes: Las cajas registradoras abiertas, ¡AHORA! Y si a alguien se le ocurre activar la alarma, a ese alguien le regalaré un disparo en la cabeza, ¡¿me entienden?!
Las cajeras, temblorosas, abrieron las cajas; ante la señal de su amigo, Shikadai se dirigió hacia ellas, les pidió una disculpa y empezó a tomar el dinero contenido en ellas, metiéndolo en una bolsa de plástico. Inojin, vigilando que todo estuviera en orden, sintió que tenía que dar una explicación, algo demasiado raro en un ladrón pero hasta cierto punto correcto para un ciudadano.
- La… Lamento mucho hacerles pasar por esto – empezó -, pero mi novia fue secuestrada por los yakuza y el tiempo que me dieron para reunir el dinero es poco. En serio, les pido disculpas por este mal rato.
La gente, incluyendo los guardias de seguridad, se le quedaron mirando con cara de "¿qué?", pero a él no le importó. Shikadai, al terminar de recoger el dinero de las cajas, le hizo la señal de que todo había terminado.
- Buen día, ¡y nuevamente disculpen por este bochornoso incidente! – exclamó a la vez que se inclinaba y se marchaba de ahí con Shikadai y una bolsa de dinero.
Los asistentes, en shock por lo que acababan de presenciar, empezaron a preguntarse si lo que había dicho el muchacho era verdad, ya que era muy raro que diera explicaciones y pidiera disculpas.
Mientras tanto, a varias cuadras del supermercado, el dúo de jóvenes se reunió con Len, quien se había escondido con su motocicleta en el garaje de un recinto inhabitado. El joven Teujii, al verles, los saludó y les preguntó:
- ¿Cómo les fue?, ¿cuánto recolectaron?
- No sabemos – replicó Shikadai al abrir la bolsa -, pero espero que sea suficiente para que haga volumen en la maleta.
Mirando el reloj, añadió:
- Y será mejor que nos demos prisa. Son las 11:35. De aquí a Shinjuku serían unos 35 minutos, pero si nos vamos en un vehículo rápido y nos volamos todos los semáforos, llegaremos posiblemente en 15.
- Eso no me tranquiliza para nada, Shikadai – dijo Inojin -. No tenemos vehículo para transportarnos de aquí hasta allá.
- Te equivocas – interrumpió el chico Teujii -. Puedo llevarlos en mi auto.
El Yamanaka sonrió.
De manera inesperada, abrazó al Teujii y exclamó:
- ¡Gracias, amigo mío!
- De nada, de nada – contestó éste -… Ahora a empacar esta belleza de bomba y a irnos para el dichoso hotel… ¿Cómo se llama?
- Konohagakure – respondieron el pelinegro y el rubio.
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Himawari estaba a punto de dormirse cuando abrieron la puerta y la obligaron a incorporarse. Suigetsu, quien estaba en compañía de Shino, le dijo:
- Levántate. Nos vamos.
La chica se incorporó y salió de la habitación escoltada por Shino y por Suigetsu hasta la planta baja, donde le esperaba Orochimaru y uno de sus hombres.
Inojin… Date prisa, suplicó con el pensamiento mientras subía al automóvil.
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Los cuarteles generales de ANBU estaba en pleno caos; el líder de dicho cuartel especializado de la policía, Naruto "Kyuubi" Uzumaki-Namikaze, estaba dando gritos ahí y allá después de hablar con el fiscal Sasuke Uchiha, su futuro consuegro, sobre la preparación de nuevas acusaciones contra Orochimaru "Ojos de Serpiente" Ankou.
Preparando sus armas favoritas, un par de Colt .45, Bolt estaba sumido en sus pensamientos.
Al igual que su padre, estaba muy enojado con su hermana, y la razón no venía a menos. Ella le había ocultado a toda la familia el hecho de que tenía novio, aunque el (des)afortunado de tener la atención de la más joven de la familia era el hijo de Sai Yamanaka y ex empleado de los Yakuzas, Inojin. Cabría aclarar que el par de rubios no tenían nada contra Sai, la mano derecha de Naruto en el escuadrón y a quien éste apreciaba mucho como a un hermano al mismo nivel que a Sasuke; el problema para ellos radicaba en la reputación de Inojin entre los servidores de la ley.
A Naruto no le agradaba la idea de ver a su hija de novia con alguien que enterró en el lodo el buen prestigio que tanto le había costado a su padre conseguir. Es más, si todo salía a pedir de boca, hablarían seriamente con Himawari y le exigirían que abandonara aquél noviazgo y pensara más en su futuro. En cuanto a Inojin, Sai se había humillado pidiéndole disculpas anticipadas a Naruto por cualquier situación que le sucediera a Himawari, pero éste se las rechazó diciéndole que el que tenía que dar la cara era Inojin, quien debería sentir vergüenza por haber dejado mal parado el buen nombre y reputación de su padre y de su madre.
- Todo listo, señor – le dijo a su padre, quien se despedía entre tiste y furioso de su madre por teléfono después de explicarle el problema -. Cuando diga.
- Bien – replicó Naruto con una frialdad que Bolt pocas veces percibía.
A pesar de tener el mismo carácter y que varias veces surgían choques entre sí, Bolt entendía bien a su padre. De hecho, no lo culpaba de haberle respondido de esa forma, la cual dejaba entrever lo furioso que se encontraba.
Rayos, Himawari… De todos los infelices, tuviste que elegir al que menos te convenía, pensó Naruto por su parte mientras se volvía hacia su hijo mayor (y su orgullo) y añadía:
- Intenta comunicarte con ese idiota de Inojin.
- Eso es lo que Sai está haciendo ahora – le replicó Bolt.
- ¿Sai? Le dije que no haga nada, que se tome el día y se vaya a casa. ¿O acaso es masoquista el hombre como para tolerar más malos ratos de los que ya tiene?
- Papá, Inojin es su hijo. Deja al menos que entable una charla con él y lleguen a un acuerdo.
- ¡No tenemos tiempo para eso, Bolt!
Bolt guardó silencio.
- Himawari ha de estar muy asustada ahí, donde está ese infeliz de Ojos de Serpiente, Bolt. ¡No quisiera ni pensar qué le habrán hechos esos perros! Hoy, ¡justamente hoy que es el cumpleaños de tu madre surge este maldito asunto!
Su hijo no dijo nada.
- Tu pobre madre en estos momentos ha de estar angustiada después de lo que le dije; por suerte que está tu tía Hanabi con ella.
- Naruto – le interrumpió Sai, quien entraba al despacho con un celular en mano -, Inojin quiere hablar contigo.
El Uzumaki miró a su hijo, quien le pidió calma con la mirada conforme asentía la cabeza.
Suspiró.
Tomando el celular de la mano de Sai, el jefe de la unidad especial de la policía se aclaró la garganta.
- Inojin, soy Naruto Uzumaki…
