Primero que nada muchas gracias por darse el tiempo de leerme, la otra es que el fic esta por terminar. No se que mas decir, solo terminare de subir aquí la historia y la dejare para ver si alguien se la encuentra ;)
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Por supuesto que no hicieron caso a las palabras de Nina. En lugar de eso estaba recluida en una habitación custodiada por Cazadores de Sombras nada amigables, supuso que aun lidiaban con lo que harían con ella. Suspiro, por lo menos Jace le creyó y saco a su casi esposa de la ceremonia. Gano una pequeña batalla, mejor que nada.
¿Cómo es que apareció aquí? Ahora sí pudo formularse una pregunta coherente desde que llego, sin respuesta obviamente. Peor aún, juraba que ya había estado en este lugar con apariencia de cristal; soñó con este lugar, bailando con Sebastian. Rodo los ojos, el muy maldito hasta en sus sueños la perseguía. Se estremeció cuando recordó el ultimo sueño, donde Clary…
El ajetreo que se oía fuera de la habitación la saco de sus cavilaciones. Pego su oreja a la puerta, los sonidos que apreciaba ¿eran gritos? No le tomo ni dos respiraciones la decisión de abrir la puerta. Giro la perilla sin ningún tipo de oposición, no los creía tan tontos para dejarla en una puerta sin seguro; luego miro el piso. La vista se le nublo momentáneamente al ver tanta sangre esparcida por el piso y las paredes, respiro por la boca un par de veces para no desmayarse. Camino derecho por el pasillo ignorando la nueva decoración de las paredes y el piso. Miro sus tenis Nike más que arruinados, la sangre es difícil de desmanchar. Si salía de esta compraría otros, podía permitírselo.
Los gritos de batalla iban en aumento con cada paso de Nina. La ironía la golpeo, no quería verse inmersa en una batalla y está en una. Simplemente genial. No vio venir al nefilim que la tacleo sacándole el aire. Suerte que no le rompió las costillas. Lucho por quitárselo de encima cuando noto que había algo mal en él, sus ojos completamente oscuros, vacíos, carentes de emoción y esa sonrisa desquiciada. Lucia joven, incluso aúntenía unas cuentas pecas en su rostro. ¿Qué rayos le paso para terminar así?
—No eres una de ellos, quizá el amo me deje conservarte. – el nefilim oscuro acaricio su rostro, un gesto que a Nina le pareció asqueroso. Golpeo su entrepierna con todas sus fuerzas y se puso de pie lo más rápido que pudo. - ¡Zorra! – le grito.
La patada que le propino en la cabeza lo hizo ver estrellas; fue por el insulto. Se encogió de hombros como si nada y siguió adelante.
Todos habían cambiado sus ropas de fiesta por el traje negro de combate. Nina tenía razón, Sebastian arruinaría este día.
Las puertas se abrieron dejando caer a una aturdida rubia. Sus manos y ropas cubiertas de sangre.
—Alguien decidió redecorar los pasillos. – explicó su entrada ante la mirada atónita de todos.
— ¿Cómo saliste de…?
—Mi cómoda celda. – completo por la Cónsul. – mis guardias están muertos, me sorprende que no oigan los gritos. – justo como si requiriera credibilidad un grito rompió el silencio. – Sí, creo que se están acercando.
—Llévala con los Hermanos Silenciosos Tessa, también a Clary. – le pidió Jace.
—De ninguna manera, Jace. No puedes protegerme de todo. – Jace adora cuando su novia se pone gruñona, pero este no era el mejor momento.
—Ya no solo eres tu Clary. – poso su mano disimuladamente en su vientre. – Por favor, mantente alejada, juro por Ángel que esto termina hoy.
Jace no es de las personas que piden las cosas por favor, así que esas palabras causaron estragos en Clary, sin embargo la determinación en su voz le envió una serie de escalofríos por su columna vertebral. Asintió y siguió a Tessa.
El lugar donde Tessa y Jem se la llevaron por orden de Jace era acogedora, si no fuera por hecho de estar en medio de una guerra y ser una intrusa-fugitiva probablemente disfrutaría de estar aquí, incluso exploraría por las calles de Idris.
—Ahora vuelvo. – dijo el chico antes de salir. Le parecía agradable, del tipo que son tranquilos cuando los necesitas y guerreros letales cuando es necesario.
—Tú eres Nina. – le hablo la Tessa.
—La misma. – respondió en un suspiro. Se dejó caer en la silla más cercana antes de que empezaran las preguntas. – Anda, sé que tienes miles de interesantes preguntas que hacerme.
—No solo yo. – dirigió su vista a donde miraba Tessa.
