Capitulo nueve- CACHORRO, LOBO Y MÁS MISTERIOS

Harry observaba distraídamente los alrededores en busca de algo que llamara su atención, pero desafortunadamente no había nada más que plantas y uno que otro animalillo valiente que se atrevía a acercarse a pesar de la presencia de Greyback. Se sentía realmente bien, la oscuridad le daba la bienvenida, las auras a su alrededor acariciaba la suya con respeto, reconociendo al amo de la muerte y por ende también guardián de la vida, la hermosa luna ya casi se podía apreciar en el cielo estrellado por completo.

El niño se recargo aún más en el fuerte pecho del lobo alfa, que le había tomado en brazos para acelerar su avance; se dio cuenta de que la naturaleza salvaje del hombre le aceptaba al sentir que su agarre aumentaba inconscientemente, como si quisiera protegerlo.

Probablemente se metería en serios problemas cuando el Director y el profesor Snape se dieran cuenta de su desaparición, aunque aún contaba con un poco de tiempo antes de que lo hicieran, probablemente siguieran discutiendo junto a Sirius en la oficina principal.

Otro problema sería Remus si realmente estaba muy enojado con su pareja, mañana era luna llena y su estado de ánimo podría empeorar si veía a su querido niño en medio de una manada de hombres lobo potencialmente letal para su integridad física, lo cual de seguro le traería al jovencito una gran reprimenda acompañada de deberes interminables y arresto domiciliario en su habitación por varios días; suspiró con pesar al imaginarse esto último, detestaba estar encerrado , sus pies picaban con necesidad por sentir el pasto del bosque y la piedra de los corredores de Hogwarts. Pero bueno, ¿qué más daba?, de seguro Fawkes o los fantasmas le entretendrían para evitarle el aburrimiento.

Siguió divagando por un rato hasta que Fenrir le aviso que ya habían entrado en su territorio, las auras de la manada se hicieron palpables para sus sentidos, pasaron por una espesa barrera de helechos y demás vegetación que ocultaba un gran claro a la mitad del bosque, Harry repaso las chozas de madera y a la significativa población de ojos dorados con su ágil mirada, era un lugar acogedor, había pequeñas fogatas repartidas por todo el campamento; conejos, aves y otras presas se cocinaba sobre el fuego haciendo que el apetitoso aroma que soltaban hicieran que su estómago rugiera, las mejillas del niño se encendieron y Fenrir rio ante el gesto apenado del infante

-Tranquilo cachorro, te llevaré donde Remus para que te alimente, estoy seguro de que quiere verte- Harry dejó que el adulto tomara su pequeña mano y lo guiara por entre los curioso residentes, que no paraban de olfatear en su dirección, murmurando cosas como "¡que hermosa cría!" " ¿está marcado?" "¿le pertenece al alfa?" y provocando que su líder les mostrara sus fauces irritado, así que no tuvieron de otra más que apartarse de ambos.

Greyback lo guio hacia un área alejada, donde se encontraba una cabaña ligeramente más grande que las otras, le hiso una señal para que no hiciera ruido y con cuidado entraron; el interior era muy cálido a pesar de que no contaba con más de tres habitaciones, probablemente se trataba de un refugio para viajeros que estaban de paso; en una pared había una chimenea prendida, había una meza y una silla junto a una estufa vieja, le recordó a Harry el sentimiento que le embargaba cuando dormía sobre el regazo de Severus o de Lupin : una paz familiar. Vio como el macho alfa comenzaba a olfatear el aire en busca de rastros de la esencia de su pareja, se asomó en las dos puertas que estaban en el otro extremo de la sala, pudo ver que eran el baño y una alacena donde guardaban provisiones y mantas, pero ni rastro de Remus.

- Debe estar afuera, le gusta leer junto al río- le dijo el gran hombre antes de dirigirse hacia la salida- iré a buscarlo, tú quédate aquí, no salgas, no tardo- revolvió los cabellos del niño y se fue.

