-Ninguno de lor personajes me pretenece, todos son de sus respectivos creadores-
::: Ira descontrolada :::
Un largo y frustrante viaje fue el que Silver realizo, llena de ira por no haber podido descansar y distraerse de su rutina como ella había planeado, lejos de su trabajo y por sobre todo de su jefe, el que se las ingeniaba para retenerla siempre en casa en los días de descanso de la espadachín. Frustrada a morir miraba por la ventana del automóvil, no había nada que la distrajera lo suficiente como para calmar su malestar, había tenido que salir de la mansión, de la ciudad que le brindo felicidad, solo para atender la estupidez de los subordinados de su jefe, y eso era lo que mas la molestaba, atender algo que a ella no le correspondía en lo mas mínimo, solo porque así lo había dicho su preciado jefe.
Llena de enojo no había podida probar bocado alguno, cada que recordaba lo cerca que se sentía de sus últimos seres amados y del como le fue arrebatada la posibilidad de verlos en su día de descanso un gran nudo se le formaba en la boca del estomago. El chofer del auto no podía sentir mas pánico del que en esos momentos le invadía, estar tan cerca de la peligrosa y sexy sacaría de la organización, y además a sabiendas que esta se veía sumamente enojada no solo daba cabida para sentir miedo; le pobre hombre sudaba a mares al sentir la mirada fría de su pasajera posársele en su noca, sabiendo que de cometer un movimiento en falso podría salir sin vida de la ciudad, se aferraba al volante como si su vida dependiera de ello, trataba de concentrarse lo mas posible en sus cosas para que el miedo no lo invadiera completamente y así perder el control de si mismo. Había tomado la ruta mas rápida a la residencia donde se encontraban los responsables de que el tuviera que transportar a la temida Silver, lo único que lamentaba profundamente era el destino de aquellos que se habían ganado el que la chica estuviera en esa ciudad. Aliviado visualizo la gran residencia Kamijo e informo a su pasajera este hecho. Silver ni se inmuto en contestarle, solo sonrió con malicia mientras checaba el filo de su amada espada asustando aun mas al pobre hombre.
Medio mundo se detuvo a observar la elegante limosina que se estacionaba en frente de la residencia cuyo dueño desconocían completamente, intrigados esperaban que las ventanillas polarizadas se abrieran de un momento a otro para ver el rostro de aquella persona que se encontraba en sus adentros; el chofer toco el timbre y enseguida las rejas le dejaron pasar.
Habían pasado días, horas, quizá semanas, no estaba del todo segura, había sufrido tales maltratos por parte de sus captores que las fuerzas de seguir luchando se habían esfumado tras la decimo cuarta golpiza, casi moribunda tenia que soportar la hambruna y la sed, sus captores no le habían dado mas que un vaso de agua y una hogaza de pan al día, lo cual no era suficiente para mantenerla con energías para seguir soportando los maltratos. En todo ese tiempo jamás volvió a escuchar la voz de aquellas mujeres que se habían escuchado el primer día, tan solo aquellos hombres que la golpeaban a cada que la sorprendían tratando de escapar, el como se enteraban de sus hazañas era sencillo de saber, había cámaras ocultas vigilándole día y noche, lo que le imposibilitaba el escapar sin que estos se enteraran. Frustrada dejo caer su voluntad y se adentro en la depresión. Todo el tiempo siempre pensaba en ella, en su amada One-sama y en lo cerca que se sentía de ella, y por sobre todo en lo inútiles que fueron todos sus esfuerzos la querer salir de aquel lugar. Cansada y hambrienta sucumbía constantemente a los brazos de Morfeo, adentrándose al mundo de ensueños donde siempre veía a su amada One-sama todo el tiempo a su lado, teniendo aquellos crueles sueños donde ambas estaban juntas y siempre algo las separaba. Con lagrimas en los ojos despertaba cada que las pesadillas la perturbaban, imposibilitada de saber si era de día o de noche intentaba conciliar el sueño nuevamente solo para ver nuevamente a la chica que había estado siempre en su corazón.
Acabada de recibir su decimo sexta golpiza, injustificada pues esa vez no había intentado escapar, cuando escucho una gran pelea verbal entro todos los responsables de su secuestro, eran apenas 7 hombres gritando por todos lados, echándose la culpa unos a otros de un "trabajo" no autorizado, la chica dedujo inmediatamente que aquel "trabajo" no era mas que su secuestro, sonrió satisfecha al escuchar el pánico con el que los hombres corrían de un lugar a otro tratando de salvar su pellejo de la ira de alguien al que ellos nombraban aterrorizados como "Silver ".
