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Capítulo IV
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Llegaron al Reino Tierra mas rápido de lo que Zuko hubiese imaginado. Toda la noche la maestra agua estuvo haciendo avanzar el bote a una velocidad asombrosa, poco antes del amanecer arribaron a tierra firme. Descansaron por un par de horas y después iniciaron el viaje al templo.
- ¿Qué tan lejos está? – habían dejado las armaduras atrás. Resultaba mas cómodo caminar sin ellas, solo que Katara tenía el problema de que su ropa le quedaba grande al igual que las botas y para todo el tiempo que llevaban caminando le estaban causando estragos a sus pies.
- Para el medio día llegaremos al pie de la montaña.
Cuando había iniciado la búsqueda de su madre, los templos aire fueron una de sus opciones donde pudiera haberse refugiado. Visitó el templo del este años atrás. Escuchó un quejido por parte de su compañera de viaje.
- ¿No estas acostumbrada a largas caminatas?
- Lo estoy, su tío me hace viajar a otras ciudades del Reino Tierra a conseguir hojas de té. A lo que no estoy acostumbrada es a estas horribles botas.
Zuko le echo una mirada, había atado sus pantalones con dos vueltas para que no se le cayeran, la camisa era dos tallas mas grande, la ropa la hacía ver mas pequeña de lo que era. Se sentía intrigado por la maestra agua. Le había dicho que su padre era un ciudadano de la Nación del Fuego y que había nacido ahí.
- ¿Cómo es que terminaste con mi tío? ¿Tuviste que huir de la Nación del Fuego?
Ella lo miró por un momento, tal vez suponía que una vez que le hubiese revelado su origen le haría preguntas al respecto - Sí, mi padre me envió a él cuando se dio cuenta que podían descubrir que era una maestra agua. No tenía idea de quien era su tío, en verdad. Todo el tiempo pensé que era solo un miembro de... – dudó por un momento.
- La Orden del Loto Blanco – terminó de completar, ahora estaba mas intrigado – Sé quienes son ¿Tu padre es un miembro?
- Lo es.
- ¿Y se encuentra bien? El mestizaje esta prohibido en la Nación del Fuego, si descubren que tuvo una hija mestiza podría ser peligroso para él y para tu madre... ¡Tu madre es una maestra agua! – no pudo evitar el tono de pánico.
Ella le sonrió y de manera calmada explicó – Mi madre falleció cuando yo tenía siete años, y respecto a mi padre, yo no me preocuparía por él. Nadie sabe que tiene una hija, fue mi propia culpa que tuviese que huir.
Eso lo calmó, diablos, se había preocupado enormemente. Una parte de él se preguntó que pensaría su padre de saber que tuvo dos maestros agua bajo sus narices sin darse cuenta.
- Yo también perdí a mi madre – simplemente declaró, sentía que no era justo que solo ella confesara tanto respecto a su vida, además, dadas las circunstancias podía confiar.
- ¿La Señora del Fuego?
- Sí, no – lo miró confundida - Nunca fue coronada – aclaró – Ella, simplemente desapareció una noche.
Sentía la mirada azul sobre él, había pasado tiempo desde la última vez que habló de eso.
- Usted... ¿La está buscando?
La pregunta lo impresionó, no esperaba que lo dedujera.
- Dijo "desapareció", no "murió" – trató de explicarse – Si yo supiera que mi madre esta desaparecida la buscaría por todo el mundo hasta encontrarla.
La miro por un momento, solo dejo ver una sonrisa – Aun no pierdo la esperanza. Desde que fui exiliado he recorrido el mundo entero en su búsqueda. Fue en uno de mis viajes que encontré a Aang. Buscaba a mi madre y terminé encontrando al avatar.
- ¡Oh! – ahora ella parecía sorprendida – ¿A si fue cómo lo encontró? Todo este tiempo pensaba que usted era un soldado del Reino Tierra. El señor Mushi… Iroh, solo nos contó que estabas en una misión muy importante, no me atreví a preguntar mas porque sabía que le preocupabas mucho.
Trató de imaginar que tan duro había sido para su tío estar en la perpetua espera de saber noticas por él. Algo en su pecho se encogió.
- Pero – continuó la maestra agua - Ahora está con el avatar y quiere terminar esta guerra ¿Planea buscarla después?
- La guerra ha sido la única culpable de que mi madre se mantenga escondida. Si terminamos con eso, estoy seguro de que ella saldrá de donde sea que se este ocultando.
Sonrió entendiendo su punto. Continuaron caminando.
- ¿Le impresiona? – habló poco después – Que sea mestiza.
Le sorprendió que retomara el tema, notó que no le miraba, su vista estaba en el suelo y su batalla con las enormes botas – Me impresiona que seas una maestra agua de la Nación del Fuego. Pero me temo que no eres la primera mestiza que existe.
Ella pareció pensar en sus palabras, notó su semblante, apostaba con seguridad lo que ahora cruzaba por su cabeza; tal vez ella tampoco era ajena a lo que le pasaba a las mujeres cuando los soldados llegaban a los pueblos a someterlos, pero al parecer eso no había pasado con su madre, sus padres parecían haberse llevado bien por la forma en que hablaba de ellos, además de que su padre era un miembro de la orden, no podía imaginarse a un violador formando parte de ese grupo; aun así no podía negar el echo de la enorme curiosidad que le causaba el saber cómo fue posible aquella unión, sin embargo si ella no iba a contárselo tampoco preguntaría, eso sería demasiado imprudente.
- De echo – agregó - Lo que realmente me impresionó fue pensar que eras una maestra agua viviendo en el Reino Tierra. Los maestros agua que he visto viven en sus tribus y sé que hasta ahora ninguno de ellos han salido de los polos desde que inició la guerra, incluso desde antes, según sé por mi tío, los maestros agua se han mantenido recluidos en su nación.
A excepción de cierta chica con el disfraz de la Dama Pintada.
Fue como un rayo ¡LA DAMA PINTADA! Ni siquiera había pensado en ella hasta este momento, miró ahora a la chica que caminaba a su lado batallando con las grandes botas y evitando que sus pantalones se cayeran.
Podría ser… pero era una mestiza, lo cual significaba que podría haber otros igual a ella, otros maestros agua, sin embargo, sus ojos, cuando los miró por primera vez mientras volaban en Appa le recordó enormemente a la dama, a su dama, como si le hubiese leído el pensamiento los orbes azules se fijaron en él.
- Me temo que tiene razón en eso - su corazón comenzó a latir precipitado ¿Acaso estaba leyéndole la mente? – A acepción de mi madre que fue la primera en salir de la tribu, no creo que existan otros maestros agua en el Reino Tierra.
Y eso daba al traste con su teoría de que había otros como ella. Entonces eso quería decir... examinó nuevamente su figura, su cuerpo que se veía pequeño por las ropas grandes que llevaba puesta, el recuerdo de su cadera pegándose a la suya lo hiso sonrojar así como pensar en los besos y caricias. Rápidamente desvió la mirada.
- ¿Estas segura?
- Sí, incluso en los viajes que hacía para tu tío me tomaba un poco de tiempo en buscar a otros maestros agua, pero no encontré ninguno.
Eso no ayudaba, Zuko comenzó a sentirse muy nervioso ahora con su presencia. ¿Cómo reaccionaria si le dijera que él era el Espíritu Azul?
- ¡Oh mira! ¡Un rio!
No muy lejos se alcanzaba a ver el cauce. Ella se acercó de inmediato, el agua era cristalina y limpia, se podían ver algunos peces; al llegar, rápidamente se quitó las botas y metió sus pies en el agua fresca.
- Oh... eso se siente bien – expresó con enorme satisfacción, manipuló el agua haciéndola brillar curando sus pies con ampollas, levantó el holgado pantalón hasta sus rodillas e hiso que el agua subiera aun con el brillo de curación.
- Podemos descansar un momento si estas de acuerdo – sugirió Zuko.
- Me parece buena idea.
Observó como ella manipulaba el agua y la hacía brillar en un disco, después juntando sus manos tomo el agua y la bebió. Hiso lo mismo por segunda ocasión pero la burbuja de agua fue hacia él.
- Debes estar sediento, bebe, está limpia.
- Gracias – tomo el agua sin que perdiera la forma redonda y bebió de ella. Era muy fresca y se sintió bien cuando bajaba por su garganta.
- Hay muchos peces, puedo pescar algunos para comer si usted los guisa – solo inclinó la cabeza a manera de acuerdo y ella inmediatamente avanzo un poco mas en el rio hasta que el agua llegó a sus rodillas, tomo una posición y comenzó a mover sus manos.
