02 – El día previo
-Harry. Harry despierta.
Harry abrió los ojos y lo primero que vio (borroso) fue el rostro de preocupación de su amigo. Se refregó los ojos y automáticamente tomó los anteojos que se encontraban sobre su mesita de noche.
-¿Qué sucede, Ron? ¿Qué hora es?
-Las ocho de la mañana. Pero Harry, mira... llegó esto. –explicó con voz ronca y entregándole un sobre sin abrir. Harry notó que la letra era de su amiga Hermione.
-¡Es de Hermione! –anunció Harry contento y mirando a su amigo.
-Lo sé, ¿Crees que no me di cuenta ya?
-¿Y qué esperas? ¡Ábrela! –le ordenó Harry.
-¡No! No puedo... Léela tú.
-¿Yo? Ron... ¿qué te sucede?
-No sé... Cuando vi que el sobre tenía la letra de Hermione... me paralicé; mis manos no me respondían. Vamos, Harry, ábrela por mí.
Harry se dio por vencido al ver el rostro de su amigo. Rompió el sobre, sacó la carta y comenzó a leer.
"Queridos Ron y Harry:
¿Cómo están pasando las vacaciones? Espero que bien.
El motivo de la carta es que mañana voy para La Madriguera. Ya sé que tú, Ron, no me dijiste nada de que vaya, pero fue tu hermana la que me invitó. Me dijo que estaba aburriéndose (al ser la única mujer) a no ser las veces que la dejaban jugar al Quidditch. Y como Viktor se fue hace un par de días y las clases comienzan el lunes, mis padres no tuvieron ningún problema.
Bueno, como nos vemos mañana, no voy a seguir escribiendo, pues prefiero contarles la noticia personalmente.
Hasta mañana, chicos.
Hermione.
Harry levantó la vista y notó que Ron estaba más despeinado que cuando lo despertó, debido a que se había pasado la mano una y otra vez por su rojo pelo.
-Viene mañana, mañana. Yo no quiero verla, Harry. –confesó con la voz ronca.
-Deja de actuar así, Ron. ¿Por qué no vas a querer verla?
-¿No lo entiendes? Nos va a contar que se... que se puso de novia con Krum.
-No lo creo. Debe querer decirnos otra cosa, pero no eso.
-Eso espero, sino no sé lo que haré.
-¿Qué tal si vamos a desayunar? –propuso Harry rápidamente. Se vistieron y bajaron enseguida a la cocina. Allí sólo se encontraba la Señora Weasley.
-¿Y esto? ¿Qué hacen ustedes levantados tan temprano?
-Hermione nos despertó. –informó Harry sentándose a la mesa. Ron lo miró de soslayo.
-¿Que Hermione los despertó? ¿De qué hablan? –preguntó Molly Weasley mirando hacia la escalera, esperando ver a Hermione bajar en cualquier momento.
-No está aquí, mamá. Una lechuza nos despertó al traer su carta. –aclaró Ron de mala gana, sentándose a la derecha de Harry.
-¿Y ya sabe cuándo vendrá? –quiso saber la señora Weasley agitando su varita. La mesa se llenó con el desayuno.
-¿Tú sabías que ella iba a venir? –inquirió Ron asombrado.
-Por supuesto, querido. Ginny me lo pidió el otro día.
-¿Cuándo?
-El día después de la llegada de Harry.
-¿Y por qué a mí nadie me dijo nada? –protestó el pelirrojo.
Su madre lo miró detenidamente y contestó:
-Pensé que no te interesaba que viniera. Como no fuiste tú a quien se le ocurrió la idea... –le dijo entrecerrando los ojos.
Ron se metió en la boca lo último que le quedaba de su tostada y no volvió a hablar.
-Entonces viene... ¿qué día? –preguntó la señora Weasley de espalda a los chicos, porque estaba sacando más tazas de los armarios.
-Mañana. –le contestó Harry al ver que Ron seguía enfrascado en su desayuno.
-Supongo que tendremos que ir a recogerla como la otra vez. Le diré a Arthur para que habiliten la chimenea de los Granger.
Apenas terminó de pronunciar esas palabras, entraron Fred y George a la cocina. Fred llevaba un ramo de flores detrás de su espalda, y mientras se dirigía a su madre, les guiñó un ojo a Harry y a Ron.
-Buenos días, mamá. –la besó en la mejilla y puso a la vista las flores.
Para sorpresa de Harry, la señora Weasley no se alegró del agradable gesto, sino que los miró con desconfianza.
-A mí no me usas como conejillo de indias, Fred. –le amenazó su madre con la varita. Harry recordó que ella no estaba de acuerdo en que los gemelos hubieran puesto la tienda de chascos, ya que ella hubiera preferido que entraran al Ministerio de Magia tal como lo hizo el señor Weasley.
