Lo siento haber tardado tanto, pero antes tarde que nunca, aquí tienen otro capítulo que espero que os siga gustando.

Capítulo 5: ¿Porque has vuelto?


Rika despertó en el domingo de mañana con el ruido de piedras en el vidrio de su ventana y, con un gemido de protesto, metió la cabeza debajo de la almohada. No había logrado adormecer hasta casi tres de la madrugada, con la idea de pasar todo el día durmiendo, fingiendo que aquel día no existía, visto que aquel habría sido el día de su boda.

La lluvia de piedras continuó, aún que por el ruido que hacían, ya deberían ser del tamaño de una bola de béisbol . Sería mejor que se levantase y echase un vistazo por la ventana..

¿Desde hace cuando es que el granizo venía acompañado por el sol? Apartó las cortinas y miró por el vidrio. El cielo estaba azul y , al mirar abajo, ha visto Ryo en su jardín de tras, cogiendo otra mano de piedras del suelo. En aquella posición el que más se veía de él era su trasero, en unos vaqueros que le quedaban como un guante. La camiseta era azul, estaba demasiado guapo para poder ser descrito por palabras.

Abrió la ventana y asomó la cabeza.

- ¿Que estás haciendo?

- Llamar tu atención.

- ¿Para qué?

- Déjame entrar y te lo digo.

- No estoy de humor para tener compañía.

- Yo no soy compañía. ¿Sabes? Me pareció que he visto Lisa hace un momento paseando su perro por esta calle. Si no quieres que nos oiga, será mejor que me dejes entrar.

Murmurando algo entre dientes, vistió el robe y bajó por las escaleras corriendo. Ryo la esperaba en el porche de tras.

- Te he traído algo – dije, y levantó al alto una bolsa de la pastelería Matsuki, de la cual sacó una taza de papel con café y unos croissant.

- Voy quedar gorda – protestó.

- Bueno si no los quieres…

Rika le golpeó la mano.

- Nunca pienses interponerte entre una mujer y su desayuno – le advirtió. – Gracias por traerlo.

- Pensé que te haría bien comer algo. Vamos tener un día muy atareado.

- ¿Ah, sí?

- Sí, de manera que vístete que vamos a empezar.

- ¿Empezar el qué?

- A poner nuestro plano en andamiento.

- Hoy no, Ryo.

- Claro que sí, hoy.

- No estoy de humor.

- Pooobre Rika – burló y, tal como el previsto, los ojos de Rika lanzaran fuego. – Así está mejor – dije. – Y aún que estés muy bien con esa camisa, no me parece que sea el más apropiado para pasar un día en el lago. Viste una cosa digamos… pequeña. ¿Tienes uno de esos tops ajustados? O mejor, la parte de arriba de un bikini.

- ¿Desde hace cuando es que tú eres asesor de imagen, Ryo?

- Desde que accedí a ayudarte.

- No fue idea mía que me ayudases – le recordó.

- Vale. Es una idea demasiado buena para haber venido de ti – contestó él.

- Tengo muchas y muy buenas ideas, aunque aceptar esta es posible que no haya sido una de las mejores.

- Demasiado tarde para volver atrás – contestó. – Hoy será un día de muy calor, de manera que, cuanto menos ropa llevares, mejor.

Rika lo miró, y solo entonces reparó que tenía un golpe pequeño en forma de media luna junto del ojo izquierdo y que le daba un aire rebelde.

- ¿Que has hecho ahí? – le preguntó, y se acercó para ver mejor.

- ¿Creerías si te dijese que me confronté en un duelo para defender tu honra?

Rika lo miró con escepticismo.

- Vale. Choqué contra un árbol. Bueno, no exactamente. Estaba corriendo por la parte sur del lago, en el bosque, y no he visto el ramo si no cuando este me golpeó en la cara.

