Capitulo doce- EL FINAL DE LA LUZ

Ya había caído la noche, las estrellas brillaban sin cesar en el firmamento, solo el viento hacía ruido al correr sobre el mundo.

Ni siquiera los animales se atrevían a romper el silencio absoluto que cubría al milenario castillo, el escenario de un Nuevo Comienzo.

Todo para el ritual estaba listo, el director los reunió a todos antes de conducirlos hacia el lugar donde se llevaría a cabo. Cuando llegaron, la reja de oro estaba abierta y Anwen los esperaba sobre la plataforma del pequeño lago.

Los cinco subieron, Harry iba entre los brazos de Sirius, encabezando al grupo. Cuando el elfo oscuro lo vio le sonrió, el niño pudo ver su aura antigua y sumamente poderosa, completamente diferente a la de cualquier otra criatura que alguna vez haya conocido. Harry pidió ser depositado en el suelo y Anwen se arrodilló frente a él.

-Sangre de mi sangre, siempre tuyo, Amo, el último del último en guardar el sumo poder- la reverencia que le dirigió al niño era tan profunda que su frente tocaba el suelo, el de ojos verdes aceptó con gusto sus palabras.

-Comiencen, la luna saldrá pronto

Y así lo hicieron, Albus revisó por última vez las runas, sellos y pentagramas que había dibujado hace unas horas con sal roja y cenizas de fénix, les ordenó a todos que se desnudaran y untaran sus cuerpos con un brebaje que burbujeaba en una esquina de la plataforma. Posicionó a Sirius y a Severus en la parte externa del gran círculo, justo sobre el primer anillo de símbolos, Remus se echó en el centro con el cuerpo de Harry sobre él.

El director sacó unos frasquitos que le habían sido entregados con anterioridad por los otros adultos y también los untó sobre el niño, eran una mezcla de sangre y semen de ambos padres, junto con las lágrimas del que se encargaría de gestarlo. El pequeño príncipe temblaba de frío a pesar de estar sobre el cuerpo caliente de su profesor, comenzó a escuchar a su abuelo recitar un complicado hechizo en lo que le pareció una mezcla de latín, griego antiguo y tibetano.

El enorme sello comenzó a brillar y las cenizas parecían querer volver a encenderse; el anciano se arrodilló junto a los cuerpos del centro, colocó una masa extraña y sanguinolenta de color plateado entre ambos vientres, era placenta de unicornio espolvoreada con arena de luna

-Para regresar el tiempo-dijo

Puso un huevo de basilisco petrificado entre las manos del lobo

-Para incubar la vida dentro del portador

Y les tiró encima un millar de capullos de mariposa

-Para asegurar el renacimiento

Los cantos aumentaron, las raíces que los rodeaban parecían cobrar vida, removiéndose inquietas al conjurar su magia milenaria para afianzar el alma del niño a éste mundo e impedir que se extraviara en el camino a su nuevo cuerpo.

Sirius y Severus cayeron de rodillas, sintiendo calambres por todos lados, parecía que la temperatura se elevaba provocándoles excitación y dolor. Jadeos escaparon de sus bocas, sintiéndose como si un frenesí de emociones los llenara, llevándolos al placer, al orgasmo físico y espiritual, al amor verdadero.

Al mismo tiempo Remus podía percibir dichas emociones como si fuesen propias, abrió sus piernas cuando un agradable empujón en su bajo vientre lo hiso delirar, como si algo intentara entrar en su cuerpo por su ombligo. El peso de Harry sobre él había desaparecido cuando sintió que sus entrañas se llenaban con algo.

Los cantos cesaron, al igual que los sonidos de los nuevos padres, los tres adultos respiraban de forma agitada sobre el suelo, podía verse sudor corriendo por sus frentes perlando sus cuerpos fatigados.

Dumbledore trató de entrar al gran círculo para ayudar a los demás, cuando dio un paso al frente un choque de magia pura pareció recorrer su cuerpo, haciendo chirriar sus huesos de forma abrumadora y aplastante.

Todo se volvió un caos.

Grandes llamaradas se prendieron de repente alrededor de ellos. El viejo director no pudo pasar el fuego, la desagradable sensación lo tenía atenazado aunque se tranquilizó un poco cuando vio que los pelinegros estaban inconscientes lejos del calor abrasante; los escaneó rápido para asegurarse de que no estaban heridos, solo dormían por la energía perdida, en un rato regresarían en sí. Volvió la vista hacia Lupin y sintió cómo su mandíbula se tensaba.

El ojimiel se estaba convulsionando y rodeaba su estómago como si le doliera, pudo ver que sangre comenzaba a brotar de su parte baja; completamente angustiado y perdiendo los estribos por primera vez en mucho tiempo, trató como pudo de abrirse paso para ayudarlo, algo parecía haber salido mal, muy mal. En un momento Anwen estuvo junto a él, viendo con los ojos entrecerrados hacia el castaño que se retorcía

-Qué sucedió?!- el viejo estaba alterado- qué salió mal?! ¡Ayúdalos, por favor!

