JORNADA IV

-Es increíble- Dijo Silver quejándose- llevamos semanas tratando de atravesar este bosque y parece que estuviésemos andando en círculos.

-Ese no es nuestro peor problema. Se acabaron las provisiones- dijo Lucy serenamente

-¿Qué?- gritó Silver- ¿Cómo es posible?

-Se acabaron esta mañana- contesto ella tranquilamente-Quizá deberías estar más atento de tus propias provisiones-

-No puede ser, se supone que durarían hasta atravesar el bosque-

-no te preocupes aún podemos conseguir algo de comer o en el peor de los casos podemos pacer si logramos llegar a un claro despejado-

-Primero: el suelo del bosque no deja crecer nada- empezó a decir Silver de un modo despectivo- solo hay madera, hojas y tierra húmeda, no hay nada para comer en este bosque. Segundo: prefiero morir de hambre antes que pacer, pacer es una costumbre de salvajes o un recurso para los más pobres-

Repentinamente Lucy hizo una mueca de indignación mientras inhalaba con fuerza. En el pasado Lucy ya había pacido durante campamentos en donde se aventuraba en cualquier dirección durante varios días y cuando se cansaba de viajar regresaba a su hogar. No era una costumbre que le pareciera reprobable, conocía a muchos ponis que tenían la costumbre de pacer, pero ella no contaba con que los ponis de la ciudad son más presumidos y quisquillosos respecto a los hábitos.

-pues yo ya he pacido y no soy ninguna ignorante o salvaje- dijo Lucy violentamente.

-Eso no importa- trato de defenderse Silver. Pero en realidad no había medido sus palabras, la ofensiva de Lucy le hizo caer en cuenta de lo infantil de sus palabras- lo importante es conseguir algo de comer. Tu espera iré a buscar algo por los alrededores-

Silver se dio la vuelta rápidamente. No supo cómo salir del problema en que se había metido, había llamado a su compañera "Salvaje", no tenía palabras para disculparse. Sabía que había sido absurdo salir corriendo como si no importara, pero se sentía tan avergonzado que mientras avanzaba podía sentir como se calentaban sus mejillas. Ojala no se hubiese acabado la comida, no estaría en problemas y además no habría cometido ese error. Pero él no tenía la culpa de que se acabara la comida, había hecho los cálculos y tenía suficiente para cruzar el bosque, la culpa había sido de ella. Sí… si ella no estuviera viajando con él seguramente tendría comida de sobra. A pesar de todo había sido una mala idea que ella lo acompañara, apenas lograran salir del bosque deberían tomar caminos separados.

El bosque no ofrecía una buena variedad para buscar que comer, la tierra era negra y lodosa, ni siquiera había pasto, sólo las flores crecían en las raíces de los árboles. Luego de caminar un buen rato sin encontrar nada Silver se dejó caer totalmente derrotado ante el laberinto en que estaba atrapado. Estaba a punto de volver cuando llegó a sus oídos el rugir del agua en la lejanía.

Se dejó guiar por el ruido hasta llegar a un claro en el bosque donde cruzaba un ancho y poco profundo rio. Cerca al rio crecía la hierba, era escasa y poco alta pero hubiese bastado para ambos, solo que el orgullo de Silver no le permitió darse por vencido tan pronto. En su lugar encontró un pequeño grupo de arbustos rio arriba, tenían unas pequeñas bayas rojas y verdes en sus ramas, Silver les hecho un vistazo, no tenía idea de que eran pero tenía desconfianza.

Probó sólo una, tomo una baya roja, porque le daba más confianza el color. Para su sorpresa era sumamente dulce y jugosa; de pulpa suave y cremosa. Silver no reparó en tomar otras bayas rojas y comerlas, la hora del almuerzo se acercaba y su apetito se empezaba a abrir. Supuso que a Lucy podría esperar un rato más antes de almorzar. Cuando finalmente se hubo saciado empacó todo lo que pudo en la alforja y se dirigió con Lucy.

Lucy se había quedado sentada pensando que quizá Silver no era lo que aparentaba, en realidad no era el héroe galán de novela que ella había creído sino otro engreído pony citadino que ya había tenido suficientes aventuras como para que se fijara en una yegua del campo sin la malicia y el estilo de vida propio de la ciudad. No notó cuanto tiempo pasó, solo se dio cuenta de que Silver volvía cuando escuchó sus cascos a pocos metros de distancia, él exhibía una orgullosa sonrisa en su rostro a la vez que cargaba las alforjas repletas.

-Encontré algo de comer y además una salida del bosque- Dijo Silver a la vez que le mostraba a Lucy las bayas

Lucy ya estaba empezando a sentir hambre y mencionar la comida hizo que cierta excitación se mostrara en su rostro, pero apenas vio el contenido de la maleta, su expresión se transformó en una mezcla de decepción y preocupación.