- Pues tuviste mucha suerte por no te tener sacado un ojo – regañó, y le hizo girar la cara para que el sol le iluminase la parte izquierda del rostro. – Tienes de tener más cuidado por donde andas. Siempre fuiste tan ciego como un murciélago. Por cierto, que pasó con tus gafas.

- Los cambié por lentes de contacto.

*(Él usa lentes, pero transparentes y no de color, si recordaren el tercer capitulo verán que ella se acordaba de sus ojos - cuando usaba gafas – cuando niño)*

- Entonces habría sido mucho más peligroso que tuvieses sido golpeado en el ojo. Tienes que tener más cuidado cuando corres.

Ryo le agarró la mano con que ella sostenía su barbilla y la colocó en el rostro.

- Sí, señora.

Rika no pudo resistir a tentación de dejar huir sus dedos primero por su rostro, después por su golpe cerca del ojo, hasta llegar a mandíbula.

Sus ojos se encontraran y la mirada de Ryo era la misma que tuvo cuando habían celado el trato dando la mano. La fuerza de la pasión era poderosa por su intensidad.

'¿Donde me estoy metiendo?' se preguntó, y apartó los ojos del magnetismo de su mirada. 'Es Henry quién yo amo. Ryo solo es un amigo que me está ayudando en una situación difícil. Debo tener interpretado mal su expresión.' La falta de sueno había perturbado su pensamiento y, con una rápida disculpa, subió las escaleras para cambiar de ropa.

- Ajustado, no te olvides – le dije desde bajo.

Por el tono de su voz, estaba claro que no creía que ella fuese seguir sus instrucciones. Pues muy bien: estaba decidida en demostrar a Ryo Akiyama y al los demás de Shinjucku que no la conocían tan bien como pensaban.

Los vaqueros cortos estaban entre el decente y el indecente, al paso que de arriba de su bikini realzaba el mejor de sus atributos. Para completar, añadió una blusa de algodón casi transparente que no ocultaba nada de la piel que iba debajo. El efecto era más tentador que si solo tuviese llevado el bikini. Había pedido aquella blusa junto con su ropa interior, y ahora iba usarlo de como instrumento de guerra.

Y funcionaba. Ryo quedó boquiabierto al verla bajar. Para ser exacto, estuvo a puntos de engasgarse con el que ella había dejado del croissant y que él estaba terminando.

Rika se acercó y le golpeó la espalda.

- ¿Te parece bastante ajustado? – le preguntó con voz inocente.

- Si lo ajustares más tendré un infarto – dije casi sin voz.

- Y no queríamos que eso pasara precisamente ahora, ¿verdad?

- Es una blusa preciosa.

- Yo también creo que sí.

- Eso no es normal en el vestuario de la "pobre Rika".

- No señor.

- Ese Henry es un imbécil – dije.

Rika tuvo que pestañear varias veces para apartar las lagrimas.

- Gracias – susurró. – Eres un amigo de verdad.

- Sí – murmuró Ryo y la siguió para fuera de casa. – Ese soy yo. Un amigo de verdad.


- ¿Me estás oyendo? – preguntó Ryo a Rika, que estaba acostada sobre una manta que habían

extendido cerca del lago.

- Mmm.

- Voy leerte unos cuantos ejercicios de este libro. Me parece que el capitulo que se podría adaptar en esta situación es "Como lograr el hombre que quieres. La atracción corporal."

- Estás bromeando.

- No. Lee tú misma – dije, y le puso el libro en la nariz. Las gafas de sol que llevaba no le dejaban ver su cara, pero pudo darse cuenta que fruncía el cejo. – Tienes certeza que pusiste bastante crema?

- Sí. Deja de preocuparte.

- Me sentiría mejor si te lo tuviese puesto yo. No tengo certeza si estás viendo el que haces.

- Veo perfectamente – le aseguró.

- Entonces deberías ponerme un poco a mí, pues me parece que me estoy quemando – murmuró, mirándola. Había sacado la blusa y, aún que siguiese con los vaqueros, solo servían hacer que él se preguntara si llevaría la parte de bajo de aquel bikini.

