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Capítulo VI
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El transbordador se acercaba al formidable muro que protegía la capital del Reino Tierra. Los ahora ciudadanos libres iban en aumento especialmente después del día del eclipse. Una diferencia notable era que ahora no todos entraban, algunos mas iban de salida; miraba a las familias, hombres y niños que buscaban un nuevo comienzo sin el temor de que la Nación del Fuego los atacase. Suspiró y fijó su vista al mar esperando que aquel viaje terminara pronto.
El barco llegó y todos descendieron, como era normal, tenía que pasar por el punto de revisión. Así como antes de transbordar, todos necesitaban mostrar sus papeles para poder entrar a Ba Sing Se. Sacó de su mochila la identificación, su antigua identidad escrita en él; lo mostro e inmediatamente lo dejaron entrar. Usando el tren de pasajeros atravesó toda el área de campos y cultivos para después pasar el muro que resguardaba la imponente ciudad. El transporte llegó a la primera estación, el sector bajo, donde anteriormente los refugiados vivían. Recordó entonces la primera vez que había llegado y vivió en aquel lugar. Ahora era diferente, Kuei había mejorado la arquitectura dando un aspecto urbano mas adecuado y con mejores servicios, ya poco quedaba de lo que fue una vez el sector bajo. Cerró sus ojos dejando atrás los recuerdos.
Algunos de los pasajeros descendieron pero él se quedo ahí, minutos después el tren siguió su trascurso pasando por el sector medio o financiero hasta llegar al muro de la zona alta, en esta ocasión entraron guardias a revisar los papeles de los muy pocos pasajeros que quedaban; a pesar de que el rey tierra ahora permitía el pase libre entre los anillos de la ciudad, la zona alta permaneció bajo una alta seguridad. No tuvieron que pedirle papeles al joven que se mantenía de pie y en silencio con los brazos cruzados en su pecho, ya lo conocían. El tren continuó su camino para llegar al final de su trayecto, la estación de la zona alta. Descendió del vagón y miro la parte mas rica de la ciudad. Sujetó su mochila y camino hacía su casa, los rayos del sol estaban muriendo, la noche pronto llegaría.
Llevaba tres años viviendo en Ba Sing Se con su tío, hubiesen sido casi cuatro de no ser por su viaje. Los primeros meses vivó en el sector bajo, y después se mudaron a los lujos y comodidades de la zona alta. Resultaba extraño, el dejó atrás una vida de lujos y mimos y de cierta manera regresaba a eso, aunque no era exactamente como vivía antes, pero si estaba rodeado de aquellos detalles que marcan una vida cómoda y placentera.
Cuanto habían cambiado las cosas en tan poco tiempo.
- Bienvenido a casa joven Zuko ¿Cómo estuvo su viaje?
- Estuvo bien – le respondió sonriendo a la señora Yang Ming aunque la verdad había sido cansado.
- ¿Desea que le prepare algo para cenar?
- No será necesario, iré con mi tío ¿Esta en el Dragón de Jazmín? – la maestra tierra le respondió con una inclinación de cabeza - Allá cenaré entonces. Tomaré un baño primero.
Yang Ming había sido muy amable en quedarse con ellos y seguir atendiéndoles como de costumbre. Algo que lo había sorprendido bastante era el echo de que Sun Hee era su hijo, se separó de él para ir a vivir a Ba Sing Se para ayudar a Iroh, líder la orden; para esos momentos el joven general estaba al servicio del rey tierra y pasaba mucho de su tiempo en el palacio.
Una vez limpio se encaminó a la tienda de té.
Después de que su tío logro arreglar casi todo con la orden no perdió tiempo en querer reabrir su amada tienda, a la cual casi todos los antiguos empleados habían regresado gustosos a trabajar. Desde que el Dragón de Jazmín fue inaugurado se había vuelto muy famoso, debía admitir que el enorme gusto que tenía su tío por el té los había llevado a ser tan exitosos. Solo él conocía la temperatura perfecta en la que se debe servir, cómo tratar las hojas de té y que tipo de comida era la adecuada para acompañar. Incluso cambiaban el menú a lo largo del día, no se bebía el mismo té por la mañana que por la tarde, pero su tío insistía en que, el verdadero éxito de la tienda, en ese entonces, fue por el apuesto mozo que ahí trabajaba. Las chicas eran atraídas por el joven que pese a su cicatriz, todas lo consideraban apuesto, especialmente cuando se daba la vuelta, Zuko aun podía sentir sus miradas en la parte donde la espalda cambiaba de nombre, y en ese instante de nuevo, se veía como el objetivo de las jóvenes clientas y de una que otra no tan joven. Agradecía enormemente ya no tener que trabajar de mesero y dedicarse a otras cosas mas importantes.
Se quedó en la trastienda donde el cocinero de inmediato le sirvió pastelillos y té. Su tío no tardo en llegar.
- ¿Cómo te fue?
- Es tal y como lo habían dicho. Existen maestros fuego mestizos en algunas ciudades; pero no pude hablar con alguno. Creo que la mayoría son rechazados por la comunidad donde viven y eso hace que se mantenga escondidos.
A su mente vino la imagen de dos niños gemelos, los únicos con los que pudo hablar, algo curioso es uno de ellos era maestro fuego y el otro maestro tierra. Eran huérfanos y se las habían ingeniado en sobrevivir por su cuenta pues al saber la procedencia del padre las demás personas los repudiaron. Sun Hee tenía razón, los ciudadanos del Reino Tierra odiaban a los rezagados de la Nación del Fuego, siendo mestizos no había manera de que pudieran remitir a la Nación del Fuego, los estaría enviando a una muerte segura, aunque la manera en que ahora vivían no era tampoco apropiada, por lo menos seguían vivos. Los había invitado a venir con él pero lo rechazaron. Aun así dejo abierta la invitación.
- ¿No has ido a hablar con el rey tierra todavía?
- No, acabo de llegar – su cansancio fue evidente.
- Tomará tiempo sanar la herida que hemos causado en el mundo, no solo por el daño causado si no también en el pensar de las personas.
Zuko lo sabía, incluso en ese momento en que todo parecía estar en paz, no lo estaba. Ya no existía un miedo hacia los maestros fuego, ahora era un gran repudio y odio; No podía dejar de preguntarse cual de los dos era peor. Pero así como su tío lo había dicho, tomaría tiempo y esperaba que alguna vez todas las naciones se volvieran a ver como hermanas sin rencores pasados y dolorosos.
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- ¿Has visto un hombre desnudo?
Katara escupió el té y casi se ahogaba con él - ¿Qué?
- ¿Que si has visto a un hombre denudo? – repitió con naturalidad - Ahora que puedo ver me di cuenta que los hombres y las mujeres son muy diferentes, pensé que eran iguales sabes, la manera en la que yo veía antes eran siluetas que tomaban forma con las vibraciones, pero ahora puedo ver con mas detalle que existen diferencias entre un hombre de una mujer, por ejemplo, ellos no tienen esto – llevó sus manos a sus pechos – O eso creo porque Kuei no los tiene, al menos no tan grandes como los míos o tuyos.
La curiosidad era algo natural en Toph, y como en los primeros días desde que había recuperado la vista no dejaría de preguntar hasta quitarse sus dudas, parecía un niño pequeño. Katara tomó una respiración profunda.
- En cierta manera, el cuerpo de un hombre y una mujer son diferentes en algunos aspectos e iguales en otros – pudo ver la confusión – Por dentro somos casi iguales, por ejemplo, tenemos pulmones por los que respiramos, corazón, estómago, huesos; pero por fuera las diferencias son mas notorias, las mujeres tenemos los pechos mas grandes que los hombres por que con ellos se alimenta a los bebés, también nuestras caderas son mas anchas y nuestra cintura estrecha mientras que en los hombres son de espalda amplia y por lo general son un poco mas grandes que una mujer.
- Ohh – exclamó la maestra tierra – Sabes mucho de eso porque eres una curandera ¿Verdad?
- Sí, mi madre mantenía un diario donde escribió a detalle sobre el cuerpo de las personas y como sanarlos.
- Debió de haber sido una gran maestra.
- Lo fue.
Toph sonrió sintiendo la felicidad de su amiga. Realmente le gustaba pasar tiempo con Katara. Desde que regresaron, ella y su padre se hospedaban en el palacio, su hermano estaba agradecido con la maestra agua que no pudo mas que brindarle la mejor de las atenciones durante su estadía, aunque el maestro Piandao ahora se encontraba en otras partes del Reino Tierra, ella se quedó. Como era costumbre Toph estaba en su habitación.
- Y en el diario de tu madre dice qué es lo que tienen los hombres entre sus piernas?
- ¡QUE! - gritó con asombro sin ocultar la sorpresa por lo que le acababa de preguntar.