La joven espadachín salió rápidamente del automóvil tras el chofer le abriera la portezuela, el hombre prácticamente se orino en los pantalones al ver la expresión sádica que en esos momentos la joven asesina poseía, esta solo atino a indicarle que saliera lo mas rápidamente posible de los alrededores y que no regresara hasta que ella lo llamara. Solo se escucho el rechinar de los neumáticos del automóvil tras ser prácticamente destruida la puerta de entrada de la mansión, alertando así a los secuestradores, que el responsable a su castigo por su tontería había llegado. Todos corrieron al único lugar seguro que conocían en toda la mansión llevándose con ellos a la perturbada herederas de los Shirai con ellos como justificación, esperando que la mano derecha de su jefe les comprendiera.
Aterrados escucharon los pacíficos pasos y el rechinar de la espada de su verdugo arrastrándose por la loza del fino suelo, lo que indicaba que la joven mujer se encontraba en su estado mas frenético de éxtasis, pues ella amaba tanto su espada que jamás permitiría que esta tocara algo mas que no fuera carne y sangre de sus victimas. Kuroko sintió la sangre congelársele tras escuchar como los pasos se detenían justo delante de la puerta donde la habían llevado, pudo escuchar claramente el rechina de la perilla y el pasar de la saliva de los hombres por sus gargantas, escucho el temblar de los dientes de uno y sintió como todos se posaban detrás de ella, como si su cuerpo fuese un escudo que los protegería de la furia del asesino que conocía como Silver.
El crujir de la puerta le indico que al fin aquella persona había entrado en la habitación. Esta por su parte antes de entra sintió algo revolverle el estomago, como si dentro de aquel lugar hubiese alguien que le pedía ayuda desesperadamente, un raro sentimiento que no había tenido desde hacia ya 12 años atrás, tragándose aquel sentimiento mientras serraba los ojos se adentro en la estancia fingiendo demencia ante aquella sensación extraña de calor que resurgía en su corazón.
Los hombres no pudieron pronunciar palabra alguna tras la imagen que la joven mujer imponía. Ataviada con aquel traje de cuero negro entallado, su ya conocida gabardina de la muerte (solo la usaba cuando sentía la necesidad de sangre), y aquel antifaz que siempre cubría sus ojos; en su mano derecha llevaba la larga Katana de excelente filo conocida como "Ranguren" y en su hombro izquierdo llevaba colgada una pequeña maleta, lo que indicaba que se quedaría un tiempo en aquel lugar. Dejo caer su maleta y trato de tranquilizar aquel sentimiento que le había invadido apenas hace unos mementos.
Espero que…- y no pudo continuar, tras ver la imagen que tenia enfrente su espada cayo al suelo estrepitosamente dejando un eco de silencio repentino después de que el ruido cesara. Su corazón se estremeció a tal grado que el pecho comenzó a dolerle terriblemente tras ver la situación en la que estaba. – Shirai kuroko. – susurro apenas audible para si misma. Los hombres temblaron aterrados tras ver la reacción de la chica.
Entiéndanos Silver-sama, era una situación difícil de ignorar el que la heredera de los Shirai estuviera en esta ciudad sin sus guardaespaldas. – comento uno de ellos, pero la joven acecina no podía despegar los ojos de la joven que tenia justo enfrente, reparo en cada detalle que pudo, sus ropas rasgadas, con gotas de sangre por todos lados, la piel visible llena de moretones y machas de sangre, cubierta por polvo y restos de lagrimas en las mejillas de la heredera de los Shirai.
No creímos que el jefe se negara a esta oportunidad tan jugosa. - comento otro mientras posaba sus manos en los hombros de Kuroko y miraba des-ínvidamente los pechos casi descubiertos de la joven, lo que enfureció aun mas a la acecina. Ante la mirada atónita de todos Silver levanto su espada del suelo y me poso frente a sus ojos.
Adivina que Ranguren. – le hablo a su espada como si de una persona se tratara. – hoy no trabajaras. – dijo fuerte y claro mientras guardaba su Katana en la funda, esto alegro enormemente a los hombres, pero su expresión cambio al ver que la joven Silver quitaba aquel antifaz de sus ojos dejando a la visa de los hombres aquella mirada chocolate cargada con tan odio que rápidamente todos se alejaron tratando de buscar una salida. – Ranguren no merece ser bañada con la sangre de escoria como la de ustedes. – dijo Silver antes de arremeterse con cada uno de ellos.
Los gritos desgarradores se escucharon por cada centímetro de la gran mansión, cada golpe que la joven otorgaba a sus contrincantes estaba cargado con tal furia que de recibir uno directamente fácilmente abrían perdido el conocimiento, el primero en caer había sido el que había osado en mirar a la heredera Shirai lascivamente, fue arremetido con un fuerte golpe en plena cara, seguido de un par de patadas que le rompieron algo mas que un par de costillas, con la nariz rota, el cuerpo magullado y sangrando a mares el pobre tipo se desmallo completamente, pues al parecer la acecina lo dejaría con vida para después; un par de los restantes quisieron atacarla juntos para así aumentar la posibilidad de salir con vida de ahí, lo cual fue inútil, el que la intento noquear dándole un golpe en la nuca fue detenido exactamente a un centímetro del cuerpo de la chica y esta le había roto el brazo en una fracción de segundo, adolorido se retorció en el suelo intentando calmar su dolor, el otro, el que intento atacarla de frente lanzando una patada de lado, fue recibido por la otra extremidad de la chica impidiéndole tocarla siquiera, en un solo movimiento lo lanzo a la pared y se arremetió contra el en una seria de golpes secos que fácilmente lograron sacarle el aliento, cuando el hombre estuvo inclinado la asesina Silver simplemente lo tomo de la cabeza y le dio un giro de 180 grados desnucándolo completamente. Los cuatro hombres restantes temblaban a como gallinas pegados a la pared, llorando suplicaban el que los dejaran, Silver asqueada de verlos golpeo a dos de ellos en la garganta, le dio un puñetazo al que tenia a la izquierda y una patada en el estomago al de la derecha.
