DIFERENCIAS

El examen en la Academia de Sunagakure fue ridículamente sencillo. Le pidieron simplemente y dadas las circunstancias que ejecutase aquellas técnicas que todo ninja principiante debía saber: duplicación de cuerpo, técnica de sustitución… Lo hizo sin despeinarse, y en menos de diez minutos entre pruebas y trámites se hizo con el protector que la clasificaba como kunoichi oficial de la Aldea Oculta de la Arena. Abandonó el edificio, Kankurô la esperaba apoyado contra la valla que cercaba el terreno de la academia, examinando con preocupación a Karasu; con un gesto de la mano, le indicó que la siguiese y caminaron en absoluto silencio hasta la que se había convertido en su casa. Le invitó a entrar y le pidió que cerrase tras él antes de acercarse a su improvisada mesa de trabajo. El muchacho postró a su títere allí donde la pelirroja le indicó, y acto seguido se deshizo de su peculiar caperuza, descubriendo unos revueltos cabellos castaños que apuntaban a todas partes. Ella le dedicó una mirada de soslayo, arqueando una ceja, y luego se sentó a la mesa.

-¿De verdad puedes arreglarlo? –No habían pasado ni cinco minutos, y Kankurô ya estaba impacientándose. Sunako no levantó la vista, siguió despojando al títere de sus ropas, examinando los daños causados y apartando cuidadosamente las piezas rotas y resquebrajadas. El moreno, impaciente, se colocó tras ella, mirando por encima de su hombro.

-¿Es necesario que te quedes tan cerca? –Al ver que no reaccionaba, dejó lo que estaba haciendo y se puso en pie antes de darse la vuelta para encararlo. No obstante, él estaba mucho más cerca de lo que había calculado, tanto que sus cuerpos casi se rozaban. La voz se le quebró al principio, pero recobró la seguridad a medida que avanzaba la frase.- A ver, Kankurô, si no me dejas ni respirar, ¿cómo voy a reparar a Karasu?

-Se supone que no deberías tener problema, fue tu padre quien lo creó –Rezongó, arrogante, retirándose para usar la mesa como apoyo de su cuerpo. Ella volvió a su sitio, sacó sus herramientas del portakunai y empezó a arreglar las piezas que tenían salvación. Tal y como había deseado, su ataque había sido pensado para no dañar nada más allá de lo que se pudiese arreglar sin cambiar piezas, por lo que a pesar del catastrófico estado que mostraba la marioneta podría arreglarlo sin cambiar nada.

-Estás dando por supuesto que todo lo que hace mi padre está bien. Pero hace más de veinte años que mi padre se fue de la aldea, y en veinte años una marioneta cambia una barbaridad. Lo importante de las marionetas de mi padre es que cumplen con su función en el momento en que son creadas.

-Explícate –Quiso saber, cruzando los brazos sobre el pecho.

-Seguramente, en el momento en que Karasu fue creado, era totalmente letal. ¿Cuántos años hace que la tienes?

-Es mi primera marioneta, la tengo desde que empecé en la Academia.

-Es una marioneta de ataque masivo y extensivo, por eso sus piezas pueden ser utilizadas como armas individuales. Es perfecta para un marionetista de acción –Comentó, abriendo casi por completo el tórax del títere.-. Fue pensada para ataques rápidos, instantáneos, no para batallas que requieran defensa o tretas. No sé si me explico.

-Perfectamente –Pestañeó, relajando el gesto.-. Pero… tu marioneta… Se parecen mucho, pero ni siquiera pude mover a Karasu…

-La diferencia radica en varios puntos –Dedicándole una mirada de sus ojos ambarinos, se decidió a explicar.-. Primero, que tú conoces a Karasu porque es tu títere, lo manejas desde siempre y seguro que lo has montado y desmontado cientos de veces –El moreno asintió con la cabeza.-. Sukeruton es la primera marioneta que construí yo misma sin ayuda de mi padre. La diseñé, busqué las cosas en el almacén de mi padre, la monté un millón de veces, cambiando piezas y materiales, hasta que me convenció. Y de ahí en adelante fui perfeccionando y añadiendo cosas, manteniendo siempre el diseño primigenio.

