.
.
Capitulo II
.
Nunca había visto a Aang tan enojado como en esos momentos. Su furia era tan grande que se había inducido al estado avatar; solo una vez había reaccionado de esa manera, cuando vio lo que le había pasado a los nómades aire y en esa ocasión fue el dolor y el sufrimiento lo que provocó que llegara a ese estado, pero en ese momento todo era muy diferente. La arena se movía en espiral a su alrededor. Sokka al igual que él se cubrían el rostro tratando de protegerse de los fuertes vientos y la arena llamando inútilmente a Aang; pudo ver a los areneros corriendo por el miedo y otros simplemente quedándose estáticos en el mismo lugar en estado de shock por el poder del avatar. Zuko no pudo salir huyendo, no podía abandonarlo, de alguna manera sabía por lo que estaba pasando su pequeño amigo. Appa y Momo eran lo único que quedaban de los maestros aire, su legado, el bisonte mas que una mascota era su amigo.
Mientras su cuerpo se elevaba en una burbuja de viento haciendo volar todo a su alrededor se acercó a él. Tomó su mano, los ojos brillantes del chico se fijaron en él con fiereza, pero lejos de retroceder el maestro fuego tomo su otra mano y con cuidado lo jaló hacia él. Su cuerpo se mantenía rígido negándose a ceder, negándose a dejar ir ese sentimiento que lo apresaba enormemente; después de un momento las lagrimas cayeron de su rostro y Zuko lo estrecho más hacia su cuerpo.
- Todo estará bien Aang. Encontraremos a Appa.
- ¿Lo prometes? – susurro sollozante.
- Lo prometo.
Después de esas palabras se desmayó.
Los areneros les ayudaron a salir del desierto, todo el camino Aang permaneció inconsciente, algunos de los hombres sintieron alivio por eso, no querían enfrentarse a la furia del avatar, sin embargo, no por eso pudieron sentirse fuera de peligro, había otros seres aun más temibles.
Los dos chicos que acompañaban al Avatar.
Uno de ellos, el chico de ojos dorados con la cicatriz en su rostro daba mucho miedo. Se veía joven, era un poco mas alto que su acompañante, su cabello largo de color negro azabache estaba sujeto en una coleta en su nuca, había mechones de cabello que enmarcaban su rostro, aun así la cicatriz era perceptible, a diferencia de otras personas que seguramente preferirían ocultar tan horrible marca, él la portaba con algo de orgullo sin importarle mucho que se viera; la cicatriz y sus ojos le daban un aspecto temible. Todo el camino sintieron su mirada como agujas sobre ellos, pareciera que iba a atacarlos en cualquier momento si intentaban algo, las espadas en su espalda tampoco ayudaban, solo demostraba que sabía defenderse con ellas y que no dudaría en cortarlos si los consideraba una amenaza para el avatar. El chico de piel morena y ojos azules tampoco se veía tan indefenso, el extraño peinado resaltaba sus rasgos, que no lucía tan amable en ese momento; un boomerang se situaba en su espalda y un hacha en su cintura, los marcados brazos dejaban en claro que había estado entrenando y tampoco se veía muy feliz por lo que estaba sucediendo. No fue un viaje cómodo para los areneros que se sentían horriblemente observados por ese par y agradecieron a los espíritus cuando por fin se separaron.
Una vez fuera del desierto descansaron en un pequeño riachuelo recargando energías; habían estado vagando en el árido territorio los últimos dos días, realmente necesitaban un baño y descansar. Por desgracia habían perdido casi todas sus pertenencias cuando se robaron a Appa. No tenían ropa ni comida, lo único que poseían era lo que llevaban puesto y no era mucho.
- ¿Cuánto falta para llegar a Ba Sing Se? – preguntó Aang.
- Estamos cerca de la bahía de la luna llena, a medio día de camino, de ahí cruzaremos en los transbordadores.
- ¿Transbordadores?
- Es un camino secreto para llegar a Ba Sing Se.
- ¡Genial! ¡Vamos pronto! – exclamó Aang.
- No tan rápido, aun falta algo.
- ¿Qué quieres decir? – preguntó Sokka.
- Necesitamos pasaportes.
- ¿Pasaportes? ¿Qué es eso?
- Es una identificación que existe en el Reino Tierra, son papeles que dicen quien eres y que eres un ciudadano del Reino Tierra. Nadie puede usar los transbordadores sin un pasaporte.
- ¿Y como los conseguiremos?
- Mi tío ya lo ha hecho – respondió con una sonrisa viendo como un ave se acercaba a ellos. Cuando salieron del desierto había enviado su halcón para con su tío advirtiéndole sobre su llegada a Ba Sing Se. Si hubiesen llegado en Appa no tendrían problemas en cruzar el gran muro, pero ahora lo harían como todos los demás. Su fiel compañero llegó a su dueño posándose en su brazo. Zuko lo acarició y de la pequeña mochila en su lomo sacó los papeles que le había pedido – Aquí están, dos pasaportes para ustedes – extendió los papeles de color verde y letras amarillas.
- ¿Chen? ¿Sólo eso? ¿Qué clase de nombre es Chen de todas formas? – Se quejó Sokka.
- Haru – leyó Aang - Es un buen nombre, me gusta.
- ¿Qué hay de ti? – preguntó Sokka.
- Yo ya tengo un pasaporte.
- No lo perdiste cuando...
- No – rápidamente le contestó sin dejarlo terminar, sabía lo sensible que era para Aang el haber perdido a Appa – Siempre lo llevo conmigo, es algo fundamental cuando viajas, tienes que traer cerca tu dinero y tu pasaporte – por suerte tampoco perdió el agua del estanque espiritual que le dieron en el polo norte, lo llevaba siempre consigo colgando de su cuello oculto por su ropa.
Llegaron al túnel que estaba siendo custodiado por maestros tierra, al ver al grupo inmediatamente abrieron un pasaje. Después de un momento caminando una segunda puerta fue abierta, lo primero que vieron no fueron solo los transbordadores si no también a muchas personas ahí.
- Wow – exclamó Sokka.
- Cuantas personas – habló Aang.
- Cada día llegan más refugiados a Ba Sing Se. Todos tratando de buscar un lugar seguro de la guerra – explicó Zuko.
Aang miró a su amigo y pudo ver un brillo de enojo en sus ojos. Él sabía lo mucho que odiaba en lo que el mundo se había convertido, lo que su propia gente estaba causando.
- Vamos por allá – indicó donde una mujer gruñona se encontraba detrás de un alto podio mirando desde arriba a los refugiados, era muy gruesa y su maquillaje demasiado cargado. En ese momento había mandado a deshacerse de las coles de un hombre diciendo algo sobre una babosa.
- ¡Oh! Lee cuánto tiempo sin verte – el rostro de la mujer cambió radicalmente al reconocer al chico, Zuko se tensó ante eso – Ahora si que tomaste un viaje muy largo eh jovencito ¿Qué te entretuvo tanto?
- Una que otra pequeña cosa por ahí y por allá – hablo un tanto avergonzado y nervioso ante la mirada de la mujer, Sokka y Aang se reía por lo bajo – Necesito un boleto...
- Oh por supuesto – con fuerza selló el boleto para el transbordador.
- Gracias.
- Las que te adornan Lee – respondió coquetamente la mujer.
Inmediatamente quiso borrar de su mente esas palabras y la morbosa forma con la que lo dijo. Aang siguió y obtuvo su boleto con facilidad al igual que Sokka.
- No quiero ser Chen - Se quejó Sokka - ¡Yo soy un príncipe de la Tribu Agua!
- Así que eres un príncipe de la Tribu Agua?
Sokka se paró en seco al igual que Zuko y Aang. Una mujer con vestimenta de seguridad del Reino Tierra lo sujetaba con fuerza del brazo.
- Aquí dice que tu nombre es Chen – le había arrebatado el pasaporte de manera brusca – No príncipe de la Tribu Agua ¿Acaso trae documentos falsos? – los acusó.
Ahora Zuko se puso nervioso, sabía lo que lea esperaba si descubrían que sus pasaportes eran falsos, pero no deseaba revelar la identidad de Sokka o de Aang, al menos no todavía, sabía que ya existían rumores de que el avatar había vuelto y si se sabía que se encontraba en Ba Sing Se la noticia correría como pólvora por todo el Reino Tierra alertando también a los maestros fuego, y eso era lo último que deseaba.
- Eh...
- ¿Dices que eres un príncipe? Uno que se cree gracioso y sarcástico, tengo problemas con hombres así.
Cada vez se veía mas molesta, pero Sokka le pareció extraña la selección de palabras.
- ¿Te conozco?
- ¿No me recuerdas? – habló de manera amenazante tomándolo de la camisa, Zuko estaba listo para interferir, esa mujer parecía que iba a matar a Sokka – Tal vez si recuerdes esto – acto seguido lo besó en la mejilla.
Sokka se quedó en shock y después de un momento reconoció el beso, solo una chica lo había besado en la mejilla - ¡Suki!
- ¿Suki? – exclamaron Aang y Zuko.
