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Capítulo VII
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Podía sentirlo. Cada ser, por pequeño que fuera, espíritu o humano, su presencia era percibida como una lucecita en un mar de luciérnagas. Todos brillaban moviéndose en armonía.
Como todo en el universo las fuerzas conviven en dos partes para mantener el equilibrio. Algunos lo llaman el bien y el mal, la luz y la obscuridad, lo espiritual y lo material. Pero dos fuerzas opuestas no necesariamente tienen que ser malas o buenas. No existiría la luz si no hubiese obscuridad y solo cuando una pequeña flama es encendida, es que se crean sombras. Al final todos forman parte de un todo, y todos son iguales.
El agua necesita del sol para hacer su ciclo, el fuego del aire para arder y la tierra de los tres para crecer. Uno sin el otro no pueden existir. Es por eso que los cuatro elementos deben de convivir en paz y armonía. Si uno de ellos cambia los otros tres se desestabilizan y se creará el caos. Y si el mundo de los hombres cae en caos el de los espíritus también. Los seres de ambos mundos van de la mano.
- El día se acerca...
Su antepasado estaba de pie a su lado. Roku miraba el horizonte.
- Cada vez son mas fuertes...
Una nube negra se alzaba a lo lejos. La negrura hacía contraste con el azul de un día despejado, los rayos se vislumbraban con un sonido ensordecedor convirtiendo todo en cenizas. La imagen del gran cometa se podía apreciar en lo alto del manto negro acercándose a ellos envolviendo todo en un mar de fuego.
Aang abrió los ojos un poco agitado, su frente estaba perlada de sudor, haciendo inhalaciones profundas pudo recuperar un poco de su calma.
- Supongo que lo que vio no fue agradable.
El Gurú se encontraba sentado a su lado en la misma pose que él. Su entrenamiento como avatar avanzaba rápido. Durante las últimas semanas estuvo meditando, abriendo las puertas que le permitían dominar cada uno de los elementos y controlarlos de manera eficaz. De igual manera sus viajes al mundo de los espíritus se volvieron continuos. Conoció por primera vez a algunos de los grandes espíritus que dieron origen a los elementos. Para el fue un honor pues no se mostraban ante nadie.
Se sentía casi realizado como avatar, pero la prueba mas grande estaba por venir. Parte de su deber era mantener el equilibrio en el mundo de los hombres, y ese equilibrio fue roto cuando la Nación del Fuego ataco a sus países hermanos. Ahora era su deber restaurar la paz perdida.
- El cometa llegará pronto – le dijo al Gurú – La Nación del Fuego consumirá al mundo si no los detenemos.
- Ahora tienes el poder para evitarlo, Avatar Aang.
El chico sonrió, sentía la confianza de poder restaurar el equilibrio del mundo y vencer a la Nación del Fuego, solo había algo que le preocupaba.
¿Cómo lo haría?
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La mañana llegó acompañada de lluvia y humedad. La fina cortina de agua cubría todo Ba Sing Se, las calles se mantenían desiertas, alguna persona caminando con cuidado y prisa por resguardarse. Muchos odiaban los días lluviosos pues te mantenían restringidos en tu hogar y si no tenias cuidado todo el piso terminaba manchado de lodo y agua por los que acababan de entrar. Pero había otras personas que disfrutaban de esos momentos, el sonido de las gotas golpeando la superficie como cientos de tambores pequeños resultaba relajante, el escenario adecuado para tomar una taza de té mientras observas el fenómeno natural. Sin embargo muy pocos veían la oportunidad de hacer algo mas con ese clima.
Sus manos se extendieron, una respiración profunda, cerro los ojos manteniendo sus sentidos en todo su entorno. Podía sentir el control en su elemento, cada golpeteo de las pequeñas gotas en cada parte de su cuerpo así como las que apenas venían en camino. Su corazón latía con calma, solo un instante y lo sintió venir. Con su mano ordeno a las gotas congelarse y dirigirse a su objetivo. Fueron evadidas con maestría por el maestro agua pero no se detuvo ahí, contraatacó con fuerza enviando una línea delgada de liquido sobre ella, evadirlo fue fácil, su rebote no tanto, sintió su espalda arder pero eso no la detuvo. Controlando los charcos que estaban en toda la explanada elevó picos de hielo que rozaban mortalmente a su oponente, uno de ellos se manchó de rojo demostrando que le había alcanzado, sin embargo siguió moviéndose con rapidez, pudo ver el destello de curación y supo que tenía que continuar atacando antes de que se recuperara. Lo vio girar mientras el líquido lo cubría en espiral siguiendo su movimiento, el agua fungía como escudo para cada golpe que le enviaba, decidió detenerse e intentar algo mas.
El ataque de remolino de agua era devastador y poderoso, y en las condiciones en las que se encontraban no dudaba que sería muy fuerte incluso para que ella lo pudiera evitar. Creó una cortina de hielo, deslizándose en ella ganó impulso elevándose lo mas que pudo, si bien esa técnica era invencible tenía una gran debilidad. El remolino te cubría de todo ataque exterior, pero desde lo alto se podía ver la pequeña entrada del embudo dejando expuesto a quien lo controlaba. Solo tenía una oportunidad que se limitaba a los escasos segundos en que pasaría sobre el remolino, no podía fallar. Manipuló el agua en un ataque certero, cuando se acercó a la apertura estaba lista para dejarlo ir, pero su oponente estaba esperándola, bastó solo un instante para darse cuenta de la trampa, fue tarde para ella. Cuando sus manos se movieron el remolino giró mas deprisa y desde el fondo el agua se impulsó hacia arriba dando a un solo objetivo. Litros de agua golpearon su pecho arrojándola hacia el lago.
Inhaló con profundidad al salir a la superficie. Batou la observó mientras nadaba hacia él, al salir del agua se dejo caer en la explanada donde estaban practicando. La miraba tratar de recuperar el aliento.
Cuando se enteró que el gran maestro Pakku había tomado a una discípula del Reino Tierra le pareció una broma de mal gusto. El antiguo jefe de la tribu del sur era muy estricto y selectivo cuando se trataba de elegir estudiantes, el tuvo que ganarse su lugar para poder ser entrenado por él y ahora con orgullo y sin temor a equivocarse podía decir que era el mejor de todos sus alumnos.
Había escuchado de otros de sus amigos como ella había sanado a la princesa del Reino Tierra, la curación había sido algo digno de admirar, nadie nunca había visto tal alcance con el agua control, desde entonces se había vuelto la favorita del gran maestro y en mas de una ocasión se les había visto juntos, platicando como si fuesen amigos de toda la vida. Decir que sentía celos de la nueva estudiante era quedarse corto, ni siquiera se molestó en preguntar que diablos hacía una maestra agua en el Reino Tierra, pero en el momento en que Pakku le dijo que combatiría contra ella de ahora en adelante no dudó en ningún momento en hacerle ver lo que era un combate con un maestro agua tan excepcional como él.
Sin embargo, la chica era realmente buena.
Su forma de pelear era muy diferente a la que el había aprendido y eso lo hiso sentir aun mas celos, ¿Acaso Pakku la había entrenado de manera especial? Era evidente que sabía trucos que el no, pero también algunos de ellos nunca los había visto practicar a su maestro. Si bien aun no lo lograba vencer no fue por sus malos ataques o que estos fueran débiles, Batou además de concentrarse en su entrenamiento como maestro agua también se entrenó en la lucha y el ataque con armas. Kenai había sido su maestro y compartió clases con el príncipe Sokka, su formación le permitió mayor fluidez en algunos ataques así como en la ofensiva, gracias a ese entrenamiento extra que se autoimpuso pudo evitar muchos de los ataques mortales de la chica, lo que lo llevó a pensar que su entrenamiento previo debió haber sido muy bueno. ¿Quién la pudo haber entrenado antes que Pakku? La duda ya había sido plantada y ahora nacía como una curiosidad en saber mas de ella.
- Eres realmente bueno – habló agitada, ese golpe le había sacado el aire, con seguridad tendría un cardinal en la mañana.
- Y tu eres mortal – admitió.
Katara giró su cuerpo para verlo, estaba de pie a unos cuantos metros de distancia, no se veía tan cansado como ella, una de sus manos estaba en su costado. La lluvia y sus ataques los había dejado completamente empapados haciendo sus ropas no solo mas pesadas si no también obscuras, fue capaz de percibir el tinto sobre el azul. Se dirigió a él con rapidez.
- ¿Te lastimé demasiado?
- Ya sanó – trato de sonar lo menos adolorido posible.
Pero ella no le creyó - Déjame ayudarte.
Quitó su mano dejando ver la rasgadura en su ropa y sobre la abertura una línea delgada en color rojo. Si había algo que Katara tenía que admitir sería que como maestro agua Batou era formidable, pero como sanador aun le hacía falta.
Su mano era pequeña, envuelta en el guante de agua vio el brillo y sintió una calidez muy agradable siendo bienvenida por el clima fresco en ese momento. La lluvia aun seguía cayendo pero a ninguno de los dos le molestaba. Él era mas alto que ella, seguramente uno o dos años mayor también, se veía muy joven, sus largas pestañas que ocultaban sus grandes ojos parecían un abanico en color negro desde su perspectiva, también pudo ver que su nariz era pequeña y sus labios tentadores, había un ligero rubor en sus mejillas seguramente por todo el ejercicio del combate.
- ¿Eres del norte?
Las palabras salieron de su boca antes de que pudiera detenerlas, sintió que el calor desaparecía de su cuerpo y los ojos azules lo miraban.
- No - pareció dudar un momento - Soy de la Nación del Fuego.
Su cuerpo se congeló.
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- Estas distraído.
Zuko miró al príncipe del Sur; había pasado una semana desde que su tío le contó una verdad reveladora. Saber que existían traidores en su nación le había sorprendido, pero lo que esperaba de él era lo que lo mantenía en aquella situación. Se había conservado demasiado taciturno y distante, no volvió a hablar con su tío respecto a ese tema y siendo honesto lo evitaba, verlo a él era recordar sus palabras.
- Tu también.
Sokka guardó silencio por un momento – Se trata de Suki.