Katara estaba concentrada en atrapar los peces, eran muy escurridizos y podían notar el cambio en las corrientes haciendo que escaparan de su trampa de agua, agregando que tenía que evitar que los enormes pantalones se deslizaran por sus piernas hacían la tarea aun mas difícil.
- Sabes – escuchó que hablaban detrás de ella – Mientras viajaba con los chicos, escuché rumores extraños.
- ¿A sí? - estaba concentrada en capturar los peces, mas que nada respondió por impulso.
- Supongo que tu también escuchaste de ellos, sobre una especie de entidad que atacaba a soldados de la Nación del Fuego, lo llamaban el Espíritu Azul.
Se tensó y solo por un momento se quedó quieta.
- ¿El espíritu Azul? – habló – Sí, escuché hablar de él – continuó con su tarea – Atacó a varios soldados de la Nación del Fuego aquí en el Reino Tierra, creo que es mas un ladrón con una máscara que un espíritu – dijo lo mas casual posible, logró capturar un pez y comenzaba a sacarlo con cuidado en una burbuja de agua.
– Tal vez – pensó que ahí terminaba todo, hasta que habló nuevamente - También supe de la existencia de otro espíritu – una pausa – La Dama Pintada.
Su concentración se perdió, sus pantalones casi se caen y el pez con un salto salió de la burbuja regresando al rio, después de un instante recobró la compostura.
- Creo que estamos muy grandes para creer en la existencia de espíritus ¿No cree? – seguía dándole la espalda.
- Eso pensaría, pero ver es creer.
Se dio la vuelta para mirarlo - ¿Usted ha visto a un espíritu? – preguntó sin poder ocultar su asombro.
- Cuando viajas con el avatar puedes ser testigo de muchas cosas que crees que solo puedes ver en sueños. Puedo decir con seguridad que he tenido mi ración suficiente de espíritus y demonios.
Katara estaba asombrada, nunca imaginaria que alguien podría de verdad ver algún espíritu o tener un encuentro con ellos, había escuchado historias como cualquier otra persona, pero conocer a alguien que de verdad haya visto algo que no existe de manera terrenal en este mundo resultaba fascinante.
- No fueron encuentros amables si tengo que ser sincero – se apresuró a responder antes de que siquiera terminara la pregunta – Bueno, al menos no la mayoría, pero, si algo he aprendido de ellos, es que ahora se distinguir un espíritu de una persona.
Se tensó - ¿Y cómo sería? - Hubo un cambio, lo sintió perfectamente en él, tuvo un mal presentimiento, tal vez no debió de haber echo esa pregunta
– Solo tienes que mirar de cerca.
- Oh, yo creo que si llegase a estar frente a algún espíritu estaría demasiado abrumada como para percibir si se trata de una farsa o no. A menos que la actuación fuera verdaderamente mala.
- O a menos que pelees con ellos.
- Cómo..?
- Hace un par de meses me encontré con un espíritu. Con la Dama Pintada.
Shock absoluto.
- Lo que me impresionó realmente – continuó – Fue darme cuenta que era una maestra agua.
Se quedó helada. Sus ojos se abrieron inmensamente.
- ¿Por qué está tan seguro que es una maestra agua? ¿No estamos hablando de espíritus? – respondió a la defensiva, aunque su voz no se escuchara tan confiada.
- Estuve demasiado cerca de ella para darme cuenta de que era tan real como yo.
Su corazón comenzó a latir con fuerza cubriéndola con miedo y expectativa al mismo tiempo.
No, él no podría…
- Es sorprendente como una maestra agua representa el espíritu de un ser que es originario de la Nación del Fuego.
Lo sabe.
El agua del rio se volvió fría. Todo se detuvo por un instante, lo único de lo que era consiente era de los ojos dorados que la miraban fijamente y el pum pum de su corazón desbocado.
Ella se lo había dicho, se había revelado así misma hace unos momentos. Por supuesto, solo alguien de la Nación del Fuego conoce la historia, y el acababa de acertar, solo tenía que unir los puntos y sería fácil deducirlo, que ingenua había sido. Pensó en su padre, una enorme vergüenza la abrumó ¿Qué pensaría cuando se enterara? ¿Cuándo escuchara esos rumores? Él también lo deduciría fácilmente; sabía perfectamente que no sería el orgullo lo que brillaría en sus ojos obscuros al saber lo que estuvo haciendo. Todo lo que hiso.
Bajó la mirada, la corriente del rio pasaba con libertan entre sus pies, ya no era tan fría como hace unos momentos.
Pero… ¿Realmente estuvo mal? Acabar con una vida no es correcto, pero lo que hacían esos soldados, y lo que aun hacen tampoco lo es. Recordó los rostros de aquellos que sufrieron el infortunio de convertirse en sus objetivos, hombres despreciables y sin escrúpulos, pero también recordó a los que tuvieron la suerte de verla mientras los sanaba en las noches de luna llena y niebla cuando se infiltraba a los hospitales.
La guerra estaba mal, lo que su nación hacía era incorrecto, el príncipe tenía razón en eso pues ella también pensó lo mismo, por eso tomó esa decisión, por ese motivo reencarnó al espíritu. Un gran poder conlleva una gran responsabilidad,
si tenía el poder para ayudar, también lo usaría para castigar, y si esa era la única manera en que podía asistir entonces lo haría, y no se arrepentía de haberlo echo.
Cerró sus manos en un puño, el agua en sus pies se había vuelto cálida. Levantó su mirada hacia el príncipe de su nación, el hombre que la había descubierto.
- Así que usted afirma que es una persona real.
No había temor en su voz, sino determinación. El echo de que sabía quien era no le asustó, ya no, a decir verdad, sentía una nueva resolución cruzando su cuerpo, coraje. No se dejaría intimidar, siendo honestos no había nada que temer ¿Qué iba a hacer él? ¿Darle un sermón por sus actividades ilícitas? ¿Entregarla a la Nación del Fuego? Honestamente estaban en el mismo barco. Sin embargo tenía una gran duda ¿En qué momento pasó ese encuentro? Recordaría si se hubiese enfrentado a él, pero también sabía que esa no era una posibilidad, siempre peleó contra soldados nunca contra civiles, además, él viajaba con el avatar y el otro chico, los hubiese reconocido y estaba segura que antes de la otra noche nunca los había visto, así que ¿Cuándo ocurrió realmente? ¿Cuándo la observó sin que ella se percatara de su presencia? Además de que lo hiso el tiempo suficiente para saber que era una maestra agua, tenía que darle algo de mérito, fue el primero en llegar a esa conclusión pues hasta ahora ningún soldado había pensado en eso.
Zuko inmediatamente detectó el cambio en la maestra agua, su postura desafiante con esos hermosos ojos azules fijos en él, casi seguro de que le atravesaban hasta el alma, se preguntó si era esa la mirada que había detrás del velo al salir por las noches, solo en ese momento se dio cuenta que estaba frente a la Dama Pintada, era ella sin el traje, el espíritu al desnudo, desafiante e imponente.
Sabía que era una reacción natural, la había descubierto y todo en ella le decía que no lo admitiría, él tampoco lo haría, pero al mismo tiempo entendía que era solo una fachada, una forma de protegerse a si misma, la Dama Pintada seguramente lo mataría sin dudar por haberla desenmascarado, pero Katara no, tal vez solo tenían horas de conocerse, pero fue suficiente para saber que ella no le lastimaría solo por haber descubierto su secreto, además, no era la única. Sonrió internamente, él también tenía que revelarse.
- Lo es. Venció a unos arqueros que me perseguían. Fue muy amable en sanar las heridas que ellos me hicieron.
El cambio fue sutil, debía admitir que no era demasiado buena enmascarando emociones. Primero confusión, después incertidumbre, esperaba que uniera los puntos y lo descubriera por si misma, no dudaba que lo haría pues estaba seguro que su mente trabaja en esos momentos en recordar ese encuentro en particular. Internamente se estaba divirtiendo, pero desde el momento en que dedujo que era ella la Dama Pintada tenía la inmensa curiosidad de ver su reacción cuando supiera quien era él.
Ahora veía como sus ojos se abrían inmensamente, ya lo sabe. Sostuvo su mirada azul viendo como el asombro pintaba su rostro moreno.
No podía ser ¡Era imposible! El no podía ser...
No podía respirar, o había olvidado como hacerlo, especialmente cuando empezó a acercarse a ella.
- Salvó mi vida, y le agradecí por ello.
