¡Hola de nuevo! Reaparecí (? Bueno, les traigo el primer capítulo. Disculpen la tardanza, y , sin más que decir, que lo disfruten:)
Disclaimer: Vampire Diaries y sus personajes no me pertenecen, son propiedad de CW, y creación de L.J Smith.
"Este fic participa del Reto Anual "The New Long Story" del foro The Vampire Diaries: Dangerous Liaisons"
Cantidad de palabras: 2991
Palabras utilizadas: Optimista, Desprecio.
Personajes relevantes: Bonnie Bennett, Galen Vaughn.
*** Capitulo 1 ***
Elena Gilbert aceleró la marcha. Era el primer día de su último año en el instituto, y no quería llegar tarde. Aun así, se había negado a ir en auto con Bonnie, su mejor amiga. Elena no había vuelto a subirse a uno desde el día del accidente. Incluso su propio auto estaba en la cochera de su casa, en desuso, desde entonces.
—Podríamos al menos haber tomado el autobús—sugirió Jeremy, corriendo detrás de su hermana mayor para alcanzarla.
Lo mismo había sugerido Jenna, su joven tía, que se estaba haciendo cargo de cuidarlos dadas las circunstancias, pero tampoco había convencido a Elena. Aún recordaba el chirrido de las ruedas al derrapar contra el asfalto, la caída inevitable desde el Puente Wickery, el grito desgarrador de su madre, el ruido de vidrios rotos de vehículo al impactar contra el agua, el golpe de su cabeza contra el asiento del auto, el rostro desesperado de su padre, litros de agua del lago llenando sus pulmones…
—Vamos, Jer. Caminar es bueno para la salud.
— Sí, claro—respondió el chico, con cierta resignación.
Cuando por fin estuvieron frente al instituto, la joven se detuvo en seco. Jeremy se detuvo a su lado. No querían entrar. No querían soportar las miradas, las preguntas, la lástima de los demás. Al funeral de sus padres habían asistido un montón de personas que ni Jeremy ni Elena habían visto nunca en su vida, pero todos habían presentado sus condolencias como si de verdad lo sintieran. Quizás era así, porque Miranda y Grayson Gilbert eran muy queridos en Mystic Falls, pero Elena presentía que la mitad de quienes parecían tristes, solo tenían curiosidad. En un pueblo donde nunca pasaba nada, un simple accidente automovilístico era una noticia digna de ser explotada lo máximo posible.
La chica intentó no pensar en nada de eso. Tendría que ser lo más optimista posible. De lo contrario, iba a volverse loca o a deprimirse, y ya había pasado por ambas cosas en los últimos meses. Ahora había alcanzado la etapa de "superación" según Jo, su psicóloga: aceptar las cosas como son, asimilarlas y seguir adelante.
"Es mi último año" se dijo Elena a sí misma. "Va a ser un buen año"
— Creo que mejor volveré a casa—dijo Jeremy, retrocediendo unos pasos —. Podría esperar un par de semanas y luego…
—Tenemos que ser fuertes—dijo Elena, sin dejar lugar a reproches por parte de su hermano—. Ya pasaron cuatro meses. Vamos.
Jeremy sacudió la cabeza, pero igual la siguió. Iba vestido con un buzo negro que le quedaba bastante grande, y llevaba puesto un gorro de lana también de color oscuro que ocultaba su cabello castaño, el cual no se había ni molestado en siquiera acomodar esa mañana.
—Bueno, hasta luego—saludó a su hermana, y se perdió entre los demás estudiantes.
Elena, a diferencia de Jeremy, se había arreglado todo lo que había podido sin parecer exagerada. Su cabello color chocolate estaba bien planchado, lacio, sin un pelo fuera de lugar. Llevaba puestos unos jeans nuevos, una camiseta color rosa claro, y un jersey fino de lana color gris que Caroline le había regalado el año pasado para su cumpleaños. Incluso se había puesto algo de rímel y brillo labial.
