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Capítulo V
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Aang abrió los ojos con alegría, Iroh sonrió.
- ¡Zuko! – corrió hacia el sin perder tiempo y lo abrazó - ¡Lograste escapar!
Le regresó el abrazo con gusto, en verdad había estado inquieto pero sabía en el fondo que así era la forma de ser del pequeño monje, siempre se preocupaba por él y por Sokka.
- No te cansas de darnos sustos ¿Verdad? – habló el príncipe del sur.
- Perdón por preocuparlos.
Su mirada se fijó en su tío que se paraba frente a ellos, inclinó su cabeza con gusto dándole la bienvenida, él hiso lo mismo.
- ¡Aggg! – se quejó Katara dejándose caer en el suelo – Esas fueron muchas escaleras... ¡Y estas botas me están matando! – rápidamente se quito el calzado tirándolo lejos de ella.
- ¿Cansada Sugar Queen?
- ¡Toph! – saludó con alegría a su amiga, se sentía feliz de que se encontraran bien. La corazonada de Zuko había sido correcta, ellos habían huido al lejano templo.
Después de descansar y comer explicaron como fue que escaparon del buque de la princesa Azula, además del hallazgo mas importante, los planes de la Nación del Fuego.
- ¿El cometa de Sozin? – preguntó Aang.
- Es un gran cometa que incrementará el control de cada maestro fuego hasta diez veces su poder – explicó Iroh.
- Eso no suena nada bien – opinó Toph.
- Usaran su poder para destruir todas las ciudades que no han sido conquistadas.
- Planean utilizar esos globos de guerra para atacar desde el aire, además de que también los emplearan para conquistar las tribus agua – agregó Katara. Sokka se estremeció ante eso - Con el poder del cometa serán imparables.
- Esto es lo que Roku trataba de advertirme – habló Aang – Cuando viajé al mundo de los espíritus mientras estábamos en la Tribu del Norte, tuve una visión donde se podía ver un cometa pasando por los cielos – se quedó en silencio un momento – No podemos permitirlo.
- Puedes estar seguro de eso – lo apoyó Sokka con tono serio.
- Si es así entonces lo mejor será atacar durante el eclipse – sugirió Kuei – Pierden su poder durante ese momento ¿No?
- ¡Vayamos a la Nación del Fuego y pateemos el culo del Señor del Fuego! – gritó Toph con entusiasmo mientras golpeaba su mano con su puño. Kuei miró asombrado a su hermana por su florido léxico.
- Aunque sea la mejor opción no creo que sea la correcta – todos miraron a Sokka.
- ¿Qué quieres decir? – preguntó Aang – Sin su fuego control el Señor del Fuego estará indefenso, no hay mejor oportunidad que esa.
- Tu hermana está enterada que sabemos esto ¿Cierto? – miró a Zuko, el solo asintió a manera de afirmación - ¿Qué crees que haga?
Pensó por un momento – Sabe que nuestro objetivo es detener esta guerra venciendo a mi padre. Pensará que no desaprovecharemos esta oportunidad y que atacaremos directamente.
- Si es así no creo que se quede sentada esperando a que los ataquemos cuando estén en su momento mas vulnerable.
- Es demasiado lista para eso.
- Sí, lo hará – miraron al rey tierra - Los esperará y les tenderá una trampa. Fue lo mismo que hiso en Ba Sing Se. Llegó junto con dos chicas fingiendo ser guerreras de Kyoshi. Nunca esperé la traición de los guerrero Dai Li, pero definitivamente se tomó su tiempo para convencerlos de estar a su lado. Llevaba cerca de tres semanas antes de que hiciera su movimiento.
- Conquistó Ba Sing Se desde dentro – las palabras de Iroh hicieron reconocer el terrible alcance de su sobrina.
- Tal vez fue una gran coincidencia que ustedes llegaran el día de su conquista, o tal vez estaba esperándolos.
Se quedaron callados ante las palabras del rey tierra.
- Aun así no podemos quedarnos de brazos cruzados – rezongó Toph – Tenemos que hacer algo ese día.
- Si no podemos atacar la Nación del Fuego entonces ¿Qué mas se puede hacer? – Aang estaba confundido sobre los posibles planes.
- Atacaremos las colonias – sugirió Sokka – Si ese día no tienen control será fácil recuperar las ciudades que han tomado. Tal vez no podamos atacar directamente la Nación del Fuego pero al menos les quitaremos poder.
- ¿Todas la colonias? – preguntó Aang – Son demasiadas.
- Lo sé y será mejor que entrenes duro, vamos a necesitar tu ayuda – le sonrió al pequeño monje que inmediatamente le devolvió la sonrisa - Ha decir verdad necesitaremos toda la ayuda posible, no solo el día del eclipse si no también cuando llegue el cometa.
- La Tribu Agua – agregó Zuko.
- Me encargaré de eso – ya había contemplado que requeriría de su pueblo tarde o temprano. Era una guerra, y si querían ponerle fin se necesitaban de mas de tres personas para lograrlo.
- ¿Qué hay de Ba Sing Se? – preguntó Kuei.
- La orden se encargará – miraron a Iroh – Una vez tuve una visión de que entraba a través de sus grandes muros. Nunca pensé que sería para recuperarla.
- Entonces se los dejamos a ustedes – terminó de decir Sokka.
- Hay algo mas que también podemos hacer – habló la señora Yang Ming – Podemos liberar prisioneros.
Se quedaron sorprendidos ante aquella idea.
- Estoy de acuerdo – agregó Iroh – En estos momentos, si tenemos suerte, los generales y demás personas de alto rango han sido tomados como prisioneros, y así como dijo el joven Sokka, necesitaremos de toda la ayuda posible el día del cometa si queremos defender el Reino Tierra.
- ¿Si tenemos suerte? – preguntó Toph.
Iroh suspiró, Toph sintió la incomodidad del hombre del té – Si los consideran una amenaza...
- Los ejecutaran – terminó Zuko.
Un incomodo mutismo se situó entre ellos. La Nación del Fuego no perdonaba, los dos maestros fuego lo sabían a la perfección. Un nudo se formo en el estómago de la señora Yang Ming.
- Requeriremos de toda la ayuda posible si queremos triunfar ese día – agregó Sokka rompiendo la incomodidad.
- Omashu aun no ha sido conquistada – habló la señora Yang Ming – Las fuerzas del rey Bumi puede ser de gran ayuda.
- ¡Bien vayamos! – exclamó con entusiasmo Aang.
- Tu no iras a ningún lado – inmediatamente intervino Zuko bajándole los ánimos al monje – Te quedaras a entrenar.
- ¿Entrenar?
- Toph será tu maestra tierra.
- ¿Eh? ¿Y desde cuando se decidió eso? – replicó la chica.
- Vamos Toph, eres la maestra tierra mas fuerte que existe, solo tu puedes enseñarle tierra control – la princesa tenía el seño fruncido y los brazos cruzados en su pecho, pero algo le decía a Zuko que solo estaba fingiendo enojo.
- Aaag... esta bien Chico Delantal, entrenaré a Pies Ligeros.
- ¿Pies ligeros? – preguntó Aang.
- Entonces está decidido – finalizó Sokka.
El plan se puso en marcha, gracias al mapa que había en el bote de guerra donde escaparon Zuko y Katara pudieron ver la localización exacta de todas las colonias y fuertes que existían, así como la prisión donde mantenían a los maestros tierra.
- ¿Ésta en el océano? – Katara se sorprendió.
- Es una fortaleza en medio de las aguas del este, obligan a los maestros tierra a crear armamento – aclaró Iroh.
- Muy inteligentes, no hay forma de que puedan escapar usando su control – opinó Sokka.
- Lo harían si pudieran controlar el metal.
Todos miraron a la princesa ciega.
- ¿Puedes controlar el metal? – fue Kuei quien preguntó asombrado.
- No es tan difícil – declaró como si nada.
- ¿Es eso posible? – ahora habló Aang sorprendido.
- Así como los maestros fuego podemos crear un rayo, o los maestros agua sanar, los maestros tierra pueden controlar el metal – agregó Iroh – Pero no es algo que todos puedan hacer – terminó de decir.
Siguieron platicando sobre la mejor manera de liberar a los maestros tierra hasta que Zuko sin querer bostezó.
- Tal vez debas de ir a descansar sobrino.
- Estoy bien tío.
- Escapar de tu hermana no fue fácil Zuko – habló Sokka - Y por lo que nos contaste no me impresiona que incluso ella... – volteó a ver a la chica, pero la maestra agua estaba dormida en posición sentada.
Zuko la observó sintiéndose culpable por su condición, claramente se había esforzado mas que él, literalmente el echo de que estuvieran libres se debía a ella, a su increíble control y fuerza ¿Y el que hiso? Se sonrojo de pensarlo ¡Era obvio que estaría cansada después de todo eso!
- Tal vez ambos necesitan descansar – sugirió Yang Ming antes de mover ligeramente el hombro de Katara y despertarla.
Se fueron a las habitaciones donde los demás residían, Katara con las chicas y Zuko con los chicos. Cuando el maestro fuego entro en la antigua habitación del templo se sorprendió, había varias bolsas de dormir que se veían demasiados cómodas, dos pequeñas mesitas y algunos bultos donde apostaría que había ropa, incluso había cortinas y mantas en el suelo.
- Para haber huido con prisa lograron traer muchas cosas.
- Siempre hay que estar preparado para cualquier emergencia sobrino – le sonrió su tío.
Después de haber viajado por casi todo el Reino Tierra aprendieron a andar ligeros de equipaje, solo lo mas escencial llevaban consigo para no llamar tanto la atención de ladrones o embusteros, no es que no pudieran enfrentarse a ellos, pero sabían de ante mano que era mejor pasar desapercibidos. Seguramente después de haberse asentado en Ba Sing Se su tío tomo las medidas necesarias en caso de una emergencia, sabía que su vida en la capital no sería estable para siempre y que tarde o temprano tendrían que huir de ahí. Dejó de lado sus pensamientos y agradeció calladamente que su tío fuera tan precavido en ese aspecto. Se quitó las botas del uniforme que había robado, necesitaba un baño también, pero cuando se recostó en el saco de dormir se dio cuenta de lo verdaderamente cansado que estaba, el sueño lo reclamó rápidamente.
Iroh observaba a su sobrino, después de varios meses sin haberse visto definitivamente Zuko había crecido bastante, no solo físicamente pues podría apostar que se veía mas fornido que la última vez que lo vio, pero también había madurado, lo poco que platicó con el avatar referente a él le sorprendió, el pequeño monje lo veía mas que como amigo, un hermano. El chico del sur compartía el mismo pensamiento, Zuko era un gran guerrero y lo respetaba por ello.
