Vos dejo con más un capitulo que espero que sigan gustando. Besos a todos.


Capitulo 6: Todo salió al revés.

Rika quedó paralizada y cerró los ojos. Aquello no le podía estar pasando. Debía estar soñando. Un mal sueño. Una pesadilla.

Pero abrió los ojos al escuchar la risa nerviosa de Lisa y Ryo seguía allí, con su camisola roja bailando en su dedo indicador, y la arrebató antes de se dar cuenta de que debería tener negado cualquiera relación con aquella evidencia.

- Estaba lloviendo – balbuceó. – Me mojé. La tormenta de ayer… te acuerdas, ¿no es verdad, Lisa?

Lisa estaba demasiado sorprendida para hablar y se limitó a asentir.

- Tuve que vestir ropa seca en casa de Ryo y dejé esto olvidado – añadió apresuradamente.

- Ante la chimenea – añadió Ryo.

Rika lo miró de una forma asesina antes de voltearse de nuevo para Lisa.

- Tenía frio. Te acuerdas que la temperatura bajó mucho después de la tormenta, ¿verdad?

- La encontré colgada en el quinqué – confidenció Ryo al oído de Lisa. – Y si me acuerdo la temperatura subió bastantes grados después de aquella tormenta.

Su sonrisa decía cosas que hicieran Rika sonrojarse.

- La biblioteca cierra en dos minutos. – dije entre dientes.

- ¿Que se está pasando aquí? – preguntó Henry al entrar.

- Nada – dije Rika, que estuvo casi a caer desmayada en el otro lado del balcón. – La biblioteca ya está cerrada.

- Solo he venido devolver una cosa a Rika – explicó Ryo.

- Una preciosa pieza de ropa interior – añadió Lisa.

- ¿Y que diablos hacías tú con la ropa interior de Rika? – preguntó Henry con el rostro casi tan rojo como la camisola.

- Supongo que deberás imaginar – replicó Ryo. – Te veo más tarde, Rika – dije con una sonrisa íntima, y desapareció.

- La biblioteca está cerrada – dije Rika, que ahora tenía que enfrentarse con Henry y Lisa.

- Por supuesto – dije ella, y salió con una velocidad que Rika no le había visto en años.

- Vas contarme que se está pasando ¿o no? – preguntó Henry.

- ¡La biblioteca está cerrada! – gritó a alguien que acababa de abrir la puerta.

- No me importa. – contestó Suzie. – Acabo de encontrarme con Lina e iba diciendo cualquier cosa sobre una camisola roja de Rika colgada en el quinqué de Ryo Akiyama. ¡Esa mujer perdió el juicio! Nunca escuche historia más ridícula, y fue precisamente eso que le he dijo. ¡Como si la buena Rika fuese llevar ropa interior roja! Es demasiado… sensible. La pobre ya tiene bastante sin esa clase de historias a circularen por la ciudad.

- Estoy de acuerdo. Precisamente por eso estoy tentando descubrir que está pasando – dije Henry.

Rika no dije una palabra. Sabía que, si lo hiciese, se pondría en un buen problema. Estaba furiosa con Ryo y Suzie había lanzado más leña al fuego con eso de que ella era incapaz de llevar ropa interior sexy.

- La biblioteca está cerrada – repitió, y con la llave en la mano cercó Henry y Suzie que no tuvieran otro remedio que caminar para la puerta.

- No pienso ir a ningún lado hasta descubrir que pasó – declaró Suzie.

- ¿Qué pasó? Yo te digo que pasó: he decidido dar un buen uso a mi ajuar– espetó.

- ¡Dios! – exclamó Suzie. – ¿Con Ryo Akiyama? Rika, ¿como pudiste hacer eso? Vamos terminar en la lista de los "Más buscados del Japón".

- ¿Por haber dejado una camisola en casa de Ryo? No creo.

- Ese hombre no es quién dice ser.

- ¿De que estás hablando? – preguntó Henry.

- Nada importante. Es que tiene una imaginación muy viva.

- ¿Y Akiyama? ¿También tiene una imaginación muy viva? ¿Era mentira el que él dijo que pasó en la cabaña?