- Te vez diferente sin el maquillaje – opinó Zuko, en ese momento se encontraban en una de las casetas de vigilancia.
- Y con esa ropa – agregó Aang.
- La mujer gruñona hace que la usemos.
- ¿Están aquí las demás guerreras Kyoshi?
- Si, pasó algo que nos obligó a salir de la isla.
- ¿Qué quieres decir? - preguntó Zuko.
- Maestros fuego atacaron Kyoshi.
- ¿Qué? ¿Cuándo pasó eso? – habló Sokka exaltado.
- Varios meses después de que ustedes llegaran, no eran muchos pero si muy fuertes, nunca había visto a un maestro fuego usar fuego azul.
El corazón de Zuko casi se detuvo
- ¿Fuego azul? – preguntó Aang, después miró a Zuko por un momento.
- Así es, era una mujer joven, la acompañaban otras dos y un pequeño grupo de maestros fuego; preguntaron por el avatar, no se preocupen no les dijimos nada, afortunadamente fuimos ayudadas por un grupo de maestros agua.
- ¿Maestros agua? – ahora preguntó Sokka con incertidumbre.
- A sí es. Al parecer estaban vigilando mas allá de los territorios de su tribu, llegaron justo en el momento en que decidieron atacarnos; muchas de las casas de la isla fueron quemadas, pero la mayoría de los habitantes fueron llevados por los maestros agua a la Tribu del Sur como refugiados para su propia seguridad. Nosotras decidimos salir a ayudar, terminamos escoltando refugiados a Ba Sing Se y nos quedamos aquí.
- Lamento escuchar eso – hablo Sokka. Zuko aun se mantenía callado por lo que acababa de escuchar.
- Yo escuché que el avatar había evitado el asedio del norte – les dijo con una sonrisa orgullosa.
- Si bueno... no podíamos permitir que atacaran la tribu – habló Aang – Perdón que no pudiéramos hacer lo mismo por tu isla.
- Esta bien, las casas se pueden reconstruir, no es como si no pudiéramos empezar desde cero – después de un silencio agregó - ¿Por qué están aquí en los transbordadores con identidades falsas? – refiriéndose a Sokka y Aang - ¿Acaso Appa no puede llevarlos?
- Nos robaron a Appa – explicó Sokka – Creemos que esta en Ba Sing Se.
- Lamento escuchar eso. No he sabido nada de un bisonte volador traído hasta aquí, pero si esta ahí, entró de manera ilegal.
- Gracias por decírnoslo – hablo Zuko finalmente – Es hora de que nos marchemos, fue un gusto verte de nuevo Suki y lamento lo que le pasó a tu isla.
- Esta bien Lee, gracias, les deseo suerte en su búsqueda.
Siguieron a Zuko hasta el transbordador, una vez que subieron todos los pasajeros emprendió el camino. El maestro fuego se mantuvo en silencio, pensativo y con el seño fruncido.
- ¿Qué es lo que te preocupa? – le habló Sokka.
- La persona que atacó la isla Kyoshi.
- Suki dijo que podía crear el fuego azul – agregó Aang - ¿Eso es posible?
- Solo conozco a una persona que puede hacerlo – hablo con seriedad – Mi hermana.
- ¿Tu hermana? – exclamó Sokka - ¿Tienes una hermana?
- Según Suki atacaron la isla varios meses después de nuestra partida – comenzó a hablar ignorando la pregunta de Sokka - Si mis cálculos son correctos para ese momento estábamos camino al polo norte.
- ¿Cómo supo que estuvimos en Kyoshi? – preguntó Aang.
Zuko se hiso la misma pregunta.
- No creo que lo haya sabido – comentó Sokka después de un largo silencio – Creo y puedo apostar que creía que te encontrabas en la Tribu del Sur, solo llegó a Kyoshi para confinarlo - tanto Zuko como Aang lo miraron asombrados – Digo, es seguro que sabe el ciclo ¿no? Agua, tierra, fuego y aire. Lo mas lógico es que estuvieras en busca de un maestro agua.
- Si, es posible – estuvo de acuerdo Zuko después de haber digerido las palabras de Sokka – Y si ella ya sabe que puedes controlar agua, el siguiente paso es…
- Buscar un maestro tierra – completó Aang.
- Y tomando en cuenta que la mayoría de los maestros tierra son llevados a prisión, solo queda un lugar donde definitivamente encontraríamos uno.
- Ba Sing Se – concluyó Sokka.
- A sí es. Mi hermana se dirige hacía acá.
Apretó sus puños con fuerza, sabía que su padre mandaría a alguien a buscar al avatar cuando se enterara de su existencia ¡Pero jamás pensó que seria Azula! Habían sido tan cuidadosos, no llamaban la atención en los pueblos donde llegaban y siempre buscaban descansar en lugares apartados. Incluso lograron infiltrarse en la Nación del Fuego para que Aang lograra contactar con el avatar Roku y ni así fueron descubiertos, a excepción de algunos sabios del fuego, y en ocasiones tuvieron un par de encuentros con algunos soldados pero...
¿Por qué Azula?
Es verdad que su hermana, según recordaba, era muy fuerte, para ese momento tendría quince años, era aun muy joven, pero enviarla en una búsqueda por el avatar sonaba un poco ridículo, recordó que su padre le había puesto la misma misión cuando solo tenía trece años, pero eso había sido un castigo para él, su hermana debió de haber cometido una falta muy grande o… debía de ser muy fuerte como para confiar que ella tendría éxito en su captura.
Sea como sea no le gustaba mucho la idea de que Azula estuviera tras ellos.
- Aang – miró seriamente al monje – Tendrás que ir a Ba Sing Se usando tu planeador, llegarás mas rápido de esa manera.
- ¿Qué? ¿Porqué quieres que vaya solo?
Colocó una mano en su hombro - Porque me sentiré más tranquilo si se que estas en un lugar seguro – Aang ya no vio la seriedad en sus ojos que hace un momento tenía si no preocupación - Si vuelas en esa dirección – señaló con su mano - Para la noche encontraras los muros de Ba Sing Se, pasarás por toda la zona de plantaciones y después de eso te encontraras con los tres anillos que conforman la ciudad, ve hacia la zona alta, el último anillo y busca el Dragón de Jazmín, el dueño es el señor Mushi, mi tío; búscalo y dile lo que ha pasado, estoy seguro que si hay alguien que puede ayudarnos a buscar a Appa ese es él.
Después de la platica anterior Aang había momentáneamente olvidado a Appa.
- Entre más rápido llegues a Ba Sing Se más pronto encontraras a Appa – agregó Zuko
- Así es amigo, ve por él. Nosotros te veremos después – Sokka lo animó.
Aang los miraba con una pequeña duda pero se desvaneció con rapidez al recordar a su peludo amigo y lo importante que era para él, encontraría a Appa cueste lo que cueste.
- Entonces, nos veremos después – Abrió su planeador con seguridad - ¿Estás listo Momo? – el lémur gruño a manera de afirmación, con un gran impulso salió volando del transbordador.
Algunas de las personas abordo miraron con asombro como el chico emprendía su vuelo. La figura del maestro aire se perdía en el cielo de la tarde.
- Y bien ¿Qué tan peligrosa es tu hermana para que mandaras a Aang por delante? – preguntó Sokka. Zuko nunca se había separado de Aang, incluso en las situaciones mas arriesgadas se mantenían unidos.
- Ella no es como cualquier otra persona de la Nación del Fuego. Posee un talento innato sobre su control, su fuego azul es la prueba de ello. También es muy lista – recordaba antes de su exilio lo intimidante que era el fuego de Azula, incluso él le temía pero nunca lo admitiría - No se cuanto ha crecido o que tan fuerte sea, pero definitivamente no debemos subestimarla, si mi padre la envió en nuestra búsqueda es porque en verdad confía en que tendrá éxito.
- ¿Sabe tu padre que estas ayudando a Aang? –
- Es posible.
- Bueno, nos preocuparemos de ella cuando llegue – hablo mientras se acostaba en el suelo recargándose en un pilar con sus manos detrás de su cabeza – Mientras tanto me pregunto ¿qué habrá para cenar?
·
El muro era tan alto que le recordó a la muralla de hielo que protegía a la Tribu del Norte. Era una de las partes que admirar de la capital del Reino Tierra. Así como Zuko le había dicho la primera parte detrás del muro eran plantaciones, poco después vio un segundo muro y al pasarlo cientos de luces se dejaron ver, era simplemente hermoso.
- ¡Mira momo! ¡Es increíble! – el lémur le respondió con su particular gruñido. Sobrevolaba la ciudad admirando la belleza nocturna. Pudo ver el anillo superior al que se refería Zuko, se dirigió ahí.
Katara recogía los platos de los últimos comensales en dejar la tienda. Dejó salir una sonrisa cansada al ver al señor Mushi en la entrada mirando de manera impaciente hacía afuera. Desde que recibió la carta de su sobrino anunciándole que llegaría pronto no dejaba de mostrarse impaciente. Katara supo que algo mas decía la carta pero no se atrevió a preguntar, pudo darse cuenta porque el señor Mushi se tardó en responder cuando él siempre respondía de manera inmediata, fue hasta en la noche que mando el halcón de regreso, eso había sido ayer.