Pudo escuchar cuando llamó a un par de personas ordenándoles que vigilaran la cabaña, hubiera preferido acompañarlo, pero pensó que ambos amantes debían estar a solas para reconciliarse. Con un gesto de cansancio, Harry estiró su pequeño cuerpo alzando los brazos y parándose de puntillas, buscó una manta y una almohada en el armario, para después acomodarse frente a la chimenea.

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La noche había caído por fin, no se veía nada de luz proveniente de las estrellas o la luna, la gran mansión se encontraba sumergida en las tinieblas debido a la presencia de un ser oscuro.

Gemidos apagados eran lo único que se escuchaba en uno de los cuartos, la luz de las velas alumbraban a una gran figura que se movía vigorosamente sobre otra más pequeña

-M-Mi señor…- dijo el individuo que estaba siendo sometido

-Calla!- gruñó el aludido- No quiero que hables- y siguió arremetiendo contra él

Detestaba hacer esto, detestaba tener que disponer de otros cuerpos insignificantes para satisfacer sus necesidades, para calmar un poco las ansias que le provocaban estar "incompleto". Era una situación que lo ponía de mal humor, su fuerte carácter podía convertirlo en un ser impaciente y eso espantaba mucho a sus sirvientes; el muchacho que gemía bajo su cuerpo en esos momentos no era más que el hijo de uno de sus mortífagos que pertenecía a la jerarquía menor dentro de su círculo, el pobre joven había llamado su atención debido al color verde en sus ojos, pero no se comparaban en nada a los que estaba buscando, éstos eran de un verde opaco y sucio, con una pequeña luz de ambición; los que Lord Voldemort quería eran unos mucho más brillantes y peligrosos, llenos de secretos y de muerte

Con una firme estocada terminó dentro del muchacho, quien ya estaba semiinconsciente, su cuerpo temblaba debido a la rudeza del gran mago oscuro, no pudo hacer más que quedarse quieto y ver como su Señor se vestía y abandonaba la habitación sin dirigirle una sola mirada.

Lord Voldemort caminó todo el largo pasillo que lo conduciría al ala privada de la mansión Malfoy, aquella parte que estaba reservada solo para él, topándose al final con el dueño de la misma, Lucius Malfoy.

El frío hombre lo saludó con una respetuosa inclinación, el Señor Oscuro pasó de largo y pocos segundos después el otro hombre le siguió

-¿Desea que me encargue del chico, mi Señor?- preguntó Lucius al ver que su amo no decía nada

Se sorprendió mucho cuando, después de un momento, su amo parecía no estarle prestando atención, con un poco de duda lo llamó para captar su atención, pero al ver que otra vez no respondía decidió quedarse callado y esperar a que su amo regresara a la realidad.

Era extraño ver a su Señor de esa forma, la mente ágil y letal del mago debía estar pensando en algo realmente importante como para desenfocarse de esa forma; pudo ver como de repente los labios del Lord Oscuro se curvaron en una especie de sonrisa que Lucius no supo leer muy bien, casi pegó un salto cuando el otro hombre le habló

-Deshazte del chico- al parecer había regresado de sus pensamientos

-¿Desea que lo mate?

-No, ya tengo suficientes problemas, Oblivialo

-Como ordene, mi Señor- Lucius asintió, aliviado de no tener que lidiar con ese asunto más de lo necesario, en sus adentros respiró con alivio al pensar que su querido Dragón estaba fuera del alcance de su Señor, admitía que se sentiría honrado de que Lord Voldemort tomara en cuenta a su heredero, pero dudaba que su hijo pudiera resistir la personalidad del mago oscuro, si bien el niño era inteligente, su juventud sumada con la admiración que su amo despertaba en las personas podían jugarle en contra, convirtiéndolo en una marioneta que sería fácilmente desechada cuando aburriera a su Señor, justo como el chico que debía Obliviar.

