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Capítulo VIII
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- Creo que ahora nadie puede negar que es digno al trono.
Sun Hee giró su cabeza hacia quien había hablado, se sorprendió al ver a la persona que tenía a un lado, no recordaba su nombre pero si sabía que era un amigo del señor Iroh y el padre de Katara. Algo mas que pudo notar es que no era la única persona ahí que vestía diferente a los nativos de la isla, un grupo de hombres que no reconocía se encontraban con la misma cara de estupefacción que él tuvo hace unos momentos.
Al llegar al final de las escaleras Zuko se impresionó de ver a Katara esperándolo. Ella de inmediato se acercó a él, sus ojos fijos en su cuerpo examinándolo. Sentía su toque temblar sobre su piel hasta que él tomó sus manos con las suyas. Lo miró dándose cuenta que no había nada de que preocuparse, sus ojos dorados brillaban aun mas y en su rostro existía una sonrisa que hiso que el corazón de la maestra agua latiera con premura y no precisamente por la preocupación de que estuviese herido. Acercó su rostro al de ella hasta que sus labios se tocaron, una de sus manos rodeó su cintura acercando su cuerpo al de él. Continuó besándola hasta que la tensión y el temor en ella desaparecían.
- Agni me dio su bendición – susurró suavemente – Me devolvió mi fuego control.
- Mas te vale conservarlo, porque nunca mas deseo verte hacer esa prueba de nuevo.
Sonrió, nunca le había amenazado, pero ese pequeño instinto de protección hacia él le gusto mucho. Se separó de ella un poco para ver el intenso azul de sus ojos. Realmente amaba su mirada, especialmente el mar de sentimientos que era capaz de reflejar en ellos, y todos eran dirigidos a él.
Se sentía mas realizado que nunca. Una fuerte determinación en él había surgido. Había tenido grandes dudas sobre lo que sería el futuro de ahora en adelante y el papel que jugaría. Si había aceptado en lo que se convertiría no lo había echo porque así lo quisiera si no porque todos esperaban eso de él. Pero ahora se dio cuenta que esa decisión ya estaba tomada desde antes de su nacimiento, y por primera vez estuvo de acuerdo con eso. Estaba destinado a convertirse en el Señor del Fuego, ahora lo sabía con mas firmeza que nunca, y estaba mas que dispuesto a tomar el lugar que por derecho le corresponde. Porque sabía que él sería el primero de muchos en cambiar a su nación y el rumbo que ahora tomarían. Ese, era su verdadero destino.
- Y no me creyeron cuando dije que envolverte en fuego sería buena idea.
Los dos voltearon a ver a Sokka. Estaba con sus brazos cruzados observándolos.
- Debemos volver – continuó hablando Sokka – Katara, tu padre esta aquí.
Y las venas del maestro fuego se congelaron.
En la casa donde ellos durmieron estaban todos reunidos alrededor de la hoguera. Zuko se había cambiado a sus ropas anteriores antes de presentarse al grupo. Reconoció inmediatamente al maestro Piandao. Su mirada gris le hiso recordar todo lo que había echo con su hija y lo muy malo que era haberlo echo sin que estuviesen unidos formalmente. Pero el maestro fuego desvergonzado no sentía ni una pisca de arrepentimiento. Sus pensamientos pasaron a segundo lugar al presenciar a los demás hombres que lo acompañaban. Los traidores de los que su tío les había hablado. Sus ojos se abrieron con asombro al ver un rostro familiar. No vestía el traje con el que lo recordaba, pero a pesar de los años que habían pasado pudo reconocerlo a la perfección.
- ¿Capitán Qian? – dudaba incluso de sus palabras.
El hombre Sonrió – Es un placer volver a verlo príncipe Zuko – le saludó de manera formal el que una vez fue el capitán de su barco. No pudo evitar sonreír.
Echando un vistazo a los demás, vagamente pudo recordar haberlos visto en el palacio. Algunos de ellos consejeros o generales de alta confianza de su padre. Así que en verdad había personas que ya no estaban de cuerdo con esta guerra.
- Su alteza – se inclinó uno de los hombres hacia él tocando con su frente el piso a manera de respeto – Mi nombre es Yen Hyu, segundo consejero de guerra de su padre – Su alto nivel le sorprendió a Zuko.
- No es necesario que se incline ante mi Yen Hyu – le respondió – Dejé de ser un príncipe hace varios años – podía tolerar el que lo llamasen de esa manera, pero de eso a realizar un saludo tan ceremonioso no estaba dispuesto a permitirlo.
El hombre ligeramente se incorporó – Yo creo que si debo hacerlo. Cualquier hombre que lleve el mismo fuego que Agni merece mi respeto.
Acto seguido todos los hombres en la habitación hicieron una inclinación reverencial. Tanto Sokka como Aang se sintieron sorprendidos por el respeto que mostraban hacia su amigo.
- Su alteza - volvió a hablar el hombre – Creo que sabe porque estamos aquí.
- Por supuesto – intervino Toph – Para patearle el trasero al Señor del Fuego.
Los ojos abiertos y la sorpresa fueron evidentes. Sun Hee llevó una mano al puente de su nariz. Que vergüenza de modales de su princesa. Katara no se encontraba en aquella reunión, no le correspondía realmente y aunque tal vez las ideas de muchos hombres ahí presentes es que una mujer no tendría nada que hacer en una reunión como esa, Toph pensaba lo contrario, como princesa y representante de su hermano y el Reino Tierra ella debía estar ahí, Les gustara o no, y por su puesto, daría su opinión abiertamente.
La risa de uno de los hombres se escuchó después – Es exactamente como esa niña lo dice, estamos aquí para derrotar al Señor del Fuego.
- El día del cometa – continuó hablando el consejero – Su padre se autonombrará el Rey Fénix, como supremo gobernante de todo el mundo.
- Usará todo el poder de ese día para atacar al Reino Tierra – comentó otro – Y no se detendrá hasta reducirlo a cenizas.
El alcance del plan de su padre los dejo helados. Sabían que atacarían ese día pero no que planeaban una destrucción masiva.
- Ya no se trata solo de detener una guerra, si no de evitar la destrucción del mundo.
- Se han construido decenas de globos de guerra, con ellos planea llegar a la capital del Reino Tierra y también han enviado toda una flota a las Tribus Agua.
Sokka se tensó. La mayor parte de su pueblo había salido de la tribu para ayudar en el Reino Tierra, pero como estaba seguro y habían previsto, sabían que existía la posibilidad de ser atacados también, solo esperaba que su padre hubiese dejado una resistencia capaz de soportar tal golpe.
- El cometa esta a solo una semana – habló Zuko por primera vez – Si deseamos detenerlo debemos hacerlo cuanto antes.
- Me temo que eso no será posible – uno de los hombres, el mas joven de todos habló – La seguridad que existe en la capital es muy grande, no podrán acercarse ni a las primeras islas antes de ser descubiertos. A decir verdad me sorprende que estén aquí.
- Appa nos puede llevar a la capital sin problemas – opinó Sokka.
- No les recomiendo eso. Después del ataque a la Roca Hirviente se comenzó a sospechar que existían traidores en la capital, incluso desde antes ya existía esa sospecha. Salimos cuando tuvimos la oportunidad, pero ahora nuestra ausencia es mas que evidente y ellos saben lo que nosotros sabemos.
- No dudaran en que nos lo dirán – agregó Sokka – Es exactamente como el día del eclipse.
- Así es – habló nuevamente el hombre joven – Saben que trataremos de evitar ese ataque y la mejor opción es que nosotros ataquemos primero.
- Pero esperar hasta el día del cometa sería muy arriesgado y peligroso – opinó Zuko.
- Sin duda lo es – admitió el ministro de guerra – Pero ese día la capital quedará indefensa. Todos los soldados incluyendo al Señor del Fuego se moverán una noche antes para salir en los globos, es la mejor oportunidad para atacar.
- ¿Y a quien vamos a atacar si no habrá nadie ahí? – habló Toph - ¿Qué no se supone que debemos vencer al Señor del Fuego?
Los hombres se miraron entre sí. Solo el ministro habló.
- Para ganar esta guerra, no se trata solo de vencer al Señor del Fuego, si no derrocarlo del trono y que tome su lugar alguien mas, alguien digno que nos pueda dirigir hacia la paz - la vista del ministro fija en Zuko dejando en claro quien sería ese alguien – Pero ese día, él mismo renunciará a ese título para convertirse en el Rey Fénix. Por lo tanto, el príncipe Zuko deberá enfrentarse al nuevo Señor del Fuego por el derecho de gobernar.