-¿Tu comiste de esto?- Preguntó ella

-Si ¿Por qué?-

-¿Cuantas comiste?-

-Solo algunas pero hay suficiente no te preocupes-

-¡¿Cuántas comiste?!- insistió ella

-Quizá un cuarto de la alforja… Pero ¿por qué? ¿Qué sucede?-

-Estas bayas son venenosas- dijo Lucy secamente.

Silver no supo decir nada, su mente se sumió en una muerte inminente, su rostro palideció sus ojos se volvieron pequeñísimos y se empezó a hiperventilar.

-Tranquilo, tranquilo no pasa nada- le dijo Lucy

-¡Voy a morir!... Y ¿no pasa nada?-

-tu estomago no puede digerir las bayas por lo que estarás enfermo hasta que puedas eliminarlas de tu sistema, pero no morirás, yo se tratar estas enfermedades, confía en mi-

El resto del día Silver estuvo cabizbajo, no tenía ánimos de hacer algo, no ante la enfermedad que se podía presentar en cualquier momento. Lucy decidió pastar cerca del rio, pero lo hizo algo alejada de Silver ya que aún recordaba sus palabras. El rio les dio la oportunidad de salir del bosque, solo tuvieron que seguir su curso durante la tarde y finalmente en la noche lograron llegar a la pradera por la que cruzaba el rio antes de desembocar en el mar del este.

La pradera se extendía por kilómetros antes de caer bruscamente en un profundo y frondoso valle de relieve variado y fértil para los cultivos de todo tipo. Estaba dividida en varias secciones por el rio y los riachuelos que se desprendían de este. A veces de manera aleatoria se encontraban esparcidos pequeños grupos de árboles que eran alimentados por la humedad de la zona.

A la mañana siguiente Silver se despertó cuando el sol recién se levantaba tenía un leve dolor en el estómago como si tuviese una aguja que le pinchaba desde dentro. Sin embargo ya a media mañana, empezó a sentir nauseas, conforme transcurría el tiempo el dolor se hacía más intenso y tenía que detenerse por periodos de tiempo aún más largos. Hasta que llegó el punto en que no aguantó más y devolvió el estómago, para su sorpresa la pulpa de la fruta estaba intacta, Lucy tenía razón las bayas no se podían digerir.

-Creo que es momento de que descanses- Le dijo Lucy- pon a calentar agua mientras yo regreso-

Silver no estaba de ánimo para preguntar "¿qué era lo que planeaba?", solo decidió hacerle caso y poner a hervir el agua. Para él, el hecho de "estar a punto de morir" era producto de una larga cadena de hechos que no hubiesen sucedido si Lucy no estuviese con él, era culpa de ella. "Si tan sólo no hubiese aceptado llevarla" se decía sí mismo.

Lucy llegó poco tiempo después con una bolsa llena de hierbas, había ido a la pradera a reunir varios calmantes con los cuales pudiese hacer una infusión. Desde lejos pudo ver a Silver retorciéndose de dolor en el suelo, Se dirigió corriendo a su lado y preparó la infusión tan rápido como pudo. La infusión debería calmar el dolor, pero, Silver no pudo sentir mejoría alguna, el dolor era tan agudo que ni siquiera el calmante podía controlarlo.

Finalmente, cuando la Luna empezó a surgir por el horizonte el dolor de Silver empezó a menguar, rápidamente el aire se empezó a volver más frio. Silver estaba muy cansado para armar su complicada carpa de diseño hexagonal, Lucy jamás había visto una carpa así antes de conocer a Silver y aun no tenía idea de cómo armarla. Por lo que esa noche durmieron bajo un tupido grupo de árboles entrelazados que ofrecían buena protección contra la lluvia y el rocío de la madrugada.

Debajo de los árboles se alzaba una pequeña colina que los cubría viento helado del norte. Silver se dejó caer en el suelo mirando al horizonte. La noche estaba repleta de estrellas, tanto así que se podía ver claramente. A pesar de estar en la intemperie Silver pudo notar cierta calidez en la atmosfera. Era el cuerpo y la respiración de Lucy, ella estaba arrodilla detrás de él mientras revolvía la crin cariñosamente.

-Te sientes mejor-Dijo Lucy dulcemente

-Algo-dijo él fríamente

-lamento que haya pasado esto te debía haber ayudado con las provisiones-

-No importa- Dijo Silver disimulando su sorpresa, ella había leído su mente- no soy bueno en distinguir las plantas-

-¿En serio?-preguntó ella bastante sorprendida- Sin embargo corriste el riesgo de salir sólo-

-Tal vez no fue buena idea- dijo Silver esbozando una sonrisa

-Tendrás que aprenderlo- dijo Lucy

-Lo aprenderé sobre la marcha-

-Bueno la próxima vez que aprendas sobre la marcha tal vez si mueras-

-gracias por tu apoyo- dijo Silver mientras le sonreía

-Qué te parece si desde mañana te enseño lo que sé de botánica-

-está pero nada de bayas por un tiempo-