Castiel acariciaba a una Meg que ronroneaba en sus brazos, como recompensa por su ayuda para salvar a sus amigos. Sam sonreía en sueños, y poco a poco fue despertando.

-¿Todo bien Sam?

Sam se incorporó, sentándose en la cama:

-Si, todo bien Cas. Ahora que he visto nuestra infancia desde el lado de Dean, entiendo mejor lo que me querías decir antes. Hubo momentos muy duros -recordó Sam apretando los dientes- pero verlos,..vernos. Y recordar cómo éramos entonces, lo unidos que estábamos,...Dean hizo mucho por mi, y yo lo adoraba, era mi héroe, mi madre y mi padre, todo para mi…

-Y tú eras todo para él.

-Si, supongo que si,...- Sam miró a Castiel y vió una bolita de pelo negro en sus brazos- ¿Qué demonios es eso?

-¿Esto? No es ningún demonio, Sam. No desprende malignidad alguna. Es un Felix silvestris catus hembra de unos dos años de edad, de la edad aproximada de Dean ya que cada año de vida de un gato equivale a siete de un ser humano.

-¡Otro adolescente! ¡Por favor..!

-Los gatos maduran antes que los humanos, de hecho ella lleva 9 meses teniendo su celo… Pero tengo algo importante que enseñarte. ¡Mira!

Cas enseñó a Sam la aguja que había sacado de la espalda de Dean.

-Encontré esto clavado en la columna vertebral de Dean, creo que le impedía despertar,...

-¿Y cómo llegó allí? Se supone que vigilabas Cas… Ahora entiendo porque Dean perdió la conciencia en el sueño y no era capaz de despertarle.

-No creo que realmente se lo introdujera alguien aquí en el bunker. Creo que solo traslado aquí a la pobre Meg, pero luego fue en el sueño donde consiguió clavarselo…

-¿Meg?¡Meg! ¿La has llamado Meg?

-Si ¿No te la recuerda?

Sam abrió mucho la boca pero no supo qué contestar.

Dean abrió los ojos despacio, era como salir de un sueño muy profundo, como si hubiera sido anestesiado. Parpadeó, intentando aclarar su vista. No recordaba nada del sueño, pero no tenía la sensación de que hubiera sido un mal sueño,...Al revés la sensación era reconfortante. Se preguntó cuánto tiempo había dormido y que edad tenía ahora.

En ese momento dos caras se situaron enfrente de él, Dean trató de identificarlas:

-¡Se despierta Sam! Está abriendo los ojos.

-Dean ¿Cómo estás? ¿Te encuentras bien?...¿Por qué te bebiste la pócima?

Dean estornudó...

-¡Aaachiss! Estoy bien, un poco constipado parece… Yo me la bebí porque...¿No era lo que querías Sammy?

-No, yo no...Bueno, realmente sí, pero estaba equivocado. Lo lamento Dean.

-No es culpa tuya. Yo decidí tomarla. Era una tontería querer recuperar un tiempo perdido, lo pasado ya no se puede borrar -Dean se llevó la mano a la cabeza que aún notaba pesada- Al menos no habré recuperado la jodida Marca de Caín ¿No?- dijo buscandosela en el brazo.

-No Dean, no la has recuperado- le confirmó Castiel.

-Bien,...Creo que tengo que hacer un pis. Voy al baño.

Dean se levantó de la cama con cuidado, no se sentía muy estable.

-Además en las instrucciones de la maldita pócima ponía que había que vomitar al despertarse.

-Dean espera….

Dean lo interrumpió cerrando tras él la puerta del baño:

-Ya soy mayorcito Sammy…¿Recuerdas?

Sam y Castiel se miraron sin saber qué hacer.

Dean hizo sus necesidades y como no notaba ganas de vomitar, se lavó las manos y echó agua a su rostro para despejarse, se secó y se vió en el espejo:

-¡Ahhh! ¡Que cojones! ¡Estoy igual que antes! Incluso tengo mas granos…¡Maldita sea! La mierda esa no funcionó…- Gritó y abrió la puerta del baño:

-Sammy, Cas,...¿Qué coño ha pasado?

Los tres amigos estaban sentados en el sofá.

Dean bebia un vaso de leche con Nesquik acompañado de un sándwich de jamón y queso. Sam no le había dejado comer nada más fuerte después de que el niño hubiera tomado ese brebaje y vomitado, y Dean sentía el estómago vacío. Tanto que estaba meditado si coger el trozo de pizza que aún estaba en un plato en el suelo y que, para desconcierto de Castiel, la gata seguía despreciando.

Entre Castiel y Sam habían contado a Dean lo sucedido mientras él dormía, pero Sam no había entrado en contar lo sucedido dentro del sueño, y Dean también parecía temeroso de ir ahí.

-Así que Meg localizó el objeto maldito y te pudiste despertar- terminó de explicar Cas

-Solo a tí se te ocurriría llamar al bicho Meg -suspiró Dean- Entonces alguien espía lo que hacemos, sabe donde está el bunker y puede entrar en él, y además puede entrar en nuestros sueños. ¡Jodidamente maravilloso!