-¿Ya tienes que pensar mal de nosotros, madre? –inquirió Fred llevándose la mano al pecho.- Muy malo de tu parte.
-Aleja eso de aquí, Fred. –ordenó la señora Weasley haciendo a un lado el ramo de flores con su varita.- No voy a caer nuevamente en sus bromas.
George miró a Fred, entonces éste se dio por vencido.
-Como quieras, mamá. –y luego se sentaron a desayunar frente a Harry.- ¿Ginny ya bajó? –les preguntó en voz baja a Harry y Ron.
-Aún no. –informó Harry.
-Entonces podremos probarlo en ella. –le dijo George a Fred con una cómplice mirada.
-¿Tienes miedo a tomar la leche, Ron? –inquirió Fred sonriendo. Harry miró a su amigo y vio que miraba fijamente su taza. Tuvo que golpearle para llamarle la atención.
-¡Qué! –protestó Ron mirando a Harry.
-Oh, no... Síntomas pre-llegada de Hermione. –comentó Fred sin importancia, como si ya estuviera acostumbrado a eso.
-No es cierto. –negó enseguida su hermano menor.
-Ron, no nací ayer... –se burló Fred.
-Ni yo. –señaló George.
-El día anterior a que Hermione va a venir siempre te comportas así. –indicó Fred.
-Pero hoy es más evidente. –confesó su gemelo.
-Mentira. –negó Ron nuevamente, con las cejas bien fruncidas.
-Harry, tú puedes apoyarnos también. ¿Verdad que tenemos razón? ¿No es verdad que Ron últimamente está muy raro con respecto a Hermione?
Ron le dirigió a su amigo una mirada asesina.
-Eh... No sé... no sé a qué se refieren. –mintió Harry bebiendo otro sorbo de su desayuno.
-No hay caso, Fred. Creo que estos dos necesitan una larga lección de nosotros acerca del trato con chicas.
-Estoy de acuerdo. –convino Fred.
-¿Qué quieren decir? –preguntó Ron con desconfianza, pero ninguno de los gemelos tuvo tiempo para contestarle debido a que Ginny apareció en la cocina. Cuando Ron la vio, se paró enseguida, furioso.
-¡Contigo quería hablar! –le gritó señalándola.
Ginny saludó a su madre y se sentó a la mesa tranquilamente.
-¿Qué sucede? –le preguntó ella lo más tranquila, mientras ponía mermelada de frutilla sobre su tostada.
-¡Ven conmigo!
-¿Ahora?
Con solo mirarlo, Ginny le obedeció. Pero Harry se asombró de que en ningún momento la chica pareció asustarse de su hermano.
Ginny siguió a Ron fuera de la cocina y desaparecieron detrás de la pared. Enseguida Ron se asomó y le dijo a Harry que también fuera con ellos.
-¿Por qué invitaste a Hermione? –fue lo primero que le preguntó a Ginny.
-Porque es mi amiga y quería que viniera. –contestó ella sin inmutarse.
-¿Por qué no me preguntaste a mí primero?
Ginny enarcó las cejas.
-¿Desde cuándo tengo que preguntarte a ti si quiero invitar a alguien?
-Es Hermione, Ginny. Ella es... amiga mía también. Y tendrías que haberme preguntado antes si yo tenía algún inconveniente en que viniera.
-¿Tienes algún inconveniente en que venga aquí, Ron? –inquirió Ginny calmadamente.
Ron miró al piso pero no contestó. En eso, Ginny interrogó a Harry con la mirada.
-¿Te molesta que venga Hermione, Ron? –le preguntó también Harry.
-¡Claro que no me molesta! –dijo de pronto el chico- ¿Por qué iba a molestarme?
-¿Y entonces por qué todo este lío que estás haciendo? –quiso saber Ginny, apoyando su mano sobre el hombro de su hermano.
Ron dio un paso atrás y dijo:
-Problema mío.
Ginny se cruzó de brazos y puso los ojos en blanco.
-La próxima vez, Ginny, por favor pregúntame antes ¿quieres?
-Lo siento, Ron, pero pensé que no te importaría que viniera, ya que como es tu amiga también... –se disculpó su hermana.
-Todos suponen, pero nadie sabe lo que realmente pienso.
-Bueno, ahí tienes tú la culpa. Si fueras un poco más abierto conmigo, no habría pasado esto. –le recriminó Ginny.
-Voy a dar una vuelta. –informó Ron inmediatamente.
-¿Te acompaño? –inquirió Harry preocupado.
-No te enojes, pero prefiero ir solo.
-Como digas, amigo. –convino Harry corriéndose a un lado para dejar paso a Ron.
Ron volvió a aparecer por La Madriguera hacia la hora del almuerzo. Como ya habían pasado dos horas desde que había partido, la señora Weasley le pidió a Harry si no podía ir a buscarlo.