– ¡Es que se que tienen algo ahí! Lo he notado. Le pregunté a Kuei y me dijo que era algo de lo que una señorita no debía de preguntar, que solo hasta que me case lo sabré ¿Tu crees las ideas de ese tonto? ¡No entiendo porque se altera tanto.
La maestra agua estaba azorada, no encontraba como explicarle. La manera en que ella se enteró de eso fue gracias a las damas de aquel burdel, las cuales le dijeron que la mejor forma de saber la función de esa parte del cuerpo del hombre era viéndolo en primera fila.
- Entiendo tu curiosidad Toph, pero hay cosas que tienen que esperar para conocerlas.
Incluso ella, cuando se enteró que esa parte del hombre se usaba para el acto sexual no fue algo que le gustó mucho de ver, pero la práctica resultó algo muy diferente a la teoría. Le había gustado estar con el príncipe Zuko de esa manera tan íntima y sobre todo, haber tenido esa primera experiencia con él. De igual manera, Toph debía de esperar, si había algo que Katara deseara, es que su amiga disfrutara de la misma manera que ella. Ver el cuerpo desnudo de un hombre, si no era el correcto, podía dejar secuelas, como lo hiso con ella, por suerte la imagen del príncipe era la que gobernaba en su mente y no la de los hombres que casi llegó a ver en el burdel, los cuales trataba de borrarlos de su memoria.
- Si, hasta que me case – bufó un poco molesta.
- ¿Por qué hasta que te cases? – ahora la curiosa era la maestra agua, ya lo había mencionado antes y no encontraba la razón de lo que había dicho.
- Kuei me dijo que solo hasta que me case sabré que es lo que hay entre las piernas de mi marido, jamás antes.
- ¿Por qué te habrá dicho eso?
- No tengo idea, pero fue muy claro al respecto, creo que hasta se molesto un poco – ambas chicas trataban de encontrar lo importante que era el echo de que estuvieran casadas para ver un hombre desnudo - ¿Crees que chispita ya habrá vuelto? – cambió de pronto el tema.
Katara no pudo evitar sonreír por el nuevo apodo que le había dado – No estoy segura, ya hace mas de dos semanas que partió, creo que no ha de tardar.
- Es el colmo, ahora que puedo ver ¡No lo veo! Se la pasa de un lado para otro.
- Esta ayudando Toph al igual que muchos otros, no puedes culparlo por eso.
La maestra tierra guardó silencio mientras bebía del té - ¿Qué piensas hacer después de la guerra?
- ¿Te refieres a si ganamos? – La princesa afirmó con su cabeza. Katara lo pensó por un momento - Regresar a mi hogar supongo ¡Oh! Deberías de visitar la isla de Shung Jing Toph, hay árboles de duraznos luna que te encantaran, cuando florecen son tan hermosos, y en el solsticio de verano hacen un festival con mascaras donde toda la gente se disfraza.
- Suena divertido, ¿Y qué pasará con Zuko?
Su corazón se detuvo - ¿Qué quieres decir?
- Me refiero a lo que tienen ustedes dos.
Pareciera que el aire había abandonado sus pulmones. Su corazón de nuevo comenzó a latir precipitado enviando toda su sangre a su rostro. Cuando quiso decir algo la maestra tierra se adelantó.
- El que ahora vea no significa que haya perdido mis habilidades, soy capaz de sentirlo todo como antes.
Y eso solo lo confirmaba.
- Desde cuando... te diste cuenta? – estaba sonrojada, jugaba con la taza a la que le quedaba rastros de té.
- Desde el templo aire, cuando ustedes dos llegaron después de escapar. Tenía mis sospechas porque el corazón de Zuko no dejaba de latir con fuerza cuando estaba cerca de ti y lo mismo pasaba contigo, pero lo confirmé cuando llegamos aquí – hiso una pausa - Desde la primera noche – agregó finalmente.
Ahora Katara la miró con sorpresa que fue sustituida rápidamente por la vergüenza, Toph sabía de ellos, tal vez en el templo ninguno de los dos sabía el alcance de sus sentimientos, pero después del eclipse fue mas que claro, especialmente porque el maestro fuego la visitó esa noche y le demostró lo mucho que había estado preocupado por ella. Situación que se repitió en varias ocasiones. Era realmente bueno burlando a la seguridad del palacio, Katara seguía preguntándose como lo hacía pero esas preguntas pasaban a segundo plano cuando lo veía por las noches en el marco de su ventana esperando por ella, o cuando llegaba a despertarla con sus besos y caricias. Sentía que hacia algo que estaba prohibido, pero por el echo de ser de esa manera era que le atraía tanto.
Así como lo había dicho Toph, ellos realmente no se veían. Zuko, especialmente pasaba mucho tiempo ocupado en reuniones o en viajes, como en ese momento, solo bastaba un solo instante para darse cuenta lo mucho que se extrañaban, aunque solo hayan pasado horas desde la última vez que se vieron, pero esas horas se volvían días y pareciera que ninguno de los dos podía soportar estar demasiado tiempo alejado el uno del otro. Por ese motivo no se resistía a él, se dejaba llevar por sus caricias y besos entregándose plenamente.
- Así que dime – habló Toph nuevamente - ¿Por qué dices que vas a regresar a tu hogar?
- Porque es así como debe de ser – la maestra tierra quiso decirle algo pero se adelantó a sus palabras – El es un príncipe Toph, y yo... simplemente no puedo ni debería estar con él. Cuando esta guerra termine, y si es que ganamos, se que será mas difícil para nosotros estar juntos, para ser honesta creo que será imposible – la vergüenza de hace unos instantes fue sustituida por un nudo en su estómago – Por eso regresaré a mi hogar con mi padre y espero algún día recibirte ahí para mostrarte lo hermosa que es.
La sonrisa que vio no era de felicidad, aunque Toph era nueva en leer las expresiones, fue capaz de percibirlo.
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Cuando Zuko despertó aun no salía el sol y la obscuridad era visible, se percató que se había dormido con el calzado puesto. Había llegado cansado de su viaje y la reunión con Kuei se extendió hasta altas horas de la noche que simplemente se dejo caer en el futón para poder finamente descansar. Se sentía un poco mejor después de haber dormido así que decidió entrenar.
Los años anteriores no pudo practicar su fuego control dentro de la ciudad, era algo a lo que estaba acostumbrado desde que llegaron a vivir en Ba Sing Se; el poco entrenamiento que podía realizar en cuanto al poder natural que poseía se limitaba a ejercicios de respiración, su tío le había dicho que era la base de todo fuego control y en vista de que no podía hacer mas que eso se podría decir que Zuko era un experto en cuanto a llenar sus pulmones con aire de manera adecuada. Sin embargo ahora el maestro fuego podía practicar libremente, lo cual encontró realmente satisfactorio.
El patio de piedra de su casa era su campo de entrenamiento, después de varios movimientos lo siguiente que hacía era entrenar con sus espadas Dao. El sudor cubría su desnudo torso y los rayos del sol rozaban su pálida piel, el fresco de la mañana se sentía bien después de todo el ejercicio. Su cabello, que normalmente mantenía sujeto en una coleta a la altura de su nuca ahora se encontraba en lo alto de su cabeza con unos cuantos mechones cayendo sobre su rostro. Al final realizó nuevamente los ejercicios de respiración.
- ¿Zuko?
Miró al pequeño monje que entraba acompañado de Sokka.
- Hola chicos ¿Qué sucede? – les preguntó mientras tomaba una pequeña toalla para secarse el sudor.
El príncipe del Sur había estado también ocupado, junto con su padre organizaron parte de lo que harían durante el cometa, para esos momentos el jefe Hakoda había partido al sur a reunirse con los demás clanes para traer mas fuerzas de combate.
- Aang quiere contarnos algo.
- Recibí una carta anoche – comenzó a hablar – Es de un gurú que se encuentra en el Templo del Oeste.
- ¿El Templo de Oeste? ¿No acabas de ir ahí? – le preguntó Sokka.
- Sí, por eso me pareció extraño pero, en la carta dice que el puede enseñarme sobre el estado avatar.
Los dos chicos se quedaron impresionados.
- ¿Es eso posible?
- Al parecer si.
Zuko se dio cuenta de la emoción oculta del maestro aire, en verdad deseaba aprender mas respecto del estado avatar y siendo honestos no había nadie que pudiera ayudarlo en eso. Estuvieron platicando un momento al respecto, tanto Sokka como Zuko se mostraron un poco desconfiados, tal vez ya no había maestros fuegos del que preocuparse y podrían viajar libres por el Reino Tierra, pero el Templo del Oeste estaba en las islas alejadas del continente e inconvenientemente cerca de los territorios de la Nación del Fuego, la posibilidad de que fuera una trampa era grande y el instinto de protección que había nacido en los dos chicos hacia el monje era fuerte, aunque Aang estaba resuelto en ir y comprobarlo por si mismo.