La idea era que, si parecía la Elena de siempre, todos creerían que lo era. Que nada había cambiado, que seguía teniendo una vida normal. Pero no era cierto: sus padres estaban muertos. Todos querrían saber si estaba bien, si necesitaba algo, si podía contarles acerca de cómo había escapado del auto y emergido del agua sin morir en el intento, aunque eso ni siquiera lo sabía.
"No pienses en eso, no pienses en eso", se repitió a sí misma, como un mantra.
— ¡Elena! —Exclamó Bonnie al verla llegar—. ¡Pensé que llegarías tarde!
—Último-primer día —comentó Elena, mientras caminaban juntas hacia los casilleros—No podía perderme nada.
—Es increíble —respondió Bonnie— El tiempo se pasa volando.
— ¿Has visto a Caroline últimamente? —le preguntó Elena, pensando en su otra amiga, que había estado de vacaciones recorriendo Europa.
—No, creo que llegó anoche de su increíble viaje—explicó la muchacha.
— ¡Y aquí estoy! —dijo una voz alegre detrás de ambas chicas.
— ¡Caroline! —exclamaron Bonnie y Elena al unísono. Las tres se abrazaron. Aquello era genial, las tres juntas a punto de empezar el último año. Caroline comenzó a contarles anécdotas sobre París, Italia, y las playas que había visitado en Grecia. Parecía emocionada, aunque también presumía un poco.
Mientras hablaban, un joven se acercó a ellas. Parecía entre divertido y un poco desorientado, y tenía una mochila negra bastante desgastada colgando de un hombro, despreocupadamente.
— ¿Qué tal, Bonnie? —le preguntó el chico a la más bajita de las amigas. Luego miró a Caroline por unos segundos, y por último a Elena. Sonrió —Hola. Soy nuevo. ¿Alguna querría decirme a donde se supone que tengo que buscar mis horarios de clase? Este lugar es un laberinto.
—Doblas aquel pasillo a la derecha —respondió Bonnie, en tono algo cortante —Y allí está la secretaría.
—Genial—agradeció él, aunque en su voz se seguía notando cierto tono de burla—. Bueno, señoritas, seguiré mi camino. Hasta luego.
Miró a Elena por un segundo más, luego le guiñó un ojo a Bonnie de forma nada disimulada, y se fue caminando lentamente, como si no tuviese ninguna prisa, como si el corredor del colegio le perteneciera. Se perdió entre los demás estudiantes al cabo de unos segundos.
— ¿Quién era ese? —inquirió Caroline, mirando fijamente la nuca del desconocido antes de que desapareciera entre la multitud.
—Se llama Kai—comentó Bonnie—. Es el… hijo de una amiga de mi abuela—mintió.
—Parece más grande que nosotras—dijo Elena—. Como si encajara más en una universidad que aquí.
—Tal vez haya repetido algún curso—sugirió la rubia, pensativa.
Bonnie estaba de repente muy callada. Elena lo notó, pero no dijo nada al respecto. Cada quién tenía derecho a mantener sus pensamientos en privado. Por esa razón ella tenía como costumbre escribir en su diario.
Escribía desde que tenía memoria, aunque últimamente solo se le ocurrían cosas relacionadas con la vida y la muerte, e incluso reflexiones extrañas y filosóficas. Algo había cambiado dentro de ella, todo era tan extraño… era como si viese la vida desde detrás de un vidrio. Como si la observara, en vez de vivirla.
Y todas las noches lloraba, porque recordaba a su madre y a su padre, y no podía evitarlo. Pero quería que eso cambiara, quería ser una persona nueva, una Elena nueva, más fuerte, más viva.
Por eso, aunque todos estos pensamientos atravesaron su mente en aquel momento, se esforzó en mostrar una sonrisa y parecer alegre.
— ¡Conseguí las luces que me pediste! —le dijo a Caroline—Mañana puedo traerlas.