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Remus estaba furioso. Se había estado sintiendo mal por haber sido tan duro con Fenrir el otro día. Después de correrlo de la cabaña que compartían salió a despejarse un poco, dio una larga caminata por los alrededores, ocupo su tiempo en impartirles clases a los niños de su manada y , viendo que ya no tenía nada más que hacer, tomó un libro y se dirigió a leer a su sitio favorito.

Fue hasta casi el anochecer cuando su pareja lo encontró por fin y Remus sintió que debía disculparse con él, pero ese sentimiento no le duró ni cinco segundos, ya que detecto de inmediato el dulce aroma de su Harry impregnado en el otro lobo, sin pensarlo dos veces saltó sobre su amante, provocando que éste callera pesadamente contra el barro de la orilla

-¡¿QUÉ DEMONIOS LE HICISTE?! ¡¿PORQUÉ SU AROMA ESTÁ SOBRE TI?!- gritó el rabioso hombre sobre la cara confundida del otro

-¿De qué hablas?

-¡¿Dónde está MI cachorro, Greyback?!- el tono del profesor era amenazante, el halo dorado en sus ojos brillaba intensamente debido a la proximidad de la luna llena. Su mirada se volvió predadora, su pequeña cría podría estar en peligro, había sido encontrado por un hombre lobo –que era su pareja, pero que no por eso era menos peligroso- a un día de la luna llena, si era mordido había probabilidad de que se infectara y él no iba a permitir que eso ocurriera. Gruñendo más cerca del cuello de su amante, volvió a preguntar por el paradero del niño

-Lo encontré en el bosque cerca de tu escuela, quería ver si estabas por ahí ya que cuando regresé a casa no te vi, supuse que habías regresado con tus humanos- le explicó un poco irritado, ¡en verdad que su perra alfa era agresiva cuando se trataba de su cachorro!- ya era tarde y pensé que te alegraría verlo, así que lo tomé y lo traje conmigo, está en casa

Pero en vez de tranquilizar a Remus con sus palabras solo logró enfurecerlo más.

-¡Eres un idiota!, ¡¿Acaso has olvidado que pronto saldrá la Luna y nos convertiremos en criaturas mortalmente peligrosas?!, ¡Podría salir herido o peor, mucho peor!- con un fuerte empujón dirigido al Alfa, el otro lobo comenzó a correr rápidamente de regreso al campamento.

Pasó como un bólido entre los miembros de su manada sin detenerse a saludar ni nada, solo le importaba llegar cuanto antes con su cachorro. Cuando por fin estuvo frente a su residencia entró rápidamente, sin reparar mucho en los dos machos Beta que custodiaban la entrada, bueno, ¡por lo menos el idiota de su amante se había tomado la molestia de poner a alguien para que cuidara a su pequeño!

Adentro estaba oscuro, solo la luz de las llamas en la chimenea brindaban iluminación. Pudo verlo inmediatamente, Harry se había quedado dormido frente al fuego, hecho una pequeña bola sobre la alfombra, "nunca cambia" se dijo a sí mismo el profesor mientras negaba con su cabeza, ese era un hábito distintivo en el niño, todos sus profesores lo sabían, era como un pequeño gato que gustaba de acurrucarse en un sitio cálido. Lupin no pudo evitar recordar cuándo su cachorro acababa de llegar con ellos de casa de los Dursley, siempre se las arreglaba para meterse en la cama de Severus o de él mismo cuando las pesadillas no dejaban descansar a su mente infantil.

Con cuidado y dulzura, Remus tomó entre sus brazos a Harry, conjuro un diván con su varita y se recostó atrayendo al otro contra su pecho, los arropó bien a ambos y decidió descansar un rato.

Despertó después de unas cuantas horas al sentir un toque en su mejilla, volteó somnoliento para ver a Fenrir, quien contemplaba con cariño la imagen que estaba frente a él

- Te ves adorable- el castaño sonrió- ese niño en verdad que te tranquiliza, ¿por qué no lo dejas con nosotros?

