Disclaimer: Los personajes no me pertenecen son de Stephenie Meyer. La historia es completamente mía.

Advertencia: Esta historia trata sobre temas delicados. Incesto, temas religiosos, embarazo adolescente, aborto. Además de que contendrá un alto contenido sexual. Si no te gustan estos temas eres libre de no leer. Sobre advertencia no hay engaño +18

Sumary: Dicen que el amor todo lo puede.

¿Entonces? ¿Puede un amor luchar contra los lazos de sangre?

¿Puede superar las reglas ya preestablecidas por la sociedad?

Una historia de amor, odio e injusticias.

Donde hay muchos secretos y mentiras y nada es lo que parece.

—Bella por favor… —un gemido de placer brotó de la garganta de él— detente… esto no es correcto—tragó en seco, mientras dudaba si debía retroceder o no.

— ¿Y?, ¿cómo si eso me importara?, —el dolor se hizo presente en ella— lo nuestro está más allá de cualquier límite, ¿por qué siempre te resistes?, —ella bajó la vista a sus pies, tratando de evitar sus ojos— ¿acaso no me amas?

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"Sobre todo, tened entre vosotros un ferviente amor, porque el amor cubre una multitud de pecados"

1 Pedro 4:8

"Nos gusta pensar que somos seres racionales: Humanos, conscientes, civilizados… Pero cuando las cosas se desmoronan, aunque sólo sea un poquito, la situación se aclara; No somos mejor que los animales. Tenemos pulgares… Pensamos… Caminamos erectos… Hablamos… Soñamos… Pero en el fondo, seguimos atados a nuestras raíces primitivas, mordiendo, sujetando, rasguñando la existencia en este frío y oscuro mundo como el resto de los sapos de árbol y perezosos.

Somos los guardianes de nuestra propia humanidad. A pesar de la bestia que hay dentro de todos nosotros… Lo que nos hace diferentes de los animales, si se puede pensar, el sentir, soñar y amar. Y a pesar de todas las rarezas, contra todo instinto… Evolucionamos."

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Los Cullen acostumbraban asistir a una pequeña capilla a las afueras de Forks. Desde que tenía memoria, Edward Cullen acompañaba a sus padres a aquel sitio donde para él se rendía culto a la hipocresía y al hedonismo.

Ahora a sus dieciséis años, tomó la decisión de olvidarse de lo que para el eran ridiculeces.

Aquel domingo sería la última vez que asistiría a ese sitio, no por algo le había costado muchas discusiones con su madre, solo tendría que soportar una vez más y se olvidaría de todas esas sandeces.

— "Cuando Dios borra, es que va a escribir algo"—. Sonrió ante la idea lo incoherente que aquello sonó para él.

Solo un par de minutos más y se acabaría su tormento. Posó su mirada al frente y se arrepintió en el acto, recordó el motivo por el cual hoy se encontraba en ese lugar. Echó la cabeza hacia atrás, un largo suspiro escapó de sus labios, llevó ambas manos a su cabello y tiró de él.

— "Encomiéndate a Dios de todo corazón, que muchas veces suele llover sus misericordias en el tiempo que están más secas las esperanzas"—. Isabella se encontraba seis bancas adelante, sus cabellos apenas sujetos por un par de cintas azules. Sin duda ella creía en él, sin duda confiaba en cada una de esas tontas palabras.

Isabella volteó y le dedicó una fugaz sonrisa. Jugueteó con su cabello y volvió a fijar su mirada al frente, un gruñido escapó de sus labios.

—"Aquel que puede negar a Dios ante una noche estrellada, ante la sepultura de sus seres más queridos, ante el martirio, es o un gran infeliz o un gran culpable"—. Había perdido el hilo de sus propios pensamientos, una punzada en el estómago le regresó a la realidad, aunque todo lo que dijera aquel señor vestido con una sotana blanca fuera pura mentira, había un dejo de realidad, él amaba a la persona equivocada.

Aquella frase aún retumbaba en su cabeza. En definitiva Edward era culpable de amar a Isabella.

...

Él nunca había sido exactamente lo que la sociedad exigía, y por ese motivo era llamado frikie, tampoco era como si realmente le importará mucho lo que la sociedad dictará. Para él sólo existía una cosa importante, y era su familia, lo demás se podía irse al diablo.

Familia, familia, familia... Una palabra cuyo significado le torturaba y desangraba una parte de su alma.