- ¿Y quien será coronado? - preguntó Sokka.
- La siguiente en la línea del trono.
- Azula – completó Zuko.
- ¿Tu hermana la loca? –gritó Toph. Sun Hee estaba pensando seriamente en sacarla de ahí.
Zuko pensaba en su encuentro con ella en las catacumbas de Ba Sing Se. No había podido vencerla en esa ocasión y su hermana demostró la gran habilidad innata que poseía, pero incluso en ese momento no le tuvo miedo. Ya no le temía. No estaba seguro de cómo hubiese terminado ese combate pero definitivamente el no le habría dejado las cosas fáciles, de eso estaba seguro. E incluso en ese momento sentía algo en su interior que parecía arder con intensidad al saber que se enfrentaría a ella. El deseaba ese encuentro. No dijo nada, pero en su mirada se podía notar que estaba mas que dispuesto a pelear.
- Si tu te vas a enfrentar a tu hermana ¿Quien va a vencer a tu padre? – nuevamente preguntó la maestra tierra - ¿Qué no se supone que es de él de quien debemos preocuparnos? - seguía preguntando sin entender.
- Habíamos pensado en decírselo al general Iroh – comentó uno de los hombres.
- El es el único con el poder suficiente para enfrentarse al Señor del Fuego.
Incluso hasta Zuko parecía estar de acuerdo con eso.
- Yo lo haré.
La vista de todos se posó en Aang. Con toda la calma y la extraña aura de sabiduría que lo cubría, el pequeño monje se veía seguro por sus palabras.
- Si el señor Iroh lo enfrenta la historia lo recordará solo como mas violencia para conseguir el poder, y esa no es la manera de llegar a la paz, incluso Zuko que se enfrentará a su hermana deberá hacerlo de manera apropiada para ganar su derecho al trono. Pero la responsabilidad de vencer al Señor del Fuego es solo mía.
Si alguno tuvo dudas no se atrevieron a decirlas en voz alta, sería una falta de respeto. Sin mas solo les quedó aceptar lo que el avatar había dicho y confiar en su palabra.
Han observaba a la distancia la casa donde el avatar y otras personas de su nación estaban conversando. Se sorprendió mucho cuando los vio en la ciudad, jamás se esperaba que hubiese traidores y mas aun que estuvieran dispuestos a luchar contra su propia nación.
- Han – la suave voz que ya reconocía lo llamó - ¿Cómo te sientes?
- Mucho mejor maestra Katara.
Un ligero sonrojo – No es necesario que me llames así, solo dime Katara – el chico solo le sonrió, sospechaba que seguiría llamándola así de todas maneras.
La vista del joven soldado estaba en un lugar fijo, Katara supo de inmediato donde estaba su atención.
- Ellos están peleando por la paz – habló.
- Lo se pero, ¿No es demasiado peligroso? – los ojos azules lo miraron – La Nación del Fuego es poderosa. Son muy fuertes – podía sentir algo de miedo en su voz.
- ¿Prefieres vivir bajo el yugo de un tirano? – voltearon a ver al joven que se les acercaba – Tal vez sea una locura todo esto, pero te diré algo. Prefiero morir antes de permitir como el mundo se consume bajo la codicia de una persona, o una nación.
Los dos lo miraban casi expectantes. El joven quedó de pie frente a ellos, evidentemente formaba parte del grupo de soldados que llegaron a la isla, poseía un temple de seriedad y determinación, tal vez era un año mayor que Katara, de alguna manera le recordaba a Zuko.
- Mi nombre es Zheng – una pequeña inclinación de saludo – Busco a la maestra Katara.
– Yo... Yo soy Katara.
De pronto su seriedad quedó de lado. Estaba sorprendido mientras observaba a la chica, por la forma en que ella lo miraba se dio cuenta que tenía que hablar, hiso sonar su garganta recordando a lo que había ido - Me han dicho que usted es una curandera – le habló amablemente – Tal vez sea mucha molestia de mi parte – se veía extrañamente avergonzado – Si pudiera tratarme?
Y ahora ella era la sorprendida, le tomo algunos segundos entender su petición para después acceder amablemente. Le invitó a que la siguiera hasta el canal que pasaba por la ciudad, estaba apartado de la plaza principal y las casas habitables, pero la perfecta iluminación por antorchas le daba suficiente luz para ver claramente. Han los acompañó.
El lugar en sí funcionaba como un lavadero público, muchas de las mujeres iban ahí a lavar ropa y bañar a los pequeños. El agua corría libremente en los mas de seis metros que tenía el canal de ancho, había piedras colocadas para que las mujeres se sentaran ahí y otras mas grandes al frente donde tallaban las prendas, la mayoría lisas y pulidas por lo años de uso. Katara se quitó su calzado pero antes de que el chico hiciera lo mismo le preguntó sobre si sabía exactamente donde estaba su herida. Señaló su costado derecho, ella ya no parecía tan sorprendida de sanar esa parte del cuerpo. La camisa tuvo que ser retirada dejando su torso al desnudo, se sorprendió por lo que vio, Haru solamente bajó la mirada.
No dijo nada. Simplemente le pidió que entrara al canal, el agua apenas y les llegaba a las rodillas, el se sentó, con algo de dificultad en la piedra. Tomó el agua con un simple movimiento de muñeca creando el guante para sanarlo.
- Eres una maestra agua – dijo sorprendido.
Cuando preguntó entre los aborígenes de la isla si había un curandero que pudiera tratarlo solo escuchó el nombre de "maestra Katara" por parte de una mujer y señaló hacia la dirección donde se encontraban los dos chicos, pensó que ellos le dirían. Saber que era la chica de ojos azules le impresionó un poco, pero nada comparado al echo de que fuera una maestra agua.
- No te muevas – regañó Han a la distancia – O no podrá hacer bien su trabajo.
Katara sonrió siguiendo con lo suyo. Lo escuchó gemir levemente para después sentir como se relajaba. Subió el agua hasta envolver su pecho cubriendo también parte de sus brazos. En un momento el agua dejó de brillar y Zheng sintió su cuerpo tan relajado como después de haber tenido la mejor de las siestas. Para su asombro no había ninguna marca en él.
- Gracias. Perdón por lo de hace un momento – agregó al finalizar la sanación - Nunca había visto a un maestro agua.
- Creo que la impresión es así al principio – le sonrió con sinceridad, él también lo hiso. Hubo un pequeño silencio entre los dos, la chica sin mover su cuerpo desvió un poco la mirada solo unos segundos, de pronto sintió frio – Me alegra haberte ayudado – agregó después con la intención de irse.
Nuevamente agradeció sus atenciones, la maestra agua y el otro chico se alejaron. Tomándose su tiempo volvió a vestirse.
- ¿Planeas quedarte ahí todo el tiempo?
Mai solo mostro un poco de disgusto antes de salir del pilar donde se encontraba.
- ¿Haciendo amistad con el enemigo?
Zheng le dedico una mirada feroz, ver a Mai tal vez le sorprendía, pero su disgusto y odio lo superaba por mucho. Seguramente la maestra agua la sintió igual que él. Se acercó a ella como quien se acerca a su presa.
- ¿Qué diablos estas haciendo aquí?
- No tengo porque darte explicaciones – sus dedos rozando sus cuchillas por debajo de su manga.
El se detuvo solo un momento, después recordó algo, con malicia dijo lo siguiente – No me digas que te tocó pagar por los paltos rotos – la mirada de muerte que le dio fue su respuesta – ¿Cual fue el castigo que te puso el Señor del Fuego Mai? Porque, por lo que he escuchado toda tu familia sigue con vida, incluso el bastardo de tu tío.
- Si tanto lo odias lo hubieras matado cuando escapaste de la prisión.
- Un final demasiado amable para un gusano como él. Prefería ver lo que el Señor del Fuego le haría por su gran falta. Eso, es mas satisfactorio.
- Perdiste la oportunidad, mi tío esta vivo y sin problemas.
- Pero te tengo a ti – su mano rodeo su cuello, la presión del filo sobre su estómago como advertencia por parte de ella no se dejó esperar – Tu y tu familia no han hecho mas que causar daño – sentía como ella hacia mas presión con la cuchilla sobre su piel cuando el sujetaba con mas fuerza su cuello.
- No es mi culpa que la tuya sea de traidores – apenas y pudo decir por la presión en su garganta.