Mientras esto sucedía, la heredera de los Shirai utilizaba cada método que podía para deshacerse de las ataduras de las manos y poder escapar de ese lugar, podía sentir el briba de los cuerpos de esos hombres que temblaban aterrados, varias veces el olor la sangre llegaba a su olfato alertándola de que aquella mujer era demasiado peligrosa como para enfrentarla, sin embargo había algo en el ambiente que la perturbaba de otra manera, había algo que le indicaba que no debía temer de aquella asesina nombrada Silver, pese a que sus muñecas estaban sumamente lastimadas y ensangrentadas por tanto forcejeo con las ataduras, ella no desistía de intentar zafarse de las cuerdas que la mantenían inmóvil. Podía oir los gritos desgarradores de los hombres suplicando piedad mientras eran golpeados brutalmente, podía escuchar los golpes secos que producían los puños de la acecina al chocar con los cuerpos de los secuestradores, en menos de 15 minutos todo había culminado, tras escuchar el ultimo grito desgarrador del ultimo de los hombres y tras sentir gotas de sangre ajena chocar con su rostro supo que todo había terminado y que posiblemente su destino no era del todo diferente al de aquellos hombres.
Lamento el que pasaras por esto. – susurro Silver cerca de la joven heredera. Kuroko al sentir a la acecina tan cerca se estremeció, algo que no paso desapercibido por la joven. – no debes temer de mi. – volvió a susurrar mientras se colocaba nuevamente en antifaz.
La sicario mas temida de todo el bajo mundo me pide que no le tenga miedo. – comento con ironía, ante tales palabras Silver se estremeció, paso del asombro a la risa casi inmediatamente, desconcertando a la joven pero haciendo que esta sonriera levemente sin entender porque.
Me has pillado, supongo que la mala fama llega incluso a oídos de la realeza. – dijo Silver mientras analizaba las reacciones de la joven y así ver como debía proceder.
¿Realeza? . – pregunto confundida.
Olvídalo Kuro-chan. – comento la acecina mientras se acercaba lentamente hacia la joven para llevársela de ese lugar.
¿He oído bien? ¿Me a dicho Kuro-chan o fue mi imaginación? Solo one-sama podía decirme así, no debo atentar contra mi suerte, si la hago enfadar quizá no salga con vida de este lugar. – pensó la heredera Shirai mientras sentía como la acecina la desataba lentamente.
Escúchame Kuro-chan, no puedo dejarte ir así como si nada, mientras te recuperas estarás a mi cuidado, tu secuestro fui sin autorización así que me encargare de que te dejen en paz, solo has lo que yo te diga al pie de la letra y nada te pasara. – murmuro Silver con tono frio.
Esta bien. – respondió la joven mientras sobaba sus muñecas tras ser desatadas. – Gracias. – dijo meintras sonreía ampliamente y hacia ademan de querer quitarse la venda de los ojos, pero al sentir la mano húmeda y olorosa a sangre de Silver impidiéndoselo supo que algo andaba mal.
No lo hagas, no te quites la venda de los ojos hasta que salgamos de este cuarto. – comento con tono preocupado la acecina, algo que kuroko noto de inmediato. – Debo admitir que me he descontrolado el día de hoy y no creo conveniente el que veas mi trabajo tan de cerca. – comento sumamente nerviosa, ambas se dieron cuenta por el temblar del cuerpo de la acecina.
Esta bien. – respondió tras un suspiro. – Esta joven, me recuerda un poco a One-sama. – pensó kuroko mientras era guiada por Silver hacia la salida de aquella habitación.
Con un raro sentimiento renaciendo en ambos corazones las jóvenes salieron de aquella habitación, kuroko apenas tenia las fuerzas para retenerse en pie por lo que Silver la tomo entre sus brazos y la llevo a una de las habitaciones del a mansión para que descansara plenamente hasta el día siguiente para así ir a un lugar menos perturbador para la joven Shirai.
uff a sido una mala racha para mis pobres fics, simplemnte no encuentro inspiracion T-T
he aki una entrega mas de este pobre fic k se a conbertido en mi desahogo T-T
Esperare con ancias sus Reviews xD