El maestro fuego lo miró ahora con interés. La figura de su amigo acostado en el suelo le mostraba que tal vez estaba sufriendo el mal de amores.
- ¿Sabías que si vences a una guerrera Kyoshi tienes el derecho de desposarla?
- ¿Es una tradición de su isla?
- Sí. Yo la vencí. Y ahora es por derecho mi mujer.
Zuko trataba de recordar en que momento pasó eso, pero aunque no encontraba una pelea donde Sokka saliera victorioso solo pudo suponer que debió pasar algo mientras nadie miraba. Por otro lado ya le parecía sospechoso el interés que mostró por la Kyoshi cuando estaba perdida y eso solo afirmaba la sospecha anterior, para ser honestos Sokka no disimulaba nada el naciente aprecio hacia ella el cual parecía ser correspondido.
- Creo que le gustas.
- La amo.
Ahora Zuko lo miró con los ojos abiertos. No esperaba que declarara abiertamente sus sentimientos tan rápido.
- Y eso es un problema.
- ¿Por qué lo dices?
- Estoy comprometido.
Lo había olvidado. La principal razón que lo llevó a huir con ellos había sido esa en particular, Sokka había huido del compromiso que se le impuso.
- ¿Qué piensas hacer?
- Esa es la cuestión.
Su vista se perdió en el techo tratando de que la respuesta se encontrara entre las formas torcidas de la madera obscura. Afuera la lluvia seguía cayendo, el clima no ayudaba en el estado de animo del guerrero.
- ¿Alguna vez has tenido que decidir entre hacer lo correcto o lo que tu corazón desea? – simplemente preguntó – Soy un príncipe, el próximo jefe y tengo mis responsabilidades, se todo lo que tengo que hacer y como hacerlo, me instruyeron para eso, mi compromiso con Nala es solo para la aseguración de la descendencia y fortaleza de la tribu, como si fuera un espacio mas en la lista de cosas por hacer. Es mi deber casarme con ella, se que si no lo hago puedo ocasionar una disputa entre los clanes; cuando mi padre se comprometió la chica elegida había huido de la tribu por estar en desacuerdo, casi marginan a todo su clan por ello, por suerte tenía una hermana que tomo su lugar, mi madre. Se que mis padres se aman, y yo ya he encontrado el amor y no quiero dejarlo ir. Pero tengo que escoger ¿Estar con Suki toda mi vida? ¿O ser como mi tribu espera que sea? Realmente Zuko no se cual elegir.
Sokka no sabía del alcance de sus palabras. Se quedaron en silencio por un momento hasta que Zuko habló.
- Se lo es vivir con la decisión de hacer algo incorrecto bajo los criterios de los demás y sufrir sus consecuencias. Pero también he disfrutado de la satisfacción de seguir mi corazón y escucharlo, resulta mas placentero hacerlo de esa manera, aunque sea para uno mismo – hiso una pausa - He estado en ambas partes de la balanza y te puedo decir que todas tiene un lado bueno y uno malo. La diferencia está en no arrepentirse de la decisión que tomes.
- Eso realmente no ayuda en nada – se quejó, Zuko lo miró pasmado – Eres realmente pésimo dando consejos.
- ¡Que!
- Solo tenías que decirme si tengo que quedarme con Suki o seguir con lo que dicta mi tribu.
- Pues quédate con Suki.
- Eso ocasionaría una disputa entre los clanes.
- ¡Entonces cásate con tu prometida!
- Pero yo quiero estar con Suki.
- ¡Aagg! ¡Te comportas como un niño!
- ¡Es que no se que elegir!
- Sea cual sea tu decisión simplemente no te arrepientas de haberla tomado.
- ¿Tu que harías?
- ¿Qué?
- ¿Qué harías si estuvieras en mi lugar?
Su pregunta lo tomó por sorpresa. ¿Qué haría él? Solamente hubo una sola cosa que le llegó a la mente, una respuesta en forma de pregunta.
- ¿Vale la pena?
Sokka lo miró por un largo momento, entonces vio esa chispa en sus ojos azules que solo se presentaba cuando tenía algo en mente y no paraba hasta logarlo.
- Lo vale – respondió sin dudar.
Zuko le sonrió, había encontrado su respuesta.
- Espero que deje de llover – comentó después Sokka – No me gusta mucho cuando llueve.
- Katara dijo que lloverá el resto de la semana.
Entonces pensó en ella. ¿Qué sucedería con ellos si se llegara a convertir en el Señor del Fuego? Sintió algo en su pecho que no le gustó demasiado.
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De pronto todo se había vuelto mas frio, a pesar de que el clima en el Reino Tierra no era nada comparado con el sur, sintió su piel helarse por lo que acababa de escuchar. Ella ya no lo miraba, esperando tal vez su respuesta, pero no pudo decir nada. Katara se separó un poco de él.
- Supongo que es todo por hoy, me despido - dando una pequeña inclinación se alejó.
Batou solo la miró perderse en la fina lluvia de aquel día gris.
Había algo en el pecho de Katara que se sentía un poco pesado, desde el momento que salió de su hogar sintió que era juzgada injustamente. Ella no era mala y no todos los ciudadanos de su nación lo eran. No quería que Batou la odiara, pero al saber su procedencia seguramente lo haría. Se detuvo mirando el cielo obscurecido por las nubes. Las gotas cayendo con suavidad tocando su piel. Esperaba algún día no sentirse de esa manera cada vez que le preguntaran su origen. Una mancha roja llamó su atención. Reconoció a la figura voladora de inmediato. Corrió hacia donde sabía llegaría.
- Señor Yang Ming – habló agitada.
Observó a la maestra tierra leer el pequeño mensaje con un rostro de contrariedad y temor. Katara se encontraba en la casa del señor Iroh, el halcón de Zuko descansaba todo empapado en su columpio.
- Es un mensaje de Sun Hee – apenas y habló – La Nación del Fuego los ha encontrado.
El corazón de Katara se detuvo.
Las cosas fueron puestas en Appa tan rápido como pudieron. Ni siquiera se detuvieron a ver que es lo que llevaban, simplemente tomaban los bultos y los echaban a la silla.
- Les enviaremos ayuda tan rápido como sea posible – habló Iroh mientras veía al grupo de chicos subir al bisonte.
- Te avisaré con Ulu – su halcón, que ya estaba mas que dispuesta en partir con ellos.
- Katara – Kuei llamó a la maestra agua, estaba apunto de subir.
- No se preocupe – con solo mirarlo era mas que obvio que estaba mas que aterrado por Toph – La traeré de regreso, lo prometo.
El agradeció en silencio. Detrás de él Katara pudo ver a Batou, se mantenía alejado pero aun así lo distinguió entre las personas que ahí estaban. No pudo descifrar su rostro, pero tampoco perdió tiempo en hacerlo. Sokka la llamó para subir. En el instante en que estuvo en la silla Zuko le ordenó a Appa volar.
A pesar de que la lluvia era mas fuerte Katara supo manejar la situación. Les permitió avanzar rápido gracias a que los mantuvo protegidos. Pero era inevitable que el bisonte se cansara y para el anochecer se vieron obligados a descender en una isla.
- Es probable que siga lloviendo de aquí al templo – dio su punto de vista mientras veía como se acomodaban en la cueva. A pesar de que Appa no le gustaba mucho estar bajo tierra se conformó con quedarse cerca de la entrada, la gran bola peluda servía también para cubrirlos del aire y la brisa que se podía filtrar. Un fuerte relámpago hiso que se inquietara, Katara lo acarició suavemente para calmarlo.
- Tal vez no tengamos que llegar hasta el templo – habló Sokka mientras observaba un mapa, la gran fogata que creó Zuko le permitió ver con claridad cada punto trazado en el papel.
- ¿Puedes ver hacia donde pudieron haber huido?
El mensaje que recibieron de Sun Hee estaba incompleto y escrito con presura, con seguridad lo hiso mientras estaban huyendo, lo que significaba que tuvieron éxito en escapar. La otra posibilidad era que se estuvieran dirigiendo a una trampa, ninguno de los tres se atrevía a decirlo, preferían guardar las esperanzas y arriesgarse.
- Este mapa no muestra mucho sobre la isla donde esta el Templo del Oeste, pero - hiso de lado el papel para sacar otro de una bolsa, lo extendió con cuidado - Aquí podemos ver mejor la geografía del lugar.
Zuko y Katara estaba sorprendidos, el nivel de detalle de los trazos y líneas dibujadas era asombrosa - ¿Dónde conseguiste este mapa? – preguntó Zuko, pudo ver incluso pequeñas anotaciones en un idioma que no conocía.
- Lo tomé prestado de la gran biblioteca.
- ¿Fuiste tu? – lo recriminó.
- ¿Qué tiene de malo? Las cosas son echas para usarse Zuko ya deberías saberlo.
Se tuvo que tragar la gran cantidad de comentarios que quería decirle. Y pensar que había culpado al hombre universitario al que acompañaron por haber sido el que provocó la furia del guardián cuando los acusó de ladrones y mentirosos ¡Por su culpa casi se quedaron enterrados en la arena!
– Ahora bien – continuó Sokka – En este mapa muestra la estructura de todo el templo y la superficie que la cubre. Si los atacaron y tomando en cuenta que no tenían medio para huir, lo mas probable es que hayan escapado por tierra. Ellos estaban aquí – señalo un punto entre las líneas, efectivamente tenía la forma de algunos salones y explanadas donde los habían dejado – Así que el camino que debieron haber tomado fue por acá – señaló un lado opuesto.
- Pero en esa dirección esta la playa – comentó Katara.
- Así es, es mas que seguro que los soldados se dieran cuenta que son maestros tierra, así que cuando huyeron debieron de suponer que se adentrarían a la isla, donde hay mas oportunidad de defenderse, por lo tanto fueron hacia allá en su búsqueda.
- ¿Pero si es así porque dices que fueron a la playa?
- Por Ulu – fue su simple respuesta.
- Ulu es capaz de volar grandes distancias en cuestión de horas, llegó a Ba Sin Se a medio día, así que Sun Hee debió de haber escrito el mensaje al anochecer – agregó Zuko.