- Quisiera, pero no sería justo para él ni para los demás, hay muchos que le aman tanto como yo, ya hemos hablado sobre esto- Remus comenzaba a alzar la voz, pero se calmó cuando sintió a Harry removerse entre sus brazos, volteó a verlo encontrándose con la mirada del pequeño

- Remus, tengo hambre- el aludido soltó una risita y asintió a los deseos del niño, se levantó y fue a ver si tenían algo en la alacena

- ¿Ya están bien?- preguntó Harry al lobo Alfa que aún seguía de pie al lado del diván

- No, es más terco que nadie que conozca y el haberte puesto las manos encima no ayudó mucho

Harry sintió pena por el hombre, él mejor que nadie conocía ese aspecto de su querido profesor, así que procedió a echarle una mano. Se levantó y fue hacia él, llamó su atención para que éste lo levantara en brazos y le susurró algo al oído, Greyback vio con sorpresa cómo el rostro de su amante se tornaba rojo y apenado, para luego bajar a quien tenía en brazos. Con caminar lento y mirada arrepentida, Lupin se acercó a su pareja, lo rodeó con sus brazos y se disculpó por haber sido tan rudo con él.

El Alfa solo atinó a mirar al pequeño, tratando de entender qué le habría dicho a su castaño para que se disculpara, Harry solo le sonrió y guiñó un ojo mientras tomaba una botella de leche y la llevaba a sus labios.

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El director Dumbledore se encontraba bastante entretenido viendo a dos de sus mejores ex alumnos discutiendo, ya llevaban unas cuantas horas así, al parecer ambos seguían en desacuerdo con el plan que ya les había explicado.

Harry estaba vulnerable siendo el Niño-Que-Vivió, la única solución que Albus había encontrado era darle a su pequeño una nueva identidad para que éste tuviera una vida más o menos normal hasta que el tiempo de cumplir la profecía llegara y ¿qué mejor solución que pedirle a esos dos hombres, en los cuales confiaba plenamente, que adoptaran al niño?, ¡era un plan a prueba de tontos! , solo un poco de sangre y una firma mágica y ¡tachan!, Harry tendría una adolescencia tranquila, sin necesidad de esconderse ni de estar encerrado. Era un gran plan, el problema era la enemistad que aún reinaba entre los potenciales padres adoptivos.

Un jarrón que se dirigía directamente hacia su cabeza sacó al viejo director de sus pensamientos, enfocó su atención de nuevo en el par frente a él y sonrió mucho al ver a Sirius que tenía al temido profesor de pociones acorralado contra la pared, en verdad que a veces los enamorados podían ser tan ciegos, ninguno se daba cuenta de lo mucho que disfrutaban sus peleas.

Pudo escuchar un suave golpeteo proveniente de la puerta para luego ver a Hagrid asomando su gran cabeza

-Disculpe Director, el profesor Lupin acaba de mandar un patronus, informando que Harry escapó de nuevo y está con él, dijo también que lo traería de regreso ni bien amaneciera

-Muchas gracias Rubeus- el guardabosques se fue con un asentimiento y un rápido vistazo hacia los dos que discutían

Albus suspiró al pensar en Harry, ese chiquillo era una pequeña centella inquieta, incapaz de estar en un solo lugar por mucho tiempo, era el pequeño tesoro que todo Hogwarts guardaba celosamente y debía ser protegido, el mundo mágico dependía de ello. Decidido, se levantó de su silla e inmovilizó a ambos con un movimiento de muñeca, captando de nuevo su atención.