- Ahora no puedo hablar de eso, Henry – dije, empurrando-o para fuera. – La biblioteca está cerrada.

- No terminé de hablar contigo – gritó, ya de la calle y con la puerta cerrada.

- Más tarde, Henry – le contestó, y suspiró aliviada cuando lo vio apartarse.

No podía enfrentarse con Henry porque primero tendría que hacerlo con Ryo, el hombre que decía estar de su lado, el hombre que tenía ganas de matar.

- Voy matarlo – murmuró mientras desligaba las luces y salía por la puerta de las traseras con la camisola en la mano.

Llegó a la cabaña de Ryo en un tiempo record y lo encontró sentado en el porche en una de las sillas, con los pies descalzos apoyados en el balcón, esperándola con una lata de cerveza en la mano.

Rika subió las escaleras y con un golpe le hizo bajar los pies.

- ¿Como es que me pudiste hacer esto? ¡En toda mi vida nunca me he sentido tan humillada! ¡Se supone que querías ayudarme, y la única cosa que hiciste fue estropear todo!

- Vamos, Rika. Estás exagerando – le contestó con gran calma y sonriendo.

- ¡No estoy exagerando! ¡Por que diablos tuviste que hacer eso ante de Henry!

- Estaba intentando ponerlo celoso, y funcionó. ¿Has visto la expresión de su rostro?

- Por supuesto que la he visto. Estaba furioso conmigo. ¡No arreglaremos las cosas nunca! Discutimos y lo tuve que poner fuera de la biblioteca.

- ¿Intentó hacerte daño? – le preguntó, poniéndose de pie en un salto.

- No, por supuesto que no. Solo quería descubrir que se estaba pasando.

Ryo se tranquilizó.

- ¿Y que le has dicho?

- No le he podido decir nada. Estaba demasiado enfadada para hablar con él.

- ¿Que se pasa, Rika? – la desafió. – ¿Temes que pueda verte tal como eres?

- ¿Qué quieres decir?

- Quiero decir que no deberías interpretar el papel de chica muy buena y tranquila cuando la verdad es que eres un torbellino y deberías sentirte orgullosa de eso.

- ¿Un torbellino como mi padre?

- Por supuesto que no. Tú no eres tu madre, ¡tú eres tú! Y deberías poder ser tu propia, sobretodo con la gente que dices amar. Mira Emerson lo ha dicho mejor: "es fácil vivir para los demás… yo los animo a vivieren para ellos mismos." Es eso que estoy haciendo, Rika. Animarte a vivir para ti misma.

- Yo ya vivo para mí misma. ¿Para quién iba vivir?

- Para Henry.

- Si así fuera, ¡habría quedado hablando con él, al revés de venir gritarte a ti!

- No quedaste porque no querías que él viese como eres de verdad.

- Ya te he dicho que me marché porque estaba demasiado enfadada para hablar con él.

- Inclusive si Henry quisiese hablar contigo para convencerte a regresares para él.

-Dudo.

- Pues yo no. ¿Que le dirías si te dijese que quería volver? ¿Aceptarías ese bastardo?

Su actitud le dolió.

- Yo lo amo, y por supuesto que lo quiero tener de nuevo a mi lado – contestó, obstinada.

- Tiene cuidado con el que deseas – refunfuñó. – Puede que lo logres.

- Ese era precisamente el objetivo de nuestro plan, ¿Te acuerdas? Recuperar Henry.

- Eso antes de que hubiéramos estado ayer por la noche a puntos de hacer el amor. ¿O ya te has olvidado como fue? Pues yo no, por supuesto. Recuerdo cada momento, cada caricia, cada beso. Debería refrescarte la memoria – dije, y sin más, la tomó en sus brazos.

No hubo preliminares en aquel beso que suavizase su ira. Pero hubo deseo y honestidad y devoró su boca con una pasión sin disfraz. Fue un beso en su manera más concentrada: apasionado, directo y irresistible.

Los ojos de Ryo Brillaran con emoción.

- Si amas ese imbécil de Henry, ¡me parece muy bien! Me aseguraré que lo logras.

Rika se dio media vuelta y, sin palabras, subió al coche y se marchó.