- Señor Mushi – no le escuchó - ¡Señor Mushi! – le gritó.
- Eh? Si... ¿Qué sucede Katara?
Suspiró - Estoy segura de que su sobrino llegará pronto – le dijo con una sonrisa – Si ya esperó por él durante tantos meses ¿Qué son un par de días más?
El hombre dejo salir un suspiro y miró a la chica, vio que ya no había nadie en la tienda - ¿Ya han terminado de recoger?
- Solo falta acomodar unas cosas, el señor Wong dejó unos pasteles ¿Quiere que los lleve a casa?
- Sí, estoy seguro que a la señora Yang Ming le gustaran mucho.
Después de esas palabras la atención del hombre mayor parecía haberse perdido y de nuevo se sumergía en la impaciente espera de la llegada de su sobrino, como si fuera a caer del cielo.
La chica de piel morena le sonrió y se acercó a él – Llegará pronto, se lo aseguro, probablemente en estos momentos está en el transbordador y mañana por la mañana estará llamando a la puerta.
- Gracias Katara - los ojos azules lo miraron con cariño - ¿Has recibido noticias de tu padre?
Antes de responder, alguien intervino.
- Ehh disculpe ¿Aquí es el Dragón de Jazmín?
- Sí lo es, pero ya hemos cerrado – respondió Katara al niño calvo con ropas naranjas, le pareció algo extraño ver a alguien así, los colores reinantes en Ba Sing Se eran las tonalidades de verde y amarillo pero no el naranja, lo mas extraño era la flecha azul en su cabeza rapada.
- Busco al señor Mushi, me envía su sobrino Lee.
- ¡LEE! – gritó Iroh - ¿Dónde está? No lo veo ¿Qué ha pasado? – hablo casi eufórico saliendo de la tienda buscando alrededor.
- El viene en el transbordador. Me mando por delante, mi nombre es Aang y… - dudó por un momento – Bueno, digamos que necesito ayuda para buscar a alguien.
Iroh lo hiso pasar de inmediato. Una hora mas tarde y varias tazas de té y pastelillos Aang les había contado parte de su viaje, al principio no sabía si confiar o no en la chica que los acompañaba, pero cunado el tío de Zuko le aseguró que era alguien de confianza se sintió libre de expresarse, aunque omitiendo el echo de quien era Zuko, explicó como les habían robado a su amigo mientras se dirigían a Ba Sing Se.
- Por eso me mando primero, para buscar información sobre Appa.
- ¿Cómo es realmente un bisonte volador? – preguntó la chica pasando por alto su asombro al enterarse que el dichoso sobrino del señor Mushi había estado ayudando al avatar.
- Es enorme y peludo, tiene seis patas, cuernos y una flecha como la mía en su frente.
- No permiten la entrada de animales a Ba Sing Se – explicó Iroh.
- No pero en el barrio bajo existe un zoológico. Si hablamos con el dueño posiblemente podría decirnos algo – opinó Katara.
- Bien ¡Andando! – Aang se levantó de la mesa.
- Espera ¿Quieres ir ahora?
- Sí ¡Vamos! - Tomó su mano y la jaló fuera de la tienda, prácticamente la llevó a rastras - ¡Sujétate! – abrió su planeador y se impulso hacia arriba. El grito de Katara hiso eco en la noche.
En un segundo Iroh se había quedado solo en la tienda de té. Estaba impresionado por la abrupta salida del avatar y su joven empleada, después se relajó y bebió de su taza. Una sonrisa se situó en su rostro.
Así que... este es el camino que has elegido Zuko.
Se puso de pie recogiendo lo que había en la mesa, limpió los platos y cerrando con gusto la tienda se dirigió a su casa, le tendría que decir a la señora Yang Ming que uno de sus invitados acababa de llegar y el resto llegarían por la mañana.
- ¿Es aquí?
- Si...
Katara sintió que su alma regresaba a su cuerpo cuando por fin pisó suelo firme. El niño la había llevado volando por casi todo Ba Sing Se buscando el zoológico y gracias a eso había descubierto algo nuevo, su miedo a las alturas.
- Se que no es muy bonito – se dio cuenta de la mirada del monje hacia los animales.
Aang había descendido en el zoológico, estaba obscuro y era más pequeño de lo que había pensado, los animales se encontraban encerrados en pequeñas jaulas sin mucha libertad de movimiento. Imaginar a Appa en un lugar así hiso que se molestara.
- Los animales no pueden vivir de esta manera.
- ¿Escuchaste eso? – un sonido llamó su atención, la chica le hiso una señal y Aang la siguió.
Caminaron hasta el fondo del zoológico donde el ruido se hiso mas fuerte, había una gran bodega y se podía ver luz en el interior. Se acercaron con cautela, en la parte superior había ventanas en todo lo largo del techo, Aang tomo a Katara y con un impulso llegaron ahí. El corazón casi se sale de su pecho por lo que vio. Appa estaba ahí, luchando contra unos hombres que trataban de someterlo para que se mantuviera quieto, su aspecto era deplorable.
- ¡Maldito animal! ¡Me has dado mas problemas que lo que me costaste! Pero ya aprenderás.
Se acercó al bisonte con un látigo y lo comenzó a blandir frente a él. Aang no pudo resistirlo más.
- ¡ALTO! – cayó del techo quedando entre su amigo y el hombre – Aléjate de Appa.
- Qué rayos...? ¿Qué demonios hace este niño aquí?
- ¡Este bisonte es mi amigo y no voy a permitir que le pegues!
- Mocoso impertinente, ese animal me pertenece yo pagué por él.
- El bisonte le pertenece al avatar – Katara había bajado del techo y ahora se paraba junto al monje.
- ¿El avatar? – hablo con escepticismo.
- A si es, le fue robado en el desierto y usted lo compro para torturarlo y exhibirlo en este zoológico de mala muerte.
- ¡Yo lo compré de manera legal! ¡Es mío! – arremató sin creerse el echo de que ese niño fuera o no el avatar.
- Si tanto alega que es suyo ¿Cómo fue que llegó aquí en primer lugar? Apuesto a que los Dai Li estarían encantados de escuchar esa historia.
El solo mencionar a los guardianes del rey hiso que sudara. De repente se puso muy nervioso. La mirada fiera del niño tampoco ayudaba, solo en ese momento observó al chico, la vestimenta y la flecha en su cabeza, por un momento dudó.
- ¿Eres realmente el avatar? – no parecía muy convencido.
Aang, mandando al diablo las advertencias de sus amigos de nunca descubrir quien era, blandió su planeador haciendo que la deteriorada bodega se derrumbara los fuertes vientos. El hombre no pareció tener mas dudas después de eso.
- Claramente hubo un error... – apenas y habló muerto del miedo – Y pues... fui engañado...
- Ya lo creo – aseguró Katara.
- Suelten al bisonte – ordenó a los hombres, en el instante en que se vio libre Appa gruñó hacia los que lo tuvieron preso, pero después bajo la cabeza y lambio a Aang.
- Bien, ya tiene a su bisonte, ahora váyanse – rogó el dueño del zoológico.
- Esto aun no ha terminado, me encargaré que los demás animales sean liberados también – advirtió, una vez que Katara se sujetó nuevamente de él salieron volando de ahí seguidos de Appa.
Volaron al sector alto, Katara lo llevó a la casa del señor Mushi, sobra decir que se impresionó al ver al bisonte y los felicitó por su pronto reencuentro, los espíritus estaban de su lado si encontraron al bisonte en el primer intento.
Con el agua del estanque bañaron al animal. El bisonte parecía agradecido por eso y el monje no dejaba de abrazarlo y decirle palabras de cariño jurando que nunca más se volverían a separar. Katara pudo ver el gran afecto que se tenían el uno con el otro, le parecía casi imposible de creer como dos seres de diferente especie podían quererse tanto pues el bisonte respondía al niño. Entonces Appa gruñó de manera extraña
- ¿Qué pasa amigo?
- Creo que está lastimado – hablo Katara y se acercó a él, a sus patas para ser mas preciso, moviendo el pelaje pudo ver marcas rojizas y sangre – Lo mantuvieron encadenado mucho tiempo, tiene las patas lastimadas – el animal gruño como dando consentimiento a que era verdad lo que había dicho – No te preocupes, yo te ayudaré.
Con un movimiento de sus manos hiso que el agua del estanque se moviera alrededor de las seis patas del bisonte, se concentró y el agua comenzó a brillar, lo estaba sanando, después de un momento poco a poco el agua fue subiendo al cuerpo del animal hasta que quedó cubierto casi por completo. Al finalizar regreso el agua al estanque.
- ¿Mejor? – Appa la lambio a manera de respuesta.
- Eso fue asombroso ¿Cómo lo hiciste?
- Solo lo curé de sus heridas y cansancio, el esta bien ahora.
- Eres una maestra agua ¿verdad? Nunca había visto a uno hacer lo que tu hiciste.