Jem, su pareja al parecer, venía acompañado no solo por Clary si no por un…
— ¡Dementor! – exclamo la rubia cayéndose de la silla. - ¡Alejen esa cosa de mí! – exclamo nuevamente.
— ¿Qué es un dementor? –pregunto Tessa siempre rebosante de curiosidad.
—Está hablando de Harry Potter. – dijo una voz desconocida. La chica casi rubia entro a la habitación como si nada. – son unas cosas que extraen tus recuerdos felices y te dejan hundido en la miseria. – explico como si fuera lo más lógico del mundo. – no muy diferente a lo que hacen ellos. – señalo al Hermano Enoch con un gesto de cabeza.
—Eso me hace sentir tan segura. – hablo Nina con sarcasmo. – Ni se le ocurra acercarse.
Ella fue quien apareció en medio de la unión entre Jonathan…
— ¡Rayos! ¿Está hablando en mi cabeza? Juro que enloquecí. – se tapó ambos oídos con las manos.
—Nina. – hablo Clary esta vez.
—No me digas que se te hizo tan normal la primera vez que hicieron eso. – inquirió con una ceja enarcada.
El "dementor" pareciera no importarle lo que sucedía. La larga bata que vestía parecía un pergamino viejo, era gris y la capucha cubriendo su cabeza habría un mundo de posibilidades para Nina.
— ¿Siempre eres así de exasperante? - sonó como una pregunta, aunque sabía que era una afirmación por parte de la pelirroja.
—No. A veces sobrepaso los limites, usualmente trato de mantenerme al nivel para no desentonar.
Nina frunció el ceño, cuando la chica que explico a Tessa sobre los dementores rio abiertamente. Las marcas en sus brazos despajaron sus dudas. Nefilim.
— ¿Quién eres? – pregunto la pelirroja esta vez a la nueva visitante.
—Me llamo Vanessa Crestwell. – se presentó con una sonrisa como si no pasara nada, resaltaba el acento inglés en sus palabras. – vi que venias hasta acá, quise saber que sucedía. – se encogió de hombros.
—Genial. Soy una maldita atracción de circo. – Nina quería darse contra las paredes para ver si así despertaba de este horrible sueño. – A estas alturas hay cosas que dejan de sorprenderme.
—El Hermano Enoch va a revisar que todo esté en orden con tu cabeza.
—No hay nada malo conmigo Clarissa. – nunca había oído su nombre completo viniendo de Nina. – De ninguna manera permitiré que hurguen en mi cabeza en busca de cualquier fallo, tarde bastante en convencerme sobre mi cordura; no lo arruines.
—No quise decir eso.
—Por supuesto que no. – se cruzó de brazos. – Me iré por ahí. Con algo de suerte muero en el camino y ya no tendrán que preocuparse.
—Jace…
—Jace en estos momentos está luchando para regresar con vida y estar con su casi esposa. – dijo señalando a Clary. – sinceramente no sé en qué momento se decidieron por hacerle caso, dudo que sea conocido por sus maravillosas ideas.
Con eso último salió de la habitación.
Alec lanzaba flechas como nunca antes. Los demonios no dejaban de llegar y los cazadores oscuros tampoco hacían mucho por ayudar. Cubría las espaldas de su parabatai mientras este arremetía con cuanto demonio se le pasaba enfrente. Su hermana Isabelle azotaba su látigo, un rayo dorado en medio del caos.
— ¡Alec! – se agacho cuando vio que el demonio se aproximaba. Lanzo otra flecha en su dirección, justo en el blanco.
—Buen tiro. – las palabras de su padre plasmaron una sonrisa en el rostro del ojiazul.
Solo asintió. No requirió de nada más.
Sebastian observaba la pelea desde las alturas. Sentado tranquilamente en una de las vigas del salón de los Acuerdos. Sonreía cada vez que uno de los otros caía, alguien interrumpió la boda de su hermanita antes que él, vaya suertudo que fue esa persona, le arruino la entrada dramática. No veía a Clarissa por ningún lado, el niño ángel la oculto. Rodo los ojos, increíblemente no le importaba. La venganza desde aquí era un espectáculo perfecto con o sin ella.
— ¿Ocultándote como siempre Seby? – la burla en el tono de Jace no le pasó desapercibido.
—Para nada, Jonny. – se burló de vuelta. – Por un momento creí que no me encontrarías. Supongo que Clarissa llego a tiempo antes de que murieras desangrado, por lo visto sigues vivo.
Observo la mueca de Jace. Si, con esa expresión tan estoica estaba consiguiendo enfurecerlo, bien haría todo más divertido.