-Pero si añades más y más cosas, terminas por cambiar la estructura inicial, ¿no?

-Depende –Negó con la cabeza.-. A mi padre, por ejemplo, no le importa que los añadidos sean visiblemente notorios. Yo prefiero respetar el diseño original, de modo que una marioneta puede ser vista dos veces y tener cosas distintas. Un títere es como un ser humano, Kankurô, cambia, crece, mejora hasta que se queda obsoleto y muere entre el polvo y la soledad del almacén de la vida.

-Eso es un poco triste, tanto para una marioneta como para un ser humano –Sonrió de medio lado, arrebatador, pero la pelirroja, al contrario que cualquier otra chica de la aldea, ni se inmutó.

-Es cierto, es triste. Por suerte, una marioneta puede ser inmortal. Quizá es la única forma de inmortalidad –Recordó entonces todos los cambios sufridos por su padre en su propio cuerpo, cómo poco a poco se convirtió en el marionetista marioneta, cómo alcanzaba, a su manera, la eternidad. Y suspiró, porque aunque lo comprendía jamás lo haría consigo misma.-. Pero creo que la verdadera inmortalidad no es física, sino que se consigue mediante el recuerdo de tus actos.

El silencio se hizo entre ambos, cuando ella se ocupó de volver a su trabajo. ¿Qué demonios hacía filosofando con este tipo? Sentía su mirada clavada en sus manos, y supuso que era algo normal ya que estaba trabajando en su títere. Sin embargo, sintió las oscuras pupilas del marionetista subiendo hasta su rostro, clavándose en sus ojos, examinando sus rasgos con precisión. Si tan sólo utilizase esa precisión para su trabajo…

No podría decir en qué momento dejó de ver en ella a un ser molesto, a alguien con quien desquitarse porque sí, y empezó a ver a la chica a la que ahora veía. A pesar de su apellido, no actuaba con soberbia ni prepotencia, no presumía, tan sólo demostraba con palabras grandes como puños que merecía el sobrenombre de genio. En ningún momento había alzado la voz, ni siquiera había puesto otro sentimiento más allá de la molestia o la indiferencia, era eficaz, inteligente, correcta y… posiblemente la chica más bonita de Sunagakure. Piel de porcelana, rostro inexpresivo y perfectamente simétrico, con la pequeña y respingona nariz como centro, unos carnosos labios rosados y un par de ojos de oro líquido, de rayos de sol, de ámbar amurallado por oscuras pestañas rojizas, largas y rizadas. El conjunto transmite una tranquilidad que es contraria a sus palabras, siempre ambigua, inquietante… Y se estaba percatando de sus miradas.

Clavó la vista en el suelo, abochornado. A nadie le gusta ser pillado in fraganti mientras se deleita con unas vistas determinadas, menos si son del tipo que te pueden pegar una paliza. Impaciente, echó a andar por la estancia, mirándolo todo con desinterés, buscando algo con lo que entretenerse.

-Eh… Sunako-chan… -La aludida se giró, con los ojos como platos. ¿Sunako-chan? ¿Qué confianzas eran esas?- ¿Qué más diferencias hay entre tu marioneta y Karasu?

-Sukeruton –Corrigió, con malas formas.-, se llama Sukeruton. Volviendo a lo que decía antes, al haberlo creado yo, Sukeruton es mucho más familiar para mí de lo que Karasu es para ti. Por otro lado, aunque ambas son marionetas de ataque, Sukeruton tiene una defensa perfecta a nivel de materiales y velocidad, y llevo muchos, muchos años manejándola. Es casi imposible que…

-Sunako-chan –La interrumpió, dejándola boquiabierta.-, ¿tienes novio?