Se sentía orgulloso de lo que era en esos momentos, y en lo que se convertiría.
Cuando despertó era media tarde y fue justo cuando trato de levantarse que su cuerpo le recordó los golpes sufridos, dejo salir un quejido, ni siquiera pudo ponerse de pie al primer intento ¿Qué diablos le pasaba? Hace un par de horas su estaba perfecto, pero ahora su espalda le dolía, brazos y piernas, además de que sentía un dolor en las costillas, cuando por fin pudo ponerse de pie caminó un poco, en el pasillo se encontró a la señora Yang Ming.
- Esta despierto, me alegro mucho ¿Cómo se siente?
- Como si Appa hubiera bailado sobre mi.
La maestra tierra solo sonrió por sus palabras – Siguiendo por este pasillo, al final están los baños, creo que necesita uno joven Zuko.
Estuvo de acuerdo con eso. Siguiendo su consejo se fue por el lugar indicado, lo que no le dijo Yang Ming es que tenía que subir escaleras para llegar a los baños, no fue nada agradable llegar al final, pero una vez ahí se dispuso a limpiarse. Por suerte para el, ser un maestro fuego le permitía calentar agua a la temperatura que quisiera, un baño caliente era lo que necesitaba para su machacado cuerpo.
Se relajó de inmediato cuando entro en la gran bañera de piedra, realmente necesitaba eso. Había pasado mucho tiempo desde que disfrutó de un baño completamente solo, desde que viajaba con Aang y Sokka, el aseo personal no se convirtió en una de sus prioridades y solo se aseaban cuando realmente apestaban, y aquello mas que un baño se convertía en competencias y juegos. Lavó su cabello el cual era considerablemente largo, no supo porque lo dejo crecer nuevamente, ahora estaba a mitad de su espalda, sin querer pensó en su padre y en lo mucho que se parecería a el en esos momentos de no ser por...
La línea de pensamiento se detuvo y decidió mejor dejarlo ahí. Cuando se considero lo suficientemente limpio salió de la bañera, notó que había ropa muy bien doblada en una saliente de piedra junto con una pequeña toalla, sonrió de lado. Se vistió con las prendas en color verde, agradeció calladamente que su tío se tomara el tiempo para empacar para él. Cuando salió del baño y llegó a la habitación, lo estaba esperando.
- ¿Mejor?
- Mucho.
Advirtió las vendas y frascos que estaban al lado del hombre del té, sin preguntar se sentó de espaldas a él quitándose la camisa para que tratara sus heridas. Siempre fue así, después de que regresaba de un viaje tenía que atenderlo, pues aunque no quería los sabios ojos de su tío sabían que estaba herido de alguna u otra manera.
Iroh examinó cada morete y golpe que había en el cuerpo de su sobrino, así como las viejas cicatrices de golpes que no había visto antes. Ahora si que estaba lastimado, pero no tuvo que adivinar que su viaje con el avatar no fue tranquilo, incluso apostaría que llegó a tener heridas mas graves que las veía en ese momento. En el fondo sabía que era fuerte, aún en el exilio Zuko no dejó su entrenamiento, si bien no podía hacerlo con mucha libertad, para no llamar la atención, si mostró el empeño suficiente para crecer en otras áreas. No le cabía a dudas que era un maestro fuego extraordinario.
- ¿Tan mal se ve? – por el silencio en el que se quedo su tío pensó que sus golpes eran mas graves de lo que pensaba.
- Realmente quedaste muy mallugado – hablo después - Mira estos moretes, cortadas y ¿Arañazos?
Se tensó. Agradeció estar de espaldas para que no viera su cara roja, y se puso aun mas cuando al mirar su pecho pudo ver unas pequeñas marcas que no tenían nada que ver con sus peleas si no por cierta maestra agua; dio un respingón cuando su tío trato de tocar una de las marcas en la base de su cuello, estaba cien porciento seguro de que no era un golpe y trato de alejar las manos de ahí.
- No es tan malo – dijo un poco azorado.
- Si te duele mucho le puedo pedir a Katara que te atienda.
- No es necesario – inmediatamente cortó, recordar las manos de la chica recorriendo su cuerpo... – Estoy bien, en verdad – casi titubeaba - Además ella seguramente esta cansada.
Pareció darle la razón pues continuó con su trabajo.
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Habían pasado dos días desde que decidieron el plan de ataque. Zuko y Katara le habían estado mostrando a Sokka los planos que robaron del inventor de cada máquina diseñada por él así como sus observaciones a otras que vieron en el buque de su hermana. Iroh y la señora Yang Ming preparaban el lugar donde se encontrarían con los miembros de la orden. Todos parecían estar ocupados en algo, incluso Toph que entrenaba al avatar.
Kuei veía a su hermana ¿Siempre fue así de fuerte? El creía que era su deber protegerla y cuidarla, pensó que por su ceguera Toph siempre dependería de alguien para estar con ella, él, siendo su hermano mayor había tomado esa responsabilidad, pero no le daba la atención merecida, solamente había ordenado que se mantuviera bajo cuidado extremo y vigilancia. No quería que nada malo le pasara y en ocasiones pasaba tiempo con ella. Se sentía como un mal hermano. Nunca se había dado cuenta del gran poder que tenía, tampoco se percató de lo que pasaba en el mundo.
A esas alturas se sentía inútil.
- ¿Qué tan idiota puedes ser? Te digo que sientas la tierra – le gritó a Aang por enésima vez.
- ¡Lo intento!
- ¡Pues inténtalo con mas ganas! O patearé tu trasero cada vez que lo hagas mal.
Y obviamente su conducta también era otra. Por primera vez podía ver como era realmente. Por extraño que pareciera, se veía mas cómoda entrenando y usando su control que estando con elegantes vestidos en un palacio.
¿Qué tanto desconocía de ella?
Sokka entrenaba con Zuko en los momentos en que no estaban planeando el nuevo ataque masivo, el príncipe del sur no poseía control sobre algún elemento pero no por eso era menos fuerte. Era bueno en la lucha cuerpo a cuerpo, encontraron en ambos un buen oponente para mantenerse en forma, pero Zuko detuvo el encuentro, sus heridas le dolían, Sokka lo notó de inmediato, definitivamente la pelea de Ba Sing Se no había sido fácil.
- ¿Aun te duele?
- Un poco – expresó tratando de ocultar el dolor en su pecho y costillas, le dolía como el infierno, mejor seguiría el consejo de su tío de descansar.
- Creo que tengo una admiradora secreta.
Zuko no le entendía y con la señal discreta de Sokka miró a los alrededores solo para encontrarse con Katara que aparentemente los estaba mirando desde una de las ventanas del templo, cuando se vio descubierta inmediatamente desapareció de la vista. No pudo evitar recordar lo que había sucedido en el templo al pie de la montaña, hasta ese momento ninguno de los dos toco ese tema y al parecer era algo de lo cual, tal vez, no deseaban hablar, al menos no con gente alrededor.
- Ha estado siguiéndome desde que llegaron – terminó de decir Sokka – Pero que te puedo decir, no se puede evitar siendo tan guapo. Las chicas simplemente caen ante mi – se acomodó el cabello haciendo una pose demasiado exagerada.
- Recuerdo a una que no cayó ante tus encantos. Y además te pateó el trasero – agregó tratando de ignorar la pequeña punzada de celos contra su amigo, pero en el fondo sospechaba las razones que tendría la maestra agua para acosar a Sokka.
- ¡Suki no es una chica normal! ¿Quién diablos te ataca con un abanico? – Zuko comenzó a reírse por el recuerdo de esa pelea - Como sea, hablare con ella y le diré que no puedo corresponder sus sentimientos, le romperé el corazón pero no hay otra manera. Tiene que seguir adelante y dejarme ir – terminó con gran sentimiento.
- Buena suerte rompecorazones – le dijo mientras se adentraba al templo, con seguridad tendría que cambiar sus vendajes.
Katara se encontraba sacando agua de una fuente, ayudaría a la señora Yang Ming a preparar la comida.
- Hola.
Se dio la vuelta para mirar a quien había hablado, se estremeció al ver al chico de la Tribu Agua. Hace apenas unos minutos que había sido descubierta mientras lo observaba pelear contra el príncipe Zuko, pero le era imposible no hacerlo. El era de la Tribu Agua, al observar sus rasgos eran muy parecidos a los de ella, piel morena de ojos azules y cabello marrón obscuro. No pudo evitar mostrar curiosidad por el, aunque no era un maestro agua, si era de la Tribu del Sur, el hogar de su madre.
- Hola – respondió
Sokka se acercó con toda galantería y tomó un poco de agua de la fuente para beberla directamente de sus manos de una manera demasiado ceremoniosa, cuando terminó se quedó sentado en el borde en una pose un poco exagerada.
- Se que me has estado observando.
- Lo siento no fue mi intención – habló rápidamente, se puso roja de la vergüenza.
- Esta bien, esta bien, se que es imposible resistirse a mi, pero tengo que decirte – tomo sus manos – Que tienes que dejarme ir.
Eh? Katara estaba confundida. Sokka al mirar su rostro se dio cuenta que sería un poco mas difícil persuadirla en dejarlo.
- Escucha, eres muy bonita y todo pero no podemos estar juntos.
La cara de confusión de Katara iba en aumento.
Zuko no podía evitar reírse, desde su escondite veía todo. Sokka podía ser un gran guerrero pero como don juan era todo un desastre, sus técnicas de conquista dejaban mucho que desear y ahora que trataba de desalentar a la maestra agua resultaba muy divertido, especialmente porque Katara no estaba en lo mas mínimo enamorada de él, eso podía apostarlo con su vida.
- Te apuesto a que lo lanzara a la fuente – susurro Toph. No podía ver pero escuchaba muy bien todo lo que pasaba y estaba consiente del entorno en donde se encontraban esos dos.
- No sería la primera vez – habló Aang como tercer espectador.
- Soy un príncipe de la tribu agua y tengo muchas responsabilidades hacía mi tribu – continuo hablando Sokka - Especialmente porque seré el siguiente jefe, además de que soy una persona clave muy importante para terminar esta guerra, prácticamente soy el líder y no puedo distraerme con chicas en estos momentos.
- Crees... que estoy enamorada de ti? – preguntó con cierta duda.
- Se que es difícil de evitar.
- Espera un momento – Katara separó sus manos de las de él – ¿Por qué piensas eso?
- ¿Que no es obvio? Me has estado espiando desde que llegaste.