- Ni hace quince minutos que te puse crema, Ryo. No es posible que necesites de más.

Rika sabía el efecto que hacía en ella, acariciándolo con la crema. Su corazón aún no había recuperado el ritmo normal.

- ¿No tienes calor acostada ahí al sol?

- Mmm – murmuró.

- Nos podríamos sentar en el muelle para apañar el fresco del lago y poner los pies en el agua.

- Estoy demasiado confortable para moverme.

Ryo murmuró cualquier cosa que ella no pudo oír.

- ¿Que has dicho?

- He dicho que, como dice este libro, demonstrar confianza en ti misma hará crecer la imagen que los demás tengan de ti – y añadió para si el comentario de que ciertas partes de su cuerpo ya habían crecido de una manera casi dolorosa, debido a la forma de vestir de ella. – También habla de pechos.

Y sus ojos pararan en sus pechos, y se preguntó que es que diría si supiera que moría de voluntad de la tener en sus brazos, de recorrer cada curva con sus labios para ver si sabían tan dulces como parecían, de tocar sus pechos con las manos y llevarlos a la boca al mismo tiempo que…

- No sigas – le pidió.

Ryo tuvo que toser antes de continuar.

- Eh… dice que el pecho del hombre está en dura competición con sus hombros en el momento de abrazar, en la opinión de las mujeres.

Rika lo miró por tras de sus gafas y no tuvo otra alternativa que estar de acuerdo. Ryo había tirado la camiseta y solo llevaba sus vaqueros. Por supuesto, era un crimen tapar un pecho como aquel, y por supuesto que ella no era la única mujer en Shinjucku con esa opinión. Pero sí era la única que podría ver y saber más alguna cosa del hombre. Tenía un tipo de honra muy rara, parecida de la que tenían los caballeros de antiguamente. Una honra que lo llevaría a caminar entre fuego por alguien que amase.

Ryo no era un hombre a quién fuese fácil amar. No se abría fácilmente, al revés de Henry, que tenía gran facilidad para hablar con toda la gente y que era capaz de hacer con que un extraño se sintiese como si lo conociera hace muchos años. Pero con Ryo, esa proximidad sería aún más valiosa por su rareza. La mujer que lo amase tendría acceso a una parte a la cual nadie más podría llegar.

'Pero esa mujer no soy yo. No puedo ser. No necesito más complicaciones en mi vida. ¿Como es que puedo sentir alguna cosa por Ryo cuando solo hace diez días estaba comprometida con Henry? Deberíamos habernos casado en este mismo día y aún sigo amándolo. ¿O no? Por supuesto que sí. Nunca he sido del tipo de persona que cambiaba sus sentimientos de la noche para el día.'

- Aquí dice que las mujeres prefieren los hombres con un pecho musculoso – Ryo frunció el cejo al recordar Henry. – También dice que no se debe fiar de ellos – inventó. – que los delgaducho son los mejores.

- No conozco ningún hombre delgaducho.

- Me conoces a mí.

- Tú eres alto y delgado, no delgaducho. Ya no. Pero bueno tú ya sabes eso. Por supuesto que ya te lo dijeron muchas mujeres.

- No me importa otras mujeres. Me importas tú.

- Ya sé que te importo – contestó y, incorporándose, puso las gafas en el alto de la cabeza. – Y te agradezco tu amistad, de verdad. Quién habría pensado, que después de todos estos años, aparecerías con tu caballo blanco para me salvares.

- He venido en un Volvo blanco. Y no soy el tipo de cabalero de armadura blanca.

- Sí, eres.

- No sabía que tenías problemas cuando he venido. Yo solo quería tener un tiempo para pensar.

- Y ahora estás bloqueado conmigo. No es justo que te este robando tanto tiempo cuando viniste para acá con otros problemas.

Rika se puso de pie como se quisiese irse, pero Ryo la tomó del brazo para que se volviese a sentar.

