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Capítulo III
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El túnel se abría poco a poco gracias a la señora Yang Ming, Iroh iluminaba con su fuego.
- Hay algo que me gustaría saber – habló Iroh - ¿Cómo fue que mi sobrino lo encontró a usted avatar?
Aang lo miró por un momento.
- La verdad no se como lo hiso. Lo único que recuerdo que es me encontraba en medio de una tormenta, creo que caí al mar… cuando desperté Zuko ya estaba ahí.
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Estaba hambriento, cansado y sobre todo ¡POR AGNI QUE PUTO FRIO TENÍA! Había estado pescando en hielo desde hace una hora y los malditos peces no parecían cooperar. Miró el desolado páramo, tenía que darle algo de crédito, si alguien estaba buscando refugio de la guerra o al menos un escondite, el polo sur parecía ser un lugar apropiado. Tal vez solo por eso seguía ahí, buscando a su madre, desde hace dos días que había llegado al continente congelado pero no encontraba nada y estaba pensando seriamente si debería adentrarse mas, hacia los territorios de la Tribu Agua… su atención se fijó en su caña de pescar que comenzó a moverse ¡Perfecto al fin picaba uno! después de varios días de comer finalmente probaría algo de carne, aunque sea pescado. Con fuerza y un poco de batalla logro sacar un pez de muy buen tamaño, sorpresivamente un pingüino nutria saltó por el hueco que había echo en el hielo llevándose su cena.
Y ahí su paciencia se fue al demonio.
Con un grito de frustración dejo salir llamas de sus manos, exhalaba vapor y estaba seguro que el hielo bajo sus pies se caldeaba. Se quitó los guantes y tirándolos sin cuidado decidió desquitarse con todo. Sus llamas salían feroces y golpeaba el hielo sin piedad. Había pasado mucho tiempo desde que había echo uso de su fuego control que le resultó liberador dejar salir todo su enojo y rabia de esa manera.
- ¡ESTUPIDO FRIO! – la furiosa llama salió de sus manos.
- ¡ESTUPIDA NUTRIA PINGÜINO! – una patada con dos ataques de fuego golpeó el hielo.
- ¡ESTUPIDO POLO SUR Y SU ESTUPIDO CLIMA! – más llamas salían de su cuerpo.
- ¡ESTUPIDO PADRE! ¡ESTUPIDA NACION DEL FUEGO!
Con un último impulso se elevó por lo aires, haciendo arder su puño en llamas golpeó el hielo con gran fuerza que estaba seguro que lo había agrietado. Después de eso se dejo caer agitado. Se sentía un poco mejor después de haber dejado salir todo eso. De repente un crujido se escuchó, levantándose pudo ver como el hielo se cuarteaba abriéndose peligrosamente. Comenzó a correr, el agua salía a presión por las nuevas grietas mientras el hielo se separaba. Temblaba y hacía un gran esfuerzo en no resbalar. Un movimiento demasiado fuerte lo hiso caer, sacando una de sus espadas la clavó en el hielo y se aferro a ella mientras el sismo pasaba. Observó la grieta abrirse hasta llegar a la montaña congelada, se escuchó un crujido muy fuerte como una explosión seguido de un resplandor, una columna de luz se elevaba por el cielo, miró asombrado lo que pasaba, tan rápido como sucedió se detuvo y cuando se disipó la luz se levantó para ver que rayos había sido eso.
En un capullo de hielo encontró a un niño.
Sus ojos se abrieron. Aang sentía que había dormido por un largo tiempo pero su cuerpo se sentía cansado y tenía mucho frio. Un par de ojos dorados y una fea cicatriz fue lo primero que vio.
- ¿Estás bien? – le hablo el joven que tenía enfrente.
- Si... – se inclino colocando la mano en su cabeza - ¿Qué paso?
- Estabas dentro del hielo.
- ¿Eh?
- ¿Cómo llegaste ahí?
Ambos tenían la misma cara de confusión.
- No lo se... – se puso de pie, realmente estaba haciendo mucho frio ¿Dónde estaba? ¿En el polo sur? Segundos después estornudó, fue tan fuerte que salió volando por los cielos para luego descender sin problemas.
- ¡ERES UN MAESTRO AIRE!
- Sí, lo soy – dijo sin preocupación pasando por alto el aparente asombro del chico. Era mas grande que él, alto y se veía fornido por la parka que lo cubría del frio. La cicatriz en su rostro llamaba mucho su atención pero trato de desviar su mirada. Un gruñido y recordó que alguien más lo acompañaba, detrás de él Appa despertaba.
- ¿Qué es eso?
- El es Appa, es mi bisonte volador.
Acaricio a su amigo, su pelaje estaba helado, después estornudó. Miro entonces al muchacho que aun seguía ahí con cara de asombro.
- Disculpa ¿Podrías decirme donde estoy?
- Estas... en el polo sur.
Recordó entonces todo lo que había pasado, su huida del templo aire, la tormenta y sobre todo, la noticia que lo hiso huir.
- Oh...
- En verdad... ¿Eres un maestro aire?
- Lo soy – después de un momento agregó – Pareces muy impresionado ¿Nunca has visto uno?
- Nadie ha visto uno, desde hace cien años. Los maestros aire están extintos.
- ¿Qué?
Parecía una broma, una muy grande cuando escuchó todo lo que aquel extraño le dijo. Era natural que dudara de él, que no le creyera ¿Pero cómo no podía pensar eso si le estaba diciendo que la Nación del Fuego había aniquilado a todos los suyos y ahora había una guerra de más de cien años en el mundo? Para él solo habían pasado un día desde que salió del templo aire del sur, no había una guerra de cien años y sobre todo, sus amigos y los demás maestros aire estaban con vida.
Todo era una mentira.
Hasta que vio su templo...
El joven se había ofrecido a llevarlo para que comprobara el mismo la verdad. Parecía una pesadilla. Todo estaba en ruinas, no había nadie ahí. Los cascos y algunas armaduras de color rojo oxido se encontraban como caparazones llenados por huesos. Y lo peor fue cuando vio su cuerpo... el collar en el cuello que frágilmente se sostenía era el de su maestro, la persona que casi consideraba como su padre. El no podía estar muerto, nada de esto debía ser verdad...
El dolor fue grande y sintió un gran poder hacerse cargo de su cuerpo. No pensaba, solo sentía y quería dejar salir todo eso que lo estaba llenando y consumiendo en la tristeza y el dolor. Una mano cálida y una voz que lo llamaba lo trajeron de regreso. El poder que lo invadió había desaparecido rápidamente dejándose caer con debilidad. Lloró en los brazos del desconocido y después todo se volvió obscuridad.
Cuando abrió sus ojos ya era de noche, había una manta que cubría su cuerpo manteniéndolo cálido, al girar su rostro vio al mismo chico sentado frente a una fogata. Recordaba que su nombre era Lee.
- ¿Te encuentras bien?
- Si ¿Qué paso?
- Tu... comenzaste a brillar y a desprender mucho poder. No se si es una habilidad de los maestros aire pero… fue muy intimidante.
Fijó su vista en el fuego. Miro a su alrededor, seguían en el templo. La humedad, el desgaste… todo era real. Le dolía y mucho, nuevas lagrimas salieron de sus ojos.
- Se que esto es muy impactante para ti - comenzó a hablar Lee mientras que él sin poder evitarlo seguía llorando – Pero... tal vez no todo este perdido.
Sus ojos grises llorosos lo miraron - ¿Qué quieres decir?
- Bueno... pensaba que tal vez tu sabrías de algún lugar donde otros maestros aire pudieran estar o esconderse, es decir tu estabas en el hielo.
Bajo la mirada pensando - ¿Crees que puedan haber otros sobrevivientes? – habló en un susurro.
- Sé que cuando inicio la guerra el motivo principal que los llevó a atacar a los maestros aire fue porque el avatar estaba entre ellos. Pero no se sabe si realmente murió o no, yo personalmente no creo que pudieran hacerse cargo de todos, creo que pudo haber sobrevivientes pero... en cien años, con seguridad creo que eres el primer maestro aire que se deja ver en el mundo.
Pensaba en sus palabras, de cierta manera era verdad, ellos eran muchos viviendo en los cuatro templos que existían y aunque su naturaleza era pacifica eso no quería decir que no supieran defenderse. Tal vez no todo estaba tan perdido.
- Tienes razón. Tal vez no soy el único que queda – hablo con un poco más de animo. El chico frente a la fogata sonrió.
Después de eso le ofreció un cuenco con sopa, estaba caliente y lo tomo con gusto.
- Me parece increíble que estuvieras durmiendo en el hielo por cien años. No sabía que algo como eso fuera posible.
Dudó por un momento, pero al mismo tiempo pensó que debía decir la verdad, tal vez el no estaba tan convencido de ser el avatar, pero la decisión de huir y haberlo negado terminó en esto, la destrucción de su templo, si él hubiese estado aquí pudo haber echo algo, puedo haberlo prevenido o evitado. Ahora sintió algo horrible, todo lo que pasó había sido su culpa.
- Soy el Avatar – lo escupió así sin mas.
El ruido de un cuenco que cayó al suelo lo hiso levantar la mirada, Zuko estaba con los ojos abiertos del asombro mirándolo fijamente.
- ¿Eres el avatar?
- Ellos me lo dijeron.
Le contó cómo fue que le dieron la noticia, como había reaccionado a eso, también que fue motivo de que huyera del templo y al final que quedo atrapado en una tormenta con el último recuerdo de haber caído al mar.
- Tal vez... si no me hubiera ido de aquí, nada de esto hubiera pasado...
- Aun puedes remediarlo – sus ojos grises vieron al muchacho de la cicatriz – Eres el avatar tu puedes poner fin a esta guerra.
- ¿Terminar una guerra? Quieres... que me enfrente a la Nación del Fuego?
- A sí es. Tienes el poder para hacerlo – había un brillo en la mirada dorada que por un momento Aang estaba seguro que era locura.