Ryo se dejó caer de nuevo en la silla. Quería que Rika enseñase su verdadera personalidad, que exprimiese sus emociones al revés de callarlas y, al intentar conseguirlo, había abierto la caja de pandora. Porque la quería para sí. Quería ser más que su amigo.

Pero ella había dejado muy claro que amaba Henry y eso le dolía en el más profundo de su alma. El que le hacia recordar porque se había mantenido lejos de toda la gente durante mucho tiempo: porque sentir terminaba siempre por ser doloroso. Y no servía de nada. No cambiaba las cosas.

Además, la verdad es que él no era precisamente un dulce para ella. Él era un hombre con un poco de dinero en el banco, pero sin amor en su vida. Un hombre que ni siquiera tiene la certeza de ser capaz de amar alguien, un hombre que había renunciado el intento de desarrollar sus sentimientos.

Estaba dividido entre quererla para sí y querer que fuese feliz… aún que en esa segunda posibilidad tuviese que entrar Henry. La idea lo ponía enfermo, pero no tenía otra opción, y Rika merecía ser feliz.


Rika estaba aniñada en el sofá, en su pose preferida para pensar, con el aire acondicionado direccionado a su cara. Aún así, no conseguía refrescarse. Le ardía la cara al recordar el beso de Ryo. Él tenía razón. Su reacción ante aquel beso y ante el abrazo de la noche de ayer no era el de una mujer enamorada de otro hombre. ¡Pero si se había derretido prácticamente en sus brazos!

¿Que era el que el estaba pasando? Estaba muy confusa, tanto que ni siquiera podía atribuir su reacción ante Ryo a un descontrol hormonal. Había mucho más y era precisamente eso que le asustaba. No era solo la atracción física.

Rennda subió de un salto para el brazo de la silla de brazos y de ahí bajó hasta las piernas de Rika, que estaba tan distraída pensando en Ryo que se había olvidado de todo que Alice venía aquella noche para ver una peli y comer una pizza, hasta que oyó golpearen la puerta.

- Pareces sorprendida de verme – comentó Alice. – ¿Pasa algo?

- No. Sí. Bueno, entra.

- He traído dos pelis. ¿Te parece bien?

- Sí – contestó Rika pensando en otra cosa.

- Y combiné un poco más tarde con Tom Cruise para que él pase aquí.

- Muy bien.

Alice suspiró.

- ¿Que pasa? ¿Henry de nuevo?

- Es complicado.

- Tu vida siempre lo fue – dije Alice.

- Sí parece que sí – admitió. – Y yo no quiero que sea así. Quiero que sea simple.

- Tú no eres simples, pero complicada. Te aburrirías con una cosa simple.

- Pues es una idea que, en este momento, me resulta perfecta. Creo que el de la boda cancelada me afectó el cerebro.

- ¿Sabes? He leído que le deberías decir que estás a pasar por un reajuste sentimental.

- Me parece que estoy a pasar por un montón de reajustes – murmuró.

- ¿Un montón? ¿De que estamos hablando?

- De Ryo.

- Ah.

- ¿Que quieres decir con "ah"?

- Nada. Solo lo hemos visto muchas veces por la droguería y no hay muchos hombres como él en Shinjucku.

- ¿Qué clase de hombres?

- Complicado – contestó con una sonrisa. – Venga, cuéntame todo sobre Ryo y tú.

- Ya sabes que éramos amigos de pequeños.

Alice asintió.

- También que te llevó la camisola roja a la biblioteca. Lina pasó por la droguería esta tarde y dijo que la camisola roja estaba colgada en el quinqué.

- Sigo sin conseguir creer que haya tenido el coraje de hacerlo. Si pudiese, ¡lo tendría muerto!

- ¿Y como es que tu camisola terminó en la pose de Ryo?

- ¿Te acuerdas de la tormenta de domingo? Pues estábamos en el lago cuando empezó a llover, de manera que nos mojamos. Coloqué ropa seca en su casa.

- Pues parece una cosa muy inocente.

Rika parecía sentirse culpada.

- Hay más, ¿no? – Alice asintió. – Venga, Rika. Cuéntame los detalles.