En ese momento la sujetó con mas ímpetu al grado de levantarla del suelo - ¡Por que tu madre así lo dijo! – habló con furia. Sentía su carne ser perforada y la sangre brotar, pero no le importó – ¡Esa maldita mujer no encontró mejor manera de librarse de nosotros que diciendo esa mentira! Y te diré algo Mai – se acercó a ella un poco mas – Me asegurare de hacerles pagar todo lo que nos han hecho.
La soltó de improviso. Mai calló en el suelo tosiendo mientras se sujetaba la garganta. El odio que observaba en ella fue algo que disfrutó. Se dio la vuelta dispuesto a marcharse antes de cometer una tontería; de pronto sintió muy fría su espalda. Al darse la vuelta un muro de hielo se alzaba casi unos centímetros sobre su cabeza, en un instante se volvió agua, el líquido no solo cayó al suelo, un ruido metálico proveniente de tres cuchillas que estaban ahí también.
Katara no deseaba creer cuando Sun Hee le advirtió de la chica que comandaba el globo, que el maestro tierra le dijera que se cuidara de ella le pareció un poco extraño. Pero durante todo ese día pudo sentir una mirada penetrante, como si estuviera siendo observada constantemente. Ahora sabía que era ella y aunque se alejó para poder encararla le sorprendió un poco que fuera tras el maestro fuego que le había pedido ayuda, al parecer se conocían. Había echo bien en quedarse un poco mas pues claramente lo habría herido de muerte si no lo hubiese protegido.
Zheng miró con asombro las cuchillas y después a la maestra agua que se paraba a su lado, su vista azul fija en la chica que estaba en el suelo mirándola desafiante. El enojo lo invadió a un mas.
- ¿Te atreviste? – le dijo con furia, sus puños echaban humo – No eres mas que una sucia rata que ataca por la espalda - se acercó a ella mandando al diablo su educación.
El brazo de la maestra agua lo detuvo.
- Esta bajo el cuidado del príncipe Zuko. No puedes hacerlo.
Los puños se apretaron con aun mas fuerza. El echo que lo detuviera lo hiso devolverle un poco de su cordura.
- No necesito que me defiendas campesina – gritó echa furia lanzando un ataque de chuchillas hacia ella.
Zheng vio como el agua se elevó tan rápido creando hielo frente a él. Las chuchillas clavándose en dirección donde estaban sus cabezas, solo segundos después el hielo se volvió líquido moviéndose rápidamente hacia Mai. Lo esquivó, escondiéndose tras los pilares comenzó a atacarlos; Zheng le enviaba ataques de fuego, tal vez no parecía justo dos contra uno, pero ella no era una combatiente que jugara limpio. Sintió como una cuchilla pasó demasiado cerca de su rostro al punto de incluso notar el filo besar su piel. Dejo escapar un ataque feroz de fuego obligando a Mai a moverse de su escondite, cuando lo hiso no se percató que sus pies quedaron en un charco. El agua se congeló dejándola atrapada, un anillo de agua rodeó su cintura congelándose rápidamente fijándola al pilar en su espalda.
- Regresa al globo – las palabras de la maestra agua le provocaban mas furia mientras trataba inútilmente de salir del agarre de hielo – Por que si vuelves a intentar algo como esto no nos contendremos en nuestros ataques.
Katara la dejó ahí. Zheng la miró un poco mas antes de darle la espalda, seguro de que no le atacaría nuevamente. A la distancia pudo ver a la maestra agua, no iba en dirección a la ciudad, seguía el camino del canal donde había pocas antorchas y parecía adentrarse al bosque. Cuando la vio recargarse en un pilar supo que algo no andaba bien, corrió hasta alcanzarla.
- ¿Estas bien? – no se atrevió a tocarla solo a mirarla de frente.
- Es demasiado buena – dijo con una sonrisa disimulada.
Notó en ese instante como su mano estaba en su costado derecho, pudo ver la mancha roja. Antes de que pudiera decirle algo mas la vio caminar acercándose al canal, después de ver el pequeño brillo y una cara de alivio se dio cuenta que estaría bien.
- ¿Estas herido? – le preguntó momentos después observando la pequeña mancha roja en su estómago.
- No es nada grave – aseguró. Se recargó en el pilar para tener un poco de descanso.
Hubo un silencio donde solo se escuchaban a los animales nocturnos.
- He escuchado las mismas cosas – la maestra agua comenzó a hablar – Pueblo tras pueblo todos decían que la Nación del Fuego era despiadada y cruel. Solo trae sufrimiento y dolor – con su mano tocaba el agua del canal – Pero en el fondo, yo sabía que no podía ser verdad, no todos son malos. Aun así resulta difícil aferrarte a esa idea y defenderla cuando vez en primera fila que tienen razón. Existen personas realmente crueles en la Nación del Fuego.
De alguna manera podía sentir melancolía en su voz. Zheng bajó la mirada pensando en sus palabras.
- Es verdad que existen personas malas, pero también hay personas buenas. Nosotros por ejemplo – refiriéndose a los soldados que estaban ahí - Estamos peleando por la paz.
Katara recordó las palabras que dijo mientras se acercaba a ella y a Han. Un fuerte grito y algo rompiéndose llamó su atención. Con seguridad Mai se había liberado. Mantuvieron su vista fija hacia donde habían dejado a la chica, de alguna manera esperaban verla y retomar la confrontación, pero el silencio y la calma les dijo que ella no volvería, al menos no por el momento.
- ¿La conoces? – se atrevió a preguntar momentos después – Disculpa mi atrevimiento, escuché una parte de su conversación.
- Si no lo hubieras echo estaría muerto en estos momentos – dejo salir un soplido – Era mi prometida - sus ojos azules se abrieron con asombro - ¿Qué hay de ti? Definitivamente no estaba feliz de verte.
- Me enfrenté a ella en Ba Sing Se.
Ahora el maestro fuego estaba sorprendido - ¿Estabas en Ba Sing Se cuando pasó la invasión?
- En primera fila.
- Escuché que el príncipe Zuko fue capturado ese día pero logró escapar hundiendo el barco de la princesa Azula.
Katara recordó como hiso explotar la cabina de carga - Sí, lo hiso.
- ¿Como es la tribu agua? – simplemente preguntó, ella lo miró fijamente – Entre los soldados nos preguntábamos como se vería. Aunque realmente no deseábamos ser enviados allá. Decían que los maestros agua eran realmente de temer, ahora veo que tienen razón – le sonrió en agrado.
A Katara no le sorprendió que fuera un soldado aun siendo tan joven, sospechaba que incluso todos los hombres que habían llegado a la isla lo eran.
- Realmente no lo sé – respondió con honestidad.
La miró con cierta duda - ¿Cómo? ¿No eres la maestra agua que acompaña al avatar?
– No, ese es Sokka – explicó – Y no es un maestro agua, es el príncipe de la Tribu del Sur. Ha sido él y el príncipe Zuko quienes han acompañado al avatar. Yo los vi por primera vez en Ba Sing Se la noche de la invasión.
- Ohh – exclamó – Entonces...
- Aquí estabas.
Los dos voltearon a ver a quien se acercaba. Ella de inmediato se puso de pie.
- Maestro Piandao – saludó Zheng con gran respeto. El maestro de la esgrima solo inclinó levemente su cabeza.
- Zheng – miraba al soldado - Tu padre y los demás se están reuniendo para cenar. Vamos Katara.
- Si padre.
- ¿¡PADRE!? – repitió Zheng, la sorpresa nada disimulada en su rostro.
Tanto Katara como su padre lo miraron – Creo que no he tenido el gusto de presentarlos – habló el hombre mayor – Teniente Zheng, ella es mi hija Katara, maestra agua de la Nación del Fuego.
Ella hiso una inclinación. Zheng estaba pasmado. Y por primera vez Katara veía a otra persona reaccionar tal y como Zuko lo había echo. En verdad que se aguanto las ganas de reír por su expresión.
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- Es un hombre de honor.