- No, no lo tengo. Solo soy un maestro aire. Ni siquiera se que es lo hace un avatar.
- Pero puedes aprender, es decir, hay maestros o algo por el estilo ¿No?
- ¡No lo sé! – huí antes de saber eso, pensó.
Se hiso un silencio.
– Escucha, el avatar puede dominar los cuatro elementos y tiene un poder muy fuerte – hiso una pausa – Tu mismo lo acabas de demostrar hace un momento. Durante cien años de guerra eres lo único que se interpone en el camino de la Nación del Fuego. Tienes que restaurar el orden venciéndolos.
- Me pides que venza una nación yo solo ¡Es ridículo, no puedo hacerlo!
- Lo harás y yo te ayudaré – de nuevo ese brillo de locura destelló.
- Dos personas contra la Nación del Fuego, creo que necesitamos mas que eso.
- No somos solo dos personas Aang, tu eres el avatar y yo… soy el príncipe de la Nación del Fuego.
Ahora el asombro era por parte de él al saber quien era. Lee o Zuko, como reveló que era su verdadero nombre, le contó su historia, también le habló sobre el inicio de la guerra que su familia había ocasionado, todo, incluyendo su cicatriz. Al final se quedo sin habla por lo que escuchaba.
- Esta guerra esta mal. No te mentiré al decirte que también llegué a pensar como mi padre, que debíamos compartir la grandeza de la Nación del Fuego, pero cuando fui exiliado me di cuenta de todo el dolor y sufrimiento que hemos causado. Mira a tu alrededor Aang, los maestros aire fueron los primeros en caer por esa maldita ambición y me temo que les pasará lo mismo a los maestros tierra y a los maestros agua si no los detenemos.
Estaba abrumado.
- Creo que ha llegado la hora de devolverle el equilibrio al mundo, y solo tu podrás lograrlo.
- Es demasiado...
- Ya te lo dije, yo te ayudaré. Aunque cueste con mi vida te ayudaré a detener esta guerra para siempre. Lo juro.
Había verdad en su lealtad, pudo verlo en sus ojos dorados, comprendió que el brillo que vio antes no era locura, era determinación. Pero tenía miedo, miedo de que no pudiera hacer lo que le estaba pidiendo.
- Escucha, no tienes que decidirlo ahora – al parecer había visto su duda - Se que es una responsabilidad muy grande. Yo ni siquiera había pensado en enfrentarme a mi propia nación hasta ahora y también tengo miedo...
Ambos decidieron dejar la conversación ahí. El joven monje no había podido dormir en toda la noche, pensaba demasiado, su mente estaba llena de recuerdos, confusión y dolor ¿Cómo era posible que el destino de una persona cambiara tanto y de una manera tan radical? Sentía que iba a tener un fuerte dolor de cabeza por tanto cavilar. Miro a su alrededor. Su precioso templo; de repente sentimientos de odio comenzaron a llenarlo ¿Cómo se atrevía la Nación del Fuego a hacerle esto? ¿Qué derecho les daba el atacar de esa manera?
Comprendió la idea del príncipe desterrado, esto no estaba bien y tenía razón, había que detenerlos.
- Zuko... – le habló, tal vez el también estaba despierto.
- Sí – una voz le respondió desde el otro lado de la fogata que ya casi estaba extinta.
- En verdad crees... que podamos detenerlos?
Hubo un pequeño silencio hasta que finalmente habló - No será fácil, pero tampoco es imposible, contigo como avatar y mi ayuda, creo que tenemos una posibilidad.
El tampoco parecía demasiado convencido.
- Esta bien – agregó después de una pausa – Hagámoslo.
A la mañana siguiente y después de haber entrado a la cámara secreta del templo, tuvo una visión con sus vidas pasadas, sentía el llamado del avatar Roku, su predecesor. Zuko se había adentrado a una de las bibliotecas, que estaban en su mayoría destruidas, para saber más respecto al avatar y su función en el mundo, había escuchado una vez de su tío que el trabajo del avatar no era solo el mantener el equilibrio entre naciones, al parecer su función era mas espiritual, era el puente entre el mundo de los vivos y el de los espíritus. También encontró información sobre su formación. El avatar tenía que seguir un curso de aprendizaje sobre los elementos, viento, agua, tierra y fuego. Bien, él podía ser su maestro fuego o su tío, por otro lado tendrían que buscar a los otros dos que le enseñaran.
- Ya que estamos por el polo sur, creo que lo mejor seria buscar a un maestro agua.
- ¿Vamos a ir a la Tribu Agua del Sur? – se mostraba emocionado.
- Aun por la guerra las tribus agua se han mantenido intactas, la Nación del Fuego no ha sido capaz de conquistarlas.
- Bien, vayamos allá.
Zuko no estaba seguro si su entusiasmo era por su futuro entrenamiento o por visitar la tribu.
- Aang... he estado pensando, si existe la posibilidad de que otros maestros aire hayan sobrevivido al ataque es probable que se mantengan escondidos. Si terminamos esta guerra, tal vez ellos salgan de su escondite – y también mi madre, pensó.
Los ojos del monje ahora se abrieron con una nueva esperanza. Con aquella motivación partieron a la Tribu del Sur.
- Me contó lo que había pasado en el mundo y prometió que me protegería y me ayudaría a terminar esta guerra, y hasta el momento no ha faltado a su promesa – hablo con solemnidad.
Iroh sintió ese calorcito en su pecho que casi lo hiso derramar lagrimas, su sobrino se estaba convirtiendo en gran hombre, uno que sabía que estaba destinado a convertirse. La señora Yang Ming no pudo evitar sentirse feliz de igual manera.
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- ¿Alguien mas quiere confesar algo? – comentó Toph - ¿Katara? ¿No eres también una princesa de casualidad? – en vista de las circunstancias ya no importaba si le decía que era una reina.
- No, yo no soy una princesa – habló son suavidad, Zuko escuchaba con atención – Yo...
Un estruendo le impidió seguir hablando seguido de un pequeño temblor.
- ¡ZUKO!
- ¡Aang! – gritó con sorpresa desde el suelo, no podía verlo pero reconocería su voz donde sea - ¿Qué haces aquí? ¡Deberías haber huido!
- ¿En verdad crees que me marcharía sin ti? – se acercó a donde se encontraba su amigo – Además, pasamos por alguien que también quería verte.
A la vista de Zuko apareció una figura muy familiar - ¡Tío!
- Señor Mushi, hey – saludó Toph con alegría al saber que se encontraba ahí, maestros fuego o no a la chica le seguía cayendo bien el hombre del té – O bueno, no se si seguir llamándolo de esa manera.
Iroh miró a Zuko y supo entonces que ya le había contado sobre ellos. Vio en la mirada dorada de su sobrino tranquilidad.
- Iroh, mi nombre es Iroh.
- Yo soy la princesa del Reino Tierra – agregó con una sonrisa, los ojos de Iroh se abrieron con sorpresa.
- ¿Qué les paso? – habló Aang al verlos apilados de manera extraña.
- Bloquearon nuestro chi y no podemos movernos – explicó Katara.
- Puedo solucionar eso – aseguró Iroh.
Después de golpear a cada uno en sus puntos para devolverles la movilidad pudieron levantarse. Zuko miró a su tío y no puedo evitar abrazarlo, había pasado muchos meses desde la última vez que se vieron y desde su exilio nunca habían estado separados por tanto tiempo.
- Estoy feliz de verte de nuevo Zuko – hablo Iroh, había algo diferente en su sobrino, un cambio que solo el podía notar.
- Yo también – a pesar de que estaba feliz de su reencuentro había algo mas de que preocuparse en esos momentos - Tío hay un problema muy grande, Azula esta aquí.
- ¿Azula?
- ¡Cuidado! – gritó Toph.
Un temblor y cristales comenzaron a salir del suelo, Zuko logro apartarse pero su tío quedó atrapado.
- Mira nada mas ¿Una reunión familiar?
Toph casi ardía de rabia por escuchar de nuevo a esa chica. Sintió a las dos figuras que la acompañaban, reconoció que se trataban de Dai Li.
- Ha pasado mucho tiempo hermano – Azula no parecía del todo convencida de que fuera él, era mas alto de lo que había previsto, tenía su cara sucia al igual que su cabello y ropa, era un completo desastre, pero al ver a su tío simplemente lo confirmó.
- ¿HERMANO? – gritó Aang - ¿Ella es tu hermana?
- No podrás detenernos Azula – la mirada dorada de Zuko no mostró vacilación, después de decir esas palabras los otros tomaron posiciones de ataque.
- Zuko mira bien lo que estas haciendo – hablaba dulcemente – Padre ha estado preocupado por ti, me envió a buscarte. Tu no eres un traidor, aun estas a tiempo para redimirte – extendió su mano – Únete a mi Zuko. Tengo todo planeado para nuestro futuro, el mas glorioso de la Nación del Fuego, al final habrás recuperado tu honor, el amor de nuestro padre y todo lo que tu quieras. Pero solo lo lograras si te unes a mi.
La oferta se había echo, un incomodo silencio le siguió a las palabras de la princesa. Todos aguardaban por la respuesta.
- ¿Honor? – hablo finalmente Zuko - ¿El amor de nuestro padre? – sonrió a manera de burla – Si regreso a la Nación del Fuego ¡Será para poner fin a esta guerra! – sin dudarlo atacó a Azula.
La señora Yang Ming atacó a los Dai Li mientras que Aang la apoyaba, cuando Toph quiso liberar a Iroh un par de cuchillas se clavaron en un muro de hielo que creo Katara para protegerla. Mai y Ty Lee habían llegado.
- ¡Váyanse! – les gritó Iroh y sin dudarlo Toph y Katara se enfrentaron al dúo.
La pelea se abrió camino en la ciudad sepultada.
Zuko atacaba con precisión mientras que Azula esquivaba sus ataques. Para Aang no le fue fácil atacar a los Dai Li pero con la señora Yang Ming como respaldo pudieron hacerse cargo.