Si antes sintió frio cuando él la descubrió ahora pasaba todo lo contrario, en su pecho parecía que alguien había decidido encender una hoguera y todo ese calor cruzaba por su cuerpo como un incendio imparable, estaba segura que sus mejillas y todo su rostro estaba rojo, aun así no podía apartar su mirada, los ojos dorados brillaban fijamente hacia ella incrementando ese fuego interno mientras avanzaba en el agua poco profunda, no le importó que sus botas se mojaran.
- En ese momento me di cuenta de que no era un espíritu - quedó de pie frente a ella, muy cerca.
El rostro de su dama floreció en rojo, sabía lo que estaba pensando en ese momento. La maestra agua frente a él quiso decir algo pero las palabras murieron en su boca, se acercó aun más quedando a solo centímetros de su cuerpo, era una cabeza mas pequeña que él, los orbes azules que lo habían impresionado desde esa primera noche en el lago ahora brillaban mas por la luz del día y el reflejo del agua, no eran tan atemorizantes como hace unos instantes, todo lo contrario, estaba tan sorprendida como asustada e incluso avergonzada, nunca pensó que vería algo mas adorable que ella en ese momento.
Se quedaron en silencio, esperando tal vez que diría el otro, aunque sabían que no había nada mas que decir, de su parte, Zuko sintió un enorme impulso por tocarla, de saber que tan suave era su piel, que tan cálida sería bajo su mano, y sobre todo, miró sus labios, deseaba enormemente besarla, besarla de nuevo como lo había echo en el lago y en sus sueños.
Ella levantó la mirada y Zuko no encontró escusa alguna que le impidiera hacer lo que deseaba, hasta que su estómago gruñó exigiendo comida, se puso rojo de la vergüenza colocando una mano rápidamente en su estómago desvergonzado que se atrevía a hacer un ruido nada elegante en un momento como ese. Eso pareció traerla de vuelta.
- Creo... que debería de capturar los peces para poder comer – habló inmediatamente.
En menos tiempo de lo pensado logró capturar un pez de un enorme tamaño, sería suficiente para los dos. Zuko lo cocinó al punto con su fuego. Ambos disfrutaron del desayuno tardío compartiendo pequeñas miradas de un secreto que ambos guardaban. Una vez listos, siguieron el camino hasta la montaña.
La tensión era demasiado grande y Zuko se sintió inmensamente culpable por eso. Katara no lo miraba, ni siquiera se quejaba por las botas.
- ¿Quién te enseñó agua control? – le preguntó mientras caminaban, no sabía ni porque lo había echo, simplemente sentía que debía decir algo y eso fue lo primero que se le ocurrió – Quiero decir, es que eres muy buena controlando el agua y eso. Además de esa cosa que sabes hacer con la sangre.
Ahora que lo pensaba era una buena pregunta. Si su madre había muerto cuando era una niña dudaba que su padre tuviese conocimiento en agua control, entonces ¿Cómo rayos es que era tan fuerte?
- ¿Me está interrogando príncipe Zuko?
- ¿Qué? ¡No! De ninguna manera, solo... tengo curiosidad – ella empezó a reír, él sonrió también, en una parte aliviado, por alguna razón le gustó mas así - El maestro agua de Aang fue el gran maestro Pakku de la tribu del sur, le costó tres meses aprender correctamente.
– ¿Ha conocido a maestros agua? – su sorpresa no pudo pasar desapercibida.
- Si, he estado en las dos tribus.
Zuko no supo como describir el rostro de Katara, parecía admiración, pero al mismo tiempo añoranza.
- Mi maestro fue mi madre, recuerdo verla de pie frente al estanque haciendo movimientos de agua control, la imitaba en cada una de sus sesiones mientras me instruía paso a paso; pero cuando murió, digamos que mi enseñanza se quedó estancada. Hasta que mi padre decidió entrenarme.
- ¿Tu padre?
- Él me enseñó esgrima, no esperaba que usara los mismos movimientos de las prácticas para controlar el agua, pero funcionó para mi, desde entonces practiqué mas y mas movimientos hasta que un día el agua se convirtió en mi única arma.
- ¿Tu padre es un espadachín?
- Sí, ha decir verdad fue soldado, pero ya se ha retirado, creo que desertó del ejercitó cuando conoció a mamá y se fue a vivir con ella a Sun Jing.
Zuko se quedó pensando un momento – He estado en Sun Jing. Fui a entrenar con el maestro Piandao, él me enseñó a usar las espadas Dao, no sabía que existía otro maestro en la isla, creo que tu padre trataba de no llamar la atención.
Ella sonrió mientras lo veía. Zuko no entendía el por qué de aquel gesto. Detuvo su andar cuando se dio cuenta.
- No puede ser.
Su sonrisa se hiso mas grande – Cuando lo vi pelear en el lago había algo que me recordaba a la técnica de mi padre en el uso de las espadas gemelas. Aun recuerdo cuando fuiste a entrenar, por tu culpa tuve que pasar mucho tiempo en mi habitación.
Zuko no podía impresionarse más de lo que ya estaba, esta chica no dejaba de darle sorpresas, primero se da cuenta que es una maestra agua nacida en la Nación del Fuego, mestiza además, después descubre que es la Dama Pintada, y ahora resulta que es la hija de Piandao. No parecía poder salir de la impresión, hasta que recordó algo - ¡Eres el fantasma de la mansión! – gritó sin más.
La maestra agua estalló en carcajadas – ¡Lo recuerdas!
- Y como olvidarlo ¡Me asustabas todas las noches! Todavía tengo miedo de pasar por un pasillo con paredes de papel por tu culpa.
Continuó riendo - Lo siento, pero tenía que hacer algo para divertirme ¡Me aburría mucho estar encerrada!
Sonrió también por los recuerdos, y pensar que se conocieron desde hace años, aunque creyera que era un fantasma. ¿Quién lo hubiese dicho? La hija del maestro Piandao, el mejor espadachín, la única persona que había vencido a mas de cien soldados solo con su espada cuando fueron en su búsqueda debido a su renuncia en el ejercito, era el hombre no maestro fuego mas fuerte que existía en la nación. Y él había besado y manoseado a su única hija.
Oh rayos.
Estaba bien pero bien muerto. Si su maestro se enterase seguramente lo atravesaría con su espada hasta convertirlo en colador ¿Y qué haría su tío? Le daría una gran demostración de sus rayos solo para rematar.
- Se acerca una tormenta – su voz lo hiso distraerse, ella miraba hacia arriba, el cielo de medio día se veía despejado.
- No lo parece.
- Lo hará créame, nunca me he equivocado con esto ¿Qué tan lejos estamos?
- No mucho, pronto llegaremos a un templo que está al pie de la montaña.
Dejando atrás sus pensamientos y con la determinación de no hacer nada estúpido aceleraron el paso, la miró de reojo ¿Sería capaz?
Solo media hora después el cielo quedó cubierto de densas nubes grises, comenzaron a escucharse truenos, un momento mas tarde y las primeras gotas cayeron sobre ellos seguidas de un fuerte chubasco. Katara levantó una mano para desviar la lluvia de ellos, aun así lograron mojarse un poco. Continuaron caminando ahora con poca visibilidad debido al agua que caía y el terreno lodoso. Finalmente, Zuko pudo ver el pequeño templo.
Una enorme escultura de un monje en la posición del loto les dio la bienvenida, Katara calculó que fácilmente mediría los doce metros de alto, era imponente, a sus costados se podían ver dos torres que componían la estructura del templo, todo estaba cubierto de árboles y musgo, aunque eso no le quitaba belleza al lugar. Detrás de la colosal figura de piedra se encontraban las escaleras que ascendían sobre la montaña, se apresuraron a entrar.
Usando su control extrajo el agua de sus ropas quedando secos nuevamente. Se adentraron al interior mientras escuchaba la lluvia caer sin clemencia. Había goteras, la naturaleza reclamó el lugar en todos esos años de abandono y ahora las enredaderas y raíces cubrían el templo. Podían escuchar el eco de los relámpagos y rayos que resonaban en los antiguos muros de piedra.
Buscaron un lugar seco y cómodo para descansar, una vez ahí Zuko prendió una fogata con raíces secas para calentarse, estaban helados, a pesar de estar secos el descenso de la temperatura fue evidente debido a la tormenta. Katara se acercó al fuego para buscar calor.
- Tendremos que esperar, no podremos subir al templo con este clima – aseguró Zuko.
La tarde avanzaba y la tormenta no parecía tener fin, Katara no encontró motivo para permanecer despierta y sin mas se entregó al sueño.