Anwen se abrió paso sin problemas con el director tras él, cuando llegó junto al lobo lo sostuvo colocando una mano sobre el vientre ligeramente abombado…y sonrió, lo acarició con devoción, ignorando los jadeos de dolor y la sangre derramada del profesor.

Albus hiso un ademán de querer usar su magia para detener la hemorragia pero el elfo le detuvo.

-No lo hagas humano, es normal, la magia blanca del licántropo lucha para adaptarse con la negra del niño, está tomando forma dentro de su cuerpo, conectándose con él… su alma despierta- el elfo tomó la mano de Dumbledore para que la posara también sobre el vientre. Y lo que sintió fue puro terror.

Caos, dolor, oscuridad, la negrura consumiéndolo todo. Podía escuchar gritos de desesperación, el odio lo inundaba, recordó cada uno de sus pecados, todas las vidas que había arrebatado incluyendo la de su hermana, recordó su cobardía al abandonar a su único amor para que muriera solo. Tantos errores por su miedo a lo que no comprendía. Sintió que algo conectado a su mente veía esto y excavaba cada vez más hondo en su alma, descubriendo sus secretos. El mundo se volvió negro por un segundo y al siguiente podía ver a Harry de pie frente a el, con una bestia detrás cuidándolo, era horrible. Hicieron contacto visual, su corazón se detuvo, esos ojos…esos ojos llenos de muerte y desolación, verdes como una maldición asesina, eran los ojos de un alma maldita.

El niño le sonrió cruelmente, haciéndolo regresar al mundo material. Volteó a ver al elfo que seguía junto al cuerpo, ahora inerte.

-Verdad que es hermoso?

Dumbledore lo observó con miedo, lágrimas amargas cubrían sus mejillas, sangre salía de su nariz y paladeó su sabor metálico. Tanto había sido su miedo que mordió su lengua hasta casi arrancarse un trozo.

-Por Merlín…¿Qué he hecho?- soltó en un susurro lastimero mientras cubría su rostro con sus manos, acababa de traer al mundo un monstruo incluso peor que Voldemort, el solo pensar en lo que podría lograr un ser tan oscuro y tan lleno de maldad lo hacía temblar.

Sirius y Severus volvieron en sí poco a poco, vieron a su alrededor reconociendo el lugar, cruzaron la vista un segundo antes de incorporarse, fijándose en el desmayado Remus. Sirius ayudó al otro pelinegro a ponerse de pie, caminando a paso lento hacia su ubicación.

-Funciono?- le cuestionó Sirius al guardián del recinto en cuanto los alcanzaron, éste solo asintió. Acomodó a su amigo entre sus brazos, mientras Severus tomaba una sábana de un rincón para cubrirlo y lo levantó, tratando de afianzarlo bien para no soltarlo- entonces hay que irnos, debe descansar y alimentarse.

No alcanzaron ni a bajar por los escalones cuando un hechizo cortante le rebanó un poco el brazo al animago, ambos pelinegros voltearon sorprendidos para ver a su atacante.

Dumbledore los apuntaba con su varita, un nuevo hechizo brillando en la punta.

-Albus, qué te pasa?!- Snape se había parado entre el viejo director y Sirius, quien estrechaba fuertemente su carga

-Lo siento mucho…me temo que…he cometido un grave error- la varita temblaba entre sus dedos y sus ojos azules se habían hecho hielo, parecía como si de repente el anciano hubiera envejecido hasta casi perder la cordura.

-De qué demonios hablas Dumbledore?! ¡Somos nosotros!

-Lo sé, ustedes deben apartarse, debemos acabar con él- su mirada fija en el hombre lobo. Ambos hombres hicieron lo mismo, sin entender su comportamiento

-¿Por qué quiere acabar con Remus?

-No es Remus, Sirius, es la cosa dentro de él- un fuego extraño prendió dentro del viejo haciendo que una mueca histérica se dibujara en su rostro y los demás presentes pensaron que en verdad se había vuelto loco

-Qué estás diciendo Dumbledore?! ¡Es Harry!

-NO, no…eso ya no es Harry, algo salió mal, no vieron la oscuridad que entró con él, me temo que…Harry Potter se perdió, un monstruo lo ha reemplazado, ¡¿acaso no ven lo que le hiso a Lupin?! ¡Está bañado en sangre!

Miraron la condición del cuerpo, en efecto, sangre seca podía verse entre los muslos y estaba sumamente pálido; se quedaron petrificados, sin saber qué hacer.

-Sea lo que sea que haya sucedido, debemos esperar Albus, no tenemos la certeza de que algo malo haya pasado, además mira esto- el pocionista mostró un pequeño tatuaje sobre su cadera izquierda, prueba clara de que el ritual había sido todo un éxito- tal vez solo estás abrumado por la cantidad de energía que perdiste al realizar el encantamiento, cálmate- Snape hiso el ademán de acercarse, tratando de apaciguar la creciente locura del anciano.

-Están cegados por el amor, jamás creerán que se ha ido….debo hacer algo antes de que sea más fuerte, solo traerá desgracias, lo he visto. Entréguenmelo, por favor.

