Capítulo 2 - La unión hace a la fuerza...¡a por ellos!
En Tokio, donde exactamente se encontraban el dojo de los huérfanos, efectivamente, el dojo Kamiya. Estaban tomando el té con sus pastas. Las mujeres sonreían en son de triunfo, y los hombres...bueno, ellos estaban de morros, habían caídos como unos vulgares insectos en las telarañas de las "Arañas" más peligrosas de todos los tiempos. Y Yahiko, bueno el jovencito tenía el ojo morado y algo hinchado, producto de un misterioso objeto que salió de la nada. Un ruido en el exterior del patio, les llamó la atención, ante ellos se presentaba una paloma, con una carta atada a su pata...
-¡Ostras es un mensaje de Misao!..-exclamó con júbilo Kaoru...-¡espero que lo haya conseguido!...
-¡¿Conseguido que cariño?!..-le preguntó Kenshin..-¿convencer Aoshi? mmmm querida mía, ya sabemos como es y cuando no quiere hacer nada no hay manera de convencerlo...
-Pero si no lo intentas no lo consigues...-le corrigió Megumi...-las mujeres tenemos mucho poder de convicción...
-En esos estoy de acuerdo contigo doctora mía..-masculló el luchador al morder una galleta..-¡Yahiko no te enamores nunca, las mujeres son una perdición irresistible!.
-Mujeres...mmmm son un peligro..-murmuro Yahiko al tomarse su té...
La jovencita, es decir, la dueña del dojo. Se levantó con violencia y mirando a Megumi sonrió, la "zorra" se emocionó y se unió a la alegria...
-¡Aoshi a caído!...-grito Megumi...-¡la pequeña Misao lo ha conseguido!...
-¡¿Que?¿como?!..-se preguntaron los chicos...
Kenshin se levantó y agarró con fuerza la carta de Misao y en letras grandes aparecía como el bloque de hielo había caído, las mujeres se sumaban un punto a su favor. Sanosuke estaba horrorizado y Yahiko, bueno, el chiquillo bufó.
-¡Que suerte que tenemos!...-dijo Kaoru aunque...-¡ostras! ahora que participa Aoshi, seguro que gana...con lo guapo y atlético que es no me extraña...
-¡Es cierto, es muy guapo con esa apariencia misteriosa!..-exclamó Megumi.
-Ejem...Megumi..¿con quién estás saliendo?..¿con Aoshi o conmigo?...bueno yo diría que yo soy tu novio no ese petardo de ninja atormentado..¡así que me debes apoyar a mi!..-le dijo celosamente el luchador..
-¡Los celos a flor de piel!..-exclamó Yahiko.
El pelirrojo se acercó a su amada y abrazándole con fuerza...
-¡Ay mi Kaoru con lo guapa y hermosa que es!..-le acaricia el cabello...-tú sabes que yo voy a ganar...
-Chantajista emocional..-susurro Yahiko...-el amor te hace cometer locuras..
Y asi continuaron. Sonriendo con las victorias que estaban consiguiendo a su favor, aunque ahora solo les faltaba la aceptación de otros hombres...¿lo conseguirá su espía?. Un joven corría como si llevara el alma del diablo encima de él, aunque en cierta forma podría decirse eso. El joven sudaba muchísimo, atravesaba el pasto con rapideza y todo para no ser alcanzado por ese "diablo".
En Kyoto, la pequeña ninja estaba realmente feliz, había conseguido convencer a su amado, así que acabando de hacer sus tareas, se dirigió a la habitación del joven, abrió al puerta y ahí, enfrente de la ventana se encontraba meditando. Se acercó con sigilo y abrazándolo por detrás..
-Te quiero...
-No creas que se me va a olvidar el trato que hemos echo..-le comento con una sonrisa...-verte danzar solo para mí es una de mis grandes ilusiones...-se giró y abrazándola...-y también debes saber que te quiero con locura...
-Ya lo sé..-le da un ligero beso...-pero debemos partir ya al dojo Kamiya, es en Tokio donde se celebra el certamen de los Misters...
Y comenzaron a andar, con un nuevo rumbo y nuevo destino...el certamen de Misters. La cena en la casa de Saito era de lo más tranquila y silenciosa, salvo en la mente de Cho, algo pervertida pero que pronto tendría la respuestas a esas falsas ilusiones. Cuando terminaron de comer, la mujer les trajo un rico postre, los ojos perspicaces del Lobo sospecharon de algo, jamás su bella y encantadora esposa traía un postre de semejante sabor, aunque si realizaba esto, significaba que la mujer quería algo a cambio.
-¡¿Que quieres Tokito?!...
-¡¿Como puedes sospechar de mí?!..-se hizo la ofendida...-con lo que yo te quiero..-fingió las lágrimas ante los ojos serios de su esposo, al final se dio por vencida...-¡está bien Lobito mío!...
-¡Deja de llamarme Lobito delante de la gente, en privado te lo consiento!..-se quejó Saito...
