::: Trabajando :::
El despertar de aquel dia fue nebuloso. Ambas agotadas por las exigentes emociones de hacia solo unas horas atrás, se removían entre las sabanas de aquella cama, siempre abrazándose, rosando ligeramente sus cuerpos entre si, buscando el calor de la otra, ocultando lo mayor posible las risitas cómplices amodorradas que se les escapaban de entre los labios. Cuando estuvieron deseperezadas, ambas buscaron la mirada de la otra, y apenas se encontraron aquellas ventanas hacia el alma, sonrieron como niñas en la mañana de navidad. Fue la heredera Shirai, quien cautelosa y con una sonrisa provocativa se acerco lentamente a su compañera. Esta, algo confundía aun por la bruma de la pereza apenas desapareciendo de su sistema, no logro reaccionar a tiempo cuando Kuroko se abalanzo sobre ella, completamente desnuda, y de hecho no recordaba a ciencia cierta si ella misma la había desnudado horas atrás, besándole desprevenidamente con tal fogosidad que le tembló cada musculo del cuerpo y se le erizo cada uno de los poros. La intensidad de los sentimientos de Kuroko era tal, que termino despertando completamente a la heredera Misaka, quien presa de su libido, tomo entre sus manos las caderas de su amada compañera y la pego mas hacia si misma. Logrando que emergiera de los labios de la misma un gruñido de placer que se le había retenido en la garganta.
La heredera de los Shirai se había colocado a horcajadas sobre Mikoto, quien sin duda alguna ya se había despertado por completo y en ese momento estaba a la expectativa, y sumamente excitada, por el comportamiento de su amada y mejor amiga. En medio del fogoso beso, ambas habían buscado desesperadamente el contacto de la otra sobre su cuerpo. Mikoto acariciaba la espalda desnuda de su amante, se incorporaba un poco y le dabas mimos a sus pechos desnudos, siempre rodeando sus aureolas y dándole pequeños mordiscos en el proceso, hacia caminos de saliva desde ellos hasta la clavícula y soplaba aire tibio de entre sus labios para refrescar un poco las zonas humedas que su lengua había dejado. Kuroko, extasiada por las caricias, apenas lograba hacer nada para regresarle los mimos a su amante. Pronto, cuando el aire acondicionado no fue suficiente para enfriar el ambiente, ambas sintieron las gotas de sudor escurriéndoles por la columna, excitando a su contraparte exponencialmente. Y de no ser por el casi insoportable dolor que atravesó el cuerpo de Kuroko, ambas habrían terminado lo que no habían podido desde el dia anterior.
La mueca de sufrimiento casi fugaz en el rostro de la heredera Shirai, no había pasado desapercibida para Mikoto, quine presa de la angustia redujo la intensidad de sus caricias hasta hacerlas sumamente tiernas y delicadas, casi siendo como el rose el viento en la piel de Kuroko.
Frustradas por la aun escasa salud física de Kuroko, ambas se recostaron en la cama, una encima de la otra, tan solo acariciándose mutuamente. Pasados unos minutos, y solo cuando el libido de ambas estuvo bajo control, suspiraron de frustacion para posteriormente reírse quedamente de sus vergonzosas acciones.
La paciencia no es nuestra virtud mas poderosa. – murmuro sonriente Silver en el oído de Kuroko, quien solo rio divertida en el pecho de la Sicario.
Contigo en mis brazos, no me importaría mucho pasar un poco de dolor con tal de culminar nuestro amor. – murmuro mientras hacia círculos en los hombros desnudos de su amada. Solo después de unos segundos soltó un suspiro casi frustrado. – No me es nada fácil quedarme quietecita teniéndote para mi sola, en esta coma, desnuda. – una sonrisa picara se formo en sus labios, sonrisa que compartió su interlocutora.
Te entiendo. Pero aun no estas completamente curada, el compuesto tardara un poquito mas en culminar su trabajo. – Silver había dicho aquello casi con resignación, acariciando la espalda de Kuroko, haciendo círculos con la yema de sus dedos, recorriendo toda la columna vertebral de Kuroko, dándole escalofríos a la misma por sus acciones.