- Me besó. Ante la chimenea.

- ¿Y?

- Y una cosa llevó a otra… y fue increíble.

- Quieres decir que los dos...

- No, no llegamos a hacer el amor, pero estuvimos muy cerca. Demasiado cerca, Alice. ¡Se supone que iba a casar con Henry y he estado a puntos de hacerlo con Ryo!

- Podría ser peor – contestó con una sonrisa.

- Estoy hablando en serio.

- Yo también. Entonces, estás empezando a sentir algo por Ryo. ¿Tienes la certeza de que no es solo debido al facto de Henry te haber dejado?

- En este momento no tengo certeza de nada.

- ¿Y Ryo? ¿Qué siente él por ti?

- Yo que sé. Está intentando ayudarme a superar una situación difícil. Inventamos este plan para que la gente deje de tener pena de mí, para dejaren de pensar en mi como "pobre Rika".

- Pues lo lograste. Ahora es Rika, la salvaje.

- No necesito de más escándalos unidos a mi nombre, gracias.

- Era una broma. Ya sabes que la gente te respecta en esta ciudad. ¿Si no porque crees que la gente se admiró tanto por Henry haber hecho el que hizo?

- Porque él es una persona muy popular en Shinjucku.

- Y tú también.

- No lo sé.

- pues yo sí. De manera que Ryo solo está intentando ayudarte, solo quiere prestar su apoyo a una amiga. Pues la verdad es que sus sentimientos no me parecen estrictamente de amistad, Rika.

- ¿Y que es que puedo hacer?

- ¿Y como quieres que lo sepa?

- ¿Qué harías si estuvieras en mi lugar?

- No lo sé. No sé si podría volver a confiar en Henry después del que hizo.

Rika se dio cuenta que Alice daba a su voz un miedo interno que ella propia tuvo y que había intentado silenciar.

- Ryo cree que soy una gilipollas simplemente por considerar la posibilidad – admitió.

- El amor torna las personas tontas.

- Sí, pero no tengo certeza de amar Henry como lo amaba antes. Si así fuera, ¿podría estar sintiendo el que siento por Ryo?

- Es muy atrayente.

- Y mucho más que eso. Cuando estoy con él, me siento… - era difícil explicarlo en palabras – Hay muchas cosas. Puedo ser yo misma con él, ¿sabes? Puedo gritarle, Puedo reírme con él, y también puedo estar en silencio.

- No tengo dudas de que no has dicho ni una palabra ante la chimenea – bromeó.

Rika le golpeó el brazo.

- No hablaba de eso.

- Ya lo sé. Pero no me parece que posamos solucionar este problema en una noche y estoy muerta de hambre. ¿Cuando traen las pizzas?

- ¡No! Me he olvidado de pedirlas.

- Perfecto. ¡Eres una óptima anfitriona!

- Ya te compensaré.

- ¿Cómo?

- Esperaremos las pizzas mientras comemos helado de chocolate con galletas.

- ¡Vale!

Después del helado, de la pizza y de la peli, Alice secó las lágrimas mientras Rika retrocedía la cinta.

- Que beso – suspiró. – y la escena en que le dijo "te encontraré" – repitió, y volvió a suspirar. – ¿Donde es que hay un hombre cómo ese?

- En las pelis – contestó Rika.

- ¿Te has dado cuenta que Ryo es parecido con él, el de la peli? No lleva el pelo tan largo, pero tiene un cuerpo parecido. Y por supuesto, aparenta tener personalidad propia, de no se dejar llevar, de ser esa clase de hombres que abren su propia camino. Tú conoces Ryo mejor que yo. ¿Acerté en la descripción?

- Bastante – contestó con suavidad.

- Rika… ¿que vas hacer?

Entonces fue Rika quién suspiró.

- No hago ni idea.


Henry la esperaba en la mañana siguiente cuando llegó a la biblioteca, y su expresión no era propiamente la de "bienvenida".

- Henry, no quiero tratar de asuntos personales en el trabajo.

- Te busqué ayer, pero Alice estuvo en tu casa hasta tarde. Además, creí que seria mejor que nos visemos en un sitio publico. Ya hay bastantes cotilleos sobre ti.