El anciano sacerdote observaba a la distancia al grupo que estaba en la plaza cenando, nunca había visto a tantos maestros reunidos en su ciudad. Desde hace muchos años que los guerreros del sol se dividieron, una enfermedad los había golpeado extinguiendo casi por completo a los descendientes de Agni, pero aunque lograron sobreponerse, algunos de los sobrevivientes, durante el asedio de la enfermedad habían optado por salir de la isla hacia un lugar seguro lejos de la plaga. Fue de ahí, que el primer hijo del jefe se había marchado para su propia seguridad estableciéndose durante ese tiempo en tierras lejanas, la nueva isla le resultó aun mas rica en tierra y minerales por lo tanto optó en quedarse y formar una nueva ciudad dejándolos a ellos poco a poco en el olvido, convirtiéndolos en una leyenda del pasado del fuego. Pero el anciano sabía que así debían de ser las cosas, ellos tal vez dejaron de ser la ciudad principal de los nacidos del sol, pero eso no quitaba el echo de que ahí fuera la cuna del fuego control. Eran los guardianes de la historia, descendientes directos de los primeros maestros y sobre todo, protectores de los dragones. Y a la distancia observaba a uno de los herederos de Agni, el nuevo portador de su fuego dorado.
- Sin duda lo es.
La mujer tenía su vista fija también en el grupo. Oculta entre las sombras de su casa, sentía su pecho arder de felicidad y las lagrimas amenazaban nuevamente en salir, esos últimos días no paraba de llorar. El sacerdote se acercó a tocar su hombro, a pesar de que veía sus ojos con llanto, sabía que no era de dolor.
- ¿Aun cree que no es hora?
- No creo que me perdone por haberlo abandonado.
- Creo que el esta mas que dispuesto a perdonarla con solo verla.
Aunque deseaba creerle la antigua princesa no estaba del todo segura. Lo último que deseaba era que su hijo la odiara después de haber echo el mas grande sacrificio por él. No se arrepentía, pero no sabría si el lo entendería y eso la hacia dudar. Lo único que deseaba desde el fondo de su corazón era correr y abrazarlo, pero no podía hacerlo, no si eso significaba ganarse su futuro odio, por eso se conformaba con verlo a la distancia, era mas que suficiente para ella después de tanto tiempo lejos de él.
El anciano solo bajó su mirada. A veces creemos hacer lo correcto cuando en realidad solo causamos mas daño, pero no se atrevió a decirle nada, a final de cuentas, no le correspondía involucrarse en ello.
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- Hace cuatro años vi a un niño pararse en la proa de mi barco observando el mar por un largo tiempo.
Zuko volteó a ver al capitán Qian, una sincera sonrisa en su rostro. Estaba en una de las torres de vigilancia de la ciudad del sol. Debían estar alertas en cualquier momento.
- Ahora, veo a un hombre frente a mi.
No pudo evitar abrazarlo con gusto - Me alegra mucho que se encuentre bien capitán. Jamás pensé que lo volvería a ver.
- Y mi me alegra verlo aquí, en este lugar y en este momento.
Supo entender sus palabras – Al parecer terminé obedeciendo a mi padre. Le estoy llevando al avatar.
- Oh si.
Los dos rieron.
- ¿Qué fue lo que pasó después de que mi tío y yo nos fuéramos? Muchos soldados parecían sorprendidos de verme y no solamente porque estaba ayudando al avatar.
- Piratas – fue su respuesta – Después de su partida estuvimos viajando, no tuvimos muchos problemas hasta que nos encontramos con esas ratas de mar. Los malditos nos atacaron durante la noche, casi nos hunden pero a ellos les fue peor. A partir de ese momento decidimos mejor pasar desapercibidos, ya no resultaba muy seguro andar por ahí dejando en evidencia que éramos de la Nación del Fuego. Nos quedamos en el Reino Tierra desde entonces. Y tal vez, alguien inició los rumores de que el barco donde el príncipe Zuko viajaba simplemente desapareció en el mar durante una tormenta.
Lo miró con complicidad. Sacó una pipa y la encendió, el humo gris visible en la obscuridad, Zuko vagamente lo recordaba fumar.
- Ver el sufrimiento que somos capaces de crear y experimentarlo en persona cambia mucho la opinión sobre lo que estamos haciendo – dijo después de varias caladas – Muchas gracias.
- ¿Por qué?
- Por darnos una oportunidad. No somos los únicos que no estamos de acuerdo con esto, pero si los que estamos dispuestos a pelear. A los demás les da miedo y no puedo culparlos, incluso yo tengo miedo como seguramente usted también lo tiene – no pudo decirle que no a eso, a pesar de su determinación existía esa pequeña duda, ¿Y si perdían? ¿Si fallaban? Sin embargo no era lo suficiente para detenerlo – Y era algo que en verdad deseaba decirle desde hace cuatro años. Gracias.
Aceptó su gratitud sintiendo algo en su pecho, tal vez las palabras de Aang resultaron ser verdad, había personas que no lo odiaban.
La mañana era extrañamente fría, tal vez los rastros de humedad de las lluvias no desaparecían del todo, Zuko se cubrió un poco mas con la pequeña manta. El capitán Qian se ofreció a acompañarlo en su guardia nocturna, pasaron mucho tiempo platicando sobre los años anteriores. Algo que sorprendió demasiado al príncipe del fuego fue la verdadera razón de porqué lo estaba acompañando en esta pelea contra su nación. Qian tenía un hijo de su edad, aun en contra de su voluntad el había sido enlistado en el ejercito siendo muy joven, algo que no pudo evitar debido a la ley que existe sobre los maestros fuego varones, estaban obligados a ser entrenados como soldados desde los once años y entrar a servicio activo cumplidos los trece. Lo que Zuko no sabía es que precisamente el grupo que el defendió cuando habló en el salón de su padre correspondía al mismo donde estaba el hijo del capitán, su intervención, aunque no evitó que se llevara acabo el plan si permitió que un mensaje rápido fuera enviado en secreto y de alguna manera todos los soldados de ese regimiento se enfermaron lo que impidió que fueran usados de esa forma.
Qian siempre le estaría agradecido y en cambio había sido él quien se ofreció voluntariamente en hacer el viaje al exilio con el príncipe y el general. No se arrepentía para nada. Según supo, su hijo siguió sirviendo en el ejercito, y aunque se reunieron en secreto algunas veces sabía que no podía hacerlo desertar, su esposa y otra hija aun se encontraban en la Nación del Fuego y por medio de su hijo es como les informaba que estaba bien, aun con los rumores de que probablemente estaba muerto. La peor de las noticias las recibió hace casi un año, cuando su familia fue acusada de traición y su hijo enviado a la Roca Hirviente. Fue ahí que tomo la decisión de hacer algo y realmente estaba dispuesto a tomar una decisión peligrosa, como ir directamente a la Nación del Fuego, encontrar a su esposa e hija y después ver la manera de sacar a su hijo de la prisión. Una carta de su esposa enviada en secreto lo detuvo, ella estaba bien, y al menos eso lo calmó por el momento, hasta el día de la invasión de Ba Sing Se. Los rumores se expandieron como pólvora cuando se supo quien estaba ayudando al avatar a terminar la guerra. Después del eclipse todo quedó claro para él y aun antes de recibir un mensaje del maestro de la esgrima el ya había tomado su decisión.
- Y ayudó a mi hijo por segunda vez cuando atacó la Roca Hirviente – agregó finalmente.
En ese momento Zuko había entendido el verdadero significado del gracias que le había dicho con anterioridad.
Su conversación fue larga y a muy altas horas de la noche fue que el capitán le dijo que descansara un poco tomando él la vigilia, aunque Zuko se negó en dejar la torre si accedió a dormir un poco. El frio lo despertó pero algo que no estaba ahí antes le hiso abrir los ojos, sentía un peso en su estómago, el movimiento rozando su piel lo sobresaltó despertando de golpe alarmado, Qian incluso se asustó por el grito inesperado del príncipe.
- ¿Qué pasa? – su cuerpo en estado de ataque.
- ¡Una serpiente! – Zuko se levantó de inmediato quedando de lado del antiguo capitán.
La manta en el suelo dejaba ver un bulto alargado debajo de ella, cuando se movió ambos hombres se asustaron ¡Que ridículo! ¡Eran maestros fuego por todos los espíritus! Asustarse por una serpiente les hiso ver lo estúpidos que seguramente se veían.
Con una mirada se pusieron de acuerdo, Zuko se inclinó sujetando una de las esquinas de la manta, miró a Qian y cuando le indicó que estaba listo levantó de inmediato dejando al descubierto al escurridizo animal. Pero el puño no dejo salir fuego para asustarlo, los dos se quedaron sorprendidos por lo que estaba en el piso de piedra frente a ellos.
Un pequeño dragón alzó la cabeza mirándolos.
