Hola, primero que nada muchas gracias a las personas que me tienen agregada a favoritos y en alertas, me alegro mucho de eso, por que a pesar de que el fic no ha pegado tanto aquí, no esta de mas agradecer a todos los que me leen, comenten o no.

Este fic esta por terminar cinco capítulos mas y adiós fic, ya no subire a FF, tampoco borrare la historia. Bueno, ya les dejo el capítulo.

Nina se levantó con cuidado del suelo húmedo donde hasta hace un momento reposaba. Miro a su alrededor, el lugar sumido en la oscuridad le dio escalofríos. ¿Dónde estaba? Lo último que recordaba fue caer en la cama del hotel de Barcelona rendida. Adelanto su viaje cuando se encontró con Simon en el Java Jones. ¿Por qué todo esta tan oscuro? Se preguntó apoyándose en la pared – también húmeda – se tardó un poco en enfocar la vista, veía borroso. Supuso que se golpeó la cabeza, aunque no le dolía nada.

Empezó a moverse, siempre pegada a la pared, sin saber a donde la conducían sus pies. El fuego serpenteaba en las calles de una ciudad desconocida, un montón de demonios que no supo identificar gruñían y devoraban todo a su paso. Y, frente a todo este caos se encontraba Jonathan Christopher, con esa sonrisa de suficiencia en sus labios. Nina deseo tener su bate con ella.

La culpa aun la perseguía. Ella tuvo que matarlo y no esperar a que Jace lo hiciera. Siempre se arrepentiría de su casi muerte. Por su culpa, ahora todos estaban muertos. El cabello pelirrojo de Clary manchado de sangre, su vestido blanco hecho jirones por la posible batalla perdida… ¿Por qué era un sueño, no? Esto no podía ser más que fruto de su perturbada mente, después de todo si necesitaría un terapeuta.

Te estaba esperando, rubia. – trago saliva cuando vio a Sebastian acercándose lentamente.

Me llamo Nina. – le respondió con sequedad.

Leí tu carta. – eso no se lo espero.

Supongo… que no importa. – se mordió el labio. – No te importa, ¿verdad? – señale el caos frente a nosotros.

Esto es por…

No te atrevas a decirlo. – le corto la frase. – solo cállate y vete.

¿Por qué habría de hacerte caso? - ¿de dónde salió la pared en que la tenía acorralada? – No estamos para complacencias.

¿Qué quieres de mí? – pregunto con cautela.

Algo muy sencillo, Nina. – le susurró al oído.

No le dio tiempo si quiera de protestar. Los labios de Sebastian se movían en sincronía con los de Nina. La estaba besando, no estaba sorprendida por hecho de que la besaban, sino por quien estaba siendo besada.

Y se despertó.

Más de una vez había fantaseado con los labios del cazador de sombras, nunca lo admitiría en voz alta, obviamente. Tampoco diría que se esperaba esto. El beso era tierno a su manera. No era rudo, solo… diferente. Sabía a menta. Los labios de Sebastian eran insistentes, pero no era nada que Nina no pudiera seguir la corriente. Le gusto, demasiado.

Se llevó una mano a sus labios, suspiro. Fue solo un sueño, uno muy real. Se recargo en el cabecero de la cama pasándose las manos por el cabello, no era la primera vez que tenía ese tipo de sueños, incluso siendo más pequeña los tuvo, pero desaparecieron de una noche a otra, entonces ¿Por qué justo ahora? ¿Estaba perdiendo realmente la cordura? Salió de la cama a trompicones. Quería despejarse de sus perturbadores sueños, un trote matutino tendría que bastar. Cogió un top deportivo de uno de los cajones y un suéter, fuera caía una fina llovizna que bien podría convertirse en una fuerte llovía. Se ató los cordones de su pants y termino de ponerse sus tenis. Bajo las escaleras, el elevador del edificio donde alquila tenía el letrero de fuera de servicio desde que llego, semanas atrás. Dudaba sobre si lo repararían alguna vez.

No trotaría muy lejos, solo lo suficiente para olvidarse de algunas cosas.

Desde que se fue de Nueva York todo se tranquilizó en su vida. Iba a cine a ver alguna película de vez en cuando, encontró un parque donde podía oír música tranquilamente sin molestias de ningún tipo, tocaba su guitarra y últimamente se le dio por componer, encontró un gimnasio donde se apuntó a clases de box sin pensárselo, inclusive a unas calles de su apartamento había una cafetería con un estupendo frapuccino. Lo mejor era cuando se ponía a leer durante horas, perdiéndose en un mundo de palabras y letras que la reconfortaban. Sí, todo mejoro notablemente para ella… ¿Por qué aun así sentía que le faltaba algo?

De los Cazadores de Sombras que dejo detrás en Nueva York no sabía nada, quizás era mejor así. No sabía lo que Sebastian planeaba, tampoco es que pudiera detenerlo, el quemaría el mundo y a todos con él, tal y como ella incendio aquel almacén para rescatar a su hermano menor. Miro al cielo, ya no llovizna, lo cual era bueno porque su suéter mojado se le pegaba a la piel. Pensó en ese sueño donde bailaba con Sebastian en un edificio de cristal, pensó en Jace y en lo cobarde que fue por huir de esa manera sin darle la cara, hasta recordó las palabras de Simon 'creo que todos lo sabemos, solo falta que lo haga… él'. Una lagrima rodo por su mejilla, ojala pudiera remediar las cosas, si tuviera una oportunidad para hacer las cosas bien la tomaría sin pensarlo, ignorando las consecuencias.

Los bordes de su visión se volvieron borrosos, el suelo comenzó a tambalearse ¿o era ella? Hubo un momento en que solo vio oscuridad y después la sensación de caer.