Advertencia: Esta historia trata sobre temas delicados. Incesto, temas religiosos, embarazo adolescente, aborto. Además de que contendrá un alto contenido sexual. Si no te gustan estos temas eres libre de no leer. Sobre advertencia no hay engaño +18
Amortiguando el corazón
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Muchas gracias a mi beta Gaby por tomarse la molestia de revisar mi capitulo y ayudarme a que esto fuera medianamente decente. Besotes hermosa sabes que eres parte esencial de este proyecto
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Muchas veces a pesar de tener el corazón roto y herido, no queda otra que limpiarse las lágrimas y sonreír. Dyane Montero
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Al dolor solo hay que aguantarlo, esperar a que se vaya por sí solo y a que la herida que lo ha causado cicatrice. No hay soluciones ni respuestas sencillas, solo hay que respirar hondo y esperar a que se calme. Algunas veces puede desaparecer pronto, otras quizás, en vez de desaparecer incrementa día con día.
Isabella nunca imaginó que vivir enamorada del mismo chico durante tanto tiempo, podría siquiera ser considerado un pecado.
La gente solía pensar y por supuesto hacérselo saber todo el tiempo, que Edward, era uno de los futuros mejores partidos en Forks. Hablaban desde su estatus social, su futuro, y claro de su dinero. Pero para ella todas aquellas cosas sólo eran etiquetas absurdas. Edward era el mejor chico que había conocido, así de simple, sin palabras de más, sin adornos ni ningún tipo de etiqueta impuesta.
Pero, no siempre podemos planear de quien nos enamoramos, simplemente ocurre y es algo que no puedes evitar y viene a modificar la forma en que se percibe el mundo. Eso es lo que pasó a Isabella, se enamoró de su mejor amigo, y ella estaba dispuesta a arriesgarlo todo por su amor sí tan solo este fuese correspondido.
La soledad y tristeza invadían cada rincón de su habitación; de nada le sirvieron los miles de intentos para dibujar una simple sonrisa en su rostro, ella se removía impacientemente entre sus sábanas mientras un fuerte dolor le surcaba desde las sienes hasta la nuca. Definitivamente pensar demasiado no era para nada bueno.
Sentía una opresión en el pecho y un nudo en la garganta que le impedía articular palabras; sí alguien le hubiera dicho que estar enamorada dolería como la mierda, nunca se hubiera permitido caer ante tal situación. Al menos era lo que se repetía una y otra vez.
— ¡Maldita sea, Edward Cullen!— gimoteó contra su almohada, tratando de dejar en ella parte de su dolor.
Era un hecho tangible, apestaba y en todas las maneras posibles, su mente era tan sádica que insistía en plasmar imágenes dolorosas. El dolor le acosaba atormentándola cada segundo que intentaba olvidar, se preguntaba cómo era posible que una actitud fuera tan contradictoria y le abrumaba tanto no poder comprender a su Edward.
Fingir que no pasó nada no fue una tarea fácil, tuvo que secar sus lágrimas y disfrazar su dolor tras una máscara de la más pura hipocresía. La peor parte fue quedarse hasta la cena y tener que compartir la mesa con todas aquellas personas ignorantes de su dolor, aunque debía de admitir que para los presentes su este sería merecedor de los más atroces castigos y penas.
Isabella no esperaba encontrarse con los chicos, Jasper, Demetri, Félix y Alec; aquellos jóvenes con los que pasó muchos momentos alegres de su infancia. Si, ellos fueron testigos silenciosos del dolor más grande en su vida. Bella sonrió recordándolos, eran sus amigos y compañeros en todo momento.
Sin poder, ni querer resistir más, Isabella se dejó llevar, se alejó de su habitación y una vez más revivió cada detalle de aquella tarde.
Había perdido ya la cuenta de las veces que se sumergía en sus recuerdos.
—Eres una maldita sádica Isabella —se reprochó—. Sí tan sólo las cosas fueran mucho más fáciles.
Bella se levantó de su cama, arrastró los pies hasta llegar a su escritorio, en el había un marco con una imagen, la tomó entre sus manos y la pegó a su pecho.
—Padre, por favor dame fuerzas para poder soportar todo esto —un gemido se escapó de sus labios—. Padre dame fuerzas para poder alejarme de la tentación— las lágrimas corrieron desesperadas por sus mejillas—. Padre… Sé que soy un alma descarriada, pero por favor ¡ayúdame! ¡Borra este dolor de mi alma, porque por mucho que lo intento no puedo dejar de amarle! ¡Por favor saca a Edward Cullen de mi mente!
Ella se mordió los labios en un intento de contenerse, no podía permitir que nadie la viera en ese estado, eso levantaría sospechas y preguntas y no estaba lista para dar respuestas.
No puso resistencia a sus emociones, se desplomó en el suelo, el hoyo en su corazón se hacía cada vez más grande. Sus sollozos eran amortiguados por la cara interna de su mejilla, el sabor a sangre le hizo reaccionar, sentía que de seguir así vomitaría, su estómago estaba revuelto.
Intentó levantarse, pero su cuerpo se oponía, un par de intentos fueron suficientes hasta que logró ponerse de pie.
Se sentó en el borde de su cama abrazando sus rodillas con ambas manos, respiró profundamente por lo que le pareció una eternidad. Estiró una de sus manos para tomar un espejo que se encontraba en su buro.
Lo que el reflejo le mostraba no era para nada agradable, su rostro se encontraba enmarcado por las ojeras, sus labios estaban hinchados y corría sangre por las comisuras. Se llevó su otra mano a su rostro, vaya que tendría que hacer un buen trabajo para cubrir aquel catástrofe, bufo, estaba tan cansada que solo deseaba cerrar los ojos y olvidarse del mundo.