Si no dejas de hacer eso, terminare violándote. - y apenas dijo aquellas palabras, los movimientos de Silver cesaron, mas por el shock que por otra cosa.
Me encantaría que lo hicieras. – susurro la de larga cabellera en el oído de su amante, provocando un delicioso estremecimiento en el cuerpo de Kuroko, quien obviamente no pudo evitar que un gemido de excitación se le escapara.
Y solo bastaran esas palabras para que ambas sucumbieran de nueva cuenta a sus bajos instintos. Besándose frenéticamente la una a la otra, dando vueltas en la cama peleando por el control de la situación, obviando el dolor de Kuroko y la preocupación de Misaka por esta, ambas se besaban como si no hubiera un mañana. Dándose fugaces y apasionadas caricias, devorándose los labios y sus lenguas danzando la una con la otra. Extasiadas en su pequeña burbuja, ignorando le tiempo, el dolor y sus responsabilidades. Ignorando al mundo entero. Rodaban por la cama, revolviendo las sabanas, riendo quedamente ante las reacciones de la otra, memorizando cada curva y rasgo del cuerpo de la otra. Besando cada centímetro de piel, suspirando entre cada caricia. Olvidándose de todo. Y habrían seguido hasta el final, de no ser por el estrepitoso sonido de una llamada entrante proveniente del móvil de Misaka Mikoto, mejor conocida como la sicario, Silver.
Con un bífido disconforme, ambas se separaron, gruñendo por lo bajo, Kuroko maldiciendo a quien fuera que interrumpiera su momento erótico con su amada, Mikoto jurando que mataría a quien fuera que la hubiera interrumpido en su acto. Y ella siempre cumplía sus promesas.
Silver se levando de la cama, dando un vistazo de reojo a su amada, quien sonrió secarronamente aun con una mirada disconforme. Completamente resignada, Silver procedió a atender la llamada, y apenas vio en la pantalla quien le llamaba, palideció completamente, dándole a entender a su interlocutora, que quien sea que llamara a su amada Mikoto, no era alguien a quien esta apreciara.
La llamada no duro mucho, de hecho no parason mas de un par de segundos cuando la heredera de los Misaka apretara la tecla para cortar la llamada. Ambas soltaron un suspiro resignado, sabiendo que aquella llamada no hacia mas que acortar sus momentos a solas. Sus momentos de libertad.
Resignada, Mikoto miro a Kuroko con una expresión desolada en el rostro, esperando que esta entendiera que era su trabajo el que la llamaba. Kuroko no necesito de esa mirada para entenderlo, ya se había levantado de la cama y estiraba sus articulaciones para ver que tanto se había recuperado su cuerpo. Aun podía sentir la rigidez característica de su cuerpo recuperándose de una muy buena paliza, pero eso le importaba tan poco como su herencia misma. Solo vivía por y para Mikoto.
No necesitando palabras, ambas sabían que no saldrían de esa mansión a menos de que la otra la acompañase. Mikoto, preocupada por la salud de su amada, le había entregado su uniforme especial, el cual contrarrestaba cualquier tipo de agresión, ya sea por causa de arma blanca o por arma de fuego, solo asi dejaría que Kuroko saliera de la mansión en donde se encontraba completamente resguardada, no solo por su presencia, sino por su orden misma. Nadie que apreciara su vida se atrevería siquiera a mirar a Shirai Kuroko.
Ambas salieron de la mansión. Ataviadas con el mismo uniforme. Botas negras, pantalones del mismo color, tan negra como la oscuridad, una camisa manga larga blanca, un chaleco de smoking negro, una corbata de moño y una gabardina, y de calzado, unos zapatos cómodos de arranque de caucho. En la espalda de Silver, Ranguren, la espalda de Kuroko, vacía.