-Me alegra que despierten tanta pasión el uno en el otro, pero me temo que debo interrumpir, me acaban de informar que el pequeño Harry se ha escapado del castillo y que ahora mismo está donde Remus, así que no hay de qué preocuparse-los liberó al tener su atención- y ahora si me disculpan, me gustaría que me dieran su respuesta en cuanto al plan que les plantee, no tenemos mucho tiempo, las clases iniciarán pronto y es necesario hacerlo cuanto antes- Severus y Sirius volvieron a mirarse, el asunto era demasiado serio, no por nada el Director se mostraba tan firme.

Así que con todo el dolor de su orgullo ambos magos cedieron, Harry era lo único que les quedaba de sus más grandes amores, así que su deber era ver por él

-Será mejor que no me molestes Black, porque te juro que lo lamentarás- dijo Severus mirando fijamente a su contrario, la determinación y resignación brillando en sus ojos azabache

-No lo haré si tú tampoco lo haces, Quejicus- Sirius sonrió al ver el tic nervioso en la ceja izquierda del pocionista, pero con la mirada igual de seria, lo haría por el hijo de su James, además saldría algo bueno de todo aquello: ese niño que debió haber sido de él por fin lo sería

-Perfecto, en ese caso comenzaré con los preparativos- dijo Dumbledore mientras le daba una palmada jovial en la espalada a ambos y con una chispa de diversión en sus ojos, agregó- ¿por qué no tratan de relacionarse un poco? Después de todo pronto tendrán un hijo

Albus salió tranquilamente de la oficina, dejando tras de sí a dos hombres con rostros horrorizados y sin darse cuenta de que había otro individuo oculto escuchando.

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Remus lo había tomado de la mano después de avisar en dónde se encontraba, para luego llevarlo afuera, hacia una fogata donde se cocinaba algo que parecía ser un jabalí. Los pocos licántropos que estaban alrededor se hicieron a un lado para dejar a la pareja alfa de la manada, los murmullos de curiosidad volvieron a hacerse presentes cuando vieron a Harry de la mano de Lupin.

-¿Por qué me miran tanto?- preguntó el niño visiblemente curioso, veía a la pequeña multitud que se alejaba pero que al mismo tiempo parecía querer acercársele, Remus también los miró de reojo, pero centró su atención en cortar un poco de carne para alimentar a su cachorro

-Es porque estas conmigo y hueles a mí- Harry le miró confundido, parecía no entender porque esa sería una razón para que le vieran como si fuera un bicho raro- Fenrir y yo somos los líderes de la manada y el que tú huelas a nosotros significa que has sido marcado como miembro de ésta, más específicamente como un cachorro alfa. Harry sonrió

-Entonces soy algo así como un príncipe?- el castaño le devolvió la sonrisa antes de sentarlo en su regazo e instarlo a que comiera mientras acariciaba su largo cabello azabache

-Así es, parece como si hubieras nacido para ser uno, siempre has sido tratado como tal, incluso en Hogwarts- el tono del lupino era de orgullo

- Además, eres una cría muy hermosa, pequeño, has despertado codicia entre los integrantes de la manada- Greyback apareció junto a ellos y tomó asiento para comer su ración de carne- pero no te preocupes, tendrán que probar su valía ante mí y Remus antes de pensar siquiera en acercarse con otras intenciones a ti, no permitiré nada menos que la excelencia en la pareja de mi cachorro- finalizó Fenrir, haciendo que el pecho de su amante se hinchara de amor al comprender que lo que el lobo alfa acababa de decir no era más que una declaración de pertenencia sobre su Harry, Fenrir lo aceptaba como parte de la manada y lo trataría igual que si fuera suyo.