Dumbledore dio un paso hacia ellos. Ambos padres solo necesitaron eso para ponerse en acción, con una sola mirada se pusieron de acuerdo. Sirius saltó de la plataforma, mientras Severus corría hacia donde estaban sus pertenencias, el director comenzó a lanzar hechizos hacia el cuerpo inerte que cargaba el Black, quien hacía lo posible con sus rápidos reflejos para que ninguna maldición lo tocara. El Slytherin se le unió rápidamente, levantando barreras con su varita y lanzándole la suya al ojigris.

Vieron incrédulos la maldición asesina dirigida hacia ellos, trataron de cubrir con sus cuerpos al castaño, esperando que la muerte se los llevara primero.

Pero nada pasó. Abriendo los ojos vieron una gran figura que se cernía protegiéndolos.

-Sujétense a mí, nos apareceré fuera del castillo- obedecieron rápidamente tomando las manos que les eran ofrecidas.

Todo se volvió un borrón, lo último que alcanzaron a ver del viejo hombre fue un resplandor rojo que salía de su varita con el único objetivo de aniquilar al Ser que ahora se incubaba dentro de uno de ellos.

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Aparecieron en medio del bosque, la noche ya había caído por completo mientras que la luna brillaba en todo su esplendor, vigilando desde su trono entre las estrellas.

-¡¿Qué demonios le sucedió a Dumbledore?! ¡¿Cómo pudo atreverse a alzar su varita contra nosotros?! ¡¿CONTRA HARRY?!- ahora Lord Black era el que se encontraba algo histérico. Comenzó a vestirse con la ropa que Snape le había entregado después de depositar cuidadosamente a su aún desmayado amigo en el suelo.

-No estoy seguro, a decir verdad jamás lo había visto así antes, parecía realmente otra persona- el maestro ya estaba completamente vestido, su semblante sumamente concentrado en lo que acababa de pasar, sentía mucha rabia, ¡habían sido traicionados por el líder de la luz! ¡Por el hombre en el que había confiado, su mentor! No podía creerlo.

Escuchó un gemido a su derecha, era Remus. Empujó momentáneamente sus pensamientos para repasarlos después, éste no era momento de conseguir respuestas. Se agachó junto al cuerpo en el piso para revisar que estuviera bien. Apartó la sábana que lo cubría, limpió la sangre con un movimiento de su varita, para poder revisar el lugar del que había salido. Palpó con cuidado el vientre, sobando con amor la pancita que apenas y se notaba

- Black, ven a ayudarme

Sirius así lo hiso; se colocó tras el castaño, pegando la desnuda espalda contra su pecho.

-Sostén sus piernas abiertas, debo revisar que todo esté bien por el canal de parto, sangró bastante-El animago obedeció, no sin cierto bochorno inducido por la pose tan comprometedora en la que tenía al joven lobo. Pasado un rato, en el que Severus recitaba hechizos y hacía complejos movimientos de varita, dejó que el ojigris soltara las piernas y lo volviera a cubrir- Todo está bien, Lupin solo ha perdido energía, con descanso se recuperará pronto y Harry estará de nuevo con nosotros en poco tiempo

-¿Cuánto tardará?

-El vínculo de sangre nos une a los tres, el bebé se alimentará de nuestra magia y se desarrollará más rápido de lo normal. Tomando en cuenta que un embarazo masculino en un hombre lobo es de seis meses, diría que…unos dos meses más o menos- Sirius cabeceó con la preocupación marchitando su humor, trataba de encontrarle lógica a lo que Dumbledore les había gritado sobre el "monstruo" en el que su ahijado se había convertido.

Posó también su mano sobre el abdomen de Remus, tratando de sentir un indicio, algo, cualquier cosa que probara que realmente nada había salido mal. Que su ahijado estaba a salvo, que no se había convertido en un monstruo como el viejo les había dicho.

-Están dudosos y confundidos, humanos

Ambos siguieron la dirección de la voz del guardián de Hogwarts, estaba de pie bajo la sombra de los árboles, mirando con sus extraños ojos a quien Sirius tenía en brazos de nuevo.

-Tengan cuidado, ya que sus prejuicios podrían llevarlos a cometer errores de los que se arrepentirán

-A qué se refiere con eso? ¿Sabe por qué Dumbledore dijo esas cosas sobre Harry?-Severus preguntó respetuosamente, le debían la vida y necesitaba respuestas

-Ese hombre ha sido cegado por el miedo en su corazón, ha roto el único lazo que podía salvar a la Luz, mi Príncipe ha visto dentro de él y no está contento- el ceño de Anwen se frunció haciéndolo ver peligroso.

-Se refiere a Harry, cierto? ¿Qué le sucedió durante el ritual?

-El poder del Príncipe despertó por completo, sus líneas de sangre por fin se unieron gracias a la magia oscura en la sangre de ustedes dos

-No comprendo, explíquese por favor- Severus y el otro ojinegro centraron toda su atención en la criatura. Lo que les decía no tenía mucho sentido ¿Cómo el poder de su pequeño pudo causar la ruptura de Dumbledore, hasta el punto de que éste intentara matarlos?