- No podemos quedarnos aquí ¡Tenemos que escapar! – Gritó Aang. La Nación del Fuego había invadido Ba Sing Se, sería cuestión de tiempo para que estuvieran rodeados de maestros fuego.
- ¡No me iré sin mi hermano! – gritó Toph sin distraerse de su pelea.
- ¡Vamos por él!
Después de encerrar a Ty Lee en una caja de roca se abrió camino para buscar a su hermano seguida por Aang. Toph no dudo en abrir un hueco para llegar de manera más rápida y fácil hacia donde pudiera estar Kuei, seguramente en una de las prisiones de metal que no estaban muy lejos de ahí. Al llegar a cierto punto se detuvo abruptamente, Aang también lo hiso, abrió un hueco en el techo donde la cara del rey tierra se asomó.
- ¿Qué estas esperando? ¡Salta! – gritó.
No dudó en obedecer la orden de su hermana y se dejo caer, Aang con su aire control lo hiso descender con suavidad, con lo que no contó es que un oso le calló después aplastándolo.
Katara con el agua del canal que se encontraba en la ciudad subterránea se defendía de los ataques de Mai.
- ¡Eres demasiado molesta! – espetó Mai lanzándole mas cuchillas. Para asombro de la chica vio como, mientras estaban en trayectoria, la maestra agua tomó una de las cuchillas para lanzarla hacia ella. Logro esquivarla mirando con ojos muy abiertos el contraataque.
- ¡Y tu hablas demasiado! – lanzó estacas de hielo. Mai no pudo esquivarlas e inmediatamente quedó aprendida en la piedra.
Azula peleaba contra su hermano, ella siempre fue perfecta, su poder en el fuego era innato y era con seguridad la mejor maestro fuego después de su padre, Zuko nunca había estado a su nivel ¡Jamás! Entonces ¿POR QUÉ LE RESULTABA TAN DIFÍCIL VENCERLO?
El fuego que salía del cuerpo de Zuko con cada ataque era imparable y mortal. Sus espadas Dao se las habían quitado cuando fueron tomados como prisioneros, así que, después del asedio del norte, este era uno de los pocos encuentros donde usaba su fuego control y nada mas que contra su hermana.
Tu hermana nació con suerte, tú tuviste suerte de nacer.
Ahora todo era muy diferente, ya no estaba rodeado de maestros fuego que lo entrenaran, de personas que veían en su hermana lo que a él le hacia falta. Su maestro fue el Dragón del Oeste y su campo de práctica el mundo, y ahora que peleaba contra su hermana se sentía realizado.
El era fuerte.
Azula buscaba una apertura para poder atacar y la encontró, solo por un momento Zuko detuvo su ataque y antes de que lanzara su fuego ella se adelantó con una fuerte patada dejando salir la poderosa llama azul, pero antes de ver como su hermano era quemado el sonido de un látigo se escuchó entre el fervor de la batalla, el incandescente ataque lanzado por ella se partió en dos, lo siguiente que vio fue una fina línea naranja y amarillo que se dirigía a ella.
La esquivó por poco. Sus ojos se abrieron con asombro disimulado, era imposible que su hermano la superara. Atacó con rabia.
Mientras regresaban, Aang y Toph se dieron cuenta como un gran ejercito de maestros fuego y soldados Dai Li se acercaban a ellos. Toph hiso levantar un muro de piedra bloqueándoles el camino para ganar tiempo.
Katara vio como peleaban los príncipes, pero un ataque de fuego casi le da en su momento de distracción. Al darse la vuelta vio como un gran número de soldados habían llegado por otro de los túneles. Usando su poder contraatacó y antes de que pudiera hacer un segundo movimiento una gran ráfaga de fuego embestía a los soldados. Iroh el Dragón del Oeste se había liberado de su prisión y ahora atacaba.
- ¡Chicos tenemos que salir de aquí! – Aang llegó gritando - ¡Mas soldados vienen!
Todos comprendieron la advertencia y de inmediato se acercaron al monje. Toph abrió un gran agujero sobre su cabeza que salía a la superficie, Aang hiso sonar el silbato para llamar a Appa.
Zuko miró a su hermana, su encuentro quedaría pendiente. Inmediatamente retrocedió, Katara y Iroh junto con la señora Yang Ming mantenían a raya a los soldados, cuando al fin se juntaron, Toph hiso que la piedra debajo de ellos se elevara para sacarlos a la superficie, en un ataque final uno de los Dai Li atrapó la pierna de Zuko con la mano de tierra haciéndolo caer.
- ¡Zuko! – gritó Aang, Toph detuvo el ascenso de la piedra, en el momento en que lo hiso los maestros fuego comenzaron a atacar.
- ¡Váyanse! – les gritó Zuko.
- ¡No podemos detenerlos! –advirtió Yang Ming mientras evitaba que las manos de tierra de los Dai Li los alcanzara, para ese momento casi derrumbaban la columna que Toph estaba haciendo ascender para salir y no solo eso, los Dai Li trataban de cerrar el túnel que había creado por donde escaparían, Toph inmediatamente uso su control para evitar su cierre.
Los soldados se acercaban con rapidez, Zuko comenzó a atacarlo para evitar que los capturaran. Katara vio como la princesa se acercaba peligrosamente a Zuko sin que él que se diera cuenta enviando un ataque hacia él. Descendió de la roca y lo protegió con su manto de agua. Ambos se miraron y sin decir nada comenzaron un ataque en conjunto.
- ¡No puedo soportar más! – advirtió Toph.
- ¡Pero no podemos dejarlos!
- ¡Toph sácalos de aquí! – gritó Katara.
Sin pensarlo más controló la roca donde estaban y los elevó a través del túnel cerrándolo tras su paso.
Sokka estaba encima de Appa y dejó que el bisonte volara hasta donde había sido llamado. Vio un gran agujero y no dudó que de ahí saldrían, por desgracia el lugar estaba lleno de maestros fuego, cuando se acercó inmediatamente fue atacado. Solo segundos después una ráfaga de viento los barrió. Pudo ver al grupo salir a la superficie, inmediatamente aterrizó y todos subieron.
- ¿Dónde esta Zuko?
- ¡No pudimos rescatarlo! – respondió Aang.
- ¿Qué?
No pudo decir más, los soldados los estaban rodeando de nuevo. Appa emprendió el vuelo. Aang estaba enojado, mucho. Se suponía que debían rescatarlos y ahora huían como ratas. Appa hiso un movimiento brusco tratando de evitar las rocas de fuego que lanzaban contra ellos lo que ocasionó que todos gritaran, volaban en el lomo peludo de Appa tratando de sujetarse de alguna manera, con un fuerte viento el maestro aire las barrio y las derribó regresándolas hacia los soldados, todos pudieron notar su estado de ánimo.
Miraron hacia atrás y vieron como el estandarte de la Nación del Fuego se dejaba ver en el palacio, Toph abrazaba a su hermano, ella no podía ver pero por el silencio y las palpitaciones de Kuei pudo notar que la imagen debía ser mala. Cientos de maquinas se adentraban a la ciudad y el humo se podía ver en distintas partes de los anillos.
Ba Sing Se, finalmente había caído.
- ¿A dónde vamos? – preguntó Sokka.
- A un lugar seguro – fue la respuesta solemne de Aang.
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Azula observaba satisfecha a su hermano. Estaba en el suelo sin poder moverse, pero su mirada dorada dejaba ver lo que nunca había visto en él.
Fuerza.
Zuko era fuerte y se lo había dejado en claro esa noche, había peleado contra más de diez soldados y Dai Li de una manera que incluso ella casi llego a admirar pero jamás lo reconocería. También vio algo que ya no estaba en él.
Debilidad.
Él siempre fue débil, se dejaba llevar por sus sentimientos; su madre lo prefería a él, pero el afecto era debilidad, y Azula nunca fue débil, ella nunca tuvo que mendigar la aprobación de su padre porque siempre la tuvo. Sabía en lo profundo que su hermano le temía por ser más fuerte que él, pero en esta ocasión no vio eso en Zuko. El había peleado contra ella sin contenerse, lo sabía por el dolor que sentía en su brazo, uno de sus látigos de fuego la había alcanzado, logro moverse rápidamente antes de que el daño fuera mas grande pero ahí estaba. Y eso la hiso enfurecer.
Sus ojos dorados se cerraron cuando lo golpearon dejándolo en la inconciencia y solo así dejó de sentir esa llama que la quemaba por su mirada, incluso sentía que su herida ardía más bajo sus ojos. Ahora estaba sometido, ya no era una amenaza, ella había ganado, aun así su enojo no disminuyó.
- El príncipe Zuko – el general Liang, quien estaba bajo las ordenes de la princesa para la conquista de Ba Sing Se vio el cuerpo del muchacho reconociéndolo a pesar de su estado deplorable – Así que los rumores eran ciertos, es ahora un traidor.
- Y todos sabemos el precio que pagan los traidores – agregó su segundo al mando. Miraban a la princesa en espera de saber cual sería su siguiente orden.
Azula sonrió acercándose a su hermano – Si, un castigo justo para un traidor – su mano se levantó.
- Tu padre estará satisfecho de darle la sentencia final – habló Mai haciendo que Azula se detuviera mirando a su amiga fijamente – Estoy segura que será una gran demostración para la Nación del Fuego ver lo que sucede cuando se va en contra del Señor del Fuego, incluso si es su propio hijo.
La advertencia estaba dada, nadie pudo ver lo que Mai había querido decir realmente, solo Azula.
"No mates a Zuko porque eso podría molestar a tu padre, querrá hacerlo el mismo".
Esas habían sido sus palabras, traidor o no Zuko era un príncipe y dependía de su padre dictar la sentencia. Azula, habiendo tantos testigos no pudo mas que mostrar concordancia con su amiga.