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Mañana saldría por fin la luna y los licántropos serían libres para correr por el bosque, el aire festivo envolvía al campamento, Harry se sentía realmente contento de convivir con la otra familia de su amado profesor, quería conocerlos pero debido a los celos del macho alfa, solo le permitieron a los miembros más jóvenes el acercarse al "cachorro alfa". Los niños no perdieron el tiempo y fueron rápidamente hacia el ojiverde, al principio solo lo miraban, pero luego de recibir una cálida sonrisa de su parte se atrevieron a tocarlo. El primer valiente fue un pelinegro de ojos azules, tendría unos 13 años, acercó cuidadosamente una de sus manos a la mejilla de Harry, sintiendo su piel y haciéndole cosquillas en el proceso, la suave risa que se escuchó por todo el campamento solo fue un detonante para que los demás infantes perdieran la pena y se lanzaran sobre el nuevo cachorro. Le preguntaban su nombre, si podía jugar con ellos o si les permitía peinar sus largos cabellos, Harry asintió a todo y después de un rato ya se encontraba jugando con los niños.

La pareja Alfa sonreía al igual que los demás adultos presentes al ver tan animada a la población infantil mientras jugaban a atraparse, hace mucho que no se respiraba un aire tan alegre y familiar , parecía que su nuevo príncipe emanaba una energía cálida que embelesaba a quienes lo vieran

Desafortunadamente, el dichoso momento no duraría mucho.

Jason, uno de los niños más grandes, salió gritando de su escondite tras una de las cabañas, llamando así la atención de todos

-¿Qué sucede cariño?- le preguntó Rose, su madre, levantándose de su asiento junto al profesor Lupin

-¡Enemigo, enemigo!- fue lo único que pudo decir antes de que un gruñido casi bestial se escuchara tras de él, pero nadie vio nada.

-Dónde?- preguntó Fenrir al asustado muchacho

- En el linde del b-bosque- respondió. El adulto asintió y llamó rápidamente a un grupo de lobos para que lo acompañaran a revisar el perímetro, volteó a ver a su pareja, quien ya estaba contando a los niños para ver que no faltara ninguno, pero se alarmó al ver que su rostro se cubría de terror, preocupado, caminó rápidamente hacia él

-¿Están todos? ¿Falta alguno? ¿Dónde está nuestro cachorro? – Remus no respondió y Fenrir escaneó a la pequeña multitud, no pudo ver a Harry por ningún lado.

Al ver que su amante seguía sin reaccionar, volteó hacia los asustados niños

-¿Dónde está Harry?- ninguno parecía saberlo, hasta que el pequeño Nathan dio un paso al frente y de forma titubeante le dijo que "Esmeralda", como habían apodado al cachorro de sus alfas, se había quedado con el lobo negro. Cuando Fenrir y Remus escucharon eso, vieron todo rojo, uno de los malditos que los habían atacado hace unos días se había atrevido a meterse con su Harry.

Sin perder más tiempo, fueron en la dirección que los niños les señalaron.

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Harry buscaba a uno de los niños del equipo contrario, cuando había sentido una presencia que parecía provenir de la espesa arboleda del bosque. Llevado por su curiosidad se acercó al linde, sintió que alguien le estaba observando, clavó su mirada en donde la sensación se concentraba y supo que había alguien ahí, sus sospechas se confirmaron al ver a un gran hombre saliendo de entre las sombras, su rostro reflejaba unos treintaicinco años, una larga melena enmarañada y atada a un lado de su rostro le daba un aspecto aun más salvaje, sus ojos casi brillaban del color que caracterizaba a los licántropos, estos mostraban curiosidad ,diversión y deseo por igual mientras observaban al chiquillo.

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Lucien era ahora el Alfa de su manada, hace unos días su padre había entrado en disputa con la manada de Greyback al querer reclamar su territorio y a una perra alfa que éste poseía, en el enfrentamiento pudo vencer a varios de sus enemigos, pero al final perdieron cuando su padre fue asesinado por Fenrir, así que no le quedó de otra a Lucien más que retirarse por el momento.

Gracias a la muerte de su padre pudo tomar el puesto como cabeza de manada, habría preferido dejar las cosas como estaban , pero debía ganarse la confianza de su gente, quienes pedían a gritos venganza por sus integrantes caídos, así que decidió darles gusto y organizó el ataque, no perdería nada más que lobos mediocres incapaces de sobrevivir y a cambio ganaría tierras y una hembra que le pariera muchas crías.