—Perfecto. La decoración para la fiesta de bienvenida va a ser inolvidable, impactante, maravillosa…
Todos esperaban con ansias la fiesta de bienvenida. Galen Vaughn ya había escuchado varios comentarios al respecto mientras hacía guardia en las afueras del instituto. Quizás su vigilancia no tuviera demasiado sentido -¿Vigilar a unos cuantos alumnos de preparatoria para ver si alguno tenía algo que ver con demonios de la noche?- pero no perdía nada con estar atento.
Además, desde su estratégica posición en el viejo y descuidado banco de madera que había junto a un árbol, justo delante del instituto, se enteraba de muchas cosas. Y podía tener los ojos puestos en Bonnie y en Kai. Con respecto a la primera, Galen pensaba que era una bruja demasiado joven, demasiado nueva, que no tenía ni idea del verdadero poder que tenía, y que solo sería un obstáculo. O peor, terminaría metida en medio de una batalla en la que no podría defenderse. Se imaginó a la indefensa chica gritando, agonizando, y sintió una punzada de dolor. No permitiría que eso pasara: iba a protegerla.
— ¿Qué estás haciendo aquí? —inquirió Kai, que de alguna forma se había salteado las clases y estaba afuera. Se acercaba a Vaughn con paso firme, y lo había sacado de sus pensamientos.
—Sheila me mandó a vigilar—respondió el cazador, con voz neutra, sin reflejar absolutamente nada—. Una mejor pregunta sería por qué no estás en el instituto con Bonnie, donde se supone que deberías estar.
Kai esbozó una sonrisa.
—Ya estoy un poquito grande para ir al secundario—dijo, en tono alegre—. Veintidós años. Claro que no lo entenderías, porque tú ya rondas los treinta, ¿O me equivoco?
—Veintiséis—replicó Vaughn.
—Por Dios, ¿Qué te pasó? ¡Pareces al menos diez años más viejo que yo!
El brujo tenía la habilidad de tomarse todo como un juego. Pensaba que siempre era un buen momento para un comentario sarcástico o humorístico, aunque se tratase de un tema serio.
—O quizás tú tienes rasgos infantiles.
—Touché. Dejemos esto en un empate—Kai dejó la mochila en el suelo, ante los pies del cazador—. Creo que lo que hay aquí adentro te interesará más que nuestra discusión sobre las edades.
Vaughn se inclinó, levantó la mochila y la abrió.
—Fíjate en la carpeta azul—indicó Kai.
El cazador le hizo caso, y se encontró con un montón de recortes periodísticos.
—Son de los últimos tres o cuatro meses. El último es de ayer. Encontré esos periódicos en la biblioteca de la escuela, en el archivo—explicó—. Y son todos los casos de desapariciones y muertes en Mystic Falls que pude reunir.
—Entonces teníamos razón—arguyó Vaughn—. Sheila tenía razón. Los vampiros han regresado.
Kai asintió.
—También vi a Elena Gilbert—comentó, pensativo—. Es humana, no tiene nada de raro… salvo algo de tristeza en los ojos. Es la chica a la que se le murieron sus padres, es entendible. Pero en mis visiones sigue apareciendo. No me malentiendas: me fascina que aparezcan imágenes de chicas en mi cabeza. Solo me gustaría saber por qué.
Vaughn se levantó del banco.
— Sheila ya te explicó que las visiones son los espíritus avisándote que Elena Gilbert o bien está en peligro o bien es peligrosa.
—A mí me parece inofensiva—replicó Kai —. Una gatita asustada.
—Voy a irme a revisar estas noticias tranquilo—le dijo Vaughn, ignorando su último comentario—. Tú deberías volver adentro.
Kai volvió a asentir, dio media vuelta y se dirigió a la entrada del instituto, sintiéndose indignado, molesto.
—Nadie me dice lo que debería o no hacer—murmuró, mientras se alejaba.
Se consideraba a sí mismo un gran actor. Tenía engañada a Sheila por completo. La anciana creía que él usaría la magia que le había cedido para ayudarla en su deber con los espíritus y demás.
Kai necesitaba esa magia para algo más importante. Y ya no soportaba que le dijeran qué hacer, a dónde ir, a quién entrenar o a quién vigilar. En realidad, ¿Qué importaba?