- ¿Qué hay de tu entrenamiento en tierra control? – preguntó Sokka.
- Oh... no había pensado en eso – se quedo en silencio - ¿Qué tal si Toph me acompaña? Podría entrenarme en el templo.
Una idea surgió.
Kuei no se veía muy feliz con la idea de dejar ir a su hermana, después de lo que pasó la última vez existía un ligero temor en el rey respecto a la seguridad de Toph, por primera vez se comportaba como un hermano protector, sin embargo, toda decisión que involucrara a la joven maestra tierra resultaba mas que obvio que sería ella quien tuviera la última palabra, dejó en claro que iría con el avatar le gustara o no, con resignación solo dio su consentimiento si permitían que alguien mas la acompañara. Sun Hee fue el elegido como su guardaespaldas. De esa manera cuatro partirían al templo de oeste, Zuko y Sokka solo irían a dejar a Aang y a comprobar si era seguro y real la existencia de aquel maestro, dejar a Toph y a Sun Hee con él garantizaba que estaría protegido por los dos mejores maestros tierra y metal control, no podían estar en mejores manos.
Katara se sentía excluida pero no había nada que pudiera hacer al respecto, aunque le hubiera gustado acompañarlos que cinco viajaran en Appa resultaba agotador para el bisonte, además de las otras cosas que llevarían. La opción de viajar en barco, aunque era tentadora, resultaba peligrosa, podían cruzarse con pequeños barcos espías de la Nación del Fuego, ya los habían interceptado antes, un barco, por mas pequeño que sea, que viajara a los templos aire definitivamente llamaría la atención; el viaje de Aang debía permanecer en secreto y haciéndolo en Appa podían ocultar su rastro, el gran bisonte era capaz de volar a grandes alturas manteniéndose imperceptible. Sin mas, la maestra agua junto a la señora Yang Ming los despidió esperando su pronto regreso.
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Sokka observaba desde una ventana la ciudad invertida. Al principio les preocupo que estuvieran cerca de la Nación del Fuego, pero la ubicación del templo estaba muy bien oculta. Después de establecerse y conocer al gurú y comprobar que efectivamente sabía lo que hacía decidieron partir dos días después de su llegada, Appa necesitaba descansar para el viaje de regreso. Sin embargo había algo que tenía preocupado al príncipe del sur.
- Zuko – le habló a solas – Cuando tu hermana llegó a Ba Sing Se, Kuei dijo que se hizo pasar por guerrera Kyoshi. Según nos había dicho Suki ella atacó la isla, supongo que de ahí tomó los trajes pero... - Sokka lo miró fijamente – No he sabido nada de Suki desde la invasión de Ba Sing Se – Zuko se impresionó, lo que decía su amigo era verdad, hasta ese momento no había sabido nada de la Kyoshi – ¿Adonde lleva la Nación del Fuego a los prisioneros de guerra? – terminó de decirle con seriedad.
Lo pensó por un momento – A los que son maestros tierra los llevaban a esa prisión en el mar, pero los que son realmente importantes los trasladan a la capital de la Nación del Fuego para interrogarlos – Sokka apretó la mandíbula. El guerrero del sur parecía deliberar, Zuko no tuvo que adivinar para saber lo que cruzaba por la mente de su amigo – Suki no esta en la Nación del Fuego Sokka.
- ¿Cómo puedes saberlo? ¡No la hemos visto! – le dijo frustrado - Si estuviera bien, ya se hubiera reunido con nosotros en Ba Sing Se, estoy seguro de que pelearía de nuestro lado - no trato de ocultar su preocupación hacia la chica.
- Se que no esta en la Nación del Fuego porque solo Katara y yo fuimos llevados como prisioneros después de la invasión.
- ¿Entonces dónde podría estar? – casi gritó.
Días después de que el grupo de maestros agua liberaran a los prisioneros y llegaran a la capital, una chica se acercó al príncipe del sur, Sokka apenas y la reconoció sin el maquillaje pero ella a él si. Era una de las guerreras Kyoshi. Le contó como habían sido capturadas durante la invasión, los maestros fuego habían encontrado el paso secreto y ellas junto con otros maestros tierra pelearon hasta el final. De alguna manera lograron escapar, pero en medio de todo el caos se separaron.
- Algunas fuimos capturadas, mientras que otras huyeron, pero no hemos sabido nada de Suki desde entonces. Es la única a la que no hemos visto.
Y él se había dedicado a encontrarla, miraba mapas y trazaba rutas por donde la Kyoshi pudo haber huido, preguntaba en varios campamentos de refugiados y visitó algunas ciudades, pero parecía una búsqueda en vano, nadie sabía de ella. La idea de que fuera tomada como prisionera se volvía mas sólida, pues de estar libre ya se hubiera reunido con ellos, otro pensamiento que también cruzaba por su mente es que hubiese muerto, y eso es lo que lo tenía tan alterado.
Por primera vez Zuko presenció una parte de Sokka que no había visto, por lo general era calmado y bromista, se tomaba las cosas en serio cuando la situación lo requería, pero en esos momentos se veía desesperado, molesto e inquieto. No pudo evitar pensar que él se pudo haber visto igual, si no peor, cuando se enteró del ataque hacia una de las chicas. Tomo una respiración profunda antes de hablar nuevamente.
- Existe una prisión – sus palabras llamaron su atención – Se llama la Roca Hirviente, solo los mas peligrosos de la Nación del Fuego son enviados ahí.
La determinación que vio en los ojos de Sokka fue mas que clara. Su silencio fue de mutuo entendimiento.
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- Avísenos cuando estén listos para regresar – Sokka se despedía de los maestros tierra a la mañana siguiente.
Sun Hee se quedaría con el halcón mensajero de Zuko, era mas veloz que cualquier otro.
- Lo haremos – aseguró el general.
- Cuídate mucho Aang – se despedía Zuko mirando con una pequeña nostalgia a su amigo – Entrena duro.
- Ustedes también – no pudo evitar abrazarlos. Por segunda ocasión se separaban pero no en las mismas circunstancias que la primera vez.
Sin que el trio que dejaban atrás conociera de sus intenciones, cuando el bisonte se elevó Zuko condujo a Appa hacia la Roca Hirviente.
- No puedo acercarme mas – advirtió, después de un día de vuelo habían llegado a su destino, estaba obscureciendo en ese momento – Ya sabes el plan, la encuentres o no tienes un día para salir de ahí.
- Llamaré a Appa con el silbato.
- Sokka – miró a su amigo – Buena suerte.
Había un brillo especial en los ojos azules, después saltó del bisonte para caer al mar, nadaría la parte restante hasta el volcán que era la prisión. Sokka no tuvo ningún problema con eso, era un excelente nadador. Zuko sabía que desde el momento en que le habló sobre la Roca Hirviente no desistiría hasta ir y comprobar si Suki se encontraba ahí, pero por nada se arrepentía de acompañarlo. Se quedó a una pequeña isla cercana, no era prudente quedarse en el mar especialmente dentro del territorio de la Nación del Fuego con el muy conocido bisonte del avatar. Tal vez le había dado a Sokka muy poco tiempo, pero lo que hacía era realmente peligroso. Confiaba en que la astucia de su amigo lo hiciera tener éxito en su misión.
Y Sokka no estaba dispuesto a rendirse.
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En uno de los salones del rey tierra el maestro del agua control se encontraba leyendo las cartas que su hijo le enviaba del sur, había viajado desde hace un par de semanas para preparar todo con los clanes y la participación que tendrían para poner fin a esta guerra, aunque Hakoda no era un maestro agua, el primero en convertirse en jefe sin serlo, era un líder excepcional, sabía manejar a los líderes de los clanes a la perfección como lo había estado haciendo todos estos años.
Pakku había dejado su título de jefe desde hacia mucho tiempo dedicándose a ser maestro, y por supuesto, sus alumnos eran los mejores en todo el sur; nada pasaba desapercibo a los ojos entrenados del maestro agua, podía reconocer el talento y la habilidad cuando lo veía, y cierta muchacha había llamado su atención.
- Maestro Pakku.
Vio a la chica vestida de verde arrodillarse con una bandeja en sus manos, la colocó en la mesa.
- El señor Iroh le envía té.
Observaba la acción de la chica, la manera en que sostenía la tetera, el movimiento de su muñeca y la forma en que recogió la manga de su vestido. Cualquier otro solo vería que estaba sirviendo té, pero los sabios ojos del maestro agua veían mucho mas. La forma en que equilibraba el peso de su cuerpo, el servir sin derramar, incluso su pose, todo eso le decía sobre el entrenamiento que había recibido la chica. Sabía a la perfección quien era.