La nueva criatura se convirtió en la noticia del día. El sacerdote confirmó que había salido del huevo que se hallaba en el templo, donde los dos chicos estuvieron atrapados por haberlo tomado. Aquel huevo había sido uno de los primeros cinco que Agni había dado al mundo. De esos huevos nacieron los dragones, los cuales, les enseñaron a los hombres el uso del fuego control. Sin embargo solo cuatro habían nacido. Dos de esos cuatro dragones se encontraban en las montañas gemelas de la isla. Pero el quinto huevo no había eclosionado, hasta ese momento.
Lo mas raro de todo no era el dragoncito en particular, si no el echo de que seguía a Zuko a todas partes, ver sus pequeñas patitas moverse rápidamente para alcanzar al maestro fuego cuando caminada resultaba muy tierno. Era pequeño, su cuerpo no era mas largo que el brazo de una persona, sus escamas rojas con toques dorados lo hacían brillar con el sol, tenía pequeños pero filosos colmillos y unos bigotes cortos, Toph lo describía como lindo.
- Creo que se ha encariñado contigo – le dijo Aang por ver el apego del animal.
El grupo estaba desayunando. Zuko no supo si tomarlo como algo bueno – Es lo que no entiendo. ¿Por qué a mi? - el pequeño estaba sentado a su lado.
- Tal vez porque tocaste el huevo – explicó Sokka - ¿Te imaginas si yo lo hubiera echo? ¡Ahora tendría una dragón como mascota! Eso sería genial, ya no tendría que asar carne toda mi vida.
- No creo que sea apropiado usar a un dragón como asador personal – regañó Zuko.
- A ver, quien asará la carne de su tío Sokka de ahora en adelante – comenzó a hablarle al dragón con esa voz rara que hacen cuando le hablan a los bebes – ¿Quién lo hará?
Le acariciaba la cabecita y parecía manso ante su toque.
- ¿Qué nombre le pondrás? – preguntó de pronto Aang.
Zuko se quedó en blanco, ni siquiera había pensado en eso. Es decir, ¿Ahora el dragón le pertenecía?
- Yo voto por Chispita Junior – sugirió Toph.
- ¿Qué? – exclamó Sokka - Toph, debe tener un nombre poderoso, de macho y que cause temor – pensó por un momento – El destructor – dijo finalmente.
- ¿Por qué un nombre que le hace parecer un villano? – preguntó Sun Hee.
- Ese nombre es estúpido – rápidamente se quejó Toph.
- No es estúpido, es perfecto. Imagina el miedo de las personas cuando escuchen el nombre de "El Destructor" – lo dijo haciendo énfasis maquiavélico – Seguro que se les bajan los pantalones.
El debate sobre el nombre del nuevo integrante comenzó, todos daban opiniones diferentes y en un punto, donde Sokka se burló de uno de los nombres de Toph, dio comienzo a un pelea entre ellos en donde el guerrero del sur termino noqueado por un pedazo de tierra. Katara tuvo que sanarlo.
- Oigan – de pronto habló Sun Hee – Todos están sugiriendo nombres de chicos, pero ¿Y si es una niña?
De pronto miraron al pequeño animal que estaba durmiendo ajeno a todo el escandalo causado por él. Dejaron el tema por el momento concentrándose en otras cosas, como por ejemplo, el entrenamiento de Aang. El maestro aire ahora dominaba el estado avatar, era momento de ponerlo a prueba.
En un lugar apartado cuatro maestros tomaron posición. Aang se enfrentaría simultáneamente a Toph, Zuko y Katara. Tal vez resultaba injusto, pero fue el mismo monje quien lo propuso, hasta el momento, la práctica de su nueva habilidad no se pudo llevar acabo debido al ataque que sufrieron en el templo, pero el se sentía seguro, las puertas estaba abiertas, el control establecido, solo habría que ver los resultados.
Sokka, Sun Hee y el dragón observaban como únicos espectadores.
Aang tomó lugar, parecían las ruinas de un antiguo centro ceremonioso, las estructuras de los alrededores seguían en pie, pero la naturaleza había reclamado su lugar en él. Grandes árboles crecían entre las edificaciones de piedra, raíces cubrían paredes o techos, ellos se encontraban sobre una plataforma de piedra que en sus mejores tiempos debió de haber sido esplendida, Zuko reconoció que tal vez se trataba de un lugar para los encuentros de Agni Kai.
En el centro de aquella plataforma, Aang estaba parado. Toph en el frente, Zuko a su derecha y Katara detrás. Cada uno tomo posición, un instante de silencio, la concentración establecida, Toph fue la primera en atacar.
Zheng se encontraba con su padre escuchando como los hombres trazaban el plan sobre la mejor manera de atacar en la capital. Había escuchado la misma plática desde que se unió a ellos cuando escapó de la Roca Hirviente.
- Parece un cuento de nunca acabar – le dijo a su padre en un susurro.
- Las estrategias de combate toman tiempo.
Observó al grupo ahí reunido, en definitiva muchos eran personas importantes de las cuales el solo conocía por nombre, y como era evidente cada uno creía tener la razón y defendía su idea.
- ¿No debería de estar aquí el avatar o el príncipe Zuko? – su ausencia era mas que notable, después del suceso del dragón esa mañana ya no los había visto.
- Tal vez, pero supongo que deben tener cosas mas importantes que hacer.
Era mas que obvio que necesitaban de su presencia, su opinión, igual que la noche pasada era importante y altamente considerable, como el echo de que ahora el avatar se haría cargo del Señor del Fuego, eso había cambiado los planes principales y por ese motivo estaban ahí, ideando una nueva estrategia.
La tierra se sacudió fuertemente y algo parecido a una explosión se escuchó. Todos se pusieron de pie en estado de alerta mirando hacia donde el estruendo provenía. Con gran asombro observaron una esfera de luz blanca elevándose entre las altas copas de los árboles. Se dieron cuenta que había alguien dentro de esa luz, pero para sorpresa de todos una figura acompañada de grandes rocas se elevó a su altura atacándolo, después una ola de fuego lo cubrió.
Al principio del encuentro no vieron nada especial, pero Sokka supo ver la gran diferencia en Aang sobre el control de los elementos. Era mas limpio y fuerte, sabía contraatacar con maestría devolviendo los golpes de los tres maestros. Hasta que eso no fue suficiente. Sus oponentes eran realmente fuertes, Toph una prodigio con la tierra control, Zuko con su fuego resultaba abrumador y Katara, que combinaba dos estilos de agua control era mortal. Fue ahí que se dio cuenta que necesitaba mas y ese pensamiento lo hiso activar el estado avatar, Toph lo había sepultado en tierra y casi creyó haber ganado, hasta que Aang hiso volar todo liberándose de la prisión. Pasando el ligero asombro de verlo en su estado de mayor poder, los tres chicos continuaron sus ataques. Toph hiso que grandes montículos de piedra y tierra fueran hacia él, Katara, aprovechando el control de su amiga se colocó arriba de uno de ellos y con el impulso logro colocarse por encima del monje, un golpe rápido sería suficiente, pero al hacer el ataque no hubo agua. Los ojos llenos de luz la miraron y para su sorpresa quedó suspendida en el aire unos segundos, después una ráfaga de viento la golpeó haciéndola caer a la distancia sobre las copas de los árboles.
La distracción era un precio caro a pagar cuando se está en combate. Un remolino de fuego lo cubrió en el instante en que hiso que Katara fuera arrasada por el viento. Zuko no dejaba de alimentar la feroz llama, pero su fuego se disipó por un gran torbellino. La luz ya no lo cubría, en cambio anillos de tierra, agua y fuego circulaban a su alrededor, el príncipe no dejó de atacarlo mientras que Toph lo secundaba.
Sun Hee y Sokka se vieron obligados a cambiar de lugar constantemente, incluso el dragón que estaba con ellos evitaba los ataques incontrolados de los maestros. En mas de una ocasión el maestro tierra tuvo que elevar un muro de para protegerlos a ambos, como en ese momento que una ola de fuego iba en su dirección.
No se los estaban dejando fácil, y el maestro aire sonrió complacido. Tomando un impulso lanzó un ataque en conjunto, Toph y Zuko se encontraban atacándolo desde lados opuestos, enviando un remolino logró hacerlos salir de la plataforma, una victoria asegurada.
Pensó demasiado pronto.