- A sí es, solo mi padre podrá juzgarlo – estuvo de acuerdo - Tendremos que esperar a llegar a la Nación del Fuego. Estoy segura que mi padre estará encantado de verte de nuevo Zuko – le hablo al cuerpo desmayado. Sonrió con malicia. Ver que su propio padre le castigue resultaría mas placentero que simplemente matarlo ella misma estando en el suelo.
- ¿Qué hay de la maestra agua? – habló Liang – Nunca antes se ha atrapado uno.
Azula la miró por un momento, la vio en pelea y resultaba muy peligrosa, había peleado junto con Zuko, sonrió pensando en algo muy divertido – Vendrá con nosotros.
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Era de noche cuando llegaron al Templo Aire del Este. Todo el camino Aang había permanecido en silencio.
- No es tu culpa – habló Iroh dirigiéndose al avatar una vez que todos bajaron del bisonte.
- Usted no lo entiende - en ese momento su porte flaqueó y vio como se encogía levemente – Yo soy el avatar, se supone que es mi deber protegerlos, no que me protejan a mi – vio una mezcla de dolor, coraje y preocupación en sus ojos – Zuko... él...
Zuko había sido la persona que lo había despertado, también fue quien le abrió los ojos sobre lo que pasaba en el mundo, no le ocultó quien era y después de su confesión le dijo que le ayudaría a poner fin a la guerra, estaría con él hasta el final. Al principio Aang agradeció contar con su ayuda, mentiría si dijera que no se molestó cuando supo quien era y lo que habían echo sus antepasados y lo que su padre seguía haciendo, pero también vio verdad en sus ojos así como determinación y lealtad; lo había llevado a la Tribu Agua del Sur para que aprendiera agua control aun bajo el riesgo de morir a manos de los maestros agua por ser el príncipe de la Nación del Fuego, pero no se atrevió a descubrirlo, solo Sokka lo sabía y aquello se le fue confesado cuando quiso irse con ellos, lo curioso es que el guerrero solo se sorprendió por un momento, después de eso lo trato como siempre lo había tratado desde su llegada a la tribu.
Aang tuvo que reconocer que Zuko, al igual que Sokka, era un amigo fiel y leal, lo había cuidado y protegido todo el tiempo y solo pudo darse cuenta de eso cuando salieron de la seguridad de la Tribu del Sur. No solo él como avatar era alguien importante al que debían de cuidar a toda costa de la Nación del Fuego y de los caza recompensas, de los tres, Zuko era quien más peligraba. El era el hijo del Señor del Fuego, si alguien se enteraba de eso su vida estaría en riesgo. Pasaron un sin fin de aventuras, para ese momento de su viaje había un lazo muy fuerte que ahora unía a los tres chicos. Admiraba a Zuko como maestro fuego y como Sifu era realmente bueno, así como exigente y estricto. El había cumplido parte de su promesa, lo llevaba hasta encontrar maestros que le enseñarían, también le había prometido que encontrarían a Appa y así fue.
La palabra gracias quedaba muy corta...
Y ahora simplemente lo había abandonado a su suerte en manos de las personas que lo consideraban un traidor. No podía perdonarse así mismo, se sentía culpable.
- Aang, tampoco es como si Zuko no pudiera cuidarse solo – habló Sokka mientras colocaba una mano en el hombro del joven monje – El es muy fuerte y no es tan estúpido como para dejarse matar. Además no eres el único que se siente culpable por haberlo dejado atrás.
Miro al grupo, la princesa se encontraba cabizbaja y el tío de Zuko se veía preocupado por no decir del Rey Tierra.
- Los rescataremos y esta vez si los traeremos de regreso con nosotros – aseguró el guerrero del sur.
- Es solo que me preocupa – había impaciencia en su voz – Zuko es un traidor ¿Qué crees que le hará su hermana?
Sokka se asombró ante sus palabras, tenía razón.
- Es cierto que somos traidores – hablo Iroh llamando la atención todos - Y a pesar de que Zuko fue desterrado no deja de ser un príncipe haciendo su falta aun mas grande. Es probable que sea condenado a muerte – se impresionaron - Pero no saquemos conclusiones apresuradas. Azula no le hará nada, en este momento es probable que sea considerado prisionero de guerra y sea enviado a la Nación del Fuego. Será juzgado allá y eso nos puede dar tiempo para organizar un rescate.
- No se olvide de Katara señor Iroh – agregó la señora Yang Ming.
- Oh es cierto – se puso a pensar – En ese caso no debemos preocuparnos.
- ¿Qué quiere decir? – Aang no entendía.
- Katara es una maestra agua excepcional joven avatar, con muchos talentos – sonrió.
·
Sentía que el bisonte del avatar había aplastado su cabeza, abrió los ojos con pesadez sin poder reconocer su entorno. Todo estaba obscuro, solo podía ver medianamente el techo de donde sea que se encontraba. Dejo salir un quejido y se dio cuenta que no podía mover su cuerpo. Recordó entonces la pelea que tuvieron, ella sabía que no había manera de que salieran de esa, aun así luchó, al final fueron vencidos y la chica extraña los golpeó en sus puntos chi de nuevo, después, un maestro tierra se encargó de dejarlos inconscientes.
- ¿Estás despierta? – escucho una voz, no le tomó mucho reconocerla.
- Si.
- ¿Puedes moverte?
- No.
- No te preocupes, no creo que dure mucho mas tiempo.
Trató de verlo como buenas noticias aunque sabía perfectamente que toda la situación no era nada favorable, pudiera mover el cuerpo o no.
- ¿Dónde estamos?
- En un barco, tal vez rumbo a la Nación del Fuego.
Sintió su cuerpo congelarse - ¿Como puedes saberlo? – su pregunta no sonó nada amable.
- Estoy seguro que Azula planea exponerme como traidor ante mi padre – simplemente explicó – Posiblemente quiere que mi muerte sea todo un espectáculo – a Katara le sorprendió la tranquilidad con la que hablaba - No sé que planea hacer contigo, pero estoy seguro de que no te matará, supongo que simplemente te mostrara como la primera maestra agua en ser capturada.
¡Vaya consuelo! Pensó.
- ¿Qué hay de los demás? ¿Lo lograron escapar? – hasta ese momento recordó al resto del grupo y su precipitada huida.
- Creo que si, de lo contrario estaríamos todos aquí.
Al menos esas eran buenas noticias, una idea nació en su mente.
- ¿Crees que intenten rescatarnos? – preguntó con una gran esperanza.
- Tal vez…
Bien, eso no sonaba anda alentador, bufó un poco molesta. Definitivamente no podía ir a la Nación del Fuego como prisionera, y esperar un posible rescate no era algo de lo que podía depender, tenían que escapar por su cuenta, pero ¿Cómo? Cerro sus ojos y trato de encontrar una solución. No podía moverse y aunque lo hiciera no tenía agua a su disposición – vamos piensa en algo, piensa en algo – se repetía como un mantra, hiso lo que su padre siempre le decía, respira con profundidad, despeja tu mente. Se esforzó en hacerlo tratando de ignorar los precipitados latidos de su corazón que parecían un tambor desbocado y el intenso miedo que la gobernaba; entonces lo sintió, la presencia de su astro, a si que ya era de noche, tuvo una idea.
– Si logro hacer que recuperes tu fuego control ¿Podrías sacarnos de esta celda?
- Tal vez.
Zuko observaba a la maestra agua que estaba en la celda enfrente de él ¿Cómo realmente podría hacer que recupere su fuego control? Para empezar, y a diferencia de él, ni siquiera podía moverse, distinguía su cuerpo inmóvil entre la obscuridad como una forma o bulto en color verde, pero después de un rato vio un pequeño espasmo, algo que parecía un brazo comenzó a moverse, después de eso se levantó hasta quedar sentada.
- ¿Cómo lo hiciste?
- Algunos maestros agua pueden curar heridas – él sabía eso a la perfección – Eso incluye desbloquear chi.
- Pero no tienes agua.
– El cuerpo humano esta compuesto por tres cuartas partes de agua.
Zuko frunció el seño ¿Qué clase de explicación era esa? Se imaginaba a si mismo como una especie de cubeta llenada a mas de la mitad, no entendía nada. Era verdad que los maestros agua podían controlar cualquier líquido pero… controlar el agua interna de los cuerpos parecía algo exagerado. Entonces la respuesta le llegó como un balde de agua fría.
- Puedes controlar la sangre – mas que una pregunta era una afirmación.
- Solo puedo hacerlo en las noches de luna llena – habló finalmente dándole la razón - No te muevas.
Involuntariamente se quedó quieto, todavía aturdido por su reciente descubrimiento. La maestra agua se acercó lo mas que pudo a los barrotes de su celda, estaban frente a frente separados por un pequeño pasillo, solo había rejas sin paredes lo cual permitía un vista completa de todo el lugar; extendió su mano y observó como cerraba sus ojos en evidente concentración.
Zuko comenzó a sentirse extraño, pero no pudo deducir si era por el control que ella estaba tomando en él o sus nervios de lo que iba a pasar. En un instante lo sintió, era una especie de jalón interno, como una intromisión, pareciera que alguien se había adentrado a su cuerpo utilizándolo como recipiente o traje. De pronto un extraño calor empezó a viajar por todo su cuerpo, desde la punta de sus dedos hasta sus pies, se dio cuenta que era su sangre; resultaba extraño y fascinante. Después sintió una liberación.
- Eso fue... – realmente no tenía palabras para describirlo.
- ¿Puedes hacer fuego?
Hiso aparecer una llama en su mano. Ambos sonrieron. Zuko estaba fascinado, ya había escuchado de esa habilidad anteriormente, de echo, había sido un tema de discusión cuando Aang estaba entrenando en la Tribu Agua, Sokka mencionó que existía cierto clan que poseía habilidades asombrosas con el manejo del agua, una de ellas era el control de la sangre, el debate principal fue si el avatar debía saber o no dicha técnica, pero no fue entrenado porque la líder de aquel clan se negó a enseñarle.