Bebió un poco del té que le había servido, una sonrisa muy disimulada después de la degustación. Iroh no había perdido su toque.
- Maestro Pakku – le hablo – Se que puede ser atrevido de mi parte, pero quisiera su autorización para hacerle una petición – con una movimiento de su cabeza le dio la aprobación, para su sorpresa se inclinó hacia él en una reverencia – Me gustaría pedirle, que fuera mi maestro en agua control.
Desde que los vio pelear el día del eclipse, no sintió si no mas que curiosidad por saber mas acerca del entrenamiento de un maestro agua. Su madre le había enseñado y con mucha seguridad le habría mostrado todo lo que vio en practica con los maestros del sur, pero se había ido a una edad muy temprana dejando su entrenamiento detenido, su propio padre la había entrenado y para ella fue un resurgimiento de algo que creía era su destino y deber de aprender, aunque de una manera diferente, fusionar la esgrima con el agua control resulto muy bien, pero por dentro, ansiaba un genuino entrenamiento.
Los segundos se hicieron eternos antes de escuchar su voz.
- Con seguridad Piandao te ha dicho lo mucho que te pareces a tu madre – ella levantó la cara por lo que decía – Pero la verdad es que eres idéntica a tu abuela.
Sus ojos se abrieron con asombro – Usted...? – las palabras se quedaron en su garganta.
- Reconocería a la perfección a la nieta de Hama.
Ahora estaba mas que impresionada y no pudo ocultarlo.
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- ¿Qué es lo que quiere? – la mirada de la chica le dejaba en claro que algo peor que la muerte le esperaba si se atrevía a tocarla.
Sonrió – Al fin te encontré – se quitó el casco dejando ver los ojos azules que conocía la chica.
- ¡Sokka!
No pudo evitar abrazarla. Una vez que llegó a la prisión se hiso pasar por un guardia. No la encontró si no hasta media mañana que es cuando dejaban a los prisioneros salir al patio. Le parecieron eternos los minutos cuando finalmente fueron regresados a sus celdas, la siguió como una sombra hasta que pudo entrar a la pequeña habitación donde la mantenían cautiva.
- Viniste por mi – le susurró en su pecho, las lagrimas amenazaban con salir, pero la guerrera no lo permitiría.
Cuando fue capturada pensó que moriría, pero en lugar de eso fue llevada como prisionera, después de varias semanas casi aceptaba que se quedaría ahí para siempre. La última gran ciudad del Reino Tierra había caído, todo parecía perdido, la Nación del Fuego había ganado la batalla contra el mundo.
- Las otras chicas – comenzó a hablar un poco alterada – No se que pasó con ellas, nos separamos...
- Ellas están bien – le acarició la cara a manera de consuelo – Se encuentran a salvo.
Dejo salir un suspiro de tranquilidad y con él una lagrima que rozó su mejilla, Sokka la seco con su pulgar. Sin poder resistirse por mas tiempo la besó, fue correspondido de inmediato.
- Tenía que venir por mi mujer – le susurro en sus labios, le debía ese beso, ella sonrió en respuesta.
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Lo primero que vio Sokka cuando bajó de Appa fueron las flores y los grandes árboles. Sus ojos azules inspeccionaban todo alrededor con asombro nada disimulado. Diecisiete años estuvo viviendo en su tribu, en la fortaleza impenetrable donde solo conocía hielo y nieve, era hermosa sin lugar a dudas, pero el mundo exterior lo era aun mas.
- ¿Puedes ver algo? – le preguntó Zuko al monje que se encontraba en la cima de un gran árbol.
- No, creo que es una isla desierta.
- Entonces pasaremos aquí la noche.
Un grito y los dos miraron hacia donde provenía. Sokka estaba medio desnudo bañándose en el mar.
- Oigan chicos ¿Qué esperan? ¡El agua no esta fría! ¿Pueden creerlo?
Parecía un niño chiquito disfrutando por primera vez, aunque en cierta manera así era. El príncipe del sur se había pegado a ellos en el instante en que se enteró que partirían cuando el avatar terminara su entrenamiento en agua control. Aun después de decirle la verdadera identidad de Lee, el no desistió de su idea, se impresiono sin lugar a dudas, pero era lo menos que le importaba en esos momentos. El deseaba salir, y que mejor excusa que ayudando al avatar a terminar la gran guerra. Claro que además de su compromiso que sería anunciado al día siguiente.
A pesar de que Zuko aun no estaba del todo seguro de llevar al príncipe de la tribu con ellos resultó que era muy bueno en otras cosas además de comer carne. Era una excelente navegante, se guiaba principalmente con las estrellas y era capaz de medir distancias de esa manera con ayuda de ciertos instrumentos que Zuko no había visto, recordaba que el capitán de su barco también hacía lo mismo, pero nunca presto mucha atención a eso, gracias a él salieron mas rápido del sur que lo que les costo a Aang y a Zuko llegar a la tribu.
A Sokka le dieron la tarea de explorar la isla, cuando comenzó a ver ciertas cosas crecer de ciertas plantas, su instinto, por no decir estupidez, le animo a probarlo. Sin lugar a dudas le gusto ese sabor y comenzó a tomar cuanto pudiera. Pero una cara blanca y ojos pintados lo asustaron al grado de caer al suelo en su trasero. Cuando menos pensó se encontraba rodeado de seres iguales con ropas extrañas.
Cayó de rodillas en el piso de madera, a su lado estaban Zuko y Aang, también los habían capturado. Frente a ellos había una mujer de edad avanzada, se veía ceremoniosa en su vestido de color verde, los miraba de manera severa.
- Los encontramos en el lado sagrado de la isla – hablo una de las chicas, aparentemente la líder – Y ese – señaló a Sokka – Se atrevió a robar nuestra comida.
- La sentencia por pisar suelo sagrado es cortar los pies – Zuko y Aang parecieron impresionados por aquello – Y por haber robado nuestra comida es cortar las manos y la lengua.
- ¡Espere! – gritó Aang - ¡No sabíamos nada esto!
- Somos viajeros – intervino Zuko – No teníamos idea de que estábamos en un lugar sagrado.
- Si no quieren que roben su comida debieron de haber puesto un letrero o algo por el estilo – agregó Sokka.
Pero los ánimos de sus custodios no parecían menguar.
Un gruñido y todos dirigieron su atención hacia fuera de la casa donde se encontraban. La risa de los niños se dejaba escuchar, se acercaban al gran animal peludo, el cual, de naturaleza mansa los dejaba acercarse para tocarlo, pero Momo no pensaba lo mismo, al verse libre del agarre de un pequeño voló hasta el monje quedando en su hombro en busca de protección. Los ánimos parecieron calmarse.
Con una gran decisión Aang habló – Escuche, lamento lo que hicimos pero no sabíamos en donde estábamos, o que era importante para ustedes. Yo soy el avatar – todos se quedaron en silencio en ese momento – Y ellos son mis amigos, Lee de Ba Sing Se y Sokka, príncipe de la Tribu Agua del Sur. Me están acompañando en mi formación como avatar y terminar la guerra contra la Nación del Fuego.
Y todo fue muy diferente a partir de ahí. El trato hacia ellos cambió radicalmente. Después de que Aang diera una pequeña muestra de los dos elementos que ya dominaba no quedo en duda que decía la verdad.
Fue así como los tres chicos llegaron a conocer la Isla Kyoshi.
Dos días y se sentían de lo mas cómodos ahí. La arquitectura de la ciudad resultaba interesante, la mayoría de las casas estaban ubicadas en lo alto de los árboles, unas cuantas abajo, incluyendo la casa de la matriarca. Las grandes copas de los árboles mantenían a la comunidad muy bien oculta. Zuko vio la oportunidad de encontrar a un maestro tierra, pero no había ninguno en la isla, de echo, la mayoría de los habitantes, eran mujeres. Aang descubrió a uno de sus antepasados, el Avatar Kyoshi. En honor a ella que la isla llevaba su nombre y su forma de pelear en particular, usando abanicos y vestimenta especial, fue heredado por las mujeres de la isla. Eran realmente fuertes y digno de admirar que lograran tales movimientos con la ropa y accesorios que cargaban. El primero en descubrirlo de primera mano fue Sokka después de ser usado como demostración de las habilidades de las chicas. Sobra decir que perdió rotundamente.
- Sabes que no pelee en serio.
Suki se encontraba en una de sus vigilancias de rutina, le sorprendió verlo pero sabía porque se había acercado a ella.
- ¿Quieres la revancha?
- Se supone que no debo pelear contra chicas.
- Eso no te detuvo antes.