Constantemente se cuestionaba sobre lo que muchos llamarían las verdades del universo, el origen de la vida y el pecado original.

Conflictuaciones* a las que su psique buscaba una lógica y respuestas.

En más de una ocasión quiso cambiar aquella verdad que le susurraba la más fea blasfemia.

La mayoría de las personas suelen pensar que amar es sinónimo de sentir, pero él había descubierto que eran puras patrañas y mentira. Para él amar siempre había significado más que un sentimiento desde su primera infancia y a lo largo del principio de su adolescencia, él fue borrando esas ideas del amor romántico.

Porque como bien su lado analítico le decía, amar es una decisión, amar es aceptar responsablemente qué a pesar de las múltiples dificultades, siempre vas a estar ahí para la otra persona.

Pero ¿qué hacer cuando sus propias creencias se contradecían? Cuando él se daba cuenta que su no podía ir contra su propio significado del amor, porque aunque lo quisiera negar, si existían circunstancias que su decisión de amarla.

Porque su pecho y estómago le dolían cada vez que aquellos ojos marrones se fijaban en los de él.

Porque tenía toda la seguridad de que el corazón era sólo un órgano que se encargaba de bombear sangre a todo su cuerpo y que su cerebro debía de cumplir mejor su función, debía razonar y hacer recapacitar a su sistema límbico para redirigir sus señales.

Debería exigir una lobotomía o un reacomodo, ya que 12 áreas del cerebro que trabajan conjuntamente para liberar las sustancias químicas que inducen euforia, como la dopamina, la oxitocina, la vasopresina o la adrenalina, no podrían estar todas erradas.

Edward Cullen siempre se había considerado un hombre afortunado, un hombre con un espíritu científico y siempre había rechazado todas esas babosadas que representaba el amor.

Edward Cullen en ese instante se dio cuenta de que había caído en una espiral de degradaciones, y lo peor era que gustoso lo aceptaría.

Claro, gustoso aceptaría cualquier consecuencia que le trajera amar a Isabella.

...

"No creo que Dios quiera exactamente que seamos felices, quiere que seamos capaces de amar y de ser amados, quiere que maduremos, y yo sugiero que precisamente porque Dios nos ama nos concedió el don de sufrir; o por decirlo de otro modo: el dolor es el megáfono que Dios utiliza para despertar a un mundo de sordos; porque somos como bloques de piedra, a partir de los cuales el escultor poco a poco va formando la figura de un hombre, los golpes de su cincel que tanto daño nos hacen también nos hacen más perfectos"

Isabella veía una luz al final del túnel, quizás, solo quizás.

— ¡ISABELLA MARIE SWAN! ¡Por el amor de Dios! ¡Puedes alguna sola vez en tu vida escucharme cuando hablo! —los gritos casi histéricos de Alice le sacaron de aquel profundo trance en el que se encontraba.

—Alice —Le sonrió a la que era su mejor amiga de toda la vida—, a qué viene tanto alboroto.

—Bella, es que tú nunca recuerdas nada —un mohín enmarcaba su rostro—, me tuve que enterar por mi madre de tu partida a Phoenix.

—Creo que alguien no ha ingerido suficiente proteína el día de hoy —ella le regaló una sonrisa burlona—, es más, creo que sería bueno que antes de venir con tus melodramas comas algo.

— ¡Isabella Marie Swan! ¿Cómo te atreves a hablarme así? ¡Yo soy tu coach! ¡Tú mejor amiga! ¡Tú prima! ¡Tú hermana! ¡Casi tu alma gemela!

—Alice Cullen yo Bella Swan, hermana, mejor amiga, casi alma gemela tuya, debo decirte algo. Alice, solo me iré por un mes, no más que eso, y quizás regresemos antes. Digo ya sabes que mi madre no le agrada mucho la idea de ir a Phoenix y dejar por mucho tiempo la congregación. Así que te garantizo que volveré pronto.

—Bella, tú no le has dicho nada de esto a Edward, ¿o me equivoco?

—No es como si tuviera que informarle cada paso que doy—el tono mordaz que utilizó Isabella no le pasó desapercibido a Alice.

—Ajá, ustedes son casi tan mejores amigos como lo somos tú y yo, la única diferencia es que él no tiene estilo y obviamente es hombre.

La suave risa de Bella llenó su habitación, Edward llevaba un par de minutos observándolas.