Una enorme curiosidad despertó por la chica que era su compañera de celda, deseaba saber si era procedente de aquel clan y si era a si ¿Qué hacía en el reino tierra? La pregunta murió en su boca cuando escuchó una puerta metálica abrirse, alguien entraba. Zuko hiso desaparecer su fuego y la maestra agua fingió estar inconsciente, él se quedo quieto hasta que vio a la figura que estaba frente a él.
- Mai.
La chica de ojos grises lo observaba mientras lo iluminaba con el fuego de la lámpara en su mano, después giró su cabeza deteniéndose en la maestra agua que aun se mantenía inconsciente en la celda detrás de ella.
Zuko se puso de pie.
El corazón de Mai casi se detuvo. En verdad era Zuko ¿Cómo no lo había notado antes? ¿Cómo era posible que su corazón no lo hubiese reconocido? Sus ojos que tanto recordaba seguían igual de dorados y brillantes, con aquel toque de amabilidad y asombro inocente que nunca vio en Azula, pero ahí se detenían las similitudes del niño al hombre. Era alto y se veía fornido, las sombras y la luz parpadeante le daban un ligero aspecto temible. Ya no quedaba nada del niño de nueve años con el que jugaba, ahora veía al hombre en el que se convertiría. Si alguna vez llegó a estar enamorada de él cuando era una niña esos sentimientos se incrementaron al verlo tan realizado. Aun estaba un poco sucio, pero su rostro ahora se veía con más claridad, miró con lastima la cicatriz en su rostro, era una pena que la poseyera, Zuko sería demasiado apuesto sin ella.
- ¿Qué haces aquí?
Sus divagaciones y sentimientos se fueron a un lado para encararlo.
- La misma pregunta me hago Zuko ¿Qué haces aquí? – él la miro confundido – ¿Por qué lo hiciste Zuko? ¿Por qué tiraste tu futuro por la basura cuando Azula te propuso ese trato?
Hubo un cambio en la mirada y supo que el brillo que ahora incendiaba sus ojos dorados no era por la felicidad o sorpresa de haberla visto después de mucho tiempo.
- Porque mi futuro se fue a la basura cuando mi padre decidió darme una muestra de su cariño.
Respondió con odio. Se había acercado peligrosamente a ella, había barrotes que los separaba pero aun así se podía sentir que su presencia llenaba todo el espacio.
- ¿Lo estas haciendo solo para vengarte de tu padre? – le reclamó - ¿Acaso eres tan tonto como para creer que puedes vencerlo?
Algo explotó en el interior de Zuko.
- ¿Has visto el mundo Mai? – gritó – Desde tu mundo perfecto donde vives feliz y sin problemas no te das cuenta que todo esta mal. Lo que nuestra nación cree hacer es compartir al mundo nuestro poder y gloria cuando solo veo dolor y sufrimiento. Madres llorando por sus hijos, hombres que luchan y mueren por su libertad ¡LIBERTAD QUE NOSOTROS LES HEMOS ARREBATADO! ¿Qué nos da el derecho Mai de llegar a sus tierras y conquistarlas como nuestras? Dime ¿QUÉ?
Ella se quedó en silencio aturdida por sus palabras.
- No somos el elemento más fuerte ni la nación mas gloriosa – habló un poco más calmado - He visto a maestros capaz de hacer cosas que nosotros no podemos hacer y naciones con un poder tan grande que no tienen comparación. No somos más ni somos menos, somos iguales.
- ¿Qué hay de tu honor? – habló con voz tenue, Zuko sabía que Mai estaba tratando de aferrarse a lo único que lo haría cambiar de opinión, porque de alguna manera sospechó que no podía argumentar en contra de sus palabras, si había estado viajando con su hermana buscando al avatar, no podría ser ajena a todo lo que pasaba en el mundo, y si no lo quería ver o pensaba que no estaba mal lo que hacían, entonces no podía mas que despreciarla por pensar igual que el resto de su nación. Pero era demasiado tarde, ya debía de haberlo sabido, si su hermana no pudo, ella tampoco lo lograría convencer.
Zuko sonrió con amargura – No hay honor en la guerra.
Su determinación era inquebrantable y la chica enfrente de él pudo verlo. Dejó salir un suspiro de resignación y después le entregó una caja que metió entre las rejas, Zuko la tomó sin dudar, era rectangular de color negro nacarado, la sintió cálida en la base, ni siquiera había notado que Mai la llevaba consigo.
- Azula ha decidido llevarte ante tu padre y exponerte como traidor frente a toda la nación. Si atrapan a tu tío tal vez le espere el mismo destino. Es posible que mueras.
Zuko no se sorprendió de eso, sabía que eso sucedería cuando decidió bajar de la roca y darles tiempo de huir a Aang y los demás, pero tampoco era la primera vez que se ponía en riesgo para salvarlo, mas de alguna ocasión estuvo al borde de la muerte por su causa y en ninguna mostro arrepentimiento por eso.
- Estuve listo para morir desde el momento en que tomé la decisión de ayudar al avatar.
Esa respuesta la había sorprendido, aunque lo disimuló perfectamente.
Zuko miró a Mai, habían pasado varios años desde la última vez que se habían visto, nunca pensó que crecería casi tan alta como él, su figura era delgada y su semblante serio como lo recordaba, una parte de él le decía que ella no era tan mala como pretendía ser, seguramente seguía ordenes de Azula, el solo echo que lo visitara comprobaba eso, a su mente llegaron los recuerdos de cuando jugaba con ella y Ty Lee, parecían tan lejanos ahora. Fijó su vista en la caja que le había entregado, al abrirla el olor al pollo a la naranja lo abordó así como el arroz frito, miró de nuevo a Mai ahora con asombro.
- Era tu favorito según recuerdo.
- Por que...?
- Si vas a morir al menos tienes que disfrutar una última cena ¿No crees? No es que fueras a morir mañana pero...
- Gracias, no debiste hacerlo... – comprendió su punto - Tal vez tengas problemas por esto - se dio cuenta que veía algo más en ella, algo que le incomodaba - ¿Qué sucede?
- La maestra agua – habló Mai después de dejar de morderse el labio – Azula cree que es tu amante.
Los ojos de Zuko se abrieron por la sorpresa y casi dejó caer la caja con la comida. Sus ojos deliberadamente fueron hacia la chica que estaba en la celda de enfrente fingiendo estar inconsciente.
- ¿De dónde diablos sacó eso?
- Sabe que una persona de la tribu agua ha estado acompañando al avatar al igual que tu. Al verla a ella y por como se quedó para ayudarte a pelear llegó a esa conclusión. También planea interrogarla.
El rostro de Zuko se volvió serio - ¿De qué estas hablando?
- El avatar escapó, los únicos que posiblemente saben donde se esta escondiendo son ustedes y como tu ya estas condenado a muerte…
- ¡Ella no sabe nada! – le interrumpió.
- Eso no la detendrá Zuko. Azula solo quiere castigarte antes de tu sentencia y lo hará a través de ella.
Comprendió al instante por donde iba todo el asunto. Que estúpido había sido al pensar que no le harían daño, si los habían visto pelear juntos resultaba obvio que pensaran que también estaba involucrada.
- ¿Entonces es verdad? ¿Ella es tu amante? – preguntó con inseguridad al ver su reacción.
Tenía la mandíbula apretada, podía sentir el calor crecer en sus manos, pero trato de calmarse, no podía exponer delante de Mai su recuperado control sobre el fuego y sabía que iniciar una discusión sobre su relación con la maestra agua era caso perdido, su hermana ya se había echo una idea y nada la haría cambiar de opinión, condenó a la muchacha cuando le permitió quedarse a pelear con él, pero ya no podía lamentarse por ello tampoco. Mai aun lo miraba, solo tenía una única respuesta que darle.
– Creo que debes irte Mai, te estas arriesgando demasiado al venir aquí y hablar conmigo.
Mai sintió que su alma caía a sus pies. Azula había tenido razón. Inmediatamente el ligero dolor se convirtió en furia. Levantó la barbilla ante sus palabras y trató de ocultar su molestia. No dijo nada mas y se marchó dejando en obscuridad las celdas. Se escuchó la puerta metálica cerrarse tras ella. Una vez fuera tiró la lámpara con fuerza, los guardias se mantuvieron estoicos ante su arranque de furia.
- Supongo que eso significa que mis suposiciones eran verdaderas – hablo Azula apoyada en la pared de metal del pasillo ¿Cuánto tiempo había estado ahí? ¿Cómo sabía que vendría a verlo? pensó Mai, pero después recordó que se trataba de Azula, una voz en su mente le dijo que ella no hacía ni decía nada sin pensar en sus consecuencias, su furia incrementó de pensar que solo la estaba utilizando – Te dejaré a ti a cargo de su interrogatorio – le dijo finalmente antes de marcharse.
Algo se encendió dentro de Mai al escucharla decir eso, debajo de su manga tocó sus filosas cuchillas. Sí, ella haría bien su trabajo.
Azula estaba feliz.
Cuando le contó a Mai y a Ty Lee de como Zuko había rechazado su oferta de volver a la Nación del Fuego su callada amiga casi se negaba a creerlo, pudo ver la decepción y decidió agregar más sal a la herida.
- Tal vez alguien lo convenció de ser un traidor – dijo con cizaña – Es increíble lo estúpidos que se vuelven los hombres por un rostro bonito.
- ¿Te refieres a la maestra agua? – opinó Ty Lee sin saber que ayudaba en el plan de Azula – Es muy bonita y parecía conocer a Zuko ¡Si regresó a ayudarlo! Eso fue muy tierno.
Y con esa declaración pudo ver el desconcierto, dolor y celos en el rostro pasivo de su amiga. Mai no dijo nada y se mantuvo fuera de la platica, pero escuchando con atención, en cambio Ty Lee había caído perfectamente en la trampa e hiso la pregunta clave que daba mas credibilidad a su historia. La ex malabarista de circo cuestionó como era que estaba segura que la maestra agua era también parte del grupo que acompañaba al avatar ya que ella recordaba a otro chico también ahí.