- He venido acá para pensar en el futuro, y gustaría de hablar contigo de eso.

- Me alegro.

- Ya sabes que soy arquitecto. En Kashiwa. Trabajo en una de las empresas más importantes de arquitectura. El que no sabes es que ya no disfruto de mi trabajo.

- ¿Porque no?

- Es difícil de explicar. He sido un loco por mi trabajo durante mucho tiempo – tomó la mano con la cual Rika había estado arrancando, con cierto nerviosismo, la relva de su alrededor y extendió sus dedos sobre la rodilla. – Saqué este mes de vacaciones porque hace años que no tenía ningún tiempo libre. Los días se iban acumulando y los del departamento de personal no querían que acumulase más.

- Y que es que te hizo volver aquí? Podrías ter ido a cualquier otro lugar.

Con la mirada perdida en el lago, continuó jugando con sus dedos antes de contestar.

- Pasé los días más felices de mi vida aquí contigo.

- Pero eso fue hace mucho tiempo.

- Tengo buena memoria.

- Y yo también – el rozar de sus dedos estaba despertando en ella cualquier cosa que demoraría mucho tiempo a olvidar, pero no podía apartar su mano. Y no quería. Se sentía demasiado bien formando aquella unión con él. – Dime porque es que no eres feliz con tu trabajo en Kashiwa.

- Porque ya no estoy haciendo las cosas que me hicieran desear ser arquitecto. Quedo todo el tiempo dibujando centros comerciales y despachos. Destrozando más y más tierra fértil de cultivo para sepultar debajo del cimiento. ¿Sabías que cada año se pierde en este país unos dos millones de acres de tierras de cultivo por el desenvolvimiento? Eso supone cinco mil acres al día. Me siento avergonzado de haber estado a contribuir para ese problema, en lugar de hacer alguna cosa para ayudar a solucionarlo. Y todos esos edificios antiguos que derribamos… es mejor no hablar del tema.

- Dices que no estás haciendo las cosas que te desearan ser arquitecto. ¿Y que cosas son esas?

- Pues la idea de criar alguna cosa, de ver que alguna cosa que si inicia en tu imaginación gaña vida después. Avaluar la simples belleza horizontal de las líneas de una pradería. O reconstruir unas de esas casas-castillo. Apreciar la diversidad del dibujo. He vivido mucho bien durante estos diez últimos años, pero ahora creo que llegue a la crisis de la mitad de la vida.

- Eres un poco joven para eso, pienso yo – comentó con una sonrisa. – Creo que estás apreciando el que quieres de la vida, y para eso es necesario coraje.

- Es fácil tener coraje cuando tienes un lugar donde estar a salvo. Tengo dinero popado. Si debieras hubiese tenido coraje, había dejado todo en la primera vez que no me sentí satisfecho y había tentado empezar por mi mismo.

- Dejar una cosa segura por otra que no sabes como puede funcionar requiere mucha coraje, tanto se decides hacerlo como si no.

Ryo se volteo para mirarla.

- ¿Como es que llegaste a ser tan lista?

- He conocido una vez un chico de ocho años que me enseñó mucho sobre coraje y fuerza interior.

- Fuiste tú la que siempre me defendió, y no yo.

- Si no recuerdo mal, tú siempre estabas conmigo cuando llegaba llorando por algo que habían dicho de mi padre – dije ella.

- Y después de lo haberes dejado con un ojo negro con ese tu gancho derecho. Pero nunca me contaste el que es que te había hecho desmoronar.

- Fue en ese mismo verano cuando mi padre se fue y surgió un escándalo tan grande en la ciudad. Huyó con la secretaria de los correos, dejando su familia. Toda la gente hablo de eso. Y aún ahora siguen hablando de eso. Sobretodo ahora, que su hija tiene otro escándalo con que enfrentarse.

- Un escándalo que no provocaste.

Rika sintió de repente un escalofrío y, liberando su mano cerró la blusa.

- No quiero hablar de eso ahora.