La pregunta llegó de forma inesperada, cortando su retahíla de argumentos profesionales, e incluso sus reproches por la interrupción y, por primera vez en toda su vida, se quedó en blanco. Ese era un combate imposible. Pestañeó varias veces, sintiendo cómo la sangre le quemaba en los carrillos, los teñía de sonrojo, y cómo su lengua se hacía un nudo. Definitivamente, no sabía cómo enfrentar aquello. Miró a todas partes, buscando alguna solución, pero sólo alcanzó a agachar la cabeza y preguntar, fija la vista en el suelo:

-¿Qué si tengo… qué?

-Vaya, yo… no quería ser indiscreto, perdona –Sonriendo, se llevó una mano a la nuca.

-No, no, me refiero a… ¿qué demonios es un novio?

-Pues… un novio es… -Comenzó a explicar, deteniéndose un momento. Entonces, sacudió la cabeza.- Espera, ¿de verdad no sabes lo que es? –Ella negó, todavía cabizbaja, con la mirada perdida. Hasta ahora había sido segura y fría, firme; pero el desconcierto ante el desconocimiento había hecho que derrumbase la primera barrera de las muchas que había construido a lo largo de los años a su alrededor. De aquel modo, tan abochornada y tímida, le resultó tan tierna y dulce como un corderito, como un gatito indefenso.- Es una persona que te gusta y a la que le gustas, y que se compromete a estar contigo y sólo contigo.

-Pero eso es muy egoísta, ¿no? –Preguntó de repente, levantando la cabeza. Kankurô se echó a reír.

-¿Egoísta? Si alguna vez hubieses querido a alguien de ese modo, entenderías lo que duele que esa persona esté con otras.

-¡Pero querer a alguien no justifica su aislamiento! –Se puso en pie, indignada, provocando más sonoras carcajadas en el muchacho. Claramente, ni él se sabía explicar ni ella estaba comprendiendo.

-¡No es eso, idiota! Un novio es alguien que, si es el correcto, puede convertirse en tu esposo, en el padre de tus hijos…

-¡Ah, ahora entiendo! –Se le iluminó la mirada, y el muchacho se apoyó contra la mesa, sin dejar de reír.- No sabía que eso tenía un nombre…

-Parece que no sabes mucho de relaciones sociales –Comentó con picardía tatuada en la mirada.-. Yo podría enseñarte.

-¿Para?

-Bueno, tienes que saber tratar con personas, con tus iguales y con tus superiores.

-Educación tengo, gracias. Más allá de eso, no creo que me hagan falta esas relaciones de las que hablas –Pronunció la palabra con lentitud, como si realmente no supiese de qué hablaba el muchacho.-. Vivo por y para mi trabajo, es para lo que existo.

-Pues vaya una lástima –El marionetista la miró de arriba abajo lentamente, haciendo que se percatase sí o sí de lo que hacía. Ella, simplemente, inclinó la cabeza y, volviendo al taburete, retomó su trabajo. Es prácticamente imposible que alguien no sepa o no quiera relacionarse con el mundo exterior, y a Kankurô no le entró en la cabeza hasta que recordó a alguien tremendamente cercano a él. Gaara. Gaara comprendería aquello, Gaara no se habría reído, porque la entendería, quizá no por el mismo motivo, pero lo haría. De repente, la situación dejó de hacerle gracia.

Sin duda, aquel chico haría de su vida un auténtico caos. Sin duda, ella haría que Kankurô se cuestionase cada mínima e insignificante parte de su vida pasada, presente y futura.


¡Hola, hola! Ya sé, ha pasado mucho tiempo. Ni siquiera sé si alguien seguirá por aquí, pero... ¡he vuelto! ^^U Os dejo el quinto capítulo de Elige ser libre, espero saber vuestra opinión en las reviews. ¡Un beso!

Caléndula (Antes, Drusila :3)