- Si pero...
- ¿O es que estabas espiando a Zuko? – Katara se quedó muda por un momento al igual que los tres que escuchaban a lo lejos.
- ¡No es así! – logró responder evitando su mirada para que no notara su sonrojo – Te miraba a ti, pero no por los motivos que tu crees – tomó un respiro – Soy una maestra agua pero, nunca había visto a alguien que viniera de las tribus...
- Entonces... me espiabas solo por que soy de la Tribu del Sur?
- Sí – Sokka aun la seguía viendo con un enorme incógnita grabada en su frente, Katara supo que tenía que ser mas especifica para que comprendiera - Yo... no nací dentro de las Tribus Agua – los ojos del chico se abrieron con asombro pero aun había duda en ellos.
- ¿De dónde eres entonces?
- Nací en la Nación del Fuego.
- ¿LA NACIÓN DEL FUEGO?
Aang no pudo evitar gritar las mismas palabras por su impresión. Tanto Sokka como Katara se dieron cuenta que habían estado espiándolos, vieron al monje con cierto reproche. Al darse cuenta que se había descubierto no le quedó otra que mostrarse, los otros dos también salieron.
- Al parecer uno no puede tener una conversación privada aquí – hablo Sokka.
- Supéralo líder – le dijo Toph con sarcasmo.
- ¿En verdad eres de la Nación del Fuego Katara? – preguntó Aang con curiosidad una vez que se acercó a ellos.
- Lo soy... mi padre es de la Nación del Fuego y mi madre de la Tribu Agua del Sur.
- Vaya Sugar Queen y yo que creí que el Chico delantal estaba lleno de sorpresas.
- No sabía que había maestros agua en la Nación del Fuego – opinó Sokka.
- Y no los hay – habló Zuko - Con seguridad Katara es la única maestra agua que existe en la nación.
- ¿Lo sabías? – preguntó el monje a su amigo.
Zuko solo inclinó la cabeza a manera de afirmación.
- Entonces Sugar Queen es de la Nación del Fuego, Chico delantal y yo somos príncipes y Pies ligeros el avatar ¿Qué mas podemos hacer para que este grupo sea mas extraño? – opinó Toph.
- Espera un momento ¿Y yo dónde quedo? – habló Sokka un tanto ofendido por no ser mencionado.
- Ahhh claro, me olvidaba de nuestro importantísimo líder – la manera en que lo dijo lo hiso sonar como burla.
Katara agradeció calladamente que la aceptaran y no se hiciera un gran escandalo por su procedencia, aunque fuera una maestra agua ella sabía lo que era ser rechazado solo por haber nacido en la Nación del Fuego, el odio y desprecio que llegó a ver en algunas personas resultaba increíble e intimidante, pero en aquel grupo, así como Toph había nombrado todos eran de diferentes nacionalidades, que ella fuera una mestiza no resultaba la gran noticia. Mientras escuchaba a Sokka hablar sobre su tribu le dirigió una mirada al príncipe de su nación, tal vez él ya no se consideraba parte de la familia real, pero eso no eliminaba su estatus natural dado por nacimiento, y solo por eso se prometió a si misma que lo seguiría tratando con el respeto que se merece.
A medio día todos se reunieron para comer.
- Mañana al amanecer saldremos a Omashu – anunció Zuko – Aang, tenía pensado llevarnos a Appa – miró al monje, después de lo que pasó en el desierto no estaba seguro si quería separarse de su peludo amigo.
- Está bien – estuvo de acuerdo sin dudar, no era lo mismo que Appa fuera robado a que se fuera con ellos, lo cuidarían, no dudaba de eso.
- Yo también iré con ustedes – todos miraron a quien habló – Soy el Rey Tierra, es mi deber cuidar y proteger a mi nación. Los acompañaré para hablar con el rey Bumi.
Tanto Zuko como Sokka se dieron cuenta de los sentimientos que podían impulsar a Kuei.
- A decir verdad teníamos planeado que nos acompañara – habló Sokka – Quien mejor que usted para convencer a los maestros tierra de pelear con nosotros.
Mas tarde esa noche Toph se acercó a la habitación en donde se encontraba su hermano.
- ¿En verdad irás con ellos? – estaba recargada con los brazos cruzados en su pecho, su ojos sin luz apuntaban hacia un punto no especifico pero Kuei, que estaba sentado al otro extremo cerca de la ventana podía sentir la mirada de su hermana.
- Hasta ese día nunca me había dado cuenta de lo fuerte que eres – habló pasando por alto su pregunta - Eres realmente sorprenderte – Toph se estremeció porque sabía que decía la verdad – A diferencia de ti yo soy débil. No tengo el poder que tu tienes, o que ellos tienen – refiriéndose a los demás - Lo único para lo que sirvo es para estar sentado en un trono que ya no me pertenece.
- No digas eso.
- Es la verdad Toph – se puso de pie - Toda nuestra vida vivimos engañados por Long Feng y nuestra ignorancia nos costó nuestra ciudad. Creo que por primera vez debo tomar mi lugar como rey y ayudar a detener esta guerra.
Quería decir algo pero las palabras no salían de su boca, por primera vez podía sentir que era la conversación mas sincera que tenía con su hermano.
- Sabes – agregó - Pensé que siempre debía cuidarte. Ahora me doy cuenta que no estas ni cerca de estar en peligro, eres mas que capaz de cuidarte por ti misma gracias al gran poder que tienes, al menos puedo irme tranquilo sabiendo que estarás bien – se acercó a ella y la abrazó con ternura – Estoy orgulloso de ti.
La maestra tierra dejó salir pequeñas lagrimas mientras se aferraba a su hermano.
- Eres un idiota...
Kuei sonrió.
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Los movimientos de agua se hicieron mas claros conforme se acercaba; desde que llegaron ella había estado entrenando en un estanque de piedra poco profundo. No eran movimientos naturales de agua control si no de esgrima, el elemento se convertía en un arma demasiado peligrosa con aquella técnica.
La chica lo sintió llegar deteniendo su entrenamiento al verlo al pie del estanque.
Era la primera vez que estaban a solas desde su llegada al templo; aunque Zuko en ocasiones quiso hablar con ella sobre lo que había pasado no encontraba el momento apropiado para hacerlo pues ambos nunca se encontraban solos, ahora veía la oportunidad y antes de partir quería hablar con ella.
- Quítese la ropa.
Eh? Se quedó en blanco ¿Había escuchado bien?
Katara comenzó a acercarse a él de manera calmada, caminaba moviendo sus caderas con una sensualidad tan natural como las ondas creadas en el agua, el vestido que llevaba puesto era de un tono olivo atado en su cintura por una faja en color mas obscuro, una apertura echa en su falda para mayor movilidad iniciaba en su cadera dejando ver su pierna desnuda mientras avanzaba hacia él. Estaba húmeda, lo que provocaba que la tela se pegara mas a su cuerpo resaltando ciertas partes, sus ojos brillaban a pesar de la noche y lo miraban como un depredador a su presa.
No pudo evitar sonrojarse por las palabras de la chica ¿Acaso quería eso? y de pronto su entrepierna comenzó a despertar. Escuchaba el movimiento del agua mientras se acercaba cada vez mas a él. Debido a la profundidad del estanque y a que Zuko estaba parado fuera, Katara quedó prácticamente a la altura de su pecho al pararse frente a él.
- Si no puede hacerlo usted mismo yo puedo ayudarlo.
Oh por Agni en verdad quería hacer eso... se sonrojó aun mas.
- Eh... no he venido por eso... bueno si pero... – evitaba su mirada. Aunque una parte de él, que hasta ese momento no había despertado, si deseaba estar con ella nuevamente, pero sentía que por lo menos debía de ser honesto con ella y decirle sus sentimientos, aunque fueran ligeramente confusos – Se que no hemos hablado sobre lo que paso en el templo al pie de la montaña y... bueno yo... si tuviera que explicarlo... bueno...
Rayos ¿Por qué era tan difícil?
- Oh... – la miró por la exclamación que hiso – Yo... no me refería a eso...
Ahora ella estaba igual de avergonzada que él al darse cuenta a lo que se refería el príncipe, se frotaba los dedos de manera nerviosa y evitaba su mirada – Me gustaría sanar sus heridas y pues... – oh por los espíritus ¿Cómo pudo simplemente decirle que se quitara la ropa? Su elección de palabras no fue para nada buena.
Los dos guardaron silencio un momento, hasta que Katara viéndolo de reojo habló – Se que puede tener algunas heridas, y en vista de que mañana partirá hacia Omashu me gustaría sanarlo. Pensé que estaba aquí por ese motivo, yo incluso se lo comenté a su tío y él me aseguró que le daría el mensaje y lo enviaría a mi esta noche.
Condenado tío. No le dijo nada en todo el maldito día.
- Ah… No te preocupes – dijo con un poco de calma y ligeramente avergonzado por la malinterpretación - Estoy bien - pero los ojos azules lo miraban con sospecha.
Sin pedir permiso Katara se acercó mas a él. Debido a la diferencia de alturas levantó sus manos para llegar a las costillas del maestro fuego, no tuvo que hacer mucha presión para que él ahogara un gemido en respuesta al dolor. Lo miró dándole a entender que si necesitaba de su ayuda aunque no lo quisiera. De manera callada lo invitó a entrar al estanque, no tuvo otra opción que aceptar que en verdad necesitaba su ayuda, solo se quitó los zapatos antes de adentrarse al agua. No se resistió cuando ella comenzó a desvestirlo, al quedar al descubierto su pecho comenzó a retirar las vendas. Conforme las iba quitando sus ojos casi mostraron impresión y a la vez preocupación.
Katara sospechaba que estaba herido, pues cuando llegaron al templo y tomó un baño, ella misma se dio cuenta de los golpes y raspones que había sufrido, no los había notado, y hasta que su cuerpo descansó fue cuando el dolor se hiso presente, no fue ningún problema auto curarse con su agua control, pero pensaba que él también lo estaría, sin embargo no la habían llamado para sanarlo así que seguramente no tendría heridas tan graves.
Que equivocada estaba.
Lo primero que vio fue el gran cardinal en su pecho, pudo divisar otras heridas un poco mas antiguas. Aunque el cuerpo del maestro fuego estaba mas que bien tonificado, los golpes que pintaban su pálida piel se convirtieron en el centro de atención. Lo llevó a la parte mas profunda, donde el agua les llegaba a la cintura, con delicadeza colocó su mano en su pecho y otra en su nuca haciendo que se inclinara hacia atrás, quedó flotando en la superficie, sus pequeñas manos tocaban con suavidad sus heridas, examinándolas.