- Vale. ¿Que te parece si fuéramos pasear de barco por el lago?

- ¿Quién es que tiene un barco?

- Yo. Venía con el alquiler de la casa.

Quince minutos más tarde, estaban en el lago. Era fácil imaginar que no estaban en Shinjucku.

Ryo seguía sin camisa y sus músculos se contraían al ritmo de los remos. El pelo brillaba con el sol.

- Tengo que cortarlo – dije él al notar su atención.

Como tenía las manos ocupadas, no podía apartar una meja de cabello que le caía sobre los ojos, de manera que Rika se acercó para apartarla suavemente. No podía ser un buen señal que disfrutase tanto el tocarle y de repente, el sonar de un trueno pareció algo del destino, que la hizo dar un salto.

Se acercaba una tempestad, de un color negro azulado que daba miedo.

Ryo hizo girar el barco rápidamente y se encaminaran para tierra. Un lago no era un lugar seguro durante una tempestad.

El cielo pareció abrirse cuando aún les quedaba unos cuatrocientos metros para llegar a tierra y, cuando quisieran terminar de atar el barco, los dos estaban encharcados hasta los huesos y temblando, porque la temperatura debía ter bajado unos tres o cuatro grados en un momento.

Ryo le dio la mano y los dos correrán para la cabaña y, una vez dentro, Ryo encendió el interruptor de la luz, pero no pasó nada.

- Debe terse ido la luz.

- Costumbra pasar con tor… tormentas tan malas como e… esta – comentó Rika, temblando.

- Estás encharcada.

- Tú también.

- Tira esa ropa y toma una ducha caliente. Yo voy encender el fuego. ¿Tienes alguna cosa que vestir?

Ella asintió, enseñando para la bolsa que habían dejado en la cabaña antes de salieren.

- Pero necesitaré una camisa.

- Vale. Ahora te trago una – dije ya del baño, donde abrió la tornera de agua caliente. – Date prisa si no quieres quedar sin agua.

Un minuto después, estaba debajo del chorro de agua caliente. Se apresuró en terminar. Debía dejar agua suficiente para Ryo.

Casi no había cerrado la tornera cuando oyó que la puerta se volvía a abrir.

- Te he traído una camisa. Te la dejo empañada en la puerta.

Cuando oyó la puerta cerrarse de nuevo, salió de la bañera. Le había dejado su bolsa junto con la camisa. Llevaba una falda, para el caso de decidieren parar en algún sitio para comer, y una camisola de seda roja que tendría quedado muy bien debajo de la blusa, si estuviera seca, de manera que optó por vestir solo la camisola.

Como el bikini estaba mojado, decidió no lo vestir hasta estar un poco más seco. La camisa que le había llevado era de algodón blanco y le quedaba muy grande, de manera que dobló las manga muchas veces y la ató en la cintura. Le había dejado un par de calcetines blancas de deporte, y las calzó.

Al mirarse en el espejo, pensó que parecía amante de un pirata, con aquella falda larga y la camisa de hombre.

Al salir del baño, vio que Ryo había encendido la chimenea de piedra que ocupaba gran parte de una de las paredes. Había dispuesto unas cuantas almohadas de colores en el suelo, ante la chimenea, y vestido unos vaqueros secos y una camisa blanca.

- Seguimos sin luz – le dije.

- Tienes un radio de pilas? – le preguntó mientras sacaba la toalla del cabello. – Estaría bien ligarlo para oír se dan algún aviso.

- Buena idea.

Ligó el anticuado radio que tenía sobre el refrigerador.

Encontraran información sobre el tiempo en una de las emisoras de música de los años sesenta y setenta.

- La zona va recibir visitas de varias tempestades – decía el locutor, - pero no recibimos ninguna advertencia especial. Sigan sincronizando y ya os mantendremos informados. Mientras tanto, aquí tienen una música de Maite Perroni, "Que Te Hace Falta". (si alguien tiene otra idea que me diga por favor)

La música pop salió del pequeño radio y, sonriendo, Ryo subió el volumen y extendió el brazo para ella, invitándola.