Azula sonrió antes de dar una gustosa explicación, les contó que cuando los sabios del fuego advirtieron a su padre que el avatar había regresado, inmediatamente comenzó a mover fuerzas especiales para comprobarlo, hasta entonces se sabía que viajaba acompañado de dos personas y que una de ellas procedía de la tribu agua.
Como habían visto ellas mismas, la chica era una maestra agua, a si que tanto Ty Lee como Mai, aunque no lo expresara, estuvieron de acuerdo de que la chica se trataba del tercer miembro del grupo, ya que había quedado demasiado obvio que Zuko era el otro integrante aparte del avatar.
- Y después de haber pasado tanto tiempo juntos resultaba inevitable que se enamoraran ¿Verdad?
Y eso fue todo, Ty lee había dado el golpe de gracia y ella no podía estar mas que feliz por eso. Mai se lo merecía, los sentimientos de su amiga hacia Zuko era algo que notó, desde niñas lo sabía pero no creía que el efecto aun prevaleciera, especialmente después de tanto tiempo, lo comprobó cuando evitó que lo matara en las catacumbas, Mai debía ser mucho mas discreta, tal vez logró engañar a los demás pero no a ella, a pesar de su mensaje oculto pudo ver que lo estaba salvando de su muerte inmediata y alargar su vida un poco mas. Pero gracias a esto evitaba que cometiera una tontería como querer ayudarlo a escapar.
.
- ¿Por qué no le contó la verdad?
Se incorporó hasta quedar sentada. Miró al maestro fuego directamente a sus ojos cuando el se fijó en ella, pero a los segundos desvió la mirada y tomó lugar en el suelo.
- Tu misma la escuchaste, sea verdad o no te torturará de igual manera – guardó silencio y miró con seriedad a la chica - No permitiré que Azula o alguien más te haga daño.
Katara sintió su corazón latir con fuerza y por algún estúpido motivo se sonrojó por la promesa del príncipe. Agradecía que estuviera obscuro para que no viera su sonrojo.
- Si logramos salir del barco – su voz rompió el silencio - ¿Serias capaz de llevarnos con tu control hasta tierra firme?
Dejó de lado su palpitante corazón para concentrarse en la realidad. Sonrió mientras lo miraba.
- Podría incluso llevarte a la Nación del Fuego antes que tu hermana.
Se sintió satisfecho con la respuesta – Bien, entonces come - deslizó la tapadera con la comida que le había llevado Mai, había vertido la mitad en ella – Necesitaras energía.
Cuando olió la comida su estómago gruño, fue tan fuerte que su compañero de prisión pudo escucharlo. Ahora su cara estaba roja de la vergüenza; solo segundos después el estómago de Zuko respondió de igual manera. Ambos sonrieron y comieron de inmediato. Katara no podía meter la caja a su celda sin tener que inclinarla y vaciar su contenido, se limitó a sostenerla frente a las rejas y comer desde ahí, al igual que el maestro fuego aparentemente, se dio cuenta que él le había otorgado el único par de palillos. Dieron gracias por la comida y cuando probó el primer bocado gimió de gusto y se le hiso agua la boca.
- Maldición, había pasado mucho tiempo desde que probé el pollo a la naranja – habló con la boca llena dejando los modales por un lado.
- Puedes darle las gracias al chef cuando salgamos – se dio cuenta que el ex príncipe también devoraba todo, solo que como el él comía con sus manos la porción de arroz y pollo que llevaba a su boca eran mas grandes que las que podía sostener con sus palillos.
- Tal vez lo haga y después le robe más pollo.
- Esa es una buena idea.
Realmente estaban devorando todo. Habían detenido un taladro en medio de la noche, peleado contra maestros tierra y soldados de la Nación del Fuego todo el día, estuvieron inconscientes durante horas ¡Por supuesto que iban a tener hambre! Comieron hasta el último grano de arroz.
Zuko se recargo en su celda con satisfacción, sin poder evitarlo eructó con fuerza. Se sonrojó enormemente mientras escuchaba la risa de la maestra agua.
- Eso responde a la pregunta si quedaste satisfecho – le dijo mientras continuaba riendo.
- Han pasado años desde la última vez que probé el pollo a la naranja – Se excusó. Zuko agradecía la obscuridad, se había puesto rojo como un tomate.
- Igual yo. En el Reino Tierra no saben prepararlo bien, son terribles, casi a lo mismo a lo que llaman té. A excepción del que prepara tu tío claro.
Sonrió recordando partes de su pasado. Era verdad que el té era terrible, su tío lo había probado cuando llegaron a Ba Sing Se y se había quejado enormemente, después del éxito de su tienda tuvieron el privilegio de poder ir a cenar a algunos restaurantes de la zona alta. Su versión de pollo a la naranja era malo, y por desgracia aunque la señora Yang Ming trató de preparar el platillo al gusto de los dos hombres no pudo ni siquiera acercarse. Definitivamente solo un cocinero de la Nación del Fuego conocía el secreto de un buen pollo a la naranja o tal vez hacían falta algunos ingredientes que son nativos de allá para que fuera bueno.
Zuko se detuvo en sus recuerdos notando algo. La mirada dorada se fijó en ella.
- El pollo a la naranja es un plato típico de la Nación del Fuego – la chica dejó de reír para escucharlo – Y acabas de decir que la versión del Reino Tierra es terrible…
Comenzó a sentir grandes dudas respecto a la chica que miraba en ese momento. Había casi pasado por alto que ella sabía quien era. Cuando reveló su nombre inmediatamente lo supo ¿Cómo una maestra agua lo sabría? Las únicas personas que sabían su identidad hasta el momento eran los nativos de la tribu del norte, y durante su viaje había sido muy cuidadoso en sus encuentros con los soldados de la Nación del Fuego, sabía que después de su pelea con Zhao se enterarían de su traición, pero aun así ¿Cómo sabía de él? La idea que fuera una maestra agua del norte fue desechada de inmediato por su habilidad recién descubierta, el control de la sangre era algo exclusivo de cierto clan en el sur, había apostado hasta el momento que ella era de ahí, pero esa teoría se estaba derrumbando, en primer lugar porque ningún maestro sale de su tribu y en el caso de que hubiese sido raptada o tomada como prisionera, lo último que le darían de comer en su celda sería pollo a la naranja.
Pero…
¿Y si era verdad? ¿Si fue capturada y nadie se dio cuenta? Eso explicaba el porque sabía de él, sospechaba que pudo haber escuchado su nombre o de su tío mientras estuvo encerrada. Pero estaba ahí, lo cual significa que había escapado por sus propios medios, y una vez libre se metió de contrabando en un barco para poder salir de la Nación del Fuego, donde seguramente probó el pollo a la naranja robando las porciones, y a sí, terminó como refugiada en Ba Sing Se, esperando reunir el suficiente dinero mientras trabajaba para su tío y comenzar su viaje a la Tribu Agua del Sur, su hogar, hasta que se topó con ellos…
Zuko puso en pausa su mente, comenzó a sentir como el peor miserable del mundo, la pobre muchacha había escapado de su horrible nación y ahora por su culpa estaba viajando de regreso, condenándola a un sufrimiento que no se merecía.
¡Maldición! ¿Qué pasaba con él? ¿Por qué de pronto todo estaba hiendo mal? Nunca antes había echado a perder tanto las cosas como en esos momentos, por eso evitaba el contacto con otras personas durante su viaje, porque sabía que significaba ponerlos en peligro, aunque algunas personas que llegaron a descubrir quien era Aang juraron que negarían haberlo visto, Suki acababa de confirmarle que no era del todo suficiente.
¡Oh rayos! Todo era culpa de Aang ¿Por qué diablos había decidido cargar con esa chica? ¿Llevarla al peligro y a la batalla? Y también de Azula, ella fue la que arruinó todo realmente.
– El pollo a la naranja es el plato favorito de mi padre.
Zuko sacó su cabeza de entre sus manos, ni siquiera se había dado cuenta cuando hiso eso. Miró a la maestra agua prófuga – Qué..? – ella le sonrió repitiendo lo que había dicho, ahora la miró mas confuso que antes - Tu padre...? Cómo es posible que tu padre...
- Es un ciudadano de la Nación del Fuego – aclaró con una enorme calma –Y obviamente mi madre era una maestra agua de quien yo heredé su control.
Debía admitir que no esperaba esa respuesta.
Se quedó en silencio, todo estaba en silencio, o el tiempo se había detenido de alguna manera y el factor que lo que hiso detenerse había sido lo que acababa de escuchar. Hasta que ella comenzó a reírse suavemente.
Observó detenidamente como se sentó en una pose de ceremonia que no había visto en mucho tiempo – Mi nombre es Katara y nací en la Nación del Fuego – se inclinó hacia él - Es un placer conocerlo príncipe Zuko.
Seguía impresionado, pero sus palabras lo trajeron a la realidad.
- No... – tartamudeó – No tienes que inclinarte hacia mí.
- Eres el príncipe de mi nación – le respondió mientras se levantaba.
- Renuncié a ese título cuando fui exiliado. Ahora entiendo porque sabías quien era cuando dije mi nombre – y lo estúpido que había sido al inventar toda una historia que no tenía nada que ver con la realidad.
Zuko no tenía ni idea de que decir, y ella lucía tan calmada, como si el echo de que fuera una mestiza fuera algo de la mas común. Jamás pensó en el mestizaje como una opción y mucho menos que ya existiera en la Nación del Fuego. Tenía la sospecha de que algunos soldados se atrevían a violar mujeres del Reino Tierra, pero también sabía que era prohibido y sancionado. Solo podían tener relaciones con mujeres de la Nación del Fuego, los prostíbulos eran por lo general los primeros negocios que se imponían cuando una ciudad era colonizada, pero eso no evitaba que los soldados hicieran lo que quisieran. Evitar la mezcla de sangres era algo que su padre defendía fervientemente y Zuko conocía a la perfección todos aquellos estúpidos valores que le trato de imponer. Tal vez por eso se escondía en el Reino Tierra...