Pasar desapercibido había sido bastante fácil, Greyback había bajado la guardia durante su aparentemente divertida fiesta, se ocultó aprovechando el buen escondite que los arboles le ofrecían y esperó a que todos estuvieran distraídos. Desde las sombras , Lucien pudo ver a varios cachorros correteando felices, pensó que se los llevaría para obsequiárselos a las lobas de su manada, éste año no les había ido muy bien en la época de apareamiento, las pobres estaban siempre malhumoradas y adoloridas de los pechos por la necesidad contenida de amamantar, se notaba que éstos estaban sanos y eran fuertes, serían buenos guerreros cuando fueran adultos.

El revoltoso grupo se reunió al parecer para decidir a quién le tocaba contar y entre todos gritaron "Esmeralda", fue ahí que apareció algo que encantó a Lucien.

Era una cría sumamente hermosa, la más hermosa sin dudas, todos los pequeños parecían reverenciarlo mientras hacían una rueda, cantando y girando a su alrededor. Era una cría joven, probablemente de las más jóvenes del grupo, se veía pequeño y frágil, con la piel blanca como nieve, el largo cabello lustroso como el de un cuervo estaba salpicado de florecillas que seguramente le habían puesto las niñas, no vio bien sus ojos, pero se notaba que eran claros. Observo con deleite como "Esmeralda" se ponía en cuclillas, cubría sus ojos con sus manos y comenzaba a contar al mismo tiempo que los demás rompían su formación y corrían en diferentes direcciones para esconderse.

Cuando terminó de contar se levantó rápidamente y comenzó la búsqueda, encontró fácilmente a un par mientras otro se le escapó, pero antes de que fuera tras él, Esmeralda hiso algo que sorprendió a Lucen: volteó hacia su dirección y sintió que la carne se le hacía de gallina, un par de esmeraldas le miraron fijamente, casi taladrado su alma y sin pensarlo salió de su escondite, sonriendo para evitar que el pequeño saliera corriendo.

Harry solo lo miró con curiosidad, no estaba seguro de si ese hombre pertenecía a la manada de Remus o era un extraño, así que mantuvo su distancia y retrocedió cuando éste quiso acercársele.

-Tranquilo pequeña Esmeralda, no te haré daño- le dijo Lucien tratando de sonar amable, sorprendiendo así a los lobos que le acompañaban y que seguían ocultos. Trató de volver a acercarse, pero obtuvo la misma reacción del pequeño, lo cual le molestó un poco, pero lo olvidó enseguida ya que una suave brisa le llevó el dulce aroma que éste despedía, olfateó el aire, reconociendo las esencias impregnadas en él. Sonrió con ironía- ¡así que eres la cría de Greyback y de su perra alfa!, bueno, no me sorprende tanto, eres el cachorro más bello después de todo, aunque también luces bastante frágil- con dos zancadas estuvo frente a Harry y lo aprisionó entre sus brazos- serás mi trofeo

Harry solo le miró, analizándolo, tratando de decidir si el lobo representaba una verdadera amenaza para Fenrir, Remus y su manada. De repente apareció uno de los niños, quien palideció al ver al "lobo negro". Lucien decidió que ya era hora de anunciar su visita y con un fuerte gruñido ahuyentó al muchacho, sus gritos alertarían a los adultos, solo era cuestión de esperarlos.

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-¿Está todo listo?- dijo la imponente figura desde su trono

- Sí mi señor, - le respondió el que se encontraba frente a él

-Muy bien, ya sabes lo que tienes que hacer, tráemelo en cuanto se descuiden- la única luz proveniente de un candelabro iluminó las duras facciones del hombre que hablaba

-Así lo haré- y esa misma luz hiso destellar las escamas de su sirviente antes de que este abandonara la habitación, dispuesto a cumplir con las órdenes que le encomendaron.