Harry estaba leyendo en el dormitorio que compartía con Ron, el quinto tomo de "Magia defensiva práctica y cómo utilizarla contra las artes oscuras" que le habían regalado Sirius y Lupin la pasada Navidad, cuando la señora Weasley irrumpió en la habitación.
-Siento entrar así, Harry querido, pero es que Ron me tiene bastante preocupada.
-Si puedo ayudarla en algo... –comenzó a decir Harry cerrando el libro.
-En verdad, sí, Harry. –y rápidamente se acercó a él y se sentó al pie de la cama- Les pedí a Fred y a George que fueran a buscarlo, pero dijeron que estaban muy ocupados con sus inventos... pero sé que no es así. No entiendo como no se preocupan por su hermano, le pudo haber pasado algo y nosotros aquí sin enterarnos...
-Disculpe, señora Weasley, pero estoy seguro que no le sucedió nada. Él suele salir a pasear un rato. Pero para que se quede más tranquila yo iré a buscarlo.
Los ojos húmedos de la señora Weasley se fijaron en Harry.
-¡Oh, Harry! Yo no quería molestarte, de veras, pero es que...
-No se preocupe por mí, de cualquier forma de un momento a otro iba a ir tras él.
La madre de Ron lo abrazó diciendo:
-Eres una buena persona, Harry. Pero no puedes ir tú solo, no conoces bien la zona... ¿Y qué haré entonces si tú también te pierdes? Ya sé qué haremos: Ginny te acompañará. –resolvió separándose de Harry y poniéndose de pie.
-Oh no, no hace falta...
-Claro que sí, Harry. Ella conoce la zona como la palma de su mano, será de gran ayuda. –concluyó dejándolo solo, por lo que Harry no pudo decir nada más.
Dejó en su lugar el libro y salió de su cuarto. Fue a la cocina pero la señora Weasley no estaba allí. Supuso que estaría en el dormitorio de Ginny comunicándole que lo acompañara. De pronto se le ocurrió mirar el reloj mágico de la familia, por si acaso la aguja perteneciente a Ronald Weasley señalaba "peligro inminente", pero solo indicaba "perdido".
Sintió unos pasos y se dio media vuelta. Ginny se estaba poniendo un sombrero de paja, lo que le hacía resaltar su rojo pelo.
-De acuerdo, Harry, vayamos a buscar a mi complicado hermano. –dijo mientras abría la puerta de la cocina y salía hacia el jardín trasero.
Cuando Harry al fin estuvo a la par de ella, la chica le preguntó:
-¿Le has dicho algo sobre...?
-¿...Hermione? –terminó Harry la pregunta- No ¿y tú?
-Por supuesto que no, Harry. No te metería en problemas.
Al decir eso, ambos desviaron la mirada, algo incómodos.
-Eh, gracias, pero no me refería a eso. Quería saber si tú le habías dicho algo a Hermione.
-Ah... No, yo tampoco le he dicho.
-¿Puedo preguntarte una cosa? –inquirió Harry al pasar la cerca del jardín trasero y emprendían la marcha hacia una colina.
Ginny hizo un movimiento afirmativo con la cabeza.
-¿Cuándo se te ocurrió invitar a Hermione?
-Ah, eso... Sabía que me lo preguntarías. Le mandé la carta el día anterior a nuestra charla.
-Bien.
-¿Desconfiabas de mí? –preguntó Ginny un poco asombrada y un poco indignada.
-No, no. –negó Harry apresuradamente- Pero imaginé que... no sé... habrías querido que viniera para hacer que hablaran entre ellos y ese tipo de cosas que hacen ustedes, las chicas.
-Que poco me conoces, Harry. –lamentó Ginny.- No me gusta entrometerme en los asuntos de los demás.
-¿No te gusta entrometerte? ¿Y qué se supone que hiciste el año pasado? –inquirió el morocho sonriendo.
-Pero eso era distinto... no puedes comparar a estos dos bobos que no se animan a decirse lo que sienten, con que Sirius estaba en peligro... –pero se calló enseguida al notar que Harry bajaba la mirada.- Lo lamento, Harry, no era mi intención hablar sobre él...
-Está bien, Ginny. Tengo que acostumbrarme a ello.
-Pero en serio, -prosiguió Ginny para tratar de distraerle-, lo que yo quiero es que ellos mismos se digan lo que sienten, sin intermediarios ni situaciones forzadas. Esa no es mi forma de actuar. –terminó mirándolo fijamente.
Sin saber por qué, Harry cambió enseguida el tema de la conversación.
-¿Tienes idea de a dónde pudo haber ido?
-Creo que sí.
Recorrieron todos los lugares que Ginny conocía, pero no encontraron a Ron en ninguno. Ya vencidos porque no se les ocurría otro lugar volvieron a La Madriguera. Pero Ron aún no había llegado.