Un extraño crujido se dejo escuchar proveniente de su espalda, podía ver como los árboles se movían ante lo que venía directo hacia él. La tromba de agua lo golpeó con fuerza, pero el maestro aire reaccionó rápido. Uniendo sus manos hacia el frente formando una V separó el ataque de agua, pero al desviarla Toph y Zuko fueron golpeados por ella. Al finalizar Katara estaba frente a él, por en el rostro de la maestra agua quedaba en claro que aun no había terminado, Aang se dio cuenta de la situación, todo ahora estaba húmedo y cubierto de agua, cuando vio el movimiento de manos por parte de ella y gracias a su reacción rápida logro evitar la jaula de hielo que iba a crear a su alrededor, sin embargo cada dirección que tomaba, antes de tocar el suelo, un grupo de picos de hielo era elevado para atraparlo o empalarlo, esas cosas resultaban ser muy filosas. Katara pronto cubrió con hielo todo el rededor, pero había olvidado un pequeño detalle, no era la única que podía controlar el agua. Aang deciso todo el hielo convirtiéndolo en agua, el líquido quedó sorprendentemente flotando en el aire, pero antes de enviar algún golpe a Katara, el agua se movió para protegerlo de un ataque de fuego. Zuko había vuelto al combate, sin embargo no deseaba enfrentarse a Zuko sin hacer algo respecto a la maestra agua que continuaba ahí, en un rápido movimiento la desplazó fuera de la plataforma hasta que golpeó contra un árbol.
Ahora quedaban solo dos. Toph ayudó a poner de pie a Katara, observarían el final del combate. No se habían dado cuenta en ese momento pero tenían público. Solo unos cuantos se atrevieron a dirigirse, bajo su propio riesgo, al centro de la conmoción. Habían observado parte del combate y ahora pareciera que solo quedaba el último encuentro.
Zuko tomó posición, Aang imitándolo de igual manera. El raund final se decidiría por fuego. Los ataques comenzaron, esquivaban y se movían con maestría. El avatar atacaba con gran control y precisión, como si fuera un veterano en el dominio del fuego, pero las llamas del príncipe era lo que llamaba la atención. El color era muy diferente, no era con tonos naranjas y rastros amarillos como usualmente es, su fuego era dorado. Increíble de ver en acción y su calor también era muy perceptible.
Ninguno de los hombres de la Nación del Fuego habían visto combatir de esta manera al príncipe Zuko, pero todos, seguramente, estaban de acuerdo en que no era cualquier maestro. Había sido entrenado por Iroh, el dragón del oeste, sus viajes por el mundo le habían echo aprender nuevas técnicas que presenciaban en ese momento y sobre todo, era el portador de las llamas de Agni. Y valla que ese era fuego.
El consejero observaba atento, el recordaba el encuentro donde el príncipe pedía perdón a su padre, pero sus suplicas cayeron en oídos sordos y el Señor del Fuego decidió darle una lección. Se preguntaba qué pasaría si se llegasen a enfrentar en un Agni Kai otra vez, definitivamente no sería el príncipe el que terminara con una marca de quemadura.
Sonrió orgulloso del que sería su futuro señor.
Un último ataque donde el fuego los cubrió parecía ser el definitivo. Aang disipó el fuego con una ráfaga de aire mientras que Zuko lo extinguió por completo. Se dieron cuenta que ahí terminaba todo. Estaban cansados pero contentos, Zuko le sonrió con gran gusto al ver lo fuerte que se había vuelto y Aang estaba mas que feliz al notar la determinación de su mejor amigo.
Ambos estaban listos.
Los aplausos y gritos los distrajeron, observaron entonces que no estaban solos. Incluso el sacerdote de la isla estaba ahí.
- Su Alteza.
Todos voltearon a ver a los que llegaban.
Tres soldados llevaban a rastras a un hombre, lo dejaron caer en el suelo sin contemplación, tenía el labio partido. Cuando Zuko lo vio se percató que era uno de los hombres que venían como prisioneros en el globo.
- Lo descubrimos enviando mensajes a la capital desde el globo de guerra.
La sorpresa fue grande.
- ¿Cuándo? – preguntó Zuko inmediatamente, nada feliz por lo que escuchaba. Si sabían que estaban ahí un posible ataque venía en camino.
- Lo descubrimos hace un momento.
- ¿Y desde cuando has enviado mensajes? – el enojo de Zuko era perceptible no solo en su mirada feroz si no también en el calor que desprendía.
– Desde el día que nos liberó – reveló con orgullo, los ojos dorados del príncipe se volvieron aun mas atemorizantes – Pero… no hemos recibido mensaje como respuesta – agregó.
- ¿Hemos? - preguntó. El hombre desvió la mirada, al parecer ya no diría mas, al menos no por las buenas - Enciérrenlo – fue su única orden.
Tres hombres se acercaron inmediatamente a él, Sokka también lo hiso – Desde hace tres días se envió el mensaje.
- Ya debieron de habernos atacado de ser así. Estamos a día y medio de la capital – aclaró uno de los hombres.
- ¿Aun quedan aliados ahí? – preguntó Sokka.
- No en la capital.
- Pensaremos que hacer después, por ahora investiguen que mensaje fue enviado y quienes mas están en esto – ordenó finalmente Zuko.
Toph fue una de las voluntarias para el interrogatorio, la maestra tierra no dejaba de decirle te lo dije con su mirada. Su aguda sensibilidad le permitió reconocer quien mentía y quien no, tres mas fueron descubiertos en la conspiración y aunque dos personas, Zheng y Sun Hee, esperaban que Mai también fuera culpable resultó que era inocente, nada tenía que ver con lo sucedido. Zuko aun desconocía lo que había pasado entre el maestro tierra con ella y el encuentro que tuvo con Katara y Zheng, en esos momentos lo importante era saber que harían ahora, pero los tres chicos la iban a mantener muy bien vigilada.
.
Sokka y Zuko caminaban por el bosque, seguidos muy de cerca por el dragón, Ulu los guiaba hasta donde se encontraba Aang. Notaron que el monje duraba horas y hasta un día completo en meditación en lugares apartados. Lo encontraron en un pequeño claro, el suelo tenía rastros de que hubo un piso de piedra ahí, aunque no era del todo perceptible por la tierra, los grandes árboles, a pesar de sus frondosas ramas no cubrían una parte en especifico, se abrían en un hueco que dejaba pasar luz justo en el lugar donde el maestro aire estaba.
Ulu descendió quedándose al lado de Momo.
- Estas muy alejado – comentó Zuko, caminaron por al menos una hora.
- Trata de crear una flama – le pidió aun con los ojos cerrados.
Zuko solo abrió la palma de su mano invocando el fuego, para su sorpresa no hubo fuego. Se asustó, realizo algunos movimientos con el mismo resultado.
- NO – gritó Sokka en estado de pánico - ¡Perdiste tu control de nuevo!
- No eres tu Zuko – habló con calma Aang mientras abría los ojos – Es este lugar.
Ambos chicos lo miraron tratando de entender, un viento sopló llevando consigo hojas y pétalos en color café y naranja. Zuko incluso llegó a percibir un aroma a incienso.
- Estamos en un lugar sagrado – explicó – Me resulta fácil entrar al mundo de los espíritus desde aquí. El estanque de los espíritus en la Tribu del Norte es igual.
- Pero no perdí mi control ahí – Zuko recordó su enfrentamiento con Zhao.
- Si hubieras entrado al agua no habrías podido crear fuego.
- Yue mencionó algo respecto – agregó Sokka.
El maestro fuego miró sus manos, al menos no había perdido su control, no del todo. Sokka se había sentado en el suelo frente al monje.
- Esta noche partiremos a la capital.
Después de investigar supieron que lo que se envió en el mensaje fue delatando que el príncipe se encontraba en la Nación del Fuego, y nada mas. Fueron demasiados estúpidos en no escribir la localización exacta, pero seguramente ni ellos lo sabían, la isla donde se encontraban no estaba en ningún mapa, los maestros fuego incluso habían llegado por ordenes de Piandao, quien solamente les dijo que viajaran en esa dirección, Wu se lo había dicho antes de partir a la Nación del Fuego. Aun así decidieron no hacer nada, moverse en ese momento podría significar su descubrimiento, y si enviaban un ataque estaban mas que seguros que se defenderían muy bien, después de la demostración de poder del avatar era mas que segura su victoria. Pero después de dos días nada había pasado, así que se formaron dos hipótesis. Una, el mensaje nunca llegó o Dos, si había llegado y les esperaba una trampa. Sea cual sea, su plan ya había sido trazado y sin importar como sucedieran las cosas ellos lo seguirían.
- Aang... – habló Zuko con cautela - Se que esto no es del todo de mi incumbencia pero... ¿Cómo planeas vencer a mi padre?