- El Príncipe desciende de los Cuatro Fundadores por parte de su madre

-Lily descendía de los fundadores?!-Snape preguntó bastante impactado, jamás se habría imaginado que el misterioso linaje de la pelirroja del que el director les había comentado cuando Harry llegó con ellos, era el de los Fundadores

-Así es, la señorita Lilian fue la mejor de su familia, la única heredera del sumo poder, la primera bruja Evans en poder deshacerse del sello sobre su magia, puesto por el mismísimo Lord Slytherin para proteger su descendencia y asegurarse de que solo alguien lo suficientemente virtuoso pudiese usar el poder de su sangre. Tenía cada rasgo distintivo: su inteligencia Ravenclow, el corazón amable de Hufflepuff eran los más notales .¡Pero el físico! en verdad me extraña que no se dieran cuenta. Tenía el cabello rojo fuego de Lord Griffindor y los ojos verdes del señor Salazar, el orgullo de su linaje- Anwen se veía satisfecho, había inflado el pecho como un pavo real.

Severus y Sirius pensaron en ello, era verdad, Lily tenía cada rasgo de las cuatro casas y su apariencia siempre fue bastante peculiar, resaltaba a donde fuera.

-El amo James, en cambio, tenía sangre Peverell, descendía de uno de los tres hermanos que crearon las reliquias de la muerte, quienes también eran sus portadores. El mismo cabello negro ónix y carácter indomable, fuerte, regio, un gran hombre. Lo que el otro humano vio fue el poder sumado de tanta sangre mágica antigua y quedó aterrado. La herencia de la muerte es sumamente oscura, pero controlable para un espíritu fuerte, no hay riesgo alguno en el Príncipe.- terminó el guardián.

Los otros dos magos se calmaron visiblemente, el que les explicaran todo y aseguraran que no ocurriría nada malo con su hijo los alivió mucho.

-Muchas gracias por contarnos todo- fue Black quien agradeció- cuidaremos de tu príncipe, ahora es nuestro hijo.

-Confío en que lo harán

-Bueno, debemos ponernos en marcha, podemos ir a la casa de mis padres en Grimmauld Place-dijo Sirius haciendo el ademán de tomar el cuerpo de su amigo castaño, se detuvo cuando la mano del profesor de pociones tomo la suya fuertemente. Volteó a verlo confundido, el otro miraba hacia el frente en una pose tensa, giró los ojos hacia la misma dirección y….

Oh, mierda

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Su piel se estiró, rompiéndose para reacomodar huesos y articulaciones, una espesa mata de bello animal del color del humo cubrió todo su cuerpo, garras y colmillos crecieron junto a sus fauces letales, dando paso a una criatura tan majestuosa como aterradora, un lobo gigantesco, más grande que un hipogrifo, el Alfa de la manada que lo rodeaba.

El enorme animal aulló a la luna, la madre que lo ve todo, que ilumina las noches mientras cazan y bendice las uniones para incrementar la especie durante el celo. Todos los demás lobos siguieron su poderoso grito, listos para salir a matar en cuanto se les fuera permitido.

Los machos se dispersaron por el bosque, mientras que las lobas se quedaban atrás retozando juntas sobre la yerba u ocupándose de los pequeños cachorros que correteaban en círculos, mordiéndose la cola y las orejas, revolcándose mientras se propinaban golpecitos juguetones.

El gran Alfa los miraba, gruñendo cuando se le acercaban demasiado, su instinto le reclamaba por la ausencia de su perra alfa y de su cachorro, su manada se sentía incompleta.

Pasó un rato vigilando desde un peñasco, hasta que el viento nocturno le llevó una esencia conocida, se levantó rápidamente y corrió hacia donde su fino olfato le indicaba. Corrió por unos veinte minutos, paró a un kilómetro de la guarida de los humanos de su pareja. Olfateó y llegó cerca de un claro, acechó silenciosamente, podía percibir a dos humanos y a su perra, trató de ubicarla, estaba echada sobre el suelo ¡uno de ellos iba a ponerle las manos encima!

El gran Alfa salió de entre los arboles sigilosamente, los humanos se alarmaron en cuanto lo vieron, se quedaron quietos en su lugar. El lobo les gruñó, instándolos para que se apartaran de su pareja, tratando de dominarse para no matarlos, o de lo contrario su perra no dejaría que le tomase cuando quisiera.

Los humanos retrocedieron con cuidado, pudo escuchar sonidos salir de ellos, pero no les hiso caso; se posicionó sobre su perra, cubriéndola con su gran cuerpo, olfateó la piel desnuda que estaba mojada y fría. El Alfa lo lamió para tratar de despertarlo, respiró junto a su rostro olfateando algo extraño.

Su nariz lo guio hasta la entrepierna, pudo oler un rastro de sangre sobre los muslos y la entrada, pero otro aroma se sobrepuso a los demás. Era suave y dulce, emanaba de dentro del cuerpo, olía a flores, leche y miel. Subió para lamer los rosados pezones, sintiéndoles ligeramente llenos, de ahí venía el olor a leche; bajó de nuevo al vientre, olfateando mientras movía la cola, ¡su perra estaba preñada!