No era una canción que se bailase abrazado, y como los dos llevaban calcetines, sus movimientos eran mucho más fáciles sobre la resbaladiza superficie de madera.

Ryo se movía con la misma manera masculina con que caminaba. no era excesivo en sus movimientos y, por otro lado, no necesitaba serlo, y Rika fue bailando a su alrededor, con la falda enroscándose en sus piernas. Nunca se había sentido tan libre.

Bailaran ante el fuego, esa y aún más cuatro canciones hasta que se dejaran caer sobre las almohadas, riendo.

Pero la risa de Rika se interrumpió de repente cuando vio el deseo brillar en los ojos de Ryo. Él la estaba amándola, acariciándola con los ojos, y después lo hizo con sus labios, no exigentes.

Pero el control deprisa desapareció y, sobre las almohadas, se sintió invadir por la emoción. El latido de la pasión circulaba por sus venas, perturbando sus pensamientos y dirigiendo sus acciones.

Aquel primer beso había dado lugar a otro dos veces más hambriento, dos veces más feroz, y le acarició el rostro como si quisiese memorizar cada plano de su cara. El cuerpo de Ryo, como el suyo, expelía más calor que la chimenea. Sus manos, escondidas debajo de su camisa, la derretían con su ternura y la seducían con su creatividad.

El primer toque en sus senos la dejo sin respiración, sabia como hacer magia con aquellos dedos. Mientras, fue desabrochando los botones de la camisa y, sin apartar la mirada de sus ojos, la sacó. El fuego de la hoguera se reflejaba en sus ojos azules cuando, por fin, contempló su cuerpo.

Rika casi no podía respirar por la excitación y cuando, muy lentamente, Ryo cubrió uno de sus senos con la boca, el que restaba del control desapareció completamente. Quería… no, necesitaba más, y desenrolló sus dedos de su pelo para sacarle la camisa, y sus pieles se rozaran sin ninguna interferencia.

Ryo se acostó sobre ella y sus curvas encajaran perfectamente. Rika podía sentir el latido de su corazón mientras la besaba, primero los labios, después el rostro, el cuelo, las orejas, para volver a su boca y empezar de nuevo.

Cuando sintió que su mano deslizaba debajo de la falda, Rika no pudo creer que bien se sentía y el que él era capaz de hacer con las manos. Quedó perdida en el momento que su mano subió más allá de la rodilla, al largo de sus muslos.

Fue en ese momento que Ryo se enteró que no llevaba ropa interior, y no pudo resistir a acariciar su clítoris. De repente, Rika se incorporó y recuperó el sentido con tanta velocidad como si le tuviesen lanzado un balde de agua fría, y retrocedió como un animal asustado.

Tentó hablar, pero no logró hacer con que saliese de su garganta una única palabra, de manera que cogió rápidamente la camisa blanca y, un segundo después, salió de casa corriendo.

Ryo la siguió para fuera, refunfuñando cualquier cosa, pero ya había salido del jardín y imaginó que no gustaría que la siguiese. La lluvia había dejado de caer y ella se había arreglado para calzar las sandalias al salir y coger su bolsa.

Pero al volver a la sala, reparó en una cosa que ella había olvidado. Y supe que debía hacer. Porque también conocía Rika y sabía que tentaría negar el que había pasado entre ellos, pero no estaba dispuesto a permitirlo.

Porque nunca había compartido con una mujer el que los dos acababan de compartir. Nunca se había sentido así y no estaba dispuesto a olvidar.

De manera que, en la martes, poco antes de la hora de cerrar, se presentó en la biblioteca con la camisola roja de Rika en la mano.

- Rika, dejaste esto en mi casa en la noche de ayer…


Me dejen saber que piensan, y se os gusta o no.
Gracias a todos los que siguen leyendo y a los que me dan apoyo con sus comentarios. Muchas gracias! ;)