Y era verdad, había estado en ambas tribus así que podía decir con seguridad eso. Recordó cuando la curandera atendió a Zuko con el agua del estanque de los espíritus, solo había sanado donde estaba herido mas no todo su cuerpo, ni siquiera pensó que el agua curativa también era capaz de quitar el cansancio, creía que solo se limitaba a las heridas.
- Katara es muy talentosa – agregó Iroh.
- No es para tanto.
- ¿Eres de la tribu del norte o del sur? – simplemente tenia curiosidad - Estoy seguro de que a Sokka le gustaría conocerte, él es el príncipe de la Tribu del Sur – ni siquiera le dio tiempo de responder cuando recordó algo importante - ¡LOS CHICOS! ¡LOS HABÍA OLVIDADO!
- ¿Sucede algo? – preguntó Katara.
- No, pero ahora que tengo a Appa creo que debería de ir por ellos para que lo vean – sin perder mas tiempo subió a la cabeza de su amigo - ¡Vamos Katara!
- Que? No... yo...
- ¡Vamos! Volar en Appa es mas divertido que ir colgando de mi.
Katara miró al señor Mushi como tratando de que le dijera algo, el anciano solo afirmó con la cabeza. Con un respiro de resignación subió al lomo del bisonte sujetándose de su pelaje.
- ¡Yip! ¡Yip!
El grito de Katara nuevamente hiso eco cuando el bisonte se elevó de manera rápida. Parecía un gato-pantera aferrándose al pelaje del animal para no caer.
- Mira Katara.
Con mucho miedo logro abrir los ojos, y con un poco de valor levantó su cabeza. Su boca se abrió ante lo que veía. Appa volaba suavemente sobre Ba Sing Se, se podían ver las luces de las casas como cientos de luciérnagas.
- Es increíble – miro casi sin temor pero con un poco de vértigo. Las nubes, el cielo nocturno estrellado y la luna cerca de estar llena. Ya era muy entrada la noche por lo que la ciudad estaba en una relajante calma. Todo era hermoso, Katara supo en ese instante que nunca olvidaría ese momento – Ahí esta el muro.
Aang dirigió a Appa hacia la alta estructura para pasear sobre él, los guardias miraban con asombro al animal que pasaba sobre ellos volando, más de alguno soltó una exclamación no apta para menores que ellos incluso alcanzaron a escuchar mientras se reían por la impresión que causaban.
- Jamás pensé... que estaría volando – hablo con incredulidad Katara, definitivamente y aunque aun tenía miedo, volar en el bisonte era por mucho mejor que aferrarse al cuerpo del avatar, esto era mas tranquilo y relajado – Appa eres increíble – Acarició al bisonte con cariño. El le respondió con un gruñido.
- Sí, lo es – Aang acarició la cabeza peluda – Sujétate Katara, iremos más arriba.
Hiso ferviente caso. Sintió el impulso del bisonte al elevarse, su estómago se oprimía por la sensación, era increíblemente aterrador y al mismo tiempo emocionante, cuando dejó de sentir que se elevaba para quedarse quieto fue cuando abrió los ojos, de nuevo quedaba sin habla.
La capital del Reino Tierra se podía ver en todo su esplendor.
Toda la ciudad brillaba, el palacio resaltaba enormemente con la iluminación que tenía. Su corazón no solo latía con fuerza por la adrenalina si no también por todo lo que veía. Se movieron suavemente por los cielos, Katara literalmente podía tocar las nubes con sus manos. Dejo salir una risa tímida. En verdad se encontraba paseando entre las nubes.
- ¿Qué es eso?
la voz del avatar la sacó de su trance - ¿Qué es que?
- Ahí, mira – señaló una nube de tierra que se dirigía hacia el muro. De frente había algo alargado que avanzaba sin detenerse. Detrás de esa cosa un gran bloque de maquinas avanzaba, Aang con temor los reconoció de inmediato. Se acercó pero mantuvo distancia para no ser vistos. A pesar de la obscuridad de la noche la insignia en rojo sobre la maquina principal era inconfundible.
- Ese es el emblema de la Nación del Fuego – exclamó Katara.
- Ya están aquí – hablo con seriedad, Zuko tenía razón - Tenemos que ir por los chicos.
Sokka dormía plácidamente después de haber cenado como rey. Cuando Zuko le dijo que la comida de los transbordadores no era muy buena pensó que nada seria peor que los intentos de comida que él mismo preparaba, estaba realmente equivocado, aquello era peor. Ni siquiera tuvo que pensarlo dos veces cuando le dijo que el capitán comía mejor que ellos y que seria injusto que se quedara con toda esa comida el solo. El guerrero del sur cenaría bien esa noche, cueste lo que cueste. Y así lograron robar suficiente comida para ellos y otros de los pasajeros, Zuko le había dado parte de su cena a una pareja que traían a un niño recién nacido, agradecieron el gesto con mucho aprecio.
Para ese momento todos los pasajeros descansaban a excepción de él. Su mente divagaba en lo que había escuchado por parte de Suki, su hermana estaba tras ellos. No podía conciliar el sueño pensando en eso. Si Azula se acercaba a Ba Sing Se seria inevitable que se encontraran, pelaría contra ella, a esas alturas el no era ya el niño que siempre le temía a su hermana menor y que sentía celos de ella por su increíble control y poder sobre su elemento. El era fuerte, lo sabía. Su pelea con maestros fuego a lo largo de su vida como exiliado así como cuando viajaba con Aang le dejo en claro que era un formidable guerrero, con o sin su fuego control era muy hábil. Pero también había algo más que le preocupaba, necesitaban un plan para vencer a su padre.
Aang ya dominaba tres elementos, no era un maestro excepcional con el fuego control pero su nivel estaba por arriba de la media de algunos soldados con los que llegaron a enfrentarse, por otro lado, el elemento más fuerte que dominaba a la perfección era el agua control, uno pensaría que seria el aire pues era su elemento natural, pero no era así. Su agua control era formidable y lo había demostrado en varias ocasiones. Aang estaba en camino de convertirse en un gran avatar, pero había que esperar un poco más para lograrlo, tal vez un año o dos; aun faltaba encontrar a un maestro tierra y sabía que cierta chica sabría hacer bien ese papel. Pero aun no dominaba el estado avatar, no tenía idea de cómo controlarlo, su formación en esa parte estaba estancada y no pareciera haber un maestro que lo instruyera en eso.
Mientras tendría que hablar con Sokka sobre un plan para una invasión. No todo podía caer sobre los hombros de Aang. Ellos también debían hacer su parte, habían platicado brevemente sobre eso mientras se encontraban en la gran biblioteca. Sabían que contaban con la ayuda de la Tribu del Sur y eso era una gran fuerza a su favor, los guerreros de la tribu eran formidables, incluso eran mas feroces que los del norte. Por otra parte también necesitarían la ayuda de maestros tierra y ese era un tema un poco delicado. Tendrían que hablar con el rey tierra, sus fuerzas serian necesarias, suspiró, hacer eso podría significar exponer sus identidades colocándolos en una situación delicada. Recordó lo que pasó en el polo norte.
Miró el cielo nocturno que se alzaba sobre su cabeza. Ya era muy tarde y sabía que le seria imposible descansar, solía pasar eso cuando pensaba mucho. Escuchó los ronquidos de Sokka, dejó salir un suspiro. Tendría que hablar seriamente con su tío cuando llegara.
Trato de cerrar los ojos con la esperanza de que pudiera al menos descansar su cuerpo y tal vez dormir un poco, lejos estaba de pensar que esa noche no dormiría, un gruñido muy familiar le hiso abrir los ojos de golpe. Se paró y vio una figura grande muy familiar acercándose a la embarcación.
- ¡Appa! – gritó sin miedo de equivocación, el gran animal se acercó mas demostrando que efectivamente se trataba de él.
Sokka se despertó inmediatamente. El bisonte se detuvo al lado de ellos sobre el agua.
- ¡Aang! ¡Encontraste a Appa! – gritó Sokka
- ¡Si! – habló con alegría.
- ¿Quién es ella? – señaló Sokka, Zuko desvió su atención a la chica que estaba sobre el lomo del bisonte. Por la obscuridad de la noche solo pudo ver que su vestimenta era verde.
- Es una amiga – explicó Aang – Escuchen chicos suban en Appa rápido, tienen que ver algo.
Con dificultad subieron al bisonte, ya no tenía la silla donde cómodamente podían sentarse, ahora estaban sobre su lomo peludo. Se aferraron con fuerza al pelaje cuando se elevó por los cielos, Appa volaba a gran velocidad. Katara ni siquiera abría los ojos tratando de que el vértigo no la venciera, pero por un movimiento de Appa sintió que casi caía de él. Gritó con terror pero no cayó al vacío para estrellarse sobre la tierra, un brazo fuerte la sujeto de la cintura y la hiso aferrarse al cuerpo que la abrazaba.
- ¿Estas bien? – se atrevió a abrir los ojos para toparse con unos dorados. Zuko casi se quedo sin aliento cuando vio el par de orbes azules que lo miraban con terror.