No pudo evitar alegrarse, se tiró junto al cuerpo más pequeño, ignorando a los humanos que le observaban, para enredarse en torno a él, dándole calor con su pelambre y lamiendo la entrada de su pareja con cariño, esperando a que despertara para poder regresar con la manada.

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Movimiento debajo de él lo despertó, estaba envuelto en algo cálido y duro.

Entreabrió los ojos alcanzando a ver un poco de luz del amanecer, volteó hacia arriba, topándose con la mirada brillante de su amante y sonrió. Estrechó su cuerpo contra el del alfa, frotando sus partes bajas con lujuria, se sentía realmente caliente esa mañana, Fenrir gruñó complacido, comenzando a lamer su cuello, bajando hasta sus hombros y luego hacia los pezones que estaban extrañamente sensibles ahora. Remus gimió sin poder evitarlo, solo pensando en que quería que su alfa se hundiera muy duro dentro de su carne, ronroneaba contra su cuello, propinando mordisquitos a la sensible piel.

Siguió frotándose de forma urgida, berreando como un niño por que el otro parecía no estar dispuesto a continuar con sus caricias.

-Lo siento, pero no creo que quieras que ellos nos vean- dijo el lobo alfa a su pareja, señalando un lugar a sus espaldas.

Y como si le hubieran tirado un balde de agua fría al castaño, todo su lívido se esfumó. Tras de él estaban Sirius y Severus, viéndolo con las caras rojas y tics nerviosos haciendo temblar sus cejas. El pocionista se aclaró la garganta para hablar.

-Me…apena mucho el tener que interrumpir pero…debemos irnos- Remus estaba sumamente avergonzado, ¡lo habían visto comportarse como una perra en celo! ¡qué vergüenza!

-L-Lo siento, en seguida me levanto- el profesor evitó mirarlos a los ojos y trató de incorporarse, siendo detenido por Fenrir que le miraba molesto

-¿A dónde crees que vas? Estás preñado, debes descansar- Remus se quedó quieto al escucharlo, parecía que hubiera recordado todo de repente, se llevó una mano al vientre, sintiendo la pequeña protuberancia que seguiría creciendo dentro de él.

-Por Merlín, funcionó- fue solo un susurro, pero sus compañeros pudieron escucharlo

-Así es, pero hubieron complicaciones, Dumbledore se volvió loco- dijo Sirius

-¿Cómo que loco?

-No es momento de explicar eso, debemos irnos, no estamos a salvo- Severus los apuró para que se marcharan, ayudó al castaño a cubrirse bien y lo guio hacia Black para aparecerse, pero Fenrir los detuvo de nuevo

-Espera, ¡¿qué mierda estás haciendo?! ¡tú te vienes conmigo, a donde perteneces!- el gran lobo trató de tomarlo, pero Sirius se lo impidió, el ojimiel se paró frente a él para tratar de explicarle.

-Escucha Fenrir, éste bebé no es nuestro, éste bebé es Harry; Sirius y Severus lo adoptaron por sangre y me pidieron que yo lo llevara, ya que mi cuerpo es más fuerte por la licantropía y sería el único que aguantaría la poderosa magia del ritual de adopción- Fenrir lo miró, entendiendo lo que le decía y tratando de no enojarse para no alterar a su pareja, poso su mano sobre el vientre, acariciándolo con añoranza

-Así que mi pequeño Esmeralda…muy bien, ve con ellos- el ojimiel sonrió mientras depositaba un beso en la barbilla de su amante- pero quiero que me busquen cuando vayas a parir, debo estar presente, yo también soy su padre- la pareja de pelinegros asintió ante la orden- vete, hace frío

Lord Black rodeó la cintura de sus compañeros y desapareció, aterrizando en un lugar que hace mucho no veía: el número 12 de Grimmauld Place, la casa principal de la familia Black.

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Caos

Recuerdos

Decepción

Odio

Traición

Su memoria revivía cada pensamiento de cuando él lo abandonó.

El gran estudio estaba completamente destruido, papeles regados por doquier, cristales rotos y muebles astillados eran todo lo que quedaba.

¿La razón?

Un ataque a su mente, el vínculo que lo unía con quien lo había traicionado fue estrujado de forma violenta, removiendo la barrera que impedía la comunicación, haciéndolo sacudir de dolor sorpresivamente. Había tomado su cabeza entre sus manos, moviéndose por toda la habitación intentando mitigar el dolor. Su sufrimiento duró poco, pero lo dejó agotado, sus energías fueron filtradas de su organismo involuntariamente, como si alguien más se las hubiera quitado.

Ahora mismo el Señor de la orden oscura jadeaba sobre la magnífica alfombra persa que cubría el suelo. Pasó un momento en el que se recuperó lo suficiente para ponerse en pie y se tumbó en su sillón favorito, de nuevo mirando el fuego, cuya luz era reflejada por cachos de cristal, haciendo que todo brillara como en un caleidoscopio.