Zuko no pudo evitar pensar en lo muy parecido que era a cuando se encontraron en el lago donde ella lo salvó y curó. Después de un momento el agua comenzó a brillar, sintió como su cuerpo se relajaba y el dolor se desvanecía.
- Lo siento – susurró, la miró sin entender, pero ella tenía la vista fija en su cuerpo herido - Debí de haberlo sanado cuando escapamos del buque de la princesa Azula.
Y en lugar de eso hicieron algo completamente diferente, Katara sabía que existían heridas que no se presentaban sino hasta horas o un día después de ser causadas, o tal vez por la excitación del momento no se había dado cuenta de la condición del cuerpo del príncipe, pero no podía evitar sentirse ligeramente culpable por haber pasado de alto su estado de salud.
A Zuko le conmovió su preocupación. Sintió entonces como tocaba la cicatriz causada por Zhao. Su mano se detuvo en ese lugar, como si tratara de averiguar lo que le había pasado.
¿Eso estaba ahí antes? No recordaba ver esa herida cuando lo sanó en el lago.Cómo pudo no verlo mientras ellos...
- Fue durante el ataque del norte – le dijo calmado atrayendo su atención – Una curandera me sanó usando agua especial.
Sus dedos comenzaron a trazar la cicatriz. Katara sabía que solo un ataque que causara un daño cercano a la muerte era los que dejaban marca como esa, pareciera como si el odio de la persona que atacó se esparciera como veneno en la carne pudriéndola y evitando una sanación completa dejando una marca que jamás se borraría. La mano del maestro fuego sujetó la suya. Zuko se levantó quedando de pie frente a ella.
- Se arriesga demasiado – susurró bajando la mirada.
- No importa si con eso logro vencer a mi padre.
- Es responsabilidad del avatar vencer a su padre – lo miró – No muera para terminar una guerra, viva para conseguir la paz – sus palabras lo dejaron callado – Cuando me convertía en la Dama Pintada hubo momentos en los que no me hubiese importado morir con tal de detener a todos esos horribles hombres, pero pensaba en mi padre, el dolor que le causaría el saber que yo estaba muerta, ese pensamiento me motivó a no rendirme, sin importar lo difícil que fuera la situación no debía morir, debía seguir con vida para así continuar ayudando a otras personas.
Permanecía en silencio, lo que dijo no estaban del todo erróneo, porque él, desde que comenzó su cruzada en ayudar a Aang y guiarlo por el mundo para terminar la guerra, en ningún momento dudó en dar su vida por el pequeño monje si fuese necesario, estaba mas que dispuesto a morir por él, se había enfrentado a muchos peligros y situaciones riesgosas, como lo que pasó en el lago, si ella no lo hubiese ayudado definitivamente estaría muerto en ese momento, o por el ataque de Zhao, que solo con la ayuda de la curandera es que seguía vivo. Una lista de los momentos donde él realmente no hubiese podido ver la luz de otro día sin la ayuda de alguien que intervino para salvarlo se comenzó a formular en su mente. Era larga, y sin querer en verdad se dio cuenta de lo irresponsable que fue en esos momentos, no se arrepentía por poner su vida en peligro, pero por primera vez abrió los ojos a las consecuencias que traería su muerte, el dolor que causaría, la imagen de su tío fue lo primero que vio e inevitablemente pensó en su primo, su madre fue la siguiente. Antes, cuando se dedicaba a su búsqueda evitaba cualquier altercado con la Nación del Fuego, era mas cuidadoso, morir sin haber visto de nuevo a su madre lo dejó impresionado, ni siquiera había pensado en eso.
Katara vio el semblante del príncipe, como si se perdiera en lo profundo de su mente y sabía que era por sus palabras dichas.
- ¿Príncipe Zuko? – lo llamó suavemente, pero el no parecía reaccionar a su voz. Se atrevió a colocar una mano en su rostro, justo en la cicatriz, eso definitivamente llamó la atención del maestro fuego que fijó su vista en ella.
Los ojos azules que eran como un profundo océano lo trajeron de vuelta, así como la marea que te lleva a la orilla después de una tormenta, ella lo devolvía al mundo real, a tener sus pensamientos en claro. Con su mano libre sujetó la que ahora residía en su rostro, la llevó a sus labios y la beso dulcemente.
- Te he dicho que mi nombre es Zuko – su aliento cálido en la palma de su mano la estremeció – No príncipe.
Se recriminó por su desliz, aunque se prometió a si misma que lo trataría con propiedad sabía que no podía llamarlo por su nombre acompañado de su título, sin embargo y a diferencia de aquella vez no había enojo en voz, si no todo lo contrario, la situación se estaba convirtiendo muy intima y el gesto que tuvo al besar su mano estaba haciendo que su corazón palpitase con fuerza en su pecho, quiso disculparse pero no salían palabras de su boca, si no todo lo contrario, al parecer había olvidado como hablar. Cuando el la observó se avergonzó de tal manera que ni siquiera fue capaz de sostenerle la mirada desviando la suya.
- Hay algo que me gustaría darte – eso llamó su atención y motivada por la curiosidad se atrevió a fijarse en el nuevamente. Soltando sus manos llevó una al bolsillo de su pantalón, de ahí sacó un collar con un recipiente alargado color azul – Es agua de un estanque espiritual de la Tribu del Norte, la curandera que me sanó me la dio, tenía el pensamiento que podría encontrar a alguien que pudiera usarla en caso de una emergencia – ella lo miró – Quiero que lo tengas.
Él mismo colocó el collar sobre su cabeza hasta que quedó situado en su cuello, el recipiente con la preciada agua descansaba en su pecho.
- ¿Está seguro de esto? – le preguntó mientras tocaba el pequeño frasco.
- De todos nosotros eres la única que puede usarla, además, Sokka tenía la tonta idea de que si bebía el agua jamás volvería a tener sed.
Ambos sonrieron.
Pareciera que la conversación terminaba ahí, aun así ninguno de los dos mostró intenciones de irse, se miraban como tratando de encontrar algo mas que decir, sin embargo las palabras no salían. En un pequeño impulso Zuko se acercó un poco mas a ella. Sentía su respiración sobre su rostro, un ligero aroma a lavanda llenó sus pulmones. Deseaba tocarla, sentirla, pero antes de que pudiera llevar acabo sus ideas, fueron las manos de Katara las que se atrevieron a tocarlo, fue muy tímida y cautelosa, pero al final lo rodeó en un abrazo siendo correspondido inmediatamente por él que sin dudarlo la aferró de su cintura mientras la besaba.
Se estremeció al instante. Quería expresar lo que sentía, decirle que la deseaba como nunca antes había deseado a otra mujer en su vida, y como todo su cuerpo se estremecía al tenerla cerca, pero en ese momento se dio cuenta que las palabras sobraban. Sentía algo intenso por ella, y sin lugar a dudas era correspondido.
Sus labios se separaron mas sus rostros continuaron unidos.
- Por favor tenga mucho cuidado – susurró.
- Lo tendré.
Acto seguido la besó nuevamente. Sus manos se deslizaron por su cuerpo, resultó muy fácil encontrar el broche de la cinturilla y aflojarlo, adentrarse en las capas de tela hasta llegar a la suave piel, ella se separó de su boca para suspirar y besar su cuello, sus manos de manera experta desabrocharon el pantalón, al igual que cualquier otra prenda que les impediría hacer lo que deseaban en esos momentos.
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Cargaron las cosas en Appa incluyendo al oso, lo cual le causó un dolor de cabeza a Sokka. Kuei se despidió de Toph con un tierno beso en su frente.
- Nos veremos en Ba Sing Se – les dijo Iroh a los tres que partían. Si las cosas salían bien, la capital del Reino Tierra sería el lugar de reunión una vez terminado el eclipse.
Zuko miró a su tío desde la cabeza de Appa deseándole suerte, se despidió de todos de igual manera esperando verse nuevamente, sus ojos se desviaron a Katara, se miraron por un momento, fue por corto tiempo y nadie lo notó, pera para ellos fue suficiente lo que sus miradas expresaban.
- Yip Yip – y el bisonte se elevó.
Los días pasaban y Toph no dejaba de entrenar a Aang. Era muy severa con el avatar pero Katara notó que el joven niño aprendía rápido aunque le costaba una ligera dificultad ver como lo hacía la princesa del Reino Tierra.
La señora Yang Ming era una mujer que rondaba los cuarenta, cuando no estaba enviando cartas a la orden o haciendo la comida, la cual se turnaban ella y Katara en preparar, entrenaba su tierra control. Jamás pensó que sería una maestra tierra, una parte de Katara sabía que formaba parte de la orden, resultaba demasiado obvio si Iroh y Zuko la mantenían viviendo con ellos y siendo quienes eran nunca dejarían que otra persona se hiciera a cargo de la atención de su casa mientras se encontraban en Ba Sing Se.
Caminando por los pasillos, en una explanada se encontró al señor Iroh.
- Oh, Katara.
Hasta ese momento notó una pequeña bandeja con un tetera y dos tazas junto a él descansando en el suelo de piedra. Le pareció muy gracioso y a la vez completamente natural cuando la señora Yang Ming le dijo que entre las cosas que lograron sacar de Ba Sing Se, además de ropa para ella y el sobrino del señor Iroh, era su juego favorito de té.
- Señor Iroh - saludó con respeto y una leve inclinación. Después de que supo sus identidades no podía evitar mostrar el respeto que se merecía un príncipe y ex general de su nación, aunque, al igual que su sobrino, llegase a pedirle que no lo hiciera, ella evidentemente lo seguiría haciendo.
El Dragón del Oeste la invitó a sentarse junto a él sirviéndole té.
- ¿Te sorprendió? - Katara lo miró confundida - Cuando te enteraste de quienes éramos.
- La verdad si.
- Perdón por no habértelo dicho.
- No se preocupe, entiendo porque lo hiso.
- Lamento involucrarte en esto Katara.
- No se preocupe señor Iroh, lo que hacen es lo correcto y sé que mi padre también apoya su causa.
Guardaron silencio mientras bebían el té, sin embargo, existía algo que estaba manteniendo a Katara muy inquieta, Iroh lo notó y la invitó a compartir su agobio.
- Usted es un maestro fuego y su sobrino también – declaró - ¿Cómo esperan pelear el día del eclipse? – finalmente dijo.
- No todos los maestros fuego dependen de su control y no solo por eso son menos peligrosos, tu padre, aunque no es un maestro fuego es un buen ejemplo de eso. Aun sin su control es capaz de vencer a cualquier enemigo.