Avanzan hacia el garaje, situado en la parte trasera de aquella casona. Kuroko esta feliz de ver el sol de aquella tarde pintando los cielos de un hermoso anaranjado, hacia días que no lo veía. Pese a todo lo que le había pasado, se sentía aliviada, había encontrado a su amada Mikoto, y eso es lo único que le importaba. Silver noto el alivio de su amada, y sonrió. Aun le parecía increíble la estupidez de quienes habían secuestrado a la heredera Shirai, ¿Es que acaso no les había advertido a todos los de su mundo dejar esa familia tranquila? Sea como fuese, lo hablaría con Touma, pero a como estaban sucediendo las cosas, algo no le estaba cuadrando.
Tomaron un coche del garaje, un simple Bentley polarizado de un hermoso azul eléctrico que las enamoro a ambas de inmediato. Con Silver al volante, ambas salieron de la casona, con tremendas sonrisas y muchos pensamientos pecaminosos en la cabeza. Disfrutando de la adrenalina al recorrer las calles a una velocidad poco segura.
Veinte minutos después, viajando por las calles, llegaron a la zonas mas pobre y descuidada de la ciudad, donde vivía la peor clase de seres humanos que se conociera. Desde asesinos a sueldo a violadores desquiciados. Ambas se miraron la una a la otra antes de bajar del coche. Solo basto eso para que se entendiera. Silver le había casi ordenado con la mirada a Kuroko que no se separara de su lado, Kuroko le había casi jurado que no se separaría de ella nunca. Silver se recogió el cabello en una coleta baja y su amante hizo lo propio. Antes de salir, ambas se colocaron el ya casi olvidado antifaz que Mikoto solía usar para proteger su identidad, artilugio que ahora cubriría también los rasgos de la heredera Shirai.
Salieron del coche, bajo la mirada de un sinfín de malandrines que esperaban pacientemente a que el ocupante saliera para robarle el automóvil. Pero apenas lograron ver aquel antifaz, todos salieron despavoridos hacia sus refugios, como las ratas de alcantarilla que eran. Silver sonrió complacida, ajustando a Ranguren en su espalda y pasándole a su compañera una pistola Walther P99, quien posteriormente la ajusto en una funda en la cintura. Se adentraron en aquella desgastada edificación, ignorando el fétido olor a suciedad y muerte, sorteando los pasillos, buscando la puerta que las llevaría a su encargo. Silver miraba todo lo que podía, buscando indicios de algo que pudiera dañar a su amada, buscando las posibles salidas de escape de su victima. Siempre a la escucha de cualquier ruido delator. Ambas se movían con cautela, con los nervios a flor de piel, alertas de cualquier cosa sospechosa. Pronto llegaron al quinto piso de aquella deteriorada edificación, cruzaron el largo pasillo hacia la ultima puerta junto a la ventana que colindaba con la escalera de incendios.
Detrás de la puerta del apartamento 5D, se escuchaba un traqueteo, digno de una fuerte pelea, ambas esperaron a que esta parara, lo cual no fue hasta que se escucho el como un objeto de vidrio se estrellaba en la pared. Es era la señal. Silver desenfundo su espada y de una patada derribo la puerta. Entrando como un huracan, desviando balas con la hoja de su arma. Detrás de ella entro su amante, disparando a los diferentes blancos, siempre procurando inmovilizarles, no matarles. Ese era el trabajo de Silver y ella respetaría eso. Siete hombres yacían en el suelo, todos quejándose, cuatro de ellos con heridas en las manos, imposibilitándoles tomar sus armas y seguir a la lucha por sus vidas, los otros tres, heridos en las extremidades inferiores, casi desesperados por detener el sangrado de sus piernas.