Cerró los ojos y trató de relajarse. Podía sentirlo por fin, lo que bloqueaba su contacto fue destruido de alguna forma. Respiró hondo y se sumergió en lo profundo de su mente.

El santuario de su memoria se materializó a su alrededor, era una réplica exacta de su mansión, Slytherin Manor. Estaba en el salón de baile, la eterna noche que reinaba ahí le dio la bienvenida dejando pasar los rayos lunares a través de los inmensos ventanales de hierro forjado. El recinto estaba vacío, solo un trono negro y ricamente ornamentado ocupaba el centro de éste; con paso firme y tranquilo se sentó.

-Ven a mí- dijo con su suave voz de barítono- ven a mí

Vio complacido como la gran puerta frente a él rechinaba, como si alguien del otro lado empujara para entrar.

-Ven a mí- repitió

La puerta se abrió y una silueta amorfa se arrastró por el suelo hasta tomar la forma de un lobo negro. Lord Voldemort frunció el ceño, preguntándose porqué Esa persona no mostraba su verdadera forma.

-Por fin acudiste a mí, me has evadido por mucho tiempo-la voz salió fría y miraba con indiferencia al ente oscuro

-¿evadirte?- el lobo respondió con una vocecita infantil de extraño tono, el sonido estaba distorsionado y no tenía género.

-No quieres enfrentar tus pecados, huyes de mí cada vez que te encuentro, ignorando el juramento que me hiciste, ¿acaso no lo recuerdas?

-Yo…- la sombra se transformó en un pequeño cervatillo, blanco e inmaculado, sus orejitas se pegaban a su cabeza atemorizado. El señor oscuro se incorporó para acercarse al animal y pasó su mano sobre él, como si acariciara el aire que le rodeaba

-Solo está tu alma, el cuerpo debe estar contenido en otro lugar-el bello rostro del adulto se ensombreció- ¿permitiste que otro pusiera sus manos sobre ti? ¿o acaso te has vuelto débil por convivir con los asquerosos humanos que tanto amas?

Las palabras eran crueles y salían como si una serpiente las estuviera pronunciando, el pequeño animal dejó de lado su confusión, mostrándose irritado. Súbitamente se convirtió en una serpiente plateada que se elevó por encima de la cabeza del mago oscuro y le siseó mostrando sus colmillos.

-Tu carácter sigue igual que siempre por lo menos, espero que cuides bien a quien quiera que te tenga, porque voy a ir por ti- pasó su mano con delicadeza sobre las preciosas escamas, notando que brillaban como diamantes bajo la luz nocturna. Sintió lujuria correr por su cuerpo, prometiendo que cuando le tuviera de nuevo a su lado, lo encerraría para siempre junto a él, ésta vez haría que la oscuridad consumiera hasta el último atisbo de luz en el alma de su amante.- Para siempre, como siempre debió ser.

La serpiente se desvaneció con un ademán del Lord, quien regresó al mundo físico con nuevos planes trazándose en su mente.

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Aparecieron justo en la entrada de la residencia, todo estaba a oscuras y lleno de polvo, el olor a humedad era tan fuerte que hiso que Remus se mareara. Sirius dejó un momento a sus acompañantes para ir en busca del elfo doméstico que se encargaba del lugar, aunque no estaba muy seguro de que siguiera ahí.

Buscó en la cocina y las habitaciones de la planta baja, luego subió al segundo piso; encontró a Kreacher en un pasillo, sacudiendo el retrato de su madre, quien hablaba con ese tono petulante que tanto detestaba, frotaba el marco dorado cuidadosamente, asintiendo a todo lo que le decía la odiosa mujer.

-¿Sigues esclavizando a éste pobre elfo, madre?- Sirius se acercó a la extraña pareja, Kreacher lo miraba con desagrado, pegando sus feas orejas a su cabeza.

Walburga, por otro lado, había cruzado sus delgados brazos, viendo a su hijo mayor con molestia, pero aun así no con la decepción a la que el hombre estaba acostumbrado. Se extrañó, ¿por qué su madre no gritaba como una banshee al verlo?, habría esperado eso, no la pose de reproche que ella ponía cada vez que se metía en problemas cuando era pequeño.

-Chico irrespetuoso, no le hables así a tu madre, ven aquí y saluda como te enseñé- dijo la señora Black, hablaba en serio, asustó a su hijo con esa actitud

Sirius caminó hacia ella con paso lento, listo para salir corriendo si esta recepción era una trampa, se plantó frente a su retrato y le hiso una reverencia con una mano en el pecho.

-Buen día tenga usted, madre- ella asintió con esa elegancia innata que poseían todos los Black

-¿Por qué estás aquí?

-Escapé de Azkaban, viviré aquí a partir de ahora

-¿Te buscan?