- Sí... – se quedó en silencio un momento - ¡MI PADRE! ¿Cómo no se me ocurrió antes? ¡Gracias Señor Iroh!
Sin decir mas se despidió y se fue de ahí.
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Faltaban una semana para que ocurriera el eclipse. Zuko observaba desde su habitación en el palacio del rey Bumi en Omashu, las filas de maestros tierra practicando para el gran día.
En el momento en que llegaron, Kuei había tomado el control de casi toda la reunión que tuvieron tanto con el Rey Bumi como con su general de mas confianza. Le impresionó de sobre manera ver lo joven que era, su nombre era Sun Hee, tenían la misma edad, resultó ser un maestro tierra con un poder innato, si creía que Toph era la única que podía controlar el metal estaba equivocado. Este chico podía hacerlo y a una escala muy grande, su tierra control no era tan fuerte como había visto en otros maestros, pero en el manejo del metal era abrumadoramente bueno, por ese motivo Omashu no había sido conquistada, con su habilidad de ninguna manera los soldados podían acercarse con sus maquinas de metal y acero, él las derribaba como figuras de papel. También era un estratega y eso había echo que rápidamente ascendiera a general. Cuando el plan fue expuesto estuvo completamente de acuerdo.
Se reveló su identidad y aunque el joven general se mostró un poco inseguro con él, Bumi lo había aceptado sin reservas, por lo tanto él también lo hiso. El echo de que había sido él mismo quien había encontrado al avatar, fuera su maestro y lo acompañara en su objetivo de terminar la guerra al igual que el príncipe de la Tribu del Sur sumaba mucho a su favor. Además, el mismo rey tierra se encontraba ahí, a su lado, apoyando al príncipe de la nación enemiga. No había forma de poner en duda el lado por el cual peleaba.
Fue realmente horrible que lo miraran de esa manera, Zuko lo sintió cada día desde que se supo quien era, los maestros tierra lo odiaban y no podía hacer nada al respecto. Hasta que Sun Hee tuvo la grandiosa idea de enfrentarse a él en un encuentro. Todos apoyaban al joven general y nadie mas que Sokka estaba de su lado, el guerreo del sur incluso hiso apuestas a su favor. Ambos pelearían con sus elementos y Zuko fue lo suficientemente precavido como para no llevar nada metálico consigo, sabía lo que el chico podía hacer y no tomaría el riesgo.
La pelea comenzó, ambos daban lo mejor de sí. Zuko tenía poca experiencia enfrentándose a maestros tierra, sus mayores oponentes eran maestros fuego igual que él y cuando los combatía era sin su fuego control, pelear contra un maestro tierra resultaba muy diferente, pero observar a Toph en sus encuentros como la Bandida Ciega le ayudaba bastante. Sun Hee era muy escurridizo, aunque su tierra control no era muy fuerte no dejaba de ser menos peligroso, sin embargo el príncipe demostró mayor maestría y ataque, y en un punto de la pelea vio su victoria asegurada, sin embargo el general le respondió con un ataque sorpresa, hiso que una cuerda metálica se enrollara en sus manos inmovilizándolas.
Sun Hee sonrió y todos los maestros tierra gritaban por su cercana victoria, pero Zuko no opinaba lo mismo.
- No debiste haber echo eso.
- Solo acepta tu derrota – habló el general.
- Puedes controlar el metal, pero yo... – unas extrañas chispas comenzaron a salir del cuerpo del maestro fuego – Puedo crear rayos.
Sun Hee se quedó confundido, observó como Zuko se sujetó de la delgada línea que lo apresaba de las manos con mas fuerza. Vio como cerraba los ojos y las pequeñas chispas comenzaron a aumentar, segundos después lanzó un rayo que se guiaba por la cuerda metálica que unía los dos extremos hasta su dueño. El maestro tierra reaccionó mucho mas rápido de lo esperado, al ver la primeras chispas salir del cuerpo de su contrincante supo que no era nada bueno, cuando se deciso del resto de la soga enrollada en su cintura el rayo había sido lanzado y no lo alcanzó, pero la cuerda metálica se movía ahora a voluntad del maestro fuego que la manipulaba desde su lado, con un movimiento de látigo Zuko logró enrollar la cuerda en el tobillo de Sun Hee haciendo que la descarga eléctrica lo golpeara, no fue muy fuerte como para matarlo pero si lo suficiente para aturdirlo, el largo cabello del general quedó levantado y esponjado debido a la estática.
Sokka gritó por su victoria. Los demás quedaron callados. Sun Hee se levantó un poco aturdido al principio pero después comenzó a reírse dejando a varios un tanto contrariados por su reacción.
- Eso fue increíble, nunca había sentido algo como eso antes - ambos se acercaron y se miraron orgullosos por su rendimiento – Eres muy fuerte Zuko, me alegro que estés de nuestro lado.
- Lo mismo digo Sun Hee, tienes una habilidad increíble con el metal.
Desde entonces no tuvo mas problema con las miradas hostiles, después entendió que todo había sido una estrategia por parte del general, era importante que sus hombres lo vieran como un aliado que peleaba por la misma causa, no como un enemigo, eso era fundamental, pues el día del eclipse estaría indefenso sin su control y no quería que algo malo le pasara por culpa de un idiota, la confianza era algo muy importante que debían fomentar y él como estratega sabía lo importante que era tener de su lado al príncipe de la Nación del Fuego. Gracias a esa pelea le pidió que entrenase con los demás soldados y les mostrara la mejor manera de combatir a los maestros fuego, les compartió que muy pocos podían lograr el rayo, era una cualidad que no todos los controladores del fuego poseían, pero les enseño como esquivar uno. Poco a poco se ganó la confianza de todos y no hubo mas problemas.
El maestro fuego dejó de ser visto como un enemigo.
- Zuko – Sokka entró a la que era su habitación – Ha llegado un hombre de la orden del Loto Blanco a buscarte.
Inmediatamente pensó en que traía un mensaje de su tío, para esos momentos ellos ya debían de estar camino para reunirse con los otros miembros de la orden. Salió a su encuentro en una de las salas del palacio.
El hombre vestía ropa del Reino Tierra, una capucha cubría su rostro y estaba de espaldas a él.
- Me han dicho que ha venido a buscarme.
- Sí – hablo el desconocido - Pero antes que nada me gustaría saber ¿Cómo se encuentra mi hija príncipe Zuko?
El corazón se le detuvo al reconocerlo, se había dado la vuelta y dejado su rostro al descubierto.
- Maestro Piandao – se impresionó bastante de verlo, solo segundos después recordó sus modales y lo saludó de manera apropiada.
Maldición, maldición, maldición.
Estaba aterrado. Él sabía que iba a morir por su afilada espada cuando se dio cuenta que era el padre de la maestra agua a la cual había tocado de una manera no muy apropiada, pero su sentencia estaba mas que firmada después de lo que pasó en el templo aire.
Los ojos grises del hombre moreno lo miraban con la misma seriedad que siempre recordaba en él. Era una extraña mescla entre la sabiduría de su tío pero con semblante un poco mas estoico. Pensar en lo que le diría su tío si se llegase a enterar de sus encuentros con Katara no sería absolutamente nada en comparación con lo que le haría el padre de la chica.
Sip, estaba bien muerto.
Ambos se sentaron en una mesa al ras del piso.
- Eh... Katara se encuentra bien, hasta donde yo sé – fue lo único que pudo responderle – Ella se encuentra con el avatar y la princesa del Reino Tierra - notó entonces que la mirada se volvía un poco mas relajante - ¿Trae algún mensaje de mi tío?
- No. Traigo un encargo de mi hija para usted.
Ahora si estaba sorprendido.
- Al parecer ha perdido las espadas que con mucho cuidado había creado para usted.
- Me fueron quitadas cuando fuimos tomados como prisioneros en Ba Sing Se.
- Estoy al tanto de eso. Hace unos días recibí una carta por parte de Katara, mi hija ha sido muy amable en darme una explicación detallada de lo que había pasado - espero no muy detallada - También mencionó que era importante que hiciera otras espadas nuevas para usted.
- Fue muy amable de su parte.
Sentía que su corazón saldría de su pecho, al parecer nada apuntaba que viniera con la intención de matarlo, tampoco debería de ser tan exagerado, no es como si ella le contara a su padre con quien había mantenido relaciones. Estaba seguro que aquello era un secreto que ambos mantenían.
Por otra parte estaba conmocionado por lo que aparentemente hiso. Desde que llegó a Omashu estuvo pensado en la manera en que pelearía el día del eclipse, había planeado pedirle algún arma a Sun Hee, pero de ninguna manera imaginó que Katara había pensado al respecto. Su corazón comenzó a latir con mas fuerza solo de pensar en que la chica se preocupaba por él lo suficiente como para tomar el asunto en sus manos.
- Su pedido me dio la oportunidad de trabajar en con un material del que no había trabajado antes.
Sacó el estuche alargado que estaba aun lado de la mesa, lo desenvolvió de la tela que lo cubría dejando ver una funda de cuero en color negro con grabados en ella; se parecía mucho a la que había tenido donde sus espadas descansaban. Se podían ver los mangos de color negro y dorado fuera de ella. Al sacar las espadas Zuko casi se quedó sin habla por segunda ocasión ese día.
Era dos espadas idénticas a las que había tenido antes, la gran diferencia era el color. La hoja era negra. El maestro sacó ambas armas sosteniéndolas como una sola. Las blandió por un momento.
- Están echas de un raro metal proveniente de un meteorito – el filo se podía diferenciar por un color plateado, brillaba como la mas fina plata en contraste con el negro de la hoja. Cada vez que eran blandidas por el maestro de la esgrima se podía escuchar como cortaba el viento dejando en claro lo filoso que era, nunca antes había escuchado a una espada realizar tal sonido, era casi como si estuviera literalmente cortando el viento – Confío en que le servirán perfectamente – guardó las espadas en el estuche y lo extendió hacia él. Zuko lo recibió con ambas manos.
Estaba anonadado.
- Yo... no sé que decir.
Su maestro lo miró y aun conmocionado Zuko sintió que lo estaba traicionando. Aquel era un hombre de honor y su hija también, mientras que él la había mancillado por su... ¿Cómo podía llamarlo? ¿Cómo podía llamar a lo que Katara provocaba en él? Decir que solo resultaba ser algo físico era mentirse a si mismo, sabía que sentía algo mas por ella, sin embargo había tenido relaciones sin haber estado unidos en matrimonio y aquello era una gran ofensa hacía la chica ¿Pero acaso hubiera sido capaz de detenerse? No lo fue la última vez y mentiría si dijera que no quería repetirlo.