El tono crítico de su voz la puso de los nervios.

- No he sido yo quién anuló nuestro compromiso – le recordó mientras encendía las luces de la biblioteca. – Elegiste Rose, de manera que el que yo haga no es asunto tuyo.

- Por supuesto que es asunto mío. Eras mi novia y el que haces se refleje en mí.

Rika se volteó para mirarlo.

- ¡Vete al infierno, Henry! ¿Y el que haces no se refleje en mí? ¡Huir con Rose diez días antes de tu boda no es una clase de cosas que sean de buena impresión!

- No es propio de ti hablar así.

- ¿Y que sabes tú de mí?

- ¿Cómo puedes decir eso? – parecía herido por el comentario. – Por supuesto que te conozco. Te conozco muy bien y hace años.

- Yo también creía que te conocía muy bien, Henry. Y el hombre que yo conocía nunca habría hecho el que tú hiciste.

Henry se movió inquieto.

- Ya te he dicho que lo siento que las cosas hayan salido así.

- Que lo sientes no es suficiente, Henry.

- ¿Que quieres de mí?

"Que las cosas vuelvan a ser el que eran", pensó. "Sin complicaciones. Simples. En las que una persona pueda fiarse".

"¿Pero hasta que punto es que puedo fiarme en él cuando me ha dejado casi en el altar? Inclusive, he pensado que podía fiarme de Ryo, y nunca había esperado que hiciese una cosa así."

- Mira, Rika, estoy muy confuso en este momento – confesó en voz baja. – Se pasaran muchas cosas, ¿sabes?

- Ya lo sé – suspiró.

- Lo siento haberme puesto cómo loco contigo. Con l asunto de Akiyama quiero decir. Es que, al imaginarte con él… no puedo ocultarte que siento cualquier cosa por ti.

- Ah, ¿sí?

- Por supuesto. No soy insensible, aún que la gente lo crea. Están todos de tu lado en este asunto, y seguramente tienen razón, pero no me parecí bien casarme contigo si sentía cualquier cosa por Rose.

Rika reparó que había dicho "sentía" y no "siento".

- Solo quiero que seas feliz, Rika – dije, y le acarició el rostro, y un instante después desapareció.

Rika sintió que las lágrimas le inundaban los ojos. Primero Ryo quería que fuera feliz y ahora Henry también quería que lo fuera. Y todo eso estaba muy bien, siempre que supiese el podía hacerla feliz.

Aquellas dudas la invadían precisamente cuando daba la impresión de estar haciendo progresos con Henry, empezaba a preguntarse si de verdad lo quería recuperar. ¿Cómo es posible que solamente tres semanas antes estuviese estado locamente apasionada por él? Y en cima ahora empezaba a sentir cualquier cosa por Ryo, una cosa que iba más allá de amistad. ¿Cómo es que se podía fiar de si?

- Que lio – murmuró en alta voz.

- Estoy de acuerdo – contestó Suzie. – Es increíble que la gente deje así los libros por la mesas. ¿Ya recibiste ese libro de criminología?

- No he tenido tiempo de inspeccionar el pedido de intercambio entre bibliotecas que recibí ayer por la noche. Espera un momento, que ya lo veo. – Rika abrió una caja y sacó una lista. – Sí, aquí está.

- ¡Fantástico! – Suzie cogió el libro así que Rika terminó con los papeles, y después de leer el índice apuntó el capítulo de "impresiones digitales". - ¡Perfecto! Gracias por lograrlo para mí – dije, casi de la puerta. – Te veo mañana.

- ¿No te has olvidado de algo? – le recordó. – No asignaste el papel.

- Es verdad. No sé donde tengo la cabeza Suzie volvió y le devolvió el libro para sacar el papel de la biblioteca la mala. – ¿Has visto Ryo hoy?

- No.

- Deberías tener cuidado con él, Rika. No es cómo los demás chicos de aquí. Tiene ideas raras.

"Y besa cómo el propio demonio".

- Escucha bien el que te voy decir: no saldrá nada bueno de su estadía en Shinjucku – proclamó Suzie antes de salir con el libro el las manos.