-Eso creo, confío en que permitirás que me quede

-Lo haré, me alegró mucho el saber que delataste a esa familia sangre sucia con el Lord Oscuro, el chico Potter jamás me agradó, así que ganaste mi perdón hijo mío- los puños del hombre se cerraron fuertemente, furioso por las palabras de esa vieja bruja, decidió no objetar y controlar su carácter, necesitaba paz y tranquilidad para sus invitados y para el niño que venía en camino. Dejaría que Walburga creyera que se había "reformado" mientras Remus daba a luz y arreglaba todo para irse lo más lejos posible.

Sin querer seguir hablando con la mujer, el nuevo amo de la casa cerró la cortina para cubrirla y colocó un hechizo silenciador sobre ella para que no los molestara o escuchara algo.

Llamó a sus acompañantes para después guiarlos hacia sus habitaciones. Acomodaron a Remus en el cuarto que había pertenecido a su hermano menor cuando el elfo de la familia terminó de limpiarlo. Hicieron que se recostara en la gran cama para que descansara, su tez estaba pálida y parecía que estaba haciendo un gran esfuerzo para permanecer consiente.

-Ponlo cómodo en lo que Kreacher va por provisiones, yo terminaré de limpiar y revisar que todo esté en orden- el profesor de cabello negro hiso caso a lo que el dueño de la casa le decía.

Con un suspiro, el ojinegro sacó su varita y llenó de agua un recipiente dorado; el hombre lobo permitió que le desnudaran, agradeciendo la tela húmeda que ahora limpiaba su piel y lo relajaba, el frescor de las sábanas era delicioso contra su afiebrado cuerpo.

-Está creciendo- la voz de Severus hiso que su cerebro volviera en sí. Sus manos sobaban su estómago, provocándole cosquillas- en un par de meses estará completamente desarrollado y seguirá creciendo de prisa, hasta recuperar la edad que tenía originalmente.

Cuando terminó de asearlo y arroparlo para que durmiera, el otro profesor se retiró a descansar, prometiéndole que él y Sirius regresarían para almorzar juntos.

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Las primeras semanas fueron las más complicadas, mareos, vómitos, cambios de humor y muchas otras cosas típicas del embarazo hicieron que el tranquilo castaño se pusiera insufrible, además de que sus instintos animales podían hacerlo peligroso.

A veces los pelinegros lo encontraban en una esquina de su habitación, devorando la carne casi cruda que exigía para las tres comidas, o agazapado entre las plumas de edredones y cojines que deshacía para construir una especie de nido debajo de la cama. Severus se había llevado varios sustos, debido a que el vínculo maternal que compartían ambos maestros ahora, hacía que el lobo quisiera retozar junto con la otra "madre" de su cachorro, se colaba dentro de la cama del pocionista y se frotaba desnudo contra él, hasta que las feromonas lo hacían soltar calurosos jadeos de placer, solo se controlaba un poco cuando estaba con Sirius, se acercaba para que lo acariciara como si fuera un gato o para que lo ayudara a asearse. Los instintos eran realmente interesantes y un poco aterradores.

Cuando se cumplió el mes, la barriga había crecido bastante, Remus tenía que aplicarse una pomada especial que Sev preparaba para que la piel desgarrada se regenerara, dormía todo el día y permanecía despierto hasta el amanecer, había pasado de comer carne semi cruda a comerla totalmente cruda y hasta beber la sangre del animal en cuestión, no salía de su cuarto ni abría las cortinas de las ventanas, se la pasaba tarareando melodías lentas al bebé dentro de él y le gruñía a todo el que quisiera acercársele.

En una de las ocasiones en las que el joven lobo había acudido a su lecho, el profesor pelinegro aprovechó para hacerle un examen físico. Palpó el abultado vientre, sorprendido del movimiento dentro de éste.

-Mi bebé- dijo con adoración, conteniendo las lágrimas de felicidad que brotaron fácilmente echando abajo su careta de seriedad

Después de un momento siguió con el chequeo, revisó cada aspecto detalladamente para ver que estuviera en óptimas condiciones, recorrió las caderas, se habían ensanchado para darle más espacio al feto, los huesos estaban bastante abiertos, la recuperación sería complicada. Hiso los cálculos y cayó en cuenta de que el parto podría ser también en luna llena y si así fuera la transformación podría ser bastante benéfica, el alumbramiento sería menos doloroso para el licántropo. Eso era bueno, una preocupación menos, ahora ya solo les quedaba el maldito de Dumbledore.

Los tres hombres habían preferido mantenerse incrédulos ante la reacción del anciano y el ataque efectuado en su contra, pensaron que solo había sido una fuerte impresión ligada a su vejez, pero no, Albus Dumbledore, aquel hombre honorable que lideraba el bando de la luz, admirado y respetado por sus valores y ética inquebrantables los había traicionado sin pensarlo dos veces. Al mes y medio de estarce ocultando en la casa Black, los hombres vieron con impotencia como el encabezado de la primera plana del Profeta proclamaba a Neville Longbottom como el Verdadero-Niño-Que-Vivió, según el artículo, el director de la escuela había declarado que Harry Potter solo había sido un señuelo para poder atacar y debilitar a Voldemort temporalmente, con absoluta seriedad contó los "verdaderos" hechos de esa noche a los impacientes reporteros: esa fatídico día los Potter murieron no por mano del Señor Oscuro sino la del propio Dumbledore, ¿la razón? Los Potter eran traidores, sirvientes de la oscuridad, espías al igual que sus amigos más cercanos Sirius Black, Severus Snape y Remus Lupin, los dos últimos, dijo, desaparecieron en cuanto el director descubrió sus verdaderas lealtades. Sirius casi sale corriendo a buscar a Albus, solo se detuvo gracias a que Severus le explicó que seguramente había dado esa declaración para hacerlos salir de su escondite, para motivarlos a buscarlo y así poder tenderles una trampa.