- Si mido la distancia del templo hacia un lugar considerado seguro para salir, y agregándole el tiempo que tardó Ulu en llegar sería este el sitio por donde ellos escaparon – señaló cerca de la costa.
- Además Sun Hee es un estratega, no iría hacia un lugar donde sabría que los buscarían – apoyó Zuko – Si llegaron a la costa pudieron haber huido por el mar, Aang domina muy bien el agua control.
- ¿Y a donde pudieron haber huido? – preguntó Katara – La distancia del templo hasta la próxima isla es demasiada – marco ese punto creando una circunferencia imaginaria en el mapa - Aun con el agua control si no tienen un bote no pudieron llegar muy lejos.
- Tal vez esto nos de una respuesta – del bolso sacó otro mapa, uno aun mas grande que el anterior y lo extendió por completo.
Zuko lo miró con reproche - ¿Cuántos mas robaste?
- Solo los interesantes – dijo con descaro – Muy bien Katara, tomando en cuenta que sabes mejor que nadie la velocidad con la que se desplaza un maestro agua ¿Hasta donde crees que llegaron?
Aunque quería responderle estaba distraída por el papel cartográfico frente a ella, Sokka había colocado el mapa aun lado del anterior, parecía que ambos se complementaban pues uno comenzaba exactamente donde el otro terminaba.
- Espera, este es un mapa de la Nación del Fuego – reconoció Zuko. Katara ni siquiera lo había notado, pero viendo con detenimiento logro distinguir algunos nombres ahí escritos, vagamente los recordaba de entre los libros que llegó a leer.
- A sí es, fue uno de los poco que logré rescatar – Sokka recordaba como la parte destinada a la Nación del Fuego se encontraba echa cenizas, solo en el fondo, en una habitación muy apartada logro encontrar esos pocos ejemplares intactos.
- Un momento ¿Crees que ellos huyeron a la Nación del Fuego? – preguntó sorprendida Katara.
- Solo creo que ninguno de los tres tiene sentido de la orientación, seguramente solo tomaron la primera dirección que se les ocurrió y siendo Aang el que guiaba es muy probable que fueran dirección suroeste.
Justo hacia la Nación del Fuego.
Suspiraron con resignación, no sabían si eso era muy bueno o muy malo. Katara echo otro vistazo al mapa – Aquí – señaló un punto, una isla rodeada de diferentes archipiélagos – Aang siendo el avatar es posible que logre avanzar el doble de velocidad que yo, este sería un buen punto para descansar.
- Entonces se encuentran en la isla de... ¿Guerreros del Sol?
- Son la antigua civilización de los maestros fuego – aclaró Zuko – Se creían perdidas.
- Bien, partiremos ahí al amanecer.
- Espera ¿Por qué piensas que estarán ahí? – preguntó Katara - Aun con este clima nos tomará cerca de... dos días? En llegar – trató de hacer el cálculo - Si ellos se dan cuenta que están en territorio de la Nación del Fuego no creo que se queden mucho tiempo.
- Al contrario, creo que ahí se quedaran – hablo con seguridad – Que mejor que ocultarte dentro de territorio enemigo. Además estos mapas son muy viejos, ninguna de estas islas aparecen en los actuales. No creo que los busquen ahí.
Tanto Zuko como Katara se quedaron sorprendidos por su deducción.
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- ¿Cree que les irá bien? – Kuei preguntó a Iroh, estaban la casa del señor del té. La lluvia afuera no era muy fuerte pero si lo suficiente para empaparte un poco.
– Han estado viajando por el mundo sin ayuda de nadie los últimos meses, sabrán arreglárselas por su cuenta.
- Aun así – habló Kuei – Me sentiría tranquilo si supiera que están bien.
No podía evitarlo, estaba muy preocupado. La primera vez que se separo de Toph en ningún momento se le paso por la cabeza que ella resultaría herida, se preocupó si, pero una parte de el temía mas por los pobres que se cruzaran por su camino. A pesar del terrible ataque que sufrió se alegraba enormemente que estuviera sana y salva. Pero ahora que no estaba con él y sus amigos apenas iban en camino no podía evitar sentir esas ansias que lo estaban comiendo por dentro.
La puerta se abrió, de ahí dos mujeres entraron. Ambas hicieron una inclinación de respeto.
- Lamento mi tardanza.
- Ninguna dama debe disculparse por llegar tarde - habló Iroh.
- ¿Qué noticias nos trae tía Wu? – preguntó Kuei.
Yan Ming se sentó aun lado de Iroh, ella también estaba ansiosa por saber lo que diría su hermana.
La adivina los miró por un momento – El destino del mundo aun esta en juego. No he visto mas allá del día del cometa. Los futuros cambian constantemente, como el humo que se mueve por el viento, pero se que cada decisión que se toma hace que ciertas partes se vuelvan sólidas y claras.
- ¿Aun no esta segura de lo que pasará?
- Se que mucho dependerá de estos chicos. Y si tuviera que apostar, apostaría mi vida a que tendrán éxito.
- ¿Qué hay de los maestros fuego?
- Ya se han movido.
Yan Ming la miró fijamente – Tu sabías de esto ¿No es así?
- No – aseguró, sabía que se refería al repentino ataque de su sobrino - Pero de lo que estaba segura es que ellos no nos ayudarían desde aquí.
Guardaron silencio por un momento - Entonces todo ha comenzado – habló finalmente Iroh.
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- ¿La Nación del Fuego nos esta ayudando? – preguntó Batou a su maestro Kenai.
Esperó a estar a solas con él. Como era costumbre la mano derecha del jefe se encontraba sentado mirando hacia el jardín con una taza de té, observando la lluvia caer durante la noche. Convivían otros maestros agua en aquella casa pero seguramente todos ellos estaban durmiendo.
No podía evitar pensar en Katara y su confesión sobre su procedencia, ni siquiera podía creerlo. La pregunta que le hiso a su maestro fue simplemente deducción, si era verdad que ella era una maestra agua procedente de la Nación del Fuego, significaba que existía gente de ese mismo país ayudando ¿o no?
El hombre lo observó por un momento.
- Así es – le respondió con calma - Tu mismo conoces a dos de ellos – la mirada de duda de su pupilo lo hiso tener que explicarse – El señor Iroh y Zuko son príncipes de la Nación del Fuego.
Lo miró impresionado. Iroh lo había conocido vagamente, pero al otro joven, el chico de la cicatriz, Lee. Lo conocía a la perfección por el tiempo que pasó en la tribu. El sabía de su nombre verdadero, lo supo en el momento en que llegaron a Ba Sing Se. Pero no tenía idea de quien era.
- ¿No te lo explicó el gran maestro Pakku? – realmente le sorprendió su cara. Era mas que evidente que no sabía nada.
- No. El simplemente nos dijo que estábamos aquí para terminar esta guerra. Que trabajaríamos en conjunto con el Reino Tierra para lograrlo.
Kenai simplemente sacudió su cabeza a manera de negación – Creo que no les dijo nada solo para no crear una conmoción entre ustedes – o simplemente no quiso hacerlo, le dijo su mente, lo cual era lo mas probable – El príncipe Zuko y el general Iroh han estado ayudando todo este tiempo, también hay otros pero por cuestión de seguridad no se permite hablar de ellos.
- ¿Katara es uno de ellos? – simplemente preguntó.
Ahora Kenai lo miró con los ojos abiertos - ¿Cómo sabes de ella? – cuestionó.
- El gran maestro me hiso enfrentarme a ella como parte de su aprendizaje, ella misma me lo dijo después.
Suspiró, no le gustaba hablar sobre asuntos que no le correspondían pero incluso el quedó sorprendido cuando se le reveló quien era la maestra agua - ¿Qué fue lo que te dijo? – tentó terreno primero.
- Que es de la Nación del Fuego. Maestro ¿Cómo es posible que sea cierto?
- Lo es – aseguró – El padre de Katara es un soldado retirado de la Nación del Fuego y su madre una maestra agua del sur – la impresión no se le iba del todo - Ella es sobrina de lady Kya, y nieta de Hama.
La cara de sorpresa de su ex pupilo fue memorable.
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A la mañana siguiente el clima seguían siendo igual de malo, Katara temía que se convirtiera en un Tifón. Solo esperaba que no estuviera así todo el camino. Después de un desayuno rápido emprendieron el vuelo.
- Katara, nos elevaremos más – advirtió Zuko desde la cabeza de Appa, después de un día de vuelo se encontraban cerca de la línea de protección.
Con suma agilidad desvió la lluvia y nubes para poder abrirse paso con facilidad entre el cielo tormentoso. No fue nada agradable y los fuertes vientos los hicieron moverse peligrosamente, por suerte Appa parecía mas que capacitado para manejar la situación. El bisonte pudo evadir fuertes corrientes y aprovechar otras a su favor. En un punto entre el mar de nubes negras encontraron un poco de calma. La lluvia se detuvo y Katara pudo darse un respiro.
- Miren eso.
Sokka señaló hacia el mar. Las nubes a pesar de ser gruesas pudieron divisar entre pequeños espacios algo que los dejo perturbados. En el océano se podía apreciar una gran flota de acorazados. Zuko podía apostar que eran el triple de los que se enfrentaron en el norte. La Nación del Fuego ya estaba en movimiento.
Los tres no dijeron nada, pero fue mas que suficiente para acelerar sus corazones. Appa comenzó a ir mas rápido.
Descendieron en las ruinas de los primeros maestros fuego que existieron en el mundo, Appa se dejo caer en el suelo de piedra. El pobre animal había echo un gran esfuerzo en llevarlos hasta ahí sin haberse detenido nada mas que solo unos momentos para recuperar fuerzas y seguir.
- Bien echo Appa – acarició Zuko a su peludo amigo, el cual solo gruño un poco para después quedarse dormido.
Las nubes de lluvia parecían cubrir todo el mundo, aun después de dos días de camino el clima no parecía mejorar para nada. Estaba húmedo y fresco cuando llegaron, las gotas caían suavemente aunque la negrura de las nubes les indicaban que podría empeorar. Se detuvieron en el centro de la ciudad, estaba deteriorada y la naturaleza había reclamado gran parte de ella. Appa descansaba en lo que seguramente fue un mercado techado.