Agni sabe que en esos días sin verla la había extrañado como una sequia a la lluvia, porque eso era para él, agua que llenaba de vida todo su ser ¿Cómo era posible que enamorara tan rápido? Ni el podía saberlo, pero desde su encuentro en el lago no la había olvidado y cuando la encontró nuevamente no pudo dejarla ir.
Su corazón latía frenético, tenía que decirle, obviamente no le diría que se había acostado con su hija pero al menos quería que su maestro supiera que tenía fuertes sentimientos hacia ella.
- Gracias - las palabras de su maestro lo sacaron de sus pensamientos - Por no juzgarme y aceptar a mi hija.
Sintió que su corazón salía de su pecho "Aceptar a mi hija" esas palabras se quedaron grabadas en su mente.
- Katara me contó que no mostro desprecio hacia ella por ser mestiza – aclaró.
- Jamás lo haría – habló inmediatamente – Katara es un persona formidable, peleó junto a mí para evitar que Ba Sing Se fuera tomada, estoy seguro que sabía que no podíamos salir del enfrentamiento en las catacumbas, pero aun así ella se quedó a pelear a mi lado. No puedo sentir mas que respeto y admiración hacia ella y nunca permitiría que alguien le faltara el respeto solo por ser mestiza – se perdió en pequeños recuerdos - A mi forma de ver ella une lo mejor de las dos naciones. Es fuerte y apasionada como los maestros fuego – recordó su pelea en las catacumbas - Pero suave y peligrosa como los maestros agua – su encuentro íntimo en el templo aire - Nunca antes había conocido a alguien como ella...
Se quedó callado cuando notó la mirada de ligero asombro de su maestro. Se sonrojó de golpe dándose cuenta de que habló mas de lo apropiado. Aquello parecía una declaración no oficial de amor incondicional.
- Creo que ya he estado suficiente tiempo aquí – habló Piandao sacándolo de la vergonzosa situación en la que él solo se había metido – Tengo que seguir mi camino.
- Si, lo entiendo.
Sin mas se despidió del maestro del esgrima deseándole suerte. Zuko quería que se lo tragara la tierra.
·
Azula estaba enfadada. Caminaba por el pasillo con una mirada de furia.
Era la segunda vez que las cosas no salían como ella lo había planeado. Primero, su hermano escapó hundiendo su buque y parte de unos inventos importantes. La sentencia de su padre no fue dura por su negligencia solo porque había logrado apoderarse de la capital del Reino Tierra logrando lo que muchos generales, incluido su tío nunca habían echo, solo que el estúpido de su hermano había opacado su victoria, pero hubo algo mas que la consoló ese día, Zuko era ahora un traidor hacia su nación y su padre puso precio a su cabeza, solo sería cuestión de tiempo para que cayera en sus manos y el momento no pudo ser mas oportuno que ese, aunque su padre se molestó cuando le contó que sabían lo del eclipse logro hacer que eso se volviera a su favor.
Los esperarían cuando llegaran a la capital. Era una ocasión perfecta para ellos, atacarlos en su momento mas vulnerable y estaba segura que no dejarían pasar la oportunidad. Sonreía satisfecha. Su hermano era estúpido si creía que un pequeño niño vencería a su padre y le pondría fin a la guerra. Oh como disfrutaría el ver como sus planes se vendrían abajo el día del eclipse. Había mandado a llamar a gran parte de los soldados de regreso a la nación para poder atacarlos y vencerlo junto al patético ejercito que lograra reunir.
Que equivocada estaba.
El ataque nunca llegó. Pasó el eclipse y nada había sucedido en la capital, ni un miserable ataque. La verdadera sorpresa se dio cuando le informaron que las colonias y los fuertes que había en el Reino Tierra fueron atacados. Entonces lo entendió. No atacaron la capital pero si los demás lugares bajo su poder. Ba Sing Se fue recuperada por los maestros tierra y algo con lo que no contó fueron los maestros agua. Con los soldados sin su control quedaron completamente indefensos ante ellos.
Bien jugado Zuko. Tuvo que admitir con enfurecida, bien jugado.
Ahora tenía que rendir cuentas con su padre, y por primera vez, el semblante de la princesa no era nada confiado.
- Me has fallado.
- Padre, no tenía idea de que atacarían las colonias.
- Tu mala deducción me ha costado el poder que teníamos en el Reino Tierra – le dijo severamente. Azula se mordió el labio, era la primera vez que su padre le levantaba la voz - ¡Cien años de conquista perdidos en un solo día!
- Podemos recuperarlas.
- No si las Tribus Agua pelean con ellos.
Los llamas detrás del Señor del Fuego se avivaban por su enojo, Azula solo podía sentir el calor abrazador.
- El que hayan recuperado algunas ciudades no significa que hayamos perdido, somos invencibles, el elemento mas fuerte, y los venceremos reduciendo todo a cenizas el día del comenta junto con el avatar y el traidor de Zuko.
- Tu hermano se ha vuelto una traidor hacia la Nación del Fuego – hablo con rabia el soberano, Azula sonrió por lo bajo, desviar la atención en Zuko era mejor para ella.
- Debí de haberlo matado cuando lo capturé en Ba Sing Se, pero pensé que ese beneficio te pertenecía solo a ti padre.
- Y así es, ya una vez le he reprendido, no seré indulgente con él. El exilio parece ser un castigo demasiado suave para los traidores.
Sonreía, su hermano pagaría y eso a ella la hacía mas que feliz.
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Kuei vio el trono de piedra donde, desde hace muchos creyó gobernar. Tocó uno de los descansabrazos, de cierta manera nunca se sintió como un verdadero rey, pero ahora...
Ba Sing Se había sido recuperada gracias a la Orden del Loto Blanco así como otras colonias del Reino Tierra. Solo dos días después del eclipse regresó a su ciudad, nunca había visto las condiciones en que estaba dispuesta, tantos refugiados, pese a todo lo que sucedió fue recibido con algarabía y fiesta. Las noticias sobre lo sucedido se expandieron rápidamente y con felicidad festejaban que al fin eran una nación libre. Se conmovió por lo que veía, para él solo habían pasado un par de semanas desde que supo de la existencia de la guerra, pero para su pueblo habían sido cien años. Juró que nunca mas viviría detrás de las paredes de su palacio, estaría al pendiente de todo lo que sucedería en su reino de ahora en adelante.
Se sentó en su trono. A partir de ese momento sería el rey que era.
- ¿Alguna noticia de los demás? – le preguntó a Iroh. El salón se encontraba lleno de sus generales y guerreros de la Tribu Agua así como de la Orden del Loto Blanco, todos platicaban entre sí sobre lo sucedido.
- Mi sobrino y Sokka tuvieron éxito en recuperar las colonias del norte, es posible que lleguen mañana. Los maestros agua lograron destruir los fuertes y puertos de los maestros fuego que se encontraron desde Kyoshi hasta aquí.
- El avatar ha llegado – anunció uno de los mensajeros del rey.
- Señor Iroh, rey tierra – saludó el monje momentos después de entrar al salón – Todo salió como lo planeado.
- ¿No tuvo contratiempos avatar?
- No, cuando los maestros fuego quedaron sin su control fue demasiado fácil expulsarlos de las colonias. Los maestros agua fueron de mucha ayuda.
Cerca de medio día el bisonte descendió al patio del palacio. Iroh recibió a los dos chicos junto con Aang, fueron llevados hasta el salón del rey.
- Su plan fue todo un éxito – les felicitó Sun Hee – Para estos momentos todos los maestros fuego están abandonando el Reino Tierra.
Zuko y Sokka se dieron cuenta que los festejos por la victoria aun seguían en la capital, fue confortante ver el ambiente de festividad en la ciudad cuando llegaron.
- El merito es de Sokka – dijo Zuko alagando a su amigo.
- No por nada me dicen el chico de las ideas – hablo orgulloso el guerrero.
- Sokka – una voz que conocía a la perfección hiso que el príncipe se estremeciera hasta la médula.
Un hombre de piel morena y ojos azules se acercó al par, Zuko se alejó un poco de su amigo dejándolo a su suerte.
- Papá...
Podía pelear contra varios soldados solo con su hacha y boomerang, recorrer el mundo entero y entrar en combate contra maestros fuego, pero enfrentarse a su padre era otra cosa. Sospechaba que tarde o temprano se encontrarían, especialmente cuando envió la carta solicitando ayuda para su gran ataque, pero no pensó que su padre saldría de la tribu para pelear en persona, es decir, era el jefe, no podía dejar su responsabilidad, aun así, sabía que no se quedaría de brazos cruzados. Pensó que su confrontación sería cuando la guerra terminara, no en esos momentos.
- Dejaste la tribu - comenzó a hablar el jefe del sur - Abandonaste tu responsabilidad como príncipe, no recibimos noticas tuyas durante todos estos meses, le diste un gran susto a tu madre – lo miraba con seriedad, Sokka sabía que estaba muerto – Y... Estamos muy orgullosos de ti.
Sintió la mano de su padre sobre su hombro, lo miró con sorpresa y vio su rostro sonriendo con orgullo.
- ¿Y que se podía esperar de tu hijo? – Kenai, el líder de los lobos del sur y maestro de Sokka se acercó a él – Solo a él se le ocurrirían ideas tan descabelladas como a ti.
Los tres hombres sonrieron.
- No pensé que vendrías... – hablo Sokka después de la impresión por lo que le dijo.
- La Tribu del Sur ha permanecido mucho tiempo ignorando esta guerra. Si no fuera por el príncipe Zuko – miró al maestro fuego, se sorprendió momentáneamente de que supiera su identidad – Que trajo al avatar a nosotros no nos hubiéramos involucrado.
- En pocas palabras solo estábamos esperando que nos llamaras para entrar a la pelea – terminó de decir Kenai – Incluso el gran maestro Pakku vino con nosotros.
- ¿El abuelo? – habló sorprendido.
- El está con el grupo que liberarían a los prisioneros que se encuentran en el océano.
Al escuchar eso Zuko pensó en Katara, ella y Toph también tenían esa tarea. Con el metal control de Toph y secundada por Katara serian elementos valiosos al grupo de maestros aguas que fueron destinados a ese objetivo.
Minutos mas tarde todo el grupo tomaba lugar para platicar sobre lo sucedido y lo que harían a continuación.
- Les doy las gracias a todos ustedes por haberme ayudado en la recuperación de mi reino – habló Kuei desde su trono mirando a los hombres que estaban frente a él - ¿Cuál es la situación ahora?
