Historia 4 Mime: Las palabras no son todos

Las aves cantan, el sol brilla, las copas de los árboles se mecen junto a la suave brisa que levanta el aroma a pasto mojado y flores crecientes. Los niños aplaudían divertidos, mientras que los padres se quedaban parados tras de ellos, divertidos de alguna forma, todos formando una ronda alrededor del espectáculo del mimo de cabello morado.

El joven sin decir una palabra hacia a todos reír, jugando con los niños, haciendo un acto con cosas que no están ahí, pero que de todas formas te sacaban carcajadas, el joven Mime sabia muy bien como hacer su espectáculo.

El público reía, aplaudía y aclamaba. El joven sonreía a todos y los saludaba con gracia, hasta que poso su mirada en una chica de rojiza mirada.

Prendido se quedo el mimo de la joven que con diversión lo miraba, aunque ella rodeada de sus amigos estaba. ¿Era posible poder hablarle? Mimo era y mimo debía seguir siendo en su acto.

Un paso decidido dio primero, y aun que caminaba como si sus pies clavados estuvieran, siguió avanzando hasta la joven. De rodilla se puso, la mano en su corazón puso y como si se lo sacara hizo y a la joven se lo dio. Todo el publico río divertido, y la joven sonrojada, una pequeña sonrisa le dio, y acepto ese invisible regalo, y un ojo le guiño, haciendo a nuestro mimo pasar de rostro blanco a rojo.