Sam se despertó con dolor de cabeza y la espalda anquilosada de dormir en una incómoda posición. Al abrir los ojos vió el pelo rubiejo de punta de su hermanito rozando su barbilla. Dean dormía plácidamente acurrucado junto a él. Con sumo cuidado, Sam aflojó la mano de su hermano, que aún agarraba su camisa, y se levantó lentamente. Cuando consiguió salir de la cama, estiró su espalda, llevando sus manos a sus riñones doloridos.
Bueno, un nuevo día empezaba para "papá Sam", se dijo con sorna. Aunque esta situación no iba a durar mucho si podía impedirlo. Y Sam tenía un "as en la manga" o al menos eso creía… Pero ante todo necesitaba un analgesico y un café,... y una ducha, pensó al mirar su camisa aún húmeda de las lágrimas, mocos y... babas de Dean.
Suspirando se dirigió al baño.
Una hora después un Sam ya limpio y desayunado llamaba a Crowley:
-¿Qué quieres Alce?
- ¡Buenos días a ti también Crowley! ¿Cómo van las cosas por el Infierno?
-No muy bien puesto que los demonios traidores que iba a interrogar han escapado. Así que sigo buscando al usurpador que quiere mi trono,...¿Qué tal el hamster?
-¿Dean? De él quería hablarte. Necesito un hechizo para devolverle a su edad real y pensé que el Rey del Infierno sería capaz de encontrar algo para deshacer el hechizo de una simple bruja, aunque reconozco que era una muy poderosa,...
-¿Pero por qué quieres cambiarlo Alce? ¿El bebé grande quiere a su hermano mayor?- se burlo- Pero sí es encantador en pequeñito, dan ganas de comerselo…
-¡Crowley! ¿Puedes ayudar o no?
-Qué poca educación, Alce… Bueno hablando de brujas poderosas y malvadas, tengo aquí a mi madre,... quizás pueda echarte una mano…-meditó Crowley
-¿Tu madre? ¿El Rey del Infierno tiene una mamá?- se extraño Sam
-Mira, olvida eso. Que a vosotros os guste airear vuestras patéticas vidas privadas, no significa que todos queramos hacer lo mismo…- se enfadó el demonio.
-¡Vale, perdona! … Entonces, ¿Nos echarás una mano?
-Veré que puedo hacer,... Ahora, si me disculpas, tengo unas torturas que terminar.
Y dicho esto, el Rey del Infierno colgó.
Sam miraba pensativamente el teléfono ya mudo. Esperaba que pedir ayuda a Crowley no fuera un error.
-¿Con quién hablabas?
Una voz juvenil y somnolienta le devolvió a la realidad y se giró para ver a un Dean despeinado y descalzo que iba hacia la nevera.
-¡Dean, las zapatillas! ¿Quieres coger un resfriado?
Dean abrió la nevera y se sirvió un tazón de leche que metió en el microondas.
-¡Qué plasta eres Sammy! Ahora voy por ellas... Y te he hecho una pregunta.
-¡Eh! ...Charlie, era Charlie…- mintió Sam.
Dean sacó la leche del microondas y se echó cereales hasta casi hacer rebosar el tazón, cogió una cuchara del cajón y con ella en la boca hizo equilibrios con el tazón de leche demasiado lleno hasta la mesa. Consiguiendo llegar sin verter apenas unas gotas.
-¿Ze zal ezta zarlie?- preguntó con la cuchara en la la sacó cuando llegó a la mesa y hundiendola en el tazón continuó
- ¿Qué tal le va con Carla?
-Bien, muy bien.
Sam le lanzó un par de calcetines limpios, que Dean agarró al vuelo.
-Al menos ponte unos calcetines.
-Sam estos calcetines son tuyos y tus pies son como barcos. Me van a quedar enormes y..no quiero pillar hongos.
-Yo no tengo hongos. Pontelos.
-¡Vale, mamá gallina!- Dean se sentó y se los puso, suspirando cuando comprobó que, efectivamente, le quedaban grandes.