Rika recibió con gusto la hora de lectura que tenía programada para aquella tarde, porque sería imposible seguir dando vueltas a la situación teniendo que entretener quince niños entre los dos y los cinco años. Leerles en alta voz requería toda su atención.

Aquella era una de las partes favoritas de su trabajo: contemplar cómo los niños aprendían a descubrir la magia de los libros y de los cuentos que contenían. El grupo de niños estaba sentado a su alrededor y cundo por fin terminó el que el cuento que les estaba leyendo, tuvo la sensación de que aquel día de trabajo le había rendido mucho.

Además de la hora de lectura, había inspeccionado las fichas de la semana anterior y preparado el panfleto para la campaña anual para la biblioteca que se celebraría en el mes siguiente.

La verdad es que su trabajo había sido su salva-vidas durante momentos duros de su vida. Le proporcionaba una sensación de estructura, de estabilidad, y ahora más que nunca necesitaba esa estabilidad, porque su mundo había quedado al revés.


- Has sido muy amable en aceptar nuestra invitación para tomar un té – dije Jen a Ryo. Llevaba guantes blancos rendados que las damas de antes llevaban.

- Había una cosa que necesitaba decirme sobre Rika – le recordó, dado que la invitación había sido más un decreto real que otra cosa.

- Es cierto. Pasa y siéntate.

Ryo se sentó en un pequeño sofá que el recordaba el asiento utilitario que alquiló una vez. Ahora, cómo en ese momento tenía las rodillas bajo la barbilla.

- Suzie y tú pueden hablar mientras traigo el té.

Cuando Suzie lo miró, Ryo ni pestañeó. Estaba tramando algo, sin duda.

- ¿Qué es el que querían decir de Rika?

- Todo a su tiempo, mi querido amigo – dije con altivez. – Tienes demasiada prisa. Supongo que es una consecuencia de vivir en la ciudad. ¿En que ciudad has dicho que vivías?

- No lo he dicho.

- ¿Porque no? ¿Es que estás intentando ocultar alguna cosa?

Ryo se removió en el asiento tentando acomodarse. Estaba claro que aquella visita sería larga.

- Vivo en Chiba.

- Me alegro por ti. ¿Y a que te dedicas?

- Soy arquitecto.

- Arquitecto. Que interesante. Una vez he ido a Chicago y he visto uno trabajo de Frank Lloyd Wright. Mies van der Rohe proyectó la torre Sears en Chicago, ¿no es verdad?

- No – Ryo intentó reprimir la risa con aquella deliberada tentativa de confundirle provocó. – La torre Sears fue dibujada por la firma de arquitectos Skidmore, Owings and Merril.

- Ah. Pero por supuesto, tratándose de Chicago, es una cosa fácil de saber. ¿Y tus padres, a que se dedican?

- A bastante poco – contestó. – Están reformados.

- ¿Y antes de se reformaren? – presionó.

Ryo evitó tener que contestar con la llegada de Jen, y se levantó de su asiento para coger la bandeja.

- Gracias – murmuró Jen, antes de sentarse en una silla. – Déjala en la mesa. ¿Cómo quieres el té, Ryo? ¿Con leche o con limón?

- Con leche.

- ¿Azúcar? – le preguntó, acercándole la taza de azúcar.

Ryo tomó dos colleres de azúcar. Aquella taza tan pequeña parecía perdida en sus manos. Al beber se quemó.

- ¡Oh! Está demasiado caliente. Debería haberte avisado – se disculpó Jen.

- Dame – le ordenó Suzie, sacándole el plato y la taza del té y dándole un vaso de agua en su ligar. – Bebe esto.

Ryo bebió el vaso todo de una vez.

- Ya está – dije, y volvió a coger el vaso cómo si fuese un tesoro. Hasta lo llevó para la cocina.

- Lo siento mucho – dije Jen de nuevo.

Ryo también lo lamentaba. Había quemado completamente la lengua, y todo aquello para obtener información sobre Rika, información que ellas no parecían tener prisa en compartir.

- Para su sorpresa, no le hicieran preguntas sobre el incidente de unos días antes en la biblioteca, cuando devolvió la camisola a Rika. Realmente, Suzie no tocó para nada el tema de Rika. Parecía mucho más interesada en su pasado.