La observó dormir, evidentemente estaba cansada por todo lo que hicieron la noche anterior, escaparon del buque de Azula, llevó el bote hasta el Reino Tierra y aparte la caminata, le impresionó que no se desmayara por cansancio. Se recargó en la fría pared lo mas cómodo posible y el también se durmió. Ya había obscurecido cuando Zuko despertó, el fuego aun ardía manteniéndolo tibio, pero estaba solo. Se levantó de golpe.
¿Dónde estaba? ¿Se la habían llevado?
Su mirada revisó la habitación donde solo estaban un par de botas. El relámpago y el sonido de la lluvia lo trajo de regreso a la calma. Era imposible que su hermana o cualquier soldado los hubiera encontrado, en todo caso, lo primero que harían sería capturarlo a él y no ha Katara, además ella no sería fácil de atrapar.
Caminó por los obscuros pasillos, era intimidante pero no para detenerlo en seguir buscando a la maestra agua que aparentemente no aparecía por ninguna parte. Los relámpagos alumbraban momentáneamente los pasillos de piedra mientras avanzaba, Zuko observaba los años de una civilización extinta en los muros, pinturas de los monjes y bisontes voladores. Cada vez que Aang le contaba historias trataba de imaginar como sería, lamentaba enormemente que jamás sería capaz de verlo con sus propios ojos. Una parte de él se sentía feliz de que al menos el legado de los maestros aire aun se mantenía en la forma de templos abandonados y por supuesto en Aang, era el último maestro aire, pero sabría que incluso con él sería suficiente para así, poco a poco traer al mundo nuevos maestros.
Siguió caminando hasta que algo llamó su atención, unas luces parpadeantes al fondo del pasillo, caminó hasta allá. Llegó a un gran salón delimitado de cuatro columnas que terminaban en arcos abovedados de piedra, en cada columna una antorcha iluminaba tenuemente, faltaba una parte del techo y del suelo un árbol creció atravesándolo hasta el exterior, las raíces se filtraban por ahí creando una red orgánica a lo largo del techo de piedra extendiéndose por las paredes, el agua en forma de una ligera brisa se adentraba por las aberturas casi cerradas de las raíces y las hojas de los árboles que se encontraban en el exterior mientras que por otras partes caía como pequeñas cascadas causando una inundación en ese patio interior con un escalón de profundidad.
Fijó su vista en la persona que se encontraba de espaldas a él.
El cabello castaño se encontraba acomodado en una larga trenza cayendo por su hombro, la ropa húmeda pues la brisa de la lluvia caía sobre ella, estaba sobre una plataforma elevada de piedra la cual mas de la mitad se encontraba destruida. Lo que llamó su atención fueron los movimientos que hacía. Podía reconocer con facilidad que se trataba de ejercicios para el uso de la espada, pero ella no tenía tal arma en su mano, solo dos de sus dedos extendidos.
Sus movimientos eran fluidos y perfectos. Zuko siempre comparó aquellos entrenamientos con una danza, un baile mortal en donde solo aquel con los mejores pasos ganaría.
Definitivamente era la hija de Piandao.
- ¿No te han dicho que es de mala educación espiar a las personas?
Se espabiló, hasta ese momento notó que lo miraba, la maestra agua le sonrió y volvió a hacer lo que estaba haciendo. Salió de la esquina del pasillo y se acercó, quedó en la orilla del desnivel recargándose en uno de los pilares.
- ¿Practicando?
- Entrenando – sus ojos estaban cerrados mientras seguía con los movimientos.
Zuko la observó un momento mas hasta que pensó en cierto detalle.
- No sabes muchos movimientos de agua control ¿Verdad?
Ella se detuvo y lo miró – No, pero esto me ha ayudado.
- Yo puedo enseñarte – vio sorpresa en su mirada – He aprendido uno o dos movimientos de los maestros agua.
- ¿Y que aprenderías de un maestro agua si no puede controlar el agua? – preguntó con incertidumbre.
- En realidad es mucho lo que se puede aprender.
Se quedó callada. Zuko podía ver que no comprendía. Una vez arriba de la explanada se acercó a ella quedando frente a frente, extendió su mano invitándola a tomarla, ella dudó solo un momento, una vez que se tocaron la apretó suavemente e hiso que se girara haciendo que su pequeña espalda quedara pegada a su pecho. Con la otra mano tomó su mano libre, abrió un poco sus piernas para que tuviera un soporte adecuado.
- Todos los elementos – Susurro cerca de su cien, por las diferencias de estaturas Zuko había acomodado su cabeza en esa parte. No pasó desapercibido el ligero estremecimiento por parte de ella cuando habló – Tienen mucho en común.
Movió sus brazos siguiendo un patrón con el que estaba familiarizado haciendo que ella lo siguiera, había relajado su cuerpo y se dejaba llevar por él.
- Los maestros aire y los maestros fuego, somos capaces de crear nuestros elementos – movió su cuerpo en una de las poses típicas para el fuego control – Usamos el mismo principio al momento de dejarlo salir en un ataque – continuó moviéndose junto con ella ahora en una pose de los maestros aire que había visto hacer a Aang para que entendiera su punto - Mientras que los maestros tierra y los maestros agua lo manipulan.
- Por otra parte – continuó – Los movimientos de manipulación de los maestros agua, también podemos utilizarlos los maestros fuego.
- ¿Pero de qué manera?
Zuko sonrió – Te mostraré.
Soltó un poco la mano de Katara y entrelazó sus dedos con los de ella. Su cuerpo se acercó mas pegando su cadera. Respiró con profundidad concentrándose en lo que haría. Sus brazos comenzaron a moverse de arriba hacia abajo lentamente – Piensa en una soga, imagina que inicia en tu mano y tu la controlas - después movieron uno primero y el otro después. Katara imaginaba la soga, sostenida en su mano balanceándose al ritmo de sus movimientos, no se dio cuenta que el agua en el patio vibraba - ¿Lo tienes? – solo movió la cabeza en confirmación, no quería perder la concentración por hablar, presentía que algo iba a pasar, no podía verlo, pero lo sentía en la punta de sus dedos. Cuando sus brazos se movieron hacia atrás sintió que los impulsaba con fuerza de regreso hacia delante, al hacer ese movimiento dos líneas de fuego se formaron de la nada rodeados por otras líneas de agua.
Estaba impresionada. Había creado un látigo de agua.
Siguieron moviendo sus cuerpos manipulando las dos líneas de fuego y agua que bailaban sobre ellos de una manera fluida y armoniosa. Las llamas danzarinas llegaban a tocar la fría agua creando vapor al estar en contacto. Estuvieron así por un momento hasta que sus manos se movieron frente a ellos y cuando bajaron a sus costados los látigos de fuego y agua se desvanecieron.
Su pecho estaba agitado por el pequeño esfuerzo pero mas que nada por emoción. Jamás pensó que el fuego y el agua pudieran crear algo tan hermoso y verse manipulados de la misma manera por sus maestros. Además, después de tantos años esta era la primera clase de agua control que recibía. Estaba feliz y miro sobre su hombro a quien le había enseñado. Zuko le devolvió la sonrisa y en ese momento se dieron cuenta de lo cerca que estaban. Podían sentir las respiraciones del otro sobre sus rostros. La situación se volvió un tanto íntima pero ninguno de los dos desvió la mirada. Zuko cerró sus manos sobre las de ella colocándolas en su cintura, sus cuerpos estaban unidos sintiendo la humedad de sus ropas.
Observaba los hermosos orbes azules, debía admitirlo, desde que los vio por primera vez en el lago había quedado prendado a ellos. Sus labios rosados y húmedos eran tan tentadores que no pudo resistirse cuando vio que se abrían un poco dejando salir su aliento.
Sin pensarlo mas cerró la distancia entre ellos y la besó.
El recuerdo quedó corto y al mismo tiempo pareciera que fuese ayer cuando la besó por primera vez. Su cuerpo se estremeció inundándose de un calor tenue que poco a poco tomó su cuerpo. Ella le respondió sin dudar, devolvía el beso al mismo ritmo pausado que él llevaba. Tal vez fueron segundos, pero para Zuko el tiempo se detuvo y aunque hubiese pasado toda la noche besándola no lo notaría.
Se separó un momento sin poder alejarse de sus labios, rozándolos con suavidad. El aliento cálido en su rostro, abrió sus ojos para toparse con el azul intenso de su mirada, no podía pensar en otra cosa mas que en la suavidad de sus labios y su enorme deseo de repetirlo. No dudó en hacerlo.
