Caminaba por la oficina hecho un manojo de nervios, hoy había sido citado en Hogwarts por su ex director, Albus Dumbledore, para conocer a su ahijado, el anciano le había contado detalladamente todo lo que había ocurrido con respecto a su imposibilidad de liberarlo de Azkaban hacia diez años, al parecer alguien de su familia había confirmado la historia de que era un espía del Señor Oscuro e incluso había firmado un juramento, fue por eso que no pudieron refutar nada y se le encerró sin siquiera un juicio, por suerte Albus aun creía en su inocencia y cobrando algunos favores pudo salvarlo de la sentencia de muerte, minimizándola a cadena perpetua.
Sirius le agradeció y después escuchó atentamente las historias sobre la infancia del pequeño Harry, el animago sonrió al ver la alegría reflejada en cada gesto del director, se alegró al saber que su querido niño había tenido una vida feliz, libre del maltrato que seguramente habría sufrido en manos de la detestable hermana de Lily; siguió escuchando sobre cómo el "niño dorado", como le llamaban los adultos del castillo, había madurado hasta convertirse en un muchachito sano e inteligente, un verdadero genio en palabras del otro hombre.
-Snape dice que se parece mucho a ellos
-Y es verdad pero al mismo tiempo es completamente diferente, te alegrará saber que es muy similar a James cuando era niño, por desgracia su salud fue muy mala cuando era apenas un bebé y su constitución ahora es algo delicada, Poppy y Severus se esforzaron mucho para ayudarle en su desarrollo pero, bueno, nuestro Harry es así, parece un pequeño ángel- Dumbledore hablaba tranquilamente al tiempo que tomaba otro caramelo de limón de un dulcero que estaba sobre la mesita de centro frente a la que estaban charlando- sus ojos, por supuesto son como los de Lily
Black estaba en parte feliz, pero un hueco en su corazón dolía, recordó con incomodidad cuando fue junto a Remus a San Mungo el día en que Lily dio a luz, cuando la enfermera salió a avisarles a los familiares que el niño ya había nacido, ninguno perdió el tiempo y entraron como un tornado para conocer al heredero Potter, Sirius vio con anhelo el bultito que su amado James sostenía entre sus brazos con delicadeza, mientras su pelirroja esposa le miraba cansada y sonriente desde la cama del hospital.
Recordó cómo se acercó al recién estrenado padre y lo abrazó posesivamente al mismo tiempo en que descubría con su otra mano el pequeño rostro del recién nacido, la mantita azul resaltaba dramáticamente los enormes ojos verdes, inocentes y brillantes, no pudo evitar imaginarlos grises como los suyos o incluso color avellana como los de su amado, casi lloró cuando las bellísimas esmeraldas, incluso más bellas que las de la madre, le miraron y la boquita sonrió mostrando unas encías rosadas, provocando que su corazón se derritiera, estaba seguro que amaría a ese niño tanto como amaba al padre, pero una punzada de celos le recorrió rompiendo su burbuja de sueños cuando la parturienta mujer pidió al bebé de vuelta y James se soltó de su agarre para regresar a su lado, se veían tan felices, ahora eran una familia y él ya no tenía mayor relevancia en sus vidas.
Pero ahora todo era diferente, James y Lily ya no estaban, ahora Harry lo necesitaba y Sirius estaba más que dispuesto a cuidar de él, ya lo había jurado, lo amaría como si hubiese sido suyo.
-Buenas tardes, director
El último heredero de la casa Black salió rápidamente de sus recuerdos al escuchar la conocida voz de Snape, volteó en su asiento para poder verlo, su apariencia le resulto agradablemente perturbadora: el pocionista traía unos vaqueros ajustados y una camiseta que moldeaba su torso haciéndolo lucir realmente bien, aunque el color seguía siendo el usualmente negro. El cabello estaba limpio y descuidadamente amarrado en una coleta que colgaba elegantemente sobre su nuca, se dio cuenta de que su inspección había durado más de lo necesario cuando escuchó un carraspeo y subió rápidamente su mirada hacia el rostro del profesor topándose con sus ojos negros y profundos.