Que siguiera dándole órdenes ese cazador cretino. Que siguiera la pequeña Bennett aprendiendo sus trucos de magia. Que mataran a todos los vampiros, o que los vampiros se comieran a medio pueblo: a Kai le daba lo mismo.
Porque lo único que quería era venganza, y la conseguiría.
Eran las seis de la tarde. Por fin habían terminado de preparar el gimnasio del instituto para la fiesta, aunque faltaba un día entero para la misma.
—Mejor dejar todo listo con anticipación.
Caroline , que había estado contándoles de un muchacho misterioso y atractivo que había conocido en Italia, terminó de colocar un mantel sobre la mesa donde irían las bebidas, y les indicó a Bonnie y a Elena que ya era todo por ese día.
— ¿Quieren que hagamos algo juntas ahora? — Preguntó Elena, mientras se encaminaban hacia la salida.
La verdad era que quería distraerse con algo. No se sentía con ganas de llegar a su casa, encerrarse en su habitación y escribir su diario, llorando. Quería diversión.
—Yo no puedo—dijo Bonnie, rápidamente— Tengo… Debo ayudar a mi abuela con unas cosas…
Había algo extraño en el modo en que la chica se excusó. En las últimas semanas, nunca había podido participar en ninguno de sus planes. Un día, porque se sentía mal. Otro, cansada. Al día siguiente, compromiso familiar. No era normal.
—Yo tampoco—agregó Caroline—Quedé en encontrarme con este chico del que les hablé.
— ¿No dijiste que era de Italia? —inquirió Bonnie, con curiosidad.
—Sí, pero se mudó aquí—explicó Caroline—Va a estudiar medicina en Whitmore o algo así, y Mystic Falls le queda cerca. Además, antes vivía aquí. Creo que es pariente de Zach Salvatore…
—Oh. Bueno, no hay problema. Haremos algo otro día—dijo Elena, aunque se sentía un poco abatida. Decidió buscarle el lado bueno: tal vez podía ayudar a Jenna con alguna cosa en la casa… o pasar tiempo con Jeremy, que últimamente parecía decaído…
—Bueno, tengo que irme—declaró Bonnie, mirando su reloj de muñeca. No quería llegar tarde, Kai le había dicho que tenía que enseñarle unos hechizos más complejos. Claro que no podía decirles eso a sus amigas, y había tenido que mentir. Los entrenamientos con Kai eran estresantes y muy molestos -"porque él está loco" pensó Bonnie- pero al mismo tiempo, parecían irreales. Bonnie había aprendido a prender una vela con solo mirarla, a encontrar personas u objetos, a hacer mover cosas, o elevarlas en el aire… Y era muy buena en todo ello. La magia era algo que simplemente se le daba bien.
No quería ni pensar en toda esa locura de los vampiros, y mucho menos en que el objetivo de su abuela era atraparlos y matarlos… No podía imaginarse enfrentándose a un demonio chupasangre.
Bonnie las saludó con la mano antes de alejarse. Caroline recogió su bolso del suelo y le sonrió a Elena.
—Yo también debería ir yendo. ¿Necesitas que te lleve a casa? —inquirió la rubia.
—No, descuida. Caminaré—respondió Elena, siguiendo a su amiga hacia la salida.
—Bien, entonces prométeme que tendrás cuidado.
— ¿A qué te refieres? —cuestionó la castaña.
—Han ocurrido muchas desapariciones y cosas raras, ¿No ves las noticias, Elena? —Contestó Caroline, levantando una ceja—. En serio, no vayas por ninguna calle deshabitada y no hables con extraños.
Ahora la rubia parecía que hablaba en serio. Lucía preocupada.
—Está bien, supongo—respondió Elena, desconcertada.
Minutos después, Elena caminaba hacia ningún lugar. No quería regresar a casa tan rápido. Todavía era temprano, no estaba oscuro, aunque no había mucha gente en los alrededores. Decidió pasar por el Mystic Grill a saludar a Matt, su mejor amigo, que atendía mesas allí.