Cómo el interrogatorio duró más de una hora, Ryo no pudo resistirse también él una pregunta:

- ¿Tienen algún antepasado español, por casualidad?

- Por supuesto que no – replicó Suzie. – ¿El que es que te hizo preguntar si tenemos algún antepasado español?

- El interrogatorio – confesó Ryo.

- Acabo de leer un libro sobre la inquisición española – comentó Jen. – El héroe salvaba la heroína en el último momento…

- Eso no pasan de fantasías – cortó Suzie, y se volteó para Ryo, añadiendo: - Lo siento si nuestras preguntas te ofenderán, y en ese caso, no te retenemos más.

Ryo se vio casi lanzado para la calle, y cuando la puerta se cerró a su espalda, reparó que no sabía nada más de Rika del que había sabido al llegar.


Para alivio de Rika, los últimos dos días habían sido bastante tranquilos, el que le había permitido concentrarse más en su trabajo. Ni Ryo, ni Henry, ni Suzie y Jen habían aparecido y su ausencia le había dejado un aire precioso para respirar.

Era la primera hora de la tarde y estaba allí fuera a regar los geranios blancos y rosa que tenía dejado en la ventana de la sala, con su gata observando todos sus movimientos de dentro de la ventana, cuando vio Jen pasar.

- ¡Venga! Esos tus pobres geranios están un poco secos – comentó al pasar junto a ella. – Los dientes de león están preciosos.

Rika estuvo a puntos de soltar la manguera y llegó a salpicar la ventana. Rennda bajó de un salto.

- Sé bastante de la vida, cariño – añadió con una sonrisa. – Pero volvamos a tus geranios. ¿Sabes que los geranios rosa son usados en pociones románticas, al paso que los blancos sirven para incrementar la fertilidad? Lo he leído en una novela que estoy leyendo ahora. Ryo Akiyama podría haber posado para la capa. Es una novel antigua y él tiene aspecto de caballero, con esas piernas largas y su bello rostro. Me he enterado esta tarde, mientras tomábamos el té en casa. Estuvo casi dos horas, hasta que Suzie terminó por ponerlo en la calle con tanta pregunta.

-¿Qué? ¿Han invitado Ryo para tomar un té? ¿Pará qué?

Rika sabía que la pregunta era un poco brusca, pero imaginar Suzie y Jen a cocer el pobre Ryo con tantas preguntas durante dos horas era demasiado fuerte para poder resistir.

- ¿Pará qué? Bien, eh… supongo que para ser buenos vecinos, por supuesto.

- Jen, dime la verdad. Suzie no seguirá creyendo que Ryo es un impostor, ¿no es verdad?

- Es una cosa que no puedo decir, pero no creo que Ryo haya matado alguien – sorprendida por sus propias palabras. – Debería haberte dicho esto. No digas a Suzie que te lo he dicho o tendremos una discusión. Está convencida de que Ryo asesinó el verdadero Ryo para usar su personalidad. Al fin y al cabo, el sobrino de Irene era tan poca cosa…

- Cree Jen: Ryo es el sobrino de Irene, pero con un aspecto diferente.

- Ya conoces Suzie. Le gusta mucho los misterios.

- Y si no hay, los inventa – murmuró.

- Sí, bueno… es verdad.

- ¿Por eso tenía tanto interés en ese libro de criminología? ¿Por qué quería hacer una experiencia con Ryo? – apareció ante de sus ojos la imagen de Suzie señalando uno de los capítulos del libro. - ¡Impresiones digitales!

Jen dio un salto de culpabilidad.

- No tomaron las impresiones digitales de Ryo, ¿pues no?

- No fue idea mía – se disculpó Jen.

- ¿Qué le hicieran? ¿Lo han obligado a poner los dedos en una almohada de tinta? ¿Sacarle una fotografía?

- Por supuesto que no. No somos tan groseras – protestó Jen. – Tomamos sus impresiones digitales en un vaso. Suzie fue ahora mismo para la comisaría con ellas.


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Gracias a todos por el apoyo que me dan ;)