Tomó posición de combate incitándolo a pelear, antes de que Sokka pudiera decirle algo la chica lo atacó. En su primer encuentro lo había tomado por sorpresa, pero en esta ocasión pudo reaccionar. Los dos se movían bloqueando y atacando. En un punto empujó el cuerpo de la chica estrellándola contra un árbol, sujetó con fuerza su muñeca obligándola a soltar el condenado abanico que en mas de una ocasión le había provocado algunas cortaduras ¿De qué maldito material estaba echo? Pero la guerrera no se quedaría quieta, con su pierna trato de golpearlo y librarse de su opresión, pero lo único que ganó fue que el chico la sujetara de esa parte asegurando mas su agarre e inmovilizándola.
Los ojos azules quedaron fijos en ella, la Kyoshi entendió que no podía hacer mas. Sus respiraciones agitadas en sus rostros. Sokka sintió como ella aflojaba su cuerpo en una silenciosa rendición pero no por ello bajo la guardia, su agarre se mantenía firme sobre ella.
- Sabes – habló un poco agitada – Existe una creencia en la isla – acerco su rostro al chico – Cuando un hombre vence a una guerrera Kyoshi en combate – sus labios rozaron tentadoramente los de él, pero no llegó a tocarlos, se desvió hasta su oído – Tiene derecho a desposarla.
Sintió el cálido beso en su mejilla, el cuerpo de ella dándole calor atreves de su ropa, ahora él se tensó. Cuando el rostro de la guerrera volvió a mirarlo vio un ligero sonrojo en él. Sokka había ganado, pero de alguna manera ella lo venció.
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Se sentía completo ahora que la tenía en sus brazos y una gran calma y alivio lo cubrió. Suki estaba bien.
- ¿Cómo me encontraste? – susurro desde su pecho.
- Zuko me habló de esta prisión.
- ¿Zuko?
- Ah si... veráz hay algo que no sabes, Lee no es en realidad Lee – ella lo miraba sin entender – El verdadero nombre de Lee es Zuko, y... – miró hacia la puerta de metal que estaba detrás de él, como asegurándose que no hubiera nadie detrás escuchando – Es el hijo del Señor del Fuego.
Ahora en verdad estaba impresionada – El príncipe traidor – susurró sin darse cuenta.
- ¿Qué?
- Es algo que he escuchado desde hace días. Algunos de los guardias y prisioneros hablan de un príncipe traidor.
Comenzaron a circular ciertos rumores días pasados. Era una especie de secreto que solo los guardias sabían, se mostraban inquietos, algo muy malo debió de haber pasado y Suki solo pudo pensar en el día en que no los dejaron salir de su celda, ese día, según supo después, todos los prisioneros maestros fuego perdieron su control. Y a partir de ahí las cosas se pusieron un poco raras entre los guardias. Poco después llegó a sus oídos una conversación entre dos prisioneros, uno de ellos mencionaba a un príncipe de la nación que ahora era buscado, lo que si escuchó con claridad fue su nombre.
- Si, es él – Sokka sabía que después de Ba Sing Se la identidad de Zuko como compañero de Aang sería descubierta, además, después de eso ya no se mantenía oculto quien era, se dirigían a él con su verdadero nombre – No quiero que actúes toda rara ¿De acuerdo? como queriéndolo matar por lo que su padre hace – advirtió, estaba cansado de que la gente reaccionara así con su amigo ¡Si el los estaba ayudando por todos los cielos! – Es gracias a él que estoy aquí en primer lugar y con su ayuda saldremos de aquí.
Supo que no había lugar de discusión, estaba impresionada si, pero dejaría de lado eso para pasar a cosas mas importantes.
- Bien Sokka – hablo calmada - ¿Y como planeas que salgamos?
- Eee... no he pensado en eso todavía – ella lo miró casi con reproche - ¡No te molestes! Ni siquiera sabía si estarías aquí.
Se quedaron en silencio mientras el chico pensaba – Appa no puede bajar al patio sería demasiado riesgoso, tenemos que salir de la boca del volcán a un lugar mas abierto y la única manera de hacer eso es con los transbordadores.
- De acuerdo. Tu encárgate de hacer que todos salgan al patio, de lo demás me encargo yo.
No fue difícil iniciar el motín entre los prisioneros, Suki solamente tuvo que golpear a uno y los demás comenzaron el escandalo que fácilmente fue seguido por el resto de los prisioneros que mas que nada buscaban una manera de desquitarse con los guardias o con otros reclusos.
- ¡Rápido! ¡Tenemos que llegar a los transbordadores! – gritó Sokka.
Pero Suki tenía una mejor idea. Con gran habilidad, la guerrera Kyoshi se abrió paso entre los presos y demás guardias llegando a un único objetivo. Sin poder hacer nada el Alcaide se convirtió en su rehén. Sokka observó el plan efectuado por Suki sintiéndose orgulloso de ella, le había dado la manera mas efectiva de salir de ahí. Utilizando al Alcaide pudieron subir a los transbordadores y sumando a eso el escandalo realizado por los prisioneros su escape estaba mas que asegurado, hasta que el hombre se liberó del agarre de la chica y gritó que cortaran la cuerda, Sokka vio con terror como los guardias planeaban cumplir con las que seguramente serían las últimas ordenes de aquel hombre. El transbordador se había detenido.
- Estamos a medio camino, caeremos al agua hirviente – predijo Suki.
- ¡Prefiero morir antes de que unos sucios prisioneros escapen!
Realmente estaban en problemas, la maldita opinión del hombre tampoco ayudaba. Sokka decidió callarle la boca para siempre. Un sonido ensordecedor lo detuvo, miró por la ventanilla para ver lo que pasaba.
El guardia estaba inmóvil en el suelo por lo que acababa de suceder, los demás mostraban la misma impresión, su compañero estaba muerto, y de que manera, pareciera que un rayo le había caído, y no pudo encontrar otra comparación porque así fue. Su cuerpo calcinado estaba en el suelo como una mancha negra de carne y sangre. Segundos después escuchó un extraño rugido y de entre el vapor una figura cayó del cielo para quedar frente a él.
Tal vez fue la impresión de lo que acababa de pasar lo que causó que no moviera ni un musculo, o el miedo lo mantenía paralizado, pero aquel hombre jamás olvidaría lo que vio.
Desde su perspectiva, todo sucedía en cámara lenta. Veía al extraño joven blandir dos espadas negras; con movimientos rápidos cortaba y mataba fácilmente a sus compañeros.
Desde que llegó a la Roca Hirviente el soldado se dio cuenta de algo, el sabía que por ser guardia inculcaba cierto respeto hacia su persona por parte de los prisioneros, ellos debían de obedecerle o se atenderían a las consecuencias, le gustaba que le temieran, pero en esa ocasión, por primera vez en verdad tuvo miedo, no, estaba aterrado. La persona que mataba a sus camaradas haciéndolos caer como moscas no debía de ser alguien normal, nadie podría tener ese poder.
La sangre pintaba como una horrible alfombra roja el suelo de piedra, los cuerpos y miembros esparcido por doquier. Ahora los ojos dorados se fijaron en él. Sus pasos mientras se acercaba coincidían con el palpitar de su corazón que iba en aumento, su mirada era tan penetrante y aterradora que ni siquiera fue capaz de percibir la marca en su rostro, pero lo peor fue desviar su mirada a las espadas que portaba en sus manos, la hoja negra manchada de color rojo mientras el espeso líquido que goteaba de ellas dejando un rastro solo ayudaba a incrementar su miedo. Sin poder evitarlo sintió algo cálido en la parte baja de su cuerpo.
Zuko miró de manera severa al patético guardia que literalmente se acababa de orinar en sus pantalones, ni siquiera valía la pena matarlo; sin perder mas tiempo jaló la palanca que permitía al transbordador seguir avanzando.
Con su miralejos estuvo observando la prisión, le había dicho a Sokka que lo esperaría pero eso no significaba que no lo vigilara. Se percató de la conmoción y no dudó que era por Sokka que los guardias que vigilaban la parte externa de la isla inmediatamente ingresaran. Haciendo que Appa se acercara con cautela a la prisión apenas y pudo distinguir como la pareja escapaba usando uno de los trasbordadores, pero también vio como trataban de derribarlo, ni siquiera lo pensó dos veces cuando dejo salir su rayo desde el bisonte solo para después descender a la prisión.
El transbordador se estaba moviendo de nuevo. Ahora él tenía que salir de ahí, pero los guardias lo rodearon de inmediato, habían llegado mas, la mayoría de ellos en lugar de atacar veían la escena con impacto.
- ¡Ríndase! No tiene escapatoria – le gritó uno de los soldados.
Los guardias esperaban las ordenes pero la vacilación de su superior los hacía estremecerse, de cierta manera no deseaban enfrentarse al sujeto frente a ellos.