Sus brazos se estrecharon en su cintura, rodeándola por completo acercándola a él. La escuchó gemir y algo se encendió en él, deseaba mas, quería mas. Su lengua toco la suave carne y ella abrió sus labios dándole permiso para entrar, se exploraron nuevamente, otro gemido por parte de la maestra agua lo dejó encantado, inmediatamente continuó besándola con un poco mas de intensidad.
En un momento dejó sus labios y casi la había escuchado gruñir por eso hasta que besó su cuello, en lugar de una replica exclamó fuertemente el placer que le hacía sentir.
Era masilla en sus manos, y él estaba encantado de devorarla, de probar su piel, mordió un punto en especifico en su cuello y la reacción fue inmediata, su cuerpo se sacudió lo que provocó que cierta zona de sus organismo se rosaran. Estaba duro, lo sabía a la perfección, el solo haberla besado al principio desencadenó toda una reacción en su cuerpo, pero ella pareció darse cuenta y ahora movía su trasero con clara intención avivando su sangre caliente.
Sus manos ya no podían quedarse quietas, especialmente al sentir como ella le acariciaba el cabello, pidiéndole silenciosa que no se detuviera, no pensaba hacerlo de todas maneras. Recorrió su estómago hasta llegar al borde de la camisa y sin dudarlo introdujo sus manos debajo. La piel era suave y caliente, mordió su cuello ganándose un gemido y contoneo de su trasero demasiado placentero como para permanecer callado; su manos subieron hacia su senos, estaba cubiertos pero eso no le impidió masajearlos con deleite.
La maestra agua arqueó su espalda hacia sus manos, como evitando que se alejara de ella y siguiera con su tacto. Sintió el jalón en su cabello obligándolo a alejarse de la dulce piel, antes de que pudiera protestar los labios de la maestra agua lo devoraban, lo tomaba con tal pasión que no pudo evitar estrechar sus pechos con fuerza, ganándose otro gemido de parte de ella. Era increíble, besarla, tocarla, la suavidad y calor bajo sus manos, no podía existir nada mejor que eso, hasta que sintió una presión en su dureza. No pudo evitar gemir ante el tacto, y aun mas cuando la atrevida mano entró en su ropa para moverse en su piel.
Gruñó en su cuello enterrando sus dientes ahí, le había dejado una marca, de eso estaba seguro, pero no podía pensar en eso, realmente no podía pensar en nada mas que la mano que lo tocaba tan placenteramente y sus caderas que se movían en un vaivén suave. Se iba a volver loco, de eso estaba seguro, esta mujer lo volvería loco, su cuerpo ardía, todo era tan caliente que estaba seguro que pronto haría combustión, pero no sería él único.
Su mano bajó por su estómago hasta la orilla de su pantalón, resultó demasiado fácil adentrarse a esa parte y llegar a su objetivo, cuando su dedo la tocó gimió fuertemente, encontró con facilidad aquel lugar de felicidad y éxtasis que sin clemencia lo atacó. Solo por unos instantes hiso que se olvidara que lo estaba tocando y su miembro estuvo privado de sus caricias. No le importó, le pareció igual de placentero escucharla por su toque, como su cuerpo se agitaba y gemía su nombre, Oh que hermoso se escuchaba, Zuko, Zuko… Nunca se cansaría de oírlo; pero había mas por hacer, devoró sus labios mientras su mano apretó el pezón sobre la tela que lo cubría, ahogó su exclamación, pero no pudo evitar el fuerte gemido cuando introdujo uno de sus dedos en ella, a si como no pudo evitar el impulso de mover sus caderas sobre su trasero, simplemente no podía evitar presionarse sobre ella ante lo que sentía; su dedo estaba encerrado en una vaina resbaladiza, cálida y apretada, se movió contra ella al mismo tiempo que introducía un segundo dedo sin poder evitar pensar que era él, quien estaba dentro de ella.
- ¡AH!
Juró que estuvo a punto de terminar solo por haberla escuchado. La humedad cubrió su mano e inmediatamente sintió como su cuerpo languidecía en sus brazos. La besó suavemente sintiendo el fuerte palpitar de su corazón atreves del pecho que acariciaba. Ella había terminado, pero él no, y muy dentro, en un pequeño rinconcito de su mente algo le decía que se detuviera, que no debía de ir mas allá, curiosamente parecía la voz de su tío.
- Zuko…
Su suave palabra silenció todo susurro dentro de su cabeza que inmediatamente se perdió por el beso que ella empezó. Con retomada pasión la devoró, invadió sus labios aun mas hambriento de lo que había estado anteriormente. Ella se giró para quedar frente a él, inmediatamente sus manos fueron a su trasero halándola hacia arriba, por instinto la maestra agua envolvió sus piernas en su cintura y el maestro fuego gimió en su boca cuando empezó a mover sus caderas sobre su hombría. Espíritus, era tan placentero.
De alguna manera logró sacarla del patio para recargar el pequeño pero ardiente cuerpo de la maestra agua sobre uno de los pilares. Solo por un segundo se detuvo a mirarla. Los ojos azules eran lunas obscuras, o un mar a media noche. Su mano acarició su rostro y ella se dejó guiar por su toque llevando también su mano a la de él y dirigirla a su boca para besar sus dedos.
Él no podía esperar mas, realmente la deseaba y todo esos pequeños toques lo estaban llevando al borde. Ya no podía pensar en si era correcto o no, ella lo deseaba tanto como él y eso fue suficiente.
La piedra fue su lecho, las prendas se habían retirado dejando piel contra piel. Sus senos y la dura cumbre fueron mas deliciosas y sensibles de lo que había esperado. Sentía sus uñas en su espalda y el calor del secreto en sus piernas le llamaba, invitándolo a descubrirlo, a estar en ella, y no estaba dispuesto en hacerla esperar mas. La miró fijamente, a la luz de las llamas, el sonrojo en su rostro y su cabello esparcido, y su mirada, jamás había visto algo tan bello y supo que jamás lo volvería a ver. Algo en su pecho se estremeció. La besó guiado por ese sentimiento que acababa de nacer en él al mismo tiempo que se adentraba en elle lentamente.
Ambos gimieron con deleite, por Agni… perdió la visión por un segundo, estaba seguro que había visto las estrellas y las profundidades del cielo. Era tan estrecha que el placer resultaba abrumador, tan húmeda que sabía que podía llegar hasta las profundidades, y tan cálida y suave que se sentía desfallecer.
Esto es el cielo, se dijo Zuko, había muerto, estaba seguro y ahora disfrutaba de las delicias del paraíso. El movimiento de cadera lo hiso sumergirse mas en ella que no pudo evitar gruñir, honestamente no pensaba que un sonido como aquel saldría de él. Abrió los ojos quedándose estático un momento.
Un día su tío había decidido hablar sobre la belleza, de los diferentes tipos de que existen y donde se podían encontrar. Pero Zuko supo en ese instante que no existía ser tan bello como el que estaba en sus brazos en ese momento. Estaba sonrojada, sus labios hinchados y rosados de tanto besar y sus ojos cerrados contraídos en placer puro, cuando sus ojos se abrieron se quedó sin aliento nuevamente al ver el elemento faltante a ese cuadro perfecto. En el azul de su mirada pudo ver la pasión, anhelo y placer brillando inmensamente, podía sentirlo con una gran intensidad que su pecho se estremeció. Se introdujo hasta sus profundidades mientras la escuchó en su deleite y una vez ahí no existió poder que lo detuviera.
Las paredes húmedas por el agua comenzaron a llenarse de escarcha, el agua que había inundado el patio interior se había congelado y las pequeñas gotas que chorreaban se convirtieron en estalactitas. Todo estaba frio a su alrededor a excepción del lugar en donde estaban y era debido al gran calor que expedía el maestro fuego, la llama de las antorchas se elevaban como grandes fumarolas reaccionando a la intensidad del maestro que las estaba provocado. Un sudor perlado cubría sus cuerpos mientras los dos amantes se entregaban al placer en una danza de fuego y hielo.
Solo las paredes de piedra fueron testigos de la entrega de los maestros de los elementos opuestos.
- ¡Mas! ¡Por favor mas!
Y el la complacería, no había nada mas bello que escucharla gemir por su causa.
El ritmo era fuerte, el placer intenso. Sus caderas se movían con vida propia, mientras la escuchaba en su gloria. Sus manos vagaban por su cuerpo dejando un rastro de fuego en su piel. No podía dejar de tocarla, de marcar cada parte de ella quemándola de placer mientras se entregaba a él de esa forma incontables veces. Un sentimiento de posesión lo invadió, no quería separase de ella y de manera inconsciente la abrazó fuertemente haciendo que sus cuerpos rozaran aun más, sus senos se aplastaban contra su pecho sintiendo con deleite como sus pezones hacían fricción sobre los montículos suaves.