-Terminaste, Black? O prefieres seguir con tu desagradable escrutinio?- Severus utilizó esa forma de arrastrar las palabras que había aprendido de Lucius Malfoy, con el tiempo había descubierto que eso irritaba al animago muy fácilmente y ¿por qué negarlo? Eso a Severus le encantaba, hacerle rabiar era en definitiva su pasatiempo favorito
Así que cuando Sirius se levantó de su asiento con el semblante molesto no pudo evitar sonreír de lado
-Lo siento Quejicus, pero no pude pasar por alto el hecho de que hoy te ves despampanante-dijo coquetamente al tiempo en que le guiñaba un ojo, se acercó peligrosamente al rostro del profesor y tomó su barbilla.
En cambio, el de Severus se puso pálido de repente, el merodeador estaba acercando sus labios, su mente quedó en blanco, nublándose, podía sentir la suave respiración del animago contra su cara y percibió su aroma masculino, éste último le resultó demasiado agradable.
Y cuando sus labios estaban a punto de rosarse, una sonora carcajada se estrelló sobre sus facciones, ahora el otro hombre se reía a pierna suelta frente a él
-Snivellus, hubieras visto tu cara!, al parecer sigues tan ingenuo como antes- la voz burlona del animago encendió su ira inmediatamente
-Y tú sigues siendo el mismo chucho estúpido que corría tras las faldas de su amo- eso ya no agradó mucho al Black, haciendo que éste regresara el ataque
Una batalla campal de insultos se instaló en la oficina del director mientras éste les miraba con diversión, ¡ay! ésta juventud, tan despistada. Era verdad el dicho que rezaba "del odio al amor, solo hay un paso"
Siguió observándolos hasta que la gárgola que custodiaba la entrada se movió, alertándolo de que alguien más había llegado, pero aparentemente el sonido no distrajo a ninguno de los hombres que discutían acaloradamente; la puerta se entreabrió cuidadosamente, revelando la silueta de su pupilo favorito, el anciano le hiso una seña con su mano para que se acercara y tomara asiento a su lado, el niño obedeció y mientras se dirigía hacia donde su abuelo, miró con curiosidad el intercambio de su profesor con el desconocido.
Con gracia se sentó en su sillón favorito junto a Dumbledore, aceptando el trozo de tarta de limón y la taza de té humeante que le tendía
-Es él, abuelo?- dijo señalando a Sirius con su tenedor después de llevarse el primer bocado a la boca
-Así es, mi niño, ¿qué te parece?
Harry lo evaluó por un momento antes de responder
-Lo reconozco, se ve agradable y estoy seguro de que lo amaré tanto como los amo a ustedes, pero ¿por qué pelea con Severus?- preguntó confundido
-Porque les gusta pelear entre ellos, así han sido desde que se conocieron, una atracción explosiva y poderosa, aunque ninguno se ha dado cuenta- contestó el anciano guiñándole un ojo tintineante a Harry
El muchachito solo se encogió de hombros y siguió viéndolos hasta que no aguantó más y soltó una carcajada al ver como Severus jalaba una de las orejas de Sirius mientras éste soltaba un teatral alarido.
El animago abrió sus ojos y se concentró en la fuente de ese musical sonido, era una risa de niño y una muy bonita; sus ojos viajaron por la habitación hasta posarse en el asiento que él antes ocupaba al lado del director y…
El aliento se le atoró en los pulmones.
Como si la anterior discusión con Snape jamás hubiera pasado, el semblante del hombre se suavizó hasta tornarse sereno y culpable
Se acercó a la silla, arrodillándose ante él, Sirius solo pensaba en tocar su rostro y remarcar cada rasgo, enredó sus dedos en ese cabello negro que Harry le había sacado a su James, acarició los elegantes pómulos, el cuello largo y delgado que tantas veces había fantaseado en mordisquear y reconoció la luz en los ojos que había odiado pero que ahora amaba porque le pertenecían al hijo de su amado James Potter.