- Todas las colonias han sido recuperadas – hablo un general – Los soldados de la Nación del Fuego fueron obligados a dejar el Reino Tierra.
- Las fortalezas establecidas fueron destruidas, no ha quedado puerto controlado por la Nación del Fuego que quede en las costas – informó el jefe Hakoda.
- Enviaremos ayuda a las ciudades que lo necesiten, comenzaremos su restauración de inmediato – ordenó el rey tierra.
- Es posible que aun queden algunos maestros fuego por ahí – habló otro de los generales.
- Si es así estoy seguro que querrán regresar a su nación – dijo con seguridad Sun Hee – Los ciudadanos que por mucho tiempo estuvieron viviendo bajo la opresión de la Nación del Fuego se han levantado, aunque ha habido disturbios contra civiles de la Nación del Fuego hemos podido controlarlos ofreciéndoles como única opción la pacífica salida del reino.
- Podemos decir con seguridad que hemos recuperado el Reino Tierra – habló con orgullo y satisfacción otro de los generales.
- Aun no podemos cantar victoria – todos miraron a Sokka – Todavía hace falta el comenta.
- ¿Cuál creen que sea su próximo movimiento? – preguntó Kuei dirigiéndose a los dos príncipes del fuego.
- Retroceder y agruparse – fue la respuesta de Iroh – Los hemos obligado a que dejen el Reino Tierra, no les queda otra opción que regresar a la nación a esperar ordenes. Una buena estrategia por parte de ellos sería atacar en estos momentos, pero estando consientes de que la Tribu Agua se encuentra aquí dudo que se atrevan a hacerlo, se estarían enfrentando a dos naciones.
- Esperaran hasta el cometa y entonces atacaran con toda su fuerza – agregó Zuko – Ese fue el plan desde el comienzo y estoy seguro que no lo cambiaran. Si no hacen nada los siguientes días es por que están seguros que conquistaran el Reino Tierra con ayuda del cometa.
Recordaba las palabras del inventor.
- ¡Yo digo que ataquemos antes! – gritó el joven general de Omashu.
- Aunque es una buena idea general Sun Hee no lo aremos – habló Kuei – En estos momentos es importante la recuperación inmediata del reino así como de sus habitantes. Si el plan de la Nación del Fuego es atacarnos el día del cometa entonces nos prepararemos para ello. No permitiré que mi reino caiga de nuevo en sus manos – todos escuchaban la seriedad y determinación con la que hablaba, los generales se sintieron orgullosos de su rey – De la misma manera me gustaría contar con el apoyo de la Tribu Agua del Sur. Dos naciones unidas son mas fuertes que una.
- La Tribu Agua ayudará a poner fin a esta guerra rey tierra – habló Hakoda dando por asegurado su apoyo.
El resto de la reunión se habló de la manera en que se ayudaría a la recuperación de los pueblos y ciudades, cien años de guerra habían dejado una cicatriz enorme en el gran continente, les esperaba mucho trabajo. Antes de que pudieran retirarse la señora Yang Ming entró apresurada al salón llamando la atención de todos los presentes.
- Su alteza – se inclinó saludando con respeto.
- ¿Qué sucede?
- Hemos recibido un mensaje del maestro Pakku – Hakoda se puso en alerta al escuchar el nombre de su padre – Dice que sufrieron un percance en la prisión durante su enfrentamiento con los maestros fuego - Kuei se tensó, su hermana había sido enviada ahí – Una de las muchachas fue herida de gravedad.
- ¿Quién? – inmediatamente preguntó Kuei.
- No lo dice, solo menciona que se encuentran en el Templo Aire del Oeste, fue ahí a donde se dirigieron después del eclipse junto con los maestros tierra que rescataron. Su llegada a la capital se retrasará.
Zuko inmediatamente se levantó y salió del salón, su salida no pasó desapercibida, Aang lo siguió.
- ¡Zuko! – le gritó una vez afuera - ¿Adonde vas?
- Tomaré a Appa e iré al templo aire.
Su corazón latía desbocado, tenía miedo. Algo les había pasado. Toph era su mejor amiga y Katara... si algo le pasaba. Sus puños se apretaban con fuerza.
- ¡Espera, Zuko! – gritaba Aang, logró ponerse frente a él evitando que continuara caminando – No sabes en donde está el Templo del Oeste.
- ¡Entonces vendrás conmigo y me dirás donde está!
- Y una vez que llegues ahí ¿Que piensas hacer? – Sokka los había alcanzado – No podrás ayudarlas aunque quisieras. Además Katara es una maestra agua y curandera, ella podrá sanar cualquier herida.
- ¿Y si la atacaron a ella y no puede sanarse? – le respondió con furia, él quería irse y lo estaban deteniendo.
- ¿Te olvidas que hay maestros agua con ellas? – fue su respuesta, Sokka nunca había visto a Zuko tan alterado y molesto.
Sabía que la princesa del Reino Tierra era su mejor amiga, su viaje a Omashu y el tiempo que pasaron ahí hiso que Zuko le contara parte de su vida en Ba Sing Se. Entendió que estaba preocupado por ella pero le sorprendió mas darse cuenta en ese momento que mostraba la misma preocupación por la maestra agua. Por lo que sabía apenas y se conocían.
Para ese momento tanto el rey tierra como el padre de Katara se acercaron a ellos, no fueron ajenos a la conversación que tuvieron.
- Yo iré al templo – declaró Aang cuando los dos hombres llegaron – Solo – dijo con firmeza al ver que Zuko le iba a reclamar – De esa manera Appa y yo llegaremos mas rápido y puedo traerlas de regreso si es necesario.
- Por favor hágalo – inmediatamente habló Kuei.
Piandao mostró preocupación por su hija pero no dijo nada. Iroh se paro a su lado compartiendo parte de su pena por Katara mientras veían como el bisonte se llevaba al avatar elevándose en el firmamento nocturno. Zuko que se encontraba molesto por no poder haber ido, se fue de la explanada después de que Appa desapareciera de su vista.
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Aun no amanecía cuando Iroh salió de su casa. El día en que regresó a Ba Sing Se el rey tierra le ofreció hospedaje en el palacio al igual que a los demás miembros de la orden que permanecían ahí, pero el maestro fuego decidió regresar a su hogar y a su tienda de té. No había visto a Zuko desde hace tres noches cuando el avatar partió hacia el Templo del Oeste.
Respiró el aire fresco del nuevo día, el cielo estaba cambiando de color. En su mano llevaba una canasta de mimbre, cerró la puerta, se colocó su sombrero y caminó por las calles libres de la capital. Sus pasos lo llevaron a la colina que se encontraba cerca del lago Long Gai, los rayos del sol salieron finalmente llenando de color el nuevo día iluminándolo todo. El árbol de cedro mecía sus ramas con suavidad por el viento matutino, la hierva estaba cubierta de rocío. De la canasta sacó una manta, se sentó y sacó las demás cosas que llevaba consigo, de entre ellas su inseparable juego de té.
Miró la imagen, acarició el marco con un ligero toque de sus dedos, encendió el incienso y juntó sus manos para decir una oración. Como cada año le cantó a su hijo fallecido. Le dolía que no estuviera con él, pero poco a poco el dolor y el sufrimiento iban disminuyendo convirtiéndose en una nostalgia pasajera. Terminó su ritual anual y a continuación preparó el té, sirvió dos tazas.
- Tu té se va a enfriar.
Zuko permanecía en silencio del otro lado del árbol. Estuvo ahí desde mucho antes de que su tío llegara. Estaba perfectamente oculto por el grueso tronco, pero era de suponer que su tío sabría que se encontraba ahí. Rodeó y se sentó a su lado. Vio la imagen de su primo y dio los mismos respetos. Observó la humeante taza de té, la tomó y bebió de ella degustando el jazmín.
Su mirada se desvió al paisaje frente a ellos. El palacio y el lago así como parte de la zona alta se veían a la perfección. Cada año desde que llegaron, iban a aquel lugar y mostraban respeto por el fallecimiento de su primo. Zuko sabía que su tío lo extrañaba enormemente, una parte de él sabía que lo veía como su segundo hijo, y él mas que nada y por todo lo sucedido veía a su tío como un padre. Siempre sabio, dándole consejos, siguiéndolo por todo el mundo solo para buscar a su madre y ahora, ayudándolo a terminar una guerra contra su propio hermano.
- Perdón por actuar de ésta manera.
Comportarse como un niño malcriado al que no le dejaron salir era lo menos que debía hacer en esos momentos, pero le era difícil no pensar en lo que estaba pasando sin saber que hacer, sin poder ayudar.
Iroh respiró con calma.
– Cuando supe que a mi hijo le había pasado algo deje todo para ir con él, llegué demasiado tarde y una parte de mí no dejaba de pensar que si hubiera llegado antes tal vez pude haber echo algo – Zuko lo miraba casi con impresión, su tío jamás había hablado de Lu Ten después de su muerte – Pero en el fondo sabía, que sin importar lo que hubiera echo, él moriría.
Apretó sus puños. No quería pensar en muertes, no quería pensar en el dolor que sintió su tío cuando le dieron la noticia de su hijo, no quería escuchar esas mismas palabras cuando Aang regresara y le dijera que una de ellas había dejado este mundo. Pensar en que jamás podría volver a ver a Katara le dolía en el alma al igual que pensar en Toph. Una lagrima rodó de su mejilla.
- No quiero que nada malo les pase...
Todo era su culpa, por dejar que participaran en un plan tan arriesgado, era culpa de su bisabuelo por iniciar una estúpida guerra y de su padre por continuarla. Nunca debió de haberlas involucrado. Toph era una princesa y aunque era una gran maestra era solo una chica de catorce años. Katara por otro lado no tenía ninguna obligación en pelear, era mestiza, pero una ciudadana de la Nación del Fuego que a final de cuentas terminó siendo arrastrada a la lucha por culpa de él.
Iroh lo miraba con sorpresa, nunca había visto a su sobrino tan decaído y preocupado. Ni siquiera cuando fue exiliado mostro tanto miedo y sufrimiento como esos momentos.
- Ellas estarán bien Zuko – le dijo a manera de consuelo mientras tocaba su hombro – Lo que quería decirte es que sin importar que fueras o no, no harías ninguna diferencia. Katara es una excelente maestra agua, ella podrá aliviar cualquier herida y Toph es muy fuerte, nunca permitiría que la atacasen por sorpresa.
- ¿Y si es Katara quien está herida? No podrá sanarse, estará sufriendo sola y nadie podrá ayudarla.