El segundo al mando observaba al muchacho que tenían rodeado, era joven, sin lugar a dudas, una rápida mirada a lo que había echo le dejaba en claro el alcance de sus habilidades; vestía los colores del Reino Tierra y eso es lo que parecía estar fuera de lugar, no entendía como rayos un ciudadano de otra nación había llegado a la Roca Hirviente y menos aún saber de ella. Una mirada con mas detenimiento le hiso abrir sus ojos con asombro.
Cabello largo y negro, ojos dorados y por supuesto la cicatriz en su rostro. Él había visto los carteles, el retrato del traidor mas buscado de la nación.
- ¡ZUKO!
Y eso solo confirmó sus sospechas.
El grito de Sokka se escucho claramente, el ya había llegado al otro lado - ¡SAL DE AHÍ RÁPIDO!
Los guardias se impresionaron, ahora sabían a la perfección la identidad de quien tenían enfrente. Eso hiso reaccionar al segundo al mando.
- ¡Príncipe Zuko! ¡Queda arrestado por traición a la Nación del Fuego! - se apresuró a gritar – ¡Ríndase o lo atacaremos!
Las espadas se cubrieron de fuego – Atrévase a intentarlo.
Pero antes de que pudiera hacer algo una explosión golpeó a varios de los guardias desde atrás. Zuko no perdió tiempo y también atacó. Varios prisioneros habían llegado con la intención de escapar.
En un momento de oportunidad corrieron hacia el transbordador. Cuando se puso en marcha Zuko se quedó a cortar la palanca que ponía en movimiento el transporte, para cuando terminó la cabina ya había avanzado bastante, de un gran salto lo alcanzo y con ayuda de uno de los prisioneros pudo subir dentro. Observaron como los demás guardias se aglomeraban en la explanada viéndolos irse sin poder detenerlos. Una vez del otro lado la mayoría de los cautivos corrieron hacia su libertad.
- Gracias – le dijo uno de los prisioneros, aquel que lo había ayudado a subir al transbordador.
El sólo le respondió con una inclinación de cabeza.
Cuando llegó con Sokka inmediatamente emprendieron el vuelo. Desde lo alto observaron como humo negro salía de la prisión en medio del volcán, figuras de color rojo se movían hacia los transbordadores y otros mas a los muelles tomando control de los pocos barcos que había.
Desde el final de la silla veía al hijo del Señor del Fuego, pero eso no hiso cambiar la opinión que tenía respecto a Lee, para Suki era un chico que ayudaba al avatar a terminar la guerra, no mentiría que se mostró un tanto escéptica al respecto cuando meses pasados se conocieron por primera vez, pero conforme pasaba el tiempo, los rumores que escuchaba le hicieron creer que en verdad podían lograrlo. El sorpresivo ataque que sufrieron le hiso decidirse en ayudar también. Y ahora, sin importar quien fuera, él junto a Sokka la acababan de liberar de esa prisión, les estaría agradecida por siempre.
Sus grandes ojos avellana le decían eso a Zuko, y con una sonrisa él también le respondió.
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- ¿Algo malo sucede?
Con sus ojos grises miraba a la mujer sentada al otro lado de la pequeña fogata, sus sentidos siempre alertas le permitían sentir cualquier cambio en las personas, incluso el mas mínimo, él lo sintió cuando escucho el pequeño crujir proveniente de la fogata.
- No – sonrió mirando el fuego que bailaba con suavidad – Llegaran esta noche, pero su partida se atrasará, tendrán que esperar un poco más - asintió aceptando sus palabras, si ella lo decía no había nada que hacer - Es muy hermosa – agregó después – Tu hija, es hermosa, sin lugar a dudas heredó los ojos de su madre, y tiene tu forma de ser.
Le sonreía como quien sabe un secreto que el otro no.
- Lo que me dijiste hace años...
- Se cumplirá – habló de inmediato – Tal vez el escenario cambie, pero el resultado seguirá siendo el mismo. No podemos detener los engranajes del destino, giran por su cuenta con cada acción y decisión que tomamos. No puedes agregar una pieza ni quitarla, solo podemos observar su avance.
Lo vio suspirar.
- Desearía que no tuvieras razón en eso.
Ella río – No es tan malo como piensas. Créeme cuando te digo que no podía estar en mejores manos.
- Es en donde están esas manos lo que me preocupa.
La carcajada de Wu fue aun mas grande.
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Observó al maestro fuego dormir. El lado de su cicatriz estaba pegado al futón dejando a la vista su rostro sin marca, se veía tan tranquilo. Retiró uno de los mechones de cabello que cubrían su cara. Esa noche habían vuelto de su viaje, pero él no había ido a verla, por lo tanto, y aún en contra de cualquier recato, fue ella quien lo visitó. Lo encontró dormido y aun así se sentía feliz de verlo nuevamente, no pudo evitar acercarse a él y observarlo en silencio.
- Creo, que es de mala educación espiar a las personas mientras duermen...
Sonrió - ¿Te desperté?
Movió un poco la cabeza negándolo mientras abría los ojos. Estaba sentada al lado de él. La había extrañado, cuando llegó de su viaje en busca de otros maestros fuego no tuvo tiempo para verla pues al día siguiente partió con Aang y Sokka al templo aire. A veces solo bastaban unos minutos de su pequeña compañía y se sentía tranquilo, no podía explicarlo pero ella lo calmaba. Cada vez que la veía su corazón comenzaba a moverse en su pecho como una pequeña ave, esperaba que algún día eso dejara de suceder pero en el interior sabía que eso jamás pasaría.
- ¿Cómo les fue en el templo? – susurró.
- Bien – dejó salir un bostezo – El gurú le enseñará a Aang a abrir sus puertas de chacra para controlar mejor el estado avatar, parece que sabe lo que hace.
- ¿El estado avatar?
- Es una habilidad que tiene.
- ¿Lo has visto? – preguntó curiosa.
- Si, es asombrosa... y aterradora – hasta ese momento había visto en muy pocas ocasiones aquella demostración de poder, por desgracia había sido impulsado por un evento emocional dirigido por el dolor o el enojo.
- Ha venido mucha gente a unirse al ejercito, o para ayudar de alguna manera posible – agregó cambiando un poco el tema.
- Sí...
No quería cerrar sus ojos y dejar de verla pero en verdad estaba cansado. Así que opto por algo mas.
Para sorpresa de Katara, Zuko se movió hacia ella acomodando su cabeza en su regazo abrazando su cintura. Su corazón latía con fuerza quedándose inmóvil mientras que el maestro fuego se acomodaba en sus piernas. Ahora era el lado de su cicatriz era el que estaba viendo y los mechones de cabellos parecían molestarle por la forma en que arrugaba la nariz, los quito y comenzó a acariciar su cabeza. Se relajó al instante.
- ¿Cómo te ha ido? – susurro desde su regazo.
Katara sonrió, realmente estaba cansado, lo podía notar pero hacía el esfuerzo de hablar con ella.
- Cuando ustedes partieron le pedí al maestro Pakku que me entrenara como maestra agua, el aceptó.
- No me extraña, eres muy fuerte y ese hombre tiene un agudo sentido en cuando a la habilidad de control de las personas, creo que cuando llevé a Aang al polo sur el sabía que era un maestro fuego.
- Como maestro es realmente sorprendente pero, el día que le pedí que me enseñara, me dijo algo mas. El sabe quien soy, y quien es mi madre.
Zuko abrió los ojos moviendo su cabeza para mirarla.
- Mucho de lo que me contó el maestro Pakku yo ya lo sabía. Mi madre conservaba un diario que yo encontré meses después de su muerte. No me atreví a leerlo hasta los trece. Lo traje conmigo cuando vine a Ba Sing Se, la Señora Yang Ming fue muy amable en llevarlo consigo cuando paso lo de la invasión – guardó silencio por un momento - No te lo conté pero... mi madre era la prometida del príncipe de la tribu, ahora es el jefe Hakoda. Ella era la hija de la matriarca de uno de los clanes del sur, una maestra agua muy fuerte que llamó la atención del maestro Pakku; ellos decidieron que ambos debían de casarse. Las palabras que mi madre escribió, algunas de ellas no muy apropiadas para decirlas en voz alta demuestran lo mucho que no estaba de acuerdo con eso, así que huyó. En cambio quien se casó con el príncipe fue su hermana, Kya.
Lo cierto era que su madre nunca planeó abandonar la tribu del sur, pero una tormenta la llevó mas allá de los límites conocidos.
El sueño pareció irse, ahora él la miraba asombrado – Por eso espiabas a Sokka – dedujo – El es tu primo - Katara sonrió tímidamente - Y creyó que estabas enamorada de él – agregó después, no pudieron evitar reírse.
Los ojos del príncipe se cerraron de nuevo, Katara acariciaba su cabeza y sin querer comenzó a tararear una nana. Dejándose llevar por la suave voz se quedó profundamente dormido.