—Alice, podrías dejarnos un momento a solas —sugirió Edward —, no sé, pero se me hace muy interesante todo eso de Phoenix y la relación yuri*-incestuosa de ustedes dos.

Una mezcla de dolor y asombro fue lo que el rostro de Bella reflejó al escuchar la palabra incestuosa.

—Edward Cullen deja de usar palabras raras conjugadas con mi nombre.

—Eres tan boba, dónde ves una conjugación—le retó su hermano.

Alice le dedicó una mirada de odio, le sacó la lengua y se marchó aporreando la puerta teatralmente. Él se acercó a la puerta y le puso el seguro. Ansiaba tanto hablar con ella a solas, que no deseaba interrupciones.

— ¡Cómo te atreves a utilizar esa horrible palabra cerca de tu hermana!

—Así que te vas de Forks—dolor, era justo lo que el sentía en ese instante.

—Solo es por un par de semanas, no más que eso, además no me cambies el tema, sabes muy bien que lo que acabas de decirle está completamente fuera de lugar.

—Así, a mí me parece que no del todo, eran ustedes las que hablaban de almas gemelas de una manera tan rara—el gesto juguetón que su primo le regaló no fue lo suficientemente bueno para aplacar su ira.

—Pues absolutamente nada que ver, la única relación incestuosa que existe aquí es entre tú y yo y no quiero escucharte replicar más del tema.

—Era solo una broma Swan— reprimió la sonrisa que le causaba la ligereza con la que hablaban de su situación.

—Me sacas de mis casillas Cullen.

—Supongo que no te veré un par días.

—Semanas dije —se mordió el labio inferior—, después de eso volveremos a vernos.

— ¿Puedo preguntar cómo está eso de la única relación incestuosa de la familia?

—Estupideces que me haces decir, eso es todo—su rostro se ensombreció, presa de la tristeza que le causaba el saber que nunca podría ser una relación.

—Bella, ¿por qué está mal? Yo te amo, tú me amas, estamos seguros de que no es capricho tonto. Entonces, ¿por qué no puede ser?

—Además del hecho de que por nuestras venas corre la misma sangre, no lo sé —ironizó—. ¿Y si nos equivocamos y solo es un capricho tonto?

Edward redujo la distancia que los separaba, Bella tuvo que contener un jadeo cuando entre sus cuerpos no había más de un centímetro de distancia. Él apoyó su frente contra la de su prima, sus manos de deslizaron hasta tomar las de Bella, la calidez de su cuerpo le perturbaba.

—Bella, yo te amo, justo ahora no pudo ofrecerte nada pues estoy al tanto de mis carencias y mi nula capacidad económica, pero no será por mucho, en un par de años podré darte todo lo que mereces.

—No es como si el pasar de los años hiciera que dejáramos de ser familia.

—Isabella, si yo pudiera hacerme una transfusión y drenar toda la sangre que corre por mis venas, te juro que lo haría—ella no dudó ni por un segundo de él, pero estaba completamente segura de que era completamente imposible dejar de ser primo hermanos. Además del evidente hecho de que no le pediría que se drenará la sangre, y sobre todo que aquello comenzaba a sonar tan ridículo.

— ¿Cómo es que llegamos a esto? Tengo miedo, siento que estamos cometiendo un pecado muy grande. Uno por el cual merecemos el infierno.

—Bella —sonrió de lado—, no podemos merecer algo que no existe, sabes muy bien lo que pienso.

—No porque tú no creas significa que no exista—respondió frunciendo el ceño—. Creo que mi Padre nunca podría perdonarnos—la angustia impregnaba su voz.

Edward le liberó las manos para rodearle la cintura con sus brazos. Bella enterró el rostro en su pecho.

—Si tu Dios es tan bueno y benevolente como tú crees —trató por todos los medios de sonar sarcástico—, el sabrá que no hay pecado, recuerda bien " Y sobre todo, tened entre vosotros un ferviente amor, porque el amor cubre una multitud de pecados" 1 Pedro 4:8.

En el fondo él deseaba poder cambiar las cosas, deseaba tanto que existiera un error que pudiera decirles que no existía una relación consanguínea entre ambos. Pero a veces desear no es suficiente.

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Yuri* Así se le llama al género en el anime que trata de relaciones entre dos chicas. El usa la palabra haciendo esa referencia.

*Conflictuaciones: Deformación de una palabra, pero que sonaba también que no pude negarme a incorporarla l texto e.e