Dean desayuno con ganas sus cereales, notando la mirada de Sam sobre él, la verdad es que los cereales para desayunar que su hermano se había empeñado en que tomara era ahora su desayuno favorito. Se preguntó cuándo se había autoconvencido de que prefería un café solo para desayunar,.. Seguramente fue cuando los cereales eran el desayuno preferido del pequeño Sammy, los malditos "Lucky Charms" que tanto le gustaban entonces, y claro, no los iba a tomar él si debía reservarlos para su hermanito.Y su padre, o sea los hombres desayunaban café solo, y él era ya un hombre (o quería serlo para satisfacer a su padre y proteger a su hermano) desde…¿Los cuatro años? Cuando terminó de lavar sus cosas del desayuno, Dean dijo sin darse la vuelta:
-¡Escupe! ¿Qué pasa conmigo?
Sam salió de su abstracción, realmente estaba dándole vueltas a cómo tratar el tema con su hermano:
-¡Eh! ¿Qué quieres decir?
- ¡Vamos Sammy! Llevas mirándome con cara de perra toda la mañana… ¿Qué pasa por esa cabezota tuya?
Dean recordaba haber tenido una pesadilla y que su hermano le había consolado, pero no mucho más. Suponía que era eso lo que preocupaba a su hermano.
-Mira, Dean. Esta situación no es buena para ninguno. Casi todas las noches tienes pesadillas y sales lastimado de cada caso.
-Nada de eso es algo que no sucediera antes Sammy- rió Dean
-Puede ser, pero antes tú eras un adulto. Yo no tenía que cuidar de ti.
Dean se sintió dolido, después de todo él había cuidado de Sam toda su vida:
-¿Y qué quieres que haga Sammy?
- Debemos encontrar una cura, y mientras debes dejar que te ayude. Sé sincero conmigo y cuéntame tus pesadillas, ...vamos a un psicólogo si hace falta.
Dean se estremeció, ante la palabra "psicólogo" y ante la idea de contar a Sammy los terrores que plagan sus sueños últimamente. Le había costado años enterrar esas experiencias, pero volver a la edad que tenía cuando había ocurrido, y el suceso con la striga parecían haber sacado los recuerdos a la superficie. Pero no es algo que quisiera compartir con Sam. Así que tiró por el otro camino:
-Bueno, si tan duro es para ti cargar conmigo buscaremos una solución y volveré a mi edad. Pero debemos buscar también solución para la marca de Caín, o cambiaras a un adolescente por un asesino.
-Gracias Dean. Agradezco que lo comprendas.
Dean sintió las lágrimas brotar en sus ojos y antes de que Sam se diera cuenta se alejó hacia el cuarto de baño:
-¡Claro! Lo entiendo. Voy a ducharme y te ayudaré con la maldita investigación.- dijo cerrando la puerta.
Una vez dentro Dean se apoyó en la puerta y dejó sus lágrimas correr silenciosamente.
Dean no lo entendía. El se sentía cada vez más a gusto así. Después de todo la vida nunca le había dejado ser un niño, tuvo que ser siempre el adulto para Sammy.
Y después de haber sufrido el peso de la marca, el sentirse con la libertad de reir, jugar,...sin el peso del mundo (o no todo al menos) en sus hombros. El poder disfrutar de tiempo libre, tener amigos,... Es algo que valoraba mucho y le hacía feliz.
Pero la felicidad de Sam era más importante y, evidentemente, él no estaba contento con tener que cargar con él. Aunque él había disfrutado de cuidar a "su Sammy" no podía exigirle a su hermano hacer lo mismo. Y Dean no sería una carga para Sammy, nunca.
Dejó que el agua caliente cayera con fuerza sobre su cuerpo lavando sus lágrimas y desilusiones.
Rowena, se coló en la habitación que acaba de abandonar su pequeño e inocente Fergus. Si creía que por ser el Rey del Infierno podía "jugar" con sus libros e ingredientes, y salirse con la suya, lo llevaba claro. Rowena agitó su melena pelirroja y se sonrió a sí misma.
Continuará...