Había pensado en ese pequeño e importantísimo detalle desde que se había ofrecido para tal tarea. él por su parte pelearía en un encuentro de Agni Kai contra su hermana por el derecho a ser coronado, pero Aang no podía hacer eso, además de que su padre, aunque perdiera no cedería fácilmente a darse por vencido. Temía un poco por la acción que tomaría al respecto.
- He estado viajando al mundo de los espíritus tratando de encontrar una forma – hablaba con calma, pero tanto Zuko como Sokka pudieron notar una pequeña preocupación en su voz – Aun creo que la encontraré.
Supo que lo que buscaba era otra manera de vencer a su padre sin matarlo, él sabía que Aang jamás sería capaz de terminar una vida, incluso después de lo que pasó con Zhao y que fue el espíritu del océano quien lo controlaba, no dejaba de sentirse culpable al respecto.
Observaron como su amigo volvía a cerrar sus ojos, profundizando su meditación. De nuevo el viento sopló suavemente dejando un rastro de hojas y pétalos, Aang desapareció frente a sus ojos, incluso Momo.
Los dos se quedaron impresionados, pero después de unos segundos miraron el lugar vacío entendiendo.
- Buena suerte – le deseó Sokka.
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El agua brilló con intensidad, al quitar su mano miró con satisfacción su trabajo. Ya no había marcas o heridas en el cuerpo de Han, finalmente lo había sanado.
- Creo que ya esta.
- Justo a tiempo, creí que no iba a poder ir con ustedes.
Katara lo miró con sorpresa - ¿Planeas ir con nosotros?
- Por supuesto.
La preocupación en sus ojos mientras lo veía vestirse. Se encontraban en una de las casas de la antigua ciudad, después de lo que pasó con algunos de los soldados Haru se había negado a regresar al globo prefiriendo quedarse con los hombres y mujeres de la isla. En ese momento se hallaban en lo que se podría decir la enfermería. La maestra agua pasaba mucho tiempo ahí en compañía de otras mujeres que brindaban servicio médico.
- Han, no creo que sea seguro ir con nosotros.
El maestro fuego la observó – Quiero pelear al igual que ustedes - pero la contemplación azul de la chica le decía que opinaba lo contrario - Me crees débil ¿No es así? Solo porque tenía estos golpes no significa que sea un inútil.
Al principio pensó que estaban locos, la Nación del Fuego no era algo que tomar a la ligera, eran fuertes y peligrosos, una idea suicida si pensabas enfrentarse a ellos, pero ver la determinación y la demostración de poder de alguno de ellos le hiso cambiar de opinión. Ahora deseaba formar parte de su causa.
- No se trata de eso – intervino Katara de inmediato – Es peligroso.
- ¿Y cual es la diferencia? ¡Ustedes también se están arriesgando!
- La diferencia es que ellos tienen experiencia – una mujer se acercó a ellos, traía unas mantas y vendas en sus manos – Cada uno de los hombres ahí afuera fueron entrenados para matar, para lograr objetivos de manera exitosa y a no perder – los dos la observaban – Años de guerra los han pulido y convertido en lo que son ahora. Incluso están consientes de que no todos sobrevivirán al día de mañana. La maestra Katara no cree que seas débil, pero sabe que si vas con ellos, existe una posibilidad muy alta de que mueras y eso es lo que no desea.
Miró de nuevo a la curandera, sus ojos azules le decían exactamente esas mismas palabras. La preocupación por él era evidente. Han apretó sus puños con impotencia – La princesa del Reino Tierra es solo dos años mayor que yo – habló como queriendo buscar una oportunidad.
- Toph ha entrenado desde los seis años, es una prodigio, y aun así, fue alcanzada por un ataque el día del eclipse. Y créeme, estuvo a punto de no haber sobrevivido para que la pudieras conocer.
Se sentía impotente, pero también furioso, le estaban arrebatando su oportunidad de luchar.
- Se porque quieres ir – habló de nuevo la mujer – Te estamos quitando la oportunidad de demostrar que no eres débil – los ojos obscuros del chico la miraron – Pero déjame decirte que estas equivocado en eso. No lo eres, y no necesitas probarlo de esta manera. Existen muchas formas de demostrar valentía y honor. Una de ellas es sabiendo elegir tus batallas y saber cuando una situación esta fuera de tus manos.
- Eso es ser cobarde. Los verdaderos soldados no huyen de la batalla. Se quedan a pelear hasta el final ¡Y yo quiero pelear con ustedes!
- ¿Y que estarías dispuesto a hacer?
Zuko llegó a ellos, buscaba a Katara y sabía a la perfección que ahí la encontraría, escuchó la conversación mientras se acercaba. El chico de inmediato le hiso una reverencia, la mujer también aunque ella se alejó quedando a una distancia prudente, lejos de la vista del príncipe.
- Cualquier cosa – respondió.
- ¿Incluso si eso significa matar a tus amigos? – la sorpresa que vio por sus palabras fue su respuesta - Mañana nos enfrentaremos a conocidos o a personas que alguna vez viste pero jamás cruzaste palabra, ellos nos atacaran e intentaran detenernos de cualquier manera posible ¿En verdad serás capaz de matarlos?
Guardó silencio por un momento, en el instante en que quiso decir algo Zuko habló de nuevo.
– No me mientas – dijo seriamente – No serias capaz de hacerlo, lo se, tus heridas me lo dijeron – el asombro pasmado en sus ojos – Se lo que les pasa a los que se niegan seguir ordenes y eso no te hace débil. Te convierte en una gran persona – la mirada dorada cambió a una de aprecio – Han, no debes de cargar con el peso de quitar una vida, es algo de lo que jamás podrás librarte y siempre te perseguirá, no mereces eso.
Suspiró con resignación – Entonces... ¿Debo de quedarme aquí sin hacer nada?
- Vivirás para pelear en el futuro – colocó su mano en su hombro - Si mañana no tenemos éxito, necesito de personas como tu para que continúen el camino en el que nosotros fallamos.
El corazón de Katara de pronto se detuvo, no le gustó lo que dijo el príncipe de su nación. Haru pareció entender sus palabras y aceptó lo que le decía.
Urza sentía las lagrimas salir de sus ojos. La idea de que su hijo estuviera dispuesto a morir mañana le aterró, ¡Por Agni! Si era capaz de ver lo peligroso que era y evitar que otros mueran ¿Qué acaso el no podía hacer lo mismo? Para ese momento decidió mejor alejarse, sentía que no podía aguantar mas, se dio la vuelta para huir pero en su premura golpeó con un banco lo que la hiso caer. Irónicamente la persona de la que quería huir fue la primera en acercarse a ella.
- ¿Se encuentra bien?
Se quedó de piedra cuando vio el rostro de su hijo, la mira de él sobre ella. La había reconocido. De inmediato se levantó saliendo apresurada, Zuko se quedó estoico en el mismo lugar por un momento solo para después correr tras ella.
- ¡Espera!
Corría como si su vida dependiera de ello, no quería verlo, no quería que la reconociera, no ahora que sabía que podía perderlo nuevamente. Maldito el destino que lo colocaba en su camino solo para arrebatárselo de manera cruel. Su voz a lo lejos mientras se perdía en el bosque, avanzaba apresuradamente esperando perderse en el laberinto de árboles y arbustos, ruinas y piedra. Por primera vez, deseaba desaparecer para siempre.
- ¡Madre!
Su mano la había alcanzado, sujetaba su brazo y en el instante en que lo hiso no pudo sostener su cuerpo, las lagrimas salieron sin control y su llanto opacó el sonido del bosque. De rodillas en el suelo sintió que su alma era vaciada, lo poco que le quedaba de ella ahora parecía romperse nuevamente. Hasta que sintió los brazos de su hijo rodearla, el calor la cubrió y después de un momento notó que no era la única cuyo cuerpo temblaba.
- Te he encontrado – la voz entrecortada – Por fin te he encontrado.
Sus brazos la sujetaron con mas fuerza.
- Mamá...
Y al escucharlo decir esas palabras, ella lloró nuevamente.
Su aroma era algo que no recordaba, pero ahora inhalaba con profundidad para que quedara grabado en su memoria. Olía a bosque y tierra húmeda, al rocío de la mañana cuando el sol aparecía. Tenía a su madre en sus brazos, la había encontrado. Se separó un poco para ver su rostro nuevamente, sus ojos llenos de lagrimas le permitieron observarla con detenimiento. Habían pasado los años, pero para él seguía tan bella como la última vez que la vio.