-¡Ese vocabulario Dean!- regaño Sam- Sí, y el primer sospechoso es Crowley. Pero realmente esta vez él parecía querer ayudar y se veía muy preocupado por sus enemigos en el infierno. De hecho,... me comprometí a ayudarle a cambio de la raíz del sueño.

-¿De verdad Sam? ¿Has hecho un trato con el Rey del Infierno?- Se enfadó Dean

-¡Bueno, no es que haya vendido mi alma!

-¡Aaachisss! Seguro que lo hubieras hecho si Crowley te lo pedía ¡Perra!

-¡Idiota!

-¡Miaauuu!- intervino la gatita.

Castiel la recogió del suelo con cariño.

-Creo que es sensible a los insultos.

-Y yo soy sensible a sus pelos -Se lamentó Dean- No hago más que estornudar.¡Maldito animalejo!

Castiel tapó los oídos de Meg y negó tristemente.

-No es culpa de ella. No es necesario insultar.

-¡Vaaaale!-se medio disculpó Dean.

-Yo creo- Razonó Sam- Que nuestro principal sospechoso es el enemigo de Crowley, sea quién sea, pretende atacarle a través de nosotros.

-Pues la lista de enemigos de Crowley debe ser larga, tenemos trabajo que hacer.

-Bueno, tiene que ser alguien cercano en la corte para poder haber accedido al brebaje. Además tiene que ser poderoso y experto en hechizos,... Eso limita la búsqueda.

Castiel miró el plato donde había estado la pizza de Meg y que ahora estaba vació. La gata no se había movido de encima de sus piernas donde parecía estar sumamente a gusto.

-Dean ¿Te estas comiendo la comida de Meg?

El chico no pudo negarlo ya que tenía la boca llena.

-¿Qué? Ella no la quería.

-Voy a buscar otra cosa para darla de comer, no le deja de rugir el estómago.

-Prueba con leche, un poco de jamón york o una lata de atún -le aconsejó Sam - Compraré comida de animales cuando vaya al pueblo por las provisiones.

-¿O sea que el gato se queda? - suspiró Dean - Bueno, supongo que le debo la vida en cierto modo. Sam, compra también antihistamínicos, anda.

-No es el gato, es la gata- aclaró Cas dirigiéndose con la Meg en brazos a la cocina.

-¡Perdóneme, señorita Meg!- Le gritó Dean.

Sam y Dean se quedaron solos y un silencio incómodo se interpuso entre ellos:

-Así que… entraste en mi sueño. ¿Que.. es lo que vistes?

-No gran cosa… ¿Tú que recuerdas?

Dean hizo un esfuerzo por recordar su sueño:

-¿A Batman?..Creo.

Sam se rió entre dientes:

-Si, era...un sueño muy absurdo.

-Supongo, creo soñe que batman me salvaba y me llevaba contigo -rió- Y eso es imposible.

-¿Porque Batman es un personaje de ficción?

-No, porque yo soy Batman.

-Dean...Creo que Batman soy yo.

-¡Qué va! Tu como mucho llegas a ser Robin.

-¡Idiota!

-¡Perra!

Los hermanos se miraron fijamente a los ojos.

-Sabes Dean. Me alegro que estés aquí conmigo tengas la edad que tengas.

-No quiero ser una carga.

-Nunca lo serás. Eres mi hermano y seas mayor o pequeño no cambia eso. ¿Yo fui una carga para ti?

-Sammy tu fuiste lo único bueno de mi jodida infancia. Nunca vi como una carga cuidar de ti...

-Pues yo estoy encantado de poder cuidar de ti ahora.

Los dos hermanos se abrazaron, y al rato se separaron mirando, incómodos, pero con los ojos humedecidos.

-¡Maldita alergia! - Disimulo Dean.

-Sabes, ahora podré mandarte y tomarte el pelo como tú me hacías a mi… Es una oportunidad única. -Se burló Sam

-¡Vamos Sammy! No seas así, yo nunca hice eso.

-¡Oh, si! Si lo hiciste…

-No lo hice..

El teléfono de Sam, que había quedado en cocina, empezó a sonar:

-¿Alce?

-¡Hola Crowley! Soy Castiel.

- Plumifero ¡Tengo a Meg en el Infierno!

-¡Imposible! La estoy viendo ahora mismo aquí beber su platito de leche.

-¿Qué? ¡La acabo de dejar en su celda!

-¿Y porque la tenías en una celda?- Se enfadó Castiel.

-¿Cómo que porque…? ¡Explicame de que demonios estas hablando! - Rugió Crowley.

-De mi gatita Meg que he adoptado…

Crowley se pasó una mano por la cara… desesperado. Ese ángel podía con sus nervios.

-¡No habló de esa Meg, ángel imbecil! - Gritó al teléfono.

Meg levantó las orejas al oír su nombre y maulló.

Fin.

Anidug, espero que este final un poco humorístico también te guste. Gracias.

DanikZigma, los cabos sueltos dan para muchas otras historias ¿No te parece? ;)

GreenEyesSpn, lo he arreglado con antihistamínicos :P

Sav21samydeanspn, me encanta que te encante. Gracias,

Un beso para todos y también para los que marcasteis favorita la historia, la seguisteis o simplemente la leísteis. Gracias por compartir vuestro tiempo e imaginación conmigo. Saludos.