Ese pensamiento lo estaba volviendo loco desde el momento en que se enteró de que una de ellas estaba herida de gravedad. Si Toph fuese a estar en peligro de muerte por un ataque no dudaba que Katara la ayudaría con su agua control, además de que tenía el agua del estanque de los espíritus con ella, pero si era Katara quien resultaba herida ¿Quién la ayudaría? El eclipse duró muy poco y los soldados que no son maestros fuego también pueden ser letales. Aunque había maestros agua con ellas, el talento que poseía en sanación era inigualable al de otros curanderos que él había visto, podrían no ayudarla a tiempo…
¡Maldición! ¿POR QUÉ AANG NO REGRESABA? Por Agni que se estaba volviendo loco por la espera.
- Ella no es la única curandera Zuko, hay maestros agua que las acompañan y saben sanar, todo estará bien.
Quería creer en sus palabras, en verdad quería. La sombra del conocido bisonte pasó cerca de ellos, Zuko inmediatamente se levantó mirando asombrado a Appa.
Aang había vuelto.
No esperó a su tío e inmediatamente salió corriendo en dirección al palacio. Cuando llegó sus piernas lo llevaron primero a la explanada donde estaba Appa, había gente a su alrededor pero no veía a ninguna de la dos chicas que buscaba, ni siquiera a Aang. Se dirigió al interior del palacio e inmediatamente se encontró con un rostro conocido.
- ¡Katara!
Sin poder evitarlo la abrazó con fuerza
- Oh por Agni, estas bien, estas bien – repetía mientras se aferraba a ella. Sintió que su alma regresaba a su cuerpo y una enorme calma lo cubrió - La señora Yang Ming dijo que una de ustedes había sido herida de gravedad – habló separándose un poco colocando sus manos en su rostro, solo para asegurarse que era ella en verdad.
- No fui yo quien resultó herida – habló con melancolía en su rostro.
Los ojos de Zuko se abrieron con miedo – Toph – susurró.
Tomando su mano Katara lo guió hasta la habitación donde estaba su amiga. cuando quedaron frente a la puerta un sirviente les abrió.
Ahora estaba asustado. Sintió una gran preocupación por a quien consideraba su mejor amiga. Sostuvo el aliento cuando la vio. Estaba sentada y frente a ella Kuei que le sostenía su mano, él estaba llorando. Un par de ojos verdes llorosos lo miraron cuando notó que estaba en la habitación.
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Katara y Toph salieron un día antes del día del eclipse, como estaba previsto ellas y Aang fueron los últimos en dejar el templo. Se dirigieron a la costa y esperaron en un pueblo hasta el día siguiente, por la madrugada salieron al mar en un bote que robaron. Toph no estaba muy feliz pues no podía ver. A mitad del camino se encontraron con los maestros agua. Katara estaba algo emocionada, era la primera vez que veía a otros maestros además de su madre después de tantos años. Era solo un grupo de diez personas, jóvenes la mayoría liderados por un hombre mayor al que llamaban gran maestro. Se presentaron ante él, supo entonces que se llamaba Pakku. Después de eso se dirigieron a la prisión. Al llegar trazaron el plan, esperaron al eclipse y atacaron.
Eran formidables. Katara se dio cuenta que le hacia falta mucho por aprender, la esgrima no explotaba el potencial de un maestro agua aunque no por eso dejaba de ser menos mortal. Gracias a eso y al poder de Toph sobre el metal pudieron lograr su objetivo. Pero no todo fue fácil. A los pocos segundos de que el eclipse pasó, uno de los soldados los atacó. Katara nunca había visto a un maestro fuego como él. Era muy alto y no tenía una pierna, en su lugar había una de metal. En su frente estaba el tatuaje de un ojo desde donde dejaba salir su ataque de fuego.
¿Cómo rayos lograba hacer eso?
No fue fácil vencerlo y varios maestros agua resultaron heridos, pero Toph se llevó la peor parte, ella podía ver a través del metal y gracias a los movimientos que realizaban los soldados es como ella podía esquivar y anticiparse a los ataques, pero un maestro que no necesita cambiar de posición para dejar salir su fuego le resultó imposible darse cuenta que estaba en la línea de tiro.
El golpe le dio directamente en su cara. Su grito desgarrador hiso que todos miraran con horror como se retorcía en el suelo de metal mientras gritaba sin parar. Katara fue la primera en correr hacia ella pero el bastardo no dejaba de lanzarle ataques de fuego. Con una furia que jamás creyó ver nacer en ella lo atacó sin descanso. Uno de los maestros agua la apoyó y con el golpe final por parte del maestro Pakku lograron vencer al extraño hombre tirándolo por la borda en lo que seria su muerte.
- Toph – corrió hacia ella tratando de darle la vuelta a su cuerpo – Déjame ver por favor – para ese momento ella también lloraba por la angustia de su amiga.
Katara cerro los ojos con lamentación al ver su rostro, o lo que quedaba de él. Todo había sido quemado, su carne estaba expuesta, parte de su nariz ya no existía, incluso su cabello había desaparecido quedando mechones en un rastro negruzco de piel quemada.
- Te ayudaré...
Para ese momento la bandida ciega solo gemía y lloraba, el dolor era inmenso para ella que la dejó en estado de shock. Katara tomo el agua que le había dado Zuko y sin dudarlo la uso para sanarla. No prestó atención al brillo casi blanco que emanaba el agua, ni siquiera vio los avances de curación, ella simplemente cerro sus ojos y se concentro como nunca en su vida lo había echo en sanar a su amiga. La sangre control podría ayudar pero no era noche de luna llena, aun así no se detuvo. La herida estaba abierta y el agua le permitía sentir ese segundo líquido que recorría el cuerpo de su amiga. Se concentro con mas fuerza y entonces lo sintió. Podía manipular la sangre. En conjunto con el agua que la estaba sanando Katara puso mas empeño en el líquido rojizo para acelerar la producción de células y así fuera mas rápido el crecimiento de la piel y el musculo dañado.
Solo hasta que pudo sentir que no había nada mas que sanar fue que se detuvo. No se dio cuenta pero estuvo una hora en aquella tarea. Para ese momento varios maestros agua habían observado todo lo que hiso incluidos los maestros tierra recién liberados. Cuando apartó las manos del rostro de su amiga se desmayó al instante. Una línea de sangre bajaba por su nariz.
Despertó en un lugar desconocido, por un momento pensó que se encontraba en el templo aire, las paredes de piedra enmohecidas y deterioradas se lo decían. ¿Había soñado todo? Se sentía cálida y cómoda pero terriblemente cansada, era casi como cuando entrenaba con su padre. Quiso levantarse pero se mareo fuertemente.
- No te levantes, aun no has recuperado tus fuerzas.
Miró a su derecha y vio al maestro agua, haciendo lo que le dijo se recostó de nuevo en la improvisada cama.
- ¿Dónde estamos?
- En el Templo Aire del Oeste.
Su mente estaba confundida, tenía un inmenso sueño y su cuerpo se sentía pesado, en ese momento recordó todo lo que había sucedido, se levantó de nuevo.
- ¿Dónde está Toph? – el mareo casi la hace recostarse nuevamente pero se negó a hacerlo, solo apoyó su mano en la manta para sostenerse, estaba sentada y miraba al viejo maestro agua esperando a que le respondiera.
- Tu amiga se encuentra en otra habitación – le respondió con calma Pakku, al ver que intentaba levantarse solo pudo ayudarla a ponerse de pie. Vio que se sostuvo por si sola pero se mantuvo cerca de ella. La llevó hasta donde estaba la maestra tierra.
Llegaron a una pequeña habitación al final del mismo pasillo. Katara entró y vio una cama improvisada frente a una ventana, un maestro agua y una mujer del Reino Tierra estaban sentados a los lados. Afuera era un hermoso día y los rayos del sol iluminaban con su luz el lugar. Un bulto se encontraba entre las mantas. El corazón de Katara se apretó en su pecho.
Ella era la primera amiga que tuvo, amaba su sarcasmo y que fuera increíblemente lista, a pesar de ser ciega podía ver mas allá de lo que los ojos simples podían, capaz de llegar al corazón de las personas. Se sentía terriblemente mal, sabía que era fuerte y mucho, pero ninguna de las dos pudo predecir lo que aquel soldado hacía con su fuego control. Se acercó a la cama, su rostro se encontraba cubierto por un pañuelo humedecido, al lado vio un recipiente con agua y hiervas.
- Toph... – susurro con miedo, en su mente recordaba como estaba después del ataque, solo esperaba haberla ayudado lo suficiente como para evitar que quedara desfigurada, las lagrimas salían de sus ojos por la angustia.
- Tu amiga se encuentra bien – la mujer del reino tierra habló con calma.
Katara la miró, por su vestimenta estaba de más suponer que era uno de las prisioneros liberados. La mujer que aparentaba algunos cincuenta años retiró la manta del rostro de Toph.
Se quedó sin habla.
Toda su piel estaba intacta ligeramente roja pero no deforme, no había ninguna cicatriz o marca que demostrara que había sido quemada por el fuego. Sus pestañas y cejas estaban ahí incluso su cabello era tan largo y negro como recordaba. Estaba impactada.
- Tienes un poder asombroso – habló el maestro agua que hasta ese momento se había mantenido en silencio – Nunca había visto un poder de curación con tal alcance. Definitivamente eres una gran maestra.
No sabía que decir, lo único que hiso fue llorar. Estaba feliz de que Toph se encontrara sana y salva. Se arrodilló en su cama para sollozar en las mantas y sábanas que cubrían a su amiga.
- Mmmhh.
Escuchó el quejido y rápidamente levantó su cara.
- ¡Toph!
- ¿Katara?
La princesa del Reino Tierra reconoció la voz y abrió los ojos. Katara la observó con alegría, ella se veía bien. Entonces el rostro de Toph cambió drásticamente, se levantó súbitamente hasta quedar sentada en la cama provocando el sobresalto en todos los presentes. La niña llevó sus manos a su rostro.
- Toph, estas bien, logré sanarte – dijo con alegría.
- Katara... – habló con voz entrecortada.
Un par de ojos olivos observaron a la maestra agua, Katara no entendía porque su amiga pareciera llorar, hasta que se dio cuenta. Abrió sus ojos con asombro.
Toph tenía sus ojos fijos en ella.
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- Vaya chico delantal, ahora entiendo porque tanto alboroto sobre ti.
Zuko no podía creerlo, ella lo estaba mirando.
- Tu... Puedes ver...
la Bandida Ciega sonrió.
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