Un gemido fuerte fue la única señal de advertencia.
Ahí estaba el clamor de victoria, ella había llegado y la fuerza de su orgasmo lo abatió, lo estrechó con tanta fuerza que lo cegó brevemente. No podía contenerse mas, se dejó llevar por ella a la cumbre donde estaba. La sensación fue estremecedora, su culminación el éxtasis infinito, y estaba encantado de recibirla.
Estaba agotado, mas de lo que nunca había estado en su vida, y al mismo tiempo resultaba extremadamente placentero. La observó, sus ojos estaban cerrados, su pecho agitado subiendo y bajando con fuerza, aun así le pareció que se veía mas hermosa en la culminación de su placer. La besó suavemente mientras se acostaba a su lado, ella instintivamente se acomodó en su pecho ocultando su cabeza en el hueco de su hombro mientras la rodeaba con sus brazos, la respiración caliente sobre su piel le parecía de lo mas placentero y confortante, le acariciaba la espalda con suavidad, y en ese instante, Zuko supo que jamás existiría otro momento que se le equiparara con ese.
Katara estaba abrumada por lo que acababa de pasar.
Su conocimiento respecto al sexo había sido adquirido en sus viajes en busca de té cuando el señor Iroh la enviaba a ciertas ciudades del Reino Tierra. Una vez incluso llegó a hospedarse en un burdel sin saber de lo que era. Realmente era muy inocente pues su padre nunca tocó ese tema con ella a excepción de cuando tuvo su primer ciclo lunar, solo le había dicho de manera muy recatada, tanto como un padre podía hacerlo, que era la manera en que su cuerpo le avisaba que ya no era una niña si no una mujercita y los cambios que eso conllevaba, quedó muy claro en esa parte, mas nunca hablaron de relaciones sexuales, cuando Katara vio lo que era el acto en sí, sintió una terrible vergüenza. Aquellas mujeres eran demasiado desvergonzadas y no se guardaban nada al momento en que le trataban de explicar en que consistía todo.
A sus diecisiete años jamás quiso saber respecto al sexo después de ese momento. La habían dejado ligeramente traumada ¿Cómo rayos iba a caber esa cosa del hombre dentro de ella? ¡Era imposible! Sentía que no había espacio ahí para algo como eso. Pero esa idea de repulsión hacia el sexo cambio cuando conoció a un adivina del Reino Tierra. La llamaban la tía Wu.
Solo por el encargo del señor Iroh fue que llegó a ella buscando las hojas de té del panda. Amablemente la señora le pidió que se quedara a descansar por ese día para reponer energías, había sido un viaje largo y Katara aceptó gustosa, otra cosa mas que se le ofreció fue la lectura de su futuro, impulsada por una enorme curiosidad aceptó la oferta de la adivina.
Por la lectura de las fracturas en los huesos le dijo que era alguien muy especial. Veía dos poderosas ramas de sangre en ella lo que la convertían en alguien único. Eso era algo que Katara ya sabía por ser mestiza, pero una parte de ella sentía exagerado en eso de la poderosa sangre. La adivina le dijo que se casaría con un poderoso maestro y sus hijos heredarían su poder y grandeza. Una parte de ella se emocionó, la parte romántica que deseaba conocer un chico y amarlo como se amaron sus padres, pero al escuchar la palabra hijos se quedó un poco insegura, para poder hacer hijos era necesario que el hombre... ¡Hay no! Ella no quería eso.
Wu notó la reacción por parte de la chica hacia su futuro, era uno muy bueno según ella, pero la joven morena de ojos azules parecía pensar diferente. Al preguntarle si había algo mal Katara lo pensó solo por un segundo antes de responder, bueno ella era una mujer ¿No? Podía tener la confianza de preguntarle. Le platicó lo que pensaba respecto al sexo y que no le parecía algo que de deseaba poner en practica.
- ¿Y quien está hablando de sexo? – le preguntó la adivina.
- Así es como se hacen lo bebes ¿No? ¿O acaso existe otra forma? – preguntó esperanzada.
La mujer de mayor edad sonrió – Cariño solo existe una forma de hacer bebés y me temo que es la que estás pensando – vio decepción en sus ojos – Pero existe una gran diferencia entre tener sexo y hacer el amor.
- ¿Hacer el amor? ¿Qué es eso?
Ahora la impresionada era la mujer frente a ella. Sonrió por la inocencia de la chica. Dentro de su adivinación pudo ver que era una fuerte guerrera, imparable y con gran poder. Que fuera tan inocente en estos temas le pareció tierno.
- Tener sexo es estar con cualquier hombre solo por placer – ella entendía parte de eso, las "damas" del burdel no se acortaron la lengua en describir la sensación que se tiene al estar en el acto, aunque algunas admitieron que no siempre era así, Katara simplemente no veía placer en algo como eso - Pero hacer el amor es algo muy diferente – continuó hablando – Hacer el amor es desear que esa persona te toque, que cada rose que tenga con tu piel sientas que arda, no vas a querer separarte de él y le devolverás ese mismo placer que el te brindará. Lo besarás con entusiasmo y tu cuerpo reaccionará a ello. Sentirás un estremecimiento en esa parte intima tuya deseando que sea llenada por su complemento – se quedó sin palabras al escuchar la explicación de la adivina – Hacer el amor es estar unida a la persona que amas tanto física como emocionalmente. Y créeme, tu también lo desearas, tu cuerpo te dirá cuando estés listas para dar ese paso.
Y hasta el momento no había experimentado lo que la tía Wu le había dicho, por ese motivo rechazaba a los pretendientes que tenía en la tienda de té, no podía imaginarse hacer algo como eso con alguno de esos chicos, sinceramente nunca sintió esa necesidad. Hasta que vio a cierto enmascarado peleando en un lago. Se sintió atraída a él no físicamente si no por su forma de pelear la cual admiró por su buena ejecución.
Después de ayudarlo y estar cerca de él pudo sentir esa pequeña chispa, un hombre a su merced, se dio la libertad de examinarlo mas de la cuenta y su cuerpo reaccionó a eso, se había impresionado pero no quería parar, se sentía como un niño con un juguete nuevo, quería experimentar aquello que le había dicho la adivina, vio la oportunidad cuando tuvo que sanar su garganta, de todas las maneras posibles ella escogió esa, uniendo sus labios, al final le había gustadoy mucho. La reacción que vio en él también le había animado y el echo de que fuera el Espíritu Azul y ella la Dama Pintada le daba un toque extra a ese encuentro.
Perdió el control cuando sus besos llegaron a su cuello, quería mas, mas besos, mas caricias y ella también quería brindar ese placer. Todo fue abrumador pero muy bien recibido.
Quería ese momento con él y lo quería en ese instante, ya había sentido esa ligera sensación en su entrepierna, no sabía lo que era, pero quería mas y cuando la rozó con la dureza del enmascarado casi chilló de placer. Quería mas y no deseaba detenerse, pero se vieron interrumpidos, mentiría si dijera que dejó de pensar en ese encuentro. Los recuerdos la siguieron los siguientes meses recreando solo en su mente como hubiese terminado. En mas de una ocasión se toco a si misma pensando en el Espíritu Azul.
Y ahora descansaba en su pecho, con la última persona que creyó que estaría de esa manera y al mismo tiempo era la única persona con la que quería estar.
Sin embargo…
De todas las malditas personas en el mundo por qué tenía que ser el príncipe de su nación. Una enorme vergüenza la cubrió, era casi igual a cuando estaba en el rio y se descubrió su identidad. Por los espíritus, resultaba tan absurdo, una parte de ella quería salir corriendo y la otra no quería separarse de él.
Pero... ¿Era correcto? ¿Lo que acababa de hacer estaba bien? De pronto el gran abismo que existía entre ellos se hiso evidente. El era un príncipe, ella la hija de un soldado, una mestiza. Jamás formó y formaría parte de la nobleza de la Nación del Fuego, no había manera o posibilidad de que esto estuviera bien.
Por los espíritus, nunca debió…
Zuko pudo haberse quedado dormido en ese momento, o morir, realmente no le importaba, era lo mas cómodo y satisfecho que jamás había estado en su vida, sin embargo...
- ¿Qué pasa? - su corazón se contrajo al sentirla tensarse de repente – Katara ¿Qué sucede?