- Creo... que usted es un hombre de honor, si me permite el atrevimiento.
Su voz lo saco de sus pensamientos y de la nueva historia que iba a comenzar en su cabeza.
- Cuando su hermana, la princesa Azula le ofreció regresar a la Nación del Fuego con gloria y honor yo – dudó por un momento, pero Zuko la miró dándole a entender que podía continuar - Sé que la gloria es algo que se puede obtener cumpliendo con algún deber que sea reconocido, pero el honor no es algo que se puede restaurar con solo decirlo, el honor es algo que se gana, como una promesa o juramento que se mantiene sobre algo. Ser firme con sus creencias y sus valores y defenderlos hasta el final, ese es el verdadero honor y eso conlleva a la gloria.
La escuchaba en silencio y con toda su atención.
- Aun con todo en su contra, usted mantuvo su promesa de ayudar al avatar, de serle fiel a él. Que sea firme en sus palabras y las sostenga, es solo algo que una persona honorable puede hacer – hiso una pausa – Usted, príncipe Zuko, es un hombre de honor.
Se hiso silencio, esta chica había logrado lo que ninguna otra, dejarlo impresionado al punto de hacerle perder el habla, y dos veces consecutivas. Solo momentos después sonrió. Su padre le había quitado su honor cuando fue desterrado y pensó que siempre sería así, un ex príncipe exiliado sin honor, pero ahora, una chica, una completa desconocida y aparentemente ciudadana de su nación, le viene a decir que su honor, ha sido restaurado por sus propias acciones; simplemente no pudo evitar sonreír un poco mas.
Ni siquiera había pensado en eso. La imagen de su tío y todas sus enseñanzas llegaron a su mente, sus sabias palabras que lo calmaban y trataban de hacerle seguir el camino correcto, pensó en Aang, en como lo encontró en el hielo y su misión de ayudarle... Pensó en madre... ¿Ahora él era un hombre con honor? Volvió a sonreír llevándose la mano a su cara. Sus sentimientos estaban encontrados, se sentía extraño, algo en su pecho se conmovió...
Agradecía la obscuridad para que sus lagrimas no pudieran verse, ahora sabía que algo estaba mal con él, no sabía porque había empezado a llorar, pero tampoco intentó de detenerlas.
Después de un largo momento se sintió mejor. El era un hombre de honor y si quería seguir siéndolo debía cumplir su palabra. Ayudar a Aang a terminar esta guerra.
- Tenemos que irnos – habló, la maestra agua asintió y se puso de pie al mismo tiempo que él.
Zuko examinó los barrotes y decidió como saldría de ahí, podría calentarlos lo suficiente para que, con un fuerte golpe poder salir de ahí, pero no creía poder repetir la misma acción dos veces de manera rápida sin que los guardias se dieran cuenta.
- Puede fundir la cerradura su alteza.
Sintió un terrible escalofrió cuando lo llamó de esa manera.
- Zuko, soy Zuko – le aclaró, no deseaba que le llamara así de nuevo, era… extraño, ella se sonrojó y asintió con la cabeza - Si fundo la cerradura, al derribar la puerta puede hacer mucho ruido. Eso atraerá al guardia,
- Pero los guardias tienen las llaves de las celdas ¿Cierto?
Ahora entendía su punto.
Un sonido metálico se escuchó y el soldado que estaba custodiando afuera entro a la prisión. Con su llama pudo ver a la chica tirada en el suelo de su celda, pero enfrente, el príncipe no estaba. Se acercó corriendo, la puerta estaba cerrada, pero cuando notó la quemadura en la cerradura un golpe en la nuca y todo se volvió negro.
Zuko rápidamente buscó en el cinturón y efectivamente encontró las llaves, después de varios intentos encontró la que abría la celda de Katara.
Abrieron con mucho cuidado la puerta de metal, solo lo suficiente para echar un vistazo, un segundo guardia estaba ahí. Katara le hiso una señal a Zuko. Se concentró y manipulando la sangre lo inmovilizó. El guardia no podía hablar ni moverse, solo sintió el golpe que lo dejo inconsciente. Ambos arrastraron el cuerpo hacia adentro.
- Tenemos que vestirnos con sus uniformes.
- ¿Qué?
- Existen cuatro cubiertas interiores antes de llegar a la principal – hablaba mientras le quitaba la armadura al hombre inconsciente – Y te aseguro que todas ellas están llenas de soldados.
- Pero… solo necesitamos una ventana y saltar al mar – se escuchaba un poco asustada.
- Estamos en un acorzado de la Nación de Fuego Katara, no hay ventanas. Y si las hubiera estarían hasta la última cubierta que es donde están los camarotes principales – se quitó la camisa – Y sabiendo que aquí esta mi hermana, ten por seguro que hay al menos unos treinta o cincuenta soldados distribuidos por todos lados para su seguridad – Tenemos que pasar desapercibidos.
Ella finalmente se levantó aceptando el plan, Zuko se dio la vuelta dándole la espalda, Katara hiso lo mismo y comenzó a desvestirse también.
- Sabes, para haber tantos soldados aquí, solo dejo dos cuidándonos.
- Cree que no tenemos nuestro control, no nos considera una amenaza.
La maestra agua estaba teniendo problemas con su armadura, él le ayudó en terminar con los ajustes. Encerrando los cuerpos en las celdas y colocándose el casco junto con la careta salieron de la prisión.
El príncipe había tenido razón, solo al subir a la segunda cubierta se encontraron con al menos diez soldados, caminar por el pasillo sin levantar sospecha fue más difícil de lo que aparentaba ¡Y el maldito buque era enorme! Katara estaba nerviosa, caminaba detrás del maestro fuego confiando en que el sabría exactamente por donde ir. Podía ver por los agujeros de su mascara como avanzaba a paso firme, era alto de espalda ancha y con la armadura lo parecía aun más. Resaltaba incluso entre los soldados que se encontraban por los pasillos solitarios, le preocupó que mas de alguno se girara a mirarlos. Alcanzaron la tercera cubierta, solo una más y serian libres.
- ¡Ustedes dos!
El corazón de Katara casi se detuvo.
Se detuvieron en seco. Dieron la vuelta para mirar a quien les había hablado. Un hombre con una enorme panza que apenas podía cubrir su uniforme los señaló.
- ¡Llévate a esos dos y hazte cargo! – le ordenó al otro que estaba ahí en el pasillo, una vez solo dejo salir una maldición
- De acuerdo hay que terminar con esto rápido.
Con un movimiento de cabeza Zuko le indicó a Katara que lo siguieran. Ella así lo hiso. Con horror vio como bajaban de regreso.
- ¿Qué es lo que haremos? – preguntó el príncipe, Katara se sorprendió de que se atreviera a hablar.
- Al parecer tenemos peso de más y el buque no puede avanzar tan rápido como el capitán quiere. Vamos a ir a la zona de carga a revisar el inventario.
Continuaron en silencio hasta llegar a su destino. El hombre abrió la puerta y tanto Katara como Zuko se quedaron admirados.
El lugar era enorme, mirando hacia arriba estaba seguro que llegaba al menos hasta la cubierta tres. Había maquinas de guerra, aparatos cubiertos con mantas y cientos de cajas. Katara quedó impresionada. Resultaba más intimidante ver todo esto que enfrentarse a los soldados.
- Bien bien comencemos - el hombre se acercó a una de las mesas que estaban en la entrada y de ahí tomo unas hojas. Tu iras a la zona B – le entregó una hoja a Katara con una larga lista – Tu a la C – le entregó otra a Zuko – Revisen que coincidan con la hoja de inventario de cada zona, si ven algo que esta demás díganmelo.
Ellos obedecieron, en su camino vieron mucha de la artillería.
- No podemos quedarnos mas tiempo – susurró atreves de la mascara, por alguna razón ese lugar la estaba poniendo muy nerviosa.
- No, no podemos, pero tenemos que aprovechar esto. Está a nuestro alcance parte del armamento de la Nación del Fuego. Si sabemos a lo que nos enfrentamos podremos destruirlos.
- O tal vez a la princesa se le ocurre utilizarlo en nosotros – le dijo mientras pasaban delante de los cañones de uno de los tanques – Así podremos saber de primera mano su capacidad.
- Sokka daría lo que fuera por ver esto.
- ¿Qué hacen aquí?
Se detuvieron, del lado izquierdo un hombre cargando una lámpara que se balanceaba de lado a lado por el movimiento se acercó a ellos, llevaba lentes y vestía de rojo, no parecía un soldado.
- Estamos haciendo el inventario – respondió rápidamente Zuko - ¿Qué hace usted aquí?
- Cuido mi bebé.
- ¿Bebé? – hablaron al mismo tiempo.
El hombre los llevó hasta el fondo de la bodega – Mi bebé - alargó el brazo para que el fuego alumbrara – Mi mas grande invento, lo llamo "Globo de Guerra".
Una estructura similar a la de una jaula de metal se dejo ver, era enorme y estaba hacia arriba llegando hasta el techo de la bodega. Estaba separada en tres partes.
- ¿Un globo? – preguntó con incertidumbre Katara.
- Así es, este es el esqueleto, como le llamo yo, se forra con tela gruesa, una vez forrado se llena de gas y flota.
- ¿Puede llevar personas? – preguntó Zuko.
- ¡Por supuesto! ¡Que sentido tiene haberlo hecho si no pudiera llevar pasajeros! – gritó indignado.
- ¿Cuantas personas puede transportar?
- Este solo seis, es el prototipo, pero una vez que el Señor del Fuego lo vea y apruebe, puedo construir uno mas grande que puede llevar hasta cincuenta soldados. Viajar en aire es más rápido que en tierra. La Nación del Fuego dominará los cielos con mi invento – terminó de decir orgulloso.
- ¿Qué pasa aquí? – vieron como el soldado que los había traído se acercaba a ellos con cara de disgusto - ¿Quién es usted?
- Soy Shin Yuu y soy un inventor.
