JORNADA IX

A pesar de saber que el tesoro con el que había soñado los últimos meses se encontraba a solo un galope de distancia. Silver conservaba una preocupación en su mente: Lucy… ¿Vas a morir? le dolía saber que ella estaba sufriendo y le enojaba consigo mismo saber que no podía hacer nada para ayudarla. Silver atravesó el bosque rápidamente sin prestar demasiada atención, solo tenía una idea en su cabeza, debían llegar hasta el templo juntos.

Luego de cruzar el segundo puente se encontró con unas escaleras talladas en el cristal que llevaban hasta enorme puerta marrón, Silver empujó de esta sin ningún reparo. Se llevó una gran desilusión cuando observó que detrás de las puertas del templo solo había una habitación vacía pintada de un matizado color beige. Una enorme cama ocupaba una de las esquinas y al final del cuarto una pequeña cocina que no ocupaba mucho espació.

Silver dejó escapar un largo suspiro de renuncia, al ver como el esfuerzo de meses se iba a la basura, dejó a Lucy en la enorme cama y dio unos pasos hacia atrás, no sabía qué hacer, estaba varado en la mitad de la montaña totalmente incomunicado y sin saber si los colibríes tardarían en llegar (o al caso llegarían). De repente Silver notó que una de las paredes estaba ligeramente corrida. Algo intrigado se acercó y la empujó hacía el lado. Para su sorpresa, la pared habría el pasadizo a una gruta en el cristal que se hundía en la profundidad de la montaña.

-Lucy, me iré por un momento, te prometo que regreso pronto-

Lucy no contestó nada, pero Silver sabía que ella aún estaba despierta y le había escuchado. Rápidamente, se adentró en la gruta que se hundía hasta la montaña, el camino era iluminado por la luz del sol que se movía a través del cristal de la montaña, creando formas caleidoscópicas que llegaban a confundir los sentidos y le hacían parecer que el suelo hubiese dejado de existir, y estuviera flotando en un mar de colores. Finalmente, luego de caminar por un buen rato Silver llegó a una enorme escalera tallada en una bóveda de roca, Algo mareado se dispuso a bajar las escaleras.

Cuando finalmente llegó hasta el último peldaño ante él, se desplegó una enorme sala que llegaba hasta donde se perdía la vista, estaba repleta de estanterías del tamaño de un edificio en Manehattan, había libros apilados, pergaminos, cartas, papeles sueltos, mapas de todo tipo y en todos lados que era casi imposible no caminar sobre ellos,

-HOLA!-dijo Silver, a lo que le respondió su propio eco. Como es posible, de donde Salió esto, ¿Y el tesoro? Se decía Silver para sus adentros mientras se adentraba en la biblioteca. Entonces, en la lejanía Empezó a sentir un fuerte aleteó que se acercaba rápidamente y se hacía más fuerte y agresivo a medida que se acercaba.

Cuando Silver pudo sentir que el aleteó estaba justo encima de su cabeza, del estante cayo una yegua y se detuvo con un suave aleteó antes de tocar el suelo. ¡Era de la raza de los caballos!, Silver quedó petrificado, nunca había visto a un caballo en persona, Era parecida a Lucy solo que ella llevaba la crin totalmente suelta y tenía un pelaje impecable y blanco, pero más grande que cualquier yegua que hubiese conocido en su vida.

-¿Quién eres? ¿Qué haces aquí?- Dijo ella iracunda, mientras se acercaba Silver lentamente

-¿Qué? Pero yo…- Silver estaba sorprendido, tenía que mirar hacia arriba para poder verla a los ojos, era asombroso pero ella lo intimidaba, su imponente y amenazadora figura hacía que Silver empezara a caminar hacia atrás arrinconándose contras los estantes,

-Eres un espía ¿Cierto?- Te ha enviado Sombra no es así-

-¿Sombra? ¿Qué? ¿El rey del imperio de cristal?, Pero si el imperio fue liberado hace mucho tiempo-

-¿Cómo sé que no estas mintiendo?-

-Escúchame no entiendo todo esto- Dijo Silver recobrando la compostura- yo vine aquí por que encontré un escrito en la biblioteca que indicaba que había tesoro escondido aquí en las montañas-

-Eso es imposible esta biblioteca ha sido un secreto por mucho tiempo-

-Estaba buscando en la biblioteca y encontré un antiguo diario que hablaba sobre un tesoro escondido en las montañas-

-Quiere decir ¿que el aventurero que había venido antes, revelo el secreto de la biblioteca?- dijo para si misma

- ¿Biblioteca?... eso quiere decir ¿que no existe el tesoro?- Preguntó SIlver

-Él pensaba que no había un tesoro más grande para Equestria que el conocimiento albergado en esta biblioteca, hace mucho tiempo él llegó aquí a la biblioteca, pero la anterior bibliotecaria ropió el juramento y dejó que se marchara con la firme promesa de que no le diría a nadie, esta biblioteca contiene pergaminos y libros con valiosa información, la cual no puede caer en las codiciosas garras de sombra-

Silver se dejó caer en el suelo junto a los pergaminos, realmente esperaba, encontrar un botín repleto de joyas y oro, ¿Ahora que llevaría a donde su familia y amigos? ¿Un montón de libros viejos? Silver había prometido oro y diamantes, seguramente decepcionaría a todos en casa saber que haber dejado todo abandonado no dio frutos.

Después de discutir por un rato Silver la logró convencer de que no había peligro, aunque ella no confiaba totalmente en él. Le contó toda la historia desde que encontró el pergamino hasta que se empezó a viajar con Lucy, entonces recordó que ella estaba en la habitación anexa a la montaña y necesita de ayuda médica inmediata.

-Vine con una compañera, ella está muy enferma y solo la miel de los colibríes que migran en esta época del año la puede ayudar, ¿no conoces otra cura para ayudarla?-

-Lastimosamente los colibríes no llegaran hasta un par de días, pero creo que puedo ayudarte, vuelve y pon a calentar un poco de agua, yo no tardo-

Silver salió a todo galope por el pasillo hasta la habitación en la montaña, allí se acercó a Lucy y se sentó a su lado, seguía despierta pero ardía en fiebre, rápidamente Silver tomo una pequeña olla y puso a calentar agua en el fogón, un par de minutos después, llegó la bibliotecaria cargando un enorme libro bajo su ala.

-Hay bálsamo Que puede le dé más tiempo, pero no te aseguro que funcione- Le dijo fríamente

-No importa siempre que sea una oportunidad- Agregó Silver

Silver pasó el resto de la mañana y parte de la tarde, corriendo y volando de un lado a otro trayendo plantas, frutas, avivando el fuego, o recogiendo agua. Hasta bien transcurrida la tarde, habían completado suficiente medicina como para llenar veinte tazas, rápidamente Silver llenó una y fue junto Lucy. Estaba bastante agotada, sus ojos lucían cansados y sus parpados estaban a medio cerrar. Pero a pesar de todo podía ver la expresión amorosa en sus ojos.

Lucy Bebió de la taza lentamente y se dejó caer en la cama, solo hasta la mañana siguiente sabría si dio resultado.