-Hablaré con Arthur. –anunció la señora Weasley al verlos llegar sin su hijo menor- No puede ser que no sepamos dónde está. ¿Por qué se fue así? ¿Qué le dijiste, Ginny?
-No le dije nada, mamá. Tenía ganas de estar solo y se fue. Supongo que tenía que pensar algunas cosas.
-Pero se fue después de que habló contigo. Algo le tendrás que haber hecho.
-Ninguno le dijo nada, señora Weasley. –se le adelantó Harry a Ginny.- Él sólo se sentía mal y dijo que iba a dar una vuelta. Incluso le dije que lo acompañaba, pero él se negó.
-De todas formas le avisaré a Arthur. –resolvió nerviosamente la señora Weasley dejándolos solos en la cocina.
-¿Sabes una cosa, Harry? Ahora de veras me preocupa Ron. ¿Y si... y si hizo alguna locura?
-¿En qué estas pensando? –le preguntó Harry temeroso.
-En muchas cosas... Ron es muy sensible ¿sabes? Se me viene a la mente la imagen de... –pero no pudo terminar la frase porque se puso a llorar. Sin embargo, a Harry no le dio tiempo de decidir si abrazarla o no, porque ella misma se secó las lágrimas y levantó la cabeza.
-¡Qué tonta! Ron no haría tal cosa. Él no se iría de aquí antes de ver campeón a los Chudley Cannons. –y ambos rieron.
En medio de esas risas, Ron se hizo presente en la cocina.
-¿De qué ríen? –preguntó también sonriendo. Actuaba como siempre.
-¿Dónde habías estado, idiota? –lo regañó seriamente su hermana, corriendo a abrazarlo. Ron, en cambio, respondió a su abrazo con unas suaves palmadas en la espalda de la chica.
-Estuve volando en la escoba por ahí. ¿Por qué tanta preocupación?
Ginny se separó y le golpeó en el hombro.
-Eres un estúpido, Ron. Realmente un estúpido. –sentenció Ginny antes de salir corriendo hacia la escalera.
-¿Y a ésta qué le pasa? –inquirió Ron confundido.
-Creo que pensó que... bueno, no sé... supongo que se imaginó que te habías suicidado o algo así.
Ron se rió a carcajadas, pero al ver que Harry no se reía con él, tosió disimuladamente y se calló.
-No es gracioso, Ron. En un momento yo también pensé lo peor. ¿Por qué rayos tardaste tanto en volver, eh?
-Es que no me di cuenta de que había pasado tanto tiempo. Me fui por ahí... tú sabes.
-Avísale a tu madre que volviste, Ron. Ella también estaba muy preocupada.
-¿Estás enojado conmigo? –preguntó Ron asombrado.
-Nos preocupaste a todos. Ya viste como se puso tu hermana ¿no?
-Si... nunca la vi así... no sabía que le importaba tanto.
-No sabes apreciar lo que tienes, Ron. Yo daría cualquier cosa por hacer regresar a mis padres y a Sirius.
Ron se miró sus pies.
Harry sabía que había sido un poco rudo con su amigo al decírselo así, pero tenía que hacerle ver a Ron de lo afortunado que era. Y a veces no entendía como él parecía pensar sólo en sí mismo...
Después de haberle avisado a la señora Weasley (que lo regañó fuertemente, sin olvidarse de abrazarlo y llorar en sus hombros descontroladamente), Ron, al pasar por delante de la puerta del dormitorio de Ginny, decidió disculparse con su hermana; situación en que Harry dejó que los hermanos hablaran solos, esperando a su amigo en la buhardilla donde dormían.
Minutos después Ron volvió al dormitorio y sorprendió a Harry escribiendo sobre un papel.
-Listo. –pronunció Ron, suspirando y cerrando la puerta a sus espaldas.
-¿Tan difícil fue? –preguntó Harry dejando de escribir.
-Difícil en lo que se refiere a pedirle disculpas, no fue tanto. Lo difícil fue escaparme de ella. Empezó a hacerme preguntas sobre Hermione ¿sabes?
Harry evitó la mirada de Ron y siguió con la carta.
-Por supuesto que yo le negué todo. –continuó diciendo Ron- Pero no sé si me creyó. Ella es muy inteligente, incluso más que Percy.
Harry no se atrevió a mirar a su amigo, pues sabía que aún estaba enojado con su hermano por no haber confiado en ellos sobre el regreso de Lord Voldemort.
Pero enseguida el silencio generado por Ron fue roto por el mismo chico.
-¿A quién le estás escribiendo?
-A Lupin. Quiero saber qué es lo que está pasando con Vold... Ya Sabes Quien. Ya que tu madre no nos quiere decir, quizá Lupin quiera adelantarnos algo.
-¡Buena idea, Harry!
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