O más bien de su mundo.
Edward se había pasado el resto de la noche en vela, no podía entender nada de lo que estaba pasando, sabía que todo esto era demasiado malo, pero por mucho que se repetía eso, una parte de él se negaba a soltarla y dejarle ir.
Se cuestionaba el porqué de muchas cosas, pero sobre todo no entendía por que le era tan difícil verla cerca de Jasper. Llevaba años repitiéndose una y otra vez que todos esos sentimientos eran indebidos, y a pesar de los múltiples intentos no había tenido resultados positivos.
El repiqueteo constante de su móvil le sacó de su trance, miró el número que se dibujaba en la pantalla enmarcada por el nombre de Ángela; en realidad él no tenía ganas de hablar con nadie, pero le debía tantos favores a esa chica que a pesar de todo hizo el intento de sonar tranquilo.
—Si… Diga.
—Edward, soy yo… Angie— repuso ella del otro lado de la línea —. Sé que Te había dicho que iría a tu casa, pero me surgió algo y no puedo salir de casa.
Tomó una bocanada de aire antes de contestar.
—Hola Ángela, ¿para qué soy bueno? —Edward se había acostumbrado que muchas de las personas le llamaran para pedirle favores.
—Me enteré de que tu prima regresó —ella había puesto el dedo en la herida que todavía estaba sangrando. Una mueca se dibujó en su rostro—. Bueno a lo que iba van a hacer una Expo Anime en las afueras de Port Angeles y me preguntaba si a ti y a los chicos les interesaría ir conmigo, ya ves, no me gustaría ir sola. Por favor—rogó Ángela.
—Claro, por qué no—su respuesta fue breve, por mucho que le entusiasmara la idea no estaba de humor para pensar siquiera en eso.
— ¡Perfecto! Entonces nos vemos después, hablaré con Jasper a ver qué me dice, nos vemos—se despidió ella.
Él no le respondió, no tenía ganas de tener ningún tipo de interacción social. Aventó su móvil lejos de él, se le estaba haciendo costumbre de arrojar las cosas en cualquier momento de incertidumbre. En su corazón se había instalado un dejo de nostalgia y tristeza que no quería soltarle, se había hecho parte de él como lo era su alma.
Tomó uno de sus mangas*, Fruits Basket* había sido el elegido. El verano pasado los había comprado en su desesperación por distraer su mente, apenas hojeó un par de páginas y la decepción le agobió. No era el mejor momento para leer nada deprimente, miró su pared por un tiempo, bien pudieron ser minutos u horas, había perdido la noción del tiempo y espacio.
Tomó su celular entre sus manos y observó su fondo de pantalla. Ansió tanto estar con ella y poder mirar sus ojos a escasos centímetros de él. Estaba totalmente seguro de que al día siguiente se arrepentiría de sus actos, pero ya era demasiado tarde para arrepentimientos, el tono del móvil le había advertido que ella había contestado.
—Bella por favor, háblame —suplicó—. Yo... Yo… Lo siento tanto. Bella contéstame, me he comportado como un idiota pero te prometo que nunca más será así.
—Yo...—Ella hizo el intento de hablar, pero su voz no salía de sus labios.
—Bella te juro que lo que pasó hace unos días fue una completa estupidez mía, me comporté como estúpido y nunca más lo voy a volver hacer, pero háblame—la angustia teñía su voz.
—Así que para ti soy una estupidez—el dolor impregnado en aquella frase no le pasó desapercibido.
—No fue eso lo que dije —contestó—. No fue eso lo que quise decir, yo sólo…
—Entonces ¿qué mierda intentas decirme? No soy buena para ti, entonces no me busques más—lo siguiente que escuchó fue el tono que indicaba que ella había colgado.
Se dejó caer en el piso, lo golpeó una y otra vez para sacar ese dolor que poco a poco le consumía. El destino apesta, la vida y el mundo entero apestaba. Pero eso pasaba a segundo plano de tan solo pensar que ella estaba sufriendo.
Gruesas gotas saladas resbalaban de aquellos ojos grises; su padre siempre decía que los hombres no lloran, pero él ya había perdido la cuenta de las veces que había llorado por ella.
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Nota de autor: Manga* (漫画?) es la palabra japonesa para designar a las historietas en general. Fuera de Japón, se utiliza exclusivamente para referirse a las historietas niponas.
El manga abarca una amplia variedad de géneros, y llega a públicos diversos y personas adultas. Constituye una parte muy importante del mercado editorial de Japón y motiva múltiples adaptaciones a distintos formatos: series de animación, conocidas como Anime, o de imagen real, películas, videojuegos y novelas. Cada semana o mes se editan nuevas revistas con entregas de cada serie, al más puro estilo del folletín, protagonizadas por héroes cuyas aventuras en algunos casos seducen a los lectores durante años. Desde los años ochenta, ha ido conquistando también los mercados occidentales.
Supongo que elegí este manga porque tiene un significado especial, como cada personas maneja de diferente forma el dolor.
Fruits Basket* (フルーツバスケット Furūtsu basuketto?, conocida en Japón como Furuba) es un manga de género Shōjo cuya autora es Natsuki Takaya. La historia se centra en una estudiante llamada Tōru que comienza a vivir con varios miembros de la peculiar familia Sōma y poco a poco va conociendo a toda la familia. La familia Sōma sufre una maldición por la cual si se es abrazado por alguien del sexo opuesto o choca con él/ella se convierte en un animal del Zodiaco chino. En el 2001, recibió el premio Kōdansha al mejor manga shōjo.