Urza miró el rostro de su hijo, sus manos tocando su cara, había dejado a un niño atrás, ahora había un hombre frente a ella, el mismo que observaba desde las sombras desde que llegaron a la isla. No fue capaz de decir ninguna palabra, su mirada, sus gestos y su llanto le decían todo. Pasaron lo que sintieron fueron horas antes de que sus corazones se calmaron y se sintieron capaces de pronunciar palabra alguna.
- Estuviste aquí todo el tiempo – fue Zuko quien rompió el silencio.
- Sí.
- Madre...
Oh ya sabía lo que le preguntaría, el corazón de la ex princesa comenzó a latir frenético, era ese preciso momento el que ella trataba de evitar, el motivo principal por el cual no se había atrevido a mostrarse ante él.
- ¿Por qué te fuiste?
Y estaba frente a su salvación o su condena. Peso sabía que no podía huir mas. Con el corazón en la mano, le contó todo a su hijo.
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Katara salió de la enfermería sin entender lo que había pasado. Solo esperaba que no fuera nada grave. A la distancia pudo ver a su padre. Se acercó a él.
- Esta noche nos dividiremos – hablaba por primera vez con ella respecto a los planes establecidos, no formó parte de las reuniones como los demás, por lo tanto no sabría que papel tendría, solo esperaba, muy en el fondo, que no le hicieran lo mismo que le acababa de hacer a Han – Un grupo se dirigirá a la isla Fuente de Fuego para evitar la salida de los globos de guerra, el otro acompañará al príncipe Zuko a la capital – se detuvo para mirarla – Katara, quiero que acompañes al príncipe Zuko.
Se sorprendió por un momento y su padre pudo notarlo – Eres la única sanadora que hay aquí. Si algo llega a pasarle al príncipe...
- Lo sé – se adelantó – Haré lo mejor que pueda – le sonrió con seguridad.
Honestamente Piandao no deseaba que su hija tuviera que enfrentarse mañana. El sabía que era fuerte pero cualquier cosa podría suceder, no estaba excluida al peligro que se enfrentarían; sin embargo tuvo que aceptar a duras penas la petición de los demás hombres que lo acompañaban, enterarse que su hija era una maestra agua no fue solo la sorpresa inicial, si no una ventaja añadida. Había sido la princesa del Reino Tierra la que lo propuso, si deseaban que Zuko tomara lugar en el trono debían de mantenerlo con vida, nadie sabía en que condiciones terminaría su encuentro con su hermana, o incluso antes de llegar a ella no aseguraban su integridad. Necesitaba de un guarda espalda eficiente, especialmente uno que pudiera protegerlo y sanarlo de manera efectiva. No les cupo duda que era la indicada si había logrado restaurar el rostro de la princesa e incluso devolverle la vista. El guerrero del sur también estuvo de acuerdo con eso, pero, en el fondo, Piandao notó que su príncipe no se veía muy cómodo con la idea, aunque no lo expresó abiertamente.
- ¿Irás a los globos?
- Mi conocimiento en metalurgia será necesaria, el príncipe Sokka y los maestros tierra también irán.
Sonaba lógico si Toph y Sun Hee eran metal control y Sokka ya parecía entender el funcionamiento de los globos. Aceptó entonces que sería ella quien acompañaría al príncipe y se encargaría de su cuidado, de alguna manera la hiso sentir un poco tranquila, especialmente después de haber escuchado como estaba dispuesto a morir por la causa.
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Estaba furioso, pero no con su madre, si no con el cobarde de su padre y el miserable de su abuelo. Obligar a su madre a cometer tal delito. El jamás la odiaría por lo que hiso, o por haberlo dejado atrás. Comprendió a la perfección sus acciones, pero la vergüenza que le generaba ahora su familia lo estaba llevando al borde. No parecía ser suficiente que fueran los causantes de derramar tanto veneno en el mundo y dañarlo, si no que también expandían esa miseria a su propia familia.
- Todo esto debe de terminar – habló con enojo. Ahora mas que nunca se aseguraría de que así fuera.
- Zuko – colocó las manos en su rostro para que la mirara, el temor por sus palabras la alertaba – Cometí un pecado para permitir que vivieras. Te perdí y ahora que te tengo otra vez no deseo perderte de nuevo. No quiero que mueras – habló al borde del llanto nuevamente.
- No deseo morir y no lo haré. No ahora que tengo otro motivo por el cual luchar. Yo tampoco quiero perderte madre, te he encontrado y quiero que estés conmigo para siempre.
Se conmovió, aunque eso no le quitó la preocupación de lo que pasaría mañana.
- Estas muy grande – dijo sin querer mientras acariciaba su rostro, la cicatriz la toco con suavidad, quería preguntar pero no se atrevió – Y eres muy fuerte, El portador del fuego de Agni – dijo con orgullo – Y el nuevo guardián de dragones.
De pronto se puso como amapola de la vergüenza - ¿Guardián de dragones?
Voltearon a ver al animalito que estaba cerca de ellos, ni siquiera Zuko se había percatado de su presencia, o que lo había seguido todo ese tiempo.
- Así es como los guerreros del sol te llaman.
Su rostro seguía rojo y la ex princesa no pudo evitar reírse.
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El Sol estaba cayendo y el grupo se preparaba para partir, la ausencia del avatar fue mas que evidente, pero los dos príncipes explicaron que se había adelantado a la batalla. Nadie dudó de su palabra.
Han miraba con algo de impotencia, se sentía mal por no poder acompañarlos, pero las palabras del príncipe aun estaban en su mente ¿Estaba dispuesto a matar? La respuesta era un claro no.
- Han – se dio la vuelta para mirar al príncipe acercarse a él – Hay algo que deseo pedirte - eso lo tomó por sorpresa - Mi madre se encuentra en la isla.
Su boca se abrió como un túnel. El príncipe miraba hacia un lugar en especifico y el siguió su mirada, un grupo de mujeres donde solo una volteó hacia ellos.
- ¿La Señora del Fuego? – simplemente preguntó sin poder creerlo. Nunca había escuchado hablar sobre ella.
- No se con seguridad que pasará mañana pero enviaré a la menor oportunidad un mensaje con mi halcón. Han – lo miró con seriedad – Si llegamos a fallar, quiero que tomes a mi madre y la lleves al Reino Tierra, ahí busca a mi tío Iroh, el sabrá que hacer.
De pronto se sintió el peso de la encomienda, y al mismo tiempo veía preocupación en el príncipe. Dejando de lado todo aceptó con gusto, jurándole que nada malo le pasaría mientras estuviera bajo su cuidado. Zuko se sintió tranquilo.
La costa estaba llena de gente, cuatro grandes acorazados estaban anclados, algunos abordando y listos para partir.
- Entonces... – habló Sokka – Aquí nos separamos.
Miraba a su amigo y compañero de aventuras, casi un año juntos peleando con un solo objetivo y el día donde se decidiría todo pelearían en diferentes lugares.
- No por mucho tiempo – aseguró el maestro fuego.
- Mas te vale que le patees el trasero a tu hermana – amenazó Toph – O yo te lo patearé a ti.
Zuko solo sonrió – Le enviaré tus saludos.
- Cuida de él Katara, sabes que lo necesitamos completo para que pueda gobernar.
- Lo haré Toph.
- ¿Qué harán con Appa? – de pronto preguntó Sun Hee. El bisonte estaba parado detrás de ellos.
- No podemos llevarte amigo – Sokka lo acariciaba – Será peligroso y pueden lastimarte – un gruñido demostró que no estaba de acuerdo.
- Pude venir con nosotros – habló la maestra agua – hay suficiente espacio en el buque para llevarlo, además ha estado con ustedes desde el comienzo, no creo que ahora lo deban dejar de lado.
Aun que no estaban del todo seguros accedieron. Katara se alejo de ellos un poco para acercarse a su padre. De alguna manera le resultaba difícil decirle hasta pronto en esta ocasión. Un fuerte abrazo de su parte casi la hiso llorar.
- Esto es para ti – le entregó un bulto envuelto en tela, encima de todo una espada. La reconoció al instante, era la taichí que había echo para ella – Te veré mañana, cuídate mucho – le besó la frente.
- Tu también papá.
Después de que Appa subiera a uno de los barcos, el sacerdote dio una bendición a los que ahora partían deseándole la mejor de las suertes y la bendición de Agni. Zuko observó a la distancia a su madre al lado de Han. Con una mirada le decía todo.
Con la marea de la noche partieron hacia su destino.
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