- Ya lo creo – hablo sin ponerle importancia – Esa cosa que esta ahí ¿Es suya? – señaló el armazón de metal.
- Lo es, es mi...
- ¡Eso no esta en el inventario!
- El Señor del Fuego dio su aprobación para llevar mi invento a la Nación del Fuego, pero nos desviamos para recoger a la princesa Azula en Ba Sing Se.
- ¡Esta haciendo que vayamos lentos! Hay todo un cargamento de laminas de acero que entregar y son mas importantes que su invento.
- Jovencito malcriado, con mi bebé el Señor del Fuego conquistará el Reino Tierra el día que llegue el cometa Sozin - Zuko y Katara prestaron atención a eso - Eso es mas importante que tus laminas de acero.
- Estas laminas son para reforzar el bunker del Señor del Fuego durante el eclipse solar ¡Eso es mas importante! Por si no lo sabes los maestros fuego perdemos nuestro control durante un eclipse solar ¡Y solo faltan tres semanas para que eso suceda! ¿Qué pasaría si atacan la nación eh? Tu estúpido invento no nos salvara de eso.
Ahora estaban sorprendidos por lo que acababan de escuchar.
- ¡Nadie sería tan estúpido como para atacar la Nación del Fuego! – alegó el inventor – Además, Ba Sing Se acaba de ser conquistada ¿o no? mi invento es la clave para terminar la guerra de una vez por todas y por fin ser una sola nación.
Los hombres seguían alegando hasta que, sin previo aviso se quedaron estáticos. Una extraña fuerza los movió a los dos golpeándolos contra una pared de acero.
- Qué..?
La mirada de los dos hombres se fijó en uno de los soldados, el mas pequeño. Sus manos estaban extendidas y con un movimiento de ellas sus cuerpos se movieron como marionetas. El inventor cayó al suelo de rodillas y pareciera que estuviera pegado a el, mientras que el otro soldado se quedó en la pared sin poder moverse, sus manos se contrajeron detrás de su espalda manteniéndose erguido.
- Qué... esta... pasando? – hablo con dificultad.
El soldado más alto se acercó quitándose la mascara de metal – Háblame más del cometa y tus inventos – le habló el hombre con cicatriz y ojos dorados.
Un estruendo y el sonido de alarma despertó a Azula. Inmediatamente salió de su camarote real para ir a ver lo que sucedía. Llegó a la cabina del capitán.
- ¿Qué sucede?
- Una explosión en la bodega de carga.
- ¿Cómo sucedió? - Mai y Ty Lee ya habían llegado y se pararon junto a Azula.
- Aun no lo sabemos princesa, eh enviado hombres a averiguar. Es posible que uno de los cargamentos de explosivos haya detonado, son demasiado inestables.
- Capitán – le hablaron por uno de los tubos de comunicación – ¡La zona de carga esta inundada y el agua esta subiendo rápidamente!
- ¿Qué dices?
- ¡Nos hundimos!
- ¿QUE? – gritó Azula - ¡Eso es imposible! Este es mi buque ¡NO PUEDE HUNDIRSE!
- Esta echo de metal princesa, cargado con maquinas e inventos que iban dirigidos a la Nación del Fuego. Le aseguro que se hundirá – ni si quiera la mirada de furia de la temida princesa lo hiso retroceder - Les habla su capitán – el hombre de mayor edad se acercó a los tubos de comunicación – Diríjanse a los botes salvavidas y abandonen el buque real, abordaremos los acorazados escoltas ¡Es una orden!
- Princesa Azula – un soldado llegó junto con otro hombre poniendo una rodilla en el suelo bajando la cabeza – Tengo un mensaje para usted - habló el hombre con la voz tambaleante.
- Habla – ordenó con poca paciencia.
- El príncipe Zuko dijo que no será necesario que busquen al avatar – todos en la cabina se quedaron desconcertados - Él mismo lo llevará ante su padre – tragó saliva - Solo para ver como derrota al Señor del Fuego y pone fin a la guerra.
Terminó de decir el soldado con temor. No se atrevió a levantar la mirada.
- ¿DÓNDE ESTA? – lo tomo del cuello jalándolo con fuerza.
- El escapó junto con la chica en uno de los botes de guerra – casi se hacia en los pantalones. Azula gritó dejando caer al hombre.
– Eso no es todo princesa – el inventor hiso presencia, temblaba de miedo – El príncipe robó planos secretos de armamentos y también sabe los planes de su padre.
- ¿Qué? – la forma pasiva pero lleno de odio con la que les hablo los dejo helados.
Su enojo era tan grande que sabían que en cualquier momento se desquitaría con alguien. Todos dieron un paso hacia atrás para evitar la descarga de furia de la princesa.
- Puedo verlos – hablo uno de los soldados con un miralejos – Hacia el este, van de regreso al Reino Tierra.
Azula enfocó su mirada y pudo ver el rastro de humo del bote en el que habían huido, era de noche pero el punto negro se mantenía visible para ella, salió de la cabina del capitán, creó un rayo que lo dejo salir con furia hacia su hermano.
El rayo retumbó en la noche, tanto Katara como Zuko vieron la línea de luz pero se desvaneció en el aire antes de que si quiera pudiera alcanzarlos.
- Esta enojada – comentó Katara.
- Hundimos su buque y sabemos sus planes; yo también estaría enojado – miró a la maestra agua - ¿Te sientes mejor?
- Si, estoy bien.
- Controlar la sangre toma mucha energía ¿Verdad?
- Solo un poco, suelo usarla mas para sanar que para atacar.
- Eso fue asombroso por cierto.
- Gracias, creo que ya nos hemos alejado lo suficiente – ambos entraron a la pequeña cabina donde estaba el timonel - ¿Ahora hacia donde?
- A la costa, lo mas pronto posible, debemos encontrarnos con los demás y contarles lo que sabemos.
- ¿Alguna idea de donde pudieron haber ido?
Zuko miró un mapa de las naciones que estaba en la cabina del capitán, señalaba a la perfección los fuertes y colonias que tenía la Nación del Fuego en el Reino Tierra así como otras ciudades, notó entonces algo y sonrió satisfecho.
- Iremos aquí – señaló un punto en el mapa.
- No hay nada ahí.
- En este lugar se encuentra el templo aire del este, los mapas de la Nación del Fuego no los señala por que están inhabitados. Conociendo a Aang se que es ahí a donde fueron.
- De acuerdo.
De pronto la chica salió de la cabina, usando unas cajas como escalones subió al techo de la misma.
- ¿Qué estas haciendo?
- Llevarnos al templo, solo guíame en la dirección correcta.
En ese momento movió sus manos y el agua alrededor del barco la obedeció dándoles impulso. Aprovechando el poder de la luna hiso avanzar a gran velocidad el bote.
·
Aang se encontraba un poco desanimado, no podía dormir. El templo del este es donde creció de niño antes de mudarse al sur. Viejos recuerdos llegaron a su mente que no ayudaban en nada en su estado de animo, se sentía mas deprimido que nunca. Encogió sus piernas pegándolas a su pecho para poder abrazarlas, su cabeza descansaba en sus rodillas conmovido.
- ¿No puedes dormir?
Alzó la mirada y vio a Iroh.
- Pienso en Zuko.
- Mi sobrino es fuerte – se sentó a su lado - Yo también temo por él, pero al mismo tiempo me siento seguro en que estará bien. Confío en que hallará la manera de escapar y si no es así al menos se que tiene buenos amigos que irán a su rescate sin dudarlo. Escuché un poco del joven Sokka como estaba evaluando algunas posibilidades de rescate.
- Sí, Sokka es el de las estrategias; él y Zuko siempre buscan la manera de hacer las cosas siguiendo un plan, aunque en ocasiones no funcionaba – sonrió ante algunos recuerdos – Pero siempre logramos salir de las dificultades.
Iroh sonrió satisfecho de ver el aprecio que le tiene el joven niño a sus amigos.
- Tal vez no lo sepas, pero el bisabuelo de Zuko, fue el avatar Roku.
Los ojos grises del monje se abrieron con asombro - ¿En serio? ¿Lo es?
- Así es. Es su bisabuelo por línea materna. La madre de Zuko, fue nieta de tu predecesor.
- Guau eso no lo sabía – por un momento la preocupación de Aang pasó casi a segundo lugar – Eso... nos convierte como en primos o algo así ¿No?
Iroh dejo salir una gran carcajada, los avatares no compartían líneas de sangre entre ellos aunque resultaba divertida la conjetura.
- Tal vez lo sean de manera espiritual – le respondió con una sonrisa en su rostro - ¿Qué impresión te dio mi sobrino cuando lo conociste?
- Bueno... no sentí nada especial pero... había algo que me impulsó a creer en él.
- Supongo que aun lo haces.
- Por supuesto, con mi vida. Sé que Zuko nunca me traicionaría. Cuando escuché lo que su hermana le propuso, que se pusiera de su lado y me entregara, yo sabía que él no aceptaría.
Su pecho se hinchó de orgullo, él también sabía que no aceptaría.
- Es porque a mi sobrino le espera un destino mas grande que la gloria y el honor que Azula le prometía. Zuko tiene la confianza de que puede ayudarte a acabar con esta guerra y tu cree en él. Pero creo que ha llegado el momento de creer en ti mismo.
Aang ahora lo miraba con un poco de duda.
- Entiendo que aun no comprendas tus funciones como avatar porque no tienes un maestro que te guie. Pero si nos concentramos en ello podrás lograrlo. Estás destinado a ser un gran avatar joven Aang, nunca dudes de eso. Solo en las mas grandes adversidades es cuando los mejores y mas fuertes guerreros nacen.
El pequeño monje sintió un pequeño sentimiento en su pecho. Era verdad, el debía comenzar en creer en si mismo y en los demás. Sonrió satisfecho. Por primera vez se sintió como un verdadero avatar en aprendizaje y no en alguien en que debía de convertirse solo por obligación.
Se convertiría en un Avatar completo y pondría fin a esta guerra.
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