Zuko le echo un vistazo a su halcón. Su plumífero amigo estaba mas que despierto, cuando escuchó que lo llamaban inmediatamente voló hacia él posándose en su brazo. Lo acarició en el pecho.
- Ulu busca a Aang.
Y el halcón emprendió el vuelo.
- ¿Crees que pueda encontrarlo? – Katara miraba como el ave se convertía en una mancha roja en el cielo gris.
- Ulu es un halcón rastreador. No esta entrenado para ir y venir a un mismo lugar, una vez que conoce el objetivo es capaz de encontrarlo aun si recorre grandes distancias.
- Bien, echemos un vistazo a este lugar – declaró Sokka.
Los tres se separaron viendo todo alrededor. En un punto decidieron escalar la edificación mas grande. Con seguridad un templo dedicado a Agni, desde ahí podrían observar toda la ciudad.
Sokka se adentro al pequeño templo que estaba al final de las escaleras. Tenía varias esculturas que formaban un semicírculo. Lo extraño es que eran iguales solo que estaban colocadas de lados opuestos.
- ¿Qué es esto? – le preguntó a Zuko. El esperaba encontrarse con una gran imagen de un dragón, no con estatuas en posiciones extrañas.
El maestro fuego tampoco parecía entender, se agacho un poco al pie de una de las estatuas donde pudo leer una inscripción tallada en piedra – La danza del dragón… bailarín?
Ni el parecía creerlo. Sokka no pudo evitar reírse – ¿Así que ustedes bailan para los dragones? – se burlaba – Debe ser un baile muy macho – seguía diciendo mientras imitaba las poses de las estatuas.
Zuko lo miró nada feliz pero tenía que admitir que resultaba un poco ridículo. Las estatuas dejaban una idea de como eran sus antepasados. Los primeros maestros fuego del mundo, su vestimenta era muy poca pero se podía apreciar que eran feroces guerreros. Temibles incluso. Pero que hicieran algo llamado la danza del dragón bailarín resultaba un poco insultante.
- Vamos Zuko baila conmigo – Sokka seguía disfrutando eso – Hay que bailar con el dragón – imitó una de las pose.
Lo ridículo que se veía le causo gracia, ni siquiera era capaz de imitar correctamente las posturas, no pudo evitar reírse por su amigo.
- Si lo vamos a hacer hay que hacerlo bien.
Era increíble que estuviera dispuesto a hacerlo, pero ese era el poder de Sokka, de alguna u otra manera los convencía a él y a Aang de hacer cosas estúpidas. Aunque en esta ocasión lo hacía para demostrar que el baile para el dragón no era del todo ridículo, sentía que era su deber defender las costumbres de sus antepasados.
Los dos se colocaron frente a la primera imagen, cada uno en un extremo de la habitación, después de una cuenta regresiva comenzaron. Los movimientos ya no parecían tan grotescos, Zuko los reconoció como algunas poses de fuego control. Lo que no sabían ambos chicos es que al imitar las poses estaban activando un mecanismo muy antiguo de aquella habitación. Al final los dos terminaron frente a frente. Se miraron como si hubiesen echo la gran obra. Ya no parecía tan ridículo ¿O si? Pero un ligero temblor les hiso pensar lo contrario. Del suelo se abrió un hueco y de ahí se elevó una pequeña plataforma, en la parte superior se podía ver un huevo dorado.
Se miraron sorprendidos.
Katara caminaba por la parte exterior del templo al final de la pirámide. Tenía una mejor vista de todo el lugar. Al llegar a la parte trasera observó dos montañas a lo lejos, eran inmensas y estaban unidas por un puente. A pesar del bosque que los cubría hasta sus faldas, estaba casi segura que la ciudad se expandía hasta allá. Escuchó un relámpago a lo lejos y el viento que sopló con mas fuerza le indicaba que la lluvia pronto arreciaría. Siguió observando las montañas gemelas hasta que notó algo que llamó su atención. Había humo entre los árboles. Era una delgada línea subiendo al cielo pero ahí estaba.
- ¡Katara!
Un grito y se alarmó. Rápidamente corrió hacia el otro lado solo para encontrarse con un muro de piedra donde antes estaba la puerta.
- ¡Muchachos!
- ¡Estamos atrapados! – logro escuchar.
Trató de romper el muro con sus ataques de agua pero resultaba imposible, la piedra era demasiado gruesa. Buscó otra forma de ayudarlos y en su búsqueda se le ocurrió subir al techo. Ahí encontró una pequeña trampilla, se arrodillo para poder ver que pasaba.
- Katara ayúdanos – apenas y pudo hablar Sokka.
Él y Zuko estaban sujetos de la misma trampilla, una extraña especie de sustancia color musgo los estaba cubriendo. Ella sin querer se alejó un poco, los dos estaban casi totalmente cubiertos, a esas alturas solo podía ver sus rostros. La trampilla nada mas estaba cubierta por una reja, hubiera sido fácil cortarlas si no fuera que los dos chicos tenían sus caras rozándola. Así que optó por hacer algo estúpido. Con sus manos sujetó la reja para tirar de ella, pero al hacerlo quedó en contacto con la cosa verde e inmediatamente quedó adherida a ella.
- ¡No lo toques o que te quedaras pegada! – le gritó Sokka.
- ¡Me lo hubieses dicho antes!
Trataba inútilmente de zafar sus manos, pero se dio cuenta que resultaba inútil ¿Qué diablos era eso?
- ¿Qué fue lo que paso? – preguntó después de darse por vencida.
- ¡Zuko tocó el huevo!
- Cierra la boca, tu también lo ibas a hacer.
- Pero tu fuiste quien lo hiso a final de cuentas.
- Todo por que quisiste hacer el baile del dragón.
- ¡Basta! – gritó Katara, por Agni parecían niños – Tenemos que ver la manera de librarnos de esto.
- ¿No puedes hacer algo con tu agua control?
- No puedo hacerlo si mis manos están pegadas.
La lluvia comenzó a caer como un fuerte aguacero. Fabuloso, las cosas no podían ir mejor. Katara sintió una fuerte brisa, mirando hacia un lado observó una figura que la hiso sonreír.
- ¡Aang!
El monje se acercó a ellos, Momo estaba en su hombro y Ulu bajó al lado de Katara.
- Hola chicos – saludó con una sonrisa.
Que una extraña sustancia rodeara tu cuerpo y se adentrara en lugares de los cuales no deseabas hablar era realmente incomodo, pero que un oso hormiguero te limpiara de esa misma sustancia recorriendo su húmeda lengua por esos lugares era aun mas perturbador. Los dos chicos nunca antes se habían sentido mas violados en su vida.
- Veo que les llegó mi mensaje – habló Sun Hee.
- ¿Cómo supieron que estábamos aquí? – preguntó Aang.
- Instinto básico – respondió Sokka, ni Sun Hee ni Aang supieron como tomar eso.
Para Zuko resultaba increíble que aun existieran guerreros del sol, según sabía ya no quedaba ninguno de los aborígenes de sus antepasados, pero ahí estaban. Una población de al menos cien personas, vivían un poco mas lejos de la ciudad principal. Todos ellos vestían igual que las estatuas del templo, eran guerreros sin lugar a dudas, había algo en sus miradas que te provocaba un ligero temor.
- ¿Cómo fue que los encontraron? – preguntó Katara.
- No lo sabemos – respondió Aang – Nos atacaron por sorpresa.
Zuko los miró casi sin creer, que los sorprendieran le resultaba imposible, especialmente por la aguda percepción de Toph.
- Hundir el buque de tu hermana no fue suficiente – habló después Toph – Tienen que venir a ver esto.
Se dirigieron a un claro, a pesar de la lluvia Katara los mantuvo secos, al llegar a donde la maestra tierra los guiaba se quedaron pasmados. La estructura, aunque no la habían visto completa si fueron capaces de reconocerla por los dibujos detallados de los planos.
Frente a ellos estaba un globo de guerra.
- ¿Cómo es posible? – Katara apenas y pudo formular la pregunta. Había dejado de protegerlos dejando que la lluvia callera sobre ellos libremente.
Sabía que construir esa cosa no sería fácil, tomando en cuenta que ellos robaron los planos y hundieron el primer prototipo resultaba difícil de creer que en poco tiempo ya hubiesen construido uno tres veces el tamaño del que ellos fueron capaces de ver.
- Eran dos – aclaró Sun Hee – El primero que nos atacó en el templo era mas pequeño, este estaba en la costa.
- Lo robamos para poder escapar – dijo después Toph – Pero lo mejor se encuentra adentro.
El grupo pasó al interior. La estructura era amplia, Toph no perdió tiempo y los llevó directamente a donde quería, a las celdas. Zuko entró observando a parte de la tripulación encerrada, esperaba encontrar mas. Le parecía casi imposible que tan pocas personas fueran capaces de movilizar tan gran estructura.
- Solo ellos se quedaron, el resto se fue a nadar al mar.
Los hombres vestidos de rojo observaron al grupo.
- ¡Por favor no nos maten! – habló uno de ellos acercándose a las rejas cuando Zuko paso por un lado – Solo estábamos siguiendo ordenes. Ni siquiera nos resistimos cuando tomaron el globo.
- ¿Cuáles fueron sus ordenes?
- ¡Que importa ya! – habló otro desde la celda de al lado – Todo esto es estúpido, seguir las ordenes de una mocosa es suficiente para saber que terminaríamos así.
- ¿Ordenes de quien? – preguntó Sokka.
- Lady Mai – dijo uno de ellos. La vista del recluso se dirigió al fondo de la cabina, ahí, en la última celda estaba la chica.
Zuko se dirigió a ella sin dudar. Estaba de pie con sus manos cruzadas en su pecho, sus ojos se dirigieron a él cuando quedó frente a su celda. Parecía algo irónico, hace unos meses que estuvieron en la misma posición, solo que ahora era invertida. No necesitaba decirle palabra alguna para saber lo que le iba a preguntar. Volteó la mirada dando por entendido que no le diría nada. Zuko entendió la callada hostilidad.