Algo horrible sintió cuando su pecho comenzó a humedecerse por sus lagrimas. ¿Qué había pasado? ¿La había lastimado? ¿No le había gustado? ¿Acaso ella se arrepentía? Se dio cuenta de que era su primera vez. Con su tío había tenido esa plática y había sido muy claro en resaltar que para las mujeres era muy importante su pureza, a excepción de algunas por supuesto, pero la mayoría, especialmente una dama de respeto, nunca haría nada como eso antes de estar casada. Solo en una ocasión había estado con una chica que era virgen y en ese momento estaba borracho, realmente se arrepintió por haber echo algo tan estúpido y faltarle el respeto a la chica pero ni siquiera ella mostraba arrepentimiento por eso, sin embargo Zuko no se sintió muy bien consigo mismo y desde entonces cuidó mas con quien mantendría relaciones físicas en el futuro. Pero con Katara fue todo muy diferente, cuando se encontraron en el lago ella había tenido la iniciativa, y siendo honesto, nunca había despertado su cuerpo de esa manera. Su recuentro solo incrementó su deseo, realmente quería estar con ella, sentirla, tocar su cuerpo. Nunca antes había tenido esa necesidad tan fuerte; pero darse cuenta que ella se arrepentía lo hacía sentirse de una manera indescriptible.
Ese pensamiento no le gustó para nada.
Obligó a su rostro a mirarlo, los orbes azules brillaban por la humedad de sus lagrimas, su nariz estaba roja y un rubor en sus mejillas ¿Qué acaso no podía dejar de verla hermosa en cualquier situación? Pero aunque a sus ojos era así se sentía terrible por no saber qué había provocado ese estado en ella o que él fuera el culpable.
- Por favor no llores – con su mano acunó su rostro estrechándola mas hacia él. No quería que se sintiera mal, no quería verla así – Por favor Katara, dime que sucede.
La vio dudar, escondió su cabeza en su pecho y desde ahí hablo.
- Usted es… y yo soy… nosotros… ¡Lo siento mucho!
Ahora estaba seguro de que no entendía nada ¿De qué rayos se estaba disculpando?
- Katara…
Resultaba difícil entender lo que trataba de decirle entre el llanto y que no quería despegar su cara de su pecho.
- Usted es el príncipe de la Nación del Fuego – habló con un poco mas de calma, pero no se atrevía a mirarlo – Y yo soy… incluso yo se que esto no es correcto.
No podía creerlo.
De repente algo explotó dentro de él. Tomó la cara de la maestra agua de manera brusca sellando su boca con la de ella fieramente.
- Zuko – gruñó en sus labios – Mi nombre es Zuko.
No había pasado desapercibido la ligera formalidad con que se dirigía a él, hablándole de usted en todo ese tiempo, no le resultaba molestado hasta ahora. Que dijera que no podía estar con él y lo que habían echo fue un error solo por que era un príncipe era la respuesta mas absurda que pudo haber escuchado. Y eso lo molestó bastante.
- Fui exiliado desde los trece años – comenzó a estrecharla mas hacia él con el brazo que rodeaba su cintura – Y desde ese momento he sido un prófugo – le dio la vuelta de manera rápida - Un refugiado – cubrió su cuerpo con el suyo, su mano acarició su pierna, sintió como su respiración se detuvo momentáneamente - Un bandido – se acomodó en ella haciéndole sentir lo duro y excitado que estaba pero sin ingresar en su interior, la escuchó gemir suavemente – Y ahora soy un traidor.
Katara no podía encontrar una forma de poder describir la manera en que la miraba, la intensidad con que sus ojos brillaban haciendo incrementar el calor en su interior.
- Lo único que no he sido en estos años es un príncipe – continuó - Y no tengo intenciones de volver a serlo – acercó su rostro al de ella – Por lo tanto Katara, no vuelvas a decir que esto a ha sido un error – había fuego en su mirada y ella estaba ardiendo - Por que lo único que yo veo es a una mujer que me desea tanto como yo a ella y ningún otro obstáculo que nos impida hacer lo que queramos.
Inclinó su cabeza hacia ella, Katara abrió los labios esperando los suyos pero fue su barbilla la privilegiada - ¿O acaso no me deseas? – susurró en su piel mientras repartía besos por su mandíbula bajando hacia su cuello, para ese momento resultaba inútil ser reservada, dejó salir un gemido desde lo mas profundo de su alma, sus brazos rodearon sus hombros tratando de acercarlo mas a ella pero él mantenía una muy estrecha distancia entre ellos impidiendo que sus cuerpos se rozaran por completo - ¿No deseas esto Katara?
- Si – dejó salir fuerte y claro.
¿Qué le había echo? ¿Qué pasaba con ella? Porqué de pronto deseaba que la tocara, que la besara, que hiciera lo mismo que hace unos momentos, lo quería dentro de ella, en lo mas profundo de su cuerpo y hacerla sentir tocar el cielo con las manos. Deseaba su fuego y ser consumida por el, convertirse en cenizas. ¡Pero por los espíritus! ¿Por qué no la besaba? ¿Por qué no la tocaba? Trató de buscar su boca pero el maestro fuego se movió rápido escondiendo en el costado de su cabeza llegando a su oído.
- Si, qué?
Príncipe maldito, había sujetado su cadera para impedir que se acariciara con él, la estaba torturando, no, la estaba castigando, y no podía soportarlo mas.
- Te deseo Zuko, te quiero dentro de mi para siempre.
No supo el alcance que tendrían sus palabras sobre el maestro fuego, pero su cuerpo se encargo de hacérselo entender. Se enterró en ella de una sola estocada lo que provocó que gritara sin reservas, sin contenerse. Katara apenas fue consiente que su sorpresiva invasión y la tensión acumulada entre sus piernas por su inmenso deseo que la tocase de una vez por todas hiso que tuviera una orgasmo de manera instantánea. Convulsionó en sus brazos mientras él la besaba aferrándose a ella con todo lo que tenía. Sus movimientos eran erráticos, sin control, gimiendo sobre sus labios, devorándolos esperando tal vez fusionarse con ellos.
Lo había ofendido, decir que no podían estar de esta manera solo por sus condiciones sociales fue realmente tonto de su parte, especialmente cuando él no había mostrado ningún desprecio hacia ella al saber que era mestiza o la Dama Pintada, y de ninguna manera podía permitir que las cosas quedaran así, es decir, por ella estaba perfectamente bien que siguiera ese ritmo descontrolado que la estaba volviendo loca, pero tenía que redimirse, disculparse con él.
Obteniendo una fuerza que no se creyó capaz de poseer, logró voltear el cuerpo que estaba encima de ella invirtiendo los lugares.
Estaba sorprendido por el cambio, Katara aprovechó ese momento para recuperar el aliento y observarlo a él. Sudaba como seguramente ella también, la perlada capa de agua lo cubría por completo haciendo que su cuerpo brillara, su pecho bajaba y subía agitado, unos mechones de cabello negro se adherían a su rostro, él era...
- Hermoso – susurró, apenas un murmullo, pero él la escuchó pues su respiración se detuvo y sus ojos parecieron crecer por la sorpresa de lo que acababa de decir, pero Katara no prestó atención a su reacción, ella seguía contemplándolo – Eres hermoso - el brillo de sus ojos, el contraste de su cabello negro y la pálida piel, todo en él era bello, incluso su cicatriz. Sin poder esperar mas lo besó, y este beso fue diferente, el deseo descontrolado de hace unos momentos pareció sofocarse mas no extinguirse, fue lento, suave, dulce...
Y eterno.
El maestro fuego se perdió por completo en aquel beso. Besarla es una de las mejores experiencias de su vida y poseerla un éxtasis incomparable, no existía tela alguna que pudiera compararse con la suavidad de su cuerpo, ni perfume que igualara el aroma embriagante que inhalaba de su piel, ella era perfecta, armoniosa y toda suya.
- Zuko... – gruño al escucharla decir su nombre – Zuko... – se separó de sus labios, le molestó, deseaba besarla aún mas, y escucharla decir su nombre, sin embargo lo que hiso a continuación lo dejó sin habla.
Oh por Agni...
Se puso tan duro con solo verla de esa manera. Ahí estaba ella, erguida sobre él enterrándose de lleno en su interior, arqueó su cuerpo de una manera hermosa mientras inclinaba su cabeza hacia tras, sus senos se veían gloriosos, su cintura tan estrecha mientras sus hermosas piernas lo sujetaban con fuerza aferrándose a su cadera. Cuando comenzó a moverse perdió el sentido.
- Sí...
Gimió con fuerza al sentir el primer meneo de su cadera que rápidamente llevó sus manos ahí. La visión era hermosa, el vaivén de su cuerpo era tan sensual como un baile prohibido, sus senos rebotaban al compás de sus movimientos mientras que el se perdía nuevamente en la sensación de goce que le provocaba su apretado interior.