El niño lo sacó de su ensoñación cuando tomó la mano con que le acariciaba y le saltó encima, abrazándolo con fuerza, se sorprendió al verse aceptando el gesto inmediatamente.
-No sabes cuánto tiempo he esperado por conocerte- la dulce voz que le recordaba vagamente a campanillas de viento le susurró al oído y lo único que pudo hacer fue apretar aún más el abrazo
-Bueno, Severus, acompáñame por favor, hay algo que quiero discutir contigo en privado, hay que dejarles solos, tienen mucho de qué hablar- el director habló, Severus aceptó no muy convencido y ambos abandonaron el despacho, el cual quedó sumido en un silencio profundo.
Lord Black escuchó la puerta cerrarse a sus espaldas, sus brazos seguían rodeando al pequeño niño, ¡cuántas veces soñó con éste momento!, hubiese preferido quedarse así pero sabía que ya no podía postergar la charla sobre el pasado por más tiempo, Harry debía saber la verdad, debía saber que él jamás había traicionado a sus padres, así que le soltó, pero se mantuvo en su posición arrodillada frente a él.
-Debes estarte preguntando cosas sobre mí, no es así?
-No realmente, lo sé todo- Harry sonreía de forma traviesa, haciendo que Sirius sonriera también
-Cómo lo sabes? Dumbledore te lo contó?
-Sí, en parte
-"En parte"?, quién te contó lo demás?, nadie sabía sobre mí aparte del director
-Me contaron mis padres
Sirius no entendió a la primera lo que había escuchado, comenzó a preocuparse por la sanidad mental del pequeño, haber vivido tantos años bajo la influencia de personas como Dumbledore y Snape tal vez lo habían trastornado
-tus padres? Pero Harry…
-No es momento de hablar sobre eso, te contaré después, ahora necesito que me escuches Sirius, el abuelo y yo estuvimos hablando, al parecer él necesita de tu ayuda y la de Severus- el hombre hiso una mueca de desagrado, siendo reprendido por la seriedad del niño- sé que no te agrada mucho, pero es necesario que trabajen juntos
-El viejo te dijo en qué?
Harry negó con la cabeza al mismo tiempo en que clavaba sus esmeraldas en el gris azulado de su padrino, era un hombre muy apuesto, imaginaba que en su juventud era capaz de mojar bragas y boxers por igual con una sola sonrisa, el tiempo en prisión no le había afectado tanto como creyó al principio, eso solo le demostraba al chico lo fuerte que era el otro hombre, una brisa de orgullo llenó su pecho, ahora podía entender un poco la razón por la que su padre le había querido tanto.
Sirius por su parte no podía dejar de ver al niño, era tan parecido a James en sus facciones, solo que en efecto era pequeño para su edad, realmente parecía un angelito frágil y hasta cierto punto andrógino, podría pasar fácilmente como un príncipe sangrepura. Se sintió dichoso de poderlo llamar Su ahijado, si estuviera libre de cargos y al ser Lord Black, estaba seguro de que en cuanto los demás aristócratas conocieran a su protegido las peticiones de matrimonio y los duelos por su mano serían cosa de todos los días, su Harry era demasiado hermoso, era el Niño-Que-Vivió y era heredero legítimo de dos grandes Casas como lo eran los Potter y Black, estaba agradecido de ser un prófugo de la justicia, antes muerto que entregar su chiquillo a otro.
-Necesito que confíes en el director, ahora mismo está hablando con Sev sobre lo mismo, cuando terminen regresarán y te dirán lo que hay que hacer
-Demonios, ese viejo es demasiado astuto, ¡mira que pedirte que me convencieras cuando sabe perfectamente que estaría dispuesto a aceptar cualquier petición de tu parte…!- Harry sonrió- en verdad no puedo negarte nada si me miras de esa forma.
Sirius levantó al niño del asiento para sentarse él y le colocó sobre sus piernas, le abrazó por la cintura y olvidándose momentáneamente del director y sus planes, entabló conversación con él, le preguntó cosas como cuál era su comida favorita, si le gustaba el quidditch, en cuál casa le gustaría quedar y sus pasatiempos.