-Verás Lobito..-ignoró su comentario...-quiero proponeros un trato y tú me lo debes, hace tiempo que me prometistes algo y quiero que me lo cumplas...
-¡¿Yo?!¿cuando fue eso, no me acuerdo?¡no me mientas!...
-¡No te miento!...-se defendió...-¡es cierto que me lo prometistes y lo vas a cumplir..de lo contrario tendré que tomar medidas drásticas!...
-¡Je! me río de tus amenazas, he tenido peores...-sonrió con triunfo.
Cho observaba la discusión de la pareja, hubiera deseado irse, pero la mano de Tokito presionaba con fuerza la suya y hacer un movimiento brusco contra esta mujer, podría significar la muerte o en todo caso, la vergüenza para su honor. La mujer le trajo un pergamino enrollado y clavándoselo en el rostro de su genial maridito...
Lo vio. Le horrorizaba eso.
-¡¿Que has echo Tokito?!..-se levantó furioso...-¡no solo tienes el orgullo de ignorar mis comentarios en cuanto a la forma de llamarme en público que hasta eres capaz de hacer que mi honor se vaya al pique publicando en el periódico mi mote!..-estrujo el pergamino...-¡como te atrevas a hacerme esto, te mató!...
-¡¿Tú a mí?!...-se levantó de la misma forma...-¿crees que te tengo miedo?¡por favor Lobito, jamás te he tenido miedo por la sencilla razón de que no me asustas, puede que a los demás si, pero yo te conozco mejor que todos y...-se acercó al oido de su Saito...-me haces el favor y a cambio...hacemos una visita turística por los rincones del placer..¿que me dices?
Ahora él era el sorprendido, le estaba proponiendo algo que a él le interesaba muchísimo. Se sentó y asintió con la cabeza.
-He ganado...-sonrió con victoria, y girándose hacía el ayudante de su marido...-muy bien, vas a participar en el certamen de misters que hay en Tokio dentro de 5 días, es una orden, ya que me lo debes después de estar invitándote día tras día, cumples tu trato y la deuda de dinero que tienes te la perdono...
-¡¿QUE?!¿solo me invitabas para eso?¿o sea que si no participo te tengo que pagar la comida?¡véase semejante caso, cuando invita a una persona no es para que luego te tenga de devolver el dinero!...¡usted es muy pesetera!...-puso morros y cruzó los brazos...-¿que pasa si no lo hago?.
-¡Que irás a la cárcel, me montaré un trola de que intentastes sobrepasarte conmigo y viendo tu historial delictivo que tienes, te condenarán a muerte y desaparecerás de la faz de la tierra...asi que..¿tú eliges?!...
No podía creerse lo que escuchaba, ahora entendía por que estaba casada con Saito, ambos eran tal para cual, igual de chantajistas y sucias personas. Bufó y asintió con desgana, prefería eso que desaparecer, aun tenía que hacer muchas cosas en esta vida y quería tener descendientes, aunque viendo el camino que estaba tomando, dudaba mucho que tubiera un rol paterno. La mujer aplaudío y comenzó a comerse el postre, ante las caras de fastidio de los hombres. La noche cegaba tanto Tokio como Kyoto y alrededores, así que el ninja encendió una fogata mientras abrazaba a la chica, estaban absortos en las llamas de ese fuego. El frío estaba presente en esa hermosa noche...
-Sabes una cosa Aoshi...-le habló la joven..-tengo miedo de que a causa de ese certamen de misters, las mujeres empiecen a perder los papeles contigo y que encuentres a una mujer más bella que yo y me dejes...
-¡¿Y por qué piensas eso?!..-la estrechó con más fuerza...
-Verás..-pronunciaba con dificultad...-vas a ser el más guapo de todos los que se presenten y tengo miedo de que entre ese día, te fijes en otra chica...
Le dio un beso a sus cabellos, para luego sonreir. Él jamás haría eso, su Misao era la única que había en su corazón y siempre sería eso. Le dio la vuelta y besándola con pasión, comenzó a acariciarla...
-¡Nunca te dejaría por otra, antes me mataría!...-la abrazó fuertemente...-quiero que recuerdes esto, te amo más que a mi vida misma...no quiero que pienses que te voy a dejar por otra, cuando no hay ninguna mejor que tú...
Y así continuaron abrazados.
En un bosque muchísimo más lejano, el mismo joven que practicaba el atletismo como única salvación a su pellejo, seguía en su gran apogeo. Huía del diablo en persona o mejor dicho, disfrazado de mujer...perdón nuevamente el travesti . A ese viejo camarada o como quieras llamarlo, le estaba haciendo la vida imposible y solo deseaba vivir en paz.
-¡Que alguien me ayude!...-suplico el joven...-necesito una inspiración divina...
Y así continuó corriendo, debía encontrar al Kenshin Gumi...necesitaba ayuda y ellos eran los mejores en estas grandes modalidades.
Continuara...