La obscuridad de la noche y la luz de la luna, todos esos elementos hacían que sus ojos fueran idénticos a los de cierta mujer que conoció en un lago, la Dama Pintada. Él sabía que se trataba de una persona real, pero era una maestra agua, hasta ese momento Zuko nunca se había encontrado con un maestro agua desde que salió de la Nación del Fuego, todos ellos se encontraban viviendo en la seguridad de sus tribus. Pero esa chica cumplía con todos los requisitos físicos de un maestro agua. La miró más allá de lo que se podía considerar prudente tratando de encontrar una respuesta en el rostro de la chica.
- ¡Maldición Aang quieres matarnos! – exclamó Sokka. Su grito hiso que Zuko desviara su mirada hacia su amigo.
- Lo siento pero debemos darnos prisa. Sujétense.
- ¿Y de dónde exactamente? – alegó de nuevo solo para después gritar junto con la otra chica por el repentino cambio de velocidad del bisonte.
Zuko sintió como la chica se aferraba a él como si su vida dependiera de ello, lo cual no estaba tan lejos de ser verdad, gritaba sobre su pecho de terror mientras que el la sujetaba con fuerza con una mano en su cintura mientras que con la otra se aferraba a Appa.
- ¿Aang que es tan importante para que nos lleves así? – le reclamó Zuko.
- Eso - Finalmente la velocidad de Appa disminuyó. Sokka y Zuko levantaron sus cabezas para ver a lo que Aang se refería. Sus ojos se abrieron con asombro.
- La Nación del Fuego va atacar Ba Sing Se.
Appa descendió en lo alto del gran muro, los chicos bajaron de él tan pronto como pisó tierra. Zuko ayudó a bajar a la chica, le dio un gracias con suavidad, podía notar que su cuerpo aun temblaba por el viaje. Aunque se encontraba intrigado por ella tendría que esperar, algo más importante estaba sucediendo.
La impotente máquina cilíndrica se acercaba al muro, Zuko estaba impresionado por aquella demostración de ingeniería por parte de la nación del fuego, ya había visto algunas de esas maquinas con anterioridad pero nunca nada como eso, era realmente enorme. Pero no solo el taladro era su preocupación, también estaba el ejercito que se encontraba detrás de esa máquina respaldándolo.
- ¿Qué rayos es eso? – exclamó Sokka – Parece un...
- Taladro – completó Zuko. El había visto antes algo parecido a eso, no a gran escala pero sabía su funcionamiento – Planean atravesar el muro con eso.
Katara observó al chico con la cicatriz en su rostro. Ella sabía, por boca del avatar que el sobrino del señor Mushi lo estaba acompañando en su viaje haciendo que la curiosidad de la chica aumentara por conocerlo, dejando de lado la cicatriz el joven tenía la piel clara y los mismos ojos dorados que el dueño de la tienda de té. Tendría que ser un verdadero idiota para no determinar que ese chico era Lee, su sobrino.
- ¿Qué se supone que hacen aquí? – un guardia se acercó a ellos llamando su atención – No se permiten civiles dentro del muro.
- Soy el avatar llévenme con quien esta a cargo – hablo con firmeza.
El guardia pareció dudar un poco viendo al grupo por un momento. Después de pensarlo por corto tiempo los llevó hacia su general.
- Es un honor recibirlo joven avatar – hablo el hombre a cargo. Un hombre de edad madura, un poco encorvado, llevaba puesta una armadura un tanto ostentosa y cargada, parecía un armadillo – Pero no creo que sea necesaria su ayuda en el muro.
- ¿No es necesaria? – hablo con incredulidad Sokka – Con todo respeto pero nosotros evitamos que la Nación del Fuego invadiera la Tribu del Norte y sin la ayuda del avatar eso no hubiese sido posible.
- He oído sobre eso pero Ba Sing Se no es la Tribu del Norte, durante cien años nosotros hemos recibido incontables ataques de la Nación del Fuego y nuestros muros han resistido cada uno de ellos. Muchos han tratado de entrar pero ninguno lo ha logrado.
- ¿Y que hay del Dragón del Oeste? – la voz de la chica al lado de Zuko hiso que todos voltearan a verla, especialmente él la miró con asombro al referirse a su tío – Él logro entrar – hablo con seguridad.
- Eh... bueno... técnicamente si... ¡Pero fue repelido rápidamente! Por eso la ciudad se llama Ba Sing Se, esta es la ciudad impenetrable de lo contrario se llamaría Na Sing Se – se rio de su propio chiste – Eso significa penetrable.
Ni siquiera Sokka se atrevió a reírse ante eso.
- Gracias por la explicación ¿Pero qué haremos con el taladro? – hablo con seriedad Sokka.
- No hay problema, para eso envié un grupo con los mejores maestros tierra – el general se había acercado al borde del muro y miró a sus hombres que se encontraban en posición de ataque en la base del muro – Los llamamos el "Equipo Terra"
Observaron como los hombres se habrían paso derribando las máquinas móviles que custodiaban los laterales del taladro. Una vez que llegaron a él crearon columnas de tierra para detener su avance, resultó inútil, con el movimiento del taladro la roca fácilmente se desmoronó. Después salieron maestros fuego y comenzaron a atacarlos obligándolos a retroceder sin lograr su objetivo.
- No ¡Mis guerreros!
Sokka le dio una bofetada - ¡Compórtate ¿Qué clase de general eres? Supongo que ahora seria bueno pedir la ayuda del avatar.
El general con cara de resignación hiso lo que el chico le dijo y pidió la ayuda del monje.
- ¿Pero cómo lo detenemos? – hablo con incertidumbre Aang.
- Desde adentro – todos voltearon a ver a la chica morena.
- ¿Desde adentro? – preguntó Sokka.
- Es claro que ese taladro esta echo para resistir cualquier ataque de rocas por parte de los maestros tierra, y si contamos que planean atravesar el muro con eso sobra decir que su estructura es fuerte en el exterior pero por dentro no creo que sea así.
- Tiene sentido – agregó Zuko, después paso a mirar a Sokka, Aang también miró a su amigo.
- ¿Por qué me miran a mi?
- Bueno tu eres el de las ideas – aclaro Aang - ¿Qué te parece ese plan?
- Bien... – pareció pensarlo por un momento – Creo que ella tiene razón. Máquinas como esas deben de poseer una estructura compleja, un soporte principal tal vez. Tenemos que entrar para ver una manera de detenerla.
- Muy bien hagámoslo – estuvo de acuerdo Zuko.
- Katara quédate aquí esto puede ser peligroso – le dijo Aang - ¡Cuida de Appa! - y antes de que pudiera protestar los chicos descendieron del muro con ayuda del maestro aire que los hiso descender con suavidad. Katara se quedó con la boca abierta viendo como prácticamente la habían echo a un lado dejándola sola.
- Creo que me están subestimando – hablo dirigiéndose al bisonte. Después de casi una hora comenzó a preocuparse - Se están tardando demasiado – Katara observaba como el taladro seguía avanzando y no veía indicios de que se alentara o fuera a detenerse.
- ¡No lo lograran! – grito con temor el general – ¡Esa cosa atravesará el muro y será mi culpa!
Dejando de lado las exclamaciones de miedo del general Katara prestó atención a cualquier movimiento. Observó entonces como algunas máquinas con maestros fuego se reunían en uno de los costados del taladro atacando a los maestros tierra que se encontraban abajo. Se desesperó.
- Bien supongo que también ayudaré – Ya había tomado una decisión pero se encontró con un gran problema ¿Cómo rayos bajaría del muro hasta llegar al taladro? Miro entonces al bisonte, sintió que su estómago se revolvía - Por favor se gentil – le dijo una vez arriba en el mismo lugar donde el avatar se había sentado para dirigirlo, sin tener que decir mas el bisonte emprendió el vuelo y Katara no puedo evitar gritar por ello.
Los maestros tierra combatían contra las maquinas y los maestros fuego, cuando Katara llegó, de una cantimplora oculta en su vestido comenzó a atacar a los soldados. Peleando en conjunto con los maestros tierra lograron vencerlos. Terminaron de derribar al último maestro fuego cuando el taladro de pronto se detuvo.
- ¿Qué ha pasado? - preguntó uno de los soldados.
En ese momento se desprendieron pilares de acero que lo anclaron a la tierra, después comenzó a vibrar dejando en claro una sola cosa.
- El taladro ha llegado al muro – exclamó Katara.
Sintió humedad en sus pies y vio lodo correr por la tierra, siguiendo su rumbo supo que venia de atrás, no dudo en acercarse. Efectivamente, de la parte trasera del taladro dejaba salir litros de agua con tierra, observó como dos chicos conocidos salieron de ahí cubiertos totalmente de lodo.
- ¿Qué ha pasado? – gritó.
- Lo hemos debilitado, pero creo que debemos tapar esa salida de alguna manera para generar mas presión – explicó Sokka.
- Bien, yo me haré cargo.