La sangre estaba regada por todo el lugar, había un montón de armas de fuego en una esquina, algunas drogas esparcidas en una mesa de centro, muebles dañados y manchados con bebidas o quemaduras de cigarrillo, y un fuerte olor a hierba quemada. Detrás de un mueble, había una puerta que colindaba con otra habitación, y por debajo de esta, escurría un rio de sangre y un olor a podredumbre que irritaba en sobre manera a Silver. Solo basto otra mirada a su amante para que esta asintiera, comprendiendo de inmediato que lo que fuera que había en aquella habitación, era mejor que ella no lo viera por el momento. En común a cuerdo, Kuroko se dedico a vigilar a los individuos que aun lloriqueaban en el suelo, implorando les perdonaran la vida, los siente sumamente confundidos por ver a la sicario en compañía de otra mujer, que aparentemente también era muy buena en el "honorable trabajo" de asesinar personas.
Silver se adentro en la estancia contigua, apenas reteniendo las ganas de vomitar tras golpearle en la cara el olor concentrado de podredumbre. La imagen que le brindo la estancia no fue agradable. Niños. Niños muertos. Un montón de pequeñines indefensos placidos sin vida en una esquina de la habitación, amontonados como basura inservible, muchos con agujeros en el pecho o estomago, algunos incluso sin ojos. En una pared, había un sinfín de instrumentos quirúrgicos, todos con sangre reseca en sus filos. En otra pared descansaba un estante con frascos con liquido y alguno que otro órgano vital. Y en otra esquina, un enorme frigorífico del cual Silver estuvo consciente de su contenido aun sin abrirle. Era un escenario que ya se había esperado.
Le habían llamado para ello. Terminar con un grupo de traficantes de órganos y secuestradores de niños. Touma-sama, pese a ser jefe de la mafia, no toleraba este tipos de atrocidades en su territorio, por lo que ella era la encargada de eliminar la "basura" del lugar. Sabia que aquella imagen podría haber traumado enormemente a Kuroko, y Silver aun no estaba dispuesta a dejar que su amada viera la clase de humanos que había por ahí y con los cuales ella tenia que tratar muy a menudo.
Resignada, salió de la estancia, no sin antes colocar un poco de C4 por todo el lugar, si bien hubiera querido darles sepultura a los niños, no podía permitirse dejar evidencia alguna. Al salir de la habitación , cerrando la puerta tras de si, logro apreciar como Kuroko se había asegurado de que ni uno solo de los malhechores escapase e incluso los había amordazado para que estos dejaran de quejarse y rogar por su vida.
Pidió, sin palabra alguna, le fuera regresada su arma. Pero esta no fue devuelta. Kuroko, quien en su ausencia se había designado a si misma con el seudónimo de Morrigan, la diosa celta de la muerte, se había percatado de la situación mucho antes de que su amante cruzara la puerta, y reacia a salir de ahí sin haber ejecutado ella misma a la escoria del mundo, tan solo tomo el arma, la cargo y disparo a cada uno de los hombres ahí presentes. Justo entre ceja y ceja.
Silver tan solo alzo una ceja, completamente desconcertada por la frialdad de Kuroko al disparar el arma y segar vidas ajenas. Salieron del lugar, no sin antes vaciar un poco de pólvora encima de los cadáveres de aquellos desgraciados y dejar alguno que otro paquetito de C4 en la estancia. Subieron al coche, que por cierto no tenia ni un solo rasguño en la pintura, y partieron de nueva cuenta hacia la casona donde pasarían el resto de la tarde-noche entre las sabanas. Junto cuando el sol se oculto en el horizonte, el apartamento 5D estallo en mil pedazos. El fuego quemando toda la evidencia posible que los peritos policiacos pudieran vincularles con nadie.
Y mientras ambas recorrían el camino a la casona, silver pensó que tal vez, la vida junto a Kuroko sería sumamente mas llevadera a su lado. Si, definitivamente amaba a Shirai Kuroko, ahora conocida como Morrigan
Lamento profundamente el haber abandonado este fic. Ya me e pueto las pilas, aun un poco recitente a escribir. Por alguna razon me cuesta un poco mas plasmar mis ideas, pero ya veremos como solucionar esto. por lo pronto espero disfrutaran la lectura.
Una disculpa por las faltas de ortografia y cacofonias.
Nos estaremos leyendo. Besos y un sin fin de abrazos.
No olviden dejar sus comentarios.