Al llegar al restaurante, no distinguió el cabello rubio de Matt por ningún lado, ni su sonrisa amable.
— ¿Buscas a Donovan? —le preguntó Ben, el ex alumno que se hacía cargo de la barra de tragos— Hoy no vino a trabajar. Si lo ves por ahí, dile que se le va a descontar de su paga.
Elena asintió con la cabeza, sin responder. Se sentó en la barra. ¿Dónde estaría Matt? Casi nunca faltaba al trabajo, a no ser que estuviera enfermo.
— ¿Qué te sirvo?—inquirió el cantinero.
—Jugo de naranja—respondió la chica. No estaba de ánimo para tomar cerveza y emborracharse sola. Estaba algo triste y aburrida, pero no tan deprimida.
—Interesante elección—dijo una voz masculina a su derecha— Pero yo prefiero algo un poco más fuerte —se dirigió a Ben— ¿Bourbon?
—Enseguida.
El joven cantinero les dejó las bebidas y siguió en lo suyo. Elena contempló al muchacho sentado junto a ella. Parecía sacado de un catálogo de modelos de ropa interior. Unos años mayor, cabello oscuro como la noche, ojos increíblemente azules. Muy sexy, vestido de negro, con un toque de arrogancia y un brillo divertido en la mirada, como si supiera demasiado de la vida.
—Soy Damon—se presentó él, sonriendo de costado, mostrando un poco sus dientes blancos perfectos.
—Soy Elena—dijo la chica, aunque su voz salió algo entrecortada. Había algo en aquel tipo, algo que le hacía sentir miedo y atracción al mismo tiempo. ¿Era eso siquiera posible?
Sentado en una mesa apartada en el Mystic Grill, Vaughn observó toda la escena. Pudo ver al vampiro entrar al lugar, con su chaqueta negra de cuero y su paso despreocupado, como si fuera un hombre seductor y corriente, y no una bestia asesina.
Lo siguió con la mirada sin que él se percatara, y vio cómo se sentaba al lado de Elena Gilbert. Vio cómo conversaban, como ella sonreía y le seguía la charla, sin saber con quién estaba hablando, sin sospechar del peligro en el que se encontraba.
El desprecio que sintió entonces hacia los vampiros era indescriptible. Las asquerosas criaturas que habían matado a su familia, que habían destruido su vida… Y allí estaba, el mal en persona, coqueteando con una jovencita en un bar, burlándose de la vida humana como si esta no tuviese la menor importancia.
El teléfono de Galen sonó en ese momento. Número desconocido.
— ¿Diga?
—Vaughn, soy Sheila—dijo la bruja, cuyo tono sonaba desesperado—Algo terrible acaba de ocurrir. La tía de Elena Gilbert, Jenna, acaba de ser encontrada… muerta, drenada de sangre. Tienes que ir rápido a la dirección que ahora te mandaré por mensaje, para llegar antes que la policía. Es la casa de los Gilbert. Busca en los alrededores, tal vez encuentres algo que nos lleve al vampiro responsable.
Sheila cortó.
La noticia había sido abrupta, inesperada. ¿Qué había ocurrido? Vaughn suspiró y se levantó, dispuesto a ir a rastrear al asesino. Se fijó en el vampiro que hablaba con Elena en aquel momento –qué fácil sería clavarle una estaca en su maldito corazón- y decidió que se encargaría de ese después.
Se apresuró hacia la salida, echándole a la joven castaña un último vistazo a lo lejos, y sintió una pequeña punzada de pena por ella: horas más tarde, se enteraría que su tía había fallecido, y ella y su hermano tendrían que enfrentarse a la pérdida una vez más.
Bueno, me tardé bastante pero aquí está, el primer capítulo de este fic. Podría decirse que es un poco introductorio, pero va encaminado. Ya tengo pensadas MUCHAS ideas, solo me falta plasmarlas.
Bien, tengo hasta el 8 de Abril para subir el capítulo 2, pero voy a intentar hacerlo lo antes posible.
¡Hasta la próxima!