Zuko se sorprendió de ver a la chica ahí. Se colocó enfrente a la salida del agua lodosa, con un movimiento de sus manos manipuló la tierra y agua que salía para mantenerla estancada evitando que siguiera saliendo.
Así que es una maestra tierra – pensó.
- Perfecto, Aang dará el golpe final ¡Prepárate! – Advirtió Sokka.
Aang se dejo caer desde la mitad del muro impulsado por su aire control golpeando con toda su fuerza el pedazo de tierra en el lugar marcado, ese fue el golpe final que se necesitó para que la estructura colapsara. Con gran maestria Katara manipuló el agua que salió a gran presión directo hacia ellos para que no los arrastrara.
Y ahí Zuko se dio cuenta de su error, era una maestra agua.
Acaso ella..?
Una vez que el aluvión de lodo pasó los chicos pudieron soltar un respiro de alivio. El taladro había sido detenido.
- ¡Chicos! – miraron hacia arriba para ver a Aang todo cubierto de lodo volando en su planeador para llegar a ellos – Logramos detenerlo.
- Aun no – Sokka miraba hacia atrás, todos voltearon para quedar sin aliento.
Los rayos del sol comenzaban a iluminar un nuevo día dejando ver la increíble cantidad de máquinas que avanzaban hacia el muro. Notaron incluso tres taladros más. Una gran invasión se estaba acercando a ellos.
- Es imposible, no podremos detenerlos a todos – habló con desanimo Aang.
- No, no podemos – agregó Zuko – Solos no, necesitamos ayuda.
- ¿Del general? ¡Ya viste lo inútil que es! – exclamó Sokka.
- Existen otros que pueden ayudarnos Sokka. Tenemos que hablar con el Rey Tierra.
- ¿Ahora?
- ¡Claro que ahora no podemos esperar! Aang...
El monje inclinó la cabeza sabiendo lo que quería decir, le hablo a Appa y todos subieron a él.
- Sabes lo que podría significar que hablemos con el Rey Tierra ¿Verdad? – le susurro Sokka.
Zuko se quedo en silencio mirando hacia el frente mientras Appa avanzaba rápidamente sobre Ba Sing Se – Si es necesario revelaremos mi identidad. Si algo malo pasa Sokka...
- Lo sé. No te preocupes – Ambos chicos se miraron y con el silencio se dijeron todo.
Aang condujo a Appa hacia el último anillo de la capital, directamente al palacio del rey. El bisonte descendió en el patio e inmediatamente fueron rodeados por maestros tierra.
- Soy el Avatar y tenemos que hablar con el Rey Tierra – exclamó Aang.
- ¿El Avatar? – un hombre se dejó ver. Era de una edad madura, su vestimenta impecable que denotaban su alto cargo en el palacio. El cabello negro estaba trenzado y caía por su espalda - ¿Y que asuntos tiene el avatar que tratar con el Rey Tierra?
- Long Feng – reconoció Zuko – Tiene que dejarnos hablar con él. La Nación...
- ¡Silencio! ¿Cómo se atreven a venir aquí a perturba la paz del rey? Dai Li ¡Atrápenlos!
Los hombres con sombreros Non La inmediatamente los rodearon.
- ¿Qué esta haciendo? – exclamo Sokka.
- Ustedes son enemigos del Rey Tierra y serán castigados.
- ¿Que?
- ¡No tenemos tiempo para esto! – gritó Aang – Vamos a tener que hacerlo por las malas – todos tomaron posición de pelea.
- ¿QUÉ ESTA PASANDO AQUÍ?
Se quedaron quietos al ver a la persona que ahora salía al patio.
- ¿Toph? – hablaron Zuko y Katara al reconocerla. ¿Qué hacia Toph en el palacio? Pensó Zuko.
- ¿Lee? – la chica ciega reconoció su voz – ¿Eres tu?
- Si Toph.
- ¡Has vuelto!
- Princesa ¡Deténgase! – gritó Long Feng – Estas personas son criminales que han venido con mentiras para dañar al Rey.
- ¿PRINCESA? – dijeron al mismo tiempo Zuko y Katara. La chica pareció avergonzarse un poco.
- Si... bueno... Soy la princesa del Reino Tierra, mi hermano es el Rey – tanto Katara como Zuko estaban impresionados – Pero de todas maneras ¿Qué hacen aquí?
- Toph escúchame hay una guerra en el mundo y esta a punto de llegar a Ba Sing Se – hablo Zuko.
- ¿Guerra? ¿De qué estas hablando?
- Son mentiras su alteza, solo tratan de persuadirla para sacarla del palacio y hacerle daño.
- ¡No es mentira Toph! – hablo Katara – Ha habido una guerra durante cien años contra la Nación del Fuego.
- Y mientras estamos aquí discutiendo ellos se están acercando – agregó Sokka.
- No son mas que mentiras su alteza ellos...
- ¡BASTA! – lo mandó a callar, su mente era una confusión en ese momento – Lee ¿Qué es lo que está pasando?
Zuko tomó una respiración profunda, Katara lo miró esperando por lo que diría.
- Todo este tiempo eh estado acompañando al avatar para terminar una guerra contra la Nación del Fuego.
Eso no era una mentira y ella podía sentirlo - ¿Por qué si hay una guerra nunca lo supe?
- Hay una orden que impide que se hable sobre la guerra dentro de Ba Sing Se –explicó Katara - Hay cientos de refugiados viviendo en el barrio bajo Toph y cada día llegan más.
Eso también era verdad.
- Escucha, mi nombre es Sokka y soy el príncipe de la Tribu Agua del Sur. Podemos pasar todo el día tratando de convencerla de que lo que le estamos diciendo es verdad. Pero no hay tiempo, en estos momentos la Nación del Fuego esta enviando cientos de soldados para acá y será cuestión de tiempo para que lleguen y comiencen una invasión, tenemos que hablar con el rey tierra ahora.
La duda e incertidumbre eran grandes pero no podía negar el echo de estaban hablando con la verdad.
- ¡Ellos mienten princesa!
Con un movimiento de sus manos hiso que la piedra apresara a Long Feng, el hombre quedó impresionado por el poder la princesa ciega, sabía que era una maestra tierra pero jamás la consideró una amenaza. A sus ojos solo era alguien frágil de quien cuidar.
- Una persona esta mintiendo y no son ellos – hablo con seriedad - Dai Li ¡Arréstenlo! - ordenó - Tiene mucho que explicar, ustedes – les hablo al resto – Síganme - Inmediatamente se adentraron al palacio.
- Toph... – Zuko trato de explicarle.
- Esta bien – le calló – Solo estoy tratando de asimilar todo esto.
- No estamos mintiendo.
- Lo sé... sé que no lo haces – Zuko noto un pequeña melancolía en el rostro de su amiga – Estamos llenos de sorpresas ¿Verdad? – agregó Toph.
- Más de las que puedas imaginar – dijo con un poco de amargura Zuko.
Llegaron hasta el salón donde se encontraba el Rey Tierra. Las enormes puertas se abrieron. El trono del rey estaba cubierto por una cortina verde que dejaba ver una figura sentada en él.
- Hermano hay algo que debes escuchar.
- ¿Me preguntó que será?
El corazón de Zuko se detuvo al escuchar esa voz. No podía ser verdad. Las cortinas se abrieron y dejaron ver a una chica de cabello negro y vestimenta roja.
- ¿Quién eres tu? ¿Cómo te atreves a sentarte en el trono de mi hermano? – exigió Toph con furia, sabía que esa persona se encontraba ahí por las vibraciones.
- El rey tierra es mi prisionero así como lo será el resto de ustedes – hablo Azula – Dai Li, atrápenlos.
Los hombres inmediatamente dejaron salir los puños de tierra atrapando al grupo. Sus manos quedaron sometidas detrás de su espalda y una tercera mano se colocó en su cuello. Les obligaron a arrodillarse. Dos mujeres se situaron al lado de la chica que en ese momento se paraba del trono.
- ¿Qué significa esto? – habló con enojo.
- Debiste de salir mas de tu palacio en lugar de quedarte encerrada en sus muros – la chica sonrió mirándola desde arriba - ¿Pero que tenemos aquí? - miró a Aang – Así que tu eres el avatar, un simple mocoso – Aang no sabía quien era esa chica pero no se dejaría intimidar por ella, la miraba con enojo - Serás un excelente trofeo.
- ¡No te llevaras a Aang! – gritó Sokka tratando de hacer el esfuerzo de levantarse solo para ser sometido con mas presión por parte de los Dai Li.
- ¿Y quien lo impedirá? ¿Tu? ¿La princesita ciega? – se rio – La capital del reino tierra ha caído y también el avatar. Ya no hay nada que puedan hacer.
Esto está mal, muy mal.
Pensaba Zuko, de todas las personas su hermana estaba ahí ¿CÓMO RAYOS HABÍA LLEGADO TAN RÁPIDO? ¿CÓMO SE HABÍAN DEJADO CAPTURA DE ESA MANERA? y sobre todo ¿CÓMO SALDRIAN DE ESTA?