Katara sentía demasiado placer, había visto esa pose de aquellas mujeres del burdel y todas ellas gritaban satisfechas, ahora entendía porqué. Lo sentía grande y apenas se estaba acostumbrado a tenerlo dentro de su cuerpo, pero se sentía tan bien cuando internamente tocaba un punto de placer que no podía evitar moverse para seguir sintiéndolo cada vez más y con mas fuerza.
Gemía sin contenerse. Las manos del maestro fuego apretaban su cadera para hundirla con mas fuerza sobre su eje mientras que también se movía a su encuentro. Se miraron y se sintió hermosa, los orbes dorados como fuego encendido la excitaban y ver el placer causado en su rostro era algo que comenzaba a disfrutar. Se impresionó un poco cuando sintió que se levantaba de su pose acostado para quedar sentado al igual que ella. Inmediatamente al quedar así la abrazó y su boca atacó sus senos, ella rodeó sus hombros con sus manos acercándolo a su pecho mientras gritaba de placer. La ligera mordida en sus pezones le provocaba deleite y sus caderas se estrellaban con fuerza.
- Sí, así – era glorioso ese momento y no quería que el maestro fuego se detuviera.
Zuko estaba enterrado en su pecho sintiendo el enorme placer de ser montado por ella. Besaba y chupaba sus cumbres como un bebé hambriento mientras que sus movimientos de cadera lo llevaban al borde de la locura. Rezó de satisfacción por el placer causado y no pudo evitar besarla con fuerza.
Gimió sobre su boca.
¡Maldición! ¿Por qué estaba tan apretada? Tan húmeda, tan exquisitamente hermosa cuando la veía con el placer en su rostro y sobre todo ¿Por qué había dicho esas palabras? Podían existir muchas maneras de calificarlo: testarudo, gruñón, intolerante e incluso leal, pero hermoso era algo que jamás pensó que escucharía de los labios de una hermosa chica, y sobre todo que esa chica lo dijera en un momento como ese. El sabía que él no era hermoso, o guapo, o medianamente atractivo, aunque su tío se había encargado de decirle en muchas ocasiones que el éxito de la tienda de te era por él, seguía dudando, su trasero era mas atrayente que su rostro, uno desfigurado y marcado. Pero se había acostumbrado a él, a su reflejo frente a un espejo, a las miradas indiscretas y susurros callados de las personas cuando pasaba a su lado, para él, la marca que llevaba en su rostro tenía muchos significados, pero ahora, alguien veía belleza en ella y no pudo evitar sentirse cautivado desde lo mas profundo de su alma.
Un movimiento de cadera lo hiso volver a la realidad, a una muy placentera. Todo esto era demasiado, no había punto de comparación, sus encuentros anteriores con otras chicas dejaban en corto ese momento, se estaba dejando llevar demasiado y no le importaba, tocar el interior de Katara con su punta sensible, sentir la presión sobre su miembro era un deleite y el estaba mas que dispuesto en seguir de esa manera.
El ímpetu de la maestra agua se volvió frenético, podía sentir como se acercaba su liberación.
- Sigue así Katara – gimió en su pecho.
Ella grito su nombre mientras se movía con mas fuerza hasta que sintió llegar a la cúspide del placer. Su espalda se arqueó hacia él mientras su orgasmo explotaba en su interior. Lo apretó de tal manera que no pudo evitar venirse también.
Un inmensa calma lo inundó. Se sentía satisfecho, complacido y feliz. Sintió el cuerpo de la maestra agua apoyarse en él, sus manos lo rodearon suavemente buscando un soporte para su cuerpo debilitado. Estaba cansada y podía comprenderlo. Besó con suavidad su hombro para después buscar su boca y unirla a la de él, fue muy lento y dulce. Se acostó con suavidad colocándola a ella a su costado. Sus piernas lo rodearon buscando una pose cómoda y como si fuera una gran almohada buscó refugio en su pecho para descansar ahí. La abrazó sintiendo un agradable confort de tenerla en sus brazos.
Afuera la lluvia se detuvo dejando un rastro húmedo y fresco sobre la tierra. Dentro del templo todo estaba cubierto de hielo y escarcha a excepción del lugar donde dos cuerpos desnudos yacían, alrededor de ellos existía un calor palpitante provocado por el maestro fuego. Ajeno a eso Zuko acariciaba con su mano la espalda desnuda de la mujer que yacía a su lado, su boca estaba cerca de su cabeza y no podía evitar darle pequeños besos a su cabello. Había despertado hace unos minutos, terminó tan exhausto que se quedó dormido por horas al igual que ella, tan cómodo estaba que no se percató que se había quedado dormido desnudo en un lugar que no era para nada cómodo, aun así la piedra bajo su espalda estaba caliente lo que le parecía agradable, no sentía frio y el calor que compartía del cuerpo de la maestra agua era por mucho agradable. Si fuera por él podía quedarse así para siempre.
- Ya dejó de llover – escuchó que habló momentos después, si no lo hubiera echo creería que aún seguía dormida. El aliento de Katara sobre su pecho al hablar le hiso cosquillas.
- Eso parece.
- Tal vez deberíamos ponernos en marcha para llegar al templo – dejó salir un gruñido como respuesta – Pueden estar preocupados.
Gruñó de nuevo, aunque ella tenía razón. Una parte de él le decía que para esos momentos Sokka seguramente estaría trazando un plan para su rescate e indudablemente Aang estaría apoyándolo.
- ¿Crees que podemos llegar al templo aún siendo esta hora?
Por mas que deseara quedarse ahí con ella, con resignación le respondió con sinceridad – El camino se encuentra en buen estado a pesar de lo viejo que es, yo puedo iluminarnos y tu puedes retirar los excesos de agua que hayan quedado por la lluvia – suspiró – Creo que podemos llegar al templo sin ningún problema.
Ella lo miró con una dulce sonrisa en su rostro, después de un beso rápido dejó que Katara se separara de él sintiendo inmensamente la falta de calor de su cuerpo, se colocó la camisa, era grande por supuesto y le quedaba como un vestido.
- Qué demonios...?
Zuko se puso de pie mientras se ponía sus pantalones y pudo ver lo que había provocado la reacción de la maestra agua. Todo a su alrededor estaba congelado, una fina capa de hielo cubría el piso y las paredes, incluso el agua que se había infiltrado en el patio se congeló por completo.
Ambos miraron asombrados. La parte donde ellos se encontraban estaba intacta pero extrañamente el suelo estaba caliente, algo de lo cual se dieron cuenta que no era natural. Los ojos de Katara fueron a parar a las columnas donde las antorchas se encontraban, tenían una flama de tamaño normal pero siguiendo el camino hacía arriba la piedra tenía un color negro, como si el fuego se hubiese alzado hasta el techo quemando todo a su alrededor.
¿Qué rayos había pasado?
Sin tener una respuesta a tal fenómeno los dos se terminaron de vestir.
·
El amanecer estaba cerca, el cielo dejaba el manto nocturno para dar paso a colores lilas y rosados anunciando la pronta llegada del sol. Aang estaba sentado en la pose del loto, Iroh estaba a su lado.
Desde que había tomado la decisión de convertirse en un verdadero avatar comenzó a meditar, Iroh lo acompañaba y le enseñaba lo que el sabía respecto a llegar a la calma interior, la clave estaba en la respiración. Aang ahora entendía por que Zuko siempre le decía eso, el fuego control se basaba no solo en dar fuertes golpes si no en la calma y el equilibrio de los movimientos siendo coordinados con su respiración. Encontrar su centro era importante pues así sentía un poco mas de control sobre el poder de los elementos.
Inhala... sus pulmones se llenaron de aire. Exhala... lo dejó salir. Busca tu centro...
Los ronquidos de Iroh no ayudaban a su concentración, abrió uno de sus ojos y miró como el hombre estaba completamente dormido en su pose sentado. Valla ayuda, ya anteriormente se había quedado dormido durante su meditación. Una sacudida del piso debajo de él y el viejo maestro fuego se despertó de golpe.
- Eh? Qué? ¡No me quedé dormido! – habló rápidamente.
- Despierten – habló Toph poniéndose a un lado del avatar y de Iroh – Tenemos visitas – dijo sonriendo.
El grupo que se había despertado por la sacudida de la maestra tierra miraron atentos el pie de la explanada donde se encontraban. Los rayos del sol finalmente salieron y dos figuras se dejaron ver entre la ligera neblina que se había formado.
Zuko y Katara habían llegado al Templo Aire del Este.
.
...