Decir que su intromisión a la prisión fue un evento aislado, del que solo los tres involucrados sabían, era estar totalmente equivocados. La noticia de que el príncipe de la Nación del Fuego había atacado la Roca Hirviente permitiéndole escapar a muchos prisioneros fue algo que se propagó en los escasos tres días que les tomó llegar a la ciudad libre; y el bastardo de Sokka casi lo deja hundirse solo ya que él no había sido mencionado; sin embargo, el ver a Suki fue suficiente para saber que ella fue el motivo de que se introdujeran a la prisión.
Pero cada acción tiene su reacción y su asalto podría adelantar los planes de la Nación del Fuego en querer atacar el Reino Tierra, pues claramente aquel atentado era un especie de mensaje hacia ellos y los del fuego responderían sin lugar a dudas.
Sokka y Zuko no dejarían Ba Sing Se desde ese momento hasta el día del cometa. Ese había sido su castigo. Zuko recibiría de mano de su tío su reprimenda entrenándolo hasta el cansancio y aunque Pakku se hubiese mostrado mas que dispuesto en hacer lo mismo con Sokka, el maestro agua estaba ocupado con alguien mas cediéndole su derecho a Kenai, su antiguo maestro se volvió mas estricto que nunca. Se había quedado junto con un pequeño grupo de maestros agua para ayudar en la reconstrucción de las ciudades dañadas y prestar servicio médico, no le molestó en lo absoluto dejar su deber impuesto por su mejor amigo y jefe de la tribu para castigar al príncipe.
- Estoy muerto.
Sokka se dejó caer en la silla, nunca, jamás había sentido su cuerpo tan agotado, ni siquiera en sus peleas y desvelos cuando viajaba con Aang y Zuko. Kenai estaba siendo demasiado estricto con él y no podía ni siquiera reclamarle, le saldría peor si habría la boca, la gran ventaja era que al menos no caía en agua casi congelada cuando cometía un error, entrenar en el Reino Tierra resultaba muy diferente, pero el maldito sol era su enemigo. Sin embargo no se arrepentía. Ver a Suki junto a las otras guerreras sonriendo y feliz hacía que valiera la pena cada musculo adolorido.
- No te quejes, al menos a ti no lanzan rayos.
Zuko estaba igual o casi peor que Sokka, su tío le advirtió que el día del cometa no solo el fuego si no también los rayos se multiplicarían en poder y tendría que saber a la perfección como evadir al mortal ataque. El ya sabía desviar rayos y siendo honesto, para esas alturas Zuko podía decir que tenía su entrenamiento como maestro fuego mas que avanzado, pero castigo era castigo y por supuesto su tío lo estaba llevando al extremo. El hombre podía tener una edad avanzada pero era mortalmente peligroso.
- Me pregunto si Aang estará mejor o peor que nosotros – agregó Sokka recordando a su amigo.
- Toph era muy dura con él cuando entrenaban en el templo.
La imagen de la maestra tierra gritándole como muchas veces lo hiso se formó en su mente. No dudaron en ningún momento que estaba igual a ellos.
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Sun Hee contuvo la respiración. Su mirada verde fija en su objetivo. Sentía el ligero movimiento de la brisa, el viento a su favor, la luz no le molestaba y su presencia muy bien encubierta. Cuando llegó el momento la flecha salió disparada a gran velocidad. Un quejido del ave y calló en picada por la mortal herida. No tuvo que ir lejos para llegar a ella. Era de un tamaño muy bueno, esa noche cenaría halcón.
Desde su llegada al templo consideraba su presencia un poco innecesaria. El pequeño moje que era el avatar era muy fuerte, además de que Toph poseía el gran don de saber donde estaban todos todo el tiempo, su percepción era demasiado aguada, si alguien se acercaba ella lo sabría antes que nadie. Pero su trabajo de guarda espalda era mas que cuidarla, al parecer tenía también el deber y obligación, según Toph, de ser algo parecido a su sirviente personal. Realmente se preguntaba si la decisión de ser su guarda espalda fue en consideración a su fuerza y poder como maestro tierra y metal control y no solamente por que era capaz de complacer a la princesa en todos sus caprichos.
Hasta antes del eclipse, el no tenía idea de que existía una princesa, o que el rey tierra tuviese una hermana, según había escuchado ella había sido ciega de nacimiento, hasta que la maestra agua la sano al día del eclipse. Había estado ahí cuando informaron respecto al ataque que aparentemente sufrió. Conocerla era otro boleto, sin lugar a dudas era muy diferente a lo que una princesa debería ser, o a lo que Sun Hee pensaba que era. Había visto mejores modales en las hijas de campesinos que en la chica que cumplía quince años ese día.
El lémur se posó en su hombro, curioso por la gran ave que a la que le retiraba la flecha de su emplumado pecho.
- Vamos Momo, volvamos al templo, hay que preparar la cena.
Resultaba fácil cocinar para dos, Aang y el gurú mantenían una dieta vegetariana, además de que el hombre que vestía algo parecido a un gran pañal insistía en que la alimentación de ellos, durante su entrenamiento, debía ser una extraña sopa que solo el creaba. Así al final solo preparaba la cena para dos.
- La cena estuvo deliciosa.
El estómago de la maestra tierra estaba lleno y satisfecho. Un eructo no dejo en dudas que decía la verdad.
- Ya lo creo – Aang miraba su pequeño plato con la sopa color naranja, al principio no le apetecía en absoluto pero con los días le encontró el gusto.
- Celebrar el nacimiento de una persona es una conmemoración importante – habló el gurú – Que los buenos espíritus y las estrellas guíen su camino princesa Toph.
Ella solo inclinó la cabeza a manera de agradecimiento.
- Toph, esto es para ti – miró tres bultos que Sun Hee extendía hacia ella. Que la llamara por su nombre fue algo a lo que lo había obligado hacer, además de que lo amenazó con enterrarlo vivo si volvía a llamarla princesa, ella simplemente no toleraba que la trataran con tanta pleitesía.
- ¿Qué es?
- Son obsequios por parte del Rey Kuei, Katara y Zuko. Me pidieron que se los entregara este día.
Se asombró, pero inmediatamente cambio su semblante – Esos tontos, no debieron de hacerlo – trató de ocultar su emoción pero todos pudieron percibirlo – Por cierto, ya no tengo ropa limpia.
Ahora se encontraba lavando en uno de los estanques del templo. Ver al mas grande General al servicio del Rey Bumi al cual nunca había sido derrotado, reducido a la chacha personal de la princesa de su reino.
Que genial resultaba su trabajo de guarda espalda.
Cuando por fin terminó con las prendas femeninas, aunque algunas resultaban un poco vergonzosas de tocar, y de lavar algo suyo también, decidió refrescarse. Anteriormente se bañaba con Aang pero el monje tenía entrenamiento con el gurú esa noche y sus meditaciones podían durar horas y para esos momentos que llevaba avanzado su entrenamiento hasta un día completo. Incluso Momo lo había abandonado, después de que un día lo bañó porque las pulgas que tenía le habían provocado unas terribles ronchas, el lémur tomo su distancia con él, pasaron varios días antes de acercársele nuevamente, pero cuando el maestro tierra estaba cerca del agua el animal volador no hacía acto de presencia.
Cuando se consideró completamente limpio se dispuso a salir, al darse la vuelta se detuvo de inmediato. Abriendo sus ojos con gran asombro vio a la única chica en el templo observándolo desde el borde del estanque, justo a un lado de su ropa.
Si había algo que Toph había adquirido desde que comenzó a ver por primera vez, era una gran curiosidad por saber que era todo lo que veía. Y desde hace tiempo que había algo que llamaba mucho su atención en saber como era. El cuerpo de un hombre. Antes de partir de Ba Sing Se Katara le había dado una muy pequeña pero insuficiente platica al respecto, ella le había dicho que eran iguales por dentro, pero diferentes por fuera, lo que no ayudó en nada para aclarar sus dudas. Sin embargo, en los regalos que obtuvo ese día, por parte de ella recibió, además de una linda peineta, un pequeño manuscrito con dibujos detallados del cuerpo femenino y masculino. En ellos describía a la perfección las características de cada uno y marcaba el porque de sus diferencias físicas tanto internas como externas, especialmente esa parte en la que había mostrado tanta curiosidad. Supo entonces para que servía y como se veía, pero como había de suponer, su curiosidad no quedaría del todo satisfecha hasta que lo viera con sus nuevos ojos, lo cual la llevó a acercarse al único hombre que, al parecer, se encontraba a modo de mostrarle lo que quería ver.