Todo estaba en su contra, no veía una posibilidad de escapar, sus manos estaban siendo sometidas por la tierra que las apresaba y sabía a la perfección que si intentaba algo la mano que estaba en su garganta lo aplastaría hasta romperle el cuello. Pero no debía de rendirse, no podía ¡Tenía que haber algo que pudieran hacer! Su mirada se alzo un poco viendo su entorno y tratar de calcular una posible estrategia, los Dai Li los rodeaban.
¿CÓMO POR AGNI Y LOS MALOS ESPIRITUS HABÍA LOGRADO AZULA ENTRAR A BA SING SE Y HACER QUE LOS DAI LI LA OBEDESCAN?
Dejaría esas ideas para después y se concentraría en escapar primero. Notó entonces a las dos personas que acompañaban a su hermana; las reconoció de inmediato. Mai y Ty Lee. Habían pasado años desde la última vez que las vio, jamás pensó encontrarse con ellas de esta manera. Vio entonces que Ty Lee fijaba su atención en él. Eso lo hiso tensarse y desvió su mirada al suelo.
No podía reconocerlo ¿O si?
Estaba todo cubierto de lodo, especialmente el lado de su cara que tenía la cicatriz y su mentón. Su cabello era ya una pasta dura por el lodo que se estaba endureciendo, prácticamente se veía como un vagabundo que se decidido bañarse en agua con tierra, además habían pasado años desde la última vez que se vieron, ni siquiera Azula lo había notado, su hermana estaba más concentrada en el avatar. Pero la vista de Ty Lee estaba fija en él. Sintió que su corazón latía más rápido cuando decidió acercarse.
Un fuerte grito y un estruendo los hiso sacudir. Toph con poder casi sobre humano había logrado liberarse de las ataduras de los Dai Li y sin perder tiempo mientras se erguía atacó a Azula creando un muro de tierra que la derribó mandándola lejos, los Dai Li vacilaron momentáneamente y Zuko aprovecho eso para liberarse, las otras chicas inmediatamente ya estaban contraatacando. Una de ellos envió unas cuchillas hacia Zuko pero un muro de hielo lo protegió a tiempo. Los Dai Li se recuperaron y atacaron al grupo, Aang mandó una ráfaga de aire que los hiso volar.
Toph sentía por las vibraciones que se acercaban más personas ¿Seria ayuda o traidores? Estaba enfurecida y sin dudarlo hiso elevar un muro que los encerró en el gran salón.
Por desgracia Aang y Sokka quedaron fuera.
- Sokka ¡Tenemos que entrar! ¡NO PODEMOS DEJARLOS! – gritó Aang.
- Tenemos otros problemas que atender – Sokka había sacado su boomerang y su hacha mirando hacia la entrada del gran salón. Aang miró también y vio como más maestros fuego se acercaban a ellos – Ya sabes el plan Aang.
El maestro aire miro con enojo a los que tenían enfrente. Si, él sabía lo que se tenía que hacer en casos como esos.
- Regresaremos por ti Zuko – dijo Aang para si mismo.
- Tenlo por seguro – agregó Sokka mientras los dos se abrieron a la batalla contra los soldados.
Ty Lee atacaba a Zuko sin descanso; No deseaba hacerle daño, la conocía desde que era un niño y solo por eso no atacó usando sus espadas, combatían cuerpo a cuerpo, sin embargo no por ello disminuyó la fuerza de sus golpes, Ty Lee era demasiado escurridiza y descubrió con asombro como algunos de sus golpes iban directo a sus puntos chi. Trataba de bloquearlo. Cuando ella trató de alcanzarlo y golpear su pecho Zuko pudo atrapar su muñeca y jalando de su brazo impulso todo su cuerpo mandándola a volar por los aires. Miró entonces a Toph que peleaba contra Azula. Su amiga era fuerte y pudo ver la grandiosa manera con que peleaba. Por otro lado Azula no se quedaba atrás.
Su forma de pelear y combatir le dejaron en claro lo que ya sabía, Azula era una prodigio, era de admirar como Toph le daba batalla pero podía ver como su amiga se estaba cansando. Por otro lado la maestra agua peleaba contra Mai. Jamás pensó que Mai se convertiría en alguien mortal, lanzaba cuchillas sin descanso a la chica pero ella no se rendía, con su agua control le daba batalla a la que fue una amiga de su infancia. Un golpe de tierra que apenas pudo evitar lo hiso concentrarse en su propia pelea. Los Dai Li habían vuelto y no podía bajar la guardia, ¡Tenían que salir de ahí de inmediato!
- Qué rayos..?
Cuando quiso avanzar para enfrentarse a los maestros tierra un raro cuarzo verde empezó a crecer en su pie manteniéndolo pegado al piso. Escuchó un grito y vio como Toph se golpeaba con fuerza contra el muro que había creado dejándola semi inconsciente. Para ese momento el cuarzo había crecido hasta su rodilla y rápidamente subía sobre su pierna. La maestra agua ahora fue atacada por Azula y fue impulsada con fuerza cuando se trato de proteger contra una ráfaga de fuego con hielo, cayó cerca de Zuko. Inmediatamente comenzó a ser engullida por el mismo cuarzo.
- Ty Lee – habló Azula con fuerza. La chica vestida de rosa no necesitó que le dijeran más.
Se acercó a Zuko y golpeando sus puntos chi su cuerpo cedió cayendo como muñeco de trapo sin control sobre sus extremidades. Lo mismo hiso con la maestra agua. Toph trataba de levantarse cuando sintió a la chica con la que había estado peleando frente a ella.
- Ba Sing Se es mía.
Después de eso Ty Lee la golpeó haciendo que se desplomara sobre el suelo, estaba muy enojada y pareciera que su enojo divertía a la chica.
- ¡Llévenselos!
Rápidamente fueron tomados por los Dai Li. Los dejaron caer por un especie de tobogán para finalmente aterrizar uno sobre otro en lo que seria su prisión.
.
Iroh sabía que algo malo había pasado cuando no regresaron después de haberlos esperado varias horas. Había algo diferente y tenía esa extraña sensación en su pecho, lo mismo había sentido cuando supo que Zuko se enfrentaría en un Agni Kai. El amanecer había llegado y todavía no había rastros de su sobrino y sus amigos. Estaba sentado tomando el té en la terraza del jardín.
- El avatar esta en el palacio – la señora Yang Ming le informó – Vieron al bisonte volar hacia allá. También recibimos noticas desde el muro, la Nación del Fuego ya viene con un gran número de soldados.
El dragón del oeste levantó la vista de la taza humeante de té – Hay que prepararnos.
La mujer asintió con la cabeza. Media hora mas tarde el bisonte del avatar aterrizaba en su patio.
- ¿Qué hacemos aquí? Los soldados pronto nos encontraran – gritó Sokka. Con trabajo habían podido eludir a los soldados y salir del palacio.
- El tío de Zuko vive aquí.
- Avatar – Iroh salió a su encuentro.
- Señor, la Nación del Fuego ya ha entrado a Ba Sing Se, el rey tierra ha sido capturado y posiblemente Zuko también.
- Comprendo ¿Qué hay de Katara? – observó que no estaba con ellos.
- Ella se quedo.
- También una chica de nombre Toph – agregó Sokka.
- Si fueron capturado es posible que este en las catacumbas de cristal – habló Yang Ming – No será difícil llegar ahí si vamos bajo tierra.
- Appa no puede ir con nosotros – habló Aang – No le gusta estar bajo tierra.
- No te preocupes yo me iré con él para distraer a los soldados.
- Bien. Usaré el silbato para llamarlo cuando salgamos.
Con eso el grupo se dividió, no sin antes subir algunas provisiones al lomo del Bisonte. La señora Yang Ming creo un agujero en la tierra, el fuego de Iroh iluminó el túnel, se adentraron cerrando su paso por detrás.
.
Zuko había quedado abajo soportando el peso de los otros dos, Katara estaba atravesada boca abajo sobre su estómago y Toph en la cima de los. Se hiso un largo silencio que fue roto por Toph.
- Entonces en verdad estamos en guerra...
Para ese momento su enojo había pasado, estaba segura que Kuei se encontraba en una prisión, su hermano no era un maestro tierra como ella por lo tanto no seria considerado una amenaza, de echo le impresionó que la enviaran a las catacumbas, supo deducirlo solo el largo trayecto que tuvieron que pasar para llegar ahí, además de la forma en que los dejaron caer. Ella podía escapar de ahí si solo pudiera mover su maldito cuerpo.
- No tenía idea que en verdad no supieras de esto Toph – opinó Katara – Si eres la princesa...
- Si, bueno, Long Feng nunca nos dejó salir del palacio a mi hermano y a mí, solo yo me atrevía a hacerlo. Sobra decir que lo hacía a escondidas.
- Siempre me pareció que ese hombre ocultaba algo – opinó Zuko.
- A mi tampoco me daba buena espina – agregó Katara.
- Y yo no puedo creer que ustedes nunca me lo dijeron, pensé que eran mis amigos – Zuko estaba seguro de que si Toph pudiera moverse estaría haciendo una rabieta como un niño.
