-¡Tranquilo gatito, tranquilo!- musitaba un ángel con la nariz y las manos llenas de arañazos- No te voy a hacer daño. Eso, eso...así. Deja que te acaricie, criatura de Dios.

El gato negro, con los ojos amarillos, pareció calmarse y dejó de bufar, después de una persecución por debajo del sofá y la mesa Castiel consiguió acorralarlo en un rincón:

-Gatito bueno, gatito bueno,...- por fin el gato dejó que Cas le acariciara sin lanzar un zarpazo, y pronto empezó a ronronear

- ¡Hummm! Pareces tener hambre a tenor de lo que te suenan las tripas. Eres carnívoro según indican tus dientes. Veré lo que hay para ti en la nevera.

El gato se dejo tomar en brazos por el ángel y siguió ronroneando.

-Eres de carácter variable y ambivalente, ¡Eh, pequeño diablillo! Y eres hembra, ahora que me has dejado observar tu aparato reproductor, se ve claramente. Te gusta que te acaricie la tripita, aquí donde tienes las tetillas. Me recuerdas a… Te voy a llamar Meg. ¿Te gusta el nombre?..

El gato maulló y Cas decidió que parecía gustarle.

Pronto un Castiel arañado, con Meg en un brazo y un plato con pizza barbacoa en la otra mano, regresaba al cuarto donde dormían los hermanos Winchester.
Los dos parecían dormir con relativa tranquilidad y Castiel pensó que las cosas debían ir bien en sus sueños.
Sonriendo puso a Meg y el plato de pizza en el suelo:
-Come Meg. Te gustará, es de carne. A Dean le encanta.
Meg olió la pizza y soltó un pequeño maullido.

Dean estaba ya cerca del motel. Menos mal porque las bolsas pesaban y él estaba, de verdad, agotado. Pero no podía quejarse, se había librado por los pelos de… Se estremeció. Mejor ni pensarlo. Si no hubiera sido por la intervención de ese desconocido, el Batman ese, … Sacudió la cabeza. Había decidido que mejor no pensar en ello. Pronto estaría con Sammy: cenarán, le dará el dinero para pagar la excursión y a la cama. Aunque pensándolo bien si se duchaba antes de acostarse sería una buena cosa. Necesitaba una ducha y así no tendría que pelearse con Sammy por la mañana para que no se terminase toda el agua caliente.

Dormiría más a gusto limpiando toda huella de lo ocurrido de su cuerpo. Si, más a gusto…

Rowena se encontró en el sueño de Dean. Vio que el muchacho se dirigía a un motel con unas bolsas de compra. Su magia en el sueño estaba limitada, pero aún tenía algunos trucos en la manga. Suponía que la intención al usar la raíz del sueño era romper el bucle de sueños repetitivos que ella había creado al alterar el hechizo, y con ello lograr despertar al Winchester.
Pero ella sabía cómo impedirlo, era imposible despertar de un sueño en que se sueña que se duerme, hasta que uno no se despierta en el sueño no puede despertarse en la realidad. Sacó un largo alfiler dorado que terminaba en una pequeña perla, clavado directamente en la médula espinal sumía a la víctima en un profundo sueño.
El otro Winchester se despertaría al acabarse el efecto del brebaje sin haber conseguido despertar a su hermano. Sería verdaderamente divertido ver como tenía que ver impotente que su hermano muera´. Aunque ella no iba a quedarse a verlo. Una lástima, pero no quería que su Fergus sospechara y tenía muchas intrigas pendientes en el Infierno. De momento desviar la atención de su hijo hacia la mujer demonio que había capturado. Acumularía pruebas contra la infeliz para que su hijo creyera que era la traidora. No podía arriesgarse a que su hijo sospechara de ella misma. Claro que nunca sospecharía de su propia madre ¡Pobre Fergus,... tan inocente!
También había traído un conjuro para mostrarse en el mundo de los sueños con la apariencia deseada. Sonrió ante su propia astucia. Esto acabaría con los Winchester y con la maldita "amistad" de su hijo con los cazadores.

Castiel vigilaba el sueño de Sam y Dean, … Y de Meg que dormía acurrucada entre ambos. El ángel estaba muy preocupado.

Preocupado por lo que podía estar pasando en el sueño de Dean, sabiendo que el efecto de la raíz del sueño ya no duraría mucho más de media hora y viendo que el chico no mostraba signos de despertar. También estaba preocupado por Meg ya que no había comido la pizza de carne y temía que los ruidos de su tripa no fueran hambre, si no que la pobre estuviera enferma. De pronto la gata empezó a bufar, sentía la presencia de la mujer que la había paralizado y la había transportado hasta aparecer confusa y asustada en este lugar. En ese momento Dean gritó y arqueó la espalda. Meg salió corriendo a meterse debajo de la cama. Y Castiel corrió al lado de Dean. Algo malo había pasado.

El descanso de Crowley había consistido en media botella de buen whisky, y ahora se sentía algo mejor. Los Winchester eran solo problemas, a pesar de que reconocía que los acontecimientos de los últimos años habían despertado en él cierto apego por los chicos. Consecuencias de la cura con sangre humana que Sam casi completó. Lamentable pero cierto, aunque el demonio no confesaría algo así. Era vergonzoso, él no tenía sentimientos. Era el Rey del infierno y no debía olvidar eso. Su madre tenía razón en avergonzarse de él.
Pensando en que un poco de tortura le haría sentir más como él mismo, se dirigió a los calabozos del Infierno a interrogar a la cautiva. Uno de sus demonios le saludo con respeto y le abrió la puerta del calabozo. Una mujer estaba encadenada con los brazos en cruz a la pared de piedra de la celda. La cabeza caída hacia delante solo dejaba ver una larga melena negra y un cuerpo bien formado.
Crowley se dirigió hacia ella dispuesto a arrancarle la verdad cuando la mujer levantó la cabeza y unos labios rojos le dirigieron una sonrisa torcida, unos ojos oscuros brillando con ironía:

- Una alegría volver a verte Crowley. No nos veíamos desde … ¡Ah, sí!... Desde que me mataste.

Crowley abrió mucho los ojos y la boca:

-¿Meg?... ¡Meg!

-La misma que viste y calza.

Al dar la vuelta a la esquina para que daba al aparcamiento del motel, una sombra chocó con él y Dean se sobresaltó, listo ya para el ataque o la carrera:

- ¡Jovencito, mira por donde vas! Casi me tiras al suelo.

Era una pobre anciana, de rostro bondadoso, no más alta que él y de aspecto frágil y enclenque. La mujer se frotaba una pierna, al parecer dolorida, y su bastón estaba en el suelo.

-Perdone señora. No la vi. Me la encontré de repente al dar la vuelta a la esquina. -se disculpó agachándose a recoger su bastón para dárselo- Yo lo lamento mucho...¡Ayyyy!

-No te quepa la menor duda de que lo vas a lamentar mucho.

Dean sintió un agudo dolor en su espalda y se desplomó.

Continuará...

GreenEyesSpn pues a mi me cae mejor Crowley que Rowena, Ya ves tú. Besos.