Parecieron eternos los segundos donde ambos se observaron. Toph estaba sentada de cuclillas con una mano sosteniendo su rostro sin preocupación alguna. Sun Hee no se atrevía a hablar por lo completamente extraño de la situación ¿Cuánto tiempo llevaba ahí? De pronto sintió que el estanque no era lo suficientemente profundo, el agua le llegaba a la cadera y algo en su mente le recordó que estaba completamente desnudo.
- Hum – le escucho decir para después levantarse y darse la vuelta dejándolo completamente solo.
Soltó el aire que ni siquiera sabía que había retenido en ese momento. A pesar de que ahora estaba solo no se movió del lugar donde estaba
¿Qué rayos había sido eso?
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La noche era fresca, los últimos rastros del verano se estaban marchando dando paso al otoño. Ba Sing Se no era muy fría como otros pueblos pero el viento otoñal era suficiente para hacer que la mayoría de los ciudadanos se abrigaran moderadamente. Dos figuras caminaban bañados por la luz de los faroles. Iroh respiró profundamente el aire de la noche. La pequeña paz que habían logrado alcanzar desde que llegaron a Ba Sing Se como refugiados parecía haber vuelto, la diferencia era que esa paz era verdadera y no la ilusión creada por Long Feng. Sin embargo era la calma antes de la tormenta, el lo presentía, podía sentir en su interior, su control natural sobre su elemento le advertía lo que era inevitable, el cometa se acercaba.
– Katara dijo que se esperaban lluvias por estos días – simplemente comentó.
Zuko miró hacia el cielo nocturno, evidentemente estaba muy obscuro y no se veía ninguna estrella, sintió la humedad y el olor a tierra húmeda que el viento traía. Si, esa noche llovería.
- Como maestra agua es muy buena, Pakku la ha estado entrenado bien – agregó el hombre del té.
Que hablaran de ella solo le hiso recordar a Zuko cierta duda que tenía. Muy en el fondo sabía que su tío parecía demasiado ingenuo, pero obviamente no era así. Tenía el gran don de saberlo todo, especialmente cuando a personas se trataba. Y el echo de que estuviera mencionando a la maestra agua le dio la oportunidad de preguntar algo que le estuvo rondando en la mente desde hace tiempo.
- Tu... Sabías quien era ella?
Iroh sonrió - ¿Te lo dijo? – Zuko solo asintió - ¿Una rara combinación no crees? Pero si ese es el resultado de la unión del fuego y el agua entonces es muy buena – termino de decir con una sonrisa.
- Tío – le regañó, no era esa la explicación que buscaba.
Él solo sonrió un poco más - Cuando recibí la carta de Piandao, no me sorprendí que me pidiera que cuidara de su hija, lo que me sorprendió fue verla cuando finalmente llegó a Ba Sing Se. No tuve que pensar demasiado para saber como es que paso, pero si me impresioné cuando supe quien era su abuela.
- ¿La conociste?
Negó con la cabeza – Desde el inicio de la guerra las Tribus Agua fueron consideradas como los principales enemigos a vencer y conquistar. Como el elemento opuesto natural era evidente que serian los únicos que estarían al nivel de nuestra fuerza, pero nunca iniciaron un ataque en nuestra contra, solo cuando nos acercábamos a sus territorios es cuando se defendían. Sin embargo no por ello dejaron de considerante una amenaza, se habían enviado tantos grupos para conquistarlos que ya no resulta fácil recordarlos, pero si se de algo, el momento en que dejaron enviar los buques de guerra fue cuando se comenzó a escuchar de ella – Zuko escuchaba atento – Los soldados la llamaron "La Titiritera" no solo como maestra agua era muy fuerte, si no también poseía un poder mas allá del inimaginable. Tenía una habilidad única que le permitía controlar los cuerpos de las personas.
- Sangre Control – susurró sin querer.
Recodar lo que pasó en el buque de Azula le hiso sentir un pequeño escalofrió, resultaba realmente extraordinario el alcance de aquella habilidad, definitivamente era como controlar muñecos con hilos. Su tío lo miraba sorprendido – Katara también puede hacerlo – completó.
El ex general suspiró en silencio mientras miraba el firmamento nocturno, una brisa fresca con olor a lluvia golpeó su rostro.
- Existen ciertas habilidades que solamente pueden ser heredadas. He escuchado de maestros fuego capaces de controlar la erupción de un volcán o maestros tierra que crean terremotos con solo dar un paso. Se lleva en la sangre y no se puede ocultar, es algo a lo que estas destinado a tener. Sabía indudablemente que Pakku lo notaría. Debes saber que en estos momentos el no esta muy feliz con Piandao por haberla mantenido oculta.
Eso sorprendió a Zuko – No puede culparlo. Él es su padre, hiso lo que consideró correcto para ella.
- Y estoy de acuerdo con eso. Supongo que su mayor molestia fue que la mantuvo mucho tiempo en la Nación del Fuego, tal vez Pakku consideraba mejor que la hubiese enviado al sur para estar a salvo.
Zuko soltó un bufido – Seguramente – Iroh lo miró – Tu y yo sabemos lo que les pasa a las personas cuando saben que son de la Nación del Fuego. Aunque Katara sea una mestiza tal vez eso no la excluya tanto. Creo que incluso es peor – la mirada de su tío siguió fija en él – Mientras buscaba a los maestros fuego mestizos no tienes idea del odio y repudio que vi en las demás personas solo con mencionarlos. Incluso algunos de ellos lo consideran una aberración – apretaba sus puños con fuerza.
- Sin importar de quien desciendas, es la manera en que aceptas la sangre que corre por tus venas lo que al final determinará quien eres en realidad – habló con calma – Cuando conocía a Katara solo pude pensar que ella es una muestra de que no tenemos que vivir como naciones separadas. Siempre ha sido así Zuko, los maestros agua recluidos en los polos, los monjes del aire en sus templos, mientras que nosotros no creemos en la mezcla de sangres. El mestizaje no se dio hasta que inició ésta guerra, pero siempre es necesario dar un primer paso para lograr el cambio. Que los mas opuestos de los elementos se unieran creando algo único es la prueba de ello.
Una gota calló en el suelo de piedra.
- Esa es la verdadera paz Zuko, no solo consiste en terminar una guerra y hacer que todos vivan en armonía, es crear la unión entre las naciones, el verdadero equilibrio es que no nos veamos como cuatro naciones diferentes, si no como cuatro partes de un todo. Terminar esta guerra será solo el inicio, lo que pase después es lo que determinará el rumbo de las cuatro naciones.
- ¿Qué quieres decir?
- Si la guerra inició con la Nación del Fuego, es ahí donde debe terminar, y es ahí donde también comenzará una nueva era, un nuevo imperio dirigido por un hombre que sepa guiar a su pueblo por el camino correcto.
Su cuerpo se paralizó. Las gotas comenzaron a caer.
- No...
- Solo tu puedes hacerlo Zuko.
- No, nunca hablamos de esto, no puedes...
- Eres el príncipe heredero, eres tu quien deberá ser coronado como el próximo Señor del Fuego.
- ¡Fui desterrado! – un relámpago hiso eco, la lluvia caía como una fina cortina de agua sobre ellos mojándolos – Además tu debiste de convertirte en el Señor del Fuego no mi padre, ese es tu lugar tío ¡El derecho que te corresponde de nacimiento!
- No estaba en mi destino ser el Señor del Fuego Zuko, ese es el tuyo ahora.
- No puedo dirigir una nación tío.
- ¿Pero si puedes terminar una guerra? – le reprochó.
- ¡No es lo mismo! – su palabras eran duras – No es difícil convencer a alguien a que se una para vencer a mi padre ¿Por qué me convertiría en el señor de una nación que me odia? Soy un traidor a sus ojos, un desterrado sin honor. Tu mismo lo has visto, son fieles a mi padre y seguirán sus ordenes hasta el final. Ninguno de ellos me respetaría aun si el mismo Agni apareciera y me nombrara Señor del Fuego.
Un incomodo silencio se situó entre ellos donde solo se escuchaba la lluvia que caía y golpeaba todo, se sentía frio, pero los maestros fuego estaban lejos de sentir mas allá de la humedad en sus ropas. Zuko se veía molesto y podría apostar que casi temeroso.
- No todos son hombres fieles a tu padre Zuko – hablo con calma mientras su rostro era golpeado sin piedad por la fina agua, sus palabras llamaron la atención de su sobrino – Durante muchos años han existidos personas en la Nación del Fuego que están en contra de esta guerra.
- ¿De que éstas hablando?
- Cien años de guerra no es algo que muchos puedan soportar, e incluso una nación por mas fuerte que se considere tarde o temprano se cansará. Creer que eres el único que ha pagado el precio por faltarle el respeto al Señor del Fuego es estar equivocado – sintió su cicatriz arder – Hay muchos mas que desean terminar esta guerra Zuko.
El príncipe de fuego se quedó sin habla.
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…