- Estaba prohibido hablar de eso, además es un tema del que muchos no quisieran comentar. "Hey hola ¿Cómo estas? ¿Cómo te ha ido en la guerra? ¡Bien! Aunque la Nación del Fuego destruyó mi hogar todo esta mejor ahora que estoy en Ba Sing Se". No parece una conversación agradable ¿O si? – argumentó Katara.
- ¿Eres una refugiada Katara? – preguntó Toph un poco más calmada – ¿La Nación del Fuego destruyó tu hogar?
- No realmente, pero escuchaba historias como esas antes de llegar aquí.
- Supongo que ambos estaban huyendo de esta guerra ¿No es así?
Ambos chicos se quedaron callados aunque sabían que la pregunta era para los dos.
- ¿Dónde estamos? – hablo Katara después.
El lugar era muy amplio como una cueva pero estaba cubierta por cristales en colores verdes y azules, brillaban con luz propia.
- Son las catacumbas de cristal – confirmó Toph - Estamos debajo del palacio y toda la zona alta. Antes esto era Ba Sing Se pero un extraño cristal se apoderó de ella, construyeron la nueva ciudad por encima.
Katara solo dejo escapar una exclamación de asombro.
- Espero que este entumecimiento se quite pronto, ustedes dos son muy pesadas – se quejó Zuko.
- Deja de quejarte chico delantal – oh como había echado de menos ese apodo, Zuko sonrió – Aquí la pesada es Sugar Queen.
- ¡OYE!
- ¿Se conocen?
- Sí, ella entró a trabajar con tu tío poco después de que te fuiste – explicó Toph – Katara toca el erhu, es muy buena interprete.
- Oh...
- Por cierto, tal vez sea ciega pero me di cuenta que estabas peleando de manera muy extraña.
- Soy una maestra agua.
Zuko no puedo evitar impresionarse por la declaración, a pesar de que ya lo había deducido antes.
- ¿Qué? ¿Por qué no me lo habías dicho? – reclamó.
- Por que no lo creí relevante, tu eres un maestro tierra y la princesa del Reino Tierra – hiso énfasis en eso – Y tampoco me lo dijiste.
- Yo tampoco lo sabía y tengo conociéndote mas de dos años – exclamó Zuko.
- Lo dice el que estuvo viajando con el avatar por mas de medio año y ni siquiera se tomó un poco de tiempo para escribirle a su mejor amiga.
- Si bueno, era peligroso, además no sabía donde vivías.
- Pudiste haberla enviado con tu tío y él pudo leerla para mi.
- Ya te lo dije era peligroso.
Se hiso un silencio, después de un momento habló Toph - No quería que se portaran extraños ante mi solo porque era la princesa, suficiente tengo con que piensen que sea débil por ser ciega.
- Aunque lo hubiera sabido antes no creo que me hubiera portado diferente – agregó Katara con sinceridad – Y no creo que seas débil por ser ciega ¡Eres increíblemente fuerte!
Zuko no podía decir lo mismo. El era el príncipe de la nación del fuego, de haber sabido quien era Toph se hubiera alejado de ella pues su cercanía con una persona importante podría haber puesto en riesgo la seguridad de su tío y de él así como su identidad.
- Lee? - habló Toph por el aparente silencio de su amigo.
- Tengo algo que confesarte.
- Ahhh – exclamó Toph - Katara es una maestra agua, yo soy la princesa del Reino Tierra y estamos en medio de una guerra contra la Nación del Fuego de la cual no tenía idea. Creo que no hay mejor momento como este para confesar algo.
- Soy un maestro fuego – dijo sin dudar.
- ¿QUÉ? – gritó Katara.
- ¿Lo eres? – preguntó Toph.
- Si... mi tío y yo lo somos.
- ¿TAMBIÉN EL SEÑOR MUSHI? – volvió a gritar Katara.
- Lo siento...
- ¿Por qué te disculpas? – le preguntó Toph – No es tu culpa que seas un maestro fuego.
Se quedo sin habla por la respuesta de su amiga. Se hiso silencio entre ellos. Zuko había confesado algo importante, le impresionó que Toph no quisiera su cabeza, por otro lado la maestra agua si parecía impactada, pero aun había algo más que decir.
- Hay algo más... – a esas alturas ya no había espacio para detenerse en ocultar quien era, realmente quería decirlo y en vistas de las circunstancias no quiso esperar más – Mi nombre no es Lee.
- ¿No?
- Mi tío y yo tomamos identidades falsas para poder entrar a Ba Sing Se y ocultarnos de la Nación del Fuego.
- ¿Cuál es tu verdadero nombre?
Esperó por un momento.
- Zuko... mi nombre es Zuko y yo...
- Eres el príncipe de la Nación del Fuego – completó Katara.
Se impresionó que supiera quien era.
- ¿Príncipe? – ahora habló Toph sorprendido – ¿Lo eres?
- Sí.
- Entonces tu padre es...
- A sí es.
Toph se quedó en silencio por un momento tratando de digerir toda la información que acababa de escuchar.
- Perdón... por haberte mentido sobre quien era.
Realmente quería disculparse. Desde que era niño Zuko no mantuvo mucho contacto con niños de su edad a excepción de su hermana y sus amigas. Después de su destierro y sabiendo que tenían que mantener un perfil bajo realmente dudó que pudiera entablar relaciones de amistad con alguien y sinceramente no pensaba en eso pues la búsqueda de su madre se volvió en su prioridad. Su tío era su única compañía, pero cuando conoció a Toph su amistad se dio de forma natural, ella era muy franca y le encantaba eso. Lo que realmente los unió fue cuando descubrió que era la bandida ciega en un torneo de lucha en el sector bajo.
- Aggg que importa – declaró Toph.
– No estás... Molesta?
- ¿Por qué habría de estarlo? ¿Porque no me dijiste sobre quien eras? Bueno yo tampoco lo hice ¿O te refieres al echo de que tu nación acaba de conquistar la mía?
- Si...
- ¿Tuviste algo que ver con eso?
- ¡CLARO QUE NO! – respondió de inmediato - ¡TRATABA DE EVITARLO!
- Exacto, así que dime ¿Por qué debería de estar molesta?
De nuevo se quedó en silencio anonadado por lo que escuchaba, todo el tiempo creyó que si alguien se enteraba de quien era siempre trataría de atacarlo, hacerle daño y culparlo por una guerra que él no comenzó. Ya lo había visto antes, pero por otro lado… Toph había reaccionado exactamente como... Toph.
Comenzó a reírse, su risa hiso eco en la cueva. Que la princesa del reino tierra, la nación que más había sufrido por esta guerra, lo aceptara a él, el hijo del Señor del Fuego, de manera tan fácil y sin remordimientos le hiso pensar que algo debía estar mal con el mundo. Y por eso reía. Al menos aun no había perdido a su amiga.
·
Azula se sentó con orgullo en el trono de la que fue la ultima ciudad libre del Reino Tierra, Ba Sing Se se había mantenido invicta y era una piedra en la conquista de su padre. Y ahora ella había logrado lo que nadie había echo. Pronto el resto de los soldados entrarían a la ciudad y la invasión estaría completa. Realmente su padre estaría orgullosa de ella.
- ¿Ya han sabido algo del avatar? – preguntó a uno de los Dai Li.
- Vieron al bisonte sobrevolar la zona oeste, creemos que ha huido.
- No me impresionaría que lo hiciera. Pero tal vez regrese, tenemos a sus amigos.
- ¿Crees que se arriesgue a venir por ellos? – preguntó Mai.
- Existe la posibilidad. Por lo que he escuchado son un grupo muy "unido".
Mai entendió por sus palabras que si algún día ella fuera capturada por el enemigo Azula no movería ni un dedo por su rescate. Pero tampoco se impresionó ante ese pensamiento, Azula actuaba por medios tácticos y efectivos, si tenía que elegir entre salvar a alguien o lograr su objetivo ella sabía sin lugar a dudas cual sería la elección de la princesa.
- Sabes, había un chico ahí que me recordaba un poco a Zuko.
Tanto Mai como Azula se quedaron un poco impactadas por las palabras de la malabarista de circo.
- ¿Zuko? – preguntó Mai con duda.
- Si, ya sabes, tenía los mismos ojos que Azula, pelee contra él pero no pude verlo bien, estaba muy sucio, aun así me recordó a Zuko ¿Por cierto has tenido noticias de él? Ha pasado mucho tiempo desde la última vez que nos vimos.
- Sabes que el príncipe fue exiliado Ty Lee, no hay forma de que sepamos lo que ha estado haciendo o donde está.
- Es curioso que lo menciones – habló Azula – Según mis informantes, hay dos personas que acompañan al avatar, uno de ellos es de la Tribu del Sur, pero el otro... – pensó por un momento, había un rasgo característico que distinguía a esta segunda persona, además de ciertos rumores que se esparcieron después del gran fracaso en el asedio del norte.
Mai y Ty Lee esperaban escuchar mas pero la princesa se levantó del trono de piedra.
- ¿A dónde vas? – preguntó Ty Lee.
- A interrogar a mis prisioneros.
.
.