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Remus se había estado sintiendo mal todo el día, no había podido dormir y se estaba ansioso; después de casi un mes con los instintos lupinos a flor de piel, por fin un poco de cordura se reflejaba en su mirada.

-Severus!- llamó en voz alta a su amigo, la espalda le dolía horrores y podía sentir como si algo quisiera salir de su vientre- ¡Severus, Sirius!, ¡por Merlín, vengan! – la gran cama en la que se hallaba en esos momentos comenzó a humedecerse debajo de él, los calambres en sus piernas eran muy molestos, sentía que su temperatura comenzaba a subir también. Cerró los ojos fuertemente y rechino los dientes cuando una dolorosa sensación atravesó su espina dorsal, provocando que se arqueara en una posición antinatural.

-Por Merlín!- escuchó la voz de alguien decir después de que una puerta se azotara- ¡Kreacher, llama a Sirius, que traiga a Greyback, Remus está por dar a luz!- el aludido sintió que lo tomaban y desnudaban su cuerpo, el sudor de su frente entró en sus ojos haciendo que se irritaran; parpadeó varias veces para aclararse la vista pero no pudo, la cabeza comenzaba a dolerle y su cuerpo a sentirse pesado, cerró los ojos un momento y todo se puso negro.

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Carne, su carne estaba siendo destrozada, su cuerpo entero lo estaba siendo, huesos y músculos estirados, desgarrados para un propósito. Parir a su cría.

Remus podía sentir cómo la luna ayudaba a su cuerpo a volverse más fuerte para aguantar el parto, estaba tomando la forma de lobo en esos momentos al igual que su pareja, quien había acudido en cuanto le fue informado lo que ocurría; el sonido de sus huesos al quebrarse y reacomodarse era espeluznante, el hermoso pelo semi dorado crecía sobre su piel al igual que crecían garras y colmillos. En su agonía, el amable profesor sintió el hocico de su amante contra su rostro, la transformación estaba tardando más de lo normal debido al estado en el que se encontraba.

Cuando por fin estuvo en cuatro patas comenzó a pujar, podía sentir que ya casi estaba lo suficientemente dilatado, así que pidió ayuda a Fenrir con un chillido bajo; el macho alfa entendió , dándose a la tarea de lamer su entrada para dilatarla por completo y se alejó cuando ya estaba hecho; no podía hacer nada más, las lobas paren solas y sin ayuda, así que se fue a un rincón del cuarto al que ambos habían sido llevados por los otros adultos para sentarse a esperar.

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Sirius paseaba de aquí para haya frente a la habitación en la que los lobos se encontraban, Severus aguardaba aparentemente más tranquilo sentado a un lado de la puerta, alerta de todo lo que se escuchaba por si hubiera complicaciones y tuviera que ayudar. Greyback les dijo que no se preocuparan, que el lobo de Remus era lo suficientemente fuerte como para que algo le pasara a él o al bebé y que de todas formas estaría con él para ayudarlo en lo que pudiera, que lo único que debían hacer los tres era esperar a ver el resultado.

Eso les había dicho hace más de ocho horas, ocho horas en las que se la habían pasado acomodando otro cuarto para el maestro y el bebé, así como todo lo necesario para cuidar de ambos; necesitaban alguna señal de que todo había salido bien, de que el pequeño ya había nacido, cualquier cosa, pero no, en cambio, solo escuchaban uno que otro quejido junto con gruñidos bajos y silencios prolongados. Era desesperante.

-estas seguro de que todo está bien? Ya tardó mucho- dijo Black por décimo cuarta vez en la última hora, provocando que Severus lo viera con fastidio

-Está todo bien, de lo contrario Greyback ya nos habría avisado

-Pero y qué tal si lo intentó y no pudo porque Remus lo mato?!, ya viste cómo se puso con nosotros esta última semana!- el profesor se le quedo viendo como si estuviera loco y lo mando a sentarse junto a él, Sirius le obedeció a regañadientes y comenzó a apretar fuertemente la tela de su pantalón; al ver esto, Severus colocó su propia mano sobre la otra.

-Todo va a estar bien-dijo mirando al animago a los ojos, volteándose sin ver el sonrojo en sus mejillas. Sirius sintió la necesidad de decir algo que le había estado dando vueltas por la cabeza desde que vivían juntos, pero no pudo hacerlo debido al grito bestial que se escucho de dentro de la habitación. Fue un aullido fuerte y lleno de energía seguido de un sonoro llanto.

Su niño por fin había regresado.