- ¿Qué estas haciendo?
Su atención se fijo entonces en la entrada de la celda. Katara estaba de rodillas con las manos extendidas entre las rejas sobre uno de los soldados.
- Esta herido – explicó a Toph, su vista fija en el hombre acostado en el suelo de metal, por su expresión era mas que obvio que algo le dolía – Tiene una... – palpó hasta que lo escuchó gemir de dolor – Tres costillas rotas.
- ¿Piensas sanarlo? – preguntó Toph sorprendida al ver como su amiga intentaba abrir la celda.
- Por supuesto, no puedo dejarlo así.
- Tal vez deba de recordarte que ellos trataron de matarnos por ordenes de aquella loca – dijo con ligera molestia - ¿O acaso ya olvidaste lo que pasó en Ba Sing Se? – le reclamó - ¡Tu y Zuko casi mueren!
El que mencionara su nombre dejó a los prisioneros sorprendidos.
- Toph - habló de pronto la maestra agua de manera seria – Eso no justifica el uso de violencia innecesaria.
- No atacamos a nadie cuando entramos al globo – corrigió rápidamente Aang – Se rindieron de inmediato. Solo a ellos los encontramos en la cabina de mando, así como dijo Toph a los demás los dejamos caer cerca de la costa.
A Katara le pareció extraño. Una vez que abrió la celda se inclinó frente al soldado, con delicadeza levantó parte de la armadura, se quedó estoica por lo que vio, su semblante cambió rápidamente.
- ¿Puedes moverte? – le preguntó. Aunque prefería no moverlo para no provocar mas daño no podía hacer mucho ahí, las celdas eran demasiado obscuras, ni siquiera tenían la ventilación adecuada.
- Un poco – apenas y pudo responder, el dolor era evidente.
Ante los ojos impresionados de los demás soldados vieron como la chica ayudó a su compañero a ponerse de pie con sumo cuidado mientras llevaba una mano a sus costillas. Sun Hee llegó después colocándose en su costado pasando el brazo sobre sus hombros para que apoyara su peso, Katara no iba a poder llevarlo sola y era evidente que el soldado no podía caminar bien por el dolor.
Así el grupo salió de la prisión.
- ¿Dijeron el nombre de Zuko? – habló uno de ellos.
- Eso escuche.
- Entonces ese era el príncipe Zuko? ¿El traidor?
Se veían incrédulos. Uno de los hombres miró a la chica que se mantenía callada al final de las celdas.
No fueron muy lejos, el mismo soldado les indicó donde estaba la enfermería. Lo colocaron con cuidado en una cama. En ese momento se dieron cuenta de algo, era mas joven de lo que creían. Tal vez tendría trece. Apenas un niño. Katara comenzó a desvestirlo quitando la pesada armadura con mucha delicadeza. Al quedar su pecho desnudo se quedaron sin habla por lo que vieron, incluso Toph. Zuko sabía que los maestros fuego poseían una condición física estándar, se necesitaba de mucho ejercicio para mantener la forma y poder lidiar con los combates; y estaba consiente de que los entrenamientos de los maestros fuego en la capital eran muy rigurosos, pero jamás creyó que en el estado actual del cuerpo del muchacho se tratase de un soldado.
Estaba demasiado delgado, incluso para alguien de su complexión y edad, sus costillas notables en su pecho desnudo, el lado izquierdo tenía un horrible morete en color purpura y rojo, una herida abierta dejaba salir muy poca sangre, no era reciente, supo reconocer la infección y la costra que se forma cuando la piel trata de sanar por si misma pero sin el cuidado adecuado volvía a abrirse, sin embargo no era la única, rastros de quemadura, heridas cicatrizadas y otros golpes marcaban el cuerpo del chico.
Zuko miró el rostro del joven soldado, estaba aterrado, podía ver su miedo en sus ojos obscuros tan igualable como el dolor que seguramente estaba sufriendo.
Katara no perdió mas tiempo e inmediatamente fue por un recipiente con agua.
- ¿Cuál es tu nombre? – simplemente preguntó al regresar.
- Han – su voz aun seguía pareciendo la de un niño, pero con los pequeños matices de los cambios cuando se entraba a la adolescencia.
– Han – repitió con una sonrisa - No te haremos daño, pero no te mentiré al decirte que esto no te dolerá. Ellos van a sujetar tu cuerpo – con una mirada los muchachos entendieron y cada uno tomo lugar inmovilizando sus extremidades evitando las zonas con heridas, el joven sintió pánico pero trato de ocultarlo – Sería contraproducente si te mueves demasiado ¿Esta bien?
- Puedes estar tranquilo – habló Aang – Katara es la mejor sanadora que existe.
No tan confiado aceptó, si lo que estaba sufriendo ya lo había soportado bastante ¿Que mas sería un poco de dolor?
Al notar que su cuerpo se relajaba comenzó. Hiso un guante de agua en su mano, toco su pecho sintiendo como su corazón latía frenético. Pero al descender a la herida sus gritos inundaron todo el globo.
Sokka liberó una de las piernas del chico, había dado una dura pelea, se dio cuenta al sentir sus brazos cansados de la presión que tuvo que ejercer para mantenerlo quieto. El ya había presenciado eso antes; existen heridas que resultan demasiado dolorosas de sanar, soldar un hueso era una de ellas y ni que hablar de regenerarlo, Zuko incluso hubiese sufrido igual al ser sanado por el ataque de Zhao de no ser que se mantuvo inconsciente todo el tiempo. El chico se había desmayado en el momento en que Katara terminó, ella se veía agotada, pero no la pudo culpar por ello, después de haber viajado en Appa manteniéndolos protegido de la lluvia todo el camino era normal que se sintiera cansada por el agotamiento de sus reservas de energía. Y su trabajo era admirable. Había sanado la herida, aunque era perceptible como una gran mancha morada en su costado, no lucía tan horrible como antes.
- Es todo lo que puedo hacer por ahora – un ligero sudor rozando su frente – Esta sumamente débil, anémico y la infección por no haber sido tratado debidamente lo estaba matando. Debe de recuperarse primero antes de continuar.
A Zuko ya le parecía demasiado extraño que no lo sanara al grado de dejarlo sin ninguna marca, pero debía tener razón en eso, incluso él sabía que si el paciente se encontraba débil no sería capaz de sanar como es debido y el tratamiento podía matarlo en lugar de mejorarlo.
- ¿Estarás bien si te dejamos con él?
- Yo me quedaré aquí – comunicó Toph.
El maestro fuego salió de la enfermería, con una mirada Sun Hee entendió que quería que lo siguiera, Sokka también lo hiso.
- ¿Qué fue lo que paso? – preguntó a Sun Hee a una distancia prudente.
- Fue al anochecer. No nos dimos cuenta que estaban ahí hasta que escuchamos la primera explosión. Aang logró desviar el segundo ataque mientras que Toph y yo cerramos todas las aperturas del templo manteniéndonos protegidos. Decidimos que escapar sería lo mejor, no teníamos idea de cuantos eran y si viajaban en esos globos Toph tampoco sería capaz de percibirlo. En la costa encontramos este globo, no dudamos en tomarlo, necesitábamos un medio de transporte para huir. Así como el avatar dijo no los atacamos directamente, no se como ese chico obtuvo esas heridas.
Se quedaron pensando sobre eso, y aunque podían existir diferentes teorías al respecto ninguno las comentó.
- ¿Han dicho algo? – preguntó Zuko - ¿Saben como los encontraron?
- Ninguno ha querido hablar.
- ¿Conoces a la chica cierto? – la pregunta de Sokka iba dirigida a Zuko – Ella estaba en Ba Sing Se.
- Su nombre es Mai, y es amiga de mi hermana, pero no entiendo porque esta a cargo.
Sabía que era la hija de un noble y comandante del ejercito, su alto estatus le había echo merecedora de ir a jugar con su hermana en el palacio al igual que a Ty Lee cuando eran niños. No le impresionó mucho cuando se la encontró en Ba Sing Se porque estaba acompañada de Azula, seguramente fue ella quien les ordenó seguirla. Pero de eso a dirigir un globo de guerra y atacar al avatar había un abismo.
Los dos chicos miraron a Zuko dándole a entender que había una sola forma de encontrar respuestas. Dos regresaron a la prisión.
Los soldados se sorprendieron de verlos, pero uno de ellos iba a un lugar en específico. Sun Hee liberó el cerrojo sin ningún problema dejando la celda abierta.
- Acompáñame.
Por su seriedad Mai no esperó a que se lo dijera dos veces, pero tampoco obedeció de inmediato. Solo mostró su usual cara de fastidio mientras pasaba al lado del maestro tierra. El chico moreno la esperaba al final, salió primero ella seguida por él.
- Oiga – Sun Hee se detuvo dejando a los demás adelantarse - ¿Cómo esta el muchacho? – se dio cuenta de la vacilación en su pregunta, tal vez tenía miedo y como no, seguramente sus gritos se escucharon en toda la isla.
- Vivirá – parecían no creerle por lo horrible que había sido su agonía - Oh, ahora que lo recuerdo Katara preguntó si alguno de ustedes necesita de atención médica, esta dispuesta a ayudarlos.
Ninguno se atrevió a hablar. El maestro tierra entendió el mensaje saliendo de la prisión.
Mai fue llevada a la que fue, por muy corto tiempo, su oficina principal del globo de guerra. La vista panorámica dejaba ver todo en el puente. La figura del ex príncipe en el centro con sus ojos fijos en ella. Sentía su corazón latir como un tambor en su pecho. Resultaba imposible para ella evitarlo. Desechó todo eso para mostrarse ante él.
Sun Hee se quedó en la puerta mientras que Sokka se colocó en el extremo derecho de la habitación.
- ¿Por qué estas aquí Mai?
La misma pregunta pero en un escenario diferente.
- ¿Realmente necesitas preguntar? Porque creo que ya sabes la respuesta.
Su mirada le decía que tenía razón, él ya lo sabía.
- ¿Por qué? – ahora cuestionó el motivo.
- Porque el Señor del Fuego no perdona fallas – se tensó y lo pudo notar, casi disfruto hacerlo sentir de esa manera – Después de que mi padre nunca pudo conquistar Omashu – Sun Hee puso atención a eso – Y mi tío permitió el primer escape de la Roca Hirviente era de suponer que no estábamos en la mejor de las posiciones.
- Tus padres...
- Ellos están bien, incluso mi tío - admitió – De alguna forma el echo de que fueras tu el culpable lo distrajo del castigo que merecía – o la muerte segura.
- ¿Y te envió a ti para buscarme? – Ahora sabía que el objetivo había sido el y no Aang.
Ella guardó silencio sosteniéndole la mirada, de alguna manera no podía concebir en su mente la imagen de Mai siendo llamada por su padre para encomendarle su búsqueda y captura. Ella no tenía nada que ver en eso, era inocente de todo, no merecía tal encomienda, sería una tontería y suicidio hacerlo, especialmente porque el Reino Tierra era ahora libre y se defendería ante cualquier intromisión. Y en un instante la respuesta vino como un relámpago. Una idea del pasado que volvía.
La chica frente a él seguía con sus ojos fijos sabiendo con certeza que el ahora lo sabía. Que en verdad sabía.
Sokka observaba en silencio al igual que Sun Hee, no hacían falta palabras para saber el verdadero castigo. Si su familia debía de ser penalizada que mejor manera que haciendo que la mas joven pagara por ello. La misión dada no era mas que algo que sabían que fallaría. Esperaban que muriera.
Zuko desvió la mirada solo un instante, un simple momento en el que algo nació y murió en su interior, cuando levantó la cara caminó quedando frente a ella – Ya no eres una prisionera, tu y tu tripulación son libres – pasó de largo, Sun Hee abrió la puerta, el interrogatorio había terminado.
- ¿Seguro que es una buena idea? – Toph estaba en el pasillo con los brazos cruzados.
- No harán nada, ya han sido castigados lo suficiente.
Siguió caminando hasta salir de la aeronave. La humedad lo recibió, dejó que el agua lo bañara sintiendo como su calor interno disminuía. Miró su mano con molestia, como si buscara algo que no estaba ahí. Cerró su puño dirigiéndose al bosque.
Por la noche el grupo se reunió a cenar en una casa un poco mas grande de las que habían visto. En el centro había una gran fogata donde un guisado terminaba de prepararse. No había habitaciones, solo cortinas que fungían como separadores entre un espacio y otro. Desde que llegaron, el sacerdote, un hombre tan anciano como la misma civilización, había reconocido a Aang como el avatar, y lo trató como debería, según sus costumbres, ser tratado un personaje de su altura. Disfrutaron de una pequeña comodidad durante el corto tiempo que llevaban ahí. El jefe era otra cuestión. Al monje como si dudara que fuera capaz de hacer la gran cosa, a sus ojos solo era un niño.
Katara no estaba con ellos, se había quedado en el globo cuidando al joven que acababa de sanar, se negó a moverlo a otro recinto debido a su condición, además de que la enfermería contaba con todo lo necesario para tratarlo; su curación no estaba completa y necesitaba estar bajo vigilancia. Por supuesto no estarían muy tranquilos en dejarla sola en un lugar donde había maestros fuego, los recién liberados prisioneros se habían mantenido aun recluidos en el globo, pocos se atrevieron a salir, pero a esas horas seguramente estaban ahí, así que Toph se quedó con ella, la maestra tierra no dudó en acompañar a su amiga, pero mas que nada, Zuko sospechaba que estaba a la espera de la oportunidad de atacar a los maestros fuego si los veía como una amenaza.
El sueño no parecía llegar a él. Ya había dado varias vueltas en su saco de dormir sin encontrar una pose cómoda que le hiciera recibir el sueño, aunque el sabía que nada tenía que ver el acomodo de su cuerpo para poder descansar. Escuchaba los ronquidos de Sokka y lo envidió por lo profundo de su sueño. Se levantó resignado a que esa noche, al igual que los últimos días, tampoco dormiría.
La lluvia parecía haber cesado y por un momento fue capaz de apreciar el cielo nocturno, todo era fresco.
- ¿No puedes dormir?
Su cabeza se dirigió arriba, Aang se asomaba desde el techo. Le sonrió y subió a donde el maestro aire estaba meditando. Debía admitir que lo había echado de menos, se veía diferente, incluso tal vez un poco mas alto que la última vez que lo vio. Existía un aire de sabiduría y calma en el pequeño monje. Muy diferente a como lo había dejado en el templo.
- ¿Cómo fue tu entrenamiento de avatar? – al fin pudo preguntarle.
- Bien. Se todo lo que tengo que saber, aun me hace falta experiencia, pero confió en que lo haré bien.
- Yo también creo eso – le sonrió.
- Zuko – hiso una pausa mirándolo - ¿Desde cuando perdiste tu control? - los ojos del maestro fuego se abrieron con sorpresa - Puedo darme cuenta – explicó con calma pero a la vez preocupación – No puedo sentir tu línea de control, es como si estuviera bloqueada.
Volteó la mirada resignado. No pensó que alguien lo notara, pero que Aang lo descubriera significaba que en verdad había incrementado sus habilidades como avatar. Suspiró con resignación.
- Hace una semana mi tío me contó que existen traidores en la Nación del Fuego.
- ¿De verdad? – una inclinación de cabeza fue su respuesta – Siempre pensé que tu y tu tío no podrían ser los únicos en contra de esto. Eso es bueno.
- Sí lo es – dijo sin mucho animo.
- Por que siento que hay algo mas que eso – Agregó Aang. Ahora entendía que su bloqueo tal vez se debía a una preocupación o inseguridad, pero que existieran traidores en su nación no parecía ser suficiente para provocar tal estado en su amigo.
- Quiere que me convierta en el Señor del Fuego.
- ¿Y cual es el problema? – dijo sin sorpresa.
- ¿Tu también? – se quejó de que compartiera la misma opinión.
- Tu eres el heredero ¿O no? ¿Quién mas tomaría lugar como el próximo Señor del Fuego si no eres tu?
- No es tan simple – habló un poco molesto - Hace años yo era el príncipe heredero pero fui desterrado. Ahora soy un traidor a sus ojos. ¿Cómo voy a gobernar una nación que me odia?
Bien, ese era un buen punto, pero Aang pensaba diferente.
- Tal vez no todos te odien – Zuko solo lo miro sin creer sus palabras – ¿Recuerdas esa noche en el templo del sur, cuando me contaste quien eras? No te mentiré que solo por un momento llegué a odiarte, pero ese sentimiento se desvaneció de mi tan rápido como llegó; además tu parecías buscar redimir lo que tu nación había provocado. Yo te creí, aun lo sigo haciendo y no creo que tu tarea de terminar todo el daño causado por la Nación del Fuego termine cuando detengamos a tu padre y pongamos fin a la guerra. Debemos trabajar aun mas por mantener la paz. Si existen personas en tu nación que quieren que todo termine entonces estarán felices de que te conviertas en su nuevo líder y los guíes por el buen camino.
- ¿Crees eso? – preguntó con gran incertidumbre, aunque sus palabras parecían tocarlo en lo mas profundo.
- Me has ayudado todo este tiempo, aun en contra de lo que te enseñaron, en contra de tu nación y tu propia familia, te has ganado el respeto de otros líderes y cuentas con su apoyo y confianza, si ellos no son capaces de ver eso entonces no te merecen. Se que te convertirás en un gran Señor del Fuego Zuko.
Su corazón latía mas rápido de lo habitual. Algo en su estómago se situó y lo hacia sentirse extraño, conmovido.
- Además no creo que sea el único que piensa de esta manera – agregó después – Viendo todo lo que has hecho, que te conviertas en el Señor del Fuego parece la opción mas correcta. Y todos confiamos en que lo harás bien.
- ¿Todos?
- Sokka, Toph, Kuei y todas las personas que nos hemos encontrado y que nos han apoyado. Tu fuiste quien inició todo esto Zuko, no te has dado cuenta pero así fue. Tal vez comenzó contigo tratando de convencerme de vencer a tu padre y de alguna manera terminó convirtiéndose en esto, en la unión de tres naciones con un solo objetivo. Tu y nadie mas que tu lo logró y créeme cuando te digo que están muy consientes de eso.
Se sentía abrumado, pero había verdad en las palabras del monje, de alguna manera era lo que su tío quiso decirle esa noche. Pero el no lo escuchó o vio de esa forma.
- ¿Qué pasa si no desean seguirme? – comentó después sin temor de ocultar su inseguridad - Si no me consideran capaz de ser un Señor del Fuego adecuado para ellos. Si me creen débil.
Esa palabra siempre había formado parte de él mientras vivió en el palacio; comparado con Azula el se veía patético. Nadie esperaba nada de él. Tal vez desde que fue exiliado no hubo persona que lo extrañara o que se preguntara sobre su paradero. Y simplemente estaba bien con eso. Deseaba terminar con esta guerra, sentía que era su deber hacerlo, pero no quería convertirse en el gobernante de su nación. Jamás había pensado por su mente tal cosa. Si alguna vez deseo seguir con los ideales de su padre y continuar expandiendo la gloria de su nación ahora todo eso lo veía muy lejano.
Tal vez las palabras de Aang eran verdaderas, pero aunque contara con el apoyo de otras personas ellos no estarían bajo su mandato, no eran el pueblo que tenía que gobernar y eso era precisamente lo que lo mantenía en ese estado.
La risa de Sokka lo hiso salir de sus pensamientos. Tanto Aang como Zuko voltearon a verlo sorprendidos de que estuviera ahí.
- ¿Débil? – seguía riéndose mientras se acercaba a ellos – Honestamente Zuko, si ninguno de ellos ha tenido el valor de hacer algo en contra de esta guerra es porque no tienen los huevos suficientes para enfrentarse al Señor del Fuego, y tu – colocó una mano en su hombro - Los tienes muy grandes considerando que él es tu padre.
Lo miró sorprendido por su elección de palabras, pero después se rio de ellas. Los tres lo hicieron.
.
Katara despertó al escuchar un pequeño quejido proveniente de la cama de al lado. Por la luz que se filtraba sabía que el sol apenas y había salido por el horizonte. Se acercó a la pequeña ventana sintiendo los rayos del astro de su nación, las nubes de lluvia por fin se habían ido. Su vista pasó al joven, sus heridas sanaban bien, los ungüentos y medicinas aceleraban el proceso de cicatrización y eso era bueno. Su cuerpo aun se veía golpeado pero no podía sanarlo por completo aunque así lo deseara, el debía recuperar fuerzas primero y eso al menos tomaría de tres a cuatro días si mantenía una buena alimentación.
- ¿Así de mal me veía yo también? – Toph habló desde su cama. Sus ojos verdes observándola. Estaba mas que consiente de la convalecencia del soldado que era dos años menor que ella. Sabía que el ataque que sufrió había sido peor que el de él pero realmente no recordaba bien. Solo había despertado sintiéndose de maravilla y sin ceguera.
- No realmente, pero si te veías terrible después del ataque. Para ser honesta no creía que podía sanarte de la manera en que lo hice. Incluso te devolví la vista. Pero estoy segura que se debió al agua que me entregó Zuko.
Toph de pronto mostro interés - ¿Qué agua?
- Al parecer era agua de un estanque sagrado de la Tribu del Norte, tiene propiedades especiales, él me la entregó antes de partir a Omashu. Pensó que le daría mejor uso y así fue. Honestamente Toph no se que habría pasado si no hubiese tenido esa agua conmigo.
- Entonces también le debo una grande a chispita.
Sonrió mientras observaba a su paciente, todo parecía estar bien, lo cubrió con agua para aliviar un poco el dolor que seguramente sentiría al despertar. Al ver su cara relajada supo que se encontraba mejor. Cuando volteó a ver a Toph se dio cuenta que ella dormía de nuevo. Salió de la enfermería para dirigirse a la pequeña cocina que encontró la noche pasada, si bien algunos de los soldados no se atrevían a cruzar palabra con ella, aunque estaba segura que veía incluso miedo cuando se encontraban y se alejaban rápidamente, no se portaban groseros y fueron amables, en lo que cabía la palabra, en decirle donde se ubicaban algunos lugares en la aeronave.
Mientras caminaba a su destino no presenció la figura oculta que la observaba de lejos.
Mai tenía su vista fija en ella. No le había gustado verla entrar junto a Zuko y todo el grupo que acompañaba al avatar el otro día. Aun recordaba la última plática que tuvo con él y el papel de la maestra agua no se definió del todo, aunque la pregunta quedó en el aire ella sabía con seguridad cual era la respuesta. Acarició la cuchilla debajo de su manga, resultaría muy fácil.
- Inténtalo - se sobresaltó dándose vuelta de inmediato, no se había percatado que alguien estaba detrás de ella - Y haré que esa cuchilla se clave en ti antes de que puedas lanzarla.
Miró al chico de piel clara y cabello castaño. Su mirada le indicaba que hablaba enserio.
Sun Hee no conocía a la chica de la Nación del Fuego, pero saber quien era su padre le hacía nacer un crecente odio hacia ella. Él se había enfrentado innumerables veces a aquel general, y aunque sus ataques no tuvieron éxito, si fueron capaces de crear daños colaterales. Atacaba a las pocos refugiados que trataban llegar a Omashu y fue el causante de la destrucción de la mayor parte de los túneles de los amantes. Hasta ese ataque Sun Hee se atrevió a confrontarlo de una manera que se aseguraría que nunca mas volviese. No tuvo tanto éxito como deseaba pero al menos lo hiso retroceder, no supo de el antes ni después del día del eclipse y claramente no deseaba saber nada de aquel hombre. Tener frente a él a su hija no era precisamente la mejor manera de mantenerlo tranquilo, especialmente si veía claramente como trataba de atacar a una de sus compañeras y mejor amiga de la princesa Toph.
- Tal vez Zuko confié en ti lo suficiente para creer que no harás nada estúpido. Pero te advierto algo niña – se acercó a ella – Intenta algo como lo que pensabas hacer y no me temblará la mano en regresarte el golpe.
Paso de ella. Mai solamente se quedó ahí de pie un momento mas mientras pasaba del asombro de la advertencia. Apretó sus puños con fuerza al sentirse humillada.
.
- Eso fue terrible.
Sokka observaba como de manera inútil Zuko trataba de crear fuego, o a como sea que se le llamara a las pequeñas e inofensivas flamas que salían de sus puños.
- ¡Maldición! – se quejó por décima vez.
¡No entendía por que no podía crear fuego! Ya había resuelto su problema con el echo de que se convertiría en el señor de su nación. Lo había aceptado con gran determinación ¡Pero las malditas llamas no volvían!
- ¿Aang no puedes hacer algo? – preguntó algo resignado.
- Desde el momento en que vi que tus líneas de control estaban bloqueadas pensé en ayudarte, pero en verdad no sé como podría hacerlo.
- Tal vez necesita que lo enciendan – opinó Toph – Ya saben, así como a los cohetes pirotécnicos.
- Mmm – Sokka se llevó una mano a la barbilla - Tal vez si te prendemos en fuego puedas recuperar tu control.
- O si te hacemos enfadar – agregó Aang – Cuando te enojas dejas salir hasta humo por la nariz – recordaba un echo en particular, aunque no fue muy agradable.
Las ideas que comenzaron a surgir resultaban una mas ridícula que la otra. Zuko estaba al límite de su paciencia. El cometa estaba a la vuelta de la esquina, el podía sentirlo ¡Y NO PODIA CONVERTIRSE EN UN SEÑOR DEL FUEGO SI NO PUEDE HACER FUEGO! ¡Ni siquiera sería capaz de pelear! Suficiente tenía con los problemas que seguramente se presentarían si llegaba a ser coronado, agregarle a eso su impotencia con su control ya era el colmo. Los espíritus lo odiaban si esto le estaba pasando a él.
- ¿Qué sucede?
Katara acompañada de Sun Hee llegaba a ellos. El maestro tierra había sido muy amable en quedarse con ella cuando Toph se cansó de estar en el globo. Han se estaba recuperando bien, y por petición del mismo quiso salir, Katara estuvo de acuerdo en que necesitaba aire fresco, el adolescente quiso dar un pequeño recorrido mientras que ellos decidieron ir a donde estaban los demás.
- Chispita ya no puede hacer chispitas – respondió Toph.
- ¿Qué?
- Al parecer tiene un bloqueo y no puede realizar fuego control – explicó Aang.
Sus ojos azules lo miraron sin poder creerlo. Zuko solamente bajó la mirada sintiéndose avergonzado de que ahora todos supieran de su dificultad.
- ¿Acaso hay algún problema?
- Ya no – aseguró – Simplemente no se porque no sale.
- Tal vez necesitas volver a la fuente – los chicos miraron a Sun Hee – Yo no sabía que era un maestro tierra, pero un día cuando era niño me perdí en los túneles de los amantes, ahí me encontré con un par de tejones topo, increíblemente sabían manipular la tierra, al verlos fue como si algo dentro e mi se encendiera, y al imitar la forma en que creaban los túneles, bueno… digamos que a partir de ese día me convertí en un maestro tierra.
- Los tejones topo fueron los primeros maestros tierra que existieron – agregó Toph – Son el emblema del Reino Tierra.
- La luna – habló de pronto Katara – Mi madre me contó que los maestros agua aprendieron sus primeros movimientos de la luna, del poder que ejercía en la marea. Una vez me dijo que si me sentía perdida o dudaba de mis habilidades, que mirara la luna y ella me daría la respuesta – recordó con nostalgia.
- Los primeros maestros del fuego control fueron los dragones – explicó Zuko – Pero ahora están extintos, mi abuelo inicio esa estúpida idea de cazarlos solo para probarte a ti mismo como maestro fuego.
Sabía también que su tío se había ganado el título de dragón del oeste, no por su gran destreza en el fuego control, si no por haber matado al último dragón en el mundo. Parecía que las opciones para recuperar su control se les estaban terminando.
- No creo que exista algo que en verdad me ayude en esto – dijo con profunda resignación.
- Eso puede solucionarse príncipe – el anciano sacerdote se acercó al grupo dando a entender que desde hace tiempo los estaba observando – El fuego control es algo mas que una habilidad adquirida. Es el privilegio de ser escogido por Agni para portar su fuego. Y así como lo puede otorgar también lo puede quitar – lo miró queriendo entender su punto – Ha existido una ceremonia entre los guerreros del sol desde los orígenes del mundo. Antes, el fuego control no se heredaba por sangre, se debía pasar una prueba para ser merecedor de llevar el fuego. Si lo desea, puede realizar la prueba y comprobar si realmente es digno de portar la llama sagrada de Agni.
Los ojos de todos ahora se posaron en él, expectantes por saber su respuesta. Zuko nunca había escuchado de tal ceremonia o prueba, pero en vistas las circunstancias estaba dispuesto a todo con tal de recuperar su control.
- Lo haré – fue su respuesta solemne.
La tarde avanzaba mientras los preparativos para la ceremonia se llevaban acabo, incluso los soldados se vieron tentados a observar lo que estaba sucediendo entre los isleños. Todos parecían coordinarse mientras los tambores sonaban con precisión, alguna mujeres danzaban evidentemente dirigidas al espíritu del fuego. Estaban reunidos frente aun templo donde un gran fuego se alzaba al final. Zuko apareció entonces. El traje verde y café había sido retirado, vestía unos sencillos pantalones rojos con su pecho al desnudo, había marcas rojas en él y en sus brazos fueron colocados brazaletes de oro. Su cabello estaba suelto. Caminaba descalzo escoltado por dos guerreros detrás de él. Los demás habían tomado lugar a lo largo de la calzada que llevaba al templo, los tambores sonaban con ímpetu mientras llegaba frente al sacerdote y al jefe. Una vez frente a ellos se inclinó colocando una rodilla y un puño en el suelo. Los tambores cesaron.
- ¿Quién viene a reclamar el derecho del fuego? – habló el sacerdote en voz alta.
- Yo, Zuko, príncipe de la Nación del Fuego y heredero del trono – respondió tal y como el sacerdote le había dicho.
- Este fuego sagrado fue dado a nosotros por el mismo Agni – se dio la vuelta hacia la gran llama que estaba en su espalda – Nunca se ha apagado y jamás se extinguirá.
Tomó una parte del fuego y manipulándolo lo paso a los hombres que estaban a sus costados, estos a su vez lo iban pasando en cadena hasta que la calzada se iluminó. Los ruidos de tambores regresaron. El sacerdote tomó nuevamente el fuego. Mientras Zuko inclinaba su cabeza y levantaba sus manos lo recibió. Una vez sintiendo el calor de la flama se puso de pie.
- Deberás llevar esta llama a los espíritus en la montaña. Ellos juzgaran tu fuerza, tu linaje y determinaran si eres digno de poseer el fuego sagrado de Agni.
Caminaba a las grandes montañas donde sería juzgado. Veía la pequeña llama en sus manos sintiendo anhelo y nostalgia por el fuego que había perdido. El en verdad deseaba recuperarlo. Llegó a la mitad del puente cuando el sol moría en el horizonte y entonces sintió pánico ¿Qué seguía ahora? El solo sabía el pequeño protocolo de recibimiento del fuego que el sacerdote le había explicado, pero lo que pasaría después era algo que no le mencionó. No le explico a ciencia cierta en que consistía la dichosa prueba, ni estaba seguro de lo que sucedería en ese momento. ¿Los espíritus se presentarían así nada mas? El único que recordaba haber visto en su vida había sido el espíritu del océano cuando se apoderó de Aang. De pronto sintió un poco de miedo al recordar lo que había echo. También había un pequeño detalle que no le mencionaron ¿Qué pasaba si no resultaba ser digno?
Un temblor lo saco de sus pensamientos. El puente se sacudía fuertemente, pareciera que se destruiría en cualquier momento, en su búsqueda de recuperar el equilibrio había separado sus brazos de manera inconsciente lo que provocó que su flama se deshiciera justo en el momento en que dos dragones salían de las montañas.
Zuko estaba impresionado. Las dos enormes figuras, una de color rojo y la otra de color azul se movieron en sincronía hasta quedar posadas en el puente. Ese momento era inverosímil para él. Había dos dragones vivos en sus costados. Dos dragones que ahora lo miraban fijamente. Su corazón era igualable al ruido de los tambores que se lograban escuchar. Sus ojos dorados fijos en ellos. Y en ese momento sintió que debía hacer algo, pero antes de que pudiera siquiera pestañear, las fauces de los dragones se abrieron expulsando su fuego directo hacia el.
- ¡ZUKO! - Katara grito del pánico sin poder creer lo que veía. Estaba siendo consumido por el fuego. Sin importarle nada mas corrió hacia las montañas.
Mai estaba igual de impresionada pero ella se mantenía estupefacta en su lugar. Todos estaban igual que ella, incapaces de moverse por lo que estaban presenciando.
Abrió sus ojos poco a poco ¿Estaba muerto? El fuego lo había cubierto, de eso no había duda pero no sentía el ardor de su piel quemándose. Bajó sus brazos que instintivamente había levantado en un acto precario de protegerse, quedó asombrado por el lugar donde se encontraba. No había fuego, ni siquiera el puente o montañas. El paisaje que lo rodeaba no le era familiar. Definitivamente ya no se encontraba en la isla de los guerreros del sol.
La hierva en sus pies se sentía fresca y le hacia cosquillas, el día estaba despejado con un intenso azul y pequeñas nubes blancas, todo era brillante, pero no veía el sol en el cielo. El sonido de porcelana le hiso voltear hacia un gran árbol de cerezo en flor que estaba a la distancia, bajo su sombra pudo ver que alguien estaba sentado. Caminó hacia allá. Mientras se acercaba había algo extraño en el, un sentimiento que se apoderaba de su cuerpo envolviéndolo por completo. Nunca antes se había sentido así, ¿Nostalgia tal vez? Era como si supiera quien era la persona a la que vería y no dejaba de sentirse abrumado por ello. Apresuró el paso sin percatarse que su ropa había cambiado. Se detuvo una vez que llegó.
El hombre estaba sentado sobre la hierva, una pequeña mesa con una taza y una tetera humeante descansaban frente a él. Tal vez tendría la edad de su padre pero su aspecto lo dejo impresionado. Su largo cabello era casi blanco con matices doradas recogido en una media cola dejando que el resto bajara sobre sus hombros, el cabello era tan lacio que parecía una cortina brillante, lo extraño era que sus cejas eran de un color obscuro, casi negro. Su piel tan blanca como el atuendo que vestía y sus ojos dorados como el mas intenso sol.
Le sonrió como quien saluda a un viejo amigo al que no había visto desde hace años, así lo sintió Zuko. Con un pequeño movimiento de cabeza le indicó que se sentara a su lado. En ese momento se percató del cambio de su vestimenta. Estaba demasiado elegante, ni siquiera a su padre en los eventos mas ceremoniosos lo había visto con prendas como las que él portaba en ese momento, su cabello estaba incluso recogido tal y como los señores del fuego debían de llevarlo, solo que estaba seguro que no había una corona sobresaliendo de su cabeza, si tuviera un espejo se daría cuenta que no había cicatriz en su rostro. Tomo lugar frente a él, la pequeña mesita en medio.
- ¿Crees en el destino Zuko? – su voz era gruesa, pero al mismo tiempo suave. Le sirvió el té.
Tardó un poco en responder - Sé que el destino cambia constantemente.
- Cada decisión que se toma, hace que el destino de una persona cambie y al mismo tiempo afecta a los que se encuentran cercano a él – dejó la tetera a un lado, esperó a que probara el té, cuando vio su degustación continuó - Sin embargo, cuando a veces creemos cambiar nuestro destino es en realidad que estamos siguiendo exactamente el camino que estaba escrito para nosotros – Zuko lo escuchaba encontrando tan parecida su forma de hablar como su tío - ¿Crees que estas siguiendo el destino que te corresponde? ¿O estas forjando uno nuevo?
No entendía porque le preguntaba eso, tal vez esta era la prueba que debía pasar. Pensó con profundidad su pregunta. A su mente llegaron todos los momentos que cambió drásticamente el rumbo de su vida. La primera de todas cuando habló en aquella reunión ofendiendo a su padre, su exilio y la decisión de no realizar la búsqueda del avatar para recuperar su honor fueron realmente los propulsores que lo llevaron a donde estaba ahora. Si volvía al pasado, claramente ese fue el punto que marcó un cambio en su destino ¿Cierto?
Pero...
Si veía las cosas desde otro punto de vista, Zuko tal vez se encontraba en esa situación por las decisiones que se tomaron en el pasado y que no necesariamente él las había efectuado. El no tenía que convertirse en el Señor del Fuego, pero se convirtió en el príncipe heredero cuando su primo murió y su tío no tomo el lugar que le correspondía. Ese fue el primer verdadero cambio que decidió el rumbo de su vida. El segundo fue su destierro, la decisión tomada por su padre y la búsqueda encomendada, así como su decisión de no volver marcó otra nueva etapa. La última era Aang, el encontrarlo lo llevó a estar exactamente donde estaba ahora y en una situación que jamás creyó realizar.
Cientos de momentos pasaron por su mente, su niñez, su enfrentamiento, la vida en Ba Sing Se, su búsqueda y los viajes con Sokka y Aang, incluso Katara. Era una película que se reproducía en su cabeza, tantos buenos recuerdos, tantos momentos difíciles. Se río al percatarse de cierto detalle, su padre le había ordenado buscar al avatar si deseaba regresar a la Nación del Fuego. Irónicamente lo había encontrado y efectivamente lo estaba llevando a él aunque de una forma completamente diferente.
Ahí se dio cuenta de algo.
Una decisión puede cambiar tu destino, o tal vez te puede hacer creer que lo hiciste.
El debía de ser el príncipe heredero, encontrar al avatar y convertirse en el Señor del Fuego. Ese posiblemente era el plan original y lo estaba llevando acabo. Sí, debía de encontrar al avatar, pero no necesariamente entregarlo a su padre, el se convertiría en el Señor del Fuego, pero no continuaría una guerra.
Esa era la diferencia, su destino estaba escrito, pero sus decisiones lo hicieron llevarlo acabo de otra forma.
- Estoy siguiendo mi destino – habló - Pero desde un camino diferente - dijo con seguridad.
El hombre le sonrió - Si esa es tu respuesta, entonces ve y cumple con tu destino, príncipe Zuko. Tienes mi bendición.
El fuego de nuevo lo cubrió.
Katara se detuvo a mitad del camino cuando escuchó un estruendo. Su vista se fijo en el puente donde ahora, justo en la mitad había aparecido un remolino de fuego que se alzaba sobre las montañas pareciendo partir el cielo en dos. Era realmente impactante, pero se dio cuenta que el ataque no procedía de los dragones, sus fauces estaban cerradas. El fuego se alzó de repente sobre el cielo, las llamas tomaron la forma de un dragón.
Zuko miraba al espíritu flameante frente a él. Ahora sabía quien era. Agni se había presentado y lo había juzgado. El fuego que lo formaba no era rojo ni azul, si no dorado, parecía que observabas al mismo sol o el oro mas deslumbrante. Inclinó su cabeza con respeto, cuando la levantó movió su mano y el dragón de fuego se movió a su mandato. Lo cubrió por última vez antes de desaparecer por completo. Los dos dragones que se mantuvieron en los costados del puente lo observaron por un momento antes de finalmente levantarse y regresar a sus montañas.
Miró su mano cerrándola en un puño. El fuego de Agni estaba en su interior y lo sentía como una corriente intensa recorriendo su cuerpo por cada arteria y vena sin dejar un lugar que se llenase con su calor.
Zuko se sentía mas vivo que nunca.
En el templo, el pequeño huevo se cuarteó.
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…