Compartieron una charla amena, el animago le contó a Harry de sus padres y sus tiempos en la escuela, el niño vio con satisfacción el brillo en los ojos de su padrino al hablar de tiempos tan maravillosos, siguieron así hasta que Sirius reparó en algo
-Cómo está Remus?, Albus me contó que se encarga de darte clases junto a McGonagall
-Así es, él ha sido como un padre para mí, hoy no se encuentra en el castillo, mañana es luna llena y suele irse un día antes para descansar
-sabes lo de…?
-su "problema peludo"? así es, Remus siempre ha sido muy sincero conmigo respecto a eso, dice que debo estar bien informado en caso de que algo malo ocurra
-con "algo malo" se refiere a que pierda el control?
-Sí, Sev le prepara poción matalobos y no hay problema con eso, pero no me permite acercarme a él antes del cambio, dice que teme lastimar a su cachorro- el adulto asintió con pesar, se había librado de la charla con Harry pero Remus no sabía nada, tendría que prepararse para enfrentar a su amigo, con suerte no se le lanzaría al cuello inmediatamente que le viera.
HHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHH
-NO Albus, me niego, es no, no, no y definitivamente NO!- Severus estaba fuera de sí, estrangularía al anciano si pudiera pero el respeto que le tenía lo frenaba, antes creía que estaba loco y acababa de comprobar que era un chiflado ¡¿cómo se le pudo haber ocurrido semejante estupidez?!
-Vamos, mi muchacho, no seas melodramático, dudo que te cueste aceptarlo después de haber estado atraído hacia él
Severus volteó violentamente, ¿acaso escuchó bien? ¿Cómo es que el anciano sabía de su pequeño desliz?
-Oh, no me veas de esa forma, hijo, te conozco desde que eras apenas un niño y a él también, no te dejes engañar por su fachada, no eres el único que cometió un desliz- el director le guiñó un ojo, invitándolo a regresar a su oficina- vamos, hablaremos en el camino
Todo el trayecto de regreso a la oficina estuvo pensando, Black le odiaba, de eso no tenía duda y él por su parte lo consideraba un idiota inmaduro, si solo fuera él mismo el encargado de la misión no habría problema, aceptaría gustoso, pero desgraciadamente el pulgoso también estaba dentro de la ecuación, para lograr su objetivo eran necesarias dos personas que reemplazaran a otras dos.
Eso era otro problema.
Llegaron a la oficina y entraron, inmediatamente vieron a padrino y ahijado riendo alegremente, esa imagen llegó hasta su corazón y se preguntó cómo sería si él estuviera sentado al lado del ojigris con el pequeño en su regazo, como una familia.
Meneó la cabeza para disipar esa tonta idea.
Harry se soltó de Sirius y corrió hacia el pocionista agarrándose fuertemente a sus caderas mientras el otro le recibía gustoso enredando sus largos dedos entre las sedosas hebras azabaches
-Bueno Sirius, ya he hablado con Severus pero aun faltas tú- Dumbledore tomó la palabra tras sentarse en su gran silla- ambos deben de estar de acuerdo con mi plan, muchas vidas dependen de ello, una en especial
El viejo director hablaba muy en serio, su expresión lo demostraba y se lo dio a entender al otro
-Muy bien Albus, Harry cumplió con su misión, ahora cuéntame de qué se trata- miró fugazmente al profesor que sostenía a su niño, ahora que lo pensaba, el trabajar juntos no le molestaba tanto como creyó al principio
-Como seguramente ya te ha informado Severus, Voldemort ha vuelto- un estremecimiento recorrió al hombre, ese maldito asesino se las pagaría, jamás permitiría que le pusiera un solo dedo encima a su ahijado- y la vida de nuestro niño corre peligro
Harry se soltó del profesor y fue hacia el director, quien colocó una mano sobre su hombro.
-Es por eso que quiero pedirles un favor: quiero que ambos adopten a Harry mágicamente
Lo único que pudieron hacer Sirius y Severus fue verse mutuamente, ambos por fin de acuerdo en una cosa: Albus Dumbledore